Cerbatos
Harry respiró hondo mientras se movía como gato enjaulado al interior de la habitación. Se sentía estúpido, aquel atuendo al estilo "Príncipe Feliz" no le agradaba para nada y además era sumamente incómodo para moverse, ¿cómo podría pelear así?
Unos nuevos trompetazos anunciaron el cierre de las puertas, dio un tremendo salto cuando estas retumbaron por cada rincón del palacio, sus nervios estaban colapsando.
Respiró rápidamente, agitado, con el corazón palpitando en su traquea, jamás creyó que el día llegaría tan rápido. Aunque si era sincero, el temor que lo agobiaba no era por la batalla en sí, no, era por aquel maldito matrimonio. Si hubiese sido por él, habría corrido a enfrentarse con Candeviere que probablemente ya se encontraba instalado en su asiento cerca del altar. Incluso, si Voldemort hubiese revivido en ese mismísimo instante se habría lanzado sin ninguna protección contra él. Cualquier cosa era mejor que casarse con Elisa, aunque fuese una boda falsa.
Dos nuevos trompetazos y Harry volvió a saltar agarrándose el corazón con la mano derecha. Se aferró a un estante y maldijo por lo bajo. Jamás había estado tan histérico, si las trompetas seguían sonando estaba seguro que le daría un ataque cardiaco ahí mismo. A penas podía sostenerse sobre sus piernas, parecía un niño y por lo mismo se sentía idiota. ¿Cómo podía flaquear en esos momentos? Había enfrentado peores situaciones y jamás se había sentido tan intimidado como ahora. O tal vez, era porque Leelah, la tercera hermana de Elisa, había comentado hace unas horas que el vestido de la novia parecía un hermoso merengue rosa. Sólo imaginárselo le provocó dolor de estomago.
Tragó saliva un par de veces cuando la voz del chambelán se propagó por cada pared del palacio anunciando la entrada de unos condes y del embajador de Francia. Si recordaba bien, después de los invitados de honor entraba la Reina, y después de la reina… era su turno.
La puerta sonó suavemente y una mujer de cabello claro y que vestía un hermoso vestido de ceda color verde botella entró en la habitación seguida de dos soldados, o al menos eso parecían.
-¿Estás listo?-Le preguntó con una sonrisa que dibujaba unas suaves arrugas alrededor de los ojos. Harry simplemente asintió.- Te ves terrible, ¿Estás bien?
-Sí Marie, estoy muy bien…. Bien.-Le contestó inhalando aire al mismo tiempo.- Sólo estoy nervioso… Es primera vez que me caso.-Intentó bromear.
La mujer estalló en una carcajada y se acercó a su oído aún riendo.
-Créeme, la segunda vez es igual.
Harry apretó los labios intentando sonreír, porque la verdad era que no sabía si reír o mejor quedarse callado.
Marie, era la hermana mayor de Elisa y la más adulta de las cinco hermanas, se había casado dos veces y ya tenía cuatro hijos, tres del primer matrimonio y uno del segundo. Aunque su vida sonaba un total disparate y el sólo escucharla hablar hacía sacar conclusiones de que no estaba bien de la cabeza, lo cierto era que de todas las hermanas ella y Juliane, la penúltima antes de Elisa, eran las más tranquilas y cuerdas de toda la familia Parkerville. Eso, sin mencionar que Marie hacia magia a escondidas.
-Tenemos que escoltarlo.-Le dijo uno de los soldados, guardia, o lo que fuera. Era muy alto y su traje azul repleto de medallas le daba un aire imponente al cual no podía negarse por miedo a ser estrangulado.
-Sí, vamos…-Dijo acomodándose la capa que le habían puesto con la intención de demorarse un poco más.
-Anda, la novia es la que debe retrasarse no el novio.-Bromeó Marie y Harry lanzó una risa estúpida delatando su estado de ánimo.
-Delante de nosotros.- Ordenó el otro guardia, Harry asintió y se coloco entre ambos hombres que le pasaban por dos cabezas o más. Escuchó como hacían unos extraños movimientos y se espantó cuando se giró y vio que ambos soldados empinaban unas filosas espadas.
-¡Marchando!-Gritó el otro, Harry saltó otra vez justo cuando las trompetas sonaron de nuevo y el guardia lanzó su grito. Pero esta vez, el sonido era el característico de presentación para la reina. En pocos minutos más era su turno, sólo le faltaban un par de escalones para hacer su entrada y casarse.
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Ginny se apareció girando como un rombo en el interior de una habitación con una tremenda cama de doseles. Se tambaleó y cayó al suelo sintiendo un horrible retorcijón de estomago que la hizo vomitar sobre la alfombra. La cabeza le zumbaba y sus ojos los sentía apretados y hundidos, jamás se había aparecido así, con tanta rabia acumulada.
-Estoy bien, estoy bien…-Se dijo así misma intentando serenarse para que su hijo no se traumara.-Ahora me oirá tu padre…-Gruñó.
Se tambaleó un poco al momento de ponerse de pie y tuvo que afirmarse a uno de los pilares que sostenían el dosel de la cama. Parpadeó y enfocó la vista para observar dónde se encontraba. La habitación era un espacio amplio con muchos muebles y adornos decorativos, en el centro del techo caía una gigantesca lámpara de lágrimas con ganchos dorados, y grandes ventanas eran cubiertas por cortinas transparentes de seda.
Se masajeó la frente y contempló su vómito sobre la alfombra que tenía toda la pinta de ser persa. Al principio se sintió culpable y encontró incluso la situación un poco cómica, pero cuando sus ojos fueron a parar sobre un mueble de roble lustrado, cambió de parecer. La fotografía de Elisa y Harry abrazados sólo indicaba que aquella habitación iba a ser la de los recién casados, entonces no le importó en lo absoluto el desastre de la alfombra, mejor aún, podía dejar todo el lugar hecho un desastre si quería. Pero no lo iba a ser, no porque no quisiera, si no, porque detrás de todo ese estúpido escenario elegante existía una cruel mentira en la que hasta Elisa era víctima.
Unas trompetas retumbaron en las paredes y Ginny se tambaleó cayendo sobre la cama. La voz de un hombre anunció alto y pronunciado el nombre de Harry Potter, y algo más que no alcanzó a entender porque su cerebro ya no procesaba la información.
Su corazón latió tan fuerte que la misma habitación comenzó a temblar, tanto, que la lámpara de lágrimas cayó haciéndose trizas en el suelo.
Cuando todo dejó de moverse se concentró en el ruido, pero no había nadie gritando, no se escuchaban quejas ni gritos de espanto por el temblor. Al parecer su magia sólo funcionaba cuando ella estaba presente en el lugar.
