Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.
Cap 33: El bailarín desea
San Petersburgo, Junio 2016
Por más que intentó concentrarse, no le fue posible. Durante las prácticas de ballet en la tarde, Yuuri estuvo viendo una y otra vez la puerta, esperando que Víctor apareciera para poder hablar sobre lo ocurrido en la mañana. Pero no fue así; y si creyó que con un simple emoticon y un 'lo siento' iba a arreglar lo ocurrido, tuvo que admitir que no sería suficiente, y que el emoticon con un beso que Víctor le dio, no significaba que todo estuviera bien. Fue inevitable no sentirse inseguro de nuevo.
Acabando con la presentación del baile entre Sigfrido y Odile, Yuuri abandonó el centro del salón para irse a las barras, bastante inquieto como para poderlo disimular. Se había llevado las mallas negras como Víctor había pedido, no sabía exactamente por qué, pero ya se daba una idea. Que tonto pensar que solo por eso Víctor podría olvidar lo grosero que fue como para ir al estudio como le había anunciado que haría al despertar.
Resopló frustrado y su pierna se alzó primero en una perfecta perpendicular, para luego subir y ser sujetada con su mano. La ajustada camiseta gris que llevaba puesta, debido al calor, enmarcó perfectamente cada músculo de su espalda tras realizar el movimiento. Controló la respiración mientras su espalda recta mantenía la postura y se permitió ese tiempo para intentar relajarse con ejercicios, así como distraerse ante la evidente falta de Víctor en el lugar.
—Te veo alterado —le dijo Irina, al acercarse a la barra para imitar su postura. Llevaba mallas oscuras que la cubrían casi por entero, pese al calor. Incluso a Yuuri le resultó acalorado verla así, pero con una gracia sin igual, se limitó a subir su pierna tal como él lo hizo—. ¿Pasó algo?
—Sí... —Bajó su pierna para cambiar ahora la posición. Se apoyó de ella para subir la otra sobre la barra, e inclinar completamente su cuerpo hacia su pie estirado. Irina no tardó en imitarlo—. Discutí con Víctor.
—Oh, ¿hoy es el día de discutimos con nuestros novios? —Yuuri mantuvo la posición unos segundos, sujetando su pie, pero no pudo evitar mirar de reojo a su compañera—. Aunque bueno, en tu caso es distinto.
—¿Por qué? —Soltó su pie y volvió a la primera posición. Ahora extendió de nuevo la pierna inicial fuera de la barra. Irina hizo lo mismo.
—Porque cortamos. —Su rostro debió ser demasiado elocuente, porque Irina no tardó en hablar para responder la duda implícita en su expresión—. Terminamos hace un par de días. De verdad, me tenía ya cansada. No hacía más que pelear, y pelear...
—Lo lamento... —No tanto, si era sincero. Irina soltó una risa encantadora al escucharlo y ambos abandonaron los ejercicios sobre la barra.
—No seas mentiroso, Yuuri. ¡Sé que no! —Yuuri no hizo nada para negarlo, solo hizo una ligera mueca con su boca.
—¿Pero estás bien?
—Lo estoy. Mucho más tranquila, en verdad, aunque él sigue insistiendo con volver. —Ella se acercó y puso su mano sobre el brazo de Yuuri, convidándolo a seguirla—. Mejor volvamos a practicar la escena de Odile y Sigfrido.
—Tú no tienes que audicionar, el papel sigue siendo tuyo. —Irina solo sonrió al escucharlo, mientras lo llevaba al centro del salón que ya había sido abandonado por la mayoría de los bailarines.
—Lo sé, pero bailar me distrae y quiero tenerte de nuevo como mi Sigfrido. No es por nada, pero Pyotr... no me agrada tanto.
Iniciaron la rutina tras haber puesto el reproductor a correr la música. Yuuri, como era preciso, empezó con su solo moviéndose con soltura y vivacidad en las tablas, con esos saltos altos y la forma en que abría sus piernas que lo mostraban tan liviano como una pluma. En medio del salón del baile, donde todos estaban presentes, el príncipe comenzaba su actuación antes de que Odile diera aparición. Sigfrido primero rodeaba la escena, con bellas piruetas y saltos largos, como si preparara el momento de la impactante llegada del cisne negro.
Cuando inició la rutina de Odile, Irina se movió con gracia y velocidad, mostrando una fuerza arrolladora llena de erotismo en cada uno de sus movimientos. Segura, confiada, inalcanzable, Odile daba piruetas fuertes, se movía preciosa con toda su seguridad y le era difícil a Yuuri dejar de mirarla porque el talento de Irina era así, brillante.
