36. El fiscal que no descansa

Kanon andaba tan apresurado que Marin se veía obligada a alcanzarle cada tres pasos gracias a cortas arrancadas que pronto volvían a dejarla atrás. El inesperado frío que hacía un par de días estaba azotando la ciudad, había conseguido acelerar la consecución de una amenaza latente. El motor del coche de Kanon había decidido entrar en invernación justo en medio del estacionamiento de vehículos de la Cárcel de Korydalós, vivienda presuntamente transitoria para Thane y Valentine en esos momentos.

Después de las intensas visitas realizadas a ambos, y de descubrir la negación del destartalado y viejo coche a ponerse en marcha, la solución había sido clara...y única: servirse del bus urbano y de algún que otro trasbordo que les dejara lo más cerca posible de la ubicación de "The Wyvern's Cave", aunque en exceso lejana para poder sortear con éxito el gélido aire que jugaba a voluntad con los desechos de las calles. Únicamente les quedaba doblar una esquina y pronto vislumbrarían el deseado refugio.

- ¡No andes tan deprisa! ¡Espérame!

- ¡Me estoy pelando de frío, Marin! ¡Apresúrate tú!

Ya sólo faltaba éso para que Kanon acabara de agriar su humor, y Marin optó por ralentizar la marcha, dejarle ir y acopiar toda la paciencia que presumiblemente iba a necesitar.

El abogado accedió al pub regalando un portazo que sobresaltó a Rhadamanthys y Saga, quienes tampoco recibieron ni un mínimo saludo de rigor. Kanon se sorbió la acuosidad que a punto estaba de descender por la nariz, ayudándose de un restregón de la manga de su abrigo a modo de pañuelo, y sin desabrigarse todavía buscó el móvil dentro de la mochila que había caído sobre la mesa de billar y esperó nervioso comenzar la batalla verbal con el seguro del coche, dando las indicaciones necesarias para que una grúa pasara a recogerlo y lo llevara al taller mecánico que obviamente, hacía mucho que no visitaba.

Tanto el Wyvern como Saga observaron resignados la escena que había cortado por la mitad su espacio de acercamiento, y cuando sus miradas se encontraron de nuevo, ambos inspiraron con calma. Con toda la calma que iban a necesitar.

- ¿Y Marin? ¿Acaso la has perdido por el camino? - El Wyvern no supo cómo se atrevió a dirigirse a Kanon, olvidándose también de emitir ningún saludo.

- Venía detrás mío.- Informó Kanon, lanzando el móvil sobre el verde tapiz antes de desabrigarse con gestos airados.

- Hola, estoy aquí...

Marin entró frotándose las manos enguantadas, calentándolas con su propio aliento antes de decidirse a prescindir de abrigo.

- ¿Cuándo me contarás qué hacemos aquí, Saga? Para que lo sepas, Rada debería estar durmiendo y recuperándose para el servicio de la noche.- Kanon se acercó hacia la inamovible posición que todavía ostentaban el Wyvern y su gemelo. Por la falta de brillo que se apreciaba en su mirada no era difícil adivinar que el gemelo menor seguía con los ánimos pisoteados.

- Kanon...Saga me pidió que_

- ¡Cállate Rada! No le defiendas tú ahora...

- ¡Y tú no me defiendas a mí, que ya soy mayorcito! - El Wyvern se alzó para quedar a la altura de su amigo y comenzar a asentar las bases del plan que Saga le propuso la noche anterior.- No habrá servicio esta noche. Ni las que vengan hasta finalizado el juicio.

- ¡¿Pero qué estás diciendo, Wyvern?! ¡Es tu negocio! ¡La fuente de tus ingresos! No te lo puedes permitir...¡Suficiente dinero ya te hice perder yo!

- Yo compensaré las pérdidas que el temporal cierre acarree.- Informó Saga, alzándose a su vez.- Ésto no debe preocuparte, porqué es algo que ya hablamos Rhadamanthys y yo ayer.

