N/A 1: Imaginen a los personajes con los rostros y anatomías del K.O.F. XIII.
N/A 2: K.O.F. solo pudo ser creado por una empresa tan genial como SNK, ho esperen, así fue.
—Repito – esta secuencia no puede ser interrumpida… … … Repito – esta secuencia no puede ser interrumpida… … …
Se encontraba arrodillada con la cabeza baja. El sonido de sus lamentos a causa de "su" pérdida apenas era perceptible. El ambiente era desastroso; hielo en lo más mínimo,; computadoras sofisticadas hechas trizas; mutaciones genéticas muertas; luces blancas parpadeando por el desastre en lo profundo de NESTS; la sangre de sus aliados y rivales corriendo lentamente por el suelo; los cuerpos sin alma y algunos despedazados; el agua fluyendo como arrollo por el piso que había mantenido con vida a las criaturas ya muertas; la esencia desaparecida de los guardianes de la antigua Japón junto con los guerreros místicos de Orochi y laboratorios arruinados por completo provocaban que la emoción y felicidad de haber vencido al dios serpiente no valieran nada. Mucho menos por la muerte de aquel que sería su esposo. El caos reinaba en su totalidad junto con el humo y un débil fuego en las diversas salas del cuartel secreto. No supo en qué momento sus ojos se empezaron a tornar rojizos por tanto llanto silencioso; ambas córneas le ardían ya.
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Lentamente los chicos del torneo que habían sobrevivido a la brutal guerra llegaron casi de a uno a donde se encontraba Athena gracias a la guía que Kyo había indicado; cada uno de ellos se encontraba en terribles condiciones casi al grado de no poder evitar gemir a cada paso que daban, algunos se ayudaban entre sí para mantenerse de pie. Ángel, Kyo, Kula, K', Mary, Terry, Kim, Chizuru, Ralph… cada uno de ellos llegó hasta dónde se encontraba la ídol sin entender lo que pasaba.
—Lo logró… [?]— musitó Terry esbozando una pobre sonrisa en el proceso mientras levantaba su mano con el pulgar erguido.
—Eso parece— dijo Mary observando a sus alrededores.
—Athena— sonrió Kyo cerrando únicamente su ojo izquierdo por el dolor.
—Esperen; algo anda mal aquí— dedujo Chizuru notando que la psíquica no se levantaba del piso— Athena ¿Está todo bien?— preguntó la gemela con preocupación mirando a sus alrededores— ¿Do… ¿Dónde está Iori?
—Él…— inhaló por su nariz tapada por un poco de mucosidad— Él… se sacrificó por mí— sollozó entre lágrimas sin levantar la vista— y después… no sé ni cómo carajo o por qué motivo pero… unos extraños seres oscuros con forma humanoide se llevaron su cuerpo mediante un portal. Todo esto… fue tan malditamente extraño que…— calló sin poder proseguir.
—¿Qué? ¿Cómo has dicho?— cuestionó la sacerdotisa con asombro al escuchar lo que dijo la adolescente.
—Increíble— argumentó la adolescente de hielo abriendo los ojos— ¿Iori fue trasladado a otra parte del mundo sin motivo alguno por esas criaturas?
—Yagami— musitó Kyo mirando hacia el techo sintiendo un poco de pena por él.
—¿Criaturas oscuras con forma humanoide? ¿Un portal?— musitó sumamente por lo bajo Mary.
En esos momentos un silencio se hizo presente entre ellos dejando a la advertencia del cuartel cómo el único ruido producido en la sala.
—Lo lamento tanto— argumentó el Kusanagi colocando su mano en el hombro de su amiga.
—Maldición— habló el coreano con algo de incomodidad— Athena, sé que no es el momento más apropiado para esto que voy a decir pero… tenemos que salir de aquí ahora. Si no lo hacemos moriremos enterrados por la destrucción que el cuartel generará— terminó de decir con firmeza.
—Es verdad. Lo lamento mucho Kim, que tonta soy— se disculpó la joven limpiando sus ojos con su antebrazo.
—No digas eso Athena, está bien— se apresuró a decir Mary con una sonrisa compasiva.
