NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, YO SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA.

¡AL FIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIN! ¡Aleluya! Qué largo me ha parecido el mes, sin poder actualizar ninguna historia.

¡200 COMENTARIOS! ¡SOY TAN, PERO TAN FELIZ! ¡NUNCA IMAGINÉ LLEGAR A TANTO! ¡AHHHHHHH!

Actualizo esta historia primero porque es en la que más suspenso dejé, no tardaré ni dos días en actualizar TODAS mis demás historias ¡Les debo un mes de subir capítulos! y pienso reponerlos pronto. Gracias a quienes me apoyaron durante mi ausencia.

Aclaración: No era mi intención dejarlos con tanto suspenso, originalmente iba a subir éste capítulo y a los dos días el siguiente; yo también leo historias y odio que me dejen pensando qué pasará. Pido disculpas por la demora y les doy nuevamente las gracias, porque el hecho de que estén pendientes y releyendo el fic (como me dijeron los hists) me hace pensar que de verdad les gusta la historia y quieren leer más. ¡MIL GRACIAS!

Revisión de Comentarios

SammyKataangTwilight: nuevamente gracias, por ser quien me diera los 200 comentarios. Me alegra que la historia te guste tanto :)

lirilara : algo parecido.

Egypt Princess: una nunca se cansa de oír esas cosas; espero te agradé el chapter.

BRONKALOKA : lamento haberlo matado, pero era necesario. Me parece una idea excelente, podríamos comunicarnos más fácil y me encantaría leer alguna de tus historias. Cuenta conmigo para todo el apoyo que necesites.

Ari Thermaian : yo también quisiera saber, pero tu mensaje me consoló y animó. Gracias (P.D ¿No piensas hacerte una cuenta?)

brujitaKataang : sip, sólo es para darle suspenso.

Sandy1994: me encanta que la historia los apasione tanto, pero ¡No me mates, por favor! jajja.

cristina : concuerdo contigo de que el fic no sería igual, pero no te angusties. Lee y verás.

kittybadillo: Veré si puedo leer tu fic pronto. Y gracias por leer mi historia ^^

isagel : tu comentario me dejó verdaderamente feliz y halagada, es indescriptible la emoción que me da saber lo impactante que pueden ser mis historias en quienes las leen, el saber que les gusta leerlas y me consideran buena escritora. Palabras como esas son de las que jamás se cansa una de oír. Y, de pura casualidad ¿de que parte de México eres? (yo también soy mexicana) Gracias por tan espléndido comentario, que me hizo muy feliz.

sakura : No te apures por tardar en comentar, tómate siempre tu tiempo.

ABBYGABY005: Me hizo reír tu comparación. Disfruta mucho el capítulo.

marrifabii44: lamento el suspenso ¡Aquí está el capítulo!

nisseblack: mmm... ¿Qué más digo? ¡Gracias por apoyarme en este mes, amiga! ^^

cindy williams black: no fue un sueño, todo es realidad. Y Fa Kan planeaba algo más que una cita. Pero bueno, en este capítulo se aclaran algunas dudas.

lucecita11: bueno, ese comentario no me hizo dormir en una semana ¡Pero aún así me gusto! ;)

ADVERTENCIA: CAPÍTULO CURSI AL PRINCIPIO. ABSTENERSE INTOLERANTES A ESCENAS TONTAMENTE ROMÁNTICAS.


Capitulo 35.

El Milagro del Amor.

Caía la tarde, el cielo se teñía de anaranjado por el crepúsculo que recién empezaba. Katara se sorprendió por lo rápido que había transcurrido ese día, pero no pensó en ello más. Seguía inclinada al lado del inerte cuerpo de Aang ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¡Quién sabe! No fue consciente de nada. Podían ser segundos como días, a ella le daba igual.

¡Oh, sin tan solo tuviera un poco de agua con la cual tratar de sanar esa horrible herida de Aang! Pero no había nada. Trató inútilmente de usar el agua en el aire, pero era escasa, raquítica. Y sus poderes de Maestra Agua parecieron esfumarse. Se sentía más débil y torpe que nunca en toda su vida.

Ver el pálido rostro de Aang tumbado enfrente suyo la llenó de un dolor indescriptible, en nada comparable con el que llegó a sentir cuando pensó que él le era infiel. Fue como si una parte de su ser hubiera sido arrancada violentamente de su interior y arrastrada sepa Dios a dónde.

