Capítulo 36: La muerte más dulce
Sola. Insegura. Aterrada. Esos eran los sentimientos que la chica estaba experimentando mientras la llevaban lejos, a un lugar desconocido. O quizás conocido pero que ellla no era capaz de adivinar. Su corazón latía con fuerza, no había nadie que pudiese ayudarla, hacer algo por ella...estaba perdida. Era su fin. Mientras el tiempo transcurría intentó adivinar cómo era posible que fuese una rehén, si Sefirot estaba con Shira. ¿ Estaría él al tanto¿Tan poco le importaba ahora que estaba con esa chica, aquella que seguramente le hacía feliz, mucho más de lo que ella podría hacerle?.
Al fin se detuvieron, aterrizando en el aeropuerto de Junon. No se movió, pero un guardia Shinra fue el encargado de aproximarse a ella y ordenarla que descendiese. No lo hizo. El hombre la sujetó con fuerza, obligándola a seguirle dentro. Hasta el despacho del Presidente donde Rufus esperaba sonriente. Y a su lado estaba Anais. La sorpresa se reflejó en el rostro de la Cetra.
- ¿ Sorprendida de verme? No, no hace falta que respondas, se la respuesta.
- Tu...
- Si, yo - se acercó a ella con esa sonrisa irónica en el rostro, expresando claramente su satisfacción al ver a la Cetra angustiada.
- ¿ Y Sefirot? - preguntó con un nudo en la garganta, tratando de tragar saliva.
-¿ No lo sabes? Fue el quien dio la órden de hacer contigo lo que quisiésemos...
- Eso no es cierto - dijo temblorosa la chica, a punto de caer al suelo de la impresión.
- Piensa que estás con ese muchacho...Cloud, si no me equivovo - interrumpió Rufus, cruzándose de brazos.
- ¡ No, no os creo, Sefirot jamás me haría algo asi!
- Pero lo ha hecho...- susurró Anais, deteniéndose a escasos centímetros de ella.
Aeris no replicó, se sentía tan cansada de pronto...todo le daba igual. Apartó la mirada, resignada, a punto de echarse a llorar.
- Te preguntarás qué queremos hacer contigo - habló Rufus con suavidad. - Eres una Cetra, la última de los Ancianos y por eso eres tan importante. Tu sangre es especial, lo sabes. Por eso...te necesitamos. Con tu sangre de Cetra seremos capaz de crear Soldados con habilidades de los Cetra.
- Los Cetra protegían el Planeta, amaban la naturaleza , la respetaban y cuidaban de ella. - saltó entonces la joven,a pesar de su dolor al creerse traicionada por Sefirot. - los Soldados de Shinra son crueles, dan miedo, las habilidades de los Cetra no podrían hacerles bien, no sabrían cómo utilizar ese magnifico don.
- Ingenua muchacha, no creerás que queremos Soldados capaces de ayudar al Planeta...- rió , antes de decir.- La Tierra Prometida...aun queremos hayar esa Tierra y solo las personas con sangre de los Cetras podrán...
- La Tierra prometida no es cómo pensabais que era. Sólo se accede a ella una vez muerto. Las almas de Los Cetras regresan a la Tierra Prometida y alli descansan eternamente y para siempre. Quien va alli no regresa. Nadie podría extraer la energía Mako¿comprendes?.
El rostro de Rufus se volvió sombrío entonces, ante aquellas palabras.
- No importa, aun tenemos a Sefirot. Si, el no lo sabe pero su sangre tambien es especial. Células de Jénovaa que corren por sus venas...imaginate. Crearemos clones de Sefirot, muchos más, Soldados como él...y le añadiremos sangre de Cetra. Y asi crearemos al nuevo ejército del futuro, Soldados magníficos, letales con poderes de los Cetra. Seremos...el nuevo imperio.
Aeris estaba aterrada, aquello...¡ era horrible¡ podrían dominar el mundo aun más que entonces, someter a todos...sería el caos...!
- ¡ No te lo permitiré, no puedes, mi sangre es mia, soy la última Cetra, he de proteger el planeta!
- Ya me he cansado de ti - bostezó Rufus, Anais no habia hablado, había estado oyendo.
- ¿ Qué hacemos con ella?