-Maldición.-Se quejó yendo hacia la puerta. La abrió y se asomó por el pasillo que era un tremendo espacio repleto de cuadros y de más lámparas de lágrimas iguales a las que había destruido. Rodó los ojos cuando se fijó en los detalles de los muebles, las vasijas de bronce, y la alfombra roja que cubría todo el suelo.
Cerró los ojos, como si con eso pudiese distinguir el ruido, y funcionó. El eco de un hombre se propagó hacia el final del pasillo donde había una escalera. Frunció el ceño y corrió hacia esa dirección deteniéndose un momento frente a un enorme espejo. Se miró fijamente y movió la cabeza de arriba hacia abajo: Aún andaba con el piyama puesto, su cabello estaba totalmente enmarañado y su cara marcada con surcos rojos productos de las lágrimas.
-¡Ah, no importa!
Sin fijarse en su apariencia corrió sin parar hacia la escalera bajando los escalones de dos en dos.
Cuando llegó a mitad de camino descubrió que esa escalera era la misma por donde había bajado para el compromiso de Harry con Elisa. Su estomago se revolvió y siguió bajando hasta llegar al salón dónde había un camino marcado por una alfombra verde oscuro y pilares con enredaderas de flores. La voz provenía desde el otro extremo del salón. La ceremonia era en el ala Este, justamente.
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Harry intentó caminar tan lento como podía. Odiaba sentir tantos ojos sobre él, siempre lo había odiado y ahora era el centro de atención más que nunca.
Marie era su escolta, y un par de niños revoltosos de entre doce y cuatro años la saludaban desde los asientos que estaban al lado del altar. El chico intentó distraerse observando a la hija menor de la futura reina, que llevaba un ramo de flores, pero no le funcionó, ya que sus ojos se fueron de inmediato hacia las demás hermanas y apretó los labios. Todas llevaban vestidos lavandas y con mucho detalle de encajes que las hacía parecer Barbies baratas. Tragó saliva y optó por mirar una copa sobre el altar, el sin fin de emociones acumuladas lo hacía sentir un convicto caminando hacia su condena. Se imaginaba cómo estarían riendo los gemelos, incluso Ron y la cara de fastidio de Ginny que sólo le hizo sentir peor. Pero para cuando miró hacia el lugar donde debía estar sentada su familia el agujero del estomago se hizo más grande.
-¿Dónde están?-Susurró.
-Mirada hacia el frente y callado.-Le aconsejó Marie con una sonrisa de dientes apretados.
-Estaba buscando a mi familia.-Le contestó con la misma mueca mientras le sonreía a la Reina, quien no le quitaba los ojos de encima.
-No los he visto.-Le dijo Marie casi como ventrílocua, porque sus labios apenas se despegaron.
-No puede ser.-Dijo desesperado, cometiendo el grave error de mirar hacia el lado. Marie lo tiró por el brazo obligándolo a caminar hacia el frente.
-Deben estar por ahí.-Le dijo con la voz más baja, Harry notó que su sonrisa era más forzada que nunca, por supuesto que intentaba cubrir el error que había cometido al salirse del protocolo.
Pero al chico no le importaban esos detalles, su familia no estaba presente y aunque el matrimonio era una total farsa esperaba que ellos estuviesen ahí para apoyarlo.
A pocos pasos del altar Harry se resignó. Suspiró y comenzó a fijar sus ojos hacia la derecha intentando parecer casual. Cuando Marie se quedó a su lado, como buena madrina que era, el chico se liberó de sus reglas y pudo comenzar a buscar entre las cabezas. Si bien no encontró a los Weasley, lo que era lógico porque no distinguía ninguna cabellera roja entre la multitud, si distinguió la razón por la que se encontraba ahí.
Candeviere esperaba muy elegante y apuesto de pie tras la reina, la que vestía algo más parecido a una túnica que un vestido.
Los ojos de Harry se achicaron, el hombre parecía uno más entre los invitados, pero ambos sabían para qué estaba ahí, y él lo confirmó cuando el ministro giró su cabeza hacia la derecha para observar con ansiedad una puerta con arco de madera.
Nuevamente las trompetas sonaron y el mismo hombrecillo que lo había anunciado el día de su compromiso se colocó frente a la puerta principal para anunciar la llegada de Elisa.
Harry se puso blanco, olvidando a Candeviere por completo.
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-¿Estás seguro?
-Totalmente.
-Entonces agárrate.
El caballo dio una fuerte sacudida hasta que todo alrededor se transformó en una mancha. Tiare sintió como Morgan se aferraba a su cintura con fuerza mientras Iriki corría rompiendo las barreras del tiempo. Ella lo sabía, sabía que estaba nervioso, que iba a una batalla con un final escrito, pero que por sobretodo temía por su padre. Lo entendía, lo comprendía, a nadie le gustaba la idea de asesinar a su propio padre, y para Morgan sin dudas que debía ser un terrible dilema existencial.
-¡Al sur!-Se oyó la voz de Uzume entremedio del revuelo de manchas guiando al resto del grupo.
-¡Vamos!-Gritó Tiare en el oído del animal para que cobrara más velocidad, a su alrededor todo se volvió aún más borroso que antes y sintieron como el oxigeno se les acababa.
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El chico se movió con lentitud y contempló al sol esconderse tras las colinas. Una mano joven se posó en su hombro pero él no se giró.
-Está noche correrá sangre inocente…-Susurró con lástima.
La chica no le quiso hacer caso a tal comentario, cerró los ojos y suspiró.
-No hay que ser pesimistas…-Le dijo con calma, esta vez, él se giró.
-Soy realista, ya lo vi, ya sé qué va a suceder. -Insistió tajante.
-Tal vez es producto de tu imaginación a causa de los nervios.- Dijo la chica incómoda.
-No lo es.-Contestó fríamente, estaba acostumbrado a tales tratos a causa de su edad, y también a que no confiaran en sus oscuras predicciones.
-Vi sangre, vi muerte y desgracias…
-¡Ya, detente Pax!-Le gritó la muchacha asustada- ¡No quiero pensar en que alguien va a morir!
-Va a ser un suicidio, alguien va a entregar su vida a causa de otra persona.-Susurró, y la chica no siguió insistiendo, ella lloraba.
-Eres monstruoso…-Gruñó.- ¡ni siquiera te me acerques!
-Me vas a perdonar al amanecer.-Dijo con una sonrisa triste.- Lo necesitaremos, habrá que estar juntos para lo que sucederá después.
-¡Él no va a ganar Pax!
Pero el chico no volvió a contestar, se quedó contemplando la luna que comenzaba a brillar en el cielo rojizo.
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Frunció los labios un par de veces al sentir esas punzadas al corazón que llevaban atormentándolo tanto tiempo. Se distrajo observando sus negros guantes de cuero para olvidarse del problema, pero la atracción por la puerta contigua era más fuerte.
