Las escasas luces de las antorchas del salón iluminaban el salón con un aire tétrico. Hermione Granger sintió el instinto de salir corriendo, pero haber ido hasta ahí ya era un logro del cual no podía prescindir.

—Sé lo que hiciste— dijo, su voz se escuchó como un eco triste y solitario. No tenía miedo de la persona que estaba de frente a ella, tenía miedo de la verdad. Se obligó a soltar un suspiro, pues estaba conteniendo todo el aire. Apretó la varita más fuerte hasta que sus nudillos se hicieron blancos— Sé porque viniste.

—¿De verdad crees saberlo? — la voz melodiosa llenó el alma de Hermione con inquietud.

El reloj del salón de clases marcó exactamente las doce de la noche. Hermione sabía que nadie la escucharía si gritaba.

—¿Cuánto tiempo creíste que podías ocultarlo? — los labios de la chica temblaron. Desearía tener a Malfoy con ella, ahora parecía que estaba millas lejos.

La figura, que apenas se miraba la mitad de su cuerpo por la luz de las antorchas se movió con lentitud hasta rodear el escritorio y recargarse con ambos brazos delante de él. Pero no dijo nada.

— Sabes lo que pasará ahora— la castaña se quitó los rizos de las sienes, unas gotillas de sudor escurrían por ellas— Serás juzgada. Por tu culpa Draco Malfoy casi muere…

Una risa seca llenó el ambiente.

— Granger, ¿de verdad creías que me importaba eso? Hice lo que debía hacer.

— No he terminado— Hermione se sentía herida, estúpida… de todas las personas… ¿cómo no lo pudo ver? — Casi muero yo por tu culpa.

—Y lo harás esta noche— dijo la voz, alzando la varita a ella y haciendo que la castaña diera un paso atrás y topara con una banca— Me agradas bastante Granger, pero si debo matarte para guardar este secreto, lo haré.

Hermione vio un destello de luz. Y supo que todo había terminado.


-30 HORAS ANTES-

—¡Le pago una cerveza a quién apueste por este chico de aquí! ¡No sólo es inteligente, atractivo, adinerado y Slytherin, sino además dicen que tiene un suéter diferente por cada día de la semana!

Ginny tomó un trago de su cerveza de mantequilla mientras miraba con una mueca de desagrado lo que estaba sucediendo frente a ella.

—¿Qué carajos está haciendo Nott?

Hermione se giro y Luna se alzó sobre la mesa, poniéndose sobre sus talones para ver mejor. April alzó una ceja.

— ¿Ese no es Timothy Wilson?

La escena era fascinante: Theodore Nott estaba de pie sobre una de las sillas de la Taberna de la Bruja Traviesa en Hogsmeade con su quinta cerveza en la mano y debajo de él, sentado en otra silla estaba una de las personas más antisociales y ñoñas de Hogwarts: Timothy Wilson. El chico se encogía sobre el asiento con sus grandes lentes y su cabello rubio grasoso con una vergüenza inimaginable.

Después, sonó una silla al lado de Nott y otro chico se paró sobre ésta, quedando a la altura de Nott. Draco Malfoy.

— ¿De verdad escucharan a Nott? No sabe ni siquiera la diferencia entre una libra inglesa y un dólar estadounidense.

Todos los chicos rieron. Todos prestaban atención a la escena divertidos, incluso los empleados habían dejado sus funciones para ponerse a mirar.

—¡Mejor apuesten por mi amigo Bruce Davies! ¡Mucho más apuesto, mucho más inteligente, además, por ahí me dijeron que sabe hacer un estofado esplendido!

Bruce Davies, quien estaba abajo también muriéndose de vergüenza le dio una palmada a Draco en la pierna. El chico era de Hufflepuff y tenía enredada la bufanda de su casa alrededor del cuello.

— ¡Ah lo siento, no es estofado lo que hace, sino sopa! — se corrigió Malfoy pidiendo perdón con un gesto con la mano.

Ambos chicos que apenas y hablaban con alguien en Hogwarts ahora eran el centro de atención porque en medio de ellos estaba un tablero de ajedrez mágico y ambos eran los mejores en él, así que Zabini y Nott se habían encargado de abrir una mesa de apuestas, pues esa noche no podrían tomar tanto como de costumbre, pues McGonagall lo había prohibido.

