Traidor a la sangre.
Dumbledore se apareció a las puertas de Hogwarts con Avril enganchada a su brazo. Ella tenía un ligero presentimiento sobre algo, pero no sabía el qué. Después de la quietud en la que habían estado sumergidos, el colegio parecía un hervidero de alumnos, cotilleos y hormonas por todos lados. O tal vez, realmente lo era.
McGonagall hizo su aparición al instante de llegar ellos, como si los hubiera estado esperando largo rato. Traía un rictus severo en la cara, que prácticamente decía "problemas".
- Albus, ¿podemos hablar un momento? – preguntó nada más llegar.
- Buenos días, Minerva – dijo Dumbledore -. Me dirigía en este preciso instante a tener una charla con la señorita que aquí me acompaña. Si gusta, puede estar presente.
- Esto es urgente director Dumbledore – con aquello, daba a entender, que era un asunto del colegio importante -. Solo será un momento.
- Está bien – miró a Avril por encima de sus gafas de media luna y con una sonrisa le pidió -. Si es usted tan amable, ¿le importaría esperar aquí? Vendré enseguida a por usted.
- Claro.
Dumbledore y McGonagall se alejaron a una esquina, donde Avril no podía escuchar nada. No se preocupó mucho, ya que si fuera algo sobre Voldemort, también la habrían incluido a ella. Tal vez fueran problemas de gestión.
Problemas en realidad, los que avanzaban con decisión hasta ella. Con hastío, vio como Bertha Jorkins se acercaba a grandes zancadas hasta ella.
- Grimm, te veo muy fresca – por supuesto, eso era sarcasmo, ya que el aspecto que presentaba era el que le confería pasar toda la noche a la intemperie, destruyendo la parte de un alma.
- Jorkins, te veo muy estúpida – lo que menos le apetecía, era tener que hablar con ella.
Como la última vez, ignoró el comentario mordaz, debía de estar acostumbrada, y continuó con su retahíla de preguntas indiscretas y que solo le enervaban y enfurecían.
- ¿De dónde vienes? Te he visto del brazo del director, ¿has estado con él? ¿Qué has hecho ahora? – fingió un momento de revelación divina y dijo -. No me digas que has intentado escaparte.
- ¿Es que eres gilipollas? – como no se callara iba a llenarle la cara de pus de bubotubérculo.
- ¿O es que van a expulsarte? No me extrañaría la verdad, con la clase de novios que tienes – remarcó la palabra "novios", en plural, para ver si reaccionaba de alguna forma.
- ¿Qué quieres Jorkins? – preguntó ya cansada de sus tonterías.
- ¿Yo? Descubrirte – dijo como si fuera obvio -. Eres un rompecabezas Grimm. Sé que escondes algo y pienso enterarme de todo.
- Si escondo o no algo, no es problema tuyo – volvió a hacer oídos sordos, y le echó un vistazo de arriba abajo.
- ¿Sabes?, pareces un espantapájaros, ¿tú también estuviste anoche en el bosque prohibido? – se acercó un poco más, para mantener un tono confidencial. Bertha le sacaba casi una cabeza completa -. Si lo viste todo, ¿por qué no me cuentas exactamente lo que pasó?
- ¿De qué hablas? - ¿bosque prohibido? Le olía a chamusquina, o tal vez, Merodeador chamuscado.
- Oh vamos, no te hagas la inocente. Vienes precisamente de allí, ¿verdad? ¿Qué has hecho, perseguir al monstruo que atacó a Snape? ¿Por eso Dumbledore está contigo?
¿Snape en el Bosque Prohibido? ¿Monstruo? Bien, ya era suficiente. En vez de responder, Avril sujetó a Bertha del brazo con fuerza, impidiendo que pudiera escaparse de ella antes de que le contara todo.
- Muy bien Jorkins, ya estás soltado todo lo que sepas – clavó una fría mirada en ella que pareció ponerla nerviosa, pero se envaró muy rápido.
- ¿Por qué debería contártelo? ¿Entonces no lo sabes? – intentó volver las tornas, para que ella le contara algo -. ¿Si no has estado en el Bosque, dónde?
- Basta de juegos conmigo Bertha – pronunció su nombre, dejando en claro que se estaba cansando -. Cuéntame lo que sepas, o te juro que lo que los Merodeadores te hagan resultará divertido con lo que haga yo.
- Suéltame, me estás haciendo daño – empalideció un poco, pero de todas formas Avril no la soltó -. Anoche, James salvó a Snape de morir a manos de una criatura del Bosque Prohibido, ¿vale? No sé mucho más, McGonagall impidió que me enterara.
- ¿Por qué Snape fue al Bosque? – Avril la zarandeó para dar fuerza a la pregunta.
- ¡Te he dicho que no lo sé! – como esa respuesta no dio muestras de que Avril se quedara contenta, dijo -. Pero dicen que tus dos novios se han peleado.
- Espera ¿quién?