- LLévala a Neo Midgar - ordenó al guardia que había estado cerca de la puerta, impidiendo que alguien pudiese entrar o salir.
- Si, señor - el hombre se acercó a la chica e hizo que le siguiese, ella sabía que era inútil intentar huir. Por eso no replicó cuando tuvo que subir al helicoptero y aterrizaron en el aeropuerto de Midgar. En el cuartel, fue conducida a una celda polvorienta.
- Quédate aqui hasta que vengan a ocuparse de ti - dijo el hombre. aunque antes de irse se volvió a mirarla. Le dio bástante lástima, una joven de poco más veinte años, guapa, temblorosa, con aspecto resignado.- te traeré algo de comer, ahora vengo.
La Cetra se dejó caer sobre la cama, sin responder. Su mente estaba con Sefirot...la había traicionao, al igual que Rufus le traicionaría a él. En pocos instantes, el hombre regresó trayendo con él una bandeja en la que había agua, sopa, pan, carne y un pastelillo.
- Come cuanto quieras, cuando se termine llámame y volveré a por más.
La Cetra intentó sonreir pero no pudo. El guardia la miró con lástima, una vez más.
- Mi nombre es Garland - explicó.
-Yo soy Aeris...- respondió ella, aun en la cama, sin mirarle.
- Bien, hasta luego - depositó la bandeja en una mesita polvorienta antes de irse cerrando la puerta con llave. Una vez a solas, Aeris se relajó y entonces las lágrimas fluyeron libremente. Se sentía tan triste, tan mal...estaba atrapada, sola, sin nadie. Y Sefirot no iba a ir ayudarla puesto que había sido él mismo quien lo había querido asi. Se tumbó de lado...estaba anocheciendo. Tenía frio, la cama consistía en unas tablas duras sin mantas. Miró su cena. No tenía apetito, sin embargo bebió el agua y tomó la sopa que ya estaba casi fría. Despues, cerró los ojos intentando perderse en el mágico mundo de los sueños, que es la única manera que encontraba la Cetra para evadirse de la triste realidad,
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- Sefirot, ella estará bien.
Vincent Valenine habló desde las sombras, oculto, como de costumbre, alejado del grupo que se dirigia en una de las naves de Cid hacia Shinra. El hombre de cabellos plateados no replicó, estaba demasiado serio y preocupado. Cloud frunció el ceño diciendo:
- Como si le importase.
Ante esto Sefirot perdió el control y se dirigió a Cloud, Barrey y Cid tuvieron que intervenir al ver que eso se les iba a escapar de las manos.
- Calma, chicos, tranquilos - exclamó Yuffie, bostezando.
- En breves instantes habremos llegado y todos podremos ir y...
- No - cortó Sefirot con voz seca. - Esto es algo entre Rufus Shinra y yo. Quisiera hacerlo solo.
Cloud iba a protestar pero al ver las miradas de sus compañeras enmudeció. En efecto, al cabo de unos 20 minutos habían llegado a Junon. Aterrizaron en el aeropuerto, aunque los Soldados Shinra los recibieron con disparos. Al ver a Sefirot palidecieron, algunos huyeron, otros se quedaron esperando la muerte. Todos eran traidores, y alguno había que se sentía culpable pues Sefirot había resultado ser un gran entrenador. De éstos pocos, aguardaron a que bajasen y se aproximaron a él, pidiéndole disculpas y diciendole que no sabían nada de lo que Rufus estaba planeando, lo cual era cierto. Sefirot se sintió extraño al ver que había personas que se preocupaban de lo que él sentía.
- ¡ Ellos tambien son traidores! - exclamó Cloud dispuesto a atacarles pero Sefirot se interpuso con valentía.
- Déjalos, los creo. El culpable es Rufus Shinra. Y es con el con quien quiero...hablar.
Tras esto, el resto de Avalancha se quedó esperando. Tifa temía por él pero respetó su decisión de ir solo. Sefirot se deshizo de todo aquel que salía a su paso para impedirle avanzar y cuando llegó al despacho de Rufus...allí no había nadie. Estaba desierto.
- ¡ Rufus¿ dónde esá Aeris?!- rugió con todas sus fuerzas pero el silencio fue la respuesta. Desesperado, comenzó a buscar y al no hayar a nadie, decidió reunirse con Avalancha para buscar por otro sitio. Justo cuando abandonaba la sala, vio a un Soldado oculto. Se acercó a él obligándole a hablar a cambio de su propia vida.
