Capítulo XXXIV. Sirius, el merodeador.

Sirius entró por las puertas del comedor con la cabeza bien alta y sonriente.

Iba cogido a una preciosa chica rubia de bonitos y grandes ojos azules, sus amigos se iban a morir de envidia.

Miró hacia la mesa de Gryffindor, pero sus amigos no estaban en el comedor, los sitios estaban vacíos.

- ¿Quién es tu novio?- le susurró al oído de la chica.

Lyra se detuvo y rodó para señalar la mesa de Ravenclaw.

Con el dedo señaló un chico rubio de ojos verdosos, con gran porte. Sirius enarcó las cejas y miró con disimulo el adolescente que señalaba Lyra.

- ¿Por qué de Ravenclaw? ¿Tienes algo en contra de los Gryffindors?- preguntó alterado.

- Yo no, pero ellos no me pueden ni ver. Son demasiado vengativos, a él le pareció genial la broma.

Sirius tiró de ella y la llevó hasta la mesa de su casa.

Comenzaron con pollo y verduras en tempura, Lyra las mojó con salsa de soja, Sirius embadurnó el pollo en mostaza.

- Pica- se quejó el adolescente bebiendo tres vasos de jugo de calabaza seguidos.

Volvió a morder el pollo y tuvo que repetir la operación.

Lyra lo observaba.

- Oye, no eres muy listo, ¿cierto?- se mofó la chica.

- No tanto como tu novio.

- Estupendo- soltó el tenedor y apoyó la cabeza sobre su puño, clavando el codo al lado del plato para mirar a Sirius directamente a los ojos.

- ¿Qué?- se sorprendió el muchacho- ¿Nadie te ha dicho que apoyar los codos encima de la mesa es de mala educación?

- ¿Y a ti que hablar con la boca llena no es nada agradable para el receptor?- le devolvió la chica.

El chico sonrió y tragó, a la vez que ella retiraba el codo de la mesa.

Volvió con su comida y él la miró divertido, ¿Dónde se había metido esa chica toda su vida?

Lyra puso en archa su MP3 y comenzó mover la cabeza al son de la música.

- ¿De dónde sale esa música?- preguntó Sirius.

Lyra se quitó un auricular y se lo colocó en la oreja.

- ¡Qué pasada! ¡Vaya ritmo! ¿Quién es?

- Florence and the machine- contestó la rubia- Kiss with a fist.

- ¿Cómo haces para que funcione este trasto aquí?- Sirius miraba el aparatito con detenimiento- ¿Zipy? ¿Es tu mote?

- No, es la marca del MP3- rió la chica.

- Suena a mote. Zipy. Te queda bien- y le devolvió el auricular cuando terminó la canción.

La chica se quedó con la mirada perdida entre el alumnado, por suerte ya no se sentaba arrimada a la mesa de los profesores, sus compañeros la empezaban a aceptar y podía sentarse donde quisiese. Seguía escuchando una melodía, pero ya no tarareaba.

Sirius le quitó uno de los auriculares y se lo colocó en el oído, miró a la chica sin comprender.

- ¿Qué miras Sirius?- se molestó Lyra al notar la vista sobre su cogote.

- ¿Por qué escuchas música sin letra? No es clásica.

- No, esta es la que quiero gastar para la coreografía de estudios muggles.

- ¿Bailas?

- Ahora no gracias- bromeó la chica.

- ¿Te apunté a clases de ballet?- eso lo descolocaba bastante, con la música que le había impuesto su madre pensaba que de mayor nunca impondría nada a sus hijos.

- No hago ballet.

- ¿No? Entonces, ¿Qué bailas?

- No he dicho que sea de baile.

- Vale, ¿De qué es la coreografía?

- ¿De verdad te interesa? ¿O sólo estás indagando en mi vida por conversar de algo?

- Lyra- apretó los dientes al pronunciar su nombre.

- ¡No hagas eso!- se quejó la chica golpeando la mesa y separándose del adolescente.