Su rostro seguía empapado, las lágrimas fluían sin contenerse, no parecían tener fin. Se preguntaba ¿Dónde quedaron los Cinco Espadachines? Nunca encontraba la respuesta. Realmente, esa respuesta le valía un comino. Lo único real en esos momentos era el espantoso dolor que su corazón sentía con cada palpitar y se negaba a esfumarse.

La luna plateada brilló en el cielo, ya oscuro, con las estrellas rodeándola creándose un manto de luz blanca sobre el negro azulado que era el demás cielo. Katara no pensaba en la belleza de la luna llena, no pensaba en nada. Apoyó la cabeza sobre el pecho de Aang, queriendo sentir consuelo.

No había nada. Solo un frío cuerpo debajo de su mejilla. No estaba ya el rítmico palpitar de ese corazón que la arrullaba por las noches cuando dormían los dos juntos; no había ya unos cálidos abrazos estrechándola dulcemente para que conciliara el sueño: no había ya un Aang que tarareara melodías antiguas para relajarla; no había ya un pecho que la meciera con cada respiración; no había ya un aliento golpeando ligeramente su cara y despertándola cuando quedaba dormida. No había ya nada eso.

No había más Aang.

Nuevas lágrimas cayeron al quemado pecho del fallecido Avatar. En su mente pasaban fugaces los últimos momentos en que lo vio con vida. Él trató de dejar atrás los malos entendidos y animarla, antes de jalarla violentamente y tumbarla al suelo ¡Todo para defenderla! ¡Para que a ella no le pasara nada! ¡Ella, que desconfió de él hasta el grado de considerarlo un infiel mujeriego, cuando le demostró millones de veces lo mucho que la amaba! No lo merecía.

Aang debía estar ahí, vivo, como Avatar glorioso que detuviera esos atentados, que trajera nueva paz al mundo. Que equilibrara la sociedad. No ella, una simple campesina del sur que para el mundo no era esencial. Una mujer más, una maestra agua más ¿Qué podía compararse ella con el Avatar?

Una suave brisa apareció repentinamente. Y a ella le recordó esos vientos tranquilos que Aang solía crear para juguetear con su cabello en los días de primavera. Siempre le encantó ver su cabello castaño y trenzado moviéndose al compás del aire. Alzó ligeramente la mirada hacia la luna. Casi pudo ver el rostro de Yue mirándola.

-Devuélvemelo… Por favor… lo siento—sollozó más.

Dejó caer la cabeza al suelo y puso ambas manos en el pecho de Aang. La herida estaba ya cubierta por las saladas lágrimas de la morena. Ella no se percató de eso. Siguió llorando, tratando de sacar su dolor por medio de esa acción. Pero no había resultados.

-¡Katara!—la llamaban. Era la voz de Sokka, pudo reconocerla. Estaban buscándola—¡Aang, aparezcan!—sonaban lejos, tardarían en llegar.

Repentinamente, sintió sus poderes fluir en su interior. Ella se sorprendió, porque no estaba convocando ninguna clase de control elemental. El poder llegó a sus brazos y a las manos, expandiéndose fuera de éstas. Las lágrimas que empapaban el pecho del Avatar se unieron en un solo flujo de agua que brilló intensamente.

Las manos de Katara quedaron paralizadas, no las podía mover. Estaban suavemente colocadas sobre la quemadura en el pecho del Avatar, misma que brilló con gran intensidad cuando las lágrimas comenzaron a sanarla. Katara jamás, en todas las ocasiones que sanó, vio tanto resplandor.

-¿Qué pasa?—pudo susurrar, antes de cerrar los ojos ante la intensidad de la luz.

No era aún su hora, lo necesitan todavía y mucho. Era una voz dulce y femenina que no alcanzó a reconocer. Su propio cuerpo fue despojado de energía y la luz emitió un último brillo antes de erradicarse. Ella cayó exhausta, sobre el cuerpo de Aang.

Lo miró, seguía pálido. Sollozó creyéndolo aún muerto. Pero al tocar su mejilla, notó que la piel no estaba realmente fría. Seguía sin ser cálida, pero parecía recuperar calor. Inmediatamente puso su oído sobre el pecho del chico y pudo sentirlo: el corazón latiendo desenfrenado, como si estuviera luchando por mantener con vida al cuerpo de quien llevaba horas muerto.

-¡Katara!—gritaron nuevamente.

-¡Aquí!—contestó, su voz ronca por las horas llorando—Aquí ¡Vengan ya! ¡Rápido!