— Tu novio es un chiquillo— dijo April a Hermione, inclinándose a su oído mientras las chicas seguían mirando la escena.

— Ahora mismo desearía no conocerlo, créeme.

—¡Si gana mi amigo Timothy, Blaise Zabini se quitará la camisa! Chicas ¿qué esperan? Es una buena oferta— gritó Theo y todos gritaron emocionados.

Hermione vio a Zabini desde la mesa de apuestas enrojecer y sacarle el dedo a Theo mientras éste y Malfoy le lanzaban un beso.

Timothy y Bruce se miraban conmocionados. Y es que ellos por fin se habían decidido a ir a una visita a Hogsmeade y no quedarse en la escuela y se habían puesto a jugar tranquilamente hasta que llegaron estos dos Slytherin a interrumpir su paz y convertirlos en un atractivo de feria.

— ¿Y ustedes qué? — se escuchó la voz de una chica en una de las esquinas de la taberna. Cuando Hermione y sus amigas se giraron, como todo el mundo, la castaña identificó a la chica como Tracey, era una de las amigas de Malfoy y miembro de las Serpientes—¡Deben de perder o ganar algo también según su concursante!

Todos los chicos soltaron un grito de aprobación, levantando las manos. Draco y Theo, todavía encima de las sillas se miraron y se susurraron algo entre ellos mientras todos los chicos gritaban en coro un "sí".

Finalmente, Nott se separó de Malfoy y alzó las manos pidiendo silencio.

— Bien, bien— dijo, moviéndolas de arriba a abajo— ¡Si Timothy gana, Draco tendrá que meterse al lago sin camisa y si Bruce gana lo haré yo!

Hubo vítores. Hermione abrió grande la boca.

— Increíble— susurró Luna, emocionada mientras Ginny le dedicada una mirada escandalizada— ¿Qué? Es una buena apuesta.

—¿Y si empatan? — preguntó entonces Hermione, alzando la voz en medio del salón. Las miradas se pusieron sobre ella y después volvieron a Theo y a Draco, interrogándolos.

Contaba con que a alguien se le iba a ocurrir preguntar. Aposté que tú lo harías, sabelotodo.

Hermione sonrió al escuchar la voz del rubio en la cabeza y el chico también devolvió la sonrisa de chico malo, luego, ambos se miraron.

—Si empatan, entraremos los dos— anunció Draco.

Todos soltaron aplausos y gritos masivos que aturdieron los oídos de la castaña.

Zabini cerró la mesa de apuestas y silbó con los dedos en los labios para anunciar el inicio de la competencia.

Bruce, quien tenía el cabello negro y largo y Timothy, el rubio con un suéter de rombos que le quedaba enorme, comenzaron la partida de ajedrez mientras todos se acercaban y gritaban el nombre de su competidor favorito. A Hermione no le sorprendía que Bruce fuera el que iba ganando al principio, Draco siempre sabía muy bien a quién apostarle.

Después de un rato, el juego se hizo más intenso y las porras se volvieron gritos.

Pero finalmente, se declaró empate.

Ante el resultado, todos voltearon fascinados y sorprendidos ante Theodore y Draco, que estaban boquiabiertos.

—¡Al río, al río, al río! — gritaba la multitud.

Hermione estaba casi segura que ambos chicos habían jugado como habían jugado a propósito. Era obvio que querían que los dos chicos más populares de Slytherin y de Hogwarts se mojaran un poquito.

Aunque ya era Abril, todavía en las noches hacía frío, y estaba a punto de anochecer.

Finalmente, Draco y Theo salieron de la taberna con todos los chicos corriendo detrás de ellos. Hermione se apresuro a soltar unas monedas en la mesa, tomar su chaqueta y ponérsela mientras salía a toda prisa seguida por Luna, April y Ginny.

— No puedo creerlo— decía Ginny— Los hombres son unos animales. Y sin duda los que promueven esta locura no son más que unas ovejas sin conciencia.

— Pues perdóname si hoy soy una oveja más pero muero por ver a Nott sin camisa— dijo April carcajeándose mientras corrían hasta un pequeño lago que estaba por la casa de los gritos.

—Por Merlín— dijo Hermione soltando otra carcajada.

Las chicas llegaron hasta el borde del río junto con todos los demás, que seguían gritando y levantando las manos arriba al mismo ritmo.