—Por favor acérquense chicos— ordenó tranquilamente la psíquica siendo obedecida al instante.
Al estar cerca los unos de los otros se tomaron de las manos siendo transportados lejos de NESTS llegando un lugar extenso con muchos árboles y piedras.
—Volveré rápidamente— habló la psíquica desapareciendo el lugar.
De uno a uno la adolescente fue haciendo aparecer los cuerpos sin vida de cada uno de sus compañeros que había combatido en aquella batalla, por nada podía dejarlos abandonados en NESTS y por ese motivo fue que después de haber traído al último de ellos apareció un poco retirada de todos los demás, trató de aliviar su pérdida con gemidos sordos y lágrimas mínimas, pero nada de eso parecía funcionar.
—Hermano— gimió Terry con angustia arrodillándose ante el cuerpo de Andy y Mai— maldita sea Andy no, tu no maldición ¡No!— recriminaba con lágrimas en sus ojos recargándose en el cuerpo de su hermano mientras Mary se le acercaba tomándolo por la espalda.
—Clark ¿Qué te hicieron?— cuestionó el coronel con melancolía al ver el cuerpo de su colega sin poder evitar llenarse de furia y cólera a causa del cuerpo.
—Sie, Mai, Ryo; no. Y tú… eras tan joven Sie— dijo la sacerdotisa negando con la cabeza baja.
—Shingo ¿Tú también?— se cuestionó el Kusanagi con impotencia observando el cuerpo del joven sin un brazo, lleno de arañazos, sangre y con la ropa desgarrada— ¡Maldición!— gritó el castaño golpeando el suelo con sus dos puños.
Pasaron alrededor de diez minutos; al concluir aquel tiempo, desde la lejanía se pudo escuchar una terrible explosión acompañada de un pequeño terremoto. Grandes trozos de roca volaron por doquier y cada uno pudo divisar un hongo grisáceo de humo que se produjo en la ubicación de la antigua NESTS de Japón.
Al descubrir sus oídos todos a excepción de Athena quien aún se mantenía alejada se miraron a sí mismos si poder creer que habían salido victoriosos. Los alrededores se veían totalmente destruidos a lo lejos.
—¿Qué pasará ahora Kim?— decía el mayor de los Bogard limpiándose sus ojos con seriedad por la pérdida.
—Ahora…— dijo observando a Athena sobre su rostro— confío en que Dios se encargará de lo demás. Pero por el momento, Athena necesita de nuestro apoyo. Ella fue quien realmente nos guió a la victoria. Andando.
Diciendo aquellas palabras los chicos fueron a ella y cada uno puso su mano en los hombros de la joven. Al sentir las cálidas manos tocar su espalda la adolescente soltó un suspiro impredecible y sonrió conmovida por ello, sin embargo no dijo una sola palabra.
—No siempre se obtiene el final feliz en el que nadie muere ¿Cierto?— dijo Kyo— Pero estoy seguro de que en donde quiera que estén los demás en estos momentos tienen una gran sonrisa en su rostro. Athena, lo logramos.
Habían acabado con Orochi, con la guerra, habían ganado la paz; pero el precio había sido muy elevado para muchos. Hermanos, seres queridos, amigos, compañeros de batalla, se había perdido tanto que hasta el mismo aire parecía haberse alegrado por sus súplicas escuchadas ¿Todo había valido la pena?
—Si te sirve de algo y para que no te sientas sola en tu dolor; yo perdí a mi hermano— decía Terry quitándose su gorra.
—A mis camaradas, mis compañeros, mi familia— dijo Ralph agachando la cabeza.
—A mis madres— musitó Kula con tristeza.
—A mi padre, a mi madre y a mi mejor y único pupilo— habló Kyo apretando sus puños con impotencia.
—A mi compañero, mi amigo…— musitó K' desviando su vista para no mostrar su dolor interno.
—A mis queridos padres por culpa de NESTS— decía Ángel tomándola de la mano.
—A mi hermana, la única persona a la que amaba con el alma, éramos casi inseparables— dijo Chizuru sin poder evitar derramar un par de lágrimas tras recordar a Maki.