Tomó el pulso del chico. Era demasiado alto para ser normal. Eso la alertó ¡Seguía estando muy enfermo! Unas pálidas luces detrás de ella la hicieron voltear levemente, era Sokka y una tropa de soldados.

-¿Qué pasó?—inquirió demandante, poniéndose de cuclillas para revisar a Aang.

Katara abrió la boca para contestar, pero ningún sonido salió de ella. La cabeza comenzó entonces a darle vueltas y sintió que su cuerpo fue golpeado por una montaña entera. Le dolía y no tenía la energía para siquiera mover su brazo.

Sokka vio a su hermana pálida e inmediatamente le preguntó qué pasaba. Ella apenas pudo mirarlo. Todo se volvió negro para Katara.

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Los soldados llevaron el desmayado cuerpo de Katara y al enfermo Avatar hacia el Palacio. Zuko mandó a tres doctores para atender a Aang y a dos para Katara. Suki también se quedó para ayudar a atender a su amiga.

-¿Qué ha pasado?—preguntó Toph, Mamuro estaba a su lado e inmediatamente le agarró la mano para calmarla.

-No tenemos ni la más mínima idea—contestó Sokka—los encontramos en el cañón, Katara estaba consciente pero se desmayó poco después de que llegué.

-¿En el cañón?

-¡Eso dije!

-No te enfades conmigo, Sokka—dijo Zuko, irritado.

-Lo lamento… es solo que… se ven tan graves.

-¿Qué pudo haber pasado?

-¡No sabemos!

Sokka se dejó caer al suelo y sostuvo la cabeza con ambas manos. Mamuro abrazó a Toph quien escondió el rostro en su pecho por unos minutos, antes de apartarse y mirar tanto al guerrero del sur como al Señor de Fuego frente a ella.

-No podemos quedarnos aquí, sin hacer nada—usó ese tono mandón que llevaba tiempo sin emplear—Díganme ¿dónde quedó su ahínco? ¡Debemos buscar a los culpables! ¿Revisaron, el menos, el rededor de donde encontraron a Aang y Katara?

Aunque era ciega, sus ojos se posaron en Sokka como si de verdad lo estuviera viendo. Cosa que lo intimidó.

-No…-susurró.

-¡Qué esperan! Que digo… ¡Voy yo!

-¡hey!—Mamuro la detuvo al agarrarla de la mano—Es peligroso.

-¿Quién más lo va a hacer, si yo no?

-Voy contigo.

La abrazó por a cintura, sonrojándola.

-Toph tiene razón—Dijo Zuko, alzándose—Organizaré tropas que los acompañen.

Caminaban apenas cuando Sokka los detuvo con una sola pregunta:

-¿Y yo que hago?

Los tres se miraron—Toph solo movió los ojos—pensando qué encargarle.

-Espera a que te den noticias sobre Katara y Aang y nos avisas—declaró Mamuro, yéndose los tres del lugar.

Sokka se quedó ahí, sentando, mirando las dos puertas enfrente de él. En una atendían a su desfallecida hermana y en la otra al delirante de Aang. ¿Qué futuro les esperaba a ambos?

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Katara sentía un intenso calor. Como si llamas enormes la rodearan, el aire era sofocante y le costaba demasiado respirar. Sentía un espantoso mareo y una sensación de vacío en el estómago. Repentinamente, el mareo le provocó náuseas y el vientre le dolió. Sintió algo salir de su estómago, dejándolo más vacío.

La invadió entonces un horrible dolor. El calor solamente pareció aumentar mientras calambres aparecían en diferentes partes de su cuerpo sin que ella pudiera recuperarse de uno para que empezara el otro. Su vientre le dolía inmensamente y de manera seguida sentía contracciones en el mismo, que le dolían de manera horrible. Las náuseas no desaparecían, todo lo contrario, cada vez eran más y más frecuentes y sentía presión en su estómago.

Respirar le era más dificultoso y una debilidad la dejó sin energía siquiera para quejarse. Murmullos alrededor suyo la distraían de su agonía, más no lo suficiente para su gusto. Aang estaba enfermo, él estaba muy mal, moría lentamente y dependía de ella salvarlo. ¡Necesitaba salvarlo! Pero unas pesadas cadenas amarraban sus manos y pies y además, cubrían casi todo el cuerpo, evitando todo movimiento por parte de ella. Luchaba afanosamente contra las cadenas y los demonios que las sostenían, pero los demonios eran fuertes y la amarraban más fuerte cada vez que intentaba luchar contra ellos.