- Está...está...en...Midgar...
Sefirot le soltó e inmediatamente puso la nave rumbo a Midgar.
" Aguanta un poco más, Aeris, solo un poco más...ya voy..."
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Era muy entrada la noche. La joven Cetra no se había movido de la cama sucia e incómoda, temblaba. No de frio sino de pena, tristeza...dolor. Dolor más profundo en el corazón que el que estaba sintiendo. La celda se abrió de pronto y ella se sobresaltó. Un científico, mayor, muy parecido a Hojo entró para inspeccionarla. La chica tragó saliva, le daba vueltas la cabeza.
- Bien, bien, asi que tu eres la famosa Cetra...¿ cúal es tu nombre?
No respondió, se sentía demasiado débil y cansada.
- Te llamaré Cetra entonces. Verás, Cetra, tu sangre es especial, ya lo sabes. Y la necesito. Mejor dicho, el planeta la necesita. El mundo ansía tener gente que puedan defenderlo, y qué mejor que el poder de los Cetras...unido al del hombre más poderoso del mundo...Sefirot.
" Sefirot ha accedido a que me quiten la sangre y hagan más Soldados..y está dispuesto a dar su propia sangre tambien"...- eso es lo que ella pensó al oir aquello.
- Ésto te va a doler un poco...pero se te pasará...cuando...cuando regreses al planeta.
El doctor se aproximóa ella, y la sacó de esa celda para conducirla a un laboratorio.La tumbó en una camilla, e hizo que dejase sus brazos al descubierto. Despues, accionó una máquina próxima a ella, y le inyectó anestesia para dormirla profundamente y no sintiese cómo la sangre se le iba.Tras eso, le inyectó en ambos brazos un tubo y la máquina empezó a hacer sola su trabajo.
- Pronto te dormirás...ya no sentirás dolor. Sabes, es una muerte dulce...no sufrirás, te irás mientras duermes. Es la muerte dulce, la más dulce...Mañana por la mañana nos habrás dado toda su sangre. Gracias...- ni siquiera había ironía en la voz de aquel médico, era como si no tuviese sentimientos. No se burlaba como Hojo lo hubiese echo, para él la vida de aquella Cetra no significaba absolutamente nada.
Apagó la luz y la dejó a solas. Aeris quería gritar, levantarse, llorar, pero el sedante estaba haciendo su efecto. Sentía como poco a poco la vida se le iba...lenta pero firmemente. Iba a morir.
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- Hemos llegado.
Cid dejó que Sefirot bajase de la nave.
- Cuando salve a Aeris regresaremos - dijo Sefirot con firmeza, Cloud asintió mirándole, igual que los demás.
La noche estaba cerrada, no se veían estrellas en el firmamento, el aire era templado. Sefirot casi corrió para avalanzarse en el edificio Shinra, tenía dos cosas en mente: Lo primero salvar a Aeris y después hacérselo pagar a Rufus. Lo pagaría con la vida.
Como es lógico, los Soldados dieron el grito de alarma, y todo aquello empezó a cobrar vida: gente que se armaba hasta los dientes para acabar con el intruso. Pero Sefirot era hábil y en cuestión de minutos había derribado a casi toda la armada. Los más inteligentes huyeron, mientras que los que querían jugar a ser héroes se enfrentaron con el hombre de la leyenda y cayeron, ante su espada. Cuando vio que sus enemigos habían disminuido, se sintió más tranquilo para mirar de habitación en habitación, buscando a la Cetra. Al abrir una puerta, vio en su interior al presidente...con Anais, en la cama.
Ambos se sobresaltaron, y más aun al ver de quien se trataba.
- ¿ No estabas muerto? - quiso saber Rufus, mientras la joven se vestía.
- Eso es lo que tu vas a estar ahora...pero antes dime dónde está.
- ¿ dónde está quién?
- Sabes perfectamente de quien estoy hablando...
Anais le miró y entonces Sefirot fue cuando comprendió.
- ¿ Tu¿ Con él?...Ahora es todo más lógico...
Anais quiso decir algo pero su orgullo se lo impidió. Tan solo sonrió complacida.
