Sé que dije que iba actualizar el 18, pero como me encuentro en casa de permiso del trabajo y con un fuerte malestar estomacal, decidí adelantarles el capítulo para no aburrirme tanto en la cama.
Espero que les guste e.e
CAPÍTULO 35
DEBÍ HACERLE CASO A LA CABRA MÁGICA. Me habría ahorrado MUCHOS problemas. No… no me he vuelto loco, creo que debo empezar desde el principio.
Hace 2 semanas…
¿Quién me iba a decir que la pregunta 38 del examen de mitología griega del Sr. Brunn… digo, de Quirón, ocultaba una tremenda historia como esta? Que los dioses al haberse rebelado contra su padre y que extraviarían su tesoro más preciado en el proceso, aunque sea pura banalidad digo yo, y que Zeus estaría tan furioso que obligaría a su familia de pendencieros a mandar en cada siglo a su hijo, más poderoso y preferido, completamente solo a recuperarlo.
La verdad es que no tengo suerte, mas fue mi decisión y no me arrepiento (demasiado) de ello cuando estuve a punto de ver como mi Padre, el dios griego antiguo del mar por cierto, renunciaba a su trono y su autoridad sobre estos a cambio de mi seguridad, ya me habían llegado a oídos rumores respecto a esa búsqueda: que era muy peligrosa, que ninguno de los otros elegidos lo había (sin volver a saberse de ellos de paso) y que yo era el último de la lista.
¿Cómo iba yo a permitir eso? Y aquí estoy… cogiendo los regalos que mis amigos confían que me ayudaran en la búsqueda, recibiendo la bendición oceánica de mi padre y observando la expresión de temor en los ojos de mi novia.
Poso mis manos en sus hombros para intentar calmar, pero noto que está temblando ligeramente, le dije finalmente que debía irme, creí que me abrazaría pero luego empezó a rogarle a Momo que la dejara venir conmigo, no voy a mentirles diciendo que eso no me hizo feliz, ojala pudiera venir conmigo… ambos sobrevivimos juntos a tantas cosas, incluso Tártaro (aún tengo pesadillas al recordar lo que vi), ambos podríamos recuperar ese estúpido cetro más rápido de lo que canta Apolo
Cuando Momo se burla de ella pierdo la paciencia y le gritó con una voz tan fuerte que hasta yo me desconozco por un segundo, no me percató de la fuente rebalsando a mi lado hasta que esta cede, Sin hacerle más caso me despedí de Annabeth con el beso más largo que nos pudimos dar alguna vez, me entrega su gorra de los Yankees aun en contra de mi negativa, le juré por el estigio (sip, así de confiado intente parecer, esperaba no cometer un error) que volvería.
"Te amo… no lo olvides" me susurra. Como hacerlo, su amor fue lo que mantuvo con vida en la batalla de Manhattan, fue lo que me impulso en el campamento romano, y lo que me estímulo a protegerla con mi vida durante nuestro viaje por el tártaro.
Me mantendría con vida esta vez.
La bese una última vez en la frente y me subí a BlackJack (no sin antes darle una última rascada de barriga a mi buena perra), Jasón se acercó y se despidió solemnemente, como su formación romana le enseño… esperaba que no olvide nuestra conversación de la otra noche en el lago, arreé a mi fiel Pegaso y nos elevamos raudos y veloces por el cielo, seguidos por el molesto payaso, al voltear todos se volvían puntos lejanos rápidamente mientras me alejaba, vi a Annabeth (esperando que no sea por última vez) sonriendo.
Eso me tranquilizo.
— ¡Allá voy!
Ya en el aire me distraje con el paisaje de Nueva York levantándose para un día de trabajo más, si eres mortal, si eres un semidiós estarías partiendo en un viaje mortífero para recuperar la reliquia de un dios enojado y ofendido.
—Descuida— Momo intento confortarme para mí sorpresa. —Todo acabara más rápido de lo que imaginas— No sé si lo dijo por si encontraba el cetro… o por si moría.
No puedo pensar así, tengo una vida entera a mis espaldas y grandes amigos que esperan mi regreso… sin mencionar a los dioses pendientes de mi éxito, aunque no me lo dijeran al recordar las miradas suyas en el salón de tronos ese día, supe que la mayoría esperaba que lograra terminar lo que sus hijos empezaron desde hace siglos, para reparar su error de oponerse a Zeus, que acabara con el ciclo de rencor y odio en el Olimpo.