- Mira Kanon...no puedo seguir permitiendo que trabajes en el caso y aquí al mismo tiempo, y contratar a un desconocido no me sale a cuenta. Reabriré cuando Valen esté de vuelta, porqué tú harás que así sea, y aprovecharás los días que restan para dedicarte en cuerpo y alma al juicio. Y ahora, ésto - los brazos extendidos de Rhadamanthys mostrando la amplitud del pub - será el centro de operaciones.

Kanon enmudeció con cierto desagrado ante la revelación de unos planes los cuáles estaban en posesión del Wyvern desde hacía horas, y que permanecieron celosamente privados de exposición durante la última noche que ambos compartieron sábanas. Marin se había cuidado de no hacer mucho ruido, y simplemente acogió el planning en silencio y con aceptación mientras seguía intentando calentarse las manos.

- Me lo podríais haber contado...Los dos.- Soltó Kanon con voz queda, mirándose a sus dos seres más queridos en nerviosa alternanza.

- Te lo estamos contando ahora. Me pediste ayuda Kanon...pues aquí la tienes. Soy todo tuyo, pero a cambio te pido que no rechistes, - dijo Saga acercándose a él con la mirada fija - que no refunfuñes...- añadió al escuchar el chasquido de lengua que traicionó a Kanon -...y que no critiques y te opongas a mis ideas y planteamientos sin valorarlos previamente, con calma y el espíritu sereno ¿entendido?

- ¿Qué? ¿Le has pillado el gusto a hacer de hermano mayor o es que te sale la vena del Fiscal y no lo puedes remediar?

- ¡Dioses! ¡Qué insoportable que eres a veces! - Gruñó Saga, llevándose las manos a la cabeza con teatralidad, apartándose de su igual para no sucumbir a las ganas de estrangularle que también padecía Rhadamanthys.

- Kanon...no seas tan crío...- Se animó a tentar el peligro Marin, acortando la distancia que le separaba de su colega, para hablarle quizás como hacía con su hijo con las esperanzas que algo surtiera a efecto.- Tienes al mejor abogado de la ciudad aquí contigo, dispuesto a ayudarte..y encima es tu hermano...- Susurró, aunque sus palabras fueron escuchadas sobradamente, hinchando el ego que aún seguía palpitando dentro de Saga, quién no pudo evitar sonreírse con satisfacción.- Sólo un necio no se dejaría ayudar por él...

Kanon se maltrataba la quijada a base de intensos apretones entre sus dientes mientras la mirada seguía enfurruñada, los nervios a flor de piel, y la absoluta certeza que de contar con Saga al lado y no al frente era una bendición caída del cielo. Aunque todavía le costara de reconocer.- Está bien...de acuerdo...Perdonadme, pero es que estoy nervioso, y cansado...y encima se me ha muerto el coche...y_

- Hace años que te digo que te compres uno de nuevo...- Saga metió el dedo en una de muchas llagas que ni siquiera sabía que laceraban a su gemelo, y cuando se arrepintió de recordarle un reproche que sobraba, ya fue tarde.

- ¡¿Y con qué dinero, Saga?! ¡Yo no gozo de tus caudales!

Saga agachó el rostro y se mordió las palabras que deseaban salir a través de sus labios firmemente sellados. Las manos expuestas al aire a modo de aceptación de culpa acompañaron la sentencia que logró tranquilizar a su gemelo.- Lo siento, tienes razón...

- ¡¿Y ahora qué cojones tenemos que hacer?! ¡A ver! ¡Dímelo de una vez!

El paquete de tabaco salió del bolsillo de los jeans, y Rhadamanthys negó con la cabeza al corroborar la pérdida de cigarrillos que éste había sufrido desde la mañana hasta ahora, apenas rozando el mediodía.- Kanon...deberías intentar fumar menos...