- Si, yo...¿ qué esparabas, que una mujer como yo se interesara por alguien como tu?
-Se acabó el hablar, ahora mismo me decis dónde está Aeris.
Rufus se levantó de la cama, y de un gesto rápido cogió su arma que la tenía encima de la mesita, apuntando a Sefirot. Éste esquivó el ataque y le atacó a su vez, Anais estaba cruzada de brazos, mirando.La batalla era ardua, luchaban sin piedad. Rufus se estaba cansando mientras Sefirot seguía inalterable, frio y peleando con decisión.
" Aeris, ya casi estoy...te estoy vengando, ahora estoy contigo"
Rufus sentía que llevaba las de perder, Anais tambien lo veía. Sin emabrgo siguieron peleando, luchando, en ninguna ocasión Sefirot recibió el más mínimo rasguño. Cuando Rufus cayó de rodillas, derrotado, avergonzado, supo que su hora había llegado. El otro hombre le miró con frialdad y le preguntó, una vez más:
- ¿ Dónde está Aeris?
- ... labo...ratorio...del fondo..- pudo articular el pelirrojo, herido, y cansado. Aguardó su muerte, se sorprendió cuando Sefirot le alzó con brusquedad diciéndole despectivamente:
- Es el fin de Shinra, créeme. Huye...huye lejos...no vuelvas jamás por aqui...
Tras ésto lanzó una mirada de desdén a Anais, dispuesto a salir e ir al laboratorio. Sin embargo, Rufus se levantó y se lanzó una vez más contra él, dispuesto a no dejarle ir.
- ¡ Vivo, te necesitamos vivo, queremos tu sangre, queremos...
Zasssssssssssssssssssss
Fue rápido, letal, silencioso...la espada atravesó el cuerpo del Presidente de lado a lado, era eso o morir. Sefirot observó cómo el cuerpo caía al suelo, en un charco de sangre. Aún podía hablar. Anais, con un grito, se precipitó a recoger al moribundo del suelo.
- ...yo...muero pero...Aeris...ya lo está...
Sefirot le echó una última mirada antes de echar a correr desesperado hacia el laboratorio...
En penumbras estaba la fria estancia cuando el chico irrumpió en ella. Hacía calor, casi no había aire lo que dificultaba la respiración. A un lado, en una camilla, estaba tumbada Aeris. De sus brazos salían unos tubos, extrayéndole su preciada sangre de Cetra. Sus ojos estaban entreabiertos, casí no podía abrirlos...luchaba por mantenerse consciente, sabiendo que si se dormía esa sería la última vez que volvería a abrirlos. Sefirot se acercó hasta ella, sintiendo pena y dolor al verla en esa situación. Inmediatamente le arrancó los tubos, con furia, lo que hizo que ella soltase un pequeño gemido.
- Aeris,mi amor, estoy aqui - dijo él tomando su mano con cuidado y mirándola a los ojos. La Cetra apartó la cabeza, cerrando los ojos y retirando la mano tan rápido como le fue posible. Sefirot no omprendía su comportamiento.
- Dé...jame...vete...- susurró ella con los ojos cerrados.
Sefirot, algo dolido, le apartó el pelo de la cara.
- Aeris, se que estás enfadada, perdona, te sacaré de aqui..te pondrás bien...
- ... - ella sin poder evitarlo sintió cómo los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras los cerraba...
Sefirot la miró alarmado.
- ..¿ Aeris?...- la sacudió pero no se movía, estaba desmayada, si no algo peor. Miró a su alrededor intentando buscar algo con qué ayudarla, la sangre de la joven se hayaba cerca, en un recipiente transparente...se acercó a él tomándolo en sus manos, pero resbaló...la sangre manchó el suelo...todo estaba derramado.
- ¡ Mierda¡ No, Aeris, no permitiré que mueras de ésta forma!