—Tengo que lograrlo— pensé.
Saque de mi bolsillo la extraña piedra dorado que Momo me dio. ¿Cómo dijo que se llamaba?.
—La piedra roseta— él balbuceó como si leyera mis pensamientos.
¿Acaso esa piedra no es egipcia?
—Es una copia de la original que hay en el museo británico— explica para mi asombro de nuevo. —Al parecer alguien dejo encriptados en ella las pistas que te guiaran en la búsqueda—
—Pensé que tú lo harías—
El payaso rio.
—Yo solo estoy aquí de niñera—declaró. —Seguir tu viaje hasta los puntos señalados— aclaró.
Entonces no podía esperar ninguna ayuda del dios, aunque supuse que tampoco es que pudiera hacer mucho, mojar con chorro de agua o ponerle zapatos al enemigo no eran cosas que a la larga fueran efectivas, pero llevaba encima varios juguetitos que me ayudarían con eso, Riptide (mejorada ahora a una lanza arpón) y mi escudo-reloj mágico portátil eran increíbles, aunque un poco pesados, los artículos mágicos que me dieron me serían útiles, además del amuleto de Hazel y Frank (el cual lo llevo atado a mi collar de cuentas).
—¿Entonces… a donde vamos primero?—
—Pregúntale a la piedra— Alce una ceja.
—¿A la piedra?— Momo asintió.
Agarre el objeto en mi mano, parecía una piedra cualquiera solo que pintada de oro, no sabía cómo esto me guiaría, así que me acercó y le susurró adónde voy, de inmediato una pequeña grieta aparece y un haz de luz se alza formando una pantalla frente a mi rostro.
—¡Qué ra…!—
En la pantalla virtual se muestra un punto brillante que marca un lugar en Elizabeth Town, Illinois… el payaso explico que la piedra había sido copiada de su original en Inglaterra, que era mágica o algo así. Además añadió un cuento de viejas chismosas acerca de que alguna clase de poder mágico dormía en la original, como un dios o algo así, pero él solo saco las pistas que necesitaba e hizo su propia copia para guiar a los elegidos en su búsqueda, lo deje ahí nomás… después de todo, no es como si existieran por ahí dioses egipcios realmente no?
—La primera pista— murmura Momo.
"¡Llegaremos para la tarde Jefe!" BlackJack aseguró.
Mi Pegaso alzo vuelo rápidamente, su empuje fue tan rápido que casi me voy de lado en la montura pero conseguí rápidamente aferrarme dejando ambos atrás a Momo, BlackJack hizo un maromo y luego un par de volteretas antes de aumentar velocidad, estaba exaltado, aunque al principio casi me hace caer pronto me acostumbré a sus movimientos, apenas sentía el viento golpeando en la cara y el miedo que sentía por volar apenas lo notaba.
—Tranquilo amigo, creo que esa cosa no se va a mover de su sitio— le dije.
BlackJack dio otra voltereta antes de hablarme.
"Lo siento jefe… pero es que pronto me siento increíble" contestó. "Como si me hubiera acabado un saco entero de azúcar yo solito"
Eso era verdad, mi Pegaso estaba más emocionado que de costumbre.
"Es curiosos, pero empezó luego de que se subiera encima" explico.
Momo finalmente nos dio alcancé flotando a nuestro lado, al tocar al caballo sentí como si cuerpo temblara de emoción, como el motor de un V8, también desde que me acostumbré a sus movimientos empecé a sentir una pequeño explosión de energía, como las olas furiosas chocando contra la roca de un despeñadero.
—La bendición de papá— deduje mientras BlackJack tomaba un rumbo alto y volaba quieto, como si ya hubiera terminado de demostrar su punto.
Saque de la mochila una botella de agua y la vertí en mi mano, en lugar de resbalar a través de ella el agua se pegó a mi mano fluyendo alrededor de mis dedos, como un guante acuático, seguramente estaba reaccionando a mis poderes, pero aún no había hecho nada… la bendición de Poseidón parece que me dio un subidón de energía, como si me hubiera bebido 15 Red Bulls de golpe, de seguro sería malo para mi corazón si fuera aquello pero al tratarse de mi papá podría acostumbrarme.