- ¡Me fumaré lo que me de la gana antes del juicio! ¡Y ninguno de vosotros me lo va a impedir! - Amenazó, recorriendo los rostros de sus tres acompañantes con la mirada contraída y la siguiente víctima ya presa entre sus labios.- ¡¿Os queda claro?! - Ninguno asintió, pero los tres le dejaron hacer, optando por pasar de él mientras se mentalizaban a apestar a tabaco durante días.- Repito, ¿y ahora qué? - Insistió, centrándose exclusivamente en la mimética mirada que le ofrecía Saga.

- Debemos esperar.

- ¿A quién?

- A los demás invitados.

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Instituto de Medicina Forense

Shaka y Mu se habían erigido en los madrugadores número uno del "grupo de élite especial" del que ahora formaban parte. Conseguir el descifrado de los Adn de Saga y Kanon era la misión que tenían en primer lugar.

No les costó mucho obtener las secuencias y corroborar lo que ya sabían: no existía diferencia apreciable entre uno y el otro.

En cambio, más difícil fue para Mu despegarse los ojos y acallar los bostezos, y para Shaka poner algún control sobre los estornudos y el moqueo que ya comenzó a robarle la tranquilidad en las pocas horas de descanso que tuvo.

Otro sonoro estornudo coartó el enésimo bostezo de Mu, mientras ambos esperaban con ojos enrojecidos por diferentes motivos, que la impresora escupiera la prueba que debían llevar consigo hacia el pub de Rhadamanthys.

- Lo estás agarrando bueno...

Mu se miró de reojo a Shaka, que no se había atrevido a despojarse del pañuelo que envolvía su garganta y que finalmente había podido recuperar de las infractoras garras de Saga.

- La culpa es del maldito aire acondicionado de aquí. Ayer te pasabas del Caribe a la Siberia en cuestión de segundos...- Se quejó Shaka con la voz ahogada entre los pliegues de tela que le llegaban casi a la nariz.- Lo que no entiendo es como tú estás tan bien...

- Bueno...yo no fui tan valiente de meterme en el laboratorio a cuerpo de camisa. Me abrigué...no como tú...

Shaka no respondió. Ni tan sólo devolvió la mirada a Mu. Su amigo tenía razón...pero no se la iba a dar. Aunque otro inesperado y fuerte estornudo se la dio por él. Mu pasó de la pensada indiferencia que le estaba ofreciendo su colega, la misma que siempre recibía cuando él tenía razón en algo que a Shaka se le había olvidado o pasado por alto debido al motivo que fuera. La misma indiferencia que en vez de herirle, incluso internamente le divertía.

Finalmente la impresora logró desperezarse, y al ofrecerles los papeles Mu los guardó en una carpeta mientras emitía una urgente propuesta.- ¿Conduzco yo?

- Por favor.

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Piso de Shura

Phansy no había podido dormir en toda la noche, aunque no fue la única. Las mentes de ambos no dejaron de avanzar por diversos caminos originados a partir de la dolorosa y atrevida petición del abogado. Lo que le pedía Shura significaba exponerse. "Desnudarse" con la misma crudeza que lo había hecho con él, pero hacerlo en público, frente a personas que únicamente conocían el rostro que ella les había mostrado: el actual, el trabajado a consciencia...la máscara que ocultaba su ignominioso pasado. Dar otro paso al frente supondría deshacerse de dicha máscara tras la cuál durante tiempo se había escudado. Significaría despojarse de su protección y del aval de su profesionalidad...

Se resumiría en algo tan simple y aterrador como era enfrentarse a él.

¿Cuántas noches había deseado entre lágrimas que nadie veía hacerle pagar todo su dolor? ¿Cuántas veces había soñado en exponer su dignidad a la luz pública? Hacerle caer...ante los ojos de todo el mundo. Ante las aduladoras miradas de todos aquellos que habían contribuido a ensalzar un nombre que jamás debería haber coronado la cima de la adoración y la fama en el mundo del arte.