Sólo había algo que pudiese ayudarla. Una trasfusión. Sin pensarselo, inyecó los tubos que había apartado de los brazos de Aeris de nuevo, y a la máquina, solo que esta vez, era él quien donaba su sangre a la extrana máquina. Y ésta se la pasaba a la joven Cetra...mientras notaba que la sangre se le iba sonrió, esperanzado, a través de unas lágrimas que se le escapaban al ver que Aeris recuperaba el color de sus mejillas...ahora era él quien estba cada vez peor pero no le importaba. Moriría si era necesario pero Aeris viviría, envejecería y sería feliz. Era su culpa si se hayaba en esa situación, por haber confiado en Anais...en esa chica a la que ahora deseaba la peor...pensativo, mientras miraba a la Cetra, se preguntó por qué le odiaba tanto...seguramente porque había llegado tarde, por haber sido un estúpido...ella ya no sentia nada por él...entonces..¿ qué sería de él?
Estuvo asi mucho, mucho tiempo, hasta que consideró que era suficiente. La joven aún estaba desmayada, se acercó a ella, la besó en la mejilla con suavidad, y despues tomándola en sus brazos abandonaron el edificio Shinra. Fuera, Avalancha sonrió al verlos, aunque su gesto desapareció cuando vieron la gravedad de Aeris.
Sefirot les explicó que Rufus había mueto, que eso significaba el fin de Shinra, y que la pobre Aeris estaba muy débil por la sangre que había perdido. Les tranquilizó diciéndoles que ahora portaba su sangre y que se recuperaría. Aquello enfadó a Cloud:
- Por tu culpa por poco se muere. Tu y tus confianzas con Shinra
- Cloud, ya sabemos que Anais le engañó, no seas tan duro con él - cortó Red 13.
- Cloud tiene razón.
Todos le miraron boquiabiertos. Sefirot posó a Aeris en una cama dentro de la cabina y la tapó con suavidad. Despues se volvió hacia el grupo.
- He sido...lo que hice es vergonzoso. Abandoné a Aeris para protegerla desde dentro cuando debería haberme mantenido cerca de ella, sin quitarle la vista de encima ni un instante.
Silencio. Todos escuchaban.
- Ahora, por mi culpa, ellla...mirad en qué condiciones está. Lo más probable...- rectificó diciéndole.- Es un hecho, el que cuando despierte, me odiará tanto que no volverá a dirigirme la palabra. Lo que le ha sucedido es por mi culpa. Además, ahora Rufus está muerto. Ya no debeis preocuparos por Shinra, no hay nadie que pueda sustituirle. Más de la mitad de la armada ha dejado de existir...yo acabé con ellos para llegar a Aeris.
- Sefirot¿ qué estás intentando decirnos? - preguntó suavemente Tifa, y los demás aguardaron.
- Me voy. Ya no me queda nada por hacer.
- ¿ A dónde irás? - fue Cid quién habló. - Despues de todo, tu la has salvado y has plantado cara a Shinra.
- Casi se puede decir...que eres uno de los nuestros - concluyó Reeve.
Sefirot casi sonrió escuchándole, sin embargo dijo:
- El Planeta está a salvo ahora. Ya no hay amenazas, mi tiempo en la Tierra duraría hasta este mismo momento. Lo que significa...que me vuelvo.
Todos comprendieron. No sabían que decir, incluso iban a echarle de menos.
- Aeris tiene derecho a despedirse - dijo Barret, a regañaientes, aunque no le caía bien Sefirot reconocía que se había portado valientemente y les había ayudado mucho.
- Es mejor asi. Cuidad de ella...- posó su mirada en Cloud.- Confio en ti.
Cloud se sintió turbado, sobre todo por la expresión de Tifa al oir aquello aunque respondió:
- Lo haré...no te preocupes.
- Cid¿ quieres aterrizar? Quiero irme ya.
Cid obedeció aterrizando en un paraje nevado. Estaba amaneciendo, iba a ser un día soleado y expléndido. Sefirot miró una vez más a Avalancha y después se alejó a través de esa nieve, dejando huellas trás él. Huellas profundas, al igual que las que había dejado, sin querer admitirlo, en los corazones de los miembros de Avalancha...especialmente en el de una joven muchacha que en esos momentos dormía, queriendo morir, al creerse traicionada por una persona que le importaba mucho y que la estaba abandonando para siempre.
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Nota¡¡ siento mucho no haber actualizado, esque no tenía ideas y estaba muy ocupada!! lo siento realmente, ahora la inspiración a venido y estoy bastante satisfecha con éste capítulo, intentaré actualizar para el lunes de la semana que viene, hasta pronto!