Algunos chicos se hicieron a un lado, dejando un pasillo para que pasaran Draco y Theo, quienes se iban desvistiendo mientras avanzaban. Las chicas gritaban, riéndose nerviosas.

—No. Puede. Ser— dijo Luna, con una sonrisa.

Justo cuando le quedó solamente una camisa de manga corta blanca y delgada al rubio, la castaña escuchó su voz en su cabeza.

Piensa rápido, Granger.

Y le lanzó la camisa a ella, quedándose desnudo del torso para arriba. La camisa aterrizó en el pecho de Hermione mientras ella cerraba los ojos por sus pésimos reflejos y la atrapaba apenas. Todos voltearon a ver a la castaña impresionados y gritando.

El pecho de Draco tenía cicatrices en algunas partes, pero sobre todo en la espalda, Hermione lo había visto así muchas veces, pero ahora que lo veía más de lejos se veía como todo un guerrero. Notó que no se había ocultado la Marca y la traía ahí en el brazo derecho. Theo traía una enorme cicatriz en el estómago, producto de cuando lo habían apuñalado.

Theo y él forcejearon juguetonamente al llegar al borde del río hasta que finalmente se echaron al agua helada. Todos soltaron gritos.

Draco salió del agua, que le llegaba hasta arriba del ombligo y se sacudió el cabello empapado. Theo también salió, pero respirando pesadamente con un montón de frío. Draco lo agarró de la cabeza y lo hizo sumergirse de nuevo mientras todos reían y seguían gritando.

Luego, Draco y Theo salieron del agua y fueron en directo a Blaise, quien permanecía en la orilla riendo alocadamente y en cuanto vio que iban hacia él, puso una cara de alarma. Antes de poder huir, Draco y Theo lo agarraron y lo arrastraron hasta que lograron tirarlo al agua.

Los demás chicos estaban enloquecidos.

Cuando sonaron las campanas de Hogwarts indicando que era momento de regresar, todos los chicos comenzaron a dispersarse y Blaise, Theo y Draco salieron del agua empujándose y dándose pequeños puñetazos.

Draco llegó hasta Hermione y Theo fue en directo a hablar con April, quien estaba sonrojadísima. Sólo un tonto no se daría cuenta de que esos dos se traían algo desde el baile de Navidad.

—¿Te gusto el espectáculo? — preguntó el rubio con una sonrisa. Se le hicieron dos líneas perfectas a cada lado de la boca. El cabello rubio le escurría de gotas heladas que se deslizaban hasta su pecho. Sus jeans estaban más que empapados.

Hermione le extendió su ropa, que había recogido del suelo antes de que saliera con una sonrisa divertida.

— Cada día me sorprendes más.

— Que alegría— dijo el chico, pero no parecía sarcasmo. Se secó con su camiseta el exceso de agua del pecho y de su cabello y se puso la chaqueta encima de su torso desnudo.

— Será mejor que nos vayamos— dijo Blaise, que hablaba con Luna y Ginny— O agarraremos una pulmonía.

— Siempre tan atento, amor— le dijo Theo con una risita. Los rizos castaños del chico también escurrían.

Blaise rodó los ojos, pero no protestó.

De camino al castillo Hermione se sorprendió de ver que ahora Ginny, Luna y April se llevaban realmente bien con Theo y con Blaise, pues iban unos pasos más adelante que ellos e iban riendo sonoramente.

— Ya casi empiezan los EXTASIS— decía April— Son mis primeros, estoy nerviosa…

—No te preocupes, dicen que no están tan difíciles, a menos que quieras ser auror— decía Ginny.

— No quiero ser auror, ¿tu quieres serlo? — preguntó la pelirroja. Ginny negó.

— Quiero jugar profesionalmente un tiempo. ¿Ustedes que harán? — preguntó a Blaise y a Theo, que caminaban dejando marcas de agua por todas partes.

— No lo sé, chica Weasley— dijo Theo, con un tono soñador— Es una decisión importante ¿sabes? Soy el tipo de chico al que le gusta pensar las cosas profundamente.

—¿Desde cuándo? — preguntó Zabini, y aunque iba de espaldas, Hermione se lo imaginó frunciendo las cejas— Una vez te vi comerte un bombón cuando todavía estaba ardiendo en llamas.

Se escucharon unas carcajadas y a continuación un golpe seco de parte de Theo.

