Capítulo 35: Voldo

Tras casi dos meses de búsqueda y explorar seis islas diferentes; Sophitia, Cassandra y el marinero retirado al fin encontraron el pozo del dinero en la séptima.

A simple vista parecía un pozo como otro cualquiera, pero en lugar de tener una cuerda atada a una polea y un cubo, había una soga con aspecto muy resistente atada a un adorno metálico del pozo. Era fácil adivinar que no estaba para sacar agua del pozo, sino para descender a su interior.

- Bueno, aquí estamos. – dijo el hombre tras comprobar que aquel era el lugar que buscaban. – Si quereis puedo bajar yo primero.

- No es necesario. – rechazó Sophitia. – Ya ha hecho mucho acompañándonos.

- ¿Seguro?

- Sí. – afirmó Sophitia.

- De acuerdo, pero tened mucho cuidado. Dicen que Vercci protegió su tesoro con todo tipo de trampas.

- ¡Qué gran momento para decírnoslo! – ironizó Cassandra.

- Cassandra, cállate. – le ordenó su hermana. – Voy a bajar. Cuando llegue al fondo te diré que me sigas. Hasta entonces no te muevas, ¿de acuerdo?

Cassandra asintió con dudas.

Sophitia se sujetó a la soga que se introducía en el pozo y empezó a descender por ella, mientras su hermana y el marinero la miraban con preocupación.

Al cabo de unos diez minutos, se escuchó la voz de Sophitia desde el fondo del pozo.

- ¡Aquí no hay nada! – gritó Sophitia malhumorada.

Cassandra miró con cara de malas pulgas al marinero.

- No puede ser. – murmuró él. – Estoy seguro de que tiene que ser aquí.

- ¡Esperad! ¡Aquí hay algo!

- ¿Qué es? – preguntaron los otros dos al mismo tiempo.

- Parece un túnel. Quizá por aquí esté el tesoro.

Cassandra suspiró.

- Vale, espérame, ahora voy contigo.

Cassandra tardó menos tiempo en llegar al fondo, porque era más pequeña y delgada y descendió con mayor agilidad.

- Hola, hermanita. – saludó Cassandra a su hermana cuando llegó a su lado.

- Ahora voy yo. – gritó el marinero desde arriba.

Pero antes de que pudiera siquiera tocar la soga, notó que alguien lo agarraba por la espalda.

Las hermanas oyeron desde abajo un grito ahogado y vieron como algo caía desde lo alto.

Junto a ellas aterrizó el cadáver del marinero, con un profundo corte en el cuello.

Chillaron a la vez y miraron hacia arriba. Vieron asomarse por la abertura del pozo a un extraño hombre.

Tenía la piel extremadamente blanquecina, sus ojos en blanco denotaban que era ciego y en cada mano llevaba un katar, un arma consistente en una afilada y grande cuchilla que podía asirse por un mango muy cómodo para el que la usase. El de su mano izquierda estaba ensangrentado.

Entonces, el asesino hizo algo sorprendente.

Sin ni siquiera soltar los katars empezó a descender la soga a una velocidad vertiginosa, valiéndose tan solo de sus brazos y piernas.

Las hermanas comenzaron a correr a toda velocidad, muertas de miedo, hacia el interior del túnel que Sophitia había encontrado.

Tras unos minutos sin parar de correr a oscuras, las hermanas vieron una luz al final del túnel. Pero la luz no era solar. Debía ser el lugar en el que se encontraba el tesoro de Vercci.

Entraron en la sala corriendo, pero algo ocurrió.

Nada más introducir un pie en ella, Sophitia activó una de las trampas del pozo. Una flecha salió disparada de algún lugar y se clavó en su estómago.

Sophitia cayó al suelo malherida y Cassandra frenó la carrera para ayudar a su hermana.

Pero el hombre que había matado al marinero les pisaba los talones.

- Cassandra...corre. – pidió Sophitia.

- No puedo dejarte. – dijo su hermana empezando a derramar lágrimas por sus ojos azules.

- Si no te vas, nos matará a las dos. – advirtió Sophitia con la voz apagada.

Cassandra echó un vistazo a la sala. No parecía que Soul Calibur ni Soul Edge estuvieran por allí.

