Regulus extendió su mano con la copa en ella, dispuesto a rellenarlo del liquido esmeralda, pero un dolor extremo lo hizo torcer brazo en un ángulo extraño. Hermione vio lentamente como la mano se abría y la copa cayó. No alcanzó a escuchar los alaridos de dolor de Regulus, solamente escuchaba el sonido del metal rebotando por la piedra causando eco. Hermione se lanzó para atraparla cayendo en la roca fuertemente mientras que tomaba una parte del frio metal. La otra parte, causando unas ondas que se alejaban en el agua.

La respiración de Hermione se congeló mientras abría los ojos de par en par. Eso no era una buena señal.

Rápidamente se levantó. Aun no había señales de los cuerpos que habitaban bajo el agua.

-¡No!, Hermione por favor, no lo quiero tomar- imploraba Regulus con ambas manos sobre su estomago, como si el liquido le causara un dolor de estomago.

Hermione llenó la copa hasta el limite y se acercó a Regulus.

-Solo esto Reg, solo esto- susurró con dolor la castaña. Su corazón latía. Ya no había tiempo.

Comenzó a verter el contenido en la garganta del menor de los Black. Este comenzó a sacudir la cabeza y un buen chorro del liquido cayó al piso. Hermione se comenzaba a desesperar. Escuchaba movimiento en el agua. Lejos pero ahí estaban. Sus manos estaban sudando mientras observó que el liquido que había caído al piso era repuesto dentro de la vasija donde estaba el resto de la poción.

-Lo siento Reg- la castaña tomó la quijada de su cuñado y con fuerza derramó el contenido en su boca. Dejó la copa en el piso y con su mano libre le cerró la boca llena del agua verde, inclinó su cabeza hacia atrás y lo obligó a tragar.

Se puso de pie. Miró al fondo de la cueva. Con la poca luz se alcanzaban a ver unas ondas que se iban haciendo mas y mas fuertes. Estaban saliendo.

-No… no, no, no… por favor, ya no mas… te lo suplico, por favor… Hermione ya no, te lo ruego, por favor….- Hermione sentía su corazón romperse con cada palabra del joven de 18 años. Lo fuerte que lo había visto antes había desaparecido. Era el niño pequeño que vivía escondido en lo mas profundo del corazón.

Con las manos temblando tomó la copa y la llenó del liquido verde, una ves mas hasta el limite.

-¡No! No, no, no, no- Hermione ya había puesto la copa en sus labios. Escuchaba a Regulus intentar evitar que el liquido se deslizara por su garganta causándole mas dolor. Habían finas gotas de sudor que corrían por su frente. El sonido del agua moviéndose se hacía mas fuerte. El corazón de Hermione igual. Se aceleraba cada vez mas, que juraba rompería su pecho y saldría dando brincos. De repente comenzó a escuchar el movimiento de las manecillas del reloj de su habitación. Le golpeaban la mente. Fuerte. Con decisión. Remarcándole el hecho que la agobiaba.

Tic, Toc… Tic, Toc…

Ya no había tiempo.

-Por favor, mátame… Hermione ya no mas, mátame.

La desesperación abrumaba a Hermione. Se levantó ignorando a Regulus que le rogaba terminara con su dolor. Que lo matara. La respiración de Hermione audible por entre sus labios.

Llenó la copa, pero el liquido llegó hasta la mitad.

Tic, Toc… Tic, Toc.

-Vamos Reg, es lo ultimo, lo juro-

-No, por favor, ya no, simplemente mátame, ¡por favor! ¡mátame! Te lo suplico, por favor, tenme compasión-

-Esto te quitará el dolor- Hermione se odió al ver la mirada de alivio que le dieron los ojos grises creyendo que efectivamente eso le aliviaría el dolor. Tic, Toc. Regulus abrió la boca dando paso una vez mas a la tortura liquida. Hermione no lo dudó y llenó la boca abierta de la poción esmeralda. Tic, Toc . En cuanto se tragó todo. Su dolor desapareció. Hermione rápidamente sacó un recipiente que llevaba en su túnica y se lo dio.

Tic, Toc.

Agua.

Tic, Toc.

Después de esto, todo comenzó a suceder rápidamente. Hermione miró cuando Regulus comenzaba a tomar el agua con ferocidad. Por un momento olvidó la amenaza.