Sirius sonrió y se mordió el labio inferior.

- Lo siento, si te ha molestado- Lyra levantó una ceja.

Un chico rubio se acercó a la chica por la espalda y le tapó los ojos con delicadeza.

Sirius se quedó mirándolo y el chico le sonrió.

- ¿Quién podrá ser?- murmuró la chica mientras le acariciaba los dedos- ¿Tal vez Alan?

- MMMMM- el ronroneo del chico dejó claro que no había acertado.

- No lo sé, si no es Alan, ¿Draco?

- ¡Draco?- se escandalizó el muchacho.

Lyra ensanchó la sonrisa, sabía como sacar a Edgar de quicio, el chico no se llevaba demasiado bien con los Slytherin de su curso.

- Edgar, ¿Cómo eres tan tonto?- el chico retiró las manos y apresó los labios de la chica en un dulce beso.

Sirius se revolvió en el asiento, sintiéndose incómodo. Estaban pasando de él deliberadamente, carraspeó para que supiesen que estaba allí.

Lyra simplemente le tendió su jugo de calabaza sin separarse del beso.

Edgar conseguía que se le olvidasen los malos rollos.

El chico fue quien rompió el beso ganándose el mohín de la chica, le besó la mejilla y ella recuperó la sonrisa que iluminaba ese rostro.

- Bueno, ¿Me presentas a tu familiar?- Edgar extendió la mano hasta el chico.

- ¿Por qué crees que soy familiar suyo?- preguntó molesto Sirius. Que él supiese no había actuado en ningún momento con frialdad.

- La forma de entrar al comedor, sólo los hermanos cogen así a las chicas. Harry lo suele hacer- respondió Edgar, aún con el brazo extendido- Soy Edgar, su novio.

- Perdona- Lyra interrumpió la presentación, Edgar la besó de nuevo, retirando la mano del saludo para sujetarle el cuello.

- Su novio- dijo molesto Sirius- Pues yo soy su…

- Hermano- cortó Lyra empujando a Edgar- Él es mi hermano Sirius.

- Vaya, se llama como tu padre- se sorprendió el joven- Ya decía yo que me recordaba a alguien. Por cierto, Albus avisó en la cena que tu padre se ausentaría unos días y que el profesor Potter impartiría la clase con una nueva profesora.

- ¿A si?- Lyra intentó mostrar interés, pero no le salió-¿Y como es ella?

- No lo sé, en realidad, nadie lo sabe- el chico se levantó despacio del banco- No la presentó. Nos vemos, tengo que terminar un trabajo.

Sirius siguió al chico con la mirada hasta que éste salió del comedor, se quedó unos minutos observando la puerta.

- Sirius, deja de mirar. No volverá- le advirtió la chica.

- ¿Prefiere ir a hacer un trabajo que quedarse un rato con su chica?- preguntó contrariado.

- Es una excusa- contestó la chica.

- ¿Y no te importa?

- No, es su vida- Lyra intentaba beber pero las palabras de Sirius se lo impedían.

Se llevó el vaso a los labios pero Sirius se lo apartó.

- Tengo sed- se quejó la chica intentando quitarle el vaso.

Sirius lo depositó encima de la mesa y tiró de la mano de Lyra.

- Eh!- la chica intentaba soltarse, pero Sirius la había cogido de la muñeca con fuerza.

- Vamos a seguirlo- le avisó el mago.

- ¿A seguirlo?- Lyra era arrastrada sin entender nada- ¿Para qué?

Cruzaron las puertas del comedor y se acercaron a un grupito de chicas que llevaban las carpetas sobre el pecho.

- Perdonad, ¿Habéis visto a un chico alto, rubio y de ojos verdes?- preguntó Sirius con voz melosa.

El grupo entero lo miró y se lo comieron con los ojos, más de una sonrió.

- ¿De qué casa?- preguntó la más decidida de todas, con la falda algo más corta de lo normal- Hola Lyra, ¿Qué ya no andas con Edgar?