Supongo que cada elegido recibió la bendición respectiva de su padre divino antes de partir en esta búsqueda, ellos también se habrán sentido así.
—Tenemos una buena ayudita en la mano— dije.
—¿Qué?— Momo balbuceó.
—Le hablaba a mi Pegaso—
El payaso refunfuño mientras BlackJack relinchaba.
El paisaje corría rápidamente debajo mío, aun con las bendiciones la búsqueda no había sido completada en el pasado, de seguro debían ser semidioses famosos de la historia, algunos nombres (cuando me los dijeron) me sonaban, pero otros no. Hubiera deseado pasar por Upper Side para avisarle a mi mamá pero luego recordé la charla que tuvimos por el teléfono en la casa grande, otra razón más para volver… cuando se casó con Gabe la boda fue en la capilla de carretera más barata que un gordo y grasoso dueño de tienda de electrodomésticos podía costear.
La boda con Paul sería genial, Mamá usaría un hermoso vestido blanco (perdón, azul!) en lugar de la trusa multicolor sucia que Gabe le prestó de su hermana.
—Mama...— murmuré. —…volveré—
Atravesábamos el lago Erie, había granjas y carreteras hasta donde acababa la vista, sí que BlackJack estaba volando rápido ya que para el medio día habíamos cruzado dos estados… otra hora después el condado de Hardin comenzaba a lucirse, puentes sobre ríos, bosques y carreteras… pasando una colina empinada vi a un animal pequeña blanco y peludo con dos cuernos viéndome pasar a toda prisa.
Nuestro primer encuentro.
Fue solo un segundo así que no pude distinguir bien al animal, pero estaba seguro que parecía ser de alguna granja cercana, pero parado ahí solo alejado de su rebaño y en medio de la colina verdosa… me hizo pensar.
—¡Ya llegamos!— exclamo Momo asustándome un poco con esa profunda y tétrica voz de payaso de fiestas.
El paisaje de un pequeño pueblo de montaña apareció al frente y debajo nuestro, el ayuntamiento cuadrado de ladrillo rojizo, los ferris antiguos con paletas giratorias de tres o cuatro pisos navegando el rio que rodeaba el pueblo, las calles tranquilas y de tan poca gente, casas sencillas y vecindarios pacíficos, aun esa hora de la tarde no había mucha actividad en el centro ni las calles, con menos de 400 personas también era justificable.
—Parece que meterte en el fango— Momo dijo.
Guie a BlackJack hacia una punta de césped, tierra y roca junto al rio a las afueras del pueblo y aterrizamos.
—Bueno, te dejo para que hagas tus cositas jejeje— se rio, aunque de forma un poco más siniestra esta vez. —Cuando termines solo llamamé—
Dicho esto desapareció en una explosión de humo escénico.
"No me gusta ese payaso Jefe!" Añadió BlackJack.
—A mí tampoco amigo—
Revisé mis suministros: tenía la crema de Piper, la gorra de los Yankees de Annabeth, un kit de médico de primeros auxilios, un par de botellas de agua, unas cuantas bengalas (cortesía de Leo) una botella pequeña de néctar y tres barras de ambrosía con sabor limón. Decidí guardar los converse con alas de Grover pues no quería que algún niño gritara por error el nuevo comando de activación (el cual era "alas a mí" lo cual me avergonzaba un poquito), me puse el reloj escudo y guarde a riptide en mi bolsillo.
La mochila de Leo sí que era práctica, no importa cuánto empujara las cosas seguían hundiéndose y abriendo espacio para más, aunque el peso todavía seguía ahí… así que podría bien llevarme todo un supermercado en ella, pero tendría que ser Hércules o Superman para poder cargarla en mi espalda, pero el hecho de que las cosas saltaran a mis manos al llamado sí que molaba, despedí a BlackJack avisándole que lo llamaría de un silbido una vez terminará.
Él se alejó volando. Una vez listo entré al pacífico pueblo, esperando no destruirlo.