- Sí mujer – respondió exasperada -. Ya sabes, Black y Lupin. ¿Acaso tienes más novios que no sabes de quien te hablo? ¿Tal vez Potter? ¿O Pettegrew?
- Ew, no digas tonterías.
- Menos mal, porque Pettegrew… bueno, no es por ofender, pero lo más lindo que se me ocurre para describirlo es un ratón.
- Bertha, no divagues, al grano.
- Oh claro – parecía que ahora se había entusiasmado la condenada -. Pues por lo que me han dicho algunos de Gryffindor, esta mañana, Black y Lupin han discutido por algo, y no una discusión de nada, no – exageró el "no", haciéndose la interesante -. Una pelea gorda, gorda.
- ¿Por qué? – aquello no le gustaba nada. Solo empezaban a amontonársele cosas y más cosas.
- ¿Y yo qué sé? Quería que tú me lo contaras, pero si no te has enterado no me sirves – finalmente logró soltarse de Avril.
- Olvídalo, deja de meterte en los asuntos que no te importan.
- De eso ni hablar. Voy a buscar a Snape, a que me cuente su parte de la historia.
- ¿Qué está ocurriendo aquí?
Dumbledore había vuelto y escuchado la última frase de Bertha. Ahora la miraba con una sombra de sospecha en la mirada y Avril supo aprovechar el momento.
- Director Dumbledore, señor – utilizó gala de toda su educación para dirigirse a él, sobre todo delante de otras personas -. Me temo que Bertha Jorkins lleva un buen rato metiéndose en asuntos que no le incumben. Además, últimamente me está acosando y tratando de investigar sobre mi pasado. Estoy segura de que ha debido de espiar conversaciones de profesores para acceder a esa información.
- ¡Eso no es cierto! – exclamó sorprendida por que la hubiera delatado de esa forma -. Director, yo no…
- ¿Otra vez Jorkins? – su tono de voz sonó duro y amenazante, como nunca lo había escuchado para dirigirse a un alumno. Se le notaba enfurecido -. La profesora McGonagall me informó de su salida de anoche. No voy a tolerar esto más. Acompáñeme – le hizo un gesto con la mano indicándole la dirección y antes de marcharse se dirigió a Avril con su tono de voz de siempre -. Grimm, dejaremos nuestra conversación para más tarde. Descanse – y guiñándole un ojo, se marchó de allí.
Avril suspiró agradecida. Un problema menos. Después de todo, no estaba tan mal eso de acudir a la autoridad de los profesores de vez en cuando. Debería hacerlo más a menudo, estaba segura de que se habría ahorrado problemas.
...
..
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Quería enterarse de todo enseguida, pero cuando pisó su cuarto, pensando en darse una ducha caliente antes de nada, no fue capaz de resistir la tentación que suponía su cama. Las chicas ya se habían ido a clase, por lo que estaba sola.
Cuando despertó, era noche cerrada. Seguía estando sola y por la hora, todo el mundo debía de estar en el Gran Comedor cenando. Lily entró intentando no hacer mucho ruido, pero cuando la vio se relajó y se acercó corriendo a verla.
- Hola Avril, ¿cómo está tu madrina? – preguntó preocupada.
- Ehhh… - por un momento se quedó pillada, sin saber de lo que hablaba. Hasta que recordó la excusa -. ¡Bien! Bien. Está mejor, sí. Ya le han dado el alta.
- Ah – se quedó un poco pillada por su efusividad, pero le echó pocas cuentas -. Bueno, me alegro, ¿qué tenía?
- Pueeess… - se llevó la mano a la cabeza, intentando pensar algo rápido. Que mal pensaba recién levantada -. Le picó un billywig. Se ha pasado toda la noche levitando y apenas he dormido nada, intentando mantenerla en la cama.
- ¿Los billywig no son australianos?
- Eh, sí. Vete tú a saber cómo ha llegado hasta allí.
- Ya – pareció que finalmente se lo tragó -. Deberíais llamar al Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, puede ser peligroso si hay muchos por ahí.
- Sí, ya se están encargando de eso. ¿Qué tal las cosas por aquí?
Lily calló enseguida y se puso algo tensa. Bien, había logrado desviar el tema. Lily terminó por contarle todo lo que sabía. El accidente con Severus, que Potter le había salvado y que Remus y Black habían peleado.
- Eso me recuerda que Potter quiere verte – dijo cuando finalizó el relato -. Lleva toda la tarde persiguiéndome y diciendo que quiere hablar contigo. Pero se te veía tan cansada que le dije que esperara.
- Gracias, ¿sabes dónde está ahora? – se levantó de la cama y se encerró en el baño para darse la ducha que había pospuesto.
- Abajo en la Sala Común. Me ha seguido exigiendo que te despertara o subiría él mismo – le dijo en voz alta, para que la escuchara desde el cuarto de baño -. Puff, como si fuera capaz de subir de todos modos.
- ¿No lo hizo ya una vez? - como Lily no le contestó, supo que la había calado. Estaba segura de que era capaz de hechizar la puerta de ser necesario.
