Cap 36. Todo salta por los aires.
So hard she's trying
But her heart won't turn to stone...oh no
She keeps on crying
But I won't leave her alone
She'll never be alone
She'll be right here in my arms
So in Love
She'll be right here in these arms
She can't let go.
Hermione se dejó caer con suavidad sobre uno de los mullidos sillones del salón de los Potter. Con una media sonrisa dibujada en los labios vio cómo su amiga la imitaba, completamente derrotada y procedió a quitarse los zapatos, arrojándolos lejos.
Había tenido la genial idea de llevar a Ginny a un gran centro comercial muggle¸ nunca hubiera sospechado que su amigo Harry jamás hubiera llevado a su esposa a uno de ellos. Después de todo él era mestizo, y se había criado entre muggles… aunque estos fueran la mar de desagradables. Ginny, que jamás había visto nada parecido, se entusiasmó como una verdadera chiquilla, al verse rodeada de tan diversas tiendas, algunas de ellas llenas de esos cachivaches que acumulaba su padre en su pequeño cobertizo y su madre hacía como si no lo supiera. Había reaccionado como una niña en una tienda de golosinas, queriendo entrar en cada una de ellas. Sin descanso, habían visitado cada tienda de aquel infernal centro comercial, daba igual que fuera de ropa, electrodomésticos, juguetes, joyas, decoración… su amiga pelirroja quería entrar a curiosear, mirándolo todo, señalando aquello que le gustaba o preguntando a Hermione para qué servían aquellas cosas… Ya hablaría con Harry Potter más tarde… aunque ahora él tenía que lidiar con una esposa que acababa de descubrir el placer de acudir a un templo del consumo muggle.
Y no sentía ninguna pena por él.
-Ir de compras es agotador…- se quejó Ginny, poniendo los pies en alto.
-Ya. Sobretodo si llevas carga extra como nosotras.-le replicó Hermione divertida, acariciándose su ya abultado vientre.
-Lo bueno es que la gente te cede el asiento en el autobús.- dijo Ginny riéndose.
Hermione iba acompañar a su amiga en las risas, cuando notó una ráfaga en su mente. La conexión que tenía con su marido se abrió con una fuerza inusual, sólo comparable con la de aquella nefasta noche, cuando Severus yacía herido en el suelo de la casa de los gritos, tras la mordedura de Nagini… y tan cerca había estado de que se lo arrebatasen.
Sintió miedo. Su intuición le indicó que algo no marchaba bien, y no se equivocaba. Se abandonó a la conexión, sintiendo cómo a pesar de la distancia, su alma se fundía con la de su marido.
Su mente se vio inundada por recuerdos ajenos… recuerdos que no pertenecían a Severus… si no a su hija.
Hermione vio a su amigo Neville con claridad en su mente. Su hija y él se hallaban en la sala común de Gryffindor, y discutían. Reconocería esa sala en cualquier lugar, había pasado su juventud estudiando entre aquellas paredes. Lo pudo ver acercándose a Eileen con vehemencia, cogiéndola del rostro y besándola en los labios, con pasión, con apetito.
-¡NEVILLE!- gritó Hermione estupefacta, cubriéndose los ojos con las manos. Pero ese sencillo gesto no podía impedir que siguiera viendo lo inevitable… aquello estaba dentro de su cabeza, dentro de su alma. Por mucho que se tapara los ojos, seguía viéndole besar a su hija en los labios, mientras esta le correspondía.
Ginny se incorporó en el sofá, contemplando a su amiga atónita, llena de preocupación. Había gritado el nombre de uno de sus amigos, y enseguida, se había encogido en su asiento, con la cara cubierta por las manos. ¿Qué estaba ocurriendo? Sabía que algo no marchaba bien, que aquello tendría que ver con la conexión extraña que mantenía con su marido…
Hermione quería evitar a toda costa ver aquello, no quería mirar más los recuerdos de Eileen, no quería saber nada… Por una vez en su vida, quería permanecer en la feliz ignorancia. Pudo ver a Neville, uno de sus mejores amigos, aquel al que adoraba y quería como un hermano, ése en el que tanto confiaba… lo vio en su mente, como si ella hubiera estado presente las veces que había besado a Eileen. Le vio besarla una y otra vez, acariciándola, recorriendo cada centímetro de su cuerpo con sus manos, su boca… acostándose con ella… con su hija, con Eileen… Pudo verle con claridad, desnudo sobre ella, sudoroso, sonriente, meciéndose dentro de su hija…
Cerró los puños con fuerza… no quería ver más. No podía ver más…
-Severus, para…- suplicó.
Entonces pudo ver a través de los ojos de su marido, cómo bajaba la varita y miraba fijamente a su hija… un frío metálico recorrió toda su columna vertebral al sentir el odio interior que se despertaba como una fiera indomable en Severus. Podía oír los pensamientos de su marido, como si los gritase a viva voz. Cada una de las demenciales ideas que estaba teniendo en un momento… cómo se dejaba llevar por la furia, por la ira…
Sintió miedo al darse cuenta de lo que era capaz Severus en esos instantes.
La invadió un terrible pánico.
Severus, ése espía doble de nervios de acero que tanto se había jugado en la guerra, aquel que no perdió nunca los nervios frente a Voldemort…había perdido los papeles. Estaba completamente fuera de control.
"-VOY A MATAR A ESE HIJO DE LA GRAN PUTA"- pudo ver cómo gritaba a viva voz su amenaza, ante el rostro espanto de su propia hija. Lo vio salir del aula de pociones casi a empellones, a pesar del intento sin éxito de su hija en impedírselo, que se había aferrado con pavor a su capa, suplicándole que no se fuera, que la dejara explicarse.
"-Severus… Severus…- le llamó Hermione, sin obtener respuesta. Su marido sólo prestaba atención a su objetivo más inmediato: Neville Longbottom. Su mente se hallaba ofuscada con la acción de buscarle, y a eso había ido, caminando por los pasillos como un verdadero energúmeno.- ¿A dónde vas? Vuelve a tu despacho… hablemos…"
Sintió como su bebé se revolvía en su vientre. Él podía percibir el estrés y nervios que experimentaba su madre, moviéndose inquieto dentro de ella.
Hermione gritó, poniéndose de pie de un respingo. Ginny se levantó a toda prisa para coger de las manos a su amiga, intentando que la mirase.
-¡Hermione! ¡Por Merlín, qué te ocurre!
-Neville… Snape…- balbuceó, horrorizada por lo que estaba irremediablemente viendo.
Su marido estaba dándole una brutal paliza a Longbottom, mientras éste yacía sin defenderse en el suelo…
-¡Por Merlín! ¡Severus, para!- gritó Hermione frustrada, inundando con su voz todo el salón, asustando aún más a su amiga. Ella era consciente de la conexión entre el matrimonio, sabía cómo funcionaba… y por el rostro de su amiga debía de estar ocurriendo algo verdaderamente terrible…
-¡¿Qué ocurre?- gritó Ginny, contagiándose de la inquietud de su amiga.
Hermione profirió un grito de horror, que se desgarró el alma. Comenzó a gritar, histérica, abandonándose al pánico… lo que acababa de ver había superado con creces a los golpes que su marido le había propinado a Neville. Acababa de verle levantar con frialdad su varita, recordándole irremediablemente aquella vez que lo hizo contra Dumbledore, conjurando un imperdonable contra él… Había visto como Severus torturaba a Neville en mitad de un pasillo de Hogwarts frente los ojos horrorizados de sus alumnos… Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Después se había hecho la oscuridad.
A Snape le habían lanzado un hechizo aturdidor por la espalda, cortando abruptamente con la conexión…
-¡Hermione! ¡Tranquilízate!-Chilló Ginny espantada- ¡¿Qué ocurre?
Hermione miró el rostro preocupado de su amiga y se abrazó a ella.
-Neville… Severus… Eileen…- sólo era capaz de balbucear palabras sueltas. Había perdido por completo su locuacidad.
-Pero Herms… cuéntame que ha pasado. ¿Qué ha pasado con tu familia y con nuestro amigo?
-Neville y Eileen…- dijo separándose de su amiga, llevándose las manos, incrédula a la sien.- Juntos…
-Hermione… si quieres que entienda qué ha pasado, tendrás que ser más clara.- pidió Ginny preocupada ante la idea que le hubiera pasado algo grave a la hija de su amiga.- ¿Qué ha pasado realmente? ¿Qué ha pasado con tu hija y Neville?
Hermione masajeó con fuerza el puente de su nariz, cerrando los ojos, intentando encontrar un alivio momentáneo. Tenía que sosegarse, tranquilizarse aunque fuera difícil. Lo que acababa de ver, lo que acababa de presenciar a través de los ojos de su marido… era tan brutal, tan crudo, que aún era incapaz de asimilarlo.
Habían sido tantas cosas de una vez, que le era imposible centrarse. Por mucho que lo pensase, por mucho que recordara lo que había visto, no podía creerlo.
Aquello era imposible… pero no lo era. Ella misma había podido comprobarlo con sus propios ojos…
Bajó la mano, abriendo sus parpados. Su mirada, feliz hacía un momento, había cambiado. Sus ojos tenían aspecto de cansados, como si no hubiera dormido en semanas. Clavó sus ojos melados en Ginny, que se hallaba al borde de la histeria.
Le esperaba un día muy largo…
-¿Tú sabías que Eileen y Neville estaban juntos?- espetó Hermione, sin andarse con rodeos. ¿Era posible que aquello lo supieran los demás?
-¿De qué carajo hablas Hermione?-preguntó Ginny abriendo mucho los ojos, incrédula por la pregunta que acababa de oír.- ¿A qué te refieres con juntos?
Hermione se pasó la mano por la cara. No tenía tiempo que perder en explicaciones…
-Tengo que ir a Hogwarts…
-Voy contigo…
-No Ginny… es mejor que no. Lo que ha ocurrido… -balbuceó- Severus…¡tengo que irme!