—Gracias. A todos— musitó la joven Asamiya frunciendo el ceño de dolor por la pérdida que todos habían tenido.
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Y de esa manera fue como los demás trataron de empezar sus vidas de nuevo. Lentamente y después de ser sanados con el poder de Athena los muchachos se alejaron de la ubicación en dónde estaban hasta llegar al corazón de Japón. Había sido muy difícil para que poco a poco los habitantes de Tokio regresasen a su ciudad y esta se empezara a levantar de nuevo. Fueron años de recuperación; eso jamás sería olvidado por ninguno de los que vivieron en esa época.
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5 años después…
Las cosas habían mejorado en su totalidad. Después de que la guerra había acabado, los habitantes fueron apareciendo lentamente de nuevo en Tokio. Todo aquello les había dejado un doloroso recuerdo de aquella vez con la bomba de Hiroshima y Nagasaky. Todo había sido terrible y catastrófico. Sin embargo los habitantes trataron de reiniciar su vida otra vez.
Pronto levantaron escombros y edificaron otra vez la hermosa ciudad de Tokio. A lo largo de los cinco años ya todo se encontraba casi tan perfecto como antes; los edificios estaban bien fincados y construidos, hermosos parques con familias en ellos jugando y casas se alzaban lentamente. Todo había vuelto a la normalidad finalmente. Ninguno de los habitantes supo jamás a quien le debían la vida y jamás se supo que los participantes del K.O.F. habían sido los responsables de dicha hazaña, pero así era mejor para ellos, les bastaba con ver al mundo en paz y armonía, sobre todo a cierta joven de cabello lila de ahora 24 años de edad.
Cada guerrero que había muerto en la guerra fue sepultado en su respectivo país. Y muy seguidamente sus compañeros y familiares iban a visitarlos al cementerio, la historia detrás de la realidad era totalmente horrible y triste.
Kim junto con sus hijos volvieron a Corea y abrieron otra escuela en donde enseñaban Taekwondo para la auto-defensa.
Kula y K' se fueron a vivir a Irlanda trabajando para los Ikari Warrios desde haya, en aquel país se dieron la oportunidad de conocerse un poco más a fondo. Aunque las cosas no era fáciles para ninguno de los dos se tenían el uno al otro, y eso era todo lo que bastaba.
Ángel y Kyo habían unido sus vidas felizmente en sagrado matrimonio. Tuvieron un varón el cual ya había cumplido cuatro años desde entonces; Raiko era su nombre, y su cabello era blanco como la nieve. También tuvieron una preciosa niña que ya tenía tres años de edad llamada Yumi, ella tenía su tono de cabello color miel como el de su padre. Kyo se pudo graduar de la escuela y ahora se dedicaba a dar clases de idiomas en la más sofisticada universidad de Japón mientras que su hermosa esposa se dedicaba a trabajar como agente en cubierta con la policía deteniendo a los criminales más buscados.
Ralph había regresado a su país y había sido ascendido a teniente general sirviendo a su patria con lealtad y orgullo. Aparte del ascenso ahora se dedicaba a dar lecciones de guerra y combate a los novatos. Muchos dicen que es el más rudo y respetado de los militares, pues sus sentimientos se endurecieron más cuando perdió a sus mejores amigos en aquella guerra.
Mary y Terry regresaron a los Estados Unidos. Las cosas no habían salido muy bien para el mayor de los Bogard, pues aún estaba aprendiendo a superar la pérdida de su hermano. No obstante pudo conseguir un trabajo que le encantase y un pasatiempo que disfrutaba al lado de su interés romántico Mary Ryan.
Las cosas también habían sido difíciles para Chizuru Kagura, pues tampoco lograba olvidar a su gemela Maki Kagura; la bella joven seguía siendo sacerdotisa del sagrado templo de los Yata y agradecía todas las noches a Dios por el apoyo brindado del gran Dormin; oraba por la paz de su hermana y de Japón.