Una mujer se sentó a su lado y la contempló de reojo, era guapa, no una belleza exuberante, estaba entrada en años y llevaba puesto un vestido azul con escote sobresaliente algo grotesco, pero seguía manteniéndose impresionantemente bella, era Meredith Blancher, la condesa más amarillista de Londres .
Sonrió para sus adentros cuando la mujer le coqueteó disimuladamente, tal vez, después de hacerse al poder podía tener una nueva esposa, claro que primero debía hechizarla para tales motivos ya que nadie querría casarse con un demonio.
Inhaló profundamente y su corazón se apretó, las horas avanzaban, dentro de poco finalmente el mundo caería a sus pies.
Las trompetas resonaron y se irguió para demostrar importancia, en la puerta estaba Marie con Potter. Su sonrisa se curvo formando una siniestra mueca que tuvo que ocultar con una tos, pero el chico no estaba pendiente de él. Observaba nervioso hacia todos lados como si buscase a alguien, incluso notó cuando Marie se apretó más a su brazo para que mantuviera la vista al frente.
Fue cuando el chico llegó altar que dejó de buscar. La reina aún se mantenía de pie delante de él lo que significaba que el chico no lo miraría en ningún momento por miedo a hacer contacto visual con la mujer. Sonrió para sus adentros y disimuladamente contempló la puerta con arco de madera. Un calor irracional comenzó a sofocarlo justo en ese instante, aquello estaba seguro que debía suceder más tarde. Sintió terror, y desesperado se quitó los guantes de cuero al sentir que los dedos presionaban contra ellos, pero tuvo que volver a colocárselos. Las manos estaban rojas e hinchadas, las uñas se habían convertido en garras negras, y su corazón se había detenido.
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Draco corrió por el pasillo tropezando con varios magos a su paso que llevaban libros y pergaminos, no se detuvo a mirarlos y mucho menos a ayudar, su casa era el único propósito que tenía en la cabeza.
Subió las escaleras, ni siquiera tenía tiempo para tomar el ascensor, pero cuando llegó al cuarto nivel se sorprendido de que estuviera vacío. Miró hacia arriba donde estaba el cartel que indicaba los departamentos que habitaban esa sección confirmando que no se había equivocado, el departamento de aurores estaba ahí.
-¿Dónde mierda están todos?
Unas voces femeninas lo sacaron de sus pensamientos cuando se fijó que tres muchachas un poco mayores que él salían de una de las oficinas caminando por el pasillo.
-¡Hey, ustedes!-Les gritó. Las tres se dieron vuelta con el ceño fruncido ante tal grito pero la que dio la cara fue una chica que era extremadamente alta y de melena negra que enmarcaba su rostro triangular.
-¿Desea algo?-Le preguntó con autoridad, Draco retrocedió un paso pero no por sentirse intimidado.
-¿Dónde están los aurores?
-En reunión.-Contestó, Draco la miró fijamente.
-¿A qué hora se desocupan?
-Disculpa, eso es información confidencial, ¿para qué los necesitas?
-Información confidencial.-Contestó arrastrando las palabras, la chica colocó una mueca de disgusto mientras las otras dos los miraban inseguras.- ¿Acaso no sabes quien soy?
-No sé quien eres y no me interesa dado que ni siquiera se ha dado cuenta de quien soy yo.
-No me interesa.-Gruñó Draco.- ¡Soy Draco Malfoy! Mi padre estuvo años trabajando para este mugriento ministerio y aún así ni siquiera respetan el apellido.
-¿Malfoy?-Está vez a la chica se le borró la mueca transformando su rostro triangular en uno completamente amargo.- Sí, tu padre trajo dolores de cabeza para esta institución, y por supuesto que le brindó años al ministerio, trabajando para Voldemort.
Draco apretó los puños hasta que crujieron, las otras dos chicas exclamaron un grito agudo.
-Ivonne Crusseou.-Dijo ella elevando el mentón.- La nueva jefa de aurores nombrada así por el mismísimo Harry Potter, que por cierto fue quien mandó tu padre a la cárcel.
Draco no contestó, siguió mirando a la muchacha como si fuera la peor escoria que hubiese pisado la tierra.
-¿Puedo hablar con el ministro?-Preguntó intentando parecer calmado, el recuerdo de su padre en la cárcel por culpa de Potter sólo lo hacía sentir más molesto aunque Candeviere dentro de todo era quien lo había condenado.
-¿Marcel Von Candeviere?-Preguntó impresionada, y Malfoy notó como los ojos de la chica se apagaban lentamente.- Él no está aquí.
-¿Anda en la boda de la princesa sangre sucia, no?
-¡Más respeto infeliz!-Exclamó Ivonne apuntándolo con la varita.- Hace años que no aceptamos tales tratos a nuestros iguales.
Draco rió y levantó las manos mirando al suelo, como si la reacción de la chica hubiese parecido exagerada.
-Veo que no vas a ayudarme.-Dijo dándose la vuelta dejando a la chica con la boca abierta.- Voy a buscar a los aurores por mí mismo.
-¡Alto ahí!-Gritó Ivonne apuntándolo con la varita, Draco se detuvo rodando los ojos.- No te vas a entrometer en nuestro trabajo hijo de Malfoy.
Draco se giró con el ceño fruncido y una chica tras Ivonne dejo salir una risita.
-Marcel Candeviere me quitó mi casa y sólo quiero recuperarla, acabo de casarme y necesito un lugar donde vivir. Potter me prometió recuperarla pero por lo que veo a esta hora debe estar casándose, así que mejor intento solucionarlo por mis propios medios.
-Los aurores están ocupados, ven mañana.- Dijo Ivonne guardando la varita.
-¿Ocupados, aquí? ¿O están en la boda?
Ivonne no contestó, las otras dos chicas se pusieron serias. Draco río nuevamente.
-Lo sabía.-Dijo curvando la boca.- Fueron a buscar al ministro ¿no? Al parecer no podré recuperar mi casa hasta que Candeviere esté muerto.
-¡Arréstenlo!-Gritó Ivonne histérica.- ¡Planea matar al ministro!
Malfoy abrió la boca impresionado y apretó su varita antes de que un grupo de magos apareciera de la nada.
-¡Es un Malfoy!-gritó una de las chicas que estaba detrás de Ivonne, rubia y de nariz alargada.
Los magos se miraron entre ellos y apuntaron al chico con inseguridad.
-¿Ustedes son los aurores?
Uno de ellos asintió.
-Pues, deberían estar en la boda del siglo en lugar de estar aquí, encerrados como unos vagos sin nada que hacer.
-El jefe no nos ha dado órdenes…-Contestó uno, pero Ivonne le dio un fuerte codazo.
-¡Idiota! ¡Esa es información confidencial!
La cara de Draco se transformó en una mueca y sonrió con petulancia.