Sintió como algo la jalaba con fuerza de su túnica. Miró hacia abajo y vio manos. Manos verdes y enlamadas. Manos de muertos. Jalaban de ella. Estaban rodeados. Manos de personas estaba visible desde cada ángulo de la islita. Tic, Toc.

La respiración era agitada cuando jaló de la tela que la cubría para despegarse de la mano del inferí. Se acercó a Regulus que estaba semi inconsciente.

-Vamos Reg, hora de irnos- dijo mientras trataba de levantarlo, pero simplemente estaba muy pesado.

Hermione temblaba. Tic, Toc . La presión, la desesperación. Tic, Toc .Tragaba con dificultad y le faltaba el aire.

-¡Depulso!- gritó hacia el primer inferí que había subido a la isla y se movía hacia ellos. Este salió volando y cayó al agua dejando que se escuchara un fuerte ¡"splash"!.

El cabello de Hermione se pegaba a su rostro debido al sudor. Regulus ya estaba inconsciente, ajeno a todo lo que sucedía. Hermione no sabia que hacer. Mas cuerpos estaban ya saliendo de la superficie, a paso lento. Pero ahí estaban. Rodeados.

-¡Depulso! ¡Depulso!- tanto tiempo luchando y ese era el único hechizo que se le ocurría. Mucho para ser la bruja mas brillante de su edad.

Otra de las manos se aferró a su túnica. El inferí estaba con el torso fuera del agua.

-¡No!- gritó asustada mientras otras tres manos se aferraban a esta y la tiraban en dirección de las aguas que se movían violentamente. - ¡No!

Trataba desesperadamente retroceder, acercarse a Regulus, que estaba recargado en la columna de piedra que sostenía a la vasija.

-¡Déjenme!- pidió inútilmente la castaña jalando de su túnica y tratando de patearlos. Grave error.

Uno de los inferis la tomó del tobillo y jaló de ella mientras este se sumergía a las aguas.

Hermione sintió el contacto del agua fría en su piel. Estaba congelada. Era una sensación terrible. Su cabello se enmarañó entra las manos de los inferis que se acercaban para agarrarla. Se movía con descontrol. Varita en mano, fuertemente apretada. No podía ni siquiera realizar un hechizo no verbal. Estaba rodeada por la obscuridad mientras sentía a los cuerpos de los muertos a su alrededor. Todos peleando por tocarla, por hundirla aun mas en las tinieblas.

No se podía rendir, no ahora. Estaba tan cerca de lograrlo. Con todas sus fuerzas intento nadar. Nadar a la superficie. Nadar hacia el oxigeno. Pero no sabía donde era abajo o donde era arriba. Sintió un fuerte jalón en su cabello inclinando violentamente su cabeza hacia atrás. Por la sorpresa, Hermione abrió la boca y el agua hizo una carrera por introducirse al espacio vacío. El liquido llenó el cuerpo de Hermione. Comenzó a convulsionarse mientras se ahogaba. Convulsiones de intentos de respiro y en vez de oxigeno el recibimiento de agua. El comienzo de una apnea. Lentamente cerró los ojos y se dejó flotar. Sus ojos aparecieron en su mente. Mirándola fijamente. Observándola. Con amor. Abrió los ojos ligeramente cuando vio una fuerte luz sobre ella. Llamas y llamas de fuego que volaban en círculos sobre el agua. Los inferis salieron huyendo, lejos de la única cosa que podía matarlos. El fuego.

Hermione semi alcanzó a ver cuando todo se apagó. Escucho el sonido de materia rompiendo las aguas y ,moviéndose bajo estas. Sintió la mano de alguien tomarla fuertemente de la mano y sacarla antes de que dejara al agua penetrar su boca por completo, antes de que todo estuviera negro por completo. Al menos esa era la intención. Pero todo ya estaba negro para cuando la mano tomó su muñeca.

Sirius descansaba muy cómodamente sobre un sillón muy suave. Era rojo de terciopelo. Muy similar a los que habían en la sala común de su amada escuela. James estaba jugando ajedrez mágico con Lily, que tenía un libro abierto junto al tablero y hacia ambas cosas al mismo tiempo.

Extrañaba a su esposa. No se cansaba de decir eso. Su esposa. Suya. Su esposa. Repetía las palabras en su mente mientras sonreía bobamente.

-¿Y a ti que te pasa?- preguntó James después de haber destruido al rey de su bruja, que resopló y mejor continuaba leyendo.

