Capítulo 14
Disonancia
Lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir
-Miguel de Cervantes
"Quantus tremor est futurus,
quando iudex est venturus…
Rex tremendæ maiestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis."
Dies Irae.
Salieron a un espacio abierto, sobre una plataforma lisa y traslúcida que se extendía varios metros más adelante, dando paso al vacío. Sobre ellos se abría una escena increíblemente hermosa pero difícil de describir; por momentos había oscuridad, pero pronto aparecía un río de puntos luminosos, todos conectados entre sí por finas líneas doradas casi invisibles. Un breve temblor los despertó de su impresión y tras recuperar el equilibrio, miraron hacia el frente, sintiendo como la sangre se helaba en sus venas y el terror se asentaba en sus almas.
En la oscuridad delante se encontraba el origen de las sombras y la enfermedad, envolviendo lentamente el mundo tras ellos, asfixiándolo en desesperanza, intentando absorber la canción misma. Aquello no tenía forma ni consistencia permanente, sus movimientos eran erráticos y su tamaño monstruoso parecía abarcar todo el vacío, emergiendo más y más desde el fondo. Dentro de "eso" se movían miles de criaturas de sombras, como larvas en carne podrida. No parecía tener ojos, sólo un agujero enorme hasta su centro, con dientes hechos de los huesos de mundos devorados. Aun así, a pesar de moverse sin premeditación, podían sentir una inteligencia aguda y fría proveniente de aquel ser, observándolas de alguna forma con algo que iba más allá de la malicia. No existían adjetivos en sus lenguas que describieran la mente de aquello y lo que era exactamente.
Ninguno podía moverse, sus pensamientos estaban congelados y sólo podían observar en mudo horror aquel ser lovecraftniano. Aprovechando esto, aquello atacó, barriéndolos en el suelo y provocando que la piedra saliera de la bolsa de Maglor. Ante su vista lanzó lo que pareció un gruñido de ira y asco, lo cual dio la idea de qué hacer al grupo.
En aquel momento nadie estaba pensando exactamente, sus mentes enloquecidas por la visión sólo deseaban exterminar lo desconocido e informe y, saber que posiblemente la piedra podría hacerle daño, los hizo ponerse en movimiento para conseguirla. Michelle alcanzó el objeto un momento antes de que un "tentáculo" del ser los tirara nuevamente contra el suelo, soltando varias criaturas de paso, los cuales se abalanzaron contra la morena, golpeándola y arañándola. Para su suerte, la luz de la roca la protegió del veneno y rápidamente sacó su espada, contraatacando de forma instintiva, blandiendo primero su arma para crear algo de distancia entre ella y sus enemigos antes de atacar, enfocándose en dar estocadas a los ojos de aquellos seres, su mayor punto débil. Tras exterminar a los más cercanos, lanzó la piedra hacia aquello, sólo para que ésta chocara con algo y se devolviera.
Mientras Fran tomaba el objeto entre sus temblorosas manos, miles de susurros comenzaron a hendir el aire alrededor del grupo, llenándolos de mensajes deprimentes y tentadores que parecían querer mezclarse con sus propios pensamientos.
"Es imposible" "Nunca lo lograrán" "¿Por qué pelear?" "¿Por qué retrasar lo inevitable?" "No podrán salir de aquí" "Nadie apreciará su sacrificio" "¿Por qué motivo siguen luchando?" "El mundo es un lugar oscuro, ya no tiene salvación" "Ríndanse a sus deseos" "Podemos hacer realidad lo que deseen, entregarles el poder que deseen" "Caos, locura, oscuridad, no-vida" "La humanidad ya se dirigía a su destrucción, no hay esperanza" "la esperanza es una mentira" "Incluso entre ustedes lo dicen" "la humanidad no merece salvación" "todo lo existente volverá a la nada" "Vengan, únanse a nosotros" "Únanse a la fiesta de la noche del fin" "Nadie los recordará ni sabrá lo que han hecho" "Podemos llevarlos con sus familias" "Podrán tener las vidas que deseen" "Los sacrificios no tienen sentido"
Se taparon los oídos y con desesperación Fran lanzó la roca, la cual nuevamente chocó contra algo invisible y regresó hacia ellas, provocando algo parecido a una risa seca y burlona de todos los que componían al gran ente.
