DON'T GO HOME WITHOUT ME
XXXVI.
El hogar está donde el corazón duele.
Gintoki lo invita a beber un trago y él le acompaña a pesar de que sabe que le tocará pagar todo a él.
—Sé que han hecho de todo —le comenta el de pelos plateados a la primera copa—. Lo acepto, pero eso no significa que me guste.
Okita asiente y se sirve a sí mismo. De antemano presentía que acabarían hablando sobre ella.
—Siempre se está marchando, pasándosela bien —dice Gintoki a la cuarta copa de sake—. Debe ser difícil para ti —a la décima cuarta, el samurái le dice aquello que él ya sabía, pero que le gustaba obviar—. Ella no piensa en ti de la misma forma, ¿sabes? Ella está bien como está —la décima séptima le sabe a golpe bajo a Sougo—. A veces parece que te tiene lástima.
La última verdad la dice Gintoki tan borracho como balbuceante. Okita se le parece por el nivel de alcohol en la sangre, así que lo olvida para el otro día.
—Tal vez sólo necesita perderte para darse cuenta de lo que te está haciendo y lo mal que lo pasaría ella.
Ya. A la verga. Me voy a dormir. No me esperen si lo estaban haciendo. Duerman también.