Lyra resopló molesta, aquella chica era la que había salido con Edgar, el rompecorazones, pero no más de una semana, y ella ya llevaba un mes.

- Sí sigo con él. Pero mi hermano quiere decirle algo.

- Entonces sabrás a dónde ha ido- Sirius se volvía a sentir ignorado- No se si lo sabes, pero esta tarde estuvo tonteando con Ara. Ya sabes, la morena de ojos grises.

- ¿En serio?- Lyra se llevó una mano al pecho de manera teatral, Sirius fue el único que captó la ironía, cosa que terminó de sacarlo de sus casillas.

- ¡Lo mato!- gritó con todas sus fuerzas.

Lyra giró la cabeza y miró a su futuro padre con aprehensión.

El chico corría en dirección hacia la torre de Ravenclaw.

- Lo siento, chicas. Nos vemos- se disculpó la rubia saliendo tras los pasos de su padre.

Corría todo lo rápido que podía, si Sirius alcanzaba a su chico antes que ella alcanzase a Sirius se iba a montar una buena. Y ella no quería jaleos.

Sabía lo que pasaba entre Ara y Edgar, eran compañeros de estudios, amigos desde pequeños, de hecho eran los mejores amigos. Ara la había ayudado a distinguir a los dos hermanos, ahora ni siquiera los veía iguales. En estos momentos Edgar y Edward sólo se parecían en el nombre.

Llegó al pasillo y vio a Crisan encima de los hombros de Sirius, golpeándole para que se separase de Edward.

- ¡Sirius!- gritó con todas sus fuerzas.

Sirius se quedó con el puño levantado a punto de asestarle un golpe al chico que tenía acorralado contra la pared.

Corrió y se interpuso entre los dos.

- Él no es Edgar- dijo con la respiración entrecortada.

- ¿Cómo que no?- Lyra negó con la cabeza.

- No Sirius, es su hermano gemelo. Se llama Edward.

- ¿Bromeas?- el chico bajó el puño y apartó a su hija de en medio- Estaba con Ara besándose, ¿Cómo puedes ser tan confiada?

- Ella no es Ara, es mi amiga Crisan- le confirmó la rubia- Hola Crisan, te presento a Sirius.

Crisan abría y cerraba la boca, pero no emitió sonido alguno.

- ¿Tu hermano?- preguntó curiosa al leer los labios de su amiga.

- Sí, viene de Drumstrang, se quedará una temporada- explicó Lyra, para que Edward se convenciese del error.

- ¿De Drumstrang?- Crisan intentaba colocar todos los datos en su acomodado cerebro.

- Sí, es mi hermano…- se tuvo que morder el labio al ver la cara de Sirius.

- Mellizo- terminó el mago- Pero mi padre me envió a esa escuela para que no influyese en Lyra.

- Lo envió mi madre- corrigió la niña ante la mirada de Edward- Te envió mamá, ¿recuerdas?

- Sí, hubiese sido difícil que te enviase tu padre desde…

- ¡Pero mira que tarde es Sirius!- gritó Lyra cortando al novio de su amiga- Nos vemos mañana en clase, Crisan.

Se acercó a su amiga y le besó la mejilla.

- Mañana hablamos- le susurró mientras tiraba de la mano del mago.

Crisan aceptó con la cabeza y se acercó a su novio cautelosa.

- Qué agresivos son los Black- Edward se limpiaba la sangre del labio.

- Yo no- y besó a su chico en la comisura de los labios, limpiándole la sangre con suaves caricias.

Sirius caminaba cabizbajo por el pasillo. Lyra no sabía si llevarlo a la torre de Gryffindor o al cuarto de su madre.

- Oye Sirius, no puedes ir golpeando a la gente- habló la más atolondrada niña que había pisado ese castillo.

- Te estaba engañando, y a ti parece no importarte.

- Edgar no me engaña, Ara es su mejor amiga.

