CAP 36
El domingo por la mañana Hermione desayunaba bien temprano y sola en el Gran Comedor, como ya era su costumbre los fines de semana, animada de poner en marcha todos sus PLANES y convencida de que todo iría mejor de ahora en adelante.
- Buenos días, qué hace levantada Sta Granger? No pretenderá ir hoy a trabajar – dijo Minerva McGonagall, cuyo insomnio senil era bien conocido por los miembros de Gryffindor.
Hermione se quedó a cuadros.
- Por qué no habría de hacerlo? – dijo ella.
- Después de lo sucedido ayer, no creo sea prudente que asista hoy con una cicatriz tan reciente en la mano. Quizá toque Ud algo que sea perjudicial – dijo la directora.
Hermione manejaba todo tipo de ingredientes… y en efecto, sus manos tocarían muchas cosas… pero no veía suficiente motivo para faltar.
Además, entre los errores que cometía y por los que "la echaban" y ahora esto… serían demasiadas faltas…
Pero lo que más le jodía era, que justo después de haberse propuesto seguir los planes - JUSTO ANOCHE COÑO - para cumplir objetivos… ahora la sobreprotección de la directora volvería a impedirlo.
Es que si no era una cosa… era otra.
- Seré cuidadosa – dijo ya en un último intento de mantener el plan… aunque con poca esperanza. McGonagall era rígida cuando tomaba decisiones.
- No lo dudo, pero no veo por qué correr riesgos. Por un día que falte no creo que exista algún problema. Escribiré a su jefe comentándole los motivos – dijo la directora y disponiéndose a marcharse.
Hermione casi entra en pánico. Podían pasar varias cosas:
Opción A: escribía y no pasaba nada... Recibían una carta en el salón de madame primpernelle en el callejón diagon… pensarían que la vieja se había vuelto loca y la ignoraban por completo;
Opción B: respondían diciendo la situación real: "Hermione sólo firmó aquí un contrato"… aquello no era aceptable.
Opción C: que fuera el supervisor quien respondiera diciendo lo inútil y vaga que la consideraba… diciendo todas las veces que había salido antes del trabajo por los errores cometidos… y este no era un riesgo que ella quisiera exponerse a correr
- No se preocupe directora – dijo tratando de controlar la premura que sentía en que la directora accediera – yo avisaré, no habrá ningún problema… después de todo… es la primera vez que falto.
McGonagall pareció estárselo pensando… pero finalmente accedió.
Hermione se calmó… pero le duro poco. Seguía siendo un día menos de trabajo. "Maldita sea" – pensó resignada.
Al terminar de desayunar, volvió a su habitación. Gracias a la sobreprotección de la directora, ahora tenía un día libre.
Le avisaría más tarde a Ignatius que no iría al laboratorio… a esta hora estaba claro que no estaría despierto.
"Y tampoco lo veré a él hoy" – pensó decepcionada. Para que las cosas fluyeran por sí solas entre ellos dos… necesitaban pasar más tiempo juntos, pero los planes – suspiró – se venían abajo con tal facilidad, que incluso se preguntaba si era cuestión de destino.
No tenía ganas de empezar tan pronto con los deberes pendientes, así que cogió uno de sus libros de "ocio" y empezó a leer, hasta que el reloj marcó las 7:30am y Hermione pensó que era "buena hora".
- Ignatius
Nada
- Igantius, estás ahí?
Le pareció escuchar un gruñido.
- Ignatius? – dijo más bien en tono interrogativo… era él o un troll recién levantado.
Por fin apareció su imagen en el espejo.
- Dios… Hermione… qué haces despierta tan temprano? – preguntó con tono y cara de recién levantado.
Aquello era la bomba. Eran las 7:30 am… se suponía que a esa hora no solo ya tenían que estar en el laboratorio, sino que ya debían estar trabajando desde hacía 1 hora.
- Aun estabas dormido?? – preguntó con sorpresa Hermione, aunque en el fondo ya sospechaba, desde el primer llamado, que Ignatius seguía en cama.
- Que observadora – dijo él sarcásticamente
Ante la afirmación tácita ella se indignó: - Eres increíble!
- No – dijo desperezándose – Increíble es que ALGUIEN AQUÍ – pausa – reconociera tu voz incluso a través del espejo.
Hermione no entendió. Además lo dijo en un tono que tampoco supo interpretar: - No entiendo – confesó ella.