-¡Antes de irte cuéntame qué ha pasado! No puedes largarte así y dejarme con la preocupación.
-Mi hija y Neville se han acostado juntos.- dijo a bocajarro, deseando largarse de allí y haciendo que su amiga se cayera de culo sobre un sillón.
-¡¿Neville y Eileen? ¡Eso no puede ser!
La directora Mcgonagall entró a su despacho como un vendaval, casi arrasándolo todo a su paso. Sus manos aún temblaban de puro nerviosismo y era incapaz de controlar el ligero temblor de su barbilla.
Aún intentaba asimilar lo que acababa de presenciar… desde que se había inaugurado la escuela, jamás en su historia, había ocurrido nada parecido. Nunca pensó encontrarse en esa tesitura en la que se veía envuelta.
Se paró abruptamente en mitad del despacho, donde los retratos de los antiguos directores de Hogwarts observaron con curiosidad la estupefacción de la mujer, que estaba al borde de un ataque de nervios. Deseaba despertarse en esos momentos en su cama, y darse cuenta que tan sólo había sido una pesadilla…
Tenía ganas de desaparecerse y perder de vista todo aquello.
Sus manos aún seguían con aquel insistente temblequeo. Era incapaz de sosegarse, de tranquilizarse.
Lo que había ocurrido aquella mañana había sido grave, y no sabía cómo afrontarlo.
La profesora Graham la seguía en silencio como una fiel mascota, como si se tratara de su sombra. La profesora de transformaciones entendía que de allí podría sacar partido… y quizás una venganza.
-No…-comenzó a balbucear la directora, intentando ordenar sus palabras y sus pensamientos, que se hallaban desordenados, saltando en completa libertad en su mente.- No lo entiendo, de verdad, que no lo consigo comprender…
-Minerva, sosiégate.- le aconsejó Cloe, apretando un hombro con una de sus manos, intentando insuflarle fuerzas.
-¿Qué ha pasado?- quiso saber Dumbledore desde el cuadro, intentando simular que se alegrara al fin de que ocurriera algo de acción en aquel aburrido curso escolar. Estar muerto era un completo muermo, y desde que Minerva era directora de Hogwarts, más.
-Pues no lo tengo del todo claro…- Minerva se pasó la mano por el rostro, con ademanes cansados.- Pero si lo que me han contado esos alumnos de séptimo es verdad… algo muy grave.- Minerva cogió todo el aire que pudieron sus pulmones y miró directamente al cuadro del ex director- Snape le ha pegado una paliza a Longbottom.- el Dumbledore del cuadro pareció sorprenderse- y no sólo eso, algunos alumnos afirman que le ha atacado con la maldición cruciatus…
-¿Qué?- gritó Albus abriendo mucho los ojos- Eso no puede ser… mi chico no haría jamás eso. Por Merlín, Minerva… cuéntame cómo ha sido.
La directora comenzó a relatarle el escándalo que le había hecho acudir al pasillo, y para su sorpresa, encontrarse en el suelo tirados sin sentido a Snape y Longbottom. Le comentó el estado en el que habían encontrado a ambos profesores, uno de ellos cubierto de heridas y por su propia sangre... Y como esa condenada cría, la hija de Snape, se había cerrado herméticamente. Al igual que hacía su padre cuando no quería seguir con una conversación, se había limitado a mirarla en silencio mientras le exigía una explicación. Eileen no había contado absolutamente nada de lo ocurrido.
Graham había perdido los estribos con ella y le gritó como una energúmena, pero la chica no abrió la boca.
Se había dedicado a mirarlas en silencio, mientras no dejaba de llorar y acariciar la mejilla del jefe de su casa, que tenía su cabeza apoyada sobre su regazo. Entonces fue ella quien las gritó.
-¿EN LUGAR DE HACER TANTAS PREGUNTAS, POR QUÉ NO HACEN NADA POR ÉL? ¡ESTÁ PERDIENDO MUCHA SANGRE!
Las mujeres intercambiaron una mirada, sorprendidas por la repentina reacción de la alumna y decidieron transportar al profesor de herbología a la enfermería del colegio cuanto antes. Neville respiraba con dificultad y parecía tener algún que otro hueso roto. Graham se lo llevó levitando hasta la enfermería, ante los ojos de terror de algunos alumnos resabiados por allí.
McGonnagal la imitó haciendo lo propio con Severus Snape, llevándolo hasta las mazmorras. Su intuición le decía que era mejor que no estuvieran en la misma habitación para cuando despertasen… Le ordenó a su hija que le siguiera.
Seguía sin abrir la boca. Esa niña era una tumba. Era una frustración.
Comprobó que Snape se encontraba bien, tan sólo lo habían aturdido, así que lo dejó sobre el sofá de su despacho y mandó a Eileen que permaneciera con él hasta que se despertara.
De camino a su despacho, se encontró a Graham, que interrogaba a algunos alumnos de séptimo de Gryffindor, que contaban aún con pánico lo que habían ocurrido… por lo visto Snape, había insultado y atacado al profesor de herbología sin motivo aparente. Le había golpeado sin que el jefe de Gryffindor se defendiera siquiera… y lo que había gritado Longbottom…
Minerva no se lo podía creer.
Y lo que menos podía creer, es que Snape hubiera usado la maldición Cruciatus entonces contra él…
-Esto se me ha ido de las manos…- se lamentó la mujer, desesperada.
-¿Longbottom con la hija de Snape?- preguntó Albus.- ¡Vaya! No voy a negar que el muchacho tiene buen gusto…- Y el ex director de Hogwarts, comenzó a reírse desde el marco que estaba colgado.
-¿Crees qué es para tomárselo a risa?- le gritó Minerva escandalizada- ¡Te acabo de contar que un profesor a mantenido relaciones ilícitas con una alumna! ¡Y que su padre le ha dado una paliza!
-Es lo menos que puedes esperar si haces algo así con la hija de Severus Snape… este muchacho ha sido siempre de lo más temperamental.
-¡No sé para qué te cuento nada!-gritó ofuscada la mujer- ¡Últimamente te lo tomas todo a risa!
-Me parece irónico que precisamente Severus se tome a la tremenda algo así… después de todo yo le permití que se viera con Hermione cuando eran alumna y profesor…
-¿Tú sabías lo de Granger y Snape?- la acusó la directora con los ojos a punto de salírsele de las órbitas. -¿Y lo permitiste?
-¿Y por qué debería haberlo impedido? Ella era mayor de edad y se amaban con locura, solo había que mirarlos un momen…
Minerva lo interrumpió.
-¡No me puedo creer que fueras tan irresponsable!
-El amor es la magia más poderosa Minerva, no lo olvides nunca…
-¡Siempre estás con la misma cantinela!
Graham contemplaba atónita y en silencio la discusión que mantenían esos dos. Parecían dos antiguos amantes tirándose viejas rencillas a la cara…
Se aclaró la garganta, llamando la atención de ambos.
-Creo que no es el momento de discutir de eso… ¿no creen?- dijo Graham con cierta timidez.
-Tienes razón Cloe… ¡Aún no me explico cómo no me di cuenta! ¡Ha vuelto a pasar! ¡Y en mis propias narices!- gritó desahogándose.
-¿Has pensado qué vas hacer?- preguntó la profesora de transformaciones.-Debes hacer algo…
-¡Déjalos en paz!- gritó Albus, que se acababa de hacer un defensor ferviente del profesor de herbología.-¡Longbottom y esa chica seguro que se aman!
-¿Pretendes que mire hacia otro lado, Albus? ¡De eso nada! Graham… a partir de ahora, te nombro la jefa de Gryffindor. –La profesora de transformaciones no pudo disimular la gran sonrisa que se había dibujado en su rostro- Longbottom y Eileen Snape serán expulsados de Hogwarts… y en cuanto a Snape… aún tendré que hablar con él.
-Me parece muy bien, señora directora.
-Por favor, manda a todos los alumnos que veas por los pasillos a clase y los que no tengan… que vayan a sus salas comunes. No quiero a nadie merodeando por ahí…- Graham asintió, volviéndose sobre sus talones para salir de aquel despacho.- Por cierto, avisa a Longbottom que acuda a mi despacho en cuanto pueda…
Graham no pudo evitar una gran sonrisa maliciosa en su boca.
-No se preocupe...
Severus Snape comenzó abrir los ojos pesadamente. Le dolía la cabeza horrores y sentía una sensación de vértigo en la boca del estómago. Sabía que le habían lanzado un hechizo aturdidor por la espalda, pero no tenía ni idea de quién había sido... Los recuerdos de Eileen golpearon su memoria, con vehemencia.
Apretó los dientes, rechinándolos, incorporándose abruptamente de aquel raído sofá. Ya no se encontraba en el suelo, en mitad de un pasillo de Hogwarts, si no en el interior su lúgubre despacho. Alguien le había llevado hasta allí y le había acostado sobre su viejo sofá.
Se frotó los ojos y se sentó. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Quién le había traído? ¿Qué había pasado después de su encuentro con Longbottom?
Recordó la última maldición que le había lanzado a ese infame y se le heló la sangre… él usando la maldición tortura… había perdido la razón… por una vez en su dilatada vida, había perdido el control de la situación. Le había dado igual todo, las consecuencias de sus actos, hacer algo verdaderamente malvado… se había cegado ante la idea de hacer daño…
Se cubrió la cara con las manos.
Eileen… su niña, su hija, su pequeña… en brazos de aquel pervertido. No podía creerlo, sencillamente no podía… aunque lo hubiera visto con sus propios ojos.
Su Eileen con el idiota de Longbottom… ¿Acaso el mundo se había vuelto demente?
-Papá…- escuchó en susurros la voz de Eileen.- ¿Estás bien?
Severus alzó el rostro y al fondo de la habitación, pudo percibir a su hija, sentada en una de sus sillas del despacho, retorciéndose la falda de su uniforme del colegio, manchada de sangre... Y sabía a quién pertenecía.