Lo repito de nuevo, a pesar de comenzar el horario de oficina de las dos había poca gente en las calles… yo caminaba como otro chico cualquiera que venía del rio o que se saltaba las clases para pasear por el campo, aun así el ambiente pacifico era muy confortable, el olor de patatas hervidas y refrescos de mango en el mercado sí que era atrayente, pero tenía que enfocarme. Tome la piedra de nuevo luego de meterme en un callejón para que nadie viera y la abrí, el mapa que había hecho zoom mostrando el plano del pueblo señalo un edificio a unas calles de donde estaba, continúe caminando hasta pasar por un parque donde vi a una joven pareja tener una acalorada discusión en plena tarde de julio.
Eso me recordó a Annabeth.
También la discusión que tuvimos hace dos días, me hubiera fastidiado mucho haber partido sin hacer las paces Annabeth, y cuando las hice me sentí muy mal por no haber pensado mejor en sus sentimientos, era como Quirón hacia dicho, disimulo su miedo con enojo, cuando charlamos junto al lago e incluso esa mañana en el desayuno pude notar que estaba preocupada… cuando desaparecí por 8 meses, separándome de ella, no fue cosa mía sino del plan de Hera/Juno para unir ambos campamentos.
Pero esta vez fue mi decisión venir a esta búsqueda, así que técnicamente fue yo quien decidió alejarse, aunque lo hiciera para cubrir a mi padre y proteger al campamento de la ira de Zeus, su gorra azul parecía llamarme como si tuviera a Annabeth a mi lado, la misma que perdió sus poderes cuando viajamos a Roma los mismos que recuperó una vez que ella recuperó la Athena Partenos de la guarida de Aracne en lo profundo de Roma, ahora yo la tenía en mis manos como un testimonio de que lo imposible puede ser posible si pones tu empeño y fe en ello.
—Voy a recuperar ese estúpido cetro dorado— me dije a mi mismo. —Y estaremos juntos de nuevo Chica lista—
Finalmente llegué al sitio, mi determinación se transformó en estupefacción frente al edificio.
—Un… club de Striptease?— balbuceé.
El edificio con el letrero de neón rosado y violeta brillante ponía "Sweet Walking" con una silueta femenina pateando de arriba abajo… y para colmo había un gigantón con mala cara como guardia de seguridad, la señal seguía marcando el edificio cuando la revisé en un callejón cercano, rodeé el edificio buscando alguna otra entrada pero nada, las ventanas eran demasiado altas y no había ninguna lateral o trasera, solo frontal viendo justo hacia la calle, aunque pudiera ponerme los converse con alas no serviría de mucho.
Un chico de 17 años con zapatillas llamaría mucho la atención en plena calle.
¿Entrar?… Por Zeus ni de broma, soy menor de edad. Podría pelearme con el guardia, pero esto también causaría un disturbio, y con una patrulla policial parqueada en una esquina de la calle tampoco era viable, vi a otro par de hombres mayores entrando a disfrutar del lugar, incluso en un pequeño y pacífico pueblo como este también tenía sus vicios.
—La gorra de invisibilidad— esa era la solución.
Me fue al callejón trasero y me la puse.
Debo admitir que se sentía genial ser totalmente invisible, y no de la forma que ustedes piensan no… no soy un pervertido, aun así poder escabullirse en donde sea y cuando sea era impresionante, me sentía como el depredado… silencioso y letal, cuando dos hombres mayores aparecieron frente al corredor me coloqué coloque junto a ellos y entre rápidamente por detrás rebasando al guardia, La música estridente y sensual se estampo en mis oídos, las luces laser y parpadeantes brillaban por todas partes, había tres barras de strippers sobre plataformas rodeadas de mesas y sillas con sus respectivas bailarinas ejecutando movimientos bastante agiles entrando y saliendo por las pasarelas conectadas a estas.
Un flujo constante de bailarinas exóticas mantenía a los tipos en las mesas babeando y repartiendo billetes a diestra y siniestra… las mujeres tenían una mirada lujuriosa pero afilada, como si te pudieran matar con ella.
No sabía cómo una de las pistas acabo parando en este lugar. Busqué por todas partes la pista pero solo me topé con situaciones que harían sonrojar hasta a los gemelos Stoll, pegado a la pared comencé a rodear la sala buscando algo que me guíe, y cuando me acerqué a la barra de bebidas note el olor. Era muy agradable al olfato, como el olor a vinagre y provenía de una puerta trasera a la barra, cuando me acerqué a esta una de las bailarinas se puso en medio para hablar con el barman.