- ¿Y tú que eres, el segundo plato?- se paró y la enfrentó.

- No lo entiendes, ¿verdad?- el mago negó con la cabeza.

- Entre Ara y Edgar sólo hay amistad. Ella es lesbiana.

Sirius se quedó mirándola sin entender.

- Bueno, le gustan las mujeres no los hombres- le explicó la chica.

- ¿Le gustan las mujeres? ¿Quieres decir…- la sonrisa de Lyra le quitó las dudas.

- Que amigos más raros tienes, preciosa- le pasó el brazo por encima de los hombros y le besó el pelo- Necesitas una ducha.

- Y una cama caliente- reconoció la chica. Estaba agotada.

- ¿Crees que Dumbledore me habrá puesto una cama?

- Lo dudo, pero puedes gastar la de Ron o la de Harry, no creo que duerman en la torre.

- ¿Y a los otros chicos no les importará?

- No, si no les dices que eres de mi familia. Ni se te ocurra decir que eres mi mellizo.

Lyra se dejaba arrastrar por Sirius. Estaba bostezando. El joven sonrió.

- ¿Sabes que eres la primera amiga que tengo?

- ¿Y los merodeadores?

- Ellos son chicos. He dicho amiga. Eres muy divertida.

- ¿A si que no me ves guapa, eh?- la chica parecía molesta.

- Yo no he dicho que no me parezcas guapa.

- Has dicho que soy simpática.

- He dicho que eres divertida. No eres simpática, eres bastante arisca de hecho. Pero me gusta tu carácter ácido- el mago se detuvo ante el retrato de la Dama Gorda- La contraseña.

- Aurum Draconis- dijo la chica en voz alta.

Los dos entraron por el retrato. La sala estaba vacía.

La chica se acercó a las escaleras y comenzó a subir cuando una mano la detuvo. Una mano que se había depositado sobre la suya encima del pasamanos de la escalera.

Notó el cuerpo del chico pegado al suyo.

- ¿Cómo es que no se han convertido en tobogán?

- No pares, Lyra- el chico la empujó hasta que terminaron los escalones.

- ¿Cómo has hecho eso?

- Secreto de merodeador- y le guiñó un ojo- ¿Dónde duermes?

- En el cuarto de cuarto. ¿Por qué?

- Dormiré contigo- avisó el chico avanzando por el pasillo leyendo los carteles de las puertas.

- Sirius, no puedes dormir conmigo. Eres un chico.

- Soy tu padre. ¿Acaso crees que me propasaré con mi propia hija? Además, te considero mi amiga. Harry y Ron no se en que curso estaban, no se cuál es su habitación.

- La de sexto- le dijo Lyra apoyándose en la puerta de su cuarto- Ahora ya lo sabes, vete.

- No puedo- negó Sirius- yo estaré en cuarto como mucho. Ni siquiera podré entrar. Y los de mi curso no me conocen, así que dormiré contigo.

Sirius había enmarcado la cabeza de la chica con sus brazos, una mano apoyada a cada lado sobre la puerta.

- No duermo sola- le avisó la chica.

- Claro que no, yo voy a dormir contigo.

- Quiero decir que…

- Lyra- Sirius la nombró de nuevo con los dientes apretados.

La chica se tensó y contuvo la respiración, esperando el rapolvo. Él sonrió.

- Idiota- le golpeó el pecho y abrió el cuarto.

Sirius la siguió, por suerte, sus compañeras de cuarto no habían regresado de la Biblioteca.

Lis se paseaba por la habitación intranquila, miraba la cama ocupada por una pequeña de ojos turquesa, que dormía apaciblemente.

Salió de la habitación y fue a sentarse delante de la chimenea. Echaba de menos a Sirius adulto.

Remus cerró la puerta del cuarto con cuidado y se fue a sentar al lado de Lis, con un libro en las manos.

- ¿Lo echas de menos?- la voz del licántropo la sacó de sus ensoñaciones.