Se levantó del sofá, acercándose hacia ella con rapidez. La chica se levantó a su vez de su asiento, un tanto asustada.
-¡TÚ!- comenzó a gritar Severus- ¿CÓMO HAS PODIDO? ¿CÓMO HAS PODIDO HACERME UNA COSA ASÍ?
La chica cerró sus puños con fuerza, reuniendo toda su valentía Gryffindor, se dispuso a enfrentarse a su padre. Defendería su relación, hasta las últimas consecuencias. Neville había sido muy valiente, y ella no sería menos.
Defendería su amor por él por encima de todo. Cogió todo el aire que pudo con sus pulmones, sentía una opresión el pecho. No podía quitarse de la cabeza la situación dónde se había visto sumergido Neville. Sabía que se lo habían llevado a la enfermería y no sabía cómo estaba. Había visto con sus propios ojos como la detestable profesora de transformaciones se lo había llevado levitando… La profesora Mcgonagall la había intentado interrogar mientras llevaba a su padre a su despacho, pero ella no había abierto la boca. Después de un pequeño reconocimiento, la directora le había pedido que se quedara allí con su padre, hasta que la enfermera del colegio pudiera acudir a visitarle… y aún no había ido, lo que significaba que su amor estaba herido de gravedad.
Por alguna razón, la directora no se había llevado a su padre a la enfermería. Quizás aconsejada por la misma lógica. Cuando Snape despertara, era mejor que no estuviera en la misma habitación de Longbottom…
Ahora, lucharía por él, por su amor, por sus sentimientos… por el verdadero amor que se procesaban.
-¿Y tú papá?- espetó la chica sin ningún atisbo de temor- ¿Cómo has podido hacerme una cosa así? ¿Cómo has podido emplear Legeremancia conmigo?
-Quizás si no fueras una mentirosa y te comportaras como una persona honesta, no hubiera hecho falta…
-Tiene gracia que me eches eso en cara siendo de Slytherin…
Snape se acercó más a su hija, pero esta no retrocedió ni un solo paso.
-Cuidado con lo que dices…-la advirtió.
-¿Y qué querías que te dijera?- le recriminó Eileen recuperando el hilo de la conversación- ¿La verdad? ¡Mira cómo has reaccionado!
-No me lo puedo creer- Snape se llevó las manos a la cara un momento, recordando todo lo que había visto en la memoria de su hija.- Es que no puedo entender cómo has podido hacer una cosa así.
-¿Hacer qué?- dijo alzando la barbilla con orgullo- ¿Enamorarme de Neville?
Los ojos de Severus se agrandaron tanto, que parecía que se le saldrían de sus órbitas.
-¡Tú no estás enamorado de ése!- espetó enfureciéndose- Estás confundida… eres sólo una cría.
Eileen no iba a permitir que le volvieran a plantear aquel razonamiento estúpido.
-No papá. ¡Soy ya una mujer!- gritó Eileen- Y sé lo que quiero, sé a quién quiero… y es a Neville.
Severus le iba a contestar, pero unas llamaradas verdes en la chimenea, interrumpieron la conversación que mantenían padre e hija. En la habitación, irrumpió Hermione, con su ya evidente embarazo y pálida como la cera.
Ambos se volvieron a mirar Hermione, que los observaba poniendo sus ojos melados de padre a hija, guardando un rotundo silencio, aún estupefacta.
-¡Mamá!- gritó Eileen, sacándola del trance.
-¡No puedo creer aún lo que ha pasado aquí!- gritó Hermione.- ¿Se puede saber en qué estabas pensando?- esto lo dijo fulminado con la mirada a su marido- Y tú…-miró a Eileen, señalándola con un dedo inquisidor. -¿Qué has hecho?
-Mamá…- la mirada de su madre la hizo dudar. ¿Cómo podía saberlo todo? Claro, la conexión especial que tenía con su padre… ¿era posible que hubiera visto lo mismo que había visto en su mente su padre? Por cómo la miraba, no dudaba que así fuera- Yo…
-Tu hija "está enamorada" del idiota de tu amigo.- escupió Severus con desprecio.- Ése al que tanto has defendido toda tu vida… ese bueno para nada.
-¡Al que tú casi matas hoy!- gritó Eileen volviéndose vehemente a su padre, notando como se le llenaban los ojos de lágrimas.
-Sólo le he dado una parte de lo que se merecía… ¡Cómo le vuelva a ver no correrá tanta suerte!- gritó enfurecido, sin razonar realmente lo que estaba diciendo, volviendo a perder los estribos.- Y me pagará lo que ha hecho… con su sangre.
-¿Y qué ha hecho para ganarse una sentencia de muerte? – Gritó Elle- ¿Amarme?
-Él no te quiere, sólo te ha utilizado el muy puerco… es imposible que esté enamorado de ti. Te ha mentido.
-¿Eso es lo que piensas?-preguntó atónita. ¿Cómo era posible que su padre se cerrase tanto en banda? ¿Es que no sentía una pizca de empatía por ellos? Después de todo, su padre había comenzado a salir con su madre cuando esta era aún su alumna… y era evidente que se amaban.
Hermione miró en silencio a su esposo y a su hija, que habían comenzado a andar en círculos, mirándose, escrutándose. Cómo dos fieras a punto de emprenderla a dentelladas.
Eileen comenzó a gritar como una energúmena.
-QUE SEPAS QUE ÉL ME AMA LO MISMO QUE YO A ÉL.
-NOOOO.- contestó con la misma violencia su padre- Eileen, ése no te quiere. ¿No te has dado cuenta, que lo vuestro es absurdo?
-¿Por qué es absurdo papá? ¿Por qué es mayor que yo? ¿Por qué es mi profesor? Perdona que te diga, pero Neville es más joven y yo más mayor, que tú y mamá cuando empezasteis vuestra relación…
Severus se calló un momento, helado por lo que acababa de tirarle en cara su hija, pero emprendió pronto el nuevo ataque.
-Era una situación totalmente distinta… No compares.
-Severus, Eileen… estamos muy nerviosos.- comenzó a intentar apaciguar los ánimos Hermione, que no le gustaba en absoluto por donde comenzaba a ir la conversación.- Vamos a tranquilizarnos un momento y hablar como las personas…
Fue totalmente ignorada. Eran Snape… ellos no podían sosegarse así como así…
-¿En qué era distinta? ¡Deberías comprenderme, ponerte en mi lugar! ¡Tú más que nadie! - gritó Eileen.
-Yo no he tenido a tu madre en brazos cuando sólo era un bebé, ni la he visto crecer… No compares ambas situaciones, porque no tienen nada que ver. Además… ¡Longbottom!- hizo una mueca de asco- ¿Cómo has podido… con ese…idiota? ¿Desde cuándo te toca? ¿Con qué edad comenzó a…
Eileen abrió mucho los ojos, incrédula por lo que estaba preguntando su padre.
-¡Tenía la mayoría de edad cuando me besó por primera vez!
-Espero por su bien que sea verdad…
-Neville es un buen hombre. Es la mejor persona que he conocido.-lo defendió.
-¡Es un hijo de puta!- afirmó Severus, terco como una mula.- ¡Y no permitiré que termines con él! Mi hija con Longbottom… ¡Ni en mis pesadillas hubiera imaginado algo así! ¡No permitiré que mi hija esté con semejante deshecho! ¡Eres demasiado para alguien como él!
Eileen estaba realmente enfadada con su padre. Había violado su mente, era incapaz de razonar, ni de ponerse en su lugar. A pesar de que su historia de amor con Neville, tenía ciertas similitudes con la de sus padres… Neville era uno de los mejores hombres que había en el mundo, al menos para ella, y no permitiría que le pusieran tierra por encima, ni que dijeran cosas malas de él… ni su padre, ni nadie… Lo defendería hasta la muerte si era necesario.
Y sin plantearse siquiera lo que iba a decir, abrió la boca, y las palabras surgieron solas de sus labios.
-¿Y qué te gustaría para mí, papá? ¿Un mortífago arrepentido como tú?
-¡EILEEN!- gritó Hermione al momento de oír a su hija decir semejante barbaridad.
Su padre dio un par de pasos hacia ella, con el ceño fruncido y los dientes apretados. De sus labios salió un sonido más que amenazante, a la vez que levantaba una de sus manos, dispuesto a darle una bofetada con el dorso de la mano.
-¡SEVERUS!- Gritó con temor Hermione, sacando al momento su varita, dispuesta a intervenir, aturdir a su marido si era necesario.
Eileen cerró los ojos con fuerza, dispuesta a recibir el golpe por parte de su padre… pero este nunca llegó.
Severus se contempló a sí mismo, como si su alma hubiera abandonado avergonzada su cuerpo. Eileen había cerrado los ojos, encogiéndose un poco, dispuesta a recibir una bofetada de su parte… pero ¿cómo habían llegado a esa situación? ¿Él pegándole a su propia hija? Él jamás le había levantado la mano… y jamás lo haría.
Cerró el puño de la mano que tenía levantada, clavándose las uñas en las palmas hasta hacerse sangre.
Se había acordado de su asqueroso padre: del mal nacido Tobías Snape.
Desde que Eileen había abierto los ojos en este mundo, había luchado en ser un buen padre. Quizás no era uno de los mejores, pero se había esforzado para serlo. Siempre había tratado a su hija con amor, la amaba por encima de todas las cosas y nunca le haría nada que pudiera hacerle daño. Jamás había podido pensar, que se pudiera querer de esa forma a un hijo… Quería a su Eileen. Se había esforzado en darle todo lo que él no había tenido de niño… una familia.
Él quería a su hija, la amaba con todo su corazón y eso no podía cuestionarse.
No iba a comportarse ahora como había hecho su padre con él. Jamás le había puesto un dedo encima, y seguiría siendo así.
Bajó el brazo, arrepentido por lo que había estado a punto de hacer y horrorizado ante la idea de haber estado a punto de hacerlo.