Phansy jamás había hallado el valor para hacerlo. Ni la complicidad necesaria. Su abuela había fallecido unos años atrás, y su madre seguía sumida en un estado de culpa permanente que le llevaba a aceptar su vida como algo diseñado por un despiadado destino, que se cobraba así el precio a pagar por haber sido cobarde, débil y manipulable.

Pero ahora no estaba sola. Su terror se sentía acompañado por alguien que parecía amarla. Un hombre apuesto y atento...entregado y pasional...sobrio y serio...respetable y respetuoso. Imparable en su afán de hacer justícia...

...y también herido.

No sería fácil. Ni siquiera estaba en disposición de saber si sería efectivo, y menos aún qué consecuencias acarrearía para ella, para su madre...para su vida entera.

La embellecida mirada que le devolvía el espejo hablaba todo lo que sus labios a medio adornar callaban. La incertidumbre delineaba sus dorados irises, y la mano que sostenía en alto el pintalabios se estremecía con timidez, imprimiendo sobre el pequeño objeto un leve temblor que Shura cobijó entre su mano al momento de acercarse a ella, dudar antes de deslizar la otra mano por su cintura, acercar el tembloroso cuerpo al suyo y besar con delicadeza la mejilla de esa mujer que estaba enseñándole a amar de nuevo. Sus miradas se hallaron sobre el frío reflejo del espejo, y Phansy trató de sonreír al ver que Shura besaba sus cabellos y apoyaba el mentón sobre su delicado hombro.

- Me parezco a él...

Phansy bajó la mirada con tristeza y terminó de pintarse los labios sin necesidad de comprobar el excelente resultado de la maestría de sus gestos.

- Tú eres hermosa...

- Tengo su mirada...el color de sus cabellos...y quizás también parte de su maldad...

- Sólo has estado asustada durante mucho tiempo.

- Y lo sigo estando, Shura...- Le recordó Phansy, alzando los ojos para refugiarse en la serena mirada que el abogado seguía ofreciéndole desde el espejo.

- Confía en mí...en todos nosotros...Y en ti.

- Quizás deberías ir tú solo a esta reunión.

- Te necesitamos, Phansy. Eres una pieza muy valiosa en este rompecabezas...y no puedes faltar en él.- Shura estrechó su abrazo alrededor de la cintura de la joven psicóloga y volvió a sucumbir al impulso de besar su tersa mejilla con libertad y sencillez.- No voy a permitir que nadie te subestime, no me apartaré de tu lado.

Phansy suspiró al tiempo que cerraba su mirada durante unos largos instantes, alzaba una mano y acariciaba el rostro que seguía arropado sobre su hombro.- Está bien...¿Queda muy lejos este bar?

- Saga me ha dicho que está en la zona del puerto. Tengo la dirección anotada.

- ¿Por qué una reunión en un bar? - Preguntó la joven, girándose entre el abrazo de Shura para quedar frente a él.

El asistente se encogió de hombros antes de besar esos labios recién adornados con un discreto tono marrón.- No siempre acostumbro a cuestionar las ideas del Fiscal General, mientras éstas sean admisibles...

- Shura...eres el hombre más honesto que_

Otro beso acabó con las palabras aduladoras que la psicóloga deseaba regalar a Shura, quién sobre sus labios habló.- Llegamos tarde...

- Por tu culpa ahora tendré que retocarme el maquillaje...- Las manos de Phansy se habían apoyado sobre los antebrazos de Shura, y con desconocida e inocente libertad, por primera vez la joven rubia se atrevió a coquetear sin sentirse interesada ni vulgar.

- Así no te importará que vuelva a besarte...y hacerlo de verdad...

- Shura, llegamos tarde...

El español se sonrió, sintiéndose cautivo de un naciente deseo que quizás no debería esperar.- Pues dado que éste es un hecho inevitable...que nos esperen un poco más...

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Piso de DeathMask y Helena

El vuelo que les traía de regreso había salido del aeropuerto de Firenze de madrugada. La florista había amanecido pálida, igual que el día anterior, y ahora se hallaba encerrada en el baño de su piso, con DeathMask plantado al otro lado de la puerta, visiblemente preocupado.