- Sí, pero la niña que hay en mi cama me recuerda a Lyra de pequeña. Cuando terminaba el día siempre iba a verla a su cuarto. Ella piensa que la eché a un lado por mi trabajo, pero yo sólo quería demostrar la inocencia de Sirius. Lo necesitaba.

- Fue duro para él. Podrías haberle dicho que tenía una hija. Cuando demostraste su inocencia y fue al Ministerio es cuando se enteró- el mago dejó el libro encima de la mesa y apoyó el brazo sobre el respaldo del sofá.

- La llevé una vez a Azkaban, quería conocer a su padre. Tenía cuatro años.

- ¿Llevaste a una niña de cuatro años con dementores?- Lis asintió con la cabeza- ¿Qué pasó?

- Pues llegamos a la celda pero él ni siquiera me reconoció, le hablé de Isis, para ver si reaccionaba, pero mi hija sólo vio la espalda de su padre. No conseguí nada- los ojos de la mujer se aguaron- Si lo hubiese retenido esa noche mi hija hubiese crecido con un padre y Sirius no hubiese ido a Azkaban.

- Lis, tranquila. Lo conoces, no podrías haberlo retenido.

- Ni siquiera lo intenté, lo dejé marchar sin más- ahora lloraba.

Remus tragó y le acarició la mano. Ella reaccionó rodeándole el cuello con los brazos. El mago se quedó estático, Sirius lo mataría como lo viese tan cerca de su chica.

La mujer era bastante impulsiva.

- Lis, Sirius está aquí. Y ahora está compartiendo la vida con su hija. Eso va a ser peligroso- Remus era consciente de la situación- Me nombró su padrino el curso pasado.

Intentaba que la hechicera calmara los nervios.

- ¿Y la madrina?

- No estoy casado- le recordó el mago.

- ¿Te importaría que la nombrase yo?- preguntó la mujer separándose del mago de ojos dorados.

- Eres su madre. Supongo que la madrina será Isis, ¿me equivoco?

- Tonks, Nymphadora Tonks.

- ¿Mi novia? ¿Por qué?

- Porque se portó muy bien con ella, sin criticarla como hizo la señora Black, aceptándola tal cuál es.

- ¿Estuviste en Grimmauld Place?

- Regulus se empeñó en que Lyra conociese a su abuela, la mujer estaba en el lecho de muerte. Pero fue desagradable con mi hija. Regulus le dijo que era la hija de Sirius y ella la llamó Traidora. Sin conocerla. Estaban los Black.

- ¿Por qué preguntaste como era Walburga entonces? Ya la conocías.

- Yo no estuve allí y Lyra cerró su mente. No pude ver el aspecto de mi suegra.

- ¿Dejaste a tu hija abandonada en una casa llena de mortífagos?- Remus no podía creerlo. Estaba loca, ¿Quién en su sano juicio dejaría que su retoño estuviese en un sitio así?

- Eran su familia y no la dejé abandonada. Iba con Regulus.

- A sí, amigo tuyo del alma.

- Pues sí- le respondió indignada- El mejor de todos, el más valiente.

- Si Regulus fuese valiente hubiese ido a Gryffindor- le espetó Remus.

- Algunas veces el sombrero se equivoca y marca el destino de un niño.

- El sombrero nunca se equivoca.

- ¿No? Entonces se deja convencer, lo único que necesita es decisión.

- ¿Lo dices por tu elección?- la mujer negó con la cabeza- ¿Por la de Lyra, quizás?

Ella cerró los ojos y respiró fuerte.

- No, más bien la de Harry. ¿Sabes que Alfred quería mandarlo a Slytherin?

- ¿Bromeas?

- No, Harry es un Horrocrux, parte del alma de Voldemort está en él. De hecho es el último Horrocrux- Remus la miraba horrorizado- Por eso crea esas conexiones tan fuertes. No lo domina con un simple Imperius, lo doblega a su voluntad. Por eso eran tan importantes las clases de Oclumancia, queríamos poner una barrera entre él y Voldemort.