Ignatius echó hacia atrás el espejo, ganando campo de reflexión. Apareció reflejado a "QUIEN" se refería.
Y ahora Hermione SI que entendía.
Y no solo entendía, sino que su cuerpo respondió con una furiosa contracción en su bajo vientre y de sus músculos perineales.
Ignatius se sintió complacido de si mismo con el rostro de Hermione al ver su erección matutina. Le estimulaba sorprenderla, ser quien marcaba la pauta.
- Ya Entiendes – no era una pregunta.
Hermione tuvo que aclararse la garganta. Pero aun así no emitió ni una palabra.
Ante sí veía el dorso más escultural que podía imaginar. En piel ligeramente bronceada, unos músculos abdominales bien definidos se perdían en boxers negros que formaban una carpa para acampar… digna de un mundial de quidditch. Luego de unos segundos reaccionó:
- No creo que me reconociera… es más bien que ÉL, a diferencia de ti, SI sabe qué hora es. Trató de cambiar el tema y entrar en campo seguro – Te hablé para decirte que hoy no iré al laboratorio.
Volvió a aparecer el rostro de Ignatius en el espejo… junto a su cuello masculino, sus poderosos hombros y pectorales delineados.
- Yo tampoco iré, tengo algo qué hacer aquí… Y claro que te reconoce – hizo una pausa con una sonrisa de sex symbol – sabe quién le causó la decepción de ayer. Su tono en plan reproche seductor.
Hermione no sabía qué decir. Se sentía sobrepasada por el nivel de erotismo que tenían las palabras de él. No tenía, ni su experiencia ni su audacia… pero no quiso quedarse atrás.
Se armó de valor y entró al juego: - quizá no fue ÉL el único decepcionado – dijo dejando implícito que compartía el deseo.
- Así se habla – dijo Ignatius con la sonrisa aun en los labios – quizá deberías ofrecerle una disculpa.
Al decir esto, Hermione vio que parecía estarse incorporando de la cama.
Ignatius dejó por un momento el espejo en algún sitio y Hermione pudo ver un poco de la habitación donde estaba.
No había imaginado eso.
En realidad tampoco había imaginado algo en concreto… pero vista la zona donde estuvieron… no hubiera esperado una habitación tan moderna y hasta lujosa como la que parecía verse en el pequeño espejo: era amplia y contrastaba colores negros, plata y turquesa entre la cama enorme, la alfombra y los muebles… todos de diseño italiano.
- Ya he vuelto – y volvió a aparecer su rostro en el espejo… pero no duró mucho ahí.
Volvió a dirigir el espejo a su entrepierna y esta vez… Hermione no pudo mantener cerrada la boca.
- Pero qué? – dijo con voz medio ahogada y sin poder terminar la frase – Merlin… tu…
Ella había pensado que la polla de Ron era grande?
Si… Lo había creído.
Pobre ingenua inexperta y desconocedora del mundo.
Lo que veía ahora no podía ser una polla… debía ser un obelisco. Se apresuró a coger su varita y lanzar un muffliatus y un hechizo desilusionador alrededor de su cama. Aquella no era una visión para compartir con sus "aun durmientes" compañeras de habitación.
Su verga se manifestaba en toda su potencia y la apuntaba amenazadoramente… sus gruesas venas dilatadas al máximo, su roja cabeza cubierta en parte por esa piel deslizable y con las primeras gotas de preseminal humedeciéndola. Ignatius estuvo tocándose por unos minutos.
Hermione vio cómo apretó el tronco del pene y salió una gota de preseminal más grande que las que habían salido antes. Aquella gota brillaba como si fuera una esfera de cristal, amenazando con caer dejando tras de sí un largo hilo cristalino.
Hermione tenía el pulso bastante acelerado y un calor abrasante en todo el cuerpo… que desde luego, no eran reacciones al clima del Castillo. Casi podía percibir el aroma de su piel. Su mente la sorprendió con la curiosidad acerca del sabor de aquella gota. Se ruborizó tanto que pudo sentir la sangre acudiendo a su rostro con violencia.
Ignatius pronto empezó a bombear con su mano, abajo y arriba. Su respiración era lo suficientemente alta para que ella la escuchara a través del espejo.
- No sabes todo lo que quiero hacerte – dijo Ignatius. Hermione podía jurar que su sexo se dilató ante esas palabras.