Salió a los pocos minutos a toda prisa, queriendo hablar con James para saber cómo de grave era la cosa. Mentira. Sabía cómo de grave era. Sirius ya se lo contó en una ocasión. Maldita sea, podría haberlo evitado. Debería haber estado más atenta, pero con el tema del horrocrux y todo lo que se le venía encima no lo había recordado siquiera.
- Bueno, me voy a hablar con él. Lily tú tienes ronda con Remus esta noche, ¿verdad? – esta simplemente le asintió -. Por favor, cuéntamelo todo cuando vuelvas.
- Claro.
Al tirar de la puerta para abrirla, notó que estaba atascada y no podía.
- ¿Lily?
- Oh perdona. La he cerrado yo – con un movimiento de varita la destrabó -. Ya sabes, por si Potter…
- Ya. Bueno, me largo.
Bajó corriendo las escaleras y nada más poner un pie en el último escalón James se le echó encima, literalmente. De un momento a otro lo tenía colgado encima, abrazándola con fuerza.
- James, pero qué…
- Esto es un caos Avril. Te juro que no sé lo que voy a hacer con estos dos – cuando se separó de ella, vio el estado en que se encontraba el animago -. Los dejo solos un minuto y mira la que montan.
- ¿Tú estás bien? – preguntó señalando el brazo en cabestrillo.
- Sí, ni siquiera me duele. Pero la enfermera insistió en que lo mantuviera así hasta mañana, para asegurarse de que cura bien.
James paró de hablar y se fijó mejor en la Sala. Estaba llena de estudiantes y todos miraban para ver si se enteraban de algo.
- Ven, quiero hablar contigo – James tiró de ella en dirección a la salida -. Ahora soy famoso y todo el mundo quiere que le firme un autógrafo.
- ¿Podrías no ser tan arrogante?
- Eso me dice siempre Evans. Por cierto, hoy he podido estar todo el día con ella – una enorme sonrisa se implantó en su rostro -. Ha estado más amable de lo normal. Y yo que pensaba que no podía quererla más.
- James, creo que tienes un grave problema de atención. Céntrate ¿quieres? Ya va siendo hora de que me cuentes tu versión.
James la metió en una clase vacía y selló la puerta con un par de hechizos para evitar intrusiones. Entonces le contó cómo había empezado todo y cómo terminó.
Llevo todo el día intentando explicar a uno qué ha hecho mal y siguiendo a otro para que hagan las paces – se paseaba de un lado a otro del aula, revolviéndose el pelo de vez en cuando -. No hay manera de verdad. Necesito que me ayudes a solucionar esto.
Avril suspiró cansada. Ya empezaba a sentir los signos de un increíble dolor de cabeza aproximándose.
- ¿Y qué quieres que haga exactamente?
- Pues no sé. Eres una chica – dijo como si eso fuera clave -. Habla con ellos, hazlos entrar en razón. Haz que Sirius lo entienda o yo que sé.
- James, el mayor problema con Sirius es que no ha alcanzado la suficiente madurez. Vamos, tiene quince años – lo dijo como si ella no los tuviera, físicamente -, su razonamiento parece no dar para más.
- Pues no podemos esperar a que madure. ¿Sabes cuánto puede tardar eso? – se acercó mucho a ella, para dar más énfasis a sus palabras.
Cansada de ver sus gafas todavía rotas, se las quitó con suavidad y sacó su varita para volver a repararlas.
- Por favor Avril. Tienes que hablar con él – pidió James, aunque no viera ni torta en esos momentos -. Sé que a ti te escuchará.
- ¿Y tú por qué no? – le devolvió las gafas ya completamente arregladas.
- ¿Te crees que no lo he intentado? Pero ya no sé cómo explicárselo. Mi madurez tampoco está muy elevada ¿sabes?
- Vaya, me sorprende que lo sepas.
James le lanzó una mirada de "¿en serio? ¿tienes que remarcarlo?" a lo que ella respondió encogiéndose de hombros.
- Por favor Avril. No tengo a Lunático para que me solucione las cosas… por obvias razones. Échame una mano, no sabes cuánto odio verlos enfadados.
- Está bien – claudicó -. Veré qué puedo hacer. ¿Dónde están?
- Avril no sabes cuánto te quiero – la abrazó con el brazo sano y después se sacó rápidamente un pergamino varias veces doblado de la túnica -. A ver, Lunático debe de estar en la biblioteca, pero me interesa más que hables primero con Canuto.
- ¿Y eso?
- Estoy seguro de que Remus estará dispuesto a escuchar sus disculpas… pero primero Sirius tiene que entrar en razón – extendió el papel sobre una mesa y sacó su varita.
- No me refería a tus razones, cabeza chorlito, sino a ese pergamino – Avril lo señaló, pero sabía perfectamente lo que era. No para nada se había pasado noches enteras recorriendo el castillo con eso en las manos.