Pero sí que había armas que parecían muy poderosas.

- Tengo una idea. – susurró nerviosa.

Sabía que probablemente las espadas de Hefestos que llevaban con ellas no serían suficientes contra aquel hombre, así que fue hacia una gran espada que había entre el tesoro y la cogió con algo de dificultad.

Al cogerla, una nueva trampa se activó. Un afilado pincho surgió del suelo en el lugar en el que ella estaba pisando, pero la agilidad de Cassandra le permitió esquivarlo.

Cassandra se ocultó a uno de los lados de la entrada a la sala, esperando a que llegara el asesino.

Poco tuvo que esperar para que llegara a toda velocidad, pero sin pisar en el lugar en el que había pisado Sophitia, lo que hacía sospechar que a pesar de su ceguera conocía muy bien el pozo y sus trampas.

Cassandra quedó paralizada mientras intentaba sujetar la espada que había robado, mientras Sophitia yacía herida en el suelo.

Todo el mundo estaba quieto, sin hacer ruido.

De repente, aquel extraño hombre habló:

- Os huelo. – susurró. – Y estais en mi casa, que está llena de trampas. ¿De verdad creeis que teneis alguna opción de salir con vida de aquí?

El hombre olisqueó el aire, mientras las hermanas intentaban no hacer ruido a pesar de su situación.

- Soy Voldo, por cierto. – se presentó. – Vercci me dejó a cargo de su tesoro. Es el único que a pesar de mi ceguera, cree en mis...habilidades.

Con la misma soltura de un hombre con la vista perfecta, se dirigió hacia Sophitia, que seguía desangrándose en el suelo.

Se arrodilló junto a ella y olisqueó su pelo.

- ¿Pero qué tenemos aquí? – dijo mientras sonreía con malignidad. - Ni recuerdo cuándo fue la última vez que olí el aroma de una mujer.

Voldo depositó los katars en el suelo y empezó a acariciar el cuello de Sophitia con sus asquerosas manos. La chica no tenía más remedio que dejarse hacer. Era mejor aquello a que la asesinara.

Los fríos dedos del asesino estaban empezando a descender más de la cuenta cuando Cassandra gritó:

- Yo también soy una mujer, capullo.

Y antes de que Voldo pudiera volverse hacia ella, le dio un golpe con el gran arma que había cogido.

El impacto tumbó a Voldo y lo empujó un par de metros. Cassandra aprovechó para darle una patada a sus katars y alejarlos lo suficiente como para que no pudiera volver a cogerlos.

A pesar de todo, el asesino consiguió levantarse en cuestión de segundos y propinarle a Cassandra una patada que la dejó dolorida en el suelo.

- ¡Qué gran noticia! – gritó Voldo, visiblemente enfadado, mientras se relamía los labios. – Dos por el precio de una.

Se acercó hacia Cassandra pero, antes de que pudiera rozarla, notó como algo se clavaba en su pecho.

Sophitia se había levantado con fuerzas de flaqueza y le había atravesado de espalda a pecho con la espada de Hefestos que llevaba.

Sophitia extrajo el arma llena de sangre del cuerpo de Voldo, que cayó muerto a sus pies.

Hecho esto, Sophitia se desplomó sin fuerzas.

Cassandra se levantó desesperada y corrió hacia su hermana.

- ¡Sophitia! – gritó.

- Tranquila. – susurró su hermana. – Estoy bien. Llevaba una coraza puesta. La flecha la atravesó y me ha hecho una herida un poco profunda, pero creo que viviré.

Sophitia cerró los ojos, gruñendo de dolor, pero con expresión calmada.

- Pero...¿cómo vamos a salir de aquí? – preguntó preocupada Cassandra. – No puedo escalar la soga llevándote a ti.

Sophitia sonrió y se levantó a duras penas, ayudada por Cassandra.

- Creo que podré hacerlo yo sola. – dijo.

Las hermanas se abrazaron y se dirigieron de nuevo hacia la entrada del pozo, la herida apoyada sobre la sana.

Sophitia iba a recuperarse, pero habían perdido mucho tiempo en vano, por no hablar de la vida del pobre marinero. Al menos, había vivido una última aventura emocionante antes de morir.