Tras haber practicado varias escenas juntos, ambos decidieron que ya era hora de bañarse para ir al teatro donde sus otros compañeros ya deberían estar por ir. En el trayecto, tras vestirse y salir con el morral colgado de su hombro, caminaron juntos ya que el estudio quedaba a treinta minutos del teatro. Y mientras lo hacían, ella agarrada como siempre de su brazo, Yuuri se animó a contarle lo sucedido en la mañana con Víctor para saber su opinión. Todavía no le agradaba la idea de tener que aceptar la oferta de Víctor, pero tampoco quería que el malestar persistiera y ahora que no había ido a verlo al estudio como había prometido, para Yuuri quedaba claro que aún estaba enojado con él.
—¿No te parece precioso que quiera apoyarte? —le indicó Irina, mientras cruzaban el canal del río Fonkada—. Es decir, Víctor Nikiforov se interesó en ti primero al verte bailar, ¿no es así? Le gustaste, sí, pero su principal interés para acercarse fue tu baile.
—Lo sé... él solo quería que bailara Eros. Si me detengo a pensarlo no sé cómo llegamos a esto.
—Lo conquistaste... Víctor Nikiforov vio que más allá de tu talento, eres una persona preciosa —le explicó ella como si todo fuera evidente ante sus ojos—. Y muy apuesto, además. —Yuuri se sonrojó ligeramente al escucharlo—. Creo que él quiere que todos vean lo que él vio en ti, y es lindo eso... Es lindo que te apoye de esa forma.
Pero la presión que vendría sobre Yuuri sería descomunal. Ya no solo tendría que mantener la reputación de Lilia en alto, sino la de Víctor. Si fallaba, ambos quedarían mal frente a personalidades importantes, ambos serían juzgados por sus errores, ambos debían cargar con ese fallo. Le asfixiaba solo pensarlo porque esa posibilidad ya había dejado de ser irreal, era verídica y podría repetirse incluso antes de lo previsto.
Ya había escuchado demasiadas cosas desde que se había ido a Rusia con Lilia, incluso comentarios que él encontró repulsivos sobre la posible naturaleza de su relación con quien consideraba una tercera madre. Había tenido que hacer caso omiso de todo, persistir y dejar de escucharlos y atenderlos. Creyó que ya había superado aquello, pero entonces vino Víctor, los comentarios que vinieron con él y aunque Yuuri no le hubiera comentado nada, era fácil escuchar en los pasillos las posibles "implicaciones positivas" que tendría con Víctor si usaba su influencia. Había luchado mucho para que sus méritos se vieran marcados por su cercanía a Lilia y ahora a Víctor. A su vez, no le agradaba en nada que creyeran cosas que no son de ellos, minimizando su interés artístico en algo lleno de morbo. Pero parecía que nada podría hacer para impedirlo, por más que quisiera.
Se sintió frustrado con la situación, a sabiendas de que no podría hacer nada para evitarlo. Ojalá su talento y su trabajo constante en algún momento brillara de tal forma que nadie dudara de que todo lo que había alcanzado había sido por ello.
—Cómo dijo Johann Wolfgang von Goethe: 'Pero sus estridentes ladridos, sólo es señal que cabalgamos' —acotó Irina al llegar a la entrada del teatro, antes de abrir las puertas.
—Siempre pensé que era una frase de Don Quijote. —Irina rio al recordar la sorpresa que se llevó cuando no encontró la frase en ninguno de los capítulos—. Pero sí, quizás tienes razón.
—No van a dejar de hablar, Yuuri, así que bailemos. Bailemos como si esta fuera la última noche, sin arrepentimiento.
Bailar sin arrepentimiento... Yuuri pudo hacerlo mejor cuando antes de que la función comenzará vio a Víctor llegar con un elegante saco oscuro, de azul índigo, que enfatizaba el color de sus preciosos ojos azules. El abrazo fue más que necesario. De ese modo, pudo sentirse mucho más seguro de lo que ocurriría en esa noche. Necesitaba la certeza de que su relación de Víctor no se vería afectada por nada del medio en que se desenvolvía, ni que las habladurías lograría afectarlos. Todo lo que quería, era estar al lado de Víctor y disfrutar de su compañía el tiempo que le fuera posible.
Después del evento, lo que Yuuri más deseaba era pasar tiempo con Víctor y tratar de arreglar lo sucedido. No iba a pretender que con el abrazo ya todo estaba aclarado y no necesitaba escuchar lo que sentía él al respecto. Sin embargo, estaba la cena que Lilia los había invitado, y además de eso, tenía que prepararse para cubrir el pedido que Lilia le hubo indicado mientras estaba con Víctor.
