Hashtag: #ElBienYElMal
Pareja: Scorbus
A Albus siempre le había encantado escuchar las historias de su padre. Amaba oír sus batallas, como vivió la Segunda Guerra Mágica. Desde la piedra filosofal, hasta los horrocrux de Voldemort. Se sabía de memoria las vidas de las personas que hacían honor a su nombre, los dos ex-directores de Hogwarts: Albus Dumbledore y Severus Snape.
Pero sobretodo, si había algo que conocía a la perfección era la vida de Tom Riddle. Su padre siempre se lo había pintado como una persona malvada, llena de egoísmo y ansias de poder, pero Albus no había podido pensar en lo extremadamente inteligente y astuto que había sido durante todos esos años, lo mucho que había logrado y lo poderoso que era.
Había un deje de admiración cuando pensaba en Voldemort. En lo ingenioso que había sido para conseguir el apoyo de tanta gente.
Su padre, obviamente no le había contado todos los detalles de lo que había vivido, así que cuando entró en Hogwarts, vio una gran oportunidad para saciar toda su curiosidad.
Había sido seleccionado en Slytherin, así que la primera persona a la que investigó fue al creador de su casa y su habilidad con la Legeremencia. Indagó sobre la vida de Grindelwald y sus ansias de convertirse en el señor de la muerte. Investigó el reino del terror de Barnabas Deverill, de cómo Loxias acabó con él. De Yardley Platt y sus asesinatos en serie. De Raczidian y su capacidad para controlar a dementores.
Con cada mago tenebroso que descubría, la ambición de Albus crecía.
Después de años de investigación, había llegado a la conclusión de que para conseguir todo el poder que anhelaba, necesitaba las Reliquias de la Muerte. Tenerlas no le garantizaba el éxito, pero le iba a allanar bastante el camino.
Sabía que su padre tenía guardada la Capa de Invisibilidad en su habitación, en el fondo del armario bajo varios hechizos de protección. Albus ya había estado investigando y ensayando varios contra-hechizos para poder hacerse con ella.
La Piedra de la Resurrección, en cambio, descansaba bajo la palma de su mano. Le había llevado un gran esfuerzo encontrarla en medio del Bosque Prohibido, había estado años enteros estudiando el terreno del bosque, junto con las referencias que su padre le había contado del momento en el que se enfrentó a la muerte.
Lo único que le quedaba por comprobar, era si la Varita de Saúco continuaba en la tumba del antiguo director de Hogwarts. Era su último año en el colegio, así que debía ir a buscarla esa misma noche, o ya no tendría oportunidad de hacerse con ella.
Albus caminó por los terrenos de Hogwarts hasta dar al Lago Negro, anduvo por la orilla, llegando a la Tumba Blanca, donde descansaban los restos de Dumbledore. Apretó su mano izquierda, haciendo que la piedra se clavase en su piel, mientras que con la derecha alzaba su varita. Murmuró un simple wingardium leviosa para levitar la tapa de la tumba, haciendo que se abriese. Con el corazón en la boca, se asomó dentro.
A pesar de los años, los restos del ex-director se reconocían a la perfección. Sus ojos contemplaron durante un momento el cuerpo difunto del gran mago que ahí descansaba. Si Dumbledore hubiera querido, podría haber llegado a ser una gran mago, pero decidió desaprovechar su potencial. Albus no iba a cometer el mismo error.
Su miraba viajó entonces hacia la Varita de Saúco que descansaba en la mano derecha del directo, justo sobre su pecho. Su estómago se estremeció con expectación, y una sonrisa afloró en sus labios.
Había esperado este momento durante tanto tiempo...
— Al.
Cerró los ojos, y esta vez su estómago se agitó por un sentimiento diferente. No le hacía falta girarse para reconocer la voz, pero aún así se dio la vuelta, encontrándose con Scorpius Malfoy y su mirada decepcionada.
Él había escuchado miles de historias sobre la familia Malfoy y su devoción hacia la magia oscura. Sabía que los Malfoy habían sido fieles a Voldemort en su día, y por un momento, había pensado que Scorpius iba a continuar con esa herencia familiar. Se equivocó. Scorpius no tenía ningún afán por el poder. Ni si quiera le gustaba enzarzarse en discusiones. Era una de las personas más pacientes que Albus había conocido, y aunque no compartían ningún pensamiento, habían conseguido labrar una amistad.
— No deberías estar aquí.
— Lo mismo digo.
— Scorpius, en serio, vete —ordenó, con voz adusta.
El rubio le contempló durante unos segundos, se acercó hasta donde estaba él, y miró en el interior de la tumba de Dumbledore.
— Déjalo, Albus, por favor. Detén el error que estás apunto de cometer ahora, que aún estás a tiempo.
— No sabes de qué estás hablando.
— ¿No lo sé? —resopló el otro en tono herido—. ¿Crees que no me he fijado en todos los libros de magia oscura que lees? ¿En que te escapas por las noches para practicar maldiciones? ¿En las cartas que has enviado a gente en Durmstrang?
Albus se echó hacia atrás, algo asombrado de que su amigo supiera todo eso. Scorpius le agarró por el brazo, volviendo a acercarle a él.
— ¿Se lo has contado a alguien?
— No —susurró el rubio. Le miró con los ojos grises llenos de lagrimas sin derramar, apretando los labios para no soltar un sollozo—. Albus, por favor, no hagas esto.
El moreno lo observó con paciencia. No había conocido a ningún mago tenebroso que realmente se hubiera enamorado en su vida. El amor no tenía cabida cuando alguien quería hacerse con el mayor poder mágico a toda costa y a cualquier precio. Y aún así, Albus no pudo evitar alzar una mano y acariciar la mejilla de Scorpius, secando una lagrima que había conseguido escapar.
Scorp se permitió sollozar entonces, abrazándose a su cuerpo, mientras lloraba con el rostro enterrado en su cuerpo. Albus acarició con su nariz las hebras rubias del otro, mientras se deleitaba aspirando su aroma.
Miró la tumba una vez más, soltando un gran suspiro derrotado. La Varita de Saúco ya no le creaba tanta expectación. No cuando tenía a Scorpius llorando a lágrima viva. Levantó su mano izquierda, lanzo la Piedra de la Resurrección dentro de la tumba, y luego volvió a levitar la tapa para cerrarla.
Guardó su varita entre los pliegues de su túnica, y abrazó el cuerpo del rubio con delicadeza.
Comprendió, entonces, que Albus Dumbledore tenía razón, y el amor era la magia más poderosa que existía.
Ahh~ He de admitir que me ha gustado mucho escribir este hashtag. Al principio creí que iba a ser fácil, porque el hashtag venía con explicación incluida, pero aunque me ha costado más de lo que creía escribir a un Albus "malvado", me he sentido satisfecha con la resolución final. Me he confortado a mi misma xD
Nos leemos pronto!^^