Rock Howard se había ido a vivir a los Estados Unidos con su novia Hinako. Cada fin de semana visitaban a Mary y a Terry para hacer algunas cosas divertidas y cada que Rock veía a su padre adoptivo este le pedía que le platicase cómo habían sido las cosas en la batalla contra Orochi.
Finalmente se encontraba Athena Asamiya. La joven dejó el negocio de la música y se mantenía con las riquezas de la mansión y de la gran venta que sus discos dejaban; por supuesto que muchos fans quedaron desilusionados al enterarse de ello. Ahora Athena se dedicaba a cuidar de sus hermosos hijos a quienes les brindaba todo su amor y cariño.
La chica recordaba muy seguido con cariño a Iori y a pesar de haber transcurrido ya cinco años, en las televisoras se hablaba de la pérdida del integrante de Attack '99 muy a menudo.
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Se encontraban ambas familias de Japón en el jardín de la mansión disfrutando de una parrillada que habían organizado. Platicaban, reían y comían muy a gusto entre ellos y sus pequeños. Los últimos rayos del sol les advertían que en un par de horas la noche sería la encargada de otorgar su luz próximamente.
Kyo estaba jugando con sus hijos y sus ahijados en el jardín delantero. Los pelirrojos y sus hijos se le trepaban a la espalda y lo atacaban con delicadeza mientras Kyo trataba de quitárselos de encima para atacarlos con cosquillas.
—Mercy, Kael, no vayan a lastimar a su padrino— regañaba dulcemente Athena a sus hijos.
—Jajaja déjalos Athena. Al menos pueden hacerle a Kyo lo que yo no, se lo merece.— rió Ángel— Además no puedes negar que serán muy buenos peleadores. Me muero de ansias por ver pelear a Raiko con Kael.
—Tienes razón Ángel, ambos serán asombrosos— musitó con una sonrisa la joven Asamiya observando cómo Kael era tan parecido a su padre.
—Juguemos ahora a las escondidillas— propuso Yumi a sus primos de nombre.
—¡Vamos!— gritó Mercy corriendo a esconderse inmediatamente.
—Yo no quiero contar esta vez— pronunció Raiko.
—La de la idea es la que cuenta— rió Kael apartándose de ellos— ¿No vienes a jugar padrino?
—Adelántense pequeños, estoy un poco viejo para esas cosas— sonrió Kyo colocándose de pie yendo hasta su esposa y amiga.
—Me alegra mucho que todo haya vuelto a la normalidad— dijo Athena mirando al cielo— aunque… jmmm…— rió por la nariz con algo de tristeza en su semblante— Quisiera que él estuviera aquí conmigo chicos.
—Athena…
—Seguro le encantaría estar contigo en estos momentos…— interrumpió su esposa al notar que Kyo no sabría que decir nada ante lo escuchado.
—Amiga, no estás sola. Tienes amigos que te quieren y unos hermosos hijos que necesitan de ti. Ángel y yo siempre estaremos para apoyarte en todo, cuenta con ello.
—Muchas gracias Kyo, necesitaba escuchar algo así, eres un amigo sin igual— sonrió la ex-cantante de J-pop observando cómo su ahijado e hijos se escondían de Yumi.
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Mientras tanto, en algún lugar misterioso…
—Estaré del otro lado esperándote padre. Ya no habrá marcha atrás, tu vida, tu ser, tu existencia será la absoluta y para siempre— habló la hermosa pelirroja.
—¿Estarás del otro lado? ¿Pero cómo demonios sabrás que esto ya pasó si serás tan solo una niña de cinco años?— cuestionó Iori con el ceño fruncido.
Ante dichas palabras Mercy dejó escapar una pequeña risa por el comentario de su padre.
—Creo que no lo has entendido del todo. La vida en la que entrarás ya habra sucedió, sin embargo le he dado un nuevo horizonte desde una tangente diferente, tú eres la prueba de que mi memoria prevalecerá en mi yo pequeña, si no fuera así, nada de esto tendría sentido y tú regreso a la vida sería sin sentido. Ahora entra— asintió la pelirroja.
—No te olvidaré— habló fríamente el Yagami.
—No lo harás; de hecho estás a un paso de verme al otro lado— dijo la chica ya algo harta de que aún no lo entendiera.
—Bien. Entonces me voy— terminó de decir Iori cruzando aquel extraño portal que se encontraba en aquel espacio-tiempo.
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En el presente absoluto…
Tras haber cruzado aquel portal Iori caminó un poco entre los árboles que estaban cerca de la mansión; de pronto los recuerdos y la vida absoluta que había llevado fueron invadiendo su cabeza de tal forma que no parecía tan precipitada ni tan lenta, se sentía como volver a casa después de un largo, largo, largo viaje.
La realidad definitiva estaba invadiendo su cabeza tan rápida y tranquilamente… majestuoso. Increíble. Tal fue el grado de perfección en la combinación que de pronto pudo mezclarse su vida de hace 10 minutos atrás con ese presente definitivo. La relación de los dos mundos le causaba terror y preguntas extrañas.
—Orochi vencido, mi maldición fuera…— empezó a musitar seriamente recordando lo que nunca olvidó— El ciego mundo, la Princesa ahí… que estúpido— se dijo a sí mismo con el ceño fruncido— y mis demás vidas ya no existentes.— terminó de decir encendiendo su mano para ver su fuego carmesí— He vuelto a mi vida absoluta, al origen del todo.
Después de un tramo recorrido pudo reconocer una pequeña figura de una niña pequeña. Al notarla se detuvo contemplándola desde la lejanía. Todo era tan igual a como lo recordaba.
—¡Papá!— gritó emocionada la pequeña Mercy corriendo hasta él.
—Entonces si me reconociste— musitó con seriedad el pelirrojo.
—Claro. Te dije que mi memoria prevalecería en mí.— sonrió abrazándolo con fuerzas— Ansié este momento desde que tuve uso de razón. Todo fue gracias a Él.
—¿Esto es lo definitivo? ¿Lo absoluto? ¿No habrá marcha atrás jamás?— preguntó el pelirrojo con algo de molestia en su habla.
—Así es, no sabes cuánto sufrí en las diversas dimensiones para llegar hasta este punto. Casi muero, peleé contra mis primos y mis amigos, tuve que traicionar a muchas personas, quise quitarme la vida; sin embargo todo valió la pena. Pero padre ¿Por qué tú pregunta?
—Jmmm— sonrió de lado el pelirrojo— porque no me quiero ir otra vez de mi vida absoluta, jamás.
Al escucharlo, Mercy sonrió en gran manera y le dio un fuerte abrazo a su padre, quien correspondió cargándola entre sus brazos por su espalda de tal manera que ambos miraran hacia adelante.
—Vayamos a casa— ordenó el pelirrojo con frialdad mientras caminaba hacia adelante.
A medida de que ambos se acercaban por entre los árboles cercanos a la mansión, desde la lejanía Athena pudo ir reconociendo a aquella figura varonil que cargaba a su hija en brazos al igual que Kyo y Ángel. Los tres se sorprendieron por lo que notaban desde la distancia. La psíquica dejó caer el jarrón de vidrio que sostenía sin poder evitar llevarse ambas manos a su boca mientras negaba constantemente, las lágrimas brotaron en esos momentos de sus hermosos ojos lilas; sin pensarlo ni un instante corrió hacia ellos.
Por su parte tanto Ángel como Kyo negaban sin poder creer lo que estaban viendo. Quien se acercaba con la pequeña Mercy en brazos no era nadie más que Iori Yagami.
—Yagami— musitó Kyo con una muy pequeña sonrisa en sus labios.
—"Si alguien llegara a hablar de nosotros algún día, que digan que vivimos en tiempos del dios serpiente Yamata no Orochi, guardián de la naturaleza, el cual desafió a la humanidad para tomar venganza. Que digan que yo junto con un grupo de feroces hombres combatimos con valentía y coraje hasta la muerte por la supervivencia de la humanidad… que digan… que nosotros peleamos en La Guerra Legendaria. Que nosotros fuimos quienes obtuvimos de esa manera… la Supremacía."— fueron los últimos deseos del pelirrojo antes de estar frente a Athena Asamiya.