Esporádicamente, sintió nuevas energías abastecerlas con el recorrido de un líquido caliente a través de sus venas. Pudo entonces pelear con mayor fiereza en contra de esos demonios. ¡Debía ir a ayudar a Aang! ¡Tenía que salvarlo! ¡Él la necesitaba! Entre todos esos tormentos, sus labios solo pronunciaban el nombre de su amado.

-Aang… Aang… ¡Aang!

-Tranquila—la consolaba una desconocida voz maternal—Ya pasa… él está bien… ya pasa.

¿Qué él estaba bien? ¡Si estaba muerto! Debía salvarlo, con el agua del oasis espiritual que solamente ella tenía ¡Solo ella! debía revivirlo, el mundo lo necesitaba. Ella misma lo necesitaba ¡Debía ir con él YA!

Pero entre toda su lucha ocurría algo. Aang estaba vivo, un milagro divino, y ella quería abrazarlo. Pero él la rechazaba. Él se iba. Él la dejaba. Ella lo traicionó, lo insultó, lo ofendió de horrorosa manera. Él ya no la quería. No la perdonaba.

-¡No Aang! ¡No! ¡Perdona!

-¡Cálmate! ¡Te lastimas, cálmate!

¿Quién le hablaba y le pedía semejante tontería? ¡Aang la estaba dejando! Lo necesitaba. Requería de su amor para poder salir adelante y vivir plena.

Lo amaba.

-Él está bien, y te quiere. Cálmate, él te perdona.

Aunque no era la voz de Aang quien hablaba, sí eran las palabras que Katara necesitaba escuchar. Finalmente pudo relajarse. Las pesadas cadenas con las que luchaba se hicieron ligeras ante la desaparición de los demonios. El calor era intenso, pero fue disminuyendo poco a poco y entonces, Katara encontró paz.

Todo era borroso. El cuerpo le dolía ligeramente. Abrió los ojos y sintió un punzante dolor en el vientre.

-¿Qué pasa?—se llevó una mano al abdomen.

-¿Katara?

Ella entonces pudo ver a Suki y a Sokka. Los dos estaban parados enfrente de ella.

-¿Qué pasó? ¿Y Aang?

Su voz sonaba ronca y débil.

-No te apures por eso, Katara—la consoló Suki inmediatamente—No sabemos qué pasó. Y Aang está mucho mejor.

Se dejó caer en la cama, el alivio intenso relajándola.

-¿Por qué me duele el estómago?

Suki se sonrojó un poco antes de hablar. Sokka simplemente miraba a su hermana, con una ligera sonrisa.

-Te desmayaste allá—dijo la guerrera Kyoshi—Y te trajeron. Te pusiste muy pero muy mal. Te dio una fiebre altísima y estabas siempre inquieta ¡Tuvimos que amarrarte porque te parabas y caías a cada rato!

-¿En verdad hice eso?

-Sí. Peleabas contra todos. Sudabas mucho y te daban calambres que te hacían gritar. Llamaste muchísimas veces a Aang, lo recuerdo.

-Y nunca a su hermano…

-cállate guerrero sentido—reprendió Katara—dime más Suki.

-Vomitaste casi diez veces. Te digo, estabas muy, pero muy mal.

-¿Enferme? ¿De qué? ¿Por qué?

-A eso voy. Las enfermeras y yo te analizamos. Aunque ya habíamos llegado a una conclusión.

-¡Que fregados tengo!

-¡Ay, no grites! Sí que andas temperamental…-dijo Sokka.

-Katara, estás embarazada.

El asombro en el rostro de la morena no tenía precio.


No me maten por favor. Si no aparecen nuevos demandantes de mis historias, subiré el otro capítulo en dos días a más tardas, o quizá mañana. Ya me falta poco para terminar de escribir esta historia. Sólo les digo, que las peleas, discusiones y enredos empiezan a partir de YA.

Adelanto:

-Exclúyame de sus rezos, no es necesario—dijo.

-¿Qué…?

Ella levantó la mano, con un dedo sostenía un precioso llavero dorado, del cual colgaba una enorme llave decorada con un fino dragón. Aang la reconoció. Era la llave que abría las puertas en los muros que rodeaban al Palacio. Sus ojos se abrieron desmesurados, la incredulidad nadaba en ellos.

-Tú no…

-Oh sí.

-No…

-Se lo merece.

¡Chao!