—Muy gracioso, a ver quien destapa el baño cuando lo tapes ahora, Zabini.


Cuando llegaron a la torre, la noche recién había caído sobre Hogwarts. Draco fue rápidamente a darse un baño caliente y Hermione fue a su habitación a lavarse la cara y los dientes. Se estaba poniendo la pijama cuando la puerta de su habitación se abrió, revelando a Draco Malfoy entrando.

— Merlín, Granger, ten piedad ¿sí? Cada que te desvistes, me deshaces.

Hermione enrojeció y le lanzó una almohada que estaba a la mano y que el chico esquivó en un solo y simple movimiento. La castaña estaba solamente con un brasear de algodón y el pantalón de la pijama. Se puso una de las camisas de Draco que guardaba desde hace tiempo y se fue a la cama.

Draco se quitó la toalla que traía sobre el cuello y la dejó a un lado. Estaba comiendo un pudín. Pequeñas gotas de agua caían de su cabello. El cabello del chico estaba más largo que de costumbre y Hermione había descubierto que si no se lo cortaba durante un tiempo se le hacían ondulaciones pequeñas.

—Draco— le llamó Hermione, el chico levantó sus ojos parar mirarla a modo de respuesta. La chica se agarró sus rizos en un chongo del cual se le escaparon varios. Soltó un suspiro— Estuve investigando y he dado con la casa de Ancianos en la que está Gwendolyn. No queda lejos de aquí. Así que pensaba ir mañana, que tenemos el día libre…

— Tenemos el día libre para prepararnos para los EXTASIS— dijo el chico, acercando la silla del escritorio de la muchacha para sentarse frente a ella—¿Me estás diciendo que la Gran Hermione Granger no comenzará a estudiar?

— Creo que sé todo lo que tengo que saber— dijo, suspirando— Además, necesito saber cuanto antes. No tengo mucho tiempo.

Draco se quedó mirándola.

— Iré contigo— dijo, finalmente.

— Pero tienes entrenamiento…

— Soy el capitán, puedo cancelar el entrenamiento cuando quiera— dijo, sacudiéndose el cabello, que ya solo estaba húmedo.

—Draco, sé que mañana tienes un día ocupado, puedo ir sola— dijo Hermione, cruzándose de brazos.

— Ni de broma, Granger.

— Es una anciana, no es como que me vaya a matar— dijo la castaña, sarcástica.

— ¿Ah en serio? Porque Voldemort tenía 71 y nos dio bastante batalla.

Hermione rodó los ojos y luego se quedó mirando al rubio, que jugaba con una de las figuras de porcelana que Hermione tenía en la mesita de noche. Una figura que su madre le había dado.

—¿Sabes qué eres? — preguntó Hermione, cruzándose de brazos.

—¿Un tipo increíblemente guapo? — preguntó el rubio, alzando una ceja, mirándola un momento antes de volver su atención a la figura.

—Un obsesivo del control.

—¿Qué no puedo ser ambas cosas?

Hermione sonrió levemente, rodando los ojos. Luego, vio que Draco traía puestos unos jeans nuevos y limpios. Alzó una ceja.

— ¿Te irás? — quiso no sonar decepcionada.

Draco se levantó de la silla y le dio un beso en la frente.

— Volveré pronto. Han convocado una reunión de último momento. No me esperes despierta.

Y antes de que pudiera decir otra cosa, Draco salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.


Draco traía puesta una sudadera suya que Hermione usaba de vez en cuando; los días en los que andaba por la torre o los días en los cuales dormía toda la tarde y Draco había olvidado lavarla. Ahora olía a ella. No era un olor al perfume que siempre usaba, era el olor tan característico de la chica que lo impregnaba.

El rubio entró a la sala donde eran las juntas secretas y se sorprendió de ver que la sala estaba completamente vacía, excepto por una persona que le daba la espalda. En cuanto llegó, la figura se dio la vuelta y reveló el rostro cansado y ojeroso de Daniel Avery.

El chico tenía el cabello negro desordenado. Traía una chaqueta azul marino y en sus manos cargaba un paquete mediano.

— Avery— dijo Draco, alzando una ceja, cerrando la puerta tras de él— ¿Qué haces aquí?

Daniel temblaba, parecía que no había dormido en días.