Una cosa era pegarle al hijo de puta de Longbottom, y otra muy distinta a Eileen.
Sintió una opresión insufrible en el pecho, aquello le superaba. Todo lo que había pasado a lo largo de aquel maldito día, había sido mucho para él…
Miró a su mujer que le observaba espantada, que sujetaba en una de sus manos la varita, dispuesta a usarla contra él… lo había notado.
Ahora se sentía avergonzado.
Sin mediar palabra, se dirigió a la chimenea, cogiendo unos pocos de polvos Flu de un recipiente que siempre tenía sobre ella.
-A la calle de la hilandera 41.-gritó, desapareciendo por el hueco de la chimenea, dejando tras sí, unas brillantes llamaradas verdes.
Hermione observó llena de incredulidad cómo su marido desaparecía en la chimenea… aquel día era un total de cúmulos de situaciones y sensaciones extremas, que los mantenían a todos al borde de la locura… andaban completamente desquiciados.
Ella, que aún no había conseguido asimilar todo lo que había visto a través de Severus, se había encontrado al llegar a Hogwarts a su marido y su hija enzarzados en una pelea… que había estado a punto de terminar en otra agresión.
Aunque en su foro interno, sabía que su marido era incapaz de hacerle daño a su hija… aunque no se lo hubiera hecho físicamente, sí la había herido.
Aunque Eileen también sabía dañar con palabras venenosas… en eso se parecía mucho a su padre.
Aquello se le había ido de las manos a Severus…
Y por una vez en la vida, ella, que había luchado en la guerra, que había acompañado a su mejor amigo en la búsqueda y destrucción de los horrocruxes… no había sabido qué hacer. Ella que siempre había encontrado soluciones a todo y había sabido qué hacer en cada momento…
Se encontraba perdida, sin saber cómo reaccionar, cómo sentirse… Era todo tan extremadamente extraño. Por mucho que repasara los hechos en su mente una y otra vez, era incapaz de asimilarlo. No podía procesar tanta información y hechos tan desagradables en un mismo día…
Severus faltando a su sagrada promesa con ella de no usar jamás legemancia con Eileen.
Su Eileen enrollada con Neville.
Severus agrediéndole brutalmente y empleando para ello una maldición imperdonable… un temor por su marido la inundó. Ahora tendría que asumir las consecuencias de ello.
Y para culminarlo, la desagradable pelea que acaba de presenciar entre padre e hija.
Notó como el bebé se removía inquieto en su interior. Él también estaba preocupado, compartiendo con ella su temor por Severus y Eileen. Es como si comprendiera la gravedad de lo que estaba ocurriendo en el mundo exterior… intentó sosegarse un poco.
Hermione se pasó las manos por la cara, intentando pensar con mayor claridad.
Estaban jodidos… de todas las maneras posibles.
-¿Qué has hecho Eileen?- preguntó Hermione a su hija, sin gritar, sin berrear, prescindiendo de ese tono de enfadada… sólo de cansancio.- ¿Cómo te atreves decirle eso a tu padre, después de todo lo que ha padecido? ¿Tienes idea del sufrimiento que ha gobernado siempre la vida de tu padre? ¿Te das cuenta de lo que acabas de decirle?
-Él también me ha dicho cosas horribles…Yo… mamá…- comenzó a balbucear la chica con vehemencia. Entonces su hija se dejó caer al suelo, como a una marioneta al que le hubieran cortado de pronto los hilos, sollozando con fuerza.- ¡Yo sólo sé que me he enamorado! ¿Tan difícil es que lo entendáis?
Hermione observó a su hija desparramada en el suelo del despacho de Severus, indefensa, como una muñeca rota. Ahora no se la veía tan altiva como cuando se había enfrentado a su padre, sino que parecía frágil como un cristal. Su rostro había perdido el color en su ya de por si pálida piel, cubriéndolo con sus manos y llorando sin parar, hiperventilando, casi ahogándose.
Hermione tuvo una sensación de regresión al pasado, como si ya hubiera vivido aquello, lo que los franceses denominaban un Déjà vu. De acuerdo que eran situaciones completamente distintas, pero a la vez se asemejaban.
No podía evitar sentir un poco de empatía por ella.
Contempló a su hija llorar llena de dolor y notó como se le ablandaba el pecho. No permitiría que permaneciese allí tirada ni un momento más. La cogió con suavidad de un brazo, y tiró de ella, obligándola a levantarse del suelo. No le gustaba verla allí derrumbada, desplomada como una torre de naipes. Su hija siempre había gozado de gran fortaleza interior, como su padre, y verla allí, llorando como si el mundo fuera acabar, le producía una gran zozobra en el corazón.
La chica se levantó del suelo, dejándose ayudar y se abalanzó a los brazos de su madre.
-¡Mamá!- chilló entre llanto.-Seguro que tú me entiendes… debes entenderlo mamá…
Hermione pasó la mano por su suave cabello azabache, que siempre le había apasionado. Le vino a la mente los gratos recuerdos de cuando su hija era pequeña. Tan sólo con cinco años, ya poseía esa magnífica cabellera. A Hermione siempre le había gustado peinar el suave cabello de Eileen, lo había hecho millares de veces cuando era una niña y nunca se había cansado de acariciarlo, de pasar sus dedos entre sus suaves mechones… parecía mentira lo que había crecido. Ya no era esa niña a la que le hacía coletas… ya era toda una mujer.
Y además de carácter.
La había visto defender con uñas y dientes sus sentimientos por Neville ante su enfurecido padre, derrochando todo su valor.
Suspiró. Recordó una brutal pelea que había mantenido con Ginny muchísimos años atrás, cuando su amiga pelirroja se precipitó a juzgar el amor de Severus por ella… ¿quizás se habían precipitado al condenar a su amigo? Notó como el enfado que sentía cuando salió de Grimmauld Place se disipaba un poco… aunque no lo suficiente para continuar enojada.
-Eileen… vamos hablar.- dijo separándose de su hija y llevándosela al sofá del despacho.- Pero debes de dejar de llorar así…
Eileen se sorbió los mocos, limpiándose los ojos con las mangas de la camisa de su uniforme manchado de sangre de su gran amor.
-¿Y qué quieres que te cuente mamá?- preguntó tristemente Eileen alzando el rostro y encarándose con su madre.- ¿Acaso no lo has visto? ¿Acaso no me has juzgado ya?
Hermione chasqueó la lengua.
-Eileen… créeme. Ojala no hubiera visto nada de lo que he tenido que ver hoy…- afirmó torciendo el gesto. Decía la verdad, si pudiera hacer algo para evitar lo acontecido, lo haría sin dudarlo.- Ni que pasara nada de lo que ha ocurrido…
-¿Estás enfadada conmigo?- quiso saber la chica, desviando su rostro a los estantes de ingredientes de su padre, sin atreverse a esperar la respuesta mirando a su madre a los ojos.
-No lo sé… al principio sí… pero ahora no sé qué pensar. Eileen… esto es muy complicado de digerir.
-Yo le quiero mamá.- Eileen clavó sus ojos melados en los de Hermione, con seguridad, con fuerza. Sin muestra de vacilación en ellos.-Sé que es complicado de entender… pero si hay una persona en este jodido mundo que me pueda entender, tienes que ser tú.
-Es Neville…- Eileen torció el gesto, notando cómo se ponía un poco a la defensiva. Quizás pensaba que iba insultarle como había hecho Severus antes. -Es un buen hombre, lo sé. Es uno de mis mejores amigos, nos conocemos desde niños, cuando tan sólo teníamos once años. Lo quiero como el hermano que nunca tuve… pero jamás pensé que pudiera ver algo en ti. Es extraño, Elle. Aunque no tengamos vínculos de sangre, siempre te ha tratado como su sobrina. Yo te puse en sus brazos cuando sólo eras un bebé, te ha visto crecer… jamás pensé que él pudiera hacer algo así.
-Y eso es algo que siempre le ha removido la conciencia a Neville. Aunque él no me lo diga, lo sé. No necesito estar conectada a él, para leer en su alma.
-Quizás él debería haberse apartado de ti…
-¿Crees que es posible? ¿Crees que yo le dejé que lo hiciera? ¡No podemos controlar de quien nos enamoramos! Pero lo que más me fastidia, es que habláis como si yo no tuviera poder de elección, como si él me manipulara.
-¿Quién comenzó a sentir algo por el otro primero?
- ¿Acaso importa eso? Yo le amo y él me ama, mamá. Por encima de todo.
-¿Te lo ha dicho él?
-Sí.
Hermione guardó unos segundos prudenciales en el más rotundo silencio.
-¿Y tú le crees?- preguntó de pronto.
-Ni lo dudo siquiera.
Hermione se sorprendió mucho de la seguridad de la que hacía gala su hija. La observó con atención, como si fuera la primera vez que la veía. Su hija había crecido y ya era toda una mujer.
-¿Sabes una cosa?- rompió el silencio Eileen- Cuando acabara el curso, él quería renunciar a su trabajo en el colegio, porque no le parecía honesto seguir en su puesto después de lo que había surgido entre nosotros. Y lo siguiente que quería hacer, era ir hablar con vosotros, de frente, para contaros nuestra relación… Él tenía la ilusión de hacer las cosas bien…intentando restaurar un poco su honor y no ha podido ser…-comenzó a llorar- Y por ello, he tenido que presenciar cómo mi padre machacaba al hombre de mi vida…
-¿Tanto le quieres como para denominarle así?
-Sí.
Hermione abrazó a su hija, a la vez que resoplaba. La entendía, la comprendía más de lo que ella pensaba…
-Sólo os quedasteis en lo superficial. En que hemos hecho el amor… eso es algo íntimo… son momentos míos y de Neville, que mi padre nunca debió ver. Él no tenía derecho a forzar mi intimidad- le reprochó- Jamás debió leerme la mente, por mucho que quisiera saber la identidad de mi pareja.