Tenía la garganta seca, pero no pudo decir nada porque ya no pensaba en nada. Sus ojos abiertos de par en par sin poderse despegar de aquella visión tan excitante... de aquella carne tierna y dura, pero al mismo tiempo con esa piel tan suave. Hermione sentía un hormigueo en sus manos, como si desearan ser ellas las que realizaran el trabajo.
Con la otra mano libre, él empezó a acariciar sus bolas, estirando los testículos y también realizaba exploraciones hacia sus tetillas.
- Podría entrarte ahora mismo… tan bien…- su voz muy ronca, mientras continuaba con su mano cada vez más rápido
- Estás mojada verdad?- le preguntó
Hermione no contestó a eso. No decía nada. Se sintió expuesta… no podía articular palabra alguna… pero eso no evitó que se le escapara una exhalación bastante profunda, que liberó en parte la presión que sentía en el pecho.
Ignatius interpretó eso como una respuesta afirmativa.
Y estaba en lo correcto.
Era claro que si seguía hablando… aquello sería un monólogo. Movió el espejo y ahora Hermione le veía el rostro. Los ojos de Ignatius brillaban de excitación, tenía los labios entreabiertos y el rostro relajado de placer.
- Dime… te has tocado pensando en mi?
Ella intentó tragar la saliva que no tenía y desvió la mirada… no por mucho tiempo.
- Si lo has hecho – aseguró él… y luego de un momento agregó – quiero verlo.
- Qué? – la pregunta escapó de los labios de Hermione en un tono lastimero y casi sin voz.
- Sabes que vas a hacerlo… si no ahora… luego… yo quiero verte y no tienes porqué esperar.
Su voz era entrecortada… las palabras alternaban con respiraciones sonoras y un poco superficiales.
Hermione miró a su alrededor buscando respuestas en el aire… que por supuesto no habían. Las chicas seguían dormidas y había puesto un desilusionador… pero ella igualmente podía verlas.
La sensación de lo indebido, además de ver el rostro de Ignatius lleno de placer y su masturbación la tenían a mil. Su sexo estaba más que mojado, ella también tenía la respiración acelerada, estaba francamente "acalorada" y con esa "inquietud" de la necesidad gritando por ser satisfecha…
Ignatius tenía razón… luego de verle a él, haría lo mismo… ahí en su habitación, en el baño o dónde fuera… estaba bastante claro.
Desabrochó y bajó un poco sus vaqueros con su mano derecha. Llevó su dedo corazón hasta su clítoris… estaba empapada y cálida. Empezó a frotarlo en círculos y enseguida entreabrió los labios.
El insistió: - Quiero ver cómo te acaricias, vamos pequeña, quiero ver tus ojos llenos de deseo y tu piel brillar cuando sudes por la excitación...No te haces una idea de lo que me gustas…
"Quiere ver cómo yo…? Realmente quiere… VER" – pensó ella sobresaltada y en medio de una oleada de pudor.
Ignatius forzó más: - Aleja el espejo Hermione… e inclínalo hacia abajo un poco… quiero ver lo que he tenido en mis manos… quiero ver donde han estado mis dedos… los recuerdas, verdad?… recuerdas mis dedos Hermione?
Hermione estaba desbocada con sus palabras. El pudor se había marchado…
Su mirada, su rostro, sus palabras… lo que pedía… la hacían sentirse deseada, sexy, incluso poderosa de causar en semejante hombre tal deseo y erotismo. Y ya no podía ni quería negarse.
Se estaba pensando cómo colocar el espejo cuando el crujido de una cama a su lado la hizo voltear y casi le provoca un infarto.
Ginny se estaba levantando… si veía que TODA LA CAMA de Hermione había desaparecido – por efecto de la desilusión – algo raro sospecharía.
- Qué pasa? – preguntó Ignatius al ver la cara de alarma de Hermione
- Alguien viene – dijo ella – tengo que irme
- QUEEE? – grito él.
Alguien debía haberlo maldecido en la puta cuna!
- MALDITA MALA SUERTE – dijo claramente frustrado.
- Lo siento Ignatius, debo irme. Adiós – dijo Hermione apresurándose a esconder el espejo, acomodar su ropa y revertir el hechizo.
Realmente Ginny merecía mínimo un cruciatus por tal interrupción.
- Buenos días Herm – dijo la pelirroja ajena a todas las maldiciones que estaban pasando por la mente de Hermione en ese momento –
- Si… buenos días – respondió con poco convencimiento. Su YO interno quería responder: "eran buenos hasta que tu interrumpiste COMA perra"
Al oír el tono de Hermione, Ginny se sintió incómoda. – una mala noche? – preguntó tratando de encontrar explicación a la situación.