- ¡Ah esto! – James se rascó la cabeza y prosiguió a contárselo -. Ya lo verás. ¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!
Inmediatamente en el pergamino comenzaron a dibujarse líneas y puntos que se movían, dando forma al mapa. Avril no dijo nada, pero atinó a poner cara de asombro.
- Mola ¿verdad? – ella asintió con la cabeza -. Te presento el mapa del Merodeador. Muestra donde está todo el mundo en cada momento. Venga, ayúdame a buscar a Sirius.
- ¿Esto no será…?
- Veo que te acuerdas – James centró su atención en el mapa, buscando a su amigo -. Sí, es lo que estuvimos haciendo durante todo el curso pasado.
Finalmente lo encontraron saliendo del Gran Comedor… acompañado de una chica de Hufflepuff.
- Bien Avril, ve a joderles el momento y pon a Sirius en su sitio – James dobló un poco el mapa, sin hacer que desapareciera y se lo entregó por si cuando llegara él ya no estaba allí.
- ¿No deberíamos esperar un poco?
- Nada de eso. Esto es mucho más importante que cualquier chica con la que esté – después se encogió de hombros con una intrigante sonrisilla -. Y si se trata de ti, no creo que le importe la interrupción.
- No sé yo si…
Pero James la mandó fuera de clase y juró que no la dejaría entrar en la Sala Común a no ser que fuera acompañada por Canuto.
...
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Pasillo del tercer piso. Una puerta medio escondida tras una estatua llevaba a la habitación donde el mapa revelaba el paradero de Sirius Black y Maura Smith. No podía creer que fuera a hacer aquello a estas alturas. Tocó la puerta dos veces, pero nadie dentro contestó. "Por supuesto que no tonta. Si hubiera alguien ahí dentro, lo menos que quieren es ser descubiertos".
Miró de nuevo el mapa, donde las marcas de ambas personas estaban muy, muy juntas. Un momento de celos la recorrió inexplicablemente. Estamos hablando de Sirius Black después de todo. Ella no estaba enamorada de él, pero no podía negar que le atraía muchísimo.
Volvió a tocar la puerta, no sin antes mirar que no hubiera nadie en el pasillo, y esta vez acompañar el toque con su voz.
- Sirius – dijo en un medio susurro -. ¡Sirius!
Ahora sí que escuchó movimiento. Algo arrastrarse y de repente la puerta se abrió. Su oscuro y precioso pelo se notaba manoseado y espolvoreado, con los labios más rojos que de costumbre y la camisa medio abierta. Internamente hasta se alegró de haberles interrumpido.
- ¡Avril! – una sonrisa de verdadera alegría se implantó en su cara, parecía un perrito que llevara todo el día esperando a su dueño -. ¡Al fin llegas! ¿Qué tal tu madrina?
- ¿Quién es? – preguntó una suave voz detrás de él.
La oscura melena cortada por encima del hombro de Maura asomó tras Sirius. Maura tenía unos ojos claros preciosos y no era de mucha altura. Con la cara redondeada y simpática su mirada era curiosa y preocupada de que les hubiera pillado un profesor.
- Tranquila, es Avril – por la cara que puso la chica parecía que prefería que fuera cualquier persona menos ella.
- ¿Cómo nos has encontrado? – Sirius seguía ocupando el espacio de la puerta por lo que Maura no podía salir.
- Buena pregunta – Sirius vio cómo Avril se guardaba rápidamente el mapa en el bolsillo y al entenderlo rectificó rápido -. Es decir, yo le dije donde estaríamos… - calló repentinamente al ver la cara de la chica -… no esto, en realidad.
- Necesito hablar contigo Sirius – fue el único modo que se le ocurrió de sacarlo del apuro -. Aunque puedo volver en otro momento…
- Sí, ahora mismo estamos ocupados – el tono de Maura no era para nada enterado, sino más bien entre la vergüenza y la súplica. Sintió un poco de pena por la chica.
- ¡No espera! – la detuvo el chico -. Lo siento Maura, pero es importante.
La decepción en su mirada y el dolor que le provocaron sus palabras se le notaron en los ojos. Parecía que podía empezar a llorar en cualquier momento.
- ¿Vosotros... estáis saliendo? ¿He metido la pata en algo? – era la única explicación que se le ocurría a la pobre para intentar comprender el por qué la dejaba plantada.
- Lo siento Maura – Sirius desvió el tema, creyendo que no era algo que necesitara o no confirmar -. Puedo acompañarte a tu Sala si quieres.
- No es necesario – alzó el mentón intentando aparentar fortaleza -. Recuerdo perfectamente donde queda.
Empujó al chico para salir y se marchó a paso rápido en busca de las escaleras. Avril se sintió mal por ella. Estaba segura de que se sentía humillada. Maura no era mala chica para nada y desgraciadamente le había salido mal el momento. Además, era un curso más joven que ellos y Avril la veía muy niña.
- No te preocupes – dijo Sirius notando su mirada -. Mañana me disculparé con ella de nuevo.