-Nada… pienso en Hermione- contestó sincero el pelinegro.

-Llevas solo dos días separado de ella…

-¿Y?- preguntaron Lily y Sirius al mismo tiempo.

-B-bueno, yo también te extrañaría Lily, incluso antes- trató de arreglar lo dicho el de anteojos pero Lily lo miraba con una ceja levantada- ¿quieres te?

Lily rodó los ojos pero asintió con una sonrisita.

James rápidamente se levantó y fue a buscar la cocina en esa casa que les habían prestado para la misión.

Sirius reía ligeramente al ver a su amigo irse nerviosamente. Definitivamente Lily podía controlar a ese revoltoso mejor incluso, que su propia madre.

Estaba por comentar algo inapropiado, cuando algo lo hizo sentarse rápidamente.

-¿Estas bien?- cuestionó Lily levantando la mirada de su libro. Sirius tenía una mueca en su rostro.

-Si… Lily, gracias.

Pero esa no era la verdad. Su corazón sentía algo. Un peso extraño. La sensación de que algo malo estaba sucediendo. Latía normal. Su respiración era normal. Pero el sentimiento estaba ahí. Lo incomodaba. Le creaba un hoyo en el centro de su ser. Sin saber el por que, los ojos chocolates de ella aparecieron en su mente. Mirándolo con amor. Con ternura. Con el deseo que solo ella sabía mostrar.

-¿Seguro que estas bien?- preguntó ya mas preocupada la pelirroja.

Sirius levantó la mirada y observó la preocupación en los ojos verdes.

Levantó su mano y la colocó en su corazón. Tan pronto como había llegado la sensación, desapareció. Simplemente dejó el rastro de un dolor que nunca sintió.

Escuchaba su nombre.

-Vamos Hermione, respira- la conocía… esa voz era familiar.

Sentía que algo presionaba su pecho, una, otra, y otra vez. Un contacto en sus labios. Aire perforando sus pulmones. Inflándolos.

-Abre los ojos, Herms… despierta- nuevamente esa voz… no podía identificarla.

Una vez mas, algo presionaba su pecho, esta vez con mas fuerza. Una. Dos. Tres. El contacto en sus labios. Aire.

-¡Hermione! Abre los ojos, por favor… ¿qué le diré a Sirius?- sonaba desesperado.

Sirius… presión. Uno. Dos. Tres. Labios. Oxigeno.

-Herms… ahí vienen, no hay tiempo, ¡despierta!.

La castaña sintió liquido salir expulsados de su garganta, escupiendo todo el contenido mientras tosía y jadeaba ligeramente. Estaba mojada de pies a cabeza. Cada centímetro de ella cubierto por la humedad. Su cabello se pegaba a su rostro y a su cuello. Sentía la túnica pesada y su respiración agitada.

Regulus estaba frente a ella. Sus brazos en los hombros de la castaña, tratando de tranquilizarla. Sus ojos fijamente sobre los de ella, pero los de Hermione vagaban por todos lados. Pararon en un lugar fijo detrás del pelinegro.

-Reg- su voz era rasposa.

-Aquí estoy Herms- ella negó y apunto con su mano a una de las figuras que subían de nuevo a la superficie.

-Debemos apresurarnos- habló con desesperación en la voz. Hermione supo, que lo peor aun no terminaba.

Ambos magos se pusieron de pie rápidamente y caminaron hacia la balsa. Sus pies salpicando el agua.

-¡El relicario!- exclamó desesperada la castaña.

Regulus giró sobre sus talones y corrió dos pasos hacia la vasija. Ahí estaba. Como si nada hubiera estado sobre el por años. Intacto. Seco. Sentía el poder. La magia negra que emanaba la antigüedad. No pensó mas. Tomó el collar y una corriente cubrió su cuerpo. Se puso el relicario alrededor de su cuello y sacó de su bolsillo el falso. Lo puso en el centro de la vasija y en cuanto retiró su mano, el recipiente se llenó de la poción verde esmeralda.

Hermione ya se encontraba sobre la balsa. Estiró su mano con fuerza mientras el pelinegro estiraba la suya. Sus dedos se rozaron por cuestión de segundo cuando algo golpeó la basa desbalanceando a la castaña, que colocó ambas manos sobre las orillas, tratando de no caer de nuevo. Regulus negó con la cabeza dejando atrás cualquier pensamiento negativo, apretó los labios con fuerza y brincó hacia Hermione. En cuanto sus pies entraron a la balsa, esta se movió de un lado a otro con fuerza. Se sujetaron tratando de mantener el control. Se estabilizó la lancha.