- ¿Queríamos? Fue decisión de Dumbledore, él leyó la carta de Isis.

Lis se levantó del sofá y entró en su habitación. Abrió un cajón de la cómoda y extrajo un papel amarillento, viejo. Salió del cuarto y le tendió el pergamino al licántropo.

Remus desplegó el pergamino y se encontró una letra estilizada.

- La letra es de Reg- le avisó la hechicera- Es la lista de los Horrocruxes.

- El diario de Tom Riddle, Myrtle la Llorona- empezó Remus- El anillo de Cadmus Peverell, su padre. El medallón de Slytherin, un vagabundo. La Copa de Hufflepuff, Hepzibah Smith. La tiara de Rowena Ravenclaw. Nagini, Bertha Jorkins. Harry, Voldemort- Remus se fijó en que la última anotación cambiaba de estilo de escritura.

- En un principio la lista contenía diez objetos, Isis la modificó según fue recordando- le aclaró la hechicera.

- ¿Por qué hay un nombre al lado de cada Horrocrux?- preguntó Remus.

- ¿Sabes como se forma un Horrocrux?

- Matando un alma noble- recordó Remus los estudios de James.

- No, necesariamente no tiene porqué ser noble, simplemente se debe elegir una persona con ganas de vivir- le respondió Lis- Esa gente valoraba su vida por encima de todo. El diario lo destruyó Harry en segundo, el anillo fue destruido por Dorian a principios de este curso, lo localizó Albus, el medallón lo destruyó Regulus, por eso lo mató Voldemort. Falta la Copa, la Tiara, Nagini y Harry. Bueno, todos menos uno.

- No te entiendo- Remus temblaba ligeramente.

- Sirius no sólo tiene catorce para que Isis le haga caso, Sirius está para merodear por el castillo, lo tiene en su naturaleza. Si la copa o la tiara están aquí él las encontrará.

- ¿Y eso lo sabe él?- Remus no creía que a Sirius le fuesen a importar más de unas cuantas faldas con aquella edad, las faldas y cómo sacar de quicio a los profesores.

- Digamos que el colegio va a proponer la búsqueda de unos objetos muy valiosos perdidos. Durante los próximos días. Tiene suficiente poción para una semana, en cuanto recuperemos los objetos volverá a su edad.

- ¿Por qué crees que la Copa o la Tiara están aquí? ¿No recuerda Isis la ubicación de cada objeto?

- Isis no fue con Harry a buscar los Horrocruxes, Remus. Se quedó en el colegio, hasta el final- le recordó Lis.

- Espera un momento, ¿Hablas de su primer viaje?- la mujer asintió con la cabeza- ¿Por qué no fue con él?

- El Portal estaba unido a las almas mágicas arrebatadas.

- ¿Qué?

- ¿Recuerdas el chico que apareció en el comedor el día que nos trajo a todos los demás de vuelta? Fue su enlace con ese futuro, por eso volvió. Pregúntaselo a James si no me crees.

- ¿James lo sabe?

- Digamos que tanto él como yo nos interesamos en una asignatura en particular en la Academia de Aurores.

- ¿Estudiaste con James?

- Misma promoción, sólo qué él no trabajó de Auror. Se decantó por la búsqueda de cierta persona de ojos turquesa.

- Pues todos los meses cobraba, el sueldo llegaba a casa.

- Sus padres le dejaron buena herencia- refutó la mujer.

- Se lo hubiese dicho a Lily, y Lily me lo hubiese comentado.

- Remus, las cosas de pareja se quedan en la pareja.

- Me enteré que estaba embarazada de Harry antes que él- y señaló a la habitación de su amigo.

- Claro, tropezaste con el test en el vestuario.

- ¿Y tú como lo sabes?

- Os enterasteis a la vez, Lily te lo confesó y yo se lo dije a James.

- ¿Lo sabía cuando se lo dijo?