Irónico que se disculpara con una chica cualquiera pero no con uno de sus mejores amigos. Olvidó a la muchacha para centrarse en él.
- ¿Qué tal tu madrina? – había guardado las manos en los bolsillos y por sus ojos, sabía el por qué ella estaba allí
- No fui a ver a mi madrina – dijo la verdad, no pensando realmente en guardársela completa para ella sola.
- ¿Ah no? ¿Ha ocurrido al…?
- Demos un paseo, ¿te parece?
- Claro.
Avril le contó a Sirius parte de la verdad. Le dijo que había ido con Dumbledore a encargarse de un asunto importante, pero que no podía decirle el qué. Paseaban subiendo lentamente hasta la Torre de Astronomía y Avril tal y como le prometió a Sirius, no le mintió, sino que le contó todo lo que podía. Realmente era un alivio.
- Parece mentira que teniendo la misma edad, tu ya puedas participar en misiones de la Orden. Deberías hacerme un hueco y permitir que me una.
- No es que sean misiones… oficialmente. Además, yo tengo mucha más experiencia que tu.
- Detalles sin importancia – desestimó con la mano.
- Detalles con mucha importancia más bien.
Muy amablemente, Sirius le abrió la puerta y le permitió que entrara primero. Fuera el cielo tenía varias nubes que tapaban de vez en cuando una luna que empezaba a menguar. Hacía bastante fresco allí arriba.
- Gracias por contármelo Avril – le dijo Sirius -. Me alegra que confíes en mí.
- Siento no poder decírtelo todo.
- Por algo se empieza – muy suavemente le dio un beso en la comisura de la boca.
Desgraciadamente, aquello le afectó más de lo que le gustaría admitir. Se separó un paso de él y trató de ocultar su sonrojo con el pelo, que como siempre, lo llevaba suelto.
- A-ahora te toca a ti. Como ya sabrás, James me lo ha contado.
Suspiró a la par que metía las manos en los bolsillos y fue cerca de la balaustrada para ver bien los terrenos.
- Supuse que era de eso de lo que querías hablar. Mira que le dije a Cornamenta que no te metiera en esto.
- Sabes que me habría metido yo sola.
- Verdad. ¿Y qué propones? ¿Qué consejo de mujer vas a darme? – se giró para verla, dándole una sonrisa expectante.
- ¿Se puede saber por qué creéis que por ser mujer debo tener la respuesta?
- Quien sabe – sin perder la sonrisa, le hizo un gesto para que se acercara a él -. ¿Y cómo va esta terapia?
- Para empezar, no te lo tomes como una terapia – suspiró, pensando en cómo hacerle entrar en razón -. Sirius… ¿qué concepto tienes de mí?
Se ve que la pregunta lo descolocó por completo, porque le miró con los ojos como platos. Tras parpadear un par de veces, la miró ligeramente extrañado y dijo:
- ¿Es esto algún tipo de trampa? ¿A qué viene ahora?
- Déjalo, supongo que en realidad, no tiene mucha relación.
- No, espera. No me dejes ahora con la duda – rápidamente pensó en una respuesta para que no dejara el tema de lado -. A ver, eres una chica increíble, inteligente, guapa – comenzó a enumerar a la vez que iba sacando los dedos uno a uno -, comprensiva, compasiva, amable, dulce, creo que te pasas de tolerante a veces, un poco metepatas y con la suerte de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. También…
- Y creyendo eso – interrumpió para que no siguiera a su bola -, ¿cómo crees que me sentí cuando maté a alguien por primera vez?
El silencio que le siguió a aquellas palabras no tenía forma de ser descrito. Avril sintió como el cuerpo entero de Sirius se tensaba y ella no pudo más que sonreír sardónicamente ante aquello. No pensó que llegaría el día que se lo contara así tan claramente. Pudo sentir su mirada impenetrable sobre ella, pero no se atrevió a devolvérsela. Siguió mirando hacia afuera, viendo la noche, el viento y los árboles mecerse. Como no dijo nada, continuó:
- Íbamos a trasladar a Harry a un lugar seguro, de dos en dos montados en escobas y thestrals. Mi compañero formaba parte del Ministerio, del cuerpo especial de defensa… Cuando sobrevolábamos la ciudad se nos vinieron encima como una tormenta – iba haciendo pausas cada poco, recordando con detalle cada segundo que pasó allí arriba -. Uno de ellos, se lanzó de frente hacia nosotros y mi compañero que conducía la escoba dio un giro completo para esquivarlo. Cuando miré hacia atrás, nos apuntaba con la varita y lo escuché de entre todo el jaleo, pronunciar el avada…
- Basta – cortó Sirius -. Creo que sé lo que pretendes, pero es suficiente. No tienes que contármelo. Está bien, ¿de acuerdo?
- Deja que termine.
- No. Hiciste lo que debías en ese momento. Además, eran carroñeros sin escrúpulos que te habrían matado si tuvieran la oportunidad. No tienes que sentirte culpable por…
- Lo lancé yo antes – interrumpió, ahora sí mirándolo a los ojos.