—Todavía no ha llegado el cliente— le pregunta él.
La mujer niega con la cabeza, era difícil ignorar la lencería que llevaba puesta, seguramente Annabeth me mataría su supiera que terminé en un lugar así.
—No lo pierdas de vista— aquel comentario me hizo pensar por un momento que se referirían a mí, pero no lo creí posible.
Finalmente la mujer volvió a su puesto de trabajo y yo pude deslizarme bajo la barra y alcanzar la puerta, aproveché un subido de la música para abrirla y entrar, no había una escalera que bajaba a un sótano, el olor se hacía más fuerte conforme avanzaba que no me di cuenta de que debí haber bajado la distancia de un edificio de seis pisos hasta por fin llegué a una puerta de piedra lo cual me resulto raro.
A menos que se trate de algún viejo refugio para esclavos de la guerra civil tenía que tratarse de la pista. Me quite la gorra y la guardé.
Tuve que usar mucha fuerza para abrirla, sin la bendición de mi padre tal vez no lo habría logrado, pero entonces el olor que me guío hasta ahí me golpeo como una brisa de aire en el rostro, era tan agradable… cuando entre descubrí un sótano de madera con varias cajas tiradas por doquier, mis pasos hacían crujir la madera pero el olor seguía guiándome, el mismo que comenzó a marearme un poquito hasta casi tropezar con una de las cajas, destape a riptide y su tenue luz de bronce ilumino parcialmente mi camino.
Me pareció escuchar una risilla.
Avancé otro par de metros hasta llegar a lo que parecía un altar de piedra delgado con algo circular y transparente flotando sobre él. Detrás de este altar terminaba la pared en una escaleras de metal soldadas en la madera que ascendían por un conducto, ¿una salida al exterior acaso?, entonces oí unos pasos a mi espalda, pero al voltear no vi a nadie, solo unas cajas cayendo a los costados como si alguien las hubiera movido, me acerqué a una pila de estas a mi derecha hasta que oí de nuevos esos pasos rápidos a mi espalda, pero solo vi el alta de nuevo al voltearme, ahora sabía que no estaba solo, el olor seguía en el aire y mi nariz comenzaba irritarse.
—¿Hola?— balbuceé intentando no pensar en mi congestión nasal.
No hubo respuesta.
Saque una de las bengalas de mi mochila y la abrí, la luz naranja iluminaba mejor que mi espada, unas cajas se movieron a mi derecha y enfoqué mi visión en ellas, el monte estaba bien apartado en el sótano así que no podría saltar a ningún otro lado sin que la viera.
—Ya basta de escondidas— le grité. —Muéstrate—
Estornude de nuevo por el olor cuando vi a alguien saliendo tímidamente de las cajas, comenzó a acercarse al círculo luminoso y pude apreciar su forma, desde abajo siguiendo la luz vi dos piernas esbeltas, luego una camiseta naranja, al llegar a su cuello note su tez clara y cuando le vi el rostro…
—Qué ra…!— apenas balbuceé de la impresión. —¡ANNABETH!—
De seguro alucinaba o me estaba volviendo loco, porque Annabeth estaba de pie parada frente a mí con una sonrisa tranquilizadora, se veía como siempre con su ropa del campamento, sus ojos grises hermosos y amenazantes me miraban fijamente, realmente era ella.
—¿QUÉ ESTAS HACIENDO AQUÍ?— Sé que no fue la forma más cortes de saludarla.
Aunque una parte de mí se sentía feliz por verla aquí, otra me gritaba que esto no era para nada bueno.
—Se supone que no puedes estar aquí… conmigo— balbuceé.
Pero ella sonrió aún más, yo ya sabía que ella era capaz de romper las reglas cuando le apetecía, como cuando me convenció de viajar al mar de los monstruos aun cuando no me habían dado la misión oficialmente, así que no debería sorprenderme de verla aquí, seguramente se escapó del campamento (no sé cómo) y me siguió hasta acá.
—No pude evitarlo, perdóname— se disculpó.
De seguro esto la metería en un buen lío. El olor se hizo más fuerte empezando a marearme aún más.
—Yo quería estar contigo— continuo diciendo.
De nuevo esa vocecita de la razón en mi cabeza me habló, pero no había tiempo.