- Supongo.
- Veo que lo del club de pociones se resolvió – dijo mientras veía la mano izquierda de Hermione – Neville me contó lo que pasó.
Hermione ocultó su otra mano que segundos antes estuvo ocupada en ciertos menesteres.
Ese movimiento no pasó desapercibido para la pelirroja.
- Si… me hicieron una pequeña cirugía – dijo Hermione sin más. El recuerdo de aquella tortura bajó un poco su excitación previa.
Ginny seguía observando a Hermione.
Desde que empezaron el colegio no la veía en la habitación los fines de semana… hoy estaba aun en cama, su cabello incontrolable… parecía aun tener el molde de la almohada, llevaba la camiseta desordenada por fuera de sus vaqueros, estaba ruborizada levemente… y …. Sus labios estaban hinchados?... y acababa de esconder su mano?
Ginny supo lo que pasaba... quizá porque cada ladrón juzga por su condición… o porque no había que ser muy listo para concluir.
- Y qué vas a hacer hoy? – preguntó la pelirroja… tirando una verde para recoger una madura – dijiste que tenías planes
Hermione rio internamente ante aquello…
- No… al final no pude concretar nada – respondió vagamente, pensando en que eso de "no concretar" con Ignatius estaba acabando con la paciencia y los nervios de ambos.
- Ahh… ya veo – dijo Ginny por decir cualquier cosa. Para ella era obvio que por la mente de Hermione estaban pasando muchas cosas – hoy es un gran día, hay visita a Hogsmeade y veré a Harry… lo extraño tanto!... hace un mes que no estamos juntos – dijo a ver si Hermione picaba.
Y picó.
Hermione necesitaba hablar con alguien. El deseo desenfrenado que tenía por Ignatius a veces – o más bien siempre - nublaba su juicio y olvidaba los pequeños detalles que le molestaban de cómo le trataba o sus dudas al respecto. No sabía cómo controlar impulsos… ni siquiera creía que fuera posible controlarlos, llegado el punto donde estaba.
No podía negar que lo deseaba. Y NO era algo malo. Era una decisión libremente tomada, ella se sentía preparada y creía firmemente que la situación estaba dada para que todo fluyera.
Aun así, sería su primera vez… y a pesar de sus 23 años (incluyendo giratiempos)… su inseguridad le hacía necesitar una segunda opinión que le diera una palmada en la espalda.
- Ginny, jhumm – se aclaró la garganta – puedo preguntarte algo?
"Aquí viene" – pensó la pelirroja, notando que su señuelo había funcionado.
- Lo que quieras
- Cómo supiste que querías estar con Harry… es decir… la primera vez, cuándo supiste que ya era hora? – Ginny puso tal cara de sorpresa que Hermione se acobardó un poco – no quiero que pienses… que creas que … es decir, por favor… no lo pregunto por chisme… por favor.
Entre los nervios de esta conversación y la excitación interrumpida/no saciada del momento previo, Hermione no formulaba frases correctas al primer intento.
- No – se apresuró a contestar Ginny – yo no creería eso de ti Herm, te conozco – dijo muy segura – es sólo que me he sorprendido por la pregunta.
Hermione se sintió un poco estúpida. Ginny era menor que ella… y ella estaba acudiendo a consultarle sus dudas en sexualidad.
Era un poco ilógico… pero a quién iba a preguntar? Parvatti y Lavender por supuesto estaban descartadas.
Hermione pensaba que preguntar a Ginny quizá no era lo más sensato; pero siempre era mejor que ir donde McGonagall o Madame Pomfrey.
- Pues… verás… lo sabes. Es algo que surge y sabes que estás lista… porque no quieres parar… y estás con quién te hace sentir tan especial… y que a la vez es tan especial para ti… sabes que vas a pasar el resto de tu vida con él… y … no se Herm… lo sabes porque lo sientes.
- Ya – dijo Hermione al tiempo que pensaba "Vaya mierda". Cómo esperar otra respuesta de Ginny?. Harry era el amor de su vida y estaban comprometidos y todo el rollo… la situación de Herm era distinta… la pregunta era distinta!
- Te he ayudado con mi respuesta? – preguntó la pelirroja al ver el rostro de duda de Hermione.
- No lo sé – hizo una pausa – es que… es distinto.