- ¿Qué?
- Cuando vi que iba a lanzar la maldición, obligué a la escoba virar y esquivar su ataque. Después usé la maldición imperdonable y simplemente… cayó. Me quedé absorta viendo caer a ese hombre… no se movía. Ni aspavientos, ni gritos. Nada. No tuvo tiempo ni a sentir que se caía.
- Avril… - la sujetó de los hombros, tratando de que parase de hablar.
- ¿Puedes imaginar por un momento, la sensación que eso me produjo? Intenté convencerme, de que él se lo merecía. Pero solo podía pensar en que lo había matado – su voz comenzó a cobrar un tinte grave y en cierta medida, furioso -. Dime, ¿qué me da el derecho a elegir si alguien vive o muere? ¿Quién le da el derecho a Voldemort – un escalofrío de asombro le recorrió la espina dorsal a Sirius – de elegir quien vive o muere, según la sangre que corre por sus venas?
Él no contestó. Su mirada se había quedado trabada en los ojos de ella. Viendo que no iba a decir nada, continuó.
- Si Remus hubiera matado a Snape anoche… el culpable serías tú, ¿lo sabes? Tú serías como Voldemort, mandando a otros a hacer el trabajo.
- No me compares con él – gruñó.
- Y Remus también se sentiría mal. Se siente traicionado y usado. Entiendo hasta cierto punto que la vida de Snape te dé igual. Pero la de Remus debería ser otra cosa. Ibas a marcarlo. Ibas a marcarlo y a dejarle una cicatriz de por vida, Sirius. Una como la mía. ¿De verdad era eso lo que pretendías?
- No. Sabes que no. Solo pretendía que Snape nos dejara en paz Avril – su ojos ahora parecían mostrar ahora la culpabilidad que no había sentido antes.
- En ese caso, es hora de que comiences a conocer los límites.
Con esas palabras, dio la conversación por terminada. Dejaría que Sirius reflexionara él mismo todo aquello, que midiera las consecuencias de sus actos. Cuando guardó sus propias manos en los bolsillos por el frío, recordó que tenía ahí el mapa todavía con ella.
- Por cierto, toma el mapa.
- Ah gracias – agradeció el cambio de tema. Volvió a sonreír al descubrir que después de todo, parecía no haber cosa que ella no supiera -. Así que ya conoces el secreto.
- Sí, no hay nada que yo no sepa – confirmó ella -. ¿Qué tal si volvemos ya?
- Vale – Sirius miró el mapa para confirmar que no estuviera Filch ni algún prefecto con sus rondas por allí, cuando su mirada de repente se oscureció -. Mierda.
- ¿Qué ocurre?
Se acercó a mirar el mapa y se encontró con que en el patio, justo bajo ellos, había un grupo de personas que se dirigían hacia afuera del castillo. Miró los nombres en detalle para ver de quien se trataba: Antonin Dolohov, Barty Crouch Jr., Evan Rosier, Rabastan Lestrange, Severus Snape, Avery, Mulciber y muchos otros nombres más. Se fijó que también estaba Regulus Black.
- ¿Son todos Slytherin? – preguntó Avril.
- Si, se reúnen muy a menudo – la expresión de Sirius era de todo, menos agradable.
- ¿Cómo de a menudo? ¿Y desde cuándo?
- Son proyectos de mortífagos Avril – explicó Sirius -. Todos se reúnen a menudo y practican Artes Oscuras, como muy bien has comprobado en más de una ocasión. Cuando yo entré a Hogwarts, el grupo ya estaba creado. En aquel entonces lo lideraba el que ahora es el prometido de mi prima Narcissa, Lucius Malfoy. Todo Slytherin que se precie anda dentro del club.
- Tu hermano…
- Sí. Cuando entró se hizo muy amiguito de Snape y Malfoy. No sabes las de veces que he intentado sacarlo de ahí, pero no hay manera – su voz era un gruñido contenido de rabia.
- ¿Y cuando salen de Hogwarts?
- ¿Tú qué crees? – soltó una pequeña risa sarcástica – Incluso la mayoría, antes de acabar séptimo ya han tomado la marca tenebrosa – de repente pareció recordad algo -. No sé cómo eres capaz de decir su nombre tan a la ligera.
- ¿El qué? – le miró sin comprender del todo.
- El nombre del que-no-debe-ser-nombrado. Antes lo has dicho como si nada, dos veces – aclaró.
- Algún día te darás cuenta de que solo es un nombre. El problema no es el nombre, sino aquel que lo porta.
- Está claro que eres Gryffindor de los pies a la cabeza – eso la hizo estallar en carcajadas.
- ¿Bueno y a donde se dirigen? – preguntó todavía viendo el mapa.
- Al Bosque – volvió a mirarlo él también, odiando que su hermano estuviera ahí -. Deberíamos irnos, no hay mucho que podamos hacer.