Ya ella le había hecho saber que tendría que alistarse para presentarse ante una figura importante. Cada vez que eso ocurría, Yuuri se sentía terriblemente tenso. Temía dejarla mal o decir algo no adecuado, incluso sacar un tema que pudiera ser tomado de forma incorrecta en una sociedad tan difícil de comprender como la rusa. Siempre que le tocaba colearse con los medios, los nervios hacían de la suya. Yuuri recordó que en un inicio era incapaz de hablar y Lilia tenía que hacerlo por él o instarlo a hacerlo de forma directa y vergonzosa. Con el paso del tiempo eso había cambiado, pero no quitaba que cada vez que ocurría sintiera el vacío en su estómago.
Yuuri se vistió con el saco negro y la camisa azul de color vivaz que ella le había regalado tiempo atrás. Ajustó todo para quedar presentable frente a los ojos de aquella persona, con la intención de dejar el nombre de Lilia en alto. Mientras peinaba su cabello hacia atrás, estuvo pensando en quién era él realmente. Era un ejercicio necesario para tener el valor de salir e imponer lo que Lilia esperaba de él. Porque quien debía salir, no era el japonés tímido, Katsuki Yuuri, que venía de un pueblo olvidado de Japón.
Era el premier danseur de Bolshoi. El mejor bailarín de Lilia. Que difícil era convencerse de eso tras una crítica como esa y haber perdido un papel, pero debía creerlo para que el resto creyera en él. Lilia fue por él a Japón, Lilia vio un talento innato que podría ser explotado. Él había trabajado duro para eso, él había luchado para mejorar, él había sacrificado mucho para llegar a donde estaba. Él estaba allí porque merecía estarlo.
Como un mantra, eso lo acompañó hasta salir del pasillo y encontrarse en la recepción. Miró a Víctor de reojo, pero no tenía tiempo para acercarse porque Lilia ya estaba en escena y se encontraba justo al lado del crítico que se atrevió agredirla usándolo a él. Aquella premisa fue suficiente para que sus ojos se llenaran de genuino fuego. Bajó seguro de demostrarle que Lilia no se equivocó con él, porque no lo había hecho. Ella creía en él, y si a él le faltaba confianza en sí mismo, ella ayudaba a llenar los espacios vacíos.
Así se presentó, con calma y apretando en su pecho la premisa de que él no debía avergonzarse. Si Lilia creía en él, él haría que su nombre estuviera en alto y pudiera ver el fruto de su entrega y fe en él, a través de su baile. Todo lo que encontró, lo dejó con una sensación amarga y punzante, casi nauseabunda.
—Cuándo le pregunté si había algo que quisiera decirle directamente a Yuuri para mejorar, Mijail fue incapaz de decir nada —contó Lilia, mientras esperaba que el mesonero del restaurant sirviera las copas de champagne—. Su rostro me demostró que todo lo que dijo carece de argumentos. Solo una crítica forzada y mal formulada, que quiso hacer para llamar la atención.
—No esperé ese movimiento de usted, Lilia —elogió Víctor, apenas probando la copa. Yuuri, a su lado, se la llevó a los labios para beber en tragos largos el contenido de ella.
—¿Realmente creías que me iba a quedar de brazos cruzados? —Lilia preguntó, y se llevó la copa de champagne a los labios, con mesurada gracia. Víctor sólo rio en respuesta.
Era cierto. Mijail resultó ser sólo un crítico malintencionado que buscó colgarse de la reputación de Lilia para llamar la atención. Quiso mostrarse como él único capaz de enfrentar a la zarina del ballet y decir 'las cosas como eran'. Lilia le había dicho que habría personas que estarían de acuerdo con sus palabras aún si estás sonaban falsas, pero definitivamente para él fue decepcionante darse cuenta de que la crítica que tanto lo había golpeado carecía de fundamentos sólidos y había sido dicha más por despecho.
En ese momento, se encontraba en el Restaurant Terrassa, con vista a la catedral de Kazán, sitio donde Lilia los había llevado a comer. Era un lugar exclusivo que gozaba de una bella terraza y les permitía disfrutar de las noches blancas de San Petersburgo sin problema alguno. Yuuri distraía su mirada observando los edificios a lo lejos y el cielo de colores claros que los rodeaba a pesar de la hora. A su lado, Víctor estaba sentado cómodamente mientras jugaba con el champagne y Yuri se distraía viendo a los alrededores. El otro lado de la mesa, lo ocupaban Lilia y Yakov.
La celebración que ella propició a nombre de Yuuri se debía a que, tras la crítica de Mijail, había recibido el llamado de dos figuras importantes: Boris Bazhánov y Violetta Egorova. El primero se trataba de nada menos que un retirado coreógrafo de Bolshoi en Moscú, que había abandonado el círculo en los últimos cinco años. Aceptó la oferta de ir a ver la producción de Romeo y Julieta y el Lago de los cisnes que Lilia había dirigido, para dar su apreciación. La opinión de Boris pesaba como una pared de oro puro dentro del medio y definitivamente sería estimulante estar ante los ojos de semejante personalidad. Lilia lo conocía de sus años de bailarina ya que él fue parte de los coreógrafos de varias de sus producciones.