-¿Y ahora?- cuestionó Hermione con miedo en los ojos.

Las manos que antes rodeaban la isla, ahora se aferraban al bote. Sus manos tratando de voltear la madera. Tratando una vez mas de ahogar a los que iban sobre esta.

-¡Depulso!- gritaron ambos al mismo tiempo y solo dos inferis se hundieron de nuevo.

-¡Hermione! ¡haz que se mueva este bote hacia la orilla del otro lado! ¡yo ahuyentaré a estas cosas!

Hermione sin pensarlo comenzó a hacer su tarea. Se colocó a la punta de la lancha. Miraba fijamente hacia el otro extremo del lago. Tierra firme. Seguridad lejos dela gua. Levantó sus manos hacia sus costados, sobre pasando ligeramente el nivel de su cabeza. La varita fuertemente apretada en su mano. Mientras hacia el movimiento lentamente, Hermione realizaba una serie de hechizos complicados no verbales.

Unas cuanta olitas se comenzaron a formar, partiendo de la punta del bote, a los pies de Hermione. Poco a poco la lancha se comenzó a mover en dirección de la orilla. Sin perder su concentración, Hermione observó como todo el lugar se ilumino. Rojo brillante, dorado fulminante. El fuego cubría el techo de la cueva. Giraba en círculos y círculos, velozmente. Al sentido del reloj. Giraban y giraban las llamas. Las manos que rodeaban la lancha salieron disparadas para protegerse bajo el manto de agua.

Las olas se hicieron más fuertes y avanzaron mas rápido. Los brazos de Hermione aun extendidos y levantados. El de Regulus dando vueltas para controlar el fuego.

Ambos saltaron de la lancha en cuanto estuvieron lo suficientemente cerca. El calor de las llamas desapareció atrayendo una ves mas a los muertos en vida bajo el agua. Se levantaron con velocidad y se dirigieron a la salida. Antes de que la luz los cegara por completo, Hermione extendió su mano hacia Regulus. En cuanto el la tocó, desaparecieron.

Lily salió de la cocina con un recipiente en las manos. Estaba sonriente y sus ojos brillaban. El día de hoy la misión había salido muy bien. Estaban bien y con eso le bastaba a la señora Potter.

Llegó al comedor donde se encontraban su esposo y uno de sus mejores amigos.

-¡Ya te habías tardado florecita!- exclamó Sirius que ya tenia su tenedor levantado y lo hundió en el recipiente mientras que Lily lo dejaba en la mes.

-¡Modales, Black!... no se como Hermione te aguanta- masculló mas para sí misma que para el joven que estaba sentado frente a ella. Sirius abrió los ojos sorprendido y ofendido.

-Mi esposa me ama perfectamente, tal y como soy- dijo con el tenedor a medio camino a su boca.

Lily rodó los ojos.

Comenzaron a comer en silencio. Solo el sonido de los cubiertos rompía el mutismo.

-¿Sirius, ya estas bien?- preguntó Lily sin levantar la vista de su plato. Sirius comenzó a masticar mas lento viendo a la pelirroja.

James miró desconcertado a la única mujer del lugar y después a su mejor amigo.

-¿De que habla, Canuto?- preguntó el de anteojos dejando de comer.

Sirius tragó el bocado que tenía dentro de su boca, causando un sonido ligeramente grotesco. Tomó con tranquilidad su copa y tomó uno, dos, tres tragos del liquido. Subió sus manos y las dejó en puños a cada lato de su plato ahora vacío. Meditaba. Pensaba que decir.

-Nada, James- dijo después de unos minutos.

-¿Cómo que nada Sirius?- cuestionó algo molesta la pelirroja. La había hecho sonar como una loca que dice disparates.

-Fue una sensación extraña, ya pasó- tranquilizó a sus amigos. Sus ojos evitaban cualquier contacto con los verdes o los avellana.

-¿Qué sensación, Sirius?- volvió a preguntar James cruzándose de brazos. Su voz era demandante. Quería saber la verdad.

-Nada importante James, en serio- trató de convencer a su mejor amigo.