Sirius dobló el mapa y lo guardó en su túnica, entonces se dirigió hacia la puerta de la Torre para marcharse de allí.
- ¿Quieres que los detengamos? – sabía que iba a arrepentirse de aquello, pero le daba pena verlo así.
- ¿De verdad siempre me acabo preguntando el por qué te metes en líos? – a pesar de ello, su sonrisa perruna había vuelto, fuerte, peligrosa -. No Avril, déjalo. Hoy no, debes descansar.
- ¿Desde cuándo se ha vuelto Sirius Black un cobarde? – preguntó mientras se miraba las uñas con desinterés. Este le lanzó una mirada que le decía que no siguiera por ahí -. Vamos, estás deseando sacar de ahí a tu hermano. Vayamos a rescatarlo.
- ¿Y qué habías pensado si se puede saber? – ya había recuperado su actitud normal. Se acercó a ella sonriendo como un depredador deseando comenzar la caza.
...
..
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Sirius bajó los escalones de dos en dos con gran agilidad. En los tres últimos dio un salto y se plantó en frente de Avril que ya lo esperaba. Había ido a la Sala Común a coger lo que necesitaran y ahora Black cargaba con la capa de la invisibilidad y una escoba.
- ¿Lo tienes? – le preguntó a la chica.
- Ajá – alzó una bolsita de plástico frente a él con un polvo negro dentro.
- Le he preguntado a James si quería venir, pero está muy cansado. Y Remus no está en el cuarto.
- Lily tampoco – salieron de la Sala y volvieron a encaminarse hacia la Torre de Astronomía -. Así que está con él haciendo la ronda. Remus debería estar descansando.
- Cualquiera lo mete en el cuarto pensando que yo estoy ahí.
No dijeron nada más y apremiaron el paso bajo la capa. Por alguna razón, ningún Slytherin se había movido de debajo de la Torre, así que fueron lo más deprisa que pudieron hacia allá para no perder su oportunidad.
Para cuando llegaron, Avril prácticamente tenía la lengua fuera del cansancio por la carrera. Suerte que había dormido todo el día y no tenía sueño. Cuando se asomó abajo para mirar, estaban hablando con energía y Rabastan Lestrange se alzó de repente la manga izquierda, mostrando la marca.
Apenas podía distinguirla desde tan lejos, pero claramente estaba ahí. Un escalofrío la recorrió de los pies a la cabeza. De repente sintió a Sirius colocarle la capa por encima.
- Guárdala tu – ella asintió, acurrucándose en ella y dejando fuera sólo su cabeza visible -. No te muevas de aquí a menos de que la cosa se ponga fea. Toma también el mapa.
- No te preocupes por mí. Eres tu quien tiene que tener cuidado.
Su sonrisa no hizo más que ampliarse al escuchar aquellas palabras. ¿Podía ser más sexy? Se acercó a ella y le plantó un beso de improviso. Pero no normal y rápido, sino que le agarró de la nuca, manteniéndola sujeta para que no se echara hacia atrás, profundizando el beso e incluso introduciendo la lengua en su boca.
La pilló tan desprevenida que solo atinó a agarrarse a su túnica, dejando caer la capa tras ella y cerrando los ojos. No debería disfrutarlo tanto. Aquello no debería gustarle de aquel modo. Retrocedió los pasos que él avanzaba, quedando pegada a la balaustrada pero ni siquiera le preocupó que pudieran verlos desde abajo.
Él la arrinconó contra la baranda, la besó con ímpetu, con ganas. Saboreándola y saciando su sed de ella. No pensó que extrañara tanto aquello, no pensó que se hubiera vuelto tan adicto. Ni siquiera en un primer momento pensó que aquel beso fuera a durar tanto. Pero ahora no podía parar. Necesitaba más y ella no se lo negaba.
Finalmente, suavizó los movimientos hasta que dio por terminado aquel beso. Cuando se separó, pasó su lengua por sus labios que mostraban una sonrisa satisfecha, pero sus ojos plateados pedían por más. Aquel gestó calentó el cuerpo de Avril desde la punta de los pies hasta subirse a sus mejillas, coloreadas por la sangre ahí acumulada.
- ¿A… a q-qué ha ve-venido eso? – preguntó medio susurrando, todavía estaba sujeta a él, sintiendo vergüenza, pero no queriendo apartar la mirada.
- Es un beso de buena suerte – le dijo en el mismo tono, con toda la naturalidad del mundo -. Es como un "hasta luego".
Esta vez, volvió a inclinarse para darle un beso más casto y se separó con la misma rapidez, pasando una pierna por encima de la escoba y colocándose en posición.
- A tu señal, preciosa.
Todavía medio recuperándose del shock, se colocó de vuelta la capa y se asomó por la baranda hacia abajo de nuevo. De su bolsillo sacó el polvo y dio una señal a Sirius para que se elevara. Este fijó en su mente de nuevo el lugar exacto donde estaba su hermano Regulus, pues según le había afirmado Avril, cuando lanzara aquel polvo, él no sería capaz de ver nada tampoco.