-¿Entonces sí lo saben? ¿Esperan órdenes de Potter para salir a la batalla?
Todos los aurores lo quedaron viendo con la boca abierta, Draco comenzó a reír y se pasó las manos por la cabeza.
-¡Esto sí que es divertido! Los aurores esperan indicaciones de un jefe que le gusta pelear solo, ¿qué tipo de orden están esperando si hoy se fusionan los poderes?
Ninguno contestó, todos se miraron unos con otros, incluso Ivonne lo quedó viendo ceñuda.
-¿De qué hablas, Malfoy?
-De la fusión de poderes de Candeviere con la magia oscura.-Dijo con rapidez, deleitándose diciendo información que por lógica ninguno de los aurores conocía.
-¿De qué hablas?-Preguntó Ivonne despacio, bajó la varita y contempló al chico con los ojos abiertos.
-¿No saben de qué hablo?-Se siguió mofando, todos los aurores se pusieron en guardia. Draco volvió a reír.- ¡Vaya, que divertido!
-¡Habla de una vez Malfoy!-Lo retó la otra muchacha que era más regordeta la cual Draco la vio con desprecio.
-Vaya, ¿Quién dejó salir a los puercos?-Se burló, y un muchacho fornido se interpuso entre ella y Malfoy.
-¡Retira lo que has dicho basura!
Pero Malfoy sólo volvió a reír y se giró para salir del lugar.
-¡Deténganlo!
No supo quien gritó. Lo que vino después fueron rayos fugases de colores y explosiones que llenaron el pasillo de polvo y humo. Ni siquiera estaba conciente de lo que hacía, se metió adentro de una de las oficinas y se encerró en ella, pero alguien lanzó la puerta por los aires.
-¡Estás atrapado basura! ¡No tienes como escapar!
-¡Está bien, está bien!-Dijo cansado, después de todo estaba ahí para conseguir su casa y peleando como idiota probablemente no lograría nada.
Salió de detrás de un escritorio con las manos en alto y la varita agarrada en la mano derecha.
-¡Baja la varita!-Gritó el fornido y Draco lo estudió con la mirada. Era un cabeza de músculo, de cuerpo gigante y cráneo pequeño. No obstante dejó caer la varita porque aquel sujeto tal vez no tenía cerebro para realizar un hechizo, pero con un solo golpe podía noquearlo.
-¡Habla!-Le gritó y Draco frunció los labios quitándole los ojos de encima.- ¿Qué sabes del ministro?
-Supongo que lo mismo que ustedes.-Dijo despectivo, pero el gigantón achicó los ojos afirmando que no sabía nada.
-Eso lo dices para que hablemos.- Dijo Ivonne apareciendo por detrás del muchacho sin bajar la varita. Malfoy refunfuñó.
-No es necesario, es lógico que sé más que ustedes.
-¡Entonces habla!- Gritó el fornido y Draco apretó la boca, no le gustaba dejarse amedrentar por nadie pero las ganas de recuperar su casa en esos momentos era más importante.
-Está bien, está bien, -se rindió- al parecer su querido jefecito ni siquiera se dio el tiempo de explicarles la verdadera batalla con la que está lidiando el mundo mágico.
-¡Deja de burlarte de nosotros!-Rugió el musculoso, pero Ivonne lo hizo callar.
-¡No me burlo! Antes sí, ahora no, mi casa está en juego.-suspiró y se sentó en la silla que estaba justo tras él.- ¿Qué saben del ministro de magia?
-Nosotros preguntamos primero y no responderemos nada hasta que tú nos digas lo que sabes.-Dijo la chica acercándose al escritorio y apuntándolo con la varita.
Malfoy suspiró y se pasó las manos por la cara lo que provocó una alteración en los aurores que creyeron que los iba a tacar.
-Sé, por la boca de su adorado jefecito que el ministro de magia Marcel Von Candeviere es el responsable del asesinato de las Portadoras que tanto han estado investigando en el departamento. Potter se va a casar ahora con la princesa Parkerville para poder detenerlo ya que utilizará el poder de las portadoras asesinadas para fusionarlos con la magia negra en la habitación Saint Roran del palacio de Buckingham. Una vez que se haga la fusión se transformará en una bestia indestructible con el poder del universo a su favor y nos asesinará a todos. ¿Satisfechos?
Los aurores se quedaron con la boca abierta igual que un pez fuera del agua buscando oxigeno. Ivonne se acercó temblando y bajó la varita.
-Sabíamos lo de Candeviere… pero tiene unos métodos demasiado…
-Sí, sí, sí… cuento chino, lo sabían pero nunca pudieron detenerlo, ¡bah! Potter jamás los involucró porque quería hacerse el héroe. –Río despectivo.- ¡Si hasta a la mujer que ama la envió lejos sólo para que ella no peleara con el monstruo!
-¿De qué mierda hablas?-Rugió Ivonne.
-Oh, por favor, ¡de verdad no saben nada!, ¡que tropa de inútiles!-Dijo divertido, a fin de cuentas la situación era realmente graciosa.
-¡Atrápenlo!-Gritó el fornido, pero Malfoy se levantó abruptamente de la silla levantando las manos.
-¡No pueden hacerme nada, yo les dije la verdad!
-¿Y cómo sabemos que no estás mintiendo?
-Fácil, vayan al castillo y presencien con sus propios ojos una batalla épica.
Ivonne entornó la mirada y contempló a Malfoy detenidamente, el chico parecía demasiado seguro de sus palabras como para inventar tal mentira.
-¿Cómo podemos confiar en ti si fuiste enemigo del jefe?
-Es muy simple-sonrió, al fin iba a conseguir lo que quería.- Entréguenme mi casa de vuelta y yo mismo los conduciré al castillo.
Ivonne pareció pensarlo un momento, aunque el fornido le soltó un "ten cuidado", pero la chica ya se había decidido. Con un movimiento de la varita sobre el escritorio apareció un pergamino con pulcra letra verde y un sello rojo, Malfoy sonrío abiertamente.
-Firma, la casa es tuya, pero nos llevas de inmediato al palacio, de lo contrario la brigada de aurores se encargará de detenerte en este preciso momento y encarcelarte por alteración en un edificio público.
-Será un placer.
Draco recogió su varita y sin pensarlo dos veces firmó el pergamino que relataba sin pormenores la liberación de la "Mansión Malfoy para el dueño legitimo". De haberlo sabido habría hecho aquello hace muchos años.
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Detrás de los jardines del castillo pareció un gran grupo de gente, todos vestidos a medias con trajes brillantes y elegantes que mezclaban piezas de piyama.
Vincent, Maggie y Oswald fueron los primeros en aparecerse en un perímetro mucho más cercano a la puerta del palacio, éste último parecía realmente alarmado.