Hermione pasó una mano por su pelo azabache. En eso tenía más razón que una santa. Severus jamás debió hacerle eso a Eileen, debió respetarla como persona.
A veces, los padres tienden a creerse poseedores de las vidas de sus hijos…
Hermione caminó presta por los pasillos de Hogwarts. Los alumnos que se encontraba por las galerías, la miraban con curiosidad, e incluso cuchicheaban a su paso. A estas horas, todo el colegio debía hablar de lo que había ocurrido con los dos jefes de casas… había cosas que jamás cambiarían con el paso del tiempo y era el nivel de chismorreo y estulticia en la gente, siempre alcanzando cuotas insospechables.
Notó al bebé inquieto, llevaba todo el día moviéndose sin parar. Podía sentirlo en su interior, cómo le daba pequeñas patadas y no era para menos… después de todo el estrés que llevaban acumulado ambos.
Había dejado a su hija en el interior del despacho de Severus, advirtiéndole que no se moviera de allí hasta que ella volviese, y salió de allí a toda prisa, con dirección a la enfermería.
Iba a ver cómo estaba Longbottom… aunque estuviera enfadada con él, no quitaba que andara preocupada. Una cosa no estaba reñida con otra. Por mucho que estuviera enfurecida con él, no quería que le ocurriera nada grave y por lo que había visto a través de los ojos de Severus, había quedado en un estado muy serio.
A su marido se le había ido la mano. Y eso de mandarle un imperdonable… aquello sí que había sido muy fuerte. Jamás, en la vida, habría creído a Severus capaz de volver a usar semejante hechizo… y lo había hecho.
Y ahora tendría que asumir sus consecuencias y eso la preocupaba. Sintió como se estremecía tan sólo de recordar la palabra "Azkaban"
Suspiró preocupada. ¿Cómo había podido complicarse tanto su vida en cuestión de horas?
Todo había saltado por los aires sin que hubiera podido hacer nada para remediarlo.
Se adentró al interior de la enfermería después de llamar a la puerta y escuchar la voz de la anciana Poppy concediéndole el permiso para entrar.
Hermione pudo ver la hilera de camas a lo largo de la estancia, algunas ocupadas por alumnos que dormían plácidamente, pero en su mayoría vacías. Al fondo de la habitación, habían colocado unas cortinas alrededor de una cama, improvisando un pequeño habitáculo, guardando la intimidad del paciente.
Seguro que Neville se encontraba allí.
Se acercó decidida, dando grandes zancadas.
-¿Poppy?- llamó a la enfermera del colegio Hermione. Sabía que estaba allí porque ella le había dado permiso para entrar, pero no podía verla.
El rostro amable de la anciana, apareció tras los cortinajes. Se ve que la confundió con alguien, porque su rostro palideció al verla allí de pie, con los brazos cruzados sobre su abultado vientre.
-¡Hermione!- Exclamó- Creo que es mejor que te vayas. No vienes en un buen momento… es mejor que esperes a que mi paciente se encuentre mejor.
-He venido a ver cómo está Neville.
-Está mal… acabo de darle poción crecehuesos y ya sabemos lo dolorosa que es, tenía tres costillas rotas…
Hermione puso cara de espanto. Sabía que Severus le había dado con saña… pero nunca pensó que había sido tan bruto.
-¿Hermione?- una voz lastimera y nasal salió tras las cortinas- ¿Eres tú?
La enfermera y Hermione se miraron un momento a los ojos.
-Soy yo.- dijo simplemente, entrando sin más al interior de aquel improvisado cubículo.
Sin poderlo evitar, se llevó las manos al rostro. Sabía que su amigo estaría más que magullado, pero el aspecto que tenía el profesor no era nada alentador. Tenía una aureola alrededor de los ojos, de un color verdoso-azulado que seguramente tardaría poco tiempo en ponerse morado. El labio lo llevaba partido y a simple vista, se veía que tenía la nariz rota. Y aún tenía restos de sangre reseca cubriéndole el rostro.
Su aspecto era deplorable.
Se acercó a él y le tomó el pulso con los dedos, presionando suavemente en la muñeca, en la base del dedo pulgar.
-Poppy… ¿serías tan amable de dejarnos a solas?… por favor.- pidió Hermione, volviéndose a la anciana.
-Pero tengo que terminar de curarle…
-Ya lo hago yo. No te preocupes.
La enfermera la miró con desconfianza. Ya sabía de sobra qué había ocurrido entre Longbottom y Severus. Sabía las razones por las que Snape había perdido la calma y golpeado tan brutalmente al profesor de herbología, y temía que la mujer también fuera con intenciones de represalias. Graham ya se había apresurado a contárselo una de las veces que había acudido allí, a comprobar si Neville había recuperado la conciencia.
Había estado inconsciente un buen rato. La enfermera iba a emplear remedios más drásticos. Se había preocupado… por un momento parecía que Neville había sido torturado.
Hermione se dio cuenta de los recelos de la mujer en cuanto a dejarla a solas con el profesor.
-No pienso hacerle nada a Neville… está en buenas manos.
-Por favor Poppy.- pidió Longbottom desde la cama, a duras penas.
Sin contestar, la mujer salió cerrando las cortinas tras sí, dándoles el poco de intimidad que pudieran tener, no sin antes echarle una mirada de advertencia a la señora Snape.
Hermione se acercó a la cama donde yacía Longbottom. Al lado, sobre una mesita auxiliar con ruedas, la enfermera del colegio había dispuesto todo lo necesario para las curas. Había gasas limpias, una tina con agua y varias pociones curativas. Hermione cogió una gasa limpia y la introdujo en la tina , después la estrujó con fuerza y en silencio, le quitó los restos de sangre seca de la nariz. Cuando terminó, sacó su varita y la acercó a lo que había sido la nariz de su amigo.
-Esto te dolerá.- le advirtió. Sin darle tiempo a que se preparase, hizo un movimiento brusco pero certero de varita, sobre la nariz de Neville. Sonó un extraño crujido y Neville apretó un poco los dientes, sin atreverse siquiera a quejarse.
Le había arreglado la nariz rota… ahora sí que parecía una nariz...
-Gracias.- susurró Neville, observando a su amiga de soslayo con sus profundos ojos marrones.
Hermione ni contestó. Y sin más dilación, fue pasando la varita por su rostro, limpiando y desinfectando las heridas que le había provocado Severus. Cuando ya había acabado, se guardó su varita, cogiendo de la mesita una poción para cicatrizarlas.
Ayudada de una gasa, puso un poco de poción de color púrpura en la herida de su ceja. Al contacto con su piel, salió un extraño humo blanquecino y escocía una barbaridad. Después de poner poción cicatrizante, el aspecto de la herida parecía tener semanas.
Pero tampoco se quejó. Aguantó el dolor sin que saliera por sus labios quejido alguno.
Era incapaz de mirar a su amiga a la cara. Desde que había comenzado a curarle, Neville se había refugiado en la vergüenza de su crimen descubierto.
Sabía que le esperaba una conversación pendiente con ella. Y que no sería grato para ninguno de los dos…
Hermione puso un poco más de poción púrpura en la gasa y se la aplicó en los labios.
Neville contemplaba sus manos hacendosas en silencio.
-¿Qué intenciones tienes con Eileen?- preguntó Hermione de pronto, sin rodeos, sin más dilaciones. Ella siempre había sido de abordar los problemas directamente, sin andarse por las ramas. Ese siempre había sido su estilo: coger el toro por los cuernos.
Neville alzó la mirada, encontrándose en el camino con los ojos melados de su amiga, aquellos que tanto le recordaban a los de Eileen.
Se contemplaron un momento el uno al otro, escrutándose.
-Pasar toda mi vida con ella.- Neville tragó saliva, aquello no iba a ser nada fácil.- Hermione yo…
La mujer lo interrumpió.
-¿La quieres?- preguntó simplemente.
-Más que a mi vida.- afirmó sin dudarlo en profesor de herbología- Ella es mi vida ahora… Hermione, quiero que sepas que lo siento… siento que te hayas tenido que enterar así.
-Y yo Neville… créeme.
Siguió limpiando la herida del labio callada, sin decir nada más. Longbottom se sintió incómodo.
-¿No estás enfadada conmigo? ¿No me vas a gritar? ¿Ni insultarme?
Hermione puso un poco más de poción sobre su labio, que ya tenía mejor aspecto. Suspiró fuertemente.
-No voy hacerlo, aunque en realidad es lo que más me apetece hacer…
-¿Puedo preguntarte la razón?- Neville sabía que todo lo que hacía su amiga, siempre tenía un motivo. Casi nunca hacía nada al azar. Era demasiado disciplinada para eso.
-No puedo censurar algo que yo haya hecho antes. De acuerdo que la situación no es la misma, pero no puedo evitar recordar cuando comencé mi relación con Severus. He tenido una conversación con mi hija antes… y me ha dado qué pensar.
Neville sintió como se llenaba de orgullo. Esa era su Eileen, capaz de poner contra las cuerdas a su sabia madre.
-Hermione… quiero que sepas que yo la quiero. No me he aprovechado de ella, ni nada parecido.
Hermione sonrió tristemente.
-Lo sé. Sé que eres un hombre honesto… a pesar de todo, aunque esto que ha ocurrido entre tú y mi hija, nos haya sorprendido a todos… y aún no consiga asimilarlo del todo.
-¿Me perdonarás algún día?
-No lo sé.
-¿Aceptarás lo mío con Eileen?
Hermione no contestó.
-¿Te planteas un futuro con ella?
-No puedo imaginarme un futuro donde no esté ella. No voy a separarme de Eileen. Pase lo que pase, permaneceré a su lado… hasta que ella quiera.
-¿Te das cuenta que lo vuestro es muy complicado? ¿Qué quizás esté destinado al fracaso?
-Puede ser. Pero si no lucho por ello, nunca lo sabré. No voy abandonar por los prejuicios estúpidos de los demás. Y a ti con Snape te salió bien, después de todo lo que se dijo de vuestra relación. Lo mío con Elle no tiene porqué fracasar.