— Sé que esperabas a tus amigos— dijo el chico, Draco se recargó en la pared y cruzó los brazos.

— Sí, los esperaba a ellos. Pero en cambio te tengo a ti, no siempre las cosas salen bien.

Pero Avery no reaccionó a su comentario burlón.

— Le pedí el favor a Tracey, que te dijera que había reunión hoy para encontrarme a solas contigo.

— O podrías simplemente haber dicho que el que requería mi presencia eras tú.

— No estaba seguro si vendrías— aceptó el chico, su postura se relajó un poco— Si estabas con Hermione no la dejarías por venir a verme ¿o sí?

Tenía razón.

— Bueno, ya estoy aquí, habla.

Daniel se pasó una mano por la boca. Por la poca luz de la habitación Draco no había notado que traía un moretón en el cuello.

— Fui a buscarlo. A mi padre. — dijo, su voz sonaba quebrantada— Seguí sus pistas, a fin de cuentas, él era un investigador, me enseñó todo lo que sabía. No tardé en dar con ellos. Con mi padre, y con el tuyo también.

Draco se enderezó cuando escuchó al pelinegro mencionar a su padre.

— Malfoy no es como tu piensas. Ellos… tu padre, el mío— dijo, se veía realmente inquieto— Ellos no quieren estar ahí, es como si los tuvieran prisioneros. Están forzándolos a trabajar día y noche para encontrar a la hija de Calaware y parece que no descansan ni un solo día, pero se ven acabados— dijo, y luego suspiró— No tiene caso que te diga dónde los encontré porque justo antes de partir, ellos ya se estaban moviendo a otro lugar— levantó sus ojos azules a los grises del rubio— Me descubrieron, Malfoy. Me descubrieron espiando.

Draco lo miró. Sabía perfectamente de lo que esos hombres eran capaces.

— Perdón, me torturaron— el chico cerró los ojos, apretándolos fuerte en un sentido de infinita culpa— Les dije que estabas vivo.

—¿Qué hiciste qué? — susurró el rubio, amenazante.

Daniel sacudió la cabeza.

— Intenté mentir, Malfoy, pero nunca antes me habían torturado— dijo. Draco contuvo las ganas de acortar los metros que lo separaban del pelinegro y hundir su puño en su mandíbula.

—¿Qué más les dijiste?

—Nada, lo juro— el chico se pasó una mano por el pelo— Fue todo.

Draco guardó silencio y luego parpadeó, sorprendido. Se enderezó de donde estaba recargado y se acercó al pelinegro, descruzando sus brazos.

— Un momento— le dijo, mirándolo— Te han dejado libre. No lo harían a menos que te hayan mandado con un mensaje. Uno para mí. ¿Cuál es?

El pelinegro, que estaba a la misma altura del rubio, se mordió el labio inferior, como si quisiera contener algo. Un grito, un suspiro. Luego, extendió el paquete: una caja negra lisa.

—Lo siento— dijo— Malfoy, de verdad, lo siento.

Draco le arrebató el paquete, confundido. Luego, lo abrió con lentitud. Su corazón latía horrible contra su pecho.

Cuando lo abrió, lo tapó de inmediato, escandalizado. Sintió el vómito subírsele hasta la garganta y contuvo el impulso de lanzarlo a la pared.

— Malfoy— la voz de Avery lo sacó de su ensoñación, se dio cuenta que se había jorobado de las nauseas cuando el chico se inclinó sobre él— Mi padre ha rastreado la joya. Está en Hogwarts.

Draco se obligó a enderezarse. Estaba apretando con mucha fuerza su mandíbula.

— ¿De qué estás hablando?

— Que los Mortífagos ya saben que la joya está en Hogwarts. Sé que fue mi padre quién la rastreó— dijo, hablaba rápido— Eso quiere decir que ellos creen que la hija puede estar en Hogwarts.

— Tenemos algo en común, Avery. Tú y yo. — dijo Malfoy, aún apretaba la caja con mucha fuerza, tratando de no verla. Daniel lo miró, interrogante— Nuestros padres nos enseñaron todo lo que sabemos.

Avery se quedó un momento en silencio, y luego asintió cuando comprendió lo que Draco quería decir, se puso serio..

— Puedo rastrearlos. Puedo ver a dónde han ido— dijo, refiriéndose a los Mortífagos.