-¿Seguro que querías venir?-Preguntó Vincent.
-Sí, no podía quedarme sin pelear.
-Oswald…-Le advirtió Maggie con lástima, pero él no la escuchó. El chico estaba pendiente del resto de la familia.
-Arthur acaba de comunicarse con Bill y Fleur, venían camino a la casa cuando se enteraron.
-¿Cómo está Bill?-Preguntó Ron que iba corriendo tras su madre.
-¿Cómo crees? ¡Quiere matar a Harry, por Merlín!
-Y no es el único…-Blasfemó Charlie subiéndose las mangas de su camisa- Este maldito las va a pagar una por una.
-¡Hey, hey!-Gritó Hermione desde atrás intentando alcanzarlos a grandes zancadas.- Se olvidan por qué estamos acá: ¡Hay un asesino adentro del castillo!
-Hermione tiene razón-afirmó Vincent sacando su varita.- no pueden dejarse llevar por la ira personal, ahora tenemos un factor en común.
-Habla por ti…-Refunfuñó Oswald, y Maggie como acto de ternura se abrazó a su brazo.
-A estas alturas no sé a quien tengo más ganas de matar.-Gruñó Percy.
-¿Es que nadie me escucha?-Gritó Hermione enojada, todos la miraron pero Fred y George siguieron hablando entre ellos.
-Oh, perdona, no estábamos poniendo atención, ¿decías?
Hermione gruñó y pasó entre ellos golpeándolos con sus codos, Ron la siguió y se interpuso en el camino.
-¿No irás a entrar, o sí?
-¿Por qué?
-Pues, puede ser peligroso y…
-¡No, Ronald! ¡Yo voy a entrar y voy a pelear como cada uno de ustedes! ¿Qué te hace pensar que me voy a quedar de brazos cruzados mientras Ginny pelea sola?
-Pero Hermione…
-¡No, Ron! ¡Es mi amiga! Ustedes la dejaron sola muchos años como para venir hacerse cargo de sus errores a última hora. ¡Sí, se embarazó! ¡Sí, el hijo es de Harry! ¿Y qué? ¿Acaso no se lo esperaban? ¿Qué más pueden pedirle a una chica que estuvo sola tanto tiempo? ¡No pueden impedirle nada! ¡Ella ya eligió su camino y es ese que va a comenzar en veinte minutos!
-¡Está embarazada por todos los Dioses!-Exclamó Vincent con Molly a la vez y Hermione los quedó mirando.
-Sí, es cierto, y a mí me aterra que vaya a pelear con un ser vivo dentro de ella-tomó aire y cerró los ojos.-Sólo quiere impedir que el pasado se repita.
-No sé que tan seguro estoy de querer que eso se repita, podría ser con Harry…-Dijo Charlie con tal desinterés que sonó como si hablara del clima.
-¡Charlie, por todos los Dioses! ¡No digas esas barbaridades!-Gruñó Molly arremangándose las mangas.- Además, Harry ni siquiera lo sabe…
-Y Ginny no tienen ninguna intención de decírselo…-Murmuró Hermione apretando su varita.- así que no pueden recriminarle a Harry algo de lo que ni siquiera está enterado.
Ninguno contestó, aunque las expresiones de los varones delataban las ganas de matarlo, menos la de Vincent, e incluso Oswald, quien se veía sumamente preocupado.
Tras ellos, varios "Crack" sonaron de forma simultanea y la familia se giró. Bill Weasley se dirigía a grandes zancadas con la varita en la mano y echando fuego por los ojos.
-¿Dónde está ese infeliz? ¿Dónde está?-Rugió, pero Molly se interpuso empujándole el pecho con las manos, aunque de todos modos la mujer retrocedió por la fuerza de su hijo.
-¡Ya, Bill! ¡William, alto!-Le gritó, pero el hombre sólo expulsaba humo por la nariz.
-¿Cómo se atrevió a tocarla? ¿Cómo pudo?
-¡No fue su culpa!-Se alarmó Hermione hastiada.- ¡Nadezdha Romanova les dio una poción que siempre termina con la pareja en la cama! ¿Podemos enfocarnos en lo importante? ¡Candeviere está adentro a punto de matarnos a todos, y ustedes piensan sólo en matar a Harry! ¿Del lado de quien están?
Bill se serenó respirando hondo mientras Arthur y Fleur se dirigían hacia el resto de la familia corriendo rápidamente. La joven mujer estaba ataviada para la ocasión, claro, suponiendo que iban a un matrimonio, pero el vestido plateado no era el indicado para una pelea.
-Bill, cálmate, piensa en tu hegmana.-Le dijo a Bill abrazándose al brazo de su esposo. El hombre asintió serenándose.- Hay que ayudagla…
Hermione suspiró e intercambió una mirada con Oswald y los mellizos. Le sorprendió enormemente que Maggie pareciera dispuesta a hacer algo maduro ya que contemplaba a los varones Weasley con una expresión que denotaba su enojo.
-¿Qué hacemos?-Le preguntó Maggie, Hermione contempló la puerta cerrada con candados y escuchó desde el interior unas nuevas trompetas.
-Hay que entrar…
Pero antes de que los demás la escucharan se encontraron súbitamente en el suelo, algo los había atacado desde arriba. El grito de Fleur los alarmó a todos y cuando Hermione levantó la cabeza pudo ver con sus propios ojos como una cosa encapuchada y que flotaba en los aires se lanzaba contra ellos dejando una estela putrefacta.
-¡Es una sombra!-Gritó Oswald, y Vincent con Bill fueron los primeros en enfrentarla, pero los hechizos simplemente la atravesaban.
-¡Especto Patronum!-Gritaron los gemelos, pero aunque de sus varitas salieron dos imponentes animales ninguno logró acabar con la sombra.
-¡No!-Gritó Oswald, y con Ron se pusieron de pie apuntándola directamente, Charlie se les unió y Hermione los quedó viendo con miedo, no podían los tres acabarla, o al menos eso creyó hasta que exclamaron el mismo hechizo a la vez.
-¡Expulsa Exumanei!
De las tres varitas surgió un rayo púrpura que le dio en el pecho a la sombra haciendo que ésta se elevara por los aires chillando de dolor.
-¡Cuidado!
La voz cargada de terror de Arthur Weasley invadió el jardín cuando otra sombra similar salió desde otro costado.
-¡Están protegiendo la torre!-Gritó Bill justo cuando la sombra a la que habían atacado lo atravesaba por el pecho.
-¡Bill!-Gritaron Fleur y Molly.
El hombre cayó de rodillas al suelo absolutamente pálido agarrándose el corazón con una mano mientras que con la otra aún sujetaba la varita.
-¡Oh, Meglin! ¿Qué te hizo esa cosa?-Lloró Fleur corriendo a su lado.