Hermione dejó las gasas y el bote con poción sobre la mesita auxiliar, y miró a los ojos a su amigo fijamente, manteniéndole la mirada.
-Te pido disculpas por lo que te ha hecho mi marido.
-No tienes que pedir perdón por algo que no has hecho tú.
Hermione apretó los labios.
-Jamás pensé que sería capaz de algo así… perdió el control…- dijo Hermione preocupada por la suerte de su marido. Después de todo había conjurado un imperdonable, y ahora tendría que asumir las consecuencias. Ya estaban en época de paz, y esos delitos estaban duramente penalizados. Y sin mentar, que había agredido brutalmente a un compañero de trabajo.
-En cierta forma le entiendo…- susurró Neville bajando la mirada avergonzado.-Creo que ningún padre está preparado para averiguar algo así… aunque aún desconozco cómo lo supo.
-Le leyó la mente a Eileen…
-¡Joder!-exclamó sin poderlo evitar.
-Ya…
Ambos guardaron un incómodo silencio, Hermione terminó de tratarle, y salió de allí sin más, sin despedirse siquiera.
Tanto Eileen como Neville, la habían dado mucho en lo qué pensar…
Eileen se deslizó por los pasillos de Hogwarts dirección a la enfermería. Su madre le había pedido que no se moviera del despacho de su padre, pero ella no pensaba hacerle ni el menor caso.
Necesitaba averiguar cómo se encontraba Neville. La espera la estaba matando.
Desde que Graham se lo llevara a la enfermería y lo separara de su lado, se había visto sumergida en un sin vivir, en una triste agonía. Se hallaba ansiosa por saber cómo estaba y sentía cómo los nervios se agolpaban en su estómago, saltando dentro de ellos como una rana dentro de su charca.
No podía aguantarlo más. Tenía que verle, necesitaba que su novio la abrazase con fuerza y le prometiera que todo saldría bien, que saldrían de aquel agujero negro en el que se veían sumergidos.
Ya casi había llegado a la puerta de la enfermería, cuando una figura femenina la interceptó en el pasillo.
-¿A dónde crees que vas, Snape?- preguntó con su voz desagradable la profesora de transformaciones.
-Voy a ver al profesor Longbottom.- afirmó Eileen con determinación, mirando desafiante a los ojos a aquella miserable mujer.
-No se le puede visitar.- se limitó a decir la profesora con dureza- Así que ya te puedes ir inmediatamente a la sala común.
-¿Y eso quién lo ha dicho?- apretó los nudillos con fuerza- Usted no me da órdenes.
Graham abrió muchos los ojos, enfadada por el tono desafiante de su alumna… y mujer del hombre del que ella estaba enamorada.
-Eres una maleducada y una insolente.- la regañó- Y te ordeno ahora mismo que te vayas a la sala común, y no salgas de allí hasta que yo lo ordene… estás recluida.
-Eso sólo puede hacerlo el jefe de Gryffindor…
-Y da la casualidad que yo soy la nueva jefa de Gryffindor, así que muestra más respeto.-Se pavoneó Graham llena de orgullo.
Eileen abrió mucho los ojos, observando a la profesora de transformaciones como si fuera la primera vez que la veía. ¿Esa horrible mujer como jefa de Gryffindor? ¿Ya habían tirado a la calle a Neville?
-No voy a quitarte puntos por tu descaro, ya que sería injusto con tus compañeros,- continuó la profesora con firmeza, dibujándose en sus labios una sonrisa llena de satisfacción.- pero que sepas que ya hablaremos de ello más tarde. Ahora vete a la sala común y no salgas de allí hasta que yo te lo indique.
-Voy a ir a ver a Neville le guste o no.- desafió Elle a su jefa de casa- ¿Cree que a estas alturas, me importa acaso lo que usted diga?
-Le recuerdo que yo soy la autoridad aquí. Es mejor que no empeore las cosas, Snape. Ya se acabó para ti el pasearte por los pasillos como si fueras la dueña absoluta de Hogwarts. Ya no tienes a nadie que te cubra la espalda. Ahora la que manda aquí soy yo.
Eileen y Graham se escrutaron con la mirada, midiéndose, calibrando sus fuerzas.
Graham miraba a Eileen con un deje de desprecio en su mirada. Por mucho que mirase a esa chica, no podía concebir qué había visto Neville en ella. No podía creerse que la hubiera rechazado para estar con semejante esperpento, con una delincuente juvenil. Era violenta, fanfarrona, maleducada y esos ademanes de poseer siempre la razón calcados de su odiosa madre… sin contar con su aspecto desaliñado, poco femenino. A veces le daba la impresión que esa niña no se había peinado jamás. No podía creer que el profesor de herbología se hubiera enamorado de semejante engendro.
-Es mejor que se quite de mi camino señora…- comenzó a decir Eileen con tranquilidad, arrastrando las palabras con seguridad- o me veré obligada a apartarla por la fuerza.
-¿Me estás amenazando, mocosa?
La puerta de la enfermería se abrió abruptamente, saliendo a la galería Hermione. La mujer se acariciaba el vientre distraídamente sumida en sus pensamientos. Salió del trance al observar a su hija y a Graham mirándose con desprecio en mitad del pasillo. Parecían a punto de batirse en duelo.
Se acercó a ellas dando grandes zancadas.
-¿Qué ocurre aquí?- preguntó Hermione dirigiéndose directamente a su hija. La antipatía que sentía por Cloe Graham desde su estancia allí en navidad, era más que conocida por todos.
-La jefa de mi casa no me deja ir a la enfermería a ver a Neville.- contestó su hija llena de desdén, escupiendo casi las palabras.
Hermione no se sorprendió ante la nueva información. Ya se esperaba que ocurriera algo así. Minerva no era tan comprensiva como Albus… y además siempre había estado resentida por su historia ilícita con Severus.
-No se le puede visitar ahora. Necesita descansar.- diagnosticó Hermione con dureza.-No empeores más las cosas Eileen y haz lo que te dice la jefa de tu casa.- Hermione intentó disimular en vano la antipatía que sentía por aquella mujer.
-Pero Neville me necesita…tengo que ir.- siguió en sus trece Eileen, convencida de que su lugar estaba al lado del herido profesor.
-Por favor Elle… hazme caso por esta vez.- le pidió Hermione, intercambiando una mirada de desafío con Graham.- Haz lo que te digo… por favor.
-Lo haré porque me lo pides tú, mamá.- espetó la chica mirando con desprecio a su profesora de transformaciones- Estaré en la torre.
Y echándole por última vez una mirada llena de repulsión a la profesora, se volvió sobre sus propios talones, y se encaminó despacio, maldiciendo a viva voz a la nueva jefa de Gryffindor, sin preocuparse porque ella le escuchase.
Hermione y Cloe se quedaron solas en mitad de la galería, mirándose sin simular el desprecio que sentían una por la otra.
-Tu hija es una desagradable desobediente.- dejó caer la profesora, deseando provocar a la medimaga.
-Tenga cuidado Graham.- advirtió Hermione- tenga cuidado conmigo…
-¿Me está amenazando?- preguntó con suficiencia Graham.- Ahora sé de quien ha heredado la niña su actitud chulesca…
-No.- negó en rotundo Hermione, sacando su media alma Slytherin- Sólo la advierto…
Decidió poner fin aquella absurda conversación, que la estaba asqueando. No aguantaba a aquella mujer. Ya desde niña le había parecido odiosa, y de adulta le parecía detestable.
Se volvió hacia la jefa de Gryffindor una última vez.
-Es más. Me voy a permitir darle un consejo: Se recoge lo que se siembra, así que tenga más que cuidado.
-Sus consejos se los puede meter por donde le quepan.
-Para ser jefa de Gryffindor, es usted una ordinaria.
Graham abrió la boca para contestar, pero la medimaga ya le había vuelto la espalda y se encaminaba a lo largo de la galería con los puños apretados.
Lo único que le faltaba era la presencia de aquella odiosa mujer para terminarla de ponerla de mal humor.
Bastante tenía encima de qué preocuparse para que viniera aquella mosquita muerta a tocarle la moral… pero debía tranquilizarse y sosegarse antes de ir en busca de su marido…
Graham entró en la enfermería sin llamar. Se echó hacia atrás su capa y con pasos decididos, se encaminó al final de la hilera de camas, hasta donde apenas unas horas antes, había dejado a Longbottom desmayado.
Soberbia y orgullosa, descorrió las cortinas que le daban cierta intimidad al herido, sin molestarse en preguntar si podía entrar. Entró sin más dilación en interior de aquella improvisada habitación, haciendo que Poppy, que descansaba en un sillón a los pies de su cama, diera un respingo apuntándola con su varita.
Se veía que la anciana enfermera temía que alguien irrumpiera allí para hacerle daño al profesor, por el que siempre había demostrado tener cierta predilección y por el que sentía un especial cariño.
Había cuidado de él muchísimas veces cuando era aquel rechoncho y torpe estudiante en Hogwarts.
-Pomfrey, necesito hablar con el profesor Longbottom a solas.- dijo secamente la jefa de gryffindor.
-Al profesor no se le puede molestar.-espetó la anciana encarándose con Graham- El enfermo necesita reposo.
-Por favor Poppy.-murmuró Neville desde la cama- Déjela que me diga lo que tenga que decir.
-Tenía que haberte hecho tomar poción para dormir a la fuerza.- exclamó enfadada Poppy.
-Por favor…- volvió a pedir Longbottom- Ya no soy un chiquillo…
La enfermera suspiró resignada, por mucho que creciera, siempre lo vería como tal. Neville siempre había sido uno de sus nenes. Resopló con hastío y se marchó de aquel improvisado cubículo, no sin antes intercambiar una mirada con Graham.