Maglor lanzó un grito y cayó de rodillas, sudando y temblando mientras sentía como su fëa era tirado desde Arda, a la vez que buscaba escapar de su hröar para huir de lo incomprensible. Su fuerza de voluntad comenzaba a flaquear, cuando sintió los brazos de Alice a su alrededor y un pequeño pero agudo grito de ella. Aquello provocó un cambio en su fëa, el cual pasó de querer huir a buscar proteger a su compañera. Alzó la mirada para ver a una criatura dispuesto a abalanzarse contra ellos, y con un rápido y ágil movimiento de su mano, sacó una daga de bajo su manga para lanzarlo con gran precisión hacia la zona entre los ojos del ser, matándolo al instante.
Mientras se levantaba y desenvainaba su espada, hizo una mueca de molestia y dolor, pues Arda aún tiraba de él con gran insistencia. Intentando evitar mirar al ente para no perder el control de nuevo, se enfocó en destruir a los monstruos que les rodeaban.
Tras ellos, el mundo comenzaba a sofocarse.
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Frente a las puertas de Mordor, el sueño que hacía mucho tiempo tuvo Fran cuando recién llegara a ese mundo, se hacía realidad. Nubes negras se acumulaban en un punto en el cielo, mientras las criaturas oscuras se movían por entre las hordas de orcos y trolles, listas para seguir propagando la enfermedad y observando con odio la luz que emanaba de la mitad de la roca, la cual impedía su misión.
Mezclándose con la horda, se lanzaron contra los hombres…
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Faltaba muy poco para llegar al final de su viaje.
Sam caminaba con decisión mientras cargaba a su señor Frodo, cuando una de las criaturas emergió de entre las rocas. A simple vista aún no se había percatado de su presencia, así que el hobbit se detuvo, nervioso, observando los movimientos espasmódicos del ser. A lo lejos, Gollum observaba y esperaba…
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En uno de los tantos puntos brillantes, un grupo se encontraba luchando contra las criaturas sobre una plataforma similar a aquella en la cual estaban las jóvenes y Maglor. La batalla apenas les daba algún respiro, pero a pesar del cansancio y las heridas, ellos no cejaban en su empeño, dedicándose especialmente a proteger al más joven del grupo. Aquel niño era Michael, quien se encontraba protegiendo con su vida un objeto que cargaba en una de sus manos, mientras con la otra bloqueaba algunos de los ataques con su cada vez más débil magia, desgraciadamente, debido a su limitado entrenamiento debido a su edad, pronto llegó a su límite, dejando una entrada para que una de las criaturas lo tomara entre sus garras, alzándolo del suelo.
Sin poder mágico, el muchacho comenzó a dar desesperadas patadas, tratando de alejar lo más posible a la criatura, tratando de escudar el objeto que sostenía al tiempo que buscaba en su abrigo la daga que guardaba. Un grito femenino se dejó oír, llamando la atención del monstruo quien al girar la cabeza en dirección al sonido, fue recibido por la fuerte estocada de una lanza de hielo, la cual se deshizo junto con la sombra. Una muchacha joven de alrededor de 15 años se arrodilló al lado de Michael, mirándolo con preocupación pero sin quitar su atención de la batalla.
— ¿Estás bien hermanito?
El niño no respondió, en su lugar lanzó un grito frustrado al tanto que daba un puñetazo al suelo, mirando con desesperación a los miles de puntos brillantes que rodeaban su mundo.
— ¡¿Qué está pasando?! ¡¿Por qué no comienza?! ¡Debería haberlo hecho ya!
— ¡Cálmate ya! Sé que es frustrante, pero ese sentimiento no nos ayudará en nada. Debemos resistir y esperar la señal, lo sabes, ¡no puedes perder la esperanza cuando estamos tan cerca! —lo amonestó con voz dura, antes de suavizarse sus rasgos al posar su mirada en el objeto —. Sabes de primera mano que no es una decisión fácil aquella.
— La extraño — gimoteó Michael, encorvando su cