CAPÍTULO XXXVI
ME GUSTARÍA QUE TODO FUESE PERFECTO…
Sus ojos destellaban alegría y pasión. Tenía y debía darle una respuesta. Yo también lo amaba más que nadie en el mundo. Su dulce voz de terciopelo se quebraba de la emoción. Él estaba de rodillas frente a mí ¡ese bello dios del olimpo me pedía a mí que me quedara con él para siempre! ¿existía alguna razón para decirle que no? Por ningún motivo ¡tenía que darle mi respuesta ahora ya!
- Sí, Edward, quiero ser tuya por la eternidad…- cuando pronuncié estas palabras unas lágrimas rodaron por mi mejilla.
Tras escuchar mi respuesta, una sonrisa enorme dejó al descubierto sus dientes de mármol y sus ojos rebozaban de júbilo, brillaban y estaban húmedos por la emoción. Se levantó y me tomó por la cintura. Sus ojos tostados estaban clavados en los míos.
-
Bella, ni te imaginas cuánto te amo…eres lo mejor que me pudo
pasar en la existencia – bajó su rostro hacía el mío y me aferró
con fuerza hacia él.
- Edward, yo te amo demasiado…ahora mismo
siento que me falta el aire de felicidad…
Efectivamente el pecho se me comprimía por el amor y la felicidad, él era mi vida y la razón de mi ser, sin él la vida no valía la pena…todo era por Edward, desde ahora y por la vida entera. Tomó mi mano y puso en mi dedo el anillo que sellaba nuestro compromiso…Acercó sus labios a los míos y me besó con locura…con sus manos suaves y frías me acarició de pies a cabeza, para luego, desabotonar mi vestido de graduación. Cuando ya se deshizo de él, me acomodó sobre la inmensa cama, nuestra cama, y me siguió besando y amando con ternura y pasión…El sol recién comenzaba a salir en el horizonte.
En un momento bastante inoportuno sonó mi móvil, era mi padre.
-
Bella…¿dónde estás? – su voz era seria.
- E…eeee, voy
luego para allá – intenté ser cortante.
- Pero ¿dónde estás?
– era insistente.
- En la casa de Jess…es que después de que
terminó el baile nos vinimos para acá…bueno es la última vez que
el curso iba a estar junto – mentí.
- Que extraño Bella, tú
no sueles ser tan sociable como para quedarte hasta al otro día –
dijo con voz incrédula.
- No papá, pero será la primera y la
última...
- M…mmm. Vente luego por favor, ya amaneció – fue
cortante.
- Ok – corté algo molesta.
Miré a Edward, que acababa de escuchar todo, e inmediatamente me sonrió.
- Vamos
Bella, te iré a dejar, después de todo ya amaneció – me besó la
frente y el contacto de sus labios con mi piel me erizó
completamente.
- Me encanta provocar este tipo de sensaciones en
ti Bella – torció sus labios cereza.
Inmediatamente me ruboricé.
- Sabes…eres la mujer más linda que he visto en
mi vida – me dijo sonriendo.
- Mentira – le rebatí.
- Es
cierto Bella – continuó
- No necesitas decirme eso Edward, sé
que no es cierto – insistí
- No sabes lo que dices ¡eres
fabulosa! ¡increíble! ¡eres una diosa mi Bella!
Cuando no terminaba de coger mi color normal de piel, súbitamente el rojo furioso se apoderó de mi rostro.
- Edward…
- Bella…-
curvó sus labios haciendo un gesto exquisito que me encantaba en él.
- ¿Está lista señora Cullen? – la sonrisa le llegó a los
ojos.
- M…mmm, aún lo de señora…parece que no va…
-
Para mí lo eres…sobre todo después de…anoche – ahora su
sonrisa era tímida y unos ojos dulces de miel se clavaron en mí.
Su respuesta me hizo enrojecer nuevamente, aunque no tenía sentido, después de todo éramos el uno para el otro…era el destino.
Salimos de la enorme casa, mi casa también, y nos fuimos en el volvo de Edward. El sol brillaba en plenitud y los árboles eran más verdes que nunca, su aroma era una mezcla fresca de eucaliptos, pino y tierra húmeda. Era una delicia. A una cuadra de mi casa estacionamos, después de todo mi padre todavía no sabía nada, y Edward antes de bajarse a abrirme la puerta, como siempre lo hacía, se dio media vuelta en el asiento y su mirada intensa y transparente me atravesó el alma.
- Bella te amo…eres mi vida…sin ti, todo pierde sentido…no sé como más explicarte cuánto te adoro.
Me tomó las manos y las besó con muchísima ternura.
- Yo sé cuánto me amas…, porque yo te amo de la misma manera Edward.
Acerqué mis labios a los suyos y absorbí toda su esencia de ángel a través de su beso suave y cariñoso. Finalmente, el bajó del auto y me abrió la puerta. Ya me iba cuando me tomó por la cintura fuertemente y me besó con pasión.
- No quiero estar ni un minuto sin ti Bella – siento una presión en el pecho al sólo ver que te alejas un momento.
Al escuchar sus palabras mi estómago se contrajo y después unas mariposas danzaban dentro él. Era una sensación tan poderosa…era irresistible…, tampoco quería separarme de él…Necesitaba quedarme impresa en su piel. Sólo recordar esos maravillosos y exquisitos labios cereza besándome, me removía el cuerpo de pies a cabeza. Finalmente, me alejé de él, sin dejar de voltear un par de veces para mirarlo, mientras él quedaba apoyado en su volvo plateado ¡era espectacular por dentro y por fuera! Tenía susto de despertar y que todo fuera mentira.
Llegué a mi casa y cuando abrí la puerta, estaba Charlie sentado en el living esperándome.
-
Bella, no te dije que te vinieras enseguida.
- ¡Ay! Papá, lo
siento, es que necesitaba que alguien me trajera y nadie se venía
aún– mentí
- Podría haber ido yo a buscarte – me dijo
molesto.
- M…mmm, ¡Pero llegué y estoy aquí! ¿o no?
-
Esta bien Bella, pero no lo vuelvas a hacer ¿de
acuerdo?
Asentí…después de todo él no se enteraría si
salía otra vez…las habilidades particulares de Edward, podían
hacer que no lo notara. Me aprontaba a subir las escaleras, cuando
Charlie me llamó:
- ¡Bella!
- ¿Qué? – respondí algo
agotada de tantas preguntas.
- Estás distinta…¿te ha pasado
algo?
¡Uf! Se habría dado cuenta mi padre de lo que había pasado anoche…Por unos segundos me urgí, pero puse los pies en la tierra y en realidad no tenía por qué saberlo.
- Nada. Es idea tuya – subí rápidamente las escaleras.
Llegué arriba y me recosté sobre mi cama. Los pensamientos iban y venían, y junto a cada uno de ellos, el estómago se contraía de nervio y una sensación especial que no sé explicar. Sin quererlo, entre tanta maravilla, me dormí plácidamente. Desperté casi cinco horas después. Me metí al baño y me cambié de ropa. Charlie ya no estaba. Me metí a mi pc a revisar los millones de correos que me había dejado mi madre. Los leí uno por uno y después le hice uno que otro comentario y un resumen del baile, sin la parte más importante, obvio. En eso estaba cuando sonó el timbre. Bajé las escaleras extrañada y sorpresa ¡era Jacob! A pesar de que lo había visto hace muy poco, la última vez, debido a lo tenso de la situación, no me di cuenta que estaba aún más alto y fornido, él cabello lo llevaba en una cola. Abrí la puerta.
- Hola, Jake
– traté de ser amable.
- Hola, Bella ¿puedo pasar?
- Por
supuesto…- me hice a un lado para que entrara.
- Bueno, quería
saber cómo estabas – parecía nervioso.
- Bien, gracias –
intenté sonreír.
- ¿Quieres tomar algo? – fui cortés
-
M…mmm, no gracias.
Nos quedamos mirando unos minutos, él en el sofá grande y yo enfrente. De repente noté que los ojos se le abrieron como platos y me miraba incrédulo.
- ¡Bella! – su
voz era de impresión.
- ¿Qué Jake? – le contesté distraída,
porque en realidad quería que se fuera para llamar a Edward y saber
a qué hora me iba a venir a buscar.
- ¿Qué pasó con tu
chupasangres? – su voz exigía una explicación.
- ¿P..por qué?
¿qué pasa Jake?
- Tú, tú y él – sus ojos estaban
desorbitados por el desconcierto.
- ¿Qué estás hablando
Jacob? – fui seca
- Es tu olor Bella, ya no hueles a ti…hueles
a él – puso cara de asco.
- ¿Y eso qué? – le pregunté algo
nerviosa ya.
- No, es que el olor ahora nace desde tus entrañas –
me miró con repulsión.
- ¿Qué? Jacob por favor ándate –
traté de que se fuera, ya no de manera amable.
- ¿Bella? –
seguía mirándome atónito.
- Bueno, es que si fuera así, es
problema mío y de nadie más Jake.
- Entonces es cierto –
afirmó
- No te importe – fui cortante
- No te podrías haber
esperado un poquito…era tanta la desesperación – fue
insolente.
Saqué fuerzas no sé de donde y le pegué una cachetada con todas mis fuerzas. No le dolió, físicamente al menos, y dio media vuelta para irse, pero antes de salir, clavó sus ojos negros sobre mí, unas lágrimas caían por su rostro de cobre.
- Olvídate para siempre de mí Bella, tú para mí acabas de morir.
Se fue, pero sus palabras se clavaron en mi corazón. Su rechazo me hizo sentir miserable y sucia ¡Oh, cuánto lo odiaba ahora! ¿cómo me pudo decir eso? Sentí como las lágrimas invadieron mi rostro. Fui a la cocina a beber un vaso de agua y luego subí a mi cuarto. Ya no tenía ganas de hablar con nadie…, no por ahora, por lo que desistí de llamar a Edward. Me quedé pensando en lo que me había dicho Jake…quizás debí haber esperado más…¡que rabia que me hiciera dudar! Hace un par de horas era la mujer más feliz del mundo y ahora, ahora me sentía una desgraciada. Sin darme cuenta me dormí y cuando desperté ya era de noche. Bajé a comer algo y Charlie todavía no llegaba. Luego subí a mi cuarto nuevamente y entré a internet para nada, porque en realidad mi mente estaba en otra cosa. Mi móvil sonó y era mi dulce amor.
-
¡Bella! – su voz era de felicidad absoluta.
- Edward, hola –
mi voz me delataba
- ¿Qué pasó? – su tono era de
preocupación
- Nada…
- Bella no necesitas mentir
- M…mmm,
esta bien pasó algo, pero no vale la pena contarlo.
- Bueno si
estás así por esa razón, claro que si vale la pena – me dijo
entre molesto y preocupado.
- De verdad mi vida…no importa
-
Lo averiguaré…
Me cortó el teléfono y el estómago se me apretó, pero de angustia ¡Uf! Edward no se podía enterar de lo que había pasado, porque ésta si que no se la dejaba pasar a Jake. Llamé a Alice rápidamente.
- ¿Alice?
- Bella – su voz
no era animada.
- Alice, si viste lo qué pasó con Jake hoy, por
favor no se lo cuentes a Edward – le supliqué.
- Es tarde
Bella, ya leyó mi mente…ahora todo depende de ti...