- Entiendo – dijo la pelirroja, poniendo a funcionar su mente en elaborar hipótesis con los pocos datos que tenía.
- No sé si lo que siento es lo que dices… pero lo siento – continuó Hermione con ambigüedad.
Ginny pensó en lo que la pilló haciendo.
- Sé a qué te refieres – sonrió con complicidad y picardía – a veces el cuerpo grita sin usar palabras.
Hermione rio un poco sintiéndose comprendida.
Ginny continuó: - No es bueno ignorarlo… quizá debas intentarlo.
- Quizá… si – concedió Hermione suspirando y sin precisar.
- Y Quién es el afortunado? – preguntó sin poder aguantar el confirmar su hipótesis única.
Hermione dudó. Y eso se vio reflejado en su rostro.
Cómo decir de quién se trataba?...
No podía… Tendría que decir lo de su trabajo y McGonagall lo había prohibido.
- No lo conoces – dijo.
Ginny vio coartado su plan de corroboración y empujó un poco. – Ahh – dijo en tono casual – Está en Hogwarts? – si Hermione respondía eso, podía valerle como pista
- No – contestó Hermione sin titubear y rápidamente.
Ginny sonrió. Ya sabía quién era.
No podía ser nadie más fuera de Hogwarts.
Pero ya que Hermione parecía querer ocultarlo. Ella siguió con el juego de "no saber".
- Y a qué se dedica? – preguntó Ginny sabiendo que Hermione no iba a contestar… No lo haría porque contestar diciendo: es jugador de quidditch… equivalía a decir Ronald Weasley desde el inicio.
Hermione sintió un rubor llenarle el rostro.
No quería decir a qué se dedicaba Ignatius.
Cómo decirle a Ginny… la prometida de Harry Potter: el niño que vivió, salvador del mundo mágico, maestro de la muerte y futuro Auror… que ELLA, Hermione Granger, integrante del Trio de Oro y supuestamente la bruja más brillante de su edad y de todo Hogwarts… había perdido la cabeza por un mago que no alcanzó a entrar en Hogwarts por magia insuficiente, que trabajaba en un antro del callejón Knockturn como ayudante de mezclador de pociones, sin más aspiraciones que vender productos en el mercado negro… y que a la vez trabajaba, en un negocio muggle en uno de los peores barrios de Escocia y con mayor delincuencia de todo el Reino Unido, como mecánico y vendedor de electrodomésticos de segunda mano?... AHHHH… Pero eso si!... QUE ESTABA PA´ PARAR UN TREN!
Cómo se dice eso?
La verdad es… que no lo dices.
Hermione se sintió mal por pensar así de Ignatius.
"No debo ser tan superficial" – pensó. Ese tipo de intereses eran más propios de Lavender que de ella.
"No debería importarme en qué trabaja" – se recriminó – "Un trabajo es un trabajo, mientras sea honrado… y yo trabajo con él" – se dijo.
Ella respetaba la opinión de Ignatius… era muy lúcido en muchas cosas….
Si bien en otras se mostraba muy poco culto… y con poco interés de cambiar eso.
Pero para engañar a otras personas… empezamos por engañarnos a nosotras mismas.
Hermione se prohibió pensar o juzgar a Ignatius o a cualquier otra persona por su oficio.
Aunque de todos modos… no pensaba decir ni una palabra a Ginny.
Ginny al ver el tiempo que demoraba Hermione en responder… o más bien… el tiempo que demoraba en NO RESPONDER… como ella esperaba; llegó a asustarse.
Temió que su esperanza de que todo volviera a ser como antes se viniera abajo.
- Por qué quieres saber a qué se dedica? – por fin dijo Hermione, tratando de bypasear la pregunta de Ginny con otra.
- Por nada Herm – dijo Ginny aliviada y con una sonrisa que le iluminó el rostro – solo fue curiosidad… no hace falta que digas nada. Tu déjate llevar por lo que sientes y disfruta… todo saldrá bien – dijo mientras se levantaba de la cama y abrazaba a Hermione.
Hermione agradeció el gesto… pero sobretodo, que no siguiera presionando por saber. Se tranquilizó y se alegró porque Ginny tenía razón… todo saldría bien.
- Te dejo… debo empezar el día – dijo Ginny mientras salía de la habitación. Bajó las escaleras hasta la Sala Común corriendo.
Ginny estaba feliz… había esperanza para Ron y Herm.
Cogió polvos Flu e inmediatamente estableció comunicación:
- Ron… no vas a creerlo!...