- Tu amigo no es tonto, lo iban buscando.

Una pareja estaba plantada delante de un cuarto, escuchando la charla de esos dos, sin interrumpir.

- Remus- Lily lo llamó suavemente- Sabía que James no trabajaba de auror, no te lo dije porque sabía que echarías tu carrera a perder para seguir sus pasos.

- ¿Me mentiste?

- ¡No!- James sonreía- ¡No te rías! ¡Es tu amigo!

La pelirroja le golpeaba el pecho con la mano abierta.

- ¿Sólo soy su amigo? Bueno saberlo, Evans- Remus estaba muy molesto.

- ¿Evans?- la pelirroja dejó de golpear el pecho de su marido y se giró hacia su compañero de estudios, todo Hogwarts y toda la carrera como uña y carne y volvía a llamarla por su apellido de soltera- ¡Remus!

Pero el mago le dio la espalda. Lily se acercó hasta él y lo enfrentó.

- No te atrevas a darme la espalda después de tantos años.

- De mentiras.

- ¡No te mentí! Se lo juré, le juré que no le diría nada a nadie. ¿Sabes lo que me costó cumplir esa promesa?

- Pues lo hiciste de maravilla- no bromeaba.

- Remus, hubieses mandado todo a la mierda si te hubiese dicho que estaba buscando a Isis. Ni siquiera se lo dije a Sirius, estabais con la tesina- James había madurado.

- En verano me pedisteis que os acompañara a buscarla. Me lo pidió él, por lo tanto si que lo debía de saber- gritó el licántropo.

- No lo sabía, coincidimos en Albania. Dumbledore me envió a por un Horrocrux, la Copa de Hufflepuff- James empezaba a perder la compostura.

- ¿Te envió a por la Copa?- se sorprendió Lis.

- Sí, la traje aquí para destruirla con la espada de Gryffindor, sólo un auténtico Gryffindor podía sacar la espada del sombrero- respondió el mago- La sacó Sirius. Él es el auténtico Gryffindor.

- Mierda- susurró Lis.

- ¿Qué pasa?- Remus la había escuchado claramente.

- Convencí a Lyra para que el sombrero la mandase a Gryffindor para defender a Harry. Si la hubiese enviado a Ravenclaw ahora podríamos encontrar la Tiara más rápido- la mujer paseaba por el cuarto, con los dedos entrelazados a su espalda.

- ¿Por qué?- preguntó Lily, sin entender el razonamiento.

- Lily, igual que Sirius pudo sacar la espada del sombrero, si Lyra perteneciese a Ravenclaw podría invocar la diadema- le explicó James a su mujer.

- Pues Lyra es una auténtica Gryffindor- sentenció Lily.

- Sí, y Harry un auténtico Slytherin por el mismo razonamiento- le devolvió la rubia.

- Mi hijo es Gryffindor como sus padres- el siseo fue mortífero.

Lis se acercó a la pelirroja y le colocó una mano sobre el hombro.

- Lily, Harry es un Horrocrux, parte del alma de Voldemort está en él.

- Imposible, los Horrocruxes sólo se pueden crear sobre objetos inanimados- James recordaba claramente las lecciones de Albert Dorian en la Academia.

- Nagini es una serpiente, James- le dijo su amigo- es el sexto Horrocrux.

- Era- corrigió la rubia- Si ha vuelto tiene que haber gastado uno. Si la copa la destruyó Sirius y la diadema está aquí, ha gastado a Nagini.

- ¿Por qué estás tan segura que la diadema está aquí?- preguntó Lily- Podría estar en cualquier parte.

- Siento que está aquí- Lis se colocó una mano en el vientre- Estoy embarazada de un futuro Ravenclaw, con alma de alborotador.

La cara de sorpresa que se les quedó a todos era digna de una foto.

- ¿Estás embarazada?- Lily se acercó hasta ella- ¡Yo también!