— Hazlo— dijo el chico, apenas le salía la voz. Se volteó para ir rumbo a la puerta y justo antes de abrirla la voz de Avery sonó de vuelta.

— Malfoy. Ellos dijeron que la siguiente era Hermione— le dijo, señalando el paquete negro.

Draco apretó el puño sobre la manija de la puerta.

— Entonces más te vale que los encuentres, y pronto.

Y dicho esto, abandonó la sala.


El sonido de cosas rompiéndose despertó de golpe a Hermione. La castaña se levantó en un abrir y cerrar de ojos y salió despavorida de su habitación. Al asomarse por el balcón de la torre vio las luces de las antorchas medio encendidas en el piso de abajo y a Draco Malfoy aventando todo lo que estuviera a su alcance en un destello de ira pura.

Hermione bajó las escaleras, asustada, mientras veía como Draco volteaba al revés una mesa con una sola mano.

—Draco— lo llamó, pero el chico seguía aventando cosas—¡Draco! ¡Basta! ¿Qué estás haciendo?

La castaña se acercó a él, lanzándose y tratando de aprisionar sus manos con las suyas.

— Por Merlín Draco, dime ¿Qué sucedió? — preguntó, espantada—¡Es la mitad de la noche!

Draco dejó de aventar cosas al ver que Hermione aprisionaba sus puños con sus pequeñas manos, pero estaba respirando de una manera increíblemente rápida.

— Daniel Avery— dijo, su mandíbula estaba tan tensa que Hermione temía que se la fuera a reventar— Encontró a los Mortífagos. Granger, el padre de Avery ha rastreado la joya. Está aquí, en Hogwarts.

— Draco…— Hermione puso sus manos en las mejillas del rubio, quien no dejaba de respirar encabritado. Toda la sala de espera de la torre estaba hecha un desastre— ¿Qué fue lo que te dijo para que te pusieras así?

Draco se quitó del tacto de la castaña y señaló una pequeña caja negra que estaba sobre el único sillón que no estaba volteado.

— Los Mortífagos. Me han mandado eso.

Hermione lo miró y luego avanzó lentamente hacia la caja para tomarla, temiendo que si hacía cualquier movimiento Draco volviera a alterarse, pero el chico simplemente le dio la espalda.

La castaña abrió la caja con cuidado.

Adentro estaba una mano. Cubierta de anillos y de sangre seca. Uno de los

La castaña lo tapó a toda velocidad y lo tiró al piso, asqueada y respirando con dificultad. Era la mano de Lucius Malfoy.

Boquiabierta, la castaña se volteó hacia el chico, que le daba la espalda.

— Draco, lo siento— dijo, acercándose lentamente a él. Por un momento temió que del coraje que traía la fuera a aventar también a ella, pero sintió que valía la pena el riesgo. Nunca lo había visto tan enfadado.

Cuando llegó hasta él, lo abrazó por detrás y recargó su mejilla en su espalda.

—Lo siento— susurró nuevamente, acariciando con sus manos su pecho.

El rubio soltó sus puños apretados y luego se arrodilló en el suelo. Hermione se arrodilló con él, sin soltarlo.

Luego, así como si nada, Draco comenzó a llorar lágrimas de coraje. Su pecho se hacía para arriba y para abajo entre sollozos y Hermione se aferraba más a su espalda. El hecho de escucharlo llorar así por primera vez le partió el corazón, así que lloró con él.

Sabía que perder a un padre era una de las cosas más dolorosas que existían, pero Draco estaba perdiendo al suyo por partes y no dejaba de perderlo. Lo perdió cuando se hizo Mortífago, ahí su padre perdió su alma. Después, lo perdió cuando se fue a Azkaban, ahí su padre perdió su libertad. Ahora, lo perdía en pedazos.

En algún punto, Draco se giró para con Hermione y la chica atrajo su cabeza y la puso en su pecho, mientras el chico lloraba y apretaba la camisa de la chica con sus dedos.

—Lo siento, lo siento tanto, ojalá pudiera hacer algo— decía Hermione, mientras acariciaba su pelo con sus dedos. Las lágrimas de la chica resbalaban lento, pero no sollozaba.

Draco lloró hasta que se cansó, después se puso de pie y se fue hasta el cuarto de Hermione. La castaña tomó la caja y la guardó en un lugar donde Draco no pudiera encontrarla nuevamente,

Esa noche, Hermione se dio cuenta de que ahí, entre sus brazos, Draco y ella solamente eran unos niños.


Hermione no durmió nada, pues permanecía muy atenta en caso de que Draco perdiera la cabeza otra vez, pero había llorado tanto, que durmió lo que quedó de la noche.

Apenas concilió el sueño un rato y a las siete de la mañana, se levantó, se duchó y recogió con su varita lo que pudo del desastre que Draco había hecho la noche anterior y aunque algunas cosas quedaron demasiado rotas para ser reparadas con magia, la sala volvió casi a la normalidad.

Salió de la torre. No había nadie en los pasillos. Debido a su crimen de negarse a decir su testimonio en el Wizengamot, le habían dado servicio comunitario, un servicio que cumplía en el despacho de la directora McGonagall.

Tocó a la puerta y escuchó la voz de la directora indicando que pasara.

Hermione saludó a la directora y ésta le dio órdenes de empezar a poner en orden algunos archivos del personal y Hermione estuvo ahí la mayor parte de la mañana.

Ordenó los archivos, pero McGonagall no la dejó tocar los del personal de Hogwarts, pese a que se vio tentada.

No dejaba de pensar en lo que le había dicho Draco la noche anterior: Los Mortífagos sabían que la joya estaba en Hogwarts, lo que quería decir que la chica estaba aquí, si es que la chica la tenía…

Decidió no ir a desayunar e ir a la biblioteca a ver que podía averiguar.

La presencia de alguien la hizo subir los ojos.

April Pierce se sentó frente a ella.

— Pareces cansada— le dijo, tranquila. Hermione suspiró. Siempre era un alivio tener a April cerca.

— No dormí bien— dijo, suspirando— Pero no tengo tiempo de recuperar horas de sueño. Necesito avanzar con la investigación.

April se mordió el labio inferior. Tenía puesta una camisa de mangas largas de flores que contrastaba con sus ojos verdes.

— Bien, te ayudaré, ¿por dónde empezamos? Encontraremos a esa niña.

Hermione sonrió y le indicó que podía ir investigando primero. Después de horas, no tenían nada. Se habían perdido la hora del desayuno y estaban cansadas y contorsionadas.

— ¿De verdad crees que esa niña esté en Hogwarts?

Hermione miró a April, confundida.

— Hogwarts es un colegio grande. Tiene sentido. La hija de Calaware podría estar por aquí.

— Digo, sí, sé que tiene sentido— dijo la muchacha, bostezando— Pero, si la hija pródiga está en Hogwarts, ¿por qué no la encontraron antes? Joseph Avery no sólo amaba a las banshees, también se obsesionó con la joya hecha por ellas, la buscó toda su vida y nunca la pudo rastrear. Incluso cuando Daniel entró a Hogwarts, él seguía buscándola. Si dices que la niña debe de tener nuestra misma edad más o menos, ¿por qué hasta ahora dio con ella?

Hermione se quedó pensando, dando un suspiro. Sabía que April tenía razón. Si la niña siempre había estado en Hogwarts, ¿por qué hasta ahorita dieron con ella? O cabía la posibilidad de que la niña no tuviera la joya hasta hace poco ¿cierto?

Un montón de teorías taladraban la mente de Hermione. De repente, una presencia corriendo irrumpió su silencio y apareció Hannah Abbott alterada y respirando pesadamente enfrente de las chicas.

—¿Hannah? ¿Qué sucede?

— ¡Hermione! ¡Es Draco!

Hermione se enderezó. April miró a la castaña.

—¿Qué? ¿Qué pasa con él?

— Se está peleando, realmente peleando, tienes que venir antes de que lo haga McGonagall— le dijo al chica, desesperada.

"No Merlín, Draco" dijo Hermione mientras tomaba su chaqueta de mezclilla y salía corriendo detrás de Hannah. El reloj marcaba las nueve de la mañana.

FIN DE LAS PRIMERAS 15 HORAS.


¡Hola chicas! Espero que sepan hacer uso de las matemáticas básicas porque en este y en el otro capítulo las utilizarán. Si no entendieron bien les ayudo un poco: este capítulo termina cuando han pasado las primera 15 horas antes de las 30 que tuvieron que pasar para el suceso que vemos al principio del capítulo. Nos vemos en las próximas 15 horas. XOXO.