-Nada de "nada"… dime ahora, o te hago hablar.

-Quisiera verte intentar hacerlo.

-¡Black! Habla.

Sirius resopló algo cansado. Sabía que James era persistente y obstinado, esto lo demostraba la pelirroja que lo odiaba y ahora era su esposa, pero odiaba cuando se ponía así con el. No se lo quitaría de encima.

-Fue repentina… incomoda. Una presión en el pecho.

-Suena a un ataque cardiovascular- razonó Lily con su voz de sabelotodo muggle, algo preocupada- …¿ataque al corazón?

Ambos magos la miraron desconcertados. Simplemente negaron.

-Fue extraño, como un presentimiento de que algo malo estaba sucediendo… pero después lo dejé de sentir. Tan rápido como vino, se fue…

-Que extraño…

-Lo mas extraño es que pensé en Hermione.

-No debes preocuparte Sirius, ella esta en casa con Dorea.- extendió Lily su mano y la colocó sobre uno de los puños de Sirius. James simplemente asentía de acuerdo con su esposa.

-Lo se… eso es lo único que me controla… sino estuviera ahí, ya hubiera desaparecido de esta estúpida misión.

Los dos cayeron fuertemente sobre la tierra. Ambos jadearon con dolor. Tenían tierra en la ropa mojada y estaban cansado. El sol comenzaba a meterse. El día de había ido demasiado rápido.

-¿Dónde estamos?- preguntó Regulus poniéndose de pie y sujetando los hombros de la castaña que seguía en el piso. Sin fuerza alguna, la levantó haciendo que Hermione gritara suavemente por el susto.

-El bosque de Dean- dijo mirando a su alrededor. No había estado ahí en tanto tiempo. Su mente casi le jugaba chueco y la hacia alucinar con Harry y Ronald.

-¿Por qué aquí?- preguntó desconcertado el Slytherin. Este observaba todo a su alrededor mientras que Hermione se colocaba de cuclillas y sacaba algo del calcetín. Una pequeña bolsita de cuentas.

-Genial… ahora todo está mojado- resopló la castaña haciendo un pucherito.

-¿Qué es todo?- preguntó el pelinegro caminando hacia su cuñada. Era simplemente una bolsita.

Hermione apuntó su varita y realizó un hechizo no verbal para secar la bolsita. Esperaba que funcionara también con el contenido.

-Herms, ¿por qué aparecimos aquí y no en tu casa con Sirius?- cuestionó el pelinegro mientras veía a Hermione caminar a un espacio sin tantos arboles. El la siguió

-No tenemos una casa, Reg- comentó la castaña mientras miraba a su alrededor con una nostálgica sonrisa. Era el mismo lugar donde habían acampado. Exactamente igual.

-¿Dónde viven entonces? ¿si tienen un lugar para vivir, verdad?- cuestionó ligeramente el oji gris sabia que su hermano era rebelde y extravagante pero eso de no tener casa alguna no era su estilo.

Hermione rió mientras se agachaba y dejaba la bolsita en el piso. Regulus frunció las cejas. Seguramente algo le había pasado a su cuñada, estaba actuando muy extraño.

-Vivimos en la mansión Potter…- explicó la castaña- pero no está ahí, está en una misión para el departamento de aurores.

-¿Auror? Wow… siempre lo quiso ser… pero no entiendo, ¿qué estamos haciendo aquí?

Hermione se puso de pie dejando la bolsita en donde la había colocado.

-Aun no iremos a casa, Reg… necesito tu ayuda para otra cosa, antes de que te reúnas con tu hermano.

-Lo que necesites- habló atropelladamente. Hermione simplemente sonrió.

Camino de nuevo hacía la bolsita y le apunto con su varita.

-Accio tienda de campaña- para sorpresa de el menor de los Black, una carpa blanca salió disparada de la pequeña bolsita. Solamente había una explicación; magia. Sus cejas estaban levantadas y sus ojos abiertos de par en par.

Delante de ellos, se formó una pequeña tienda de campaña. Ni siquiera se podía entrar completamente parado. Había que agacharse. Hermione caminó hacia el sorprendido mago que la miraba con duda. Esa bruja si que tenía mucho escondido. Lo miraba con ligera duda y algo de emoción.

-Por hoy, acamparemos aquí… y mañana, tu y yo entraremos a Gringotts por otro Horrocrux.