—Ya hablaremos de eso saliendo de aquí— dije volteándome, ahora con la luz podría ver mejor el objeto que reposaba en el altar.
Pero apenas di un paso hacia atrás sentí sus brazos alrededor de mi cuello los cuales me atrajeron a su rostro, y me besó… como siempre sentía mi cerebro derretirse y con el olor en el aire lo sentía como si fuera escabeche, mis sentidos se nublaron por un segundo, perdí la noción del tiempo… normalmente me perdía de la misma forma cuando estaba con Annabeth, pero aquella vez se sentía un poco diferente, más fuerte y embriagador, hice un esfuerzo para separarme y verla de nuevo al rostro.
—A-Anna… beth— tartamudeé como oveja al verla tan apegada a mí.
—Percy— balbuceó volviendo a besarme.
El olor aumentaba y la vista se me nublaba más, pero el sabor de sus labios me distraía, sabía que me estaba entreteniendo demasiado… pero se trataba de Annabeth, lo que me pasa siempre que estoy con ella, intente retroceder pero tropecé con una caja cayendo ambos al suelo, ella sobre mí.
—Anna…— mi voz se oía lejana, me estaba perdiendo en la sensación.
Ella me calló con un dedo.
—No digas nada— dijo seductoramente. —Solo quiero estar junto a ti—
No sabía porque, pero esa vocecita en mi cabeza empezó a advertirme de nuevo que no siguiera perdiendo tiempo, pero aun así solté a Riptide la cual repiqueteó en un ruido metálico al caer mientras posaba mis manos en su cintura para profundizar el beso, pensé en la pareja discutiendo que había visto en el parque y los deseos de estar con ella volvieron solo que con más fuerza.
El olor ahora los sentía frente a mi cara.
Comencé a pasar mis manos por su cuerpo explorando su anatomía, ella profundizo aún más nuestro beso como si no hubiera mañana… otra parte de mí sabía a donde quería llegar pero no encontré fuerza para resistirme cuando pasaba una mano bajo mi camiseta, de nuevo oí una risilla extraña en el aire provocando que abriera mis ojos cuando pasaba mis manos por su cabeza apartando sus cabellos y a los costados de su cara y sus oídos.
¿Espera un momento?. Note algo que no estaba en su lugar, en ese pequeño instante de lucidez percibí que el aroma del olor me golpeaba la cara…
Annabeth alzo el rostro cuando sintió que mis manos dejaban a tocarla, quedando paralizada cuando coloque el filo de Riptide en su garganta.
—¿Percy?— pregunto inocente.
—¿Quién eres?— respondí con otra pregunta.
Ella alzo una ceja.
—Soy tu novia— respondió.
—¿Dónde están los pendientes de lechuza que siempre llevas puestos?—
La expresión de sorpresa en su rostro no tenía precio… nos quedamos en la misma pose paralizados, hasta que ella se llevó ambas manos a sus orejas y al pasarlas sobre sus lóbulos aparecieron los pendientes mágicamente.
—Así está mejor—
Presioné el filo contra su garganta, pero en un rápido salto se alejó de mí, me levanto a toda prisa y me puse en guardia empuñando mi espada con ambas manos, Annabeth sonrió.
—Eres muy atento— me alabó. —Pensar que la fregué por un mero descuido— soltó una risilla, la misma que estuve escuchando hasta ahora.
Su voz ahora sonaba más de mujer mayor, el aroma a vinagre que me golpeaba se alejó… ya que en realidad ese olor provenía de ella.
—Debiste relajarte y disfrutarlo, habrías tenido una muerte placentera— dijo macabramente. —Ahora morirás de manera violenta y muy dolorosa—
Sea lo que sea, que me dijera todo eso con la apariencia de mi Annabeth me perturbaba un poco, pero era un monstruo al fin y al cabo. O eso pensé.
—Pues inténtalo— le espeté.
Sonrió perversamente y entonces me arrepentí de lo que dije cuando empezó a transformarse.
Su cara se ensancho un poco, sus hombros se juntaron y sus brazos se alargaron, sus dedos se volvieron garras oscuras de metal, su melena rubia creció hasta llegar a su espalda baja terminando en puntas rojizo cafés, reconozco que cuando se enfada a veces Annabeth se parece a un monstruo, pero esto era ridículo… aterrador y ridículo.
—Te mataré por despreciarme— gritó ofendida.
Se deslizo a toda velocidad y en zigzag contra mí, reaccioné en una fracción de segundo logrando desviar sus afiladas garras de mi cabeza rodando a su derecha, no sé como pero me salvé… sentía la adrenalina correr por mi cuerpo como gasolina solo que de primera, mucho más fuerte que lo normal, mis músculos se tensaron tanto que me sentía capaz de partir en dos a alguien en un movimiento y mi vista se agudizo un poco gracias a lo cual pude ver el ataque a tiempo.
De no ser la bendición de papá habría muerto.
—Eres hábil, igual que los otros— quizás se refería a los otros elegidos.
Active mi reloj cuando volvió a atacarme, las garras rechinaron contra el escudo de un metro de bronce celestial repeliéndolas como si fuera un imán.
—Lindo juguetito— alabó. —Pero no me detendrá—
Comenzó a moverse de nuevo en zigzag, las cajas salían volando o eran destrozadas por donde pasaba reventando en miles de astillas, dentro de ellas había ropa, muchas ropa de distintas clases, trajes de domingo, chalecos, pantalones vaqueros, de misioneros, camisas, sombreros, trajes de oficinista, de toda clase.
—Me gusta quedarme con un recuerdo de mis "clientes"— alardeó.
Lo único que se me ocurría era que trabajara allí arriba en el striptease, me imaginaba a un esposo frustrado o un oficinista cansado buscar distraerse un poco sin saber que estaban topándose con un monstruo hambriento, aun así ¿Por qué el olor?.
—Deberías darte un baño, no crees— no era un buen momento para bromear, pero el olor me obligo a soltarlo.
La mujer monstruo que se parecía a Annabeth sonrió de lado.
—Un regalo— balbuceó. —Cortesía de la pedante de Afrodita—
Genial, otro maldecido por los dioses de turno, aun así no me cuadraba en como la diosa del amor podía fregar a alguien hasta que el monstruo continuo hablando.
—Solo porque mis súbditas y yo nos negamos a rendirle tributo— dijo casi en un gruñido rabioso. —Que petulante…—
Cargo de nuevo a una velocidad de vértigo, alcé mi escudo muy rápido ya que ella extendió el alcance de su ataque, apenas pude bajar mi codo para recibir las garras con la hombrera de bronce. La fuerza de su ataque me tiro a un lado y al suelo pero consigue levantarme de nuevo, y con el hombro intacto.
—Por su culpa nuestros hombres nos repudiaron y acabaron por rechazarnos— explico. —Así que tuvimos que matarlos—
Volvió a atacar y yo a defenderme, pero sus movimientos eran cada vez más rápidos, el rechinido de los escudos con los impactos inundaba la sala, capaz y los de arriba los oyeran.
—Esos juguetitos no te protegerán para siempre—
Tenía razón. Ella era más veloz y ágil, apenas podía bloquear sus golpes usando toda mi concentración... si me descuidaba por un segundo acabaría hecho picadillo. Intenté pensar rápido en algo que me saqué de esta así que decidí seguir escarbando en su historia.
Una reina y sus súbditas, rechazadas por sus parejas y con un olor a vinagre pasado.
—Tú eres la reina de Lemos, Hipsila— le dije.
Sonrió satisfecha por mi respuesta.
—Un chico listo pero dulce— comenta. —Es una pena que no congeniemos— lamentó.
Intente atacarle pero se desvaneció en el aire a la velocidad que se movía y apareció por mi detrás, en otra fracción de segundo volteé y bloqueé con la espada debido al espacio entre nosotros, aun así sus garras lograron rozar mi pecho el cual me empezó a arder como si sus garras fueran hierro caliente.
—Ahora morirás—
Me hubiera gustado voltear a ver "la pista" que aún no sabía que era pero tenía miedo de que al voltearme ella rápidamente me atravesaría en el descuido, la luz de la bengala comenzaba a extinguirse, pronto nos quedaríamos a oscuras, riptide comenzaba a brillar con su luz broncínea al ganar espacio la oscuridad, si con luz de apenas que tenía podía con ella, en medio de la oscuridad estaría más ciego que un topo. Por la mecha naranja tenía menos de 15 segundos para pensar en algo rápido.
No se me ocurría nada.
—Es hora de morir— sentenció raspándose las garras, El mito decía que los hombres las habían rechazado a causa del olor, aunque supongo que eso no fue lo que afrodita les dejo, y luego con lo que dijo al comenzar su ataque… quizá no tenga que luchar contra ella para ganar.
—¿Qué haces mestizo?— pregunto dulcemente al verme arrojar mi espada muy lejos.
Regresé mi escudo a su forma de reloj.
—Estoy reconsiderando tu oferta— intente hablar amablemente con los brazos abiertos en señal de estar desarmado. —Creo que es mejor morir de forma placentera—
La mujer bajo un poco la guardia.
—Pero no uses la forma de mi novia— Hipsila alzó una ceja. —Me gustaría ver como luces realmente— la halagué. Su expresión se suavizó aún más mientras sus garras comenzaron a retraerse, sabía que lo que iba a hacer estaba re-mal.
Pero no había de otra.
—¿Acaso no dijiste que sus parejas no los apreciaron?— continúe diciendo. —Deja que yo te aprecie— le hable dulcemente.
Ahora sí que la reina de Lemos estaba perpleja pero cuando vio mi expresión hablándole dulce, el color de las puntas de su pelo comenzó a ocupar el rubio, sus hombros volvieron a tomar forma humana, sus garras desaparecieron, y su mirada asesina se transformó en el de una mujer dulce otra vez, mas no en la de Annabeth, se volvió una mujer adulta joven, de cabello rojizo, ojos dorados, sonrisa amplia y de tez clara.
Y estaba completamente desnuda.
Apenas balbuceé porque de inmediato se acercó a mí y me besó, como si nunca antes hubiera besado de nuevo de forma honesta y amorosa a alguien, con el impulso que me dio caímos de nuevo al suelo en la misma pose que al principio, me llevé la mano al bolsillo pero esta vació, tenía que mantener la treta por un rato más.
—Mi esposo, mi rey… acabo dejándome por una esclava Tracia— dijo con pena. —Igual que a todas—
¿Todas? Acaso se refiere a... sus súbditas.
—Todas las chicas que trabajan arriba en el club son mis súbditas—
Sip, las bailarinas eran sus súbditas, y supuse que también serían monstruos sedientos de placer y sangre.
Revise mi bolsillo pero aun nada, mientras la besaba traté de pensar en Annabeth pero al mismo no dejarla creer que perdí el interés… continuo profundizando el beso hasta separarse y tomar una de mis manos posándolas en su pecho, sí que eran grandes.
¡Concéntrate, aquí viene!. Después de eso empecé a besarme el cuello como si se estimulara, mientras bajaba sus manos hacia mi entrepierna, revise mi bolsillo de nuevo… y ahí estaba riptide.
Pero no podía sacarla, al instante se daría cuenta de mi plan y me mataría, como si lo presintiera llevo su otra a mi brazo inmovilizando, ahora tenía la mano dentro de mi pantalón sin poder sacar mi arma y a merced de su pasión desenfrenada y letal, sentí de pronto como me empezaba a sacar la vida por la boca, como cuando sacas el relleno a un pavo.
—Vamos, penétrame… entra en mí— empezó a decir desesperada.
Giré el bolígrafo dentro de mi pantalón apuntando hacia ella.
—Si fallo, me muero— pensé al saber que solo me quedaba una última jugada rezando para que funcionara.
Presioné el botón.
El bolígrafo se alargó hasta volverse una lanza arpón, la parte trasera atravesó mi pantalón saliendo por el bolsillo mientras la delantera (con la punta) salió por cerca de mi entrepierna y atravesó su vientre, la expresión de Hipsila se congelo en un rictus de dolor.
—Mal… dito!— gruño con la poca voz que le quedaba.
Un segundo después estalló en un montón de polvo dorado.
CONTINUARA…
REPROGRAMADO: 24/08/13
Espero haber justificado lo de la piedra… XD No pude evitar poner un cameo a la saga de Kane. (Si la han leído saben de lo que hablo)
El mito de Hipsila forma parte del viaje de los Argonautas de Jasón. Recuerdan la escena donde Annabeth "convence" a Aracne para que tejiera su propia jaula, bueno pensé que Percy podía hacer lo mismo (Qué… NO ME JUZGUEN! XD)
Nos leemos en la próxima.