En cuanto a Violetta Egorova, fue la prima ballerina de Bolshoi durante los años noventa. Una mujer que había sabido ganar los aplausos de todos gracias a su espectacular técnica. Se había casado con un reconocido actor del cine ruso, y se había alejado de las tablas por la crianza de sus hijos. Según palabras de Lilia, Violetta quería ir a ver las presentaciones, aprovechando que tendría en poco una entrevista para su papel de madre y directora de la escuela de Bolshoi en Moscú. Ella aprovecharía para hablar sobre lo visto en el festival de las luces blancas, ya que era uno de los temas que se querían tocar. Dos aliados, según Lilia, al que Yuuri ahora debía sorprender en sus próximas funciones. Los dos querían verificar que tan cierta fue la impresión que obtuvo Mijail al respecto. Yuuri, de solo pensarlo, sentía retorcijones en el estómago.
—¿Estás nervioso? —preguntó Víctor, pasando su mano por la espalda de Yuuri como si intentara calmarlo. Al menos Yuuri lo interpretó así, y tragó el sorbo de champagne que tenía en su boca—. No has comido nada.
—Un poco... —confesó, dejando la copa de lado para tomar de nuevo los cubiertos—. Estoy más enojado que nervioso.
Yuuri siguió comiendo, abocándose a acabar el plato mientras su mirada se perdía en los toques blancos y celestes que aún llenaban la noche larga de San Petersburgo. Sí, se encontraba molesto porque aquel señor quiso destruirlo por algo tan mezquino como llamar la atención de Rusia, y le había hecho pasar unos días llenos de tensión e inseguridad por una banalidad. Pero, a su vez, estaba molesto consigo mismo por haber permitido que algo así lo afectara de esa manera. Por todos los problemas que le había provocado a Lilia, o ahora la sensación de que todo se resumía a sorprender a unos pocos escépticos.
La cena acabó y Lilia junto a Yakov decidieron regresar a su casa, llevándose a Yuri con ellos. Yuuri quiso quedarse un poco más, la vista de la ciudad desde ese punto era hermosa y reconocía que hacía demasiado tiempo que no había disfrutado de una vista similar en medio de una noche blanca. Le relajaba, y necesitaba eso. Dejar de pensar en las excentricidades de las esferas del ballet ruso, y abocarse a volver a sentir lo único que importaba: su pasión al baile. Yuuri era sincero al saber que él le bastaría bailar en donde fuera, así fuera esa terraza, sin que nadie lo viera. Pero también reconocía que sus ambiciones eran tales que no podría conformarse sin dar todo de sí para llegar tan alto como fuera posible.
Y para todo había un precio, ese era el que Yuuri debía pagar. Vivir y fingir en un ambiente tan hostil mientras se esforzaba para que su talento fuera el perfecto impermeable para bailar entre tanta lluvia ácida.
Víctor se quedó a su lado, y tras haberse recogido los platos, solo quedó la copa de champagne en la mesa junto a la botella que aún tenía contenido. Yuuri estaba recostado sobre el hombro de Víctor; miraba el horizonte lleno de colores preciosos a pesar de estar a media noche, y vivía la caricia que Víctor dejaba sobre su mejilla de forma tan etérea, que a veces sentía que solo era el viento fresco de la ciudad.
No podrían estar seguro de cómo llegó a estar apoyado en Víctor, pero no importaba, disfrutaba de esa cercanía. Ayudaba en mucho a bajar, junto al champagne, el mal sabor que se veía obligado a tragar.
—¿Cuántas he tomado? —preguntó de repente. Solo era cuestión de extender la mano y tener una nueva copa rebosando de champagne.
—Unas cinco, creo... —La caricia no menguó, seguía así de cálida.
—¿No has tomado? —lo notó al ver que Víctor solo disfrutaba de un vaso de jugo natural. Buscó la mirada del patinador, y este aprovechó para dejarle un beso sobre su frente.
—No, cariño —susurró dejando un corto beso ahora en sus labios vibrantes por el licor—. Me toca manejar, no sería bueno. Al menos que sea de tu boca, claro.
Compartieron un par de besos pequeños y sentidos, chispeaban los sonidos calentándoles las orejas. Eran más los roces entre sus narices y sus labios que el impulso por profundizarlo y hacerlo pasional. A Yuuri le parecía increíble eso, la manera en que Víctor lo hacía sentir fuego líquido en la sangre o una deliciosa corriente de calidez en su espalda. Cómo podía ser tan pasional algunas veces y en otras tan dulce...