La bolsa cayó toda la distancia, sin desviarse de su objetivo pues Avril se aseguraba de que fuera directa con la varita. A medio camino, dio la señal a Sirius quien salió disparado detrás.
Cuando la bolsa tocó el suelo, al momento un humo más negro que la noche, más negro que la oscuridad misma se extendió varios metros en todas las direcciones. Los gritos y advertencias, la sorpresa en sus voces y los hechizos no se hicieron esperar. Sirius se introdujo en aquella masa negra y lo vio salir casi tan rápido como entró, esta vez con un cuerpo colgado bocabajo en la escoba frente a él.
Más gritos se escucharon cuando Avril lanzó un par de maldiciones suaves, cosas simples como tragababosas o mocomurciélagos sin "ton" ni "son". El resto lo hicieron ellos solos. Lanzaron hechizos que dieron a otros, incluso se chocaban entre ellos intentando salir de aquella oscuridad. Apenas era capaz de aguantar las carcajadas cuando Sirius llegó con su hermano colgado, pataleando y gritando incoherencias.
- ¿¡Pero qué…!? ¡Sirius! ¡Maldito estúpido, bájame de una vez!
Su hermano le hizo caso y lo dejó bajar al suelo. Avril rápidamente dobló la capa y la guardó de cualquier forma en el bolsillo.
- Magos al rescate a su disposición. ¿En qué más puedo ayudarle? – dijo Sirius haciendo una reverencia una vez bajó de la escoba.
- ¿¡Tú eres tonto!? – chilló, se notaba que estaba en plena adolescencia, pues le salió un pequeño gallo.
- Eso es lo más flojo que me han llamado últimamente – dijo divertido con los brazos cruzados.
- ¡Maldito gilipollas cabeza de hipogrifo, ¿sabes lo que acabas de hacer?! – Sirius alzó las manos a modo de falsa rendición, cosa que enfureció más a su hermano -. ¿Pero cómo se te ocurre Sirius? ¿Qué criatura te ha picado si se puede saber?
Avril miró hacia debajo de nuevo, notando que la niebla oscura empezaba a disiparse con el viento. Se acercó a los dos hermanos, el que chillaba y el que reía, para avisarles.
- El humo se está dispersando, hay que irse de aquí.
- ¡Tú! – la señaló Regulus enfurruñado -. ¿Por qué estás en todas partes?
- Soy omnipresente.
- Eres imbécil.
- Guo, guo guooo… tranquilo Reg – Sirius levantó las manos de nuevo, esta vez pidiendo paz -. Así no se trata a una dama.
- ¿Una dama? ¡Pero si es igual de desvergonzada que tú! ¡En serio, ¿qué tipo de fetichismo os traéis entre manos?! – entonces fue su turno de alzar las dos manos -. No espera, no quiero saberlo. Me trae sin cuidado.
- Sirius, si sigue gritando así nos van a oír – le dijo Avril -. Pensaba que era más tranquilo en estos asuntos.
- ¡Pero si no me conoces! – realmente estaba fuera de sus casillas, aquella sobreactuación era clavada a la de su hermano -. Además, es culpa de él, que siempre me acaba cabreando.
Que tierno, dando excusas. Avril sonrió por ello, Sirius sonrió aún más que ella, socarrón, y Regulus simplemente frunció el ceño en respuesta. Dio un par de pasos acelerados de un lado a otro, tratando de calmarse y recompuso su fría mirada habitual.
- Suficiente. Has llegado demasiado lejos esta vez Sirius – el tono de voz que usó, le cambió completamente la expresión a su hermano.
- No, el que ha llegado demasiado lejos esta vez, eres tú, hermanito – remarcó el diminutivo, dando a entender la diferencia de edad -. Te he dicho millones de veces que no me gusta que te juntes con ellos. ¿Acaso tienes la más mínima idea…?
- ¡Por supuesto que la tengo! ¡Eres tú el que no tiene ni idea! Tratamos de purificar la sangre mágica.
- ¡Eso no son más que estupideces! – estalló Sirius -. ¿No te das cuenta de que te han comido el cerebro?
- ¡No te enteras! ¡Eres un desviado! ¡Por eso madre te odia! ¡Por eso soy yo quien tiene que aguantar toda la responsabilidad familiar! – al ver que aquello le sentó como una bofetada a su hermano, bajó el tono de voz, diciendo lo siguiente con tristeza, como si no quisiera creerlo, como si pidiera que le dijera que aquello no era cierto -. Padre no hace más que decir que eres un traidor a la sangre.
...
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Hasta aquí llegamos por hoy.
¿Qué os ha parecido? Comentad, que me ayuda a continuar subiendo y creando caps nuevos.
Por cierto, gracias Valkyria15 por tu comentario. Al no haberlo hecho desde tu cuenta, no he podido contestarte como se debe, pero que sepas que lo leí, me encantó y me animó muchísimo.
Un kiss
Debyom