Graham observó un tanto sorprendida al profesor de herbología. Tenía mejor aspecto que cuando le dejó allí hacía unas horas. Ya había desaparecido la hinchazón y los restos de sangre de su rostro, y las heridas ya tenían un aspecto de tener semanas, con las postillas cubriéndolas. Sus ojos tenían una aureola de un tono púrpura-verdoso, dándole un aspecto lamentable. Parecía un oso panda herido.
-¿Qué quieres Graham?- preguntó sin más preámbulos Neville, cruzándose de brazos.- Hoy no estoy para tus burlas.-le advirtió.
-No te preocupes, que sólo vengo como calidad de mensajero… -dijo con una sonrisa en los labios y poniendo sus manos hacia atrás con suficiencia.
-Pues escúpelo y déjame en paz.
-Yo que tú me relajaría. Creo que deberías quitarte esa actitud altiva después de todo lo que has hecho…
-Graham… dime lo que tengas que decir y lárgate.- dijo con menos paciencia. Después de todo lo que le había ocurrido, lo que menos le apetecía era aguantar las maldades de aquella mujer.
-La directora quiere verte lo antes posible.
El rostro de Neville, traslúcido como un cristal, reflejó por un momento preocupación, pero intentó en vano disimular. Su rostro siempre había sido un fiel reflejo de su alma, envidiaba en aquellos momentos la capacidad de Eileen de poner cara de póker. Sintió la ligera tentación de preguntarle si sabía qué quería decirle la directora, aunque lo sospechase. Guardó un sepulcral silencio
Graham lo percibió con cierta satisfacción. Aunque estuviera mal, estaba más que dispuesta hacer leña del árbol caído.
Iba a machacarlo, lo pisaría como una lombriz… a él y a su pequeña zorrita. Neville la fulminaba con la mirada, con aspecto cansado.
-Puedes decirle a Minerva que iré ahora mismo a verla.
Graham le volvió la espalda a Longbottom, iba a marcharse por donde había venido, hasta que dudó un momento. Se dibujó en sus labios una sonrisa malvada y se volvió, dispuesta a esparcir un poco más su veneno.
-Por cierto…¿No me felicitas?
Neville abrió sus ojos, sin entender a qué se refería aquella desagradable mujer.
-No sé porqué tendría que felicitarte.
-Por ser la nueva jefa de Gryffindor.-dijo altiva y satisfecha de sí misma.
Neville abrió la boca, sin poder simular su sorpresa. Pues sí que se había dado prisa la directora en delegar su puesto, ni siquiera a dignarse a escuchar su versión de los hechos. Apenas si se había despertado de su pérdida de conciencia, y ya había nombrado a otro en su puesto, sin comunicárselo a él antes. De acuerdo que él pensaba renunciar, pero le molestaba la actitud de Minerva.
Empezaba a estar hasta los cojones.
-Que te aproveche… espero que se atraviese el puesto.
Graham sonrió cínicamente.
-Es una pena que no puedas estar ahí para verlo. Ni para defenderla a ella… a tu delincuente juvenil.
El ánimo de Longbottom se prendió como el fósforo de la cabeza de una cerilla.
-A ella déjala en paz.-gritó colorado de ira Longbottom- ¿Me escuchas bien, arpía? Aléjate de ella, mantén tu ponzoña lejos de Eileen.
-¿Y qué vas hacer para impedírmelo? Estás acabado Longbottom. No sé qué has podido ver en ella, pero ten por seguro que ya no gozará de los privilegios que tenía contigo.
-Yo a ella la traté siempre como a cualquier otra alumna.
-¿Entonces te acuestas con todas?
-Eres una hija de puta.
-Ya veo que ésa niña te tiene enamorado…- dijo cruzándose de brazos, ignorando los insultos de Neville.
-Eso no es de tu incumbencia. Eres una resentida. ¿Estás disfrutando con esto, verdad?
-¡Uf! ¡No sabes cómo!- dijo con ironía Graham- Y es mejor que sepas, que no la verás, ni hablaras con ella mientras ella permanezca entre los muros de este castillo… ya procuraré que así sea. Creo que gozaré con la bendición de su padre ¿Verdad Longbottom?
-Eres mala persona Graham… y la gente como tú recibe lo que se merece.
-Y ese ha sido tu caso… te han dado lo que merecías.
Los gritos alertaron a la enfermera, que apartó las cortinas para adentrarse al interior de aquel cubículo.
-¡Graham!– La llamó la atención Poppy-¡Él necesita reposo! Es mejor que se vaya inmediatamente.
-Ya me iba… adiós señor Longbottom y suerte con su vida fuera de Hogwarts.
Poppy dio un respingo ante las palabras de la profesora de transformaciones, mirando a Neville asombrada.
-Y a usted le deseo suerte a su descenso al averno.
-¡Graham! Es mejor que se vaya fuera…
Graham se marchó al fin de allí, dejando su ponzoña flotando en el ambiente.
La anciana Pomfrey dio un grito al ver cómo el aún malherido profesor de herbología, hacía el pesado ademán de levantarse de la cama.
-¡Eh! ¿A dónde crees que vas jovencito?- dijo apoyando sus arrugadas manos sobre su hombro, impidiendo que se incorporara.
Neville torció el gesto. La buena de Poppy era como su abuela, a pesar de su edad, a sus ojos sería siendo siempre ese chiquillo asustado y enfermizo.
-Tengo que ir inmediatamente a ver a la directora McGonagall.
-Todo lo que tenga que decirte la señora directora, puede esperar.
-Por favor Poppy.-volvió a pedir Neville, poniendo esa cara de cachorro que tanto la enternecía y que tanto le gustaba a su Eileen.-Sabes en qué situación me encuentro… no puedo esperar. Su honor está en juego y es algo que no voy a permitir.
-Y tu salud también lo está muchacho… estás recuperándote de una golpiza. Y de costillas rotas. No es para tomárselo a risa.
-Te prometo que guardaré todo el reposo que me digas y haré todo lo que quieras después… pero primero tengo que aclarar todo esto.
La mujer le taladró con aquellos profundos y expresivos ojos azules. Y sin mediar palabra, le ayudó a incorporarse de la cama.
Al principio se sintió un poco mareado al levantarse, pero aquella sensación de vértigo le abandonó en cuestión de segundos. A pesar de la creencia de muchos, él era un hombre muy fuerte.
-Eres un buen hombre Neville… no dejes que nadie te diga lo contrario.
Y sin darle posibilidad de réplica, desapareció por el hueco de las cortinas que Graham había dejado al salir.
El cuerpo le dolía horrores. La paliza que había recibido por parte de Severus había resentido cada hueso de su cuerpo y ahora hasta el simple gesto de respirar, le dolía. Sentía un pinchazo en el pulmón, como si tuviera una aguja clavada en él, las piernas le temblaban de sólo soportar su peso y el moverse le producía dolores.
Aunque aquel dolor nada tenía que ver con lo que había experimentado bajo la maldición cruciatus.
Se estremeció al sólo recordar aquel suplicio que le había desgarrado las entrañas hasta perder el sentido. Recordó a sus padres con tristeza y lo que habían tenido que padecer hasta perder la razón…
Miró de un lado a otro por los pasillos esperanzado, mientras se arrastraba. Tenía la esperanza de encontrarse a Eileen, necesitaba verla, hablar con ella, estrecharla entre sus brazos… seguro que lo estaría pasando mal en aquellos momentos y deseaba decirle que todo saldría bien.
Nunca lo separarían de ella, por mucho que se empeñaran en hacerlo…
Se apoyó en una pared a descansar un minuto, quizás Poppy no le faltaban razones cuando se había opuesto a que se levantara, pero era algo que no podía posponer.
Tenía que poner sus cartas sobre la mesa… aquello se le había escapado de las manos, cuando él había deseado tanto hacerlo bien. Ya tenía pensado lo que le contaría a la directora cuando presentara la renuncia o todo lo que pensaba decirles a los progenitores de Eileen. Aquello se había ido todo al traste, y había ocurrido lo peor que podía pasarle: Que Severus Snape se enterase de su relación con Eileen de mala manera… y encima que viera ciertas cosas íntimas.
Siempre le perseguiría la mala suerte.
-¡Profesor!- escuchó a sus espaldas y unos pasos acercándose a él con rapidez.- ¿Se encuentra bien?
Pudo ver a dos alumnas suyas de primero. Pertenecían a Slytherin, muy buenas estudiantes y solían ir juntas a todas partes. Siempre le había llamado la atención, porque siempre permanecían cerca del jefe de su casa y no paraban de hablar de él.
-Me encuentro mal… la verdad.- confesó su debilidad sin avergonzarse.- Me cuesta caminar…
-¿Podemos ayudarle? Si se apoya en nosotras, podrá caminar mejor… le acompañaremos hasta donde quiera.
Neville estaba lo suficientemente dolorido como para desechar la ayuda de dos niñas de once años, y dejándose llevar, se dejó coger de la mano y las condujo hasta el despacho de McGonnagall.
-¿No deberíais estar en clase ahora?- preguntó Neville. Después de todo, estaban en horario lectivo.
-Teníamos, pero el profesor Snape no ha acudido a clase.- dijo una de pelo rizado.
La otra, que tenía el pelo oscuro, suspiró al escuchar las palabras de su compañera.
-Sí. La profesora Graham nos mandó a nuestras salas comunes…
-Pero es evidente que no le hemos hecho caso.
Se rieron. Neville en otra ocasión hubiera censurado la actitud desdeñosa de las niñas a una profesora y las hubiera regañado por su desobediencia.
Pero ahora no tenía fuerzas ni para eso.
Y mucho menos para asentar la autoridad de Graham.
Las niñas le acompañaron hasta la misma gárgola que flanqueaba la entrada al despacho de la directora. Les dio las gracias de todo corazón por ayudarle y las mandó a su sala común. Lo que menos quería que la arpía de Graham pagara su mala baba con aquellas simpáticas pequeñas, que le habían tendido una mano cuando lo necesitaba.