—¿No te aburre que esté callado?
—Más bien me llena de curiosidad saber en qué se está distrayendo mi musa teniéndome a su lado.
—Estoy molesto por lo que pasó con ese hombre, sentí su desprecio cuando Lilia me presento ante él. —Cerró sus ojos y se apoyó contra su hombro de nuevo—. Me siento... decepcionado. Cuando empecé la academia lo tenía en otra posición, jamás lo creí capaz de hacer lo que hizo. Había escuchado de sus logros, había conocido su historia... esto fue tan repugnante —soltó sin más. Resultaba tan fácil ahora simplemente soltar su lengua y dejar que cada pensamiento ocupara palabras—. Me enoja que me haya afectado tanto algo tan falto de valor, que todo fuera una rencilla. No me gusta esta parte de todo esto. —Movió su mano izquierda para rodear un círculo, mientras se sentía arrullado en el hombro de Víctor—. Me cansa, me pone nervioso... nunca fue fácil socializar para mí, mucho menos fingir. Y me toca fingir.
—Al cabo del tiempo te acostumbras. —Se llevó la copa a sus labios mientras escuchaba las palabras de Víctor desde cerca—. Sé que es fastidioso, sé que llega a ser molesto y que uno preferiría todo menos esto, pero... es parte del todo. Es imposible desligarlo.
—Tener que decir: buenas noches señor, qué bien se ve el día de hoy. Esa bufanda... ¿es Gucci? Aún no sé la diferencia. —Escuchó la risa de Víctor a su lado, mientras lo apretaba en un abrazo. Yuuri fruncía su ceño, imaginaba la cara de ese hombre y le era fácil imitar todos esos gestos ceñudos que le dio—. Pero se ve muy bien, sea cual sea la marca. ¡Oh! Y su calva, no es tan calva si la veo de cerca.
—¡Por Dios, Yuuri! ¡Estás borracho!
—¡No lo estoy! —aseguró, alzando el índice para demostrarlo. Víctor le miró con una ceja enarcada y una sonrisa bailando en sus labios, pero Yuuri hablaba serio, muy serio. O Todo lo serio que era capaz de ser con más de seis copas de champagne encima—. Víctor, si estuviera borracho ya me hubiese subido a esa mesa y hubiera empezado a bailar como mi padre.
—Oh, eso tengo que verlo. —Víctor bromeó, mientras lo sujetaba con fuerza contra de él.
—Pero no lo verás hoy porque no estoy borracho y esta copa no me hará estar borracho. ¿De acuerdo? —Víctor soltó un 'de acuerdo' divertido—. Así que puedo seguir burlándome de la parafernalia rusa.
—Entonces brindemos por la parafernalia rusa, Yuuri —Víctor alzó su vaso con jugo de frutos rojos a lo alto, Yuuri tomó su copa y le miró con una seguridad embriagante.
—Por toda la parafernalia rusa, y sus bufandas que no sé de qué marca son. —Chocaron los vidrios, entre las risas de Víctor.
—Tendré que darte clases exclusivas de cómo identificar ropa de marca. Puedo modelarte.
Víctor modelándole ropa exclusiva y de marca... Yuuri tuvo una imagen muy clara en su cabeza y no pudo contenerse de morder el labio. Víctor respondió a esa ligera provocación, y tras dejar el vaso que tenía en mano a un lado, le tomó la mejilla con su palma fría y buscó besarlo a los labios.
Ah... se sentía mareado, mareado de Víctor. Esta vez el beso fue más profundo y lento, provocando que cada roce se sintiera en cada parte de su cuerpo, desde la punta de su cabello hasta la de sus pies, y otras puntas palpitantes. Le gustaba marearse de él, embriagarse de Víctor era delicioso. El sabor de frutos rojos en su boca, el frío, y el calor... y de nuevo el frío. Soltó un suspiro anhelante cuando Víctor se separó y atrajo de nuevo el sabor del beso con la punta de su lengua, extrañándolo ya.
—Deberías darme las llaves de tu apartamento para cuando te vaya a llevar, cariño.
—Están en mi morral—Víctor asintió, dejando caer besos calmos por su frente, su mejilla—. ¿Ya me vas a llevar? —No quería irse aún, y lo mostró por esa expresión de su rostro. Víctor rio y apretó una de sus mejillas rosadas.
—¿Quieres quedarte más?
—Quiero el tiempo de Víctor, todo el tiempo de Víctor —murmuró, plegándose a su costado mientras se sentía muy cómodo en él—. Le pido a Kamisama todos los días un poco más de tiempo con Víctor.
—Eres adorable, ¿sabes? —Sintió el toque de los labios de Víctor sobre su frente, y sonrió, con los párpados caídos y otra copa consumida
El cielo estaba tan claro... las noches blancas realmente eran hermosas. Yuuri recordaba haberlas disfrutado en antaño en algunas fiestas entre sus compañeros o admirándolo encerrado en su apartamento, con la mirada fija en la ventana. Le gustaba así, porque al final se veía un collage de naranjas y violetas que anunciaban un atardecer tardío. Viéndolo desde esa altura, con la ciudad durmiendo bajo ellos, provocaba la sensación de estar volando...
¿O quizás era el champagne?
Bebió, sorbió un poco más. El calor de Víctor le invitaba a adormecer sus sentidos y dejarse llevar por el compás de su respiración junto a la música suave que se escuchaba en el fondo. A veces, era como estar volando. La caricia de Víctor en su rostro, en su cuello y en su hombro, subía sinuosa y creaba cosquillas como la espuma en su garganta. Volar estaba bien, era perfecto. No quería estar en la tierra de las máscaras. Quería estar volando con sus pies, en puntas. Saltando y girando, eternamente. Ah... deseaba bailar...
—Por cierto, hace rato Chris me escribió, ya liberaron las asignaciones del GPF. ¿Quieres ver?
Yuuri asintió y se obligó a concentrarse; Víctor sacó su móvil del saco para buscar el enlace que Chris le había pasado varias horas atrás. La copa vacía la dejó en la mesa y para cuando regresó la mirada en ella, un mesonero vaciaba otro poco de champagne en el cristal. Víctor agradeció amablemente el servicio y puso el móvil a su alcance, para que Yuuri lo tomara y pudiera leer las tablas de asignaciones que habían sido liberadas, mientras Víctor lo apretaba sobre protectoramente contra su costado. Aunque fue difícil, porque al inicio las letras bailaron sobre su cara.
—Oh, Skate America y Trofeo de Francia. —Víctor asintió mientras le acariciaba la pierna—. Te toca competir contra Otabek Altin. Él estuvo en el tercer lugar del mundial. Es muy bueno, pero... no está a tu altura.
—¿No? —Yuuri negó con efusividad—. ¿Por qué?
—Víctor, tus saltos son por mucho mejores que los de cualquiera de los competidores. Su Salchow Cuádruple no se compara con el tuyo. —Usaba mímicas para expresarse. Quizás Víctor lo entendería más así—. Creo que la tendrás fácil. El otro contrincante es Leo de la Iglesia, según sé todavía no clava cuádruples. Así que técnicamente eres superior. Sin contar con tus presentaciones. ¡Son tan geniales! La forma en la que te mueves en el hielo, Víctor. No hay quien se te compare.
Yuuri podría hablar y hablar de Víctor durante toda la noche. Podría decir lo maravilloso que es cuando patina, la preciosa forma que tiene para moverse: tan excelso, perfecto, lleno de gracia y elegancia. Podría decir lo maravillosa que es su técnica en las piruetas. Ah... podría hablar toda una vida de Víctor...
—Y tu pirueta combinada es perfecta... —murmuró con la mirada soñadora, mientras se estiraba para ir por la nueva copa. La bebió con gusto y miró el cielo frente a él, visualizando a Víctor en todos los podios venideros—. Sé que ganarás, ganarás fácil. Ni siquiera puedo decir que habrá una competencia real. Lo lamento por Yuri, pero le falta para llegar a tu nivel. Además, lo que vas a hacer con Vivo per lei, ¡es maravilloso! Es como combinar las mejores características de Stammi Vicino y I will always love you, aunque tiene algo de lo que mostraste en tu programa The Lilac Fairy, en tu época junior.
—¿Y cómo sabes todo eso?
—Es fácil... los vi. Bueno, no todos... algunos no los vi, pero los otros sí. Y vi bien. Muy bien. Por ejemplo, la forma en que mueves tus brazos en I will always love you, era muy sentida. Tus movimientos precisos y perfectos. Como un amante lleno de amor. Algo como Stammi Vicino, sí la misma pasión, pero no con esa nostalgia. No la desesperación. Por eso me gusta Vivo per lei... es preciosa, no triste, es apasionante.
—Amo como el champagne te suelta la lengua. —Escuchó de Víctor, y sonrió para buscar un nuevo beso con sabor a frutos rojos frío. Las lenguas se juntaron y esta vez fue diferente a los anteriores, lleno de ganas, de coqueteo subordinado entre las sonrisas, ganas de encenderse y calentarse. Con un chasquido, Víctor se separó—. Sí, justo de eso hablaba...
—Víctor... —Yuuri le miró con el entrecejo fruncido, saboreándose los labios. Víctor acariciaba su muslo, desde la rodilla hasta cerca de su cadera—. Me estás tocando la pierna...
—Cariño, tu subiste tu deliciosa pierna sobre las mías...
Yuuri hizo una mueca al escucharlo, mientras sentía la palma de Víctor totalmente abierta, presionando sobre la tela de su pantalón de vestir. La sentía caliente, vigorosa. Percibía las ansias en el modo en que lo apretaba y se imaginaba las esculturas en mármol con eso. Oh... su cabeza estaba en tantos lados a la vez. Se quedó así, mirando a Víctor, el brillo oscuro de sus pupilas junto al azul de sus irises tan brillante como el cielo de esa noche. Percibió en silencio la forma en que la caricia mostraba el anhelo encerrado, las ganas...
—Pero... —prosiguió, frunciendo más su ceño—. Yo no te he dado permiso de tocar.
La cara que Víctor puso fue todo un poema. Detuvo la caricia y su rostro se transfiguró para mostrar entre vergüenza, timidez y la sensación de haber hecho algo muy malo. Yuuri no pudo soportarlo y soltó una carcajada más animada. ¿En verdad Víctor era así? Era tan agradable... encontrar que toda esa fachada de Don Juan que Víctor tenía era falsa y resultó ser uno de esos caballeros imposible de encontrar en esta época. Rio como si fuera el mejor chiste contado y Víctor le sujetó fuertemente porque por un momento el cielo dio vueltas sobre su nariz.
—¡Yuuri! —reclamó entre risas también. Ah, que deliciosas se sentían las manos de Víctor en su espalda.
—Víctor..., ¡tu cara! ¡Fue tan graciosa! —Rio más, colgándose a su cuello con la copa en la mano, ya vacía—. Fue como cuando me eché a llorar. ¡Tonto Víctor! —Ah, cuánta felicidad... se sentía repentinamente feliz, como si nada de lo ocurrido anteriormente tuviera valor.
Víctor le dejó un suave beso sobre su mejilla, mientras Yuuri se colgaba de él, riendo de forma libre y sin límite alguno. Lo estrujó, lo abrazó con fuerza y frotó sus mejillas contra las de él, sintiendo el delicioso calor del contacto. A veces, con los ojos abiertos, miraba el cielo blanco que caía en un eterno atardecer tras la cúpula de la catedral. Y luego veía el mismo firmamento siempre celeste de los ojos de Víctor, tan cerca, como si pudiera envolverlo en su cálida luz para siempre. Sus pies se movieron solos, le era inevitable querer bailar. Bailar con Víctor, bailar en la cúpula de la catedral, bailar entre las líneas de azules, naranjas y violetas del horizonte. Sintió el beso suave de Víctor en su mejilla y movió en respuesta la punta de su nariz para encontrarse con él. Con párpados caídos, entre las sombras de sus pestañas, vio a Víctor y se sintió afortunado.
—Cariño, es hora de irnos, todos nos observan.
—Quería acostarme en este mueble tan cómodo —dijo con encanto, mientras empujaba a Víctor a caer con él al mueble. Víctor puso el brazo contra el respaldo.
—Mejor vamos a tu apartamento y te dejo en tu cama para dormir, ¿sí? —Yuuri hizo un mohín.
—¿Me harás el amor en la casa? —Ah, la risa de Víctor se escuchaba tan bien, así como se veía de bien el color sonrojado de su rostro.
—Ay Yuuri, no me tientes más.
—Baila conmigo, Víctor... Bailemos toda la noche.
Abrazó a Víctor cuando este le instó a levantarse de la mesa. Se agarró de él mientras sentía las palmas grandes de Víctor en su espalda, acariciándolo sobre la camisa. Contento como estaba, no dejó de buscar su cuello para llenarlo de besos y hablarle de otras cosas. Que si Irina por fin había cortado con aquel mal novio que tenía, que sí Lilia le había dicho de ir a conocer al crítico, que si Yuri lo llamó en la tarde para saber si todo estaba bien, o lo mal que le iría a Yuri al tener que competir contra J.J. Que si le daba celos como Pavel lo miraba, o no le gustó como lo abrazaba Mila. Que si el cielo era azul como sus ojos y le gustaba el sol que había en su boca porque lo quemaba. No había filtro, tampoco un tema en específico. Cualquier cosa era buena para susurrarla al oído de Víctor mientras este le sostenía contra su cuerpo, fuertemente.