-¡Las sombras neutralizan!-Gritó Vincent lanzando más rayos morados.- ¡Están creadas para paralizar a la víctima!
-¡Por Dios! ¿Se pondrá bien?-Preguntó Hermione asustada.
-¡Por suerte sí!-Grito Ron por sobre el ruido, cubriéndola para lanzar otro hechizo sobre una sombra que iba directo a la chica.- ¡El hechizo las debilita!
-¡Expulsa Exumanei!-Gritó Maggie corriendo hacia la puerta encadenada cuando una sombra se lanzaba directo sobre ella, pero George fue más rápido.
Un rayo rojo salió de la varita del chico que saltó sobre Maggie justo en ese momento, pero hizo más efecto que los demás. La sombra comenzó a retorcerse en el aire hasta explotar como un globo cargado de humo negro.
-¿Qué hiciste?-Le gritó Arthur quien junto con los demás intentaba detener a la primera sombra que no había sido noqueada.
-¡Expelliarmus!-Le gritó.
Todos se miraron un segundo, deteniéndose sólo para pensar en lo que George había dicho, pero la sombra fue más rápida y se lanzó sobre ellos nuevamente empujando a Ron contra el pavimento provocándole una herida sangrante en la frente.
-¡Ron! –Gritó Hermione- ¡Ya me cansaste! ¡Expelliarmus!
Y funcionó. La sombra se fue hacia el centro del jardín provocando un siniestro sonido y retorciéndose en el aire, hasta que explotó tal cual como lo había hecho la otra.
Todos agitados contemplaron el césped, mugriento a causa de las sombras, y las heridas que tenían producto de aquella pelea que parecía ser simple. Hermione corrió a auxiliar a Ron para curarle la herida que le sangraba por el costado, mientras que Molly ayudaba a Bill a reponer su aire.
-¿Quién iba a pensar que ese hechizo nos iba a salvar de nuevo?-Bromeó Fred que estaba recostado de espaldas en el suelo.
Todos asintieron sin abrir la boca, hasta que desde dentro del palacio cientos de gritos de horror llegó a sus oídos.
-¡No!-Gritó Oswald corriendo hacia la puerta encadenada lanzando un hechizo que hizo explotar las cadenas por todos lados.
-No puede haber ocurrido…-Susurró Maggie mirando la puerta destruida.
-¡Oswald, detente!-Gritó Vincent.
-¡Ginny está ahí adentro!
El chico saltó los escombros de la puerta y parte de la pared que había destruido y corrió hacia el interior del castillo por un pasaje de piedra que seguramente llevaba a la torre.
-¡Mi niña! ¡Harry!-Exclamó Molly corriendo tras el chico, lo que ocasionó que Arthur fuera tras la mujer.
-¡Fueron las sombras!-Gritó Hermione espantada.- Fue nuestra culpa, las sombras son parte del alma de Candeviere….
-Sin ellas el demonio no tiene control…-Concluyó Bill levantándose con dificultad.- ¡Andando! ¡Ginny está en peligro!
Con ayuda de Hermione, Ron se puso de pie y ambos corrieron hacia la puerta, George y Maggie siguieron el mismo camino que había tomado Oswald, mientras que Fleur corría con Bill a su lado.
Cuando todos pasaron la puerta Ron se detuvo agarrando a Hermione por el brazo, la chica se giró inquieta.
-Ron, ¿qué haces?
-Hermione, escucha, sé que este año ha sido de locura, pero quiero que sepas que mientras estuve lejos nunca dejé de pensar en nosotros.-susurró, la chica abrió los ojos sorprendida.
-Ron, no es el mome…
-¡Sí! ¡Lo es! Te lo dije cuando Voldemort invadió el castillo y no dejaré de decírtelo ahora que vamos a una nueva muerte casi segura. ¡Menos cuando no he podido estar contigo todo este tiempo! ¡Te mentí como lo hizo Harry con Ginny pero a diferencia de él yo no puedo fingir odio contigo!
-Ron…-Lo miró con los ojos cargados de ternura y el corazón apretado, sabía que esa conversación la tendrían pero nunca creyó que fuese en aquellas circunstancias. Ron tenía pésimo gusto para escoger los momentos románticos.
-Escucha, no sabemos con qué nos enfrentaremos o cómo será, así que quiero dejarlo claro ahora ya. ¿Quieres volver conmigo?
-Ron, yo…
-¿Sí o no? ¡Sabes que te amo!
-Yo también…-Susurró compungida. Nuevos gritos de la multitud cargados de horror invadieron el pasillo, sus ojos pasaron del pasillo a Ron.
-¿Entonces…?
-Sí, yo…
Pero no alcanzó a contestar, Ron la había besado, apresándola con una mano bien aferrada en la nuca y la otra en la cintura, atrayéndola con fuerza contra el cuerpo.
-Si esto acaba hoy, quiero que lo sepas.-Le dijo mientras la besaba. Hermione simplemente asintió devolviéndole el beso abrazándolo por el cuello.
-Te amo idiota…-Masculló apretándose a él.
Estuvieron así unos segundos hasta que desde el interior del palacio llegó una fuerte detonación que llenó el pasillo de polvo.
-¡Mis padres!-gritó Ron apartando a Hermione sin soltarla.
-Vamos, tenemos que detener esta masacre.-Hermione se adelantó apresurada con Ron a su lado.
-Hermione…-Jadeó Ron mientras corrían entre el polvo.-… ¿Volvimos, no?
La chica lo miró con los ojos entrecerrados debido al polvo y a penas sonrió.
-Sí, Ron.-Dijo afirmando con la cabeza.
El chico sonrió con los labios apretados y juntos se internaron hacia el interior de la torre.
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El dolor en el pecho fue indescriptible, se aferró a su asiento para no caer llamando la atención de Meredith Blancher, pero no la tomó en cuenta. Las trompetas acababan de sonar y eso impidió que se oyera su gruñido inhumano, tras las puertas Elisa Parkerville entraba con su padre ataviada con un frondoso vestido rosa. Sólo tenía que aguantar un poco más.
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La muchacha caminó lentamente, no pudo ponerle gran atención ya que el corazón no le palpitaba y aquello sólo significaba que ya no era humano, pues, seguía vivo.
Elisa caminaba lentamente al altar con una sonrisa brillante, todos los invitados se habían puesto de pie y Potter la esperaba demasiado derecho y pálido, por supuesto que algo no andaba bien.
La muchacha movió la cabeza un par de veces mientras le sonreía a la gente que la saludaba desde sus asientos. Una risita aguda escapó de sus labios cuando su madre y hermanas con respectivos maridos la saludaron entusiasmadas desde el altar. Harry tragó saliva y abrió la boca para que le entrara más oxígeno porque había olvidado como respirar, la chica caminaba hacia él radiante y literalmente disfrazada de merengue y aquello sólo empeoraba sus nervios.