Los hombres negaron con la cabeza, aquello iba a ser horrible, y Sirius convertido en un adolescente de catorce, sin saber por cuanto tiempo.

- ¿Cómo sabes el sexo?- le preguntó Lily- ¿Hay algún hechizo para saberlo tan pronto?

- Le pedí a Trelaway que me tirase las cartas. Es un varón, y será de Ravenclaw.

- Vamos- le dijo la pelirroja- Yo también quiero saber que llevo.

Las mujeres se cogieron de las anos y abandonaron la habitación dejándose a dos merodeadores descolocados.

Sirius había sido el primero en ducharse, pidió un pijama a los elfos y se metió en la cama. Las sábanas estaban frías, pero el chico extendió los brazos para calentar toda la superficie que podía.

Lyra salió del baño con el pijama de franela y las zapatillas a juego.

Corrió a la cama y saltó sobre el chico, pisándolo a conciencia.

-¡Lyra!- se quejó el muchacho.

La chica le arrebató la almohada de la cabeza y le golpeó la cara.

- Pero, ¿Te has vuelto loca?- a Sirius le llovían golpes de todas partes- ¡Te la vas a ganar!

Ya no sabía como protegerse, cuando se tapaba la cabeza la chica le golpeaba las costillas, si bajaba los brazos, su nariz recibía el impacto. Ella reía con fuerza.

Sirius estiró de las piernas sin pensárselo y la derribó sobre el colchón, se colocó sobre ella y comenzó a hacerle cosquillas.

- ¡No!- se quejaba la chica- ¡Para Sirius! ¡Por favor!

Se revolvía como culebra, pero el chico que había encima era demasiado fuerte.

Y volvió a ocurrirle lo mismo que el día que lo conoció, se quedó sin aire.

Sirius se fijó en que ya no reía y volvió a picarla con los dedos.

- ¿Lyra?- la chica no parecía respirar, los labios comenzaban a amoratarse- ¡Lyra!

Se bajó de la cama de un salto y sacó la varita de su túnica.

- Anapneo- apuntó la garganta de la joven y un silbido se escuchó en la habitación- Por el amor de Merlín, chiquilla.

La niña recuperaba la consciencia poco a poco. Sirius se volvió a subir en la cama y ayudó a la chica a colocarse debajo de las sábanas y la colcha.

- ¿Tienes frío? ¿Quieres que vayamos a la enfermería?

- Estoy bien. Tranquilo. Siempre me pasa.

- ¿Eres asmática?

- No, esto es la consecuencia de un hechizo.

Sirius la miraba sin comprender. Bastante preocupado. La había tapado con la colcha hasta la garganta y él estaba tumbado encima, a su lado, con el codo sobre la almohada y la cabeza sobre su mano.

- ¿En serio eres inmune al Avada?- el chico no se lo acababa de creer.

- Sí, pero debo crear un escudo para que no me hiera- la chica abrió las sábanas y con unas palmaditas lo invitó a entrar- Un Rictusempra en cambio, me podría matar.

- Por eso eres tan ácida.

- No, mi carácter no tiene nada que ver con el hechizo.

- Nunca te ríes.

La chica sonrió cuando él aceptó la invitación después de correr las cortinas.

- Sí que río, pero no me parto de risa. Suelo sonreír mucho. Aún después de la infancia que he tenido soy feliz.

- Oye Lyra- el chico se tapó con las sábanas y la colcha pero se separó de ella, dejando una distancia prudencial entre ambos- ¿Me dirías como te gustaría que fuese tu padre?

- ¿Para qué?

- Para cambiar. Cuando vuelva a tener mi edad me gustaría ser el mejor padre del mundo.

- No necesito al mejor padre del mundo, con tener uno me basta- y el sueño la venció.

Sirius se quedó observándola, ¿Qué habría querido decir con eso de "Con tener uno me basta"?

El chico agitó la varita y estrelló el techo del dosel, le tranquilizaba ver su Constelación.

Poco a poco se quedó dormido.