Las pequeñas le prometieron irse directas a su sala común y dejaron al profesor de pie junto a una horripilante gárgola.
-Pobre…-murmuró una de ellas- Snape ha sido de lo más bruto con él- se apiadó.
-Sí… no debería haberse puesto así cuando él mismo se casó con una alumna.
Y suspirando a dúo, desaparecieron en esquina del pasillo.
Neville Longbottom subió aquellas empinadas escaleras, aguantando estoicamente el dolor que se extendía por cada tramo de su cuerpo.
Jamás se había sentido tan humillado y desdeñado como en aquellos momentos, y a la vez se sentía como una especie de monstruo por lo que había hecho. No sólo por lo que le había ocurrido con Severus. Después de todo, siempre se había esperado que ocurriera algo así desde que salía con Elle, sino lo que había ocurrido después. Habían sido muchas cosas intensas para un mismo día…Que se hubiera descubierto lo suyo con Eileen, Snape, la conversación con Hermione, su enfrentamiento con Graham… ¿Qué más podría pasarle antes que anocheciera? Sabía que ahora, le esperaba uno de los peores trances de su vida. Ahora, tendría que hablar con su jefa, con McGonagall, y estaba completamente seguro que no se trataría de una conversación muy grata. Seguro que la mujer no estaba nada contenta.
Eran unos de esos días que hubieras deseado no levantarte de la cama.
Y lo peor de todo, es que no había podido ver a Eileen… ya le parecía que habían pasado siglos desde la ultima vez que la abrazó… aquella misma madrugada.
Posó los nudillos sobre la madera de la puerta del despacho de la directora, cogiendo todo el aire que pudiera con sus pulmones, insuflándose fuerzas.
Aunque ya no fuera el jefe de Gryffindor, no era un cobarde. Enfrentaría todos sus problemas con la cabeza muy alta.
Él amaba a Eileen. Ahora lo entendía, aquellos sentimientos tan profundos que sentía por ella, no eran motivo de vergüenza, al contrario, debía defenderlos ante todos, ante el mismísimo Merlín si hacía falta.
-Eileen.-susurró el profesor y sintiéndose fuerte, golpeó con energía la superficie de la puerta.
-Pasen.-gritó la directora de Hogwarts, claramente enojada.
Neville empujó la puerta entrando en aquel gran despacho circular, donde colgaban los retratos de los antiguos directores de la escuela, que se apresuraron a observar al ex jefe de Gryffindor y a murmurar entre ellos.
-¡Ah! Eres tu…-dijo con cierto desdén la directora de Hogwarts, levantando los ojos de unos pergaminos que estaba escribiendo, mirándole por encima de la montura de sus gafas rectangulares.
-¡Longbottom!- chilló el Dumbledore del cuadro- ¿Cómo te encuentras muchacho? ¡Estás hecho una pena!
-No estoy en mi mejor día, profesor Dumbledore.-contestó Neville, torciendo un poco el gesto.-Gracias por preocuparse.
-¿Quiere tomar asiento?- preguntó secamente Minerva, ignorando al cuadro y cruzándose de brazos, mientras le observaba con más atención su estado lamentable.
-Estoy muy bien de pie.- contestó con cierto orgullo Neville.
-Como quiera… ¿Sabe para qué le he mandado llamar?
-Nunca se me dio muy bien adivinación, pero supongo que para hablarme del altercado de esta mañana con Snape…
La Directora se quitó las gafas, arrojándolas sobre el tablero de la mesa, masajeándose el puente de la nariz. Se quedó un momento en silencio, con los ojos cerrados, hasta que se decidió enfrentarse con el que había sido, su profesor más predilecto.
-Me ha decepcionado Longbottom… -no lo dijo con rabia, no con el desdén con el que le había recibido. Si no con resignación, con verdadera pena.- Si había alguien en este castillo por el que hubiera puesto la mano en el fuego, hubiera sido por usted.
Neville le aguantó la mirada en silencio.
-Es usted un buen profesor. Uno de los mejores que he visto nunca, por eso debo preguntarle… ¿Es verdad que usted y la señorita Snape mantenían… una relación inapropiada?
Neville suspiró fuertemente.
-Mantengo una relación con la señorita Snape desde navidad.
Minerva abrió mucho los ojos, mirando de arriba abajo a aquel hombre que tenía de pie frente a ella, como si no le conociera. El poco aplomo del que había gala, terminó por esfumarse.
-¡¿CÓMO SE HA ATREVIDO A HACER UNA COSA ASÍ?- gritó la directora de Hogwarts- ¿Cómo ha podido ser tan inconsciente, tan irresponsable? ¿Se da cuenta de lo que ha hecho?
-Lo único que he hecho, ha sido enamorarme.- dijo con tranquilidad, sin saber que acababa de citar casi textualmente a su novia.
Dumbledore comenzó aplaudir.
-¡Bien dicho muchacho! ¡Viva el amor! ¡Viva la libertad!
-¡Profesor Dumbledore! Es mejor que guarde silencio y no se meta… esto no le incumbe.- lo censuró Minerva.
-¿Cómo que no? ¿Quiere que me quede callado mientras juzga a este buen hombre por sus sentimientos?
-¡Se ha liado con una alumna siendo su profesor! ¿Qué quiere que haga, que mire hacia otro lado como hizo usted con Severus?
Neville abrió mucho los ojos. Aquello sí que había sido una revelación. Dumbledore había estado al corriente de la relación de Hermione y Severus mientras él había sido director.
-¿Y qué quieres que hiciera? ¿Separarlos? Por Merlín Minerva, a veces pienso que tienes un bloque de piedra por corazón.
-No pienso discutir contigo ahora Albus. ¡Esto será un escándalo! ¡No me puedo creer aún lo que ha hecho Longbottom! A usted que siempre le he tenido en tan alta estima…
-Quiero que entienda algo Minerva…Quizás lo que he hecho está mal. Quizás no haya sido honesto por mi parte… pero no me arrepiento. Quiero a esa muchacha.
-¿Y ella te quiere a ti?
-Sí.
-Te veo muy seguro de ello, a estas edades los jóvenes no saben lo que quieren…
-Eileen es distinta a las chicas de su edad… y a todas las mujeres. Es especial.
Minerva suspiró.
-Sabes que no puedo dejarlo así. Me gustaría que cogiera cuanto antes sus cosas y abandonase el castillo- dijo con frialdad.- Y con la mayor discreción posible.
-¿Me echa por la puerta de atrás?
-¿Y qué pretendía?
Neville respiró con vehemencia.
-¿Y a ella? ¿Qué le va a pasar a ella?
-Creo que debería preocuparse de sí mismo.
-No me ha entendido antes. Para mí ella es lo más importante.
-Por desgracia tendrá que correr el mismo camino que usted.
-¿Piensa expulsarla?
-Me temo que sí.
-¡No puede hacerlo! Faltan apenas unas semanas para los ÉXTASIS, ha estudiado mucho… no puede hacerle eso.
-Su conducta debe ser censurada.
-Me hago responsable absoluto de todo lo que ha ocurrido. Recuerde que yo era el adulto, el jefe de Gryffindor… no puede hacerle eso. Haré lo que me pida…
-¿Lo que le pida?- preguntó torciendo el gesto.
Neville asintió dócilmente con la cabeza.
-Quiero que guarde silencio. No quiero que hable con nadie por las razones que se le expulsa. Sé que su… altercado con Snape saldrá a la luz, pero me gustaría guardar en secreto la verdadera razón. No quiero lidiar con un escándalo como este… espero que su discreción sea satisfactoria o expulsaré a la Señorita Snape.
Neville y la directora se escrutaron con la mirada.
-¿Quiere ocultarlo?
-Si puedo hacerlo, lo haré.- dijo aferrándose inconscientemente con fuerza al sillón de director.
-Muy bien… entonces creo que iré a recoger mis cosas.
-Por cierto, tenemos que hablar de otro asunto…
-Usted dirá.
-Hay alumnos que afirman, que Severus… usó una imperdonable con usted. Supongo que querrá denunciarlo.
-¿Una imperdonable? No sé de qué me habla.
-Severus utilizó la maldición Cruciatus contra usted.
-No. Estos chicos tienen a veces una imaginación desbordada…
-Neville.-dijo la mujer clavándole los ojos- he vivido dos guerras…he visto en el estado que estaba…
-No voy a denunciar a Severus.-cortó por lo sano Neville.-No pienso acusar al padre de la mujer a la que amo por algo que no ha hecho.
-¿Por qué lo defiendes después de lo que él te ha hecho?
-Porque nunca haría nada que pudiera dañar a Eileen… y con su permiso, aún tengo que recoger mis cosas.
Y salió dando un fuerte portazo, poniendo punto y final a su larga etapa como profesor en Hogwarts.
Hola a todas/os:
¡Joder cómo se han complicado las cosas para nuestro ex profe de herbología y Eileen!… a ver que ocurre ahora. Aún queda la conversación entre Herms y Severus…
(y sí, todos odiamos a Graham, jajajajajajaa) Me ha encantado recuperar en este cap a las nenas suspiradoras y el retrato de Albus…
La canción con la que abro el cap es right here in my arms del grupo HIM. (Lo recomiendo fervientemente)
Me gustaría dedicarle este cap a mis cuatro mortífagas predilectas: Patty-Sly, Sayuri Hasekura, Bluemeanie y Lisbeth Snape. ¡Os quiero mucho chicas!
Y no me olvido de mi chica fan fic: Valito ¡te quiero mucho!
Y también a mi hermanita pequeña,mis niñas-snape, mis nevilleras, mis gamberras, mi detective, a la Nata, a mi rockera favorita, mi drusi, mi traductora favorita, a mi Slytherin favorito, a mi Hufflepuff fugado… y por supuesto: ¡A tiiii!
Pues nada, dejo de dar la brasa.
Un besiño a todos/as ¡Ah! Y como siempre, espero vuestros crucios. Muajajajajaa.