Unos extraños ruidos que provenían del jardín le obligaron a enfocarse en una de las ventanas para quitar sus ojos de encima de la princesa, algo negro y volátil se escabulló por los aires volando hacia abajo.
No tardó mucho en suceder lo esperado.
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Elisa había llegado al altar, pero los ojos de Harry aún seguían puestos en la ventana. Cuando la muchacha llegó a su lado ambos se miraron, ella estaba radiante, feliz, y había sobrecargado sus labios con brillo rosa. Harry sonrió con una mueca apretada y se giró para ponerse frente al capellán que los iba a casar pero sin quitar los ojos de la ventana.
-Bienvenidos hijos míos…-Anunció el anciano, y la Reina se puso de pie invitando a todos a hacer el mismo gesto, no obstante Candeviere se quedó sentado, temblando y sudando como animal.
Algunos susurros rondaron la estancia justo cuando una explosión hacía vibrar los ventanales, explosiones que provenían del jardín. Candeviere exclamó un grito de dolor y se desplomó cayendo al suelo, el grito de la Dama Meredith no tardó en hacerse escuchar.
-¡Ayuda! ¡Marcel Candeviere se ha desmayado!
Harry se giró con el corazón latiendo a mil por hora, Elisa se giró con él y balbuceó algo como "¡no en mi boda!".
Candeviere sintió como sucedía, poco a poco, su corazón se apretó más y más hasta dejarlo sin aire, los gritos de Meredith por todo el lugar gritando auxilio sólo alertaron más a Harry.
Sin embargo, bastó sólo una nueva explosión para que todo cambiara.
El ministro se desplomó absolutamente inconciente, un par de hombres se le acercaron para revisarlo pero Harry se interpuso antes.
-¡No, aléjense!-Gritó saltando del altar, pero una mano lo detuvo aferrándolo por el brazo.
-¿Harry, qué haces? ¡Es nuestra boda!- Se quejó Elisa.- ¡Ven aquí y deja que los médicos se encarguen del veterano!
-¡No entiendes, todos corren peligro!
-¿De qué rayos hablas?-Masculló Elisa sonriendo con los dientes apretados a los invitados.- Harry, me estás dejando en vergüenza.
-¡Suéltame Elisa! ¡Estamos todos en peligro!-Forcejeó el chico, pero Elisa no lo soltó.
-¡No me gustan tus chistes, Harry!-Se molestó la chica- ¡No es bonito hablar así de tu boda!
-¡Elisa, no entiendes!-Desesperado contempló al hombre en el suelo que aún no reaccionaba, miró a la reina que lo observaba ceñuda y a las hermanas que tenían el mismo gesto.- ¡Es una maldición! –Gritó, y la reina pareció reaccionar.
-¿De qué rayos hablas?-Le preguntó Elisa, pero antes de que Harry pudiera responder el grito aterrado de Meredith Blancher lo alertó.
-¡Monstruo!-Gritó repetidas veces. Los hombres que estaban revisando al ministro de un momento a otro volaron por el aire, y desde el suelo se irguió un hombre con los ojos absolutamente en blanco y la piel rojiza.
-¡Aléjense todos de aquí!-Gritó Harry sacando de debajo de su capa la varita enfundada, la reina se cayó al suelo y su hijo la fue a recoger, todas las princesas se pusieron a gritar histéricas.
-¿Qué ocurre, Harry?- Preguntó Elisa aferrándose a su brazo, Harry alargo el mismo para protegerla, justo cuando el hombre comenzaba a cobrar tamaño.
Sí, el corazón se le había detenido, las estrellas probablemente estaban en posición y poco a poco sentía como se olvidaba de quien era. No tenía conciencia, no tenía cerebro, sólo deseo y sed, hambre, algo que nunca había sentido en sus previas transformaciones. Quería asesinar, sentir gritos de dolor y sangre, no razonaba, ya no era humano.
Poco a poco fue alcanzando una altura descomunal que dobló su tamaño a la primera transformación, el color rojo no era más que carne viva al romperse su piel, sus ojos se habían deformado y su boca agrandado a tal punto que Harry juró escuchar crujir su mandíbula y cráneo. La bestia chilló y rugió, su cabeza se llenó de yagas y de pelo blanco formándole una melena similar a la de un león, sus brazos del porte de camiones tenían espinas y sus garras eran largas, negras y filosas.
La gente huyó del lugar corriendo desesperada, lo que también era malo, porque la mitad de los que estaban ahí eran muggles.
-Elisa, vete de aquí…
-Pero Harry…
-¡Vete te dicen!
-¡No te quiero abandonar!
Harry se giró un instante y la tomó por los hombros con fuerza.
-¡Elisa, es peligroso! ¡Te puede matar!
-¡Me quiero quedar contigo!
-¡Vete! –Gritó Harry al ver que un escuadrón sacaba a la reina del lugar junto con las princesas, y los padres de Elisa. Harry notó como aquel escuadrón llevaba varitas enfundadas dispuestos a atacar.
-¡Harry, no quiero!
-¡Elisa, vete de aquí!
-¡Es nuestra boda!
-¡Vas a morir! ¿Eso quieres?
-¡Te quiero a ti! ¡No me importa dónde sea!
Y sin previo aviso lo besó aferrándolo por el cuello. La bestia rugió y Harry apretó los labios frunciendo el ceño mientras miraba a la bestia y Elisa intentaba robarle el mejor beso de su vida, probablemente.
Con fuerza la separó y la arrojó al suelo cuando la bestia con su enorme brazo empujó a los guardias que intentaban proteger a la reina, estrellándolos contra las paredes.
-¡Harry!-Gritó Elisa aterrada.
Harry se acercó a ella arrastrándose por el suelo y le afirmó la cara con fuerza, la niña estaba llorando.
-Vete de aquí.-Le pidió encarecidamente.
-Te quiero- Le susurró, Harry simplemente asintió. La chica abrió la boca para decir algo pero simplemente beso su mano.-Confío en ti, haz lo que hiciste con Voldemort.
Harry tragó saliva, Voldemort no medía tres metros de altura ni tenía fuerza descomunal.
Elisa se levantó sollozando y se escabulló por entre los escombros donde un grupo de magos protegía a la familia real, la vio huir y abrazarse a su padre gritando algo. Los ojos del Jhon Louis se posaron sobre los de él y Harry asintió. De un salto el chico corrió para esconderse tras el altar donde el capellán estaba oculto y rezaba sin parar.
Cuando vio a Harry abrió la boca asustado, pero el chico simplemente lo apuntó.
-Obliviate…-Susurró con suavidad.
El capellán parpadeó un par de veces antes de mirar hacia todos lados, Harry lo tomó por los hombros.