- ¿Qué te pasa? ¿Te has mareado con el vuelo? - DM mantenía la oreja pegada a la puerta que Helena había asegurado con cerrojo, y las guturales toses que emergían como toda respuesta estaban asustando al inspector.- ¿Acaso te ha sentado mal algo que has comido?

- No, Graci...estoy bien...- Dijo la voz de la joven, una vez se escuchó la descarga de agua del inodoro.

- Me sabe mal tener que irme...no sé qué cojones quiere Saga, pero si no voy a esta reunión es capaz de incordiarme hasta la saciedad...- Se excusó DM, que seriamente dudaba entre irse o quedarse al lado de su esposa, por si su estado de salud empeoraba. La cisterna del wc volvió a sonar. Helena no decía nada más, y ahora se escuchaba correr el agua del lavabo.- ¿Quieres que me quede aquí contigo? ¿Llamo al médico?...Vale...está decidido. Llamo a Saga y le digo que no voy...- DeathMask no pudo acabar de pronunciar la frase, dado que la puerta del baño se abrió, y de él emergió la joven florista, las mejillas y la frente de la cuál se apreciaban cubiertas por una fina pátina de sudor y una palidez que poco a poco iba perdiendo fuerza.- ¿Qué? ¿Estás mejor? - Preguntó, una vez tuvo a su esposa en frente, mirándole directamente dentro de sus verdes ojos, vestidos con una expresión confusa.

- He tenido una falta...

DeathMask no comprendió dichas palabras. O quizás nunca las había creído asumibles en su repertorio gramatical. O simplemente nunca se había preparado para escucharlas.

- ¿Qué te falta? ¿Te dejaste algo en Siena? - Comenzó a preguntar DM, pareciendo tontamente estúpido sin quererlo.- Si es así, no te preocupes...llamo a mis padres y sea lo que sea nos lo mandarán por correo enseguida...

Helena negó con la cabeza al tiempo que desviaba la mirada hacia el objeto que guardaba su mano.- No es que me haya dejado nada en Italia, Graci...te digo que he tenido un falta...y que acabo de hacerme la prueba.- Soltó sin permitirse más instantes para dudar, mostrando a DM el objeto que aún su mano guardaba.

Los ojos de DeathMask se abrieron como platos, alcanzando un nivel de luminosidad desconocido hasta entonces.- Helena...¿me estás diciendo que...que estás...¡embarazada!?

La joven se sonrió al ver la espontánea reacción del inspector, y encogiéndose de hombros finalmente dejó fluir su alegre intención.- No lo sé. Antes de irte...¿lo comprobamos?

- ¡Ya estamos tardando!

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Comisaría de Policía

- Milo...voy a salir un rato. El Fiscal General quiere verme para mantener una "charla informal" ha dicho...

El inspector Camus ni siquiera se había despojado de sus ropas de abrigo, y había acudido a la comisaría únicamente para hacer acopio de algunos documentos que Saga le había requerido.

- Ok...¿regresarás luego? - Preguntó Milo, con sus ires despreocupados de siempre.

- Sí. No creo que esta entrevista se dilate mucho, aunque a penas me ha dicho qué es lo que quiere tratar en dicha "charla extraoficial". ¿Que harás tú durante la mañana?

- Lo que habíamos acordado, Camus. Iré a rastrear otra vez los alrededores del lugar donde se halló el cuerpo de la joven. Es posible que el equipo de DM dedicara pocos esfuerzos a buscar pruebas del crimen. Aunque haya pasado tiempo, quizás hallemos algo que ellos no vieran en su momento.

- No me extrañaría, la verdad.- Reflexionó el inspecor, con su habitual monotonía y seriedad.- Bueno, me voy. Cualquier novedad que obtengas me la comunicas de inmediato.- Ordenó Camus, abrochándose el abrigo hasta las cejas.

- Descuida, Camus. Si hallásemos algo te lo diré.

#Continuará#