Se dejó llevar por él, escuchando su voz suave y calma diciéndole que ya iban a ir al auto. No sabía qué hora era, pero eso era lo que menos le importaba. Cuando Víctor lo dejó sentado, Yuuri se aprovechó para buscar sus labios y procurar un beso. Sintió cosquillas en la espalda, su boca se movió necia y afanosa contra la ajena en busca de mayor contacto y encontraba en Víctor tanto deseo acumulado que quería ahogarse en él. Ah... nadar, nadar entre sus piernas, nadar en su espalda, nadar en sus brazos. Sentía tanto calor repentinamente que no pudo evitar el gimotear por más. Parecía que Víctor era capaz de encenderlo con esos roces y Yuuri quería precisamente eso, pero Víctor solo le dejó un beso más en su frente y se separó sin más.
En algún punto, lo olvidó todo. La pesadez lo envolvió al escuchar el auto moverse en la carretera. Cuando despertó, lo hizo con la sensación de haber sido arrollado por un tren junto a Vicchan y un sabor pastoso en su boca. La alarma sonaba insistentemente y al moverse se dio cuenta que estaba con ropa incómoda puesta y la habitación completamente a oscuras. Al intentar abrir los ojos se percató que estaba con la misma ropa de la noche anterior, pero no recordaba siquiera cómo había llegado allí. Solo encontró su camisa desabotonada, la correa y la corbata a un lado, junto al saco, y su pantalón de vestir puesto junto a los calcetines oscuros. Cerró los ojos cansados mientras intentaba recordar.
Bailó, luego Lilia le presentó a Mijail, de allí fueron a una cena... después se despidieron y se quedó solo con Víctor. Le habló de eso, Víctor le dijo lo de las asignaciones... ah sí, a Víctor le tocaba competir en América y Francia.
Se echó a la cama de nuevo, demorando el momento de levantarse. Aún tenía flashazos de lo ocurrido en la noche, pero hasta el momento nada que le bajara la moral. Lo único que no lograba recordar es cómo había llegado a su habitación. Seguro estaba más dormido que despierto en ese momento.
Con un suspiro cansado, volvió la mirada hacia la pared frontal llena de panfletos de Víctor y se quedó con la vista perdida en ellos. Con aquellas imágenes de Víctor que no eran nada en comparación a todas las que había llegado a conocer en ese mes saliendo juntos. Las observó, perdiéndose en cada una de sus figuras, en lo que Víctor había crecido a través de esos años de triunfo y lo que Víctor representaba para el mundo. Lo comparó con todo lo que había aprendido de Víctor en ese tiempo juntos, él de la sonrisa enamorada y la mirada tierna, los toques suaves y luego tan ardientes; el sonido de su voz calma, su seguridad, sus inseguridades... Se sintió, de nuevo, afortunado.
Ojalá pudieran bailar por siempre...
—Kamisama, dame más del tiempo de Víctor.
Notas de autor: Me alegra mucho poder publicar el segundo capítulo del pack. Me encanta como salió este capítulo, fue divertido escribirlo desde la perspectiva de un Yuuri borracho. No sé si se nota que empieza a cambiar la manera en que Yuuri percibe el mundo conforme avanzaban las copas xD Estaba tan enojado con lo que pasó que solo se le ocurrió tomar y tomar copas de champagne, menos mal que Víctor estaba allí para no hacerlo pasar una pena xD
Espero que les haya gustado. En los próximos capítulos se viene un evento importante sobre todo para Yuuri que espero que disfruten. Además de los ensayos para su nuevo papel.
Mariboo: Aowww xDDD me alegra que lo hayas podido leer al momento.
Jajaja esos sueños húmedos de Víctor. Poco a poco, pronto se le va a hacer lo que quiere xD Jajaja sí, es que andan jugando a precalentar el horno para que todo sea más divertido. Es un juego de seducción que se traen entre ellos xD
¡Me alegra que te gustara! Creo que es normal que hayan mal entendidos y situaciones como esas. No las típicas peleas de me dejaste en visto porque son hombres ocupados, pero sí por malentendidos. ¡Me alegra que les haya gustado! Y ya viene el segundo cap.
Angeli Murasaki: Exacto, ni tan para acá ni tan para allá. Es bueno ser orgulloso peor también hay que saber aceptar ayuda. Víctor no lo quiere hacer por malas y no piensa cobrarles, aún xD ¡Me alegra que te haya gustado!
Randa1: ¡qué terrible situación la que te ha tocado vivir! No puedo darme una idea. Debe ser horrible tener que fingir, hacer este tipo de acciones porque no hay manera de actuar. Pero confío y creo que la vida es justa y tardeo temprano cada uno recibe su merecido. Aquellos que ascienden aplastando a algunos, son los que luego se verán, como dices, solos. Deja que todo tome su lugar por el tiempo, que es el mejor verdugo. Y no permitas que todos esos malos sentimientos contaminen tu alma.