-¿Qué hago aquí? ¿Quién es usted?
-El edificio se está desplomando, unos jóvenes quisieron experimentar con un robot y se les salió de control, huya antes que lo mate.-Le indicó, el capellán parpadeo y Harry se dio cuenta de que era la peor mentira que podía inventar.
-Vaya que son creativos, se ve tan real.-Dijo el capellán observando a la bestia, Harry se pasó una mano por la cara.
-¡Corra!
El anciano lanzó un grito cuando la bestia rugió expulsando a otro hombre por los aires que cayó cerca de Harry con la cabeza desangrada.
-¡Que real, que real!-Se oyó la voz del capellán. Harry tomó aire y se levantó de un salto, la gente aún corría por todos lados y justo cuando la bestia miraba hacia otro lado apunto con su varita a la multitud.
-¡Transportus Maxima! ¡Obliviate!
Un rayó cegador de luz blanca invadió el lugar y repentinamente la estancia se encontró totalmente vacía. La bestia se giró, aparentemente sorprendida por el hechizo y fijo sus ojos blancos en Harry. El chico jadeó y contempló la puerta con arco.
Con toda la velocidad que pudo adquirir con sus piernas, saltó el altar de mármol y corrió hacia la puerta alcanzado a duras penas por la enorme quijada de la bestia. Harry lanzó un grito al aire y apuntó con su varita la puerta.
-¡Alohomora!-Gritó, pero ésta no se abrió.- ¡Mierda! ¡Bombarda!
Esta vez, la puerta crujió y estalló por los aires en mil pedazos, Harry saltó hacia el interior justo cuando la bestia irrumpía en la sala que era un enorme lugar adornado sólo con un pequeño pilar, una Biblia y un cetro.
La bestia río y abrió sus brazos de par en par hinchando su pecho al cielo. Harry se puso en guardia y se quitó la maldita capa que hacía peso y la chaqueta con adornos que le había entregado Marie. Apuntó con la varita a la bestia quien de la nada hizo aparecer ocho esferas de colores brillantes y de diferentes tamaños. Harry parpadeó y comprendió lo que estaba dispuesto a hacer, ya que repentinamente el lugar comenzó a temblar.
-¡Ni lo pienses!-Gritó- ¡Oculus fingo!
La bestia rugió de dolor al hincharse sus ojos y las esferas cayeron al suelo produciendo un ruido sordo por la alfombra.
Harry sonrió, no perdía nada con intentar un hechizo de conjuntivitis para los dragones contra una bestia que podía serlo.
Pero la fiesta no le duró suficiente, la bestia se giró entornando sus globos blancos y repletos de mucosa sobre el chico y rugió dibujando una siniestra sonrisa repleta de baba y de colmillos feroces.
El chico se puso en guardia con la varita apretada en sus manos dispuesto a atacar en cualquier momento, pero Candeviere fue más rápido. Se encorvó en cuatro patas y se abalanzó sobre el chico quien de inmediato se cubrió con un escudo, lanzando a su paso el pilar con la Biblia y el cetro.
-¡Maldito bastardo!-Rugió Harry lanzando un nuevo hechizo que le dio de lleno en el pecho a la bestia, pero ésta no se detuvo.
Las esferas rodaron por el suelo y Harry las miró curioso y preocupado, ¿por qué las esferas se desplazaban? El suelo era parejo.
Entonces se dio cuenta de que la estancia estaba tomando una forma extraña, la habitación se estaba transformando y él se estaba resbalando hacia las mismas fauces de la bestia.
-¡Mierda!-Gritó intentado frenar con los pies.- ¡Expulso!-Gritó apuntando hacia la cara de la bestia provocando un efecto de resorte en Harry lanzándolo hacia arriba.
El chico se agarró de una lámpara de pie que estaba atornillada a la pared mientras el suelo comenzaba a inclinarse, gritó desesperado cuando las esferas rodaron hacia la boca de la bestia.
-¡No! ¡Merlín, no!
-¡Expelliarmus!
Harry miró hacia el lado y su corazón se enfrío, aterrado. Sintió un fuerte golpe en la cabeza cuando el suelo repentinamente volvió a enderezarse. Las esferas no alcanzaron a llegar a la boca de Candeviere porque alguien las había alejado de él.
-Ginny…-Susurró aterrado.
-¿Cómo estás Vasir? –Cuestionó la chica con los ojos entrecerrados, la bestia rugió y ella abrió la boca espantada.
-¡Ginny, aléjate!
Pero la bestia, ahora tenía un nuevo objetivo, se giró hacia Ginny olvidando las esferas. Por la cabeza de Harry sólo pasó una nítida y dolorosa imagen: la de una mujer de cabello negro peleando sola con una espada en medio de un incendio.
Notas de la Autora:
¡No me maten por dejarlo ahí! ¡La acción viene en el siguiente, lo juro!
Intenté hacer este capítulo como un inicio del desenlace y mostrar el lado humano de los personajes, algo que tendrá directa relación con el epílogo.
Necesitaba poner algo entre Ron y Hermione, no podía dejarlos pelear sin antes haberse reconciliado, además sé que los fans me lo agradecerán. Quise hacerlo a lo más estilo Ron, ya saben que él es poco sensible cuando se trata de romance. Ahí me basé un poco en el final de DH.
También siento mucho si ofendí a alguien con eso del beso entre Harry y Elisa, pero quise ser realista, después de todo aunque no haya escrito besos de ellos recuerden que estuvieron cuatro años de novios. Es obvio que se besaron antes.
Y bueno, eso. Dejé un par de pistas sobre lo que va a suceder en el siguiente capítulo que es la batalla con todo.
Seguramente encontraran ridículo lo fácil que resultó para Draco conseguir su casa, pero el idiota nunca lo intentó antes. Como siempre le han hecho las cosas nunca puso nada de su parte, así que finalmente optó por su mejor carta, el chantaje.
En fin, ya no los aburro más, les dejo el adelanto del penúltimo capítulo, ¡no puedo creerlo!
Capítulo 37: La Sangre no se hereda:
La batalla comienza y Ginny se mete en la pelea. Por supuesto que Harry no quiere permitírselo pero la chica tiene una fuerza que él había subestimado.
La fusión se realiza, y aquello provoca que tanto Harry como Ginny queden encerrados en el limbo de la habitación, dejando a los aurores, a los magos del concilio y a los Weasley fuera de la batalla peleando con las sombras que vigilan la puerta.
Sin embargo alguien si puede atravesarla, Iriki, el caballo de Tiare, y sus dos jinetes.
Les dejo las fechas de las próximas actualizaciones: 28 y 29 de Diciembre. (Dudo que pueda publicar en Navidad, así que dejo las fechas que vienen después)
Muchas gracias a todos por su apoyo.
¡Besos a todos!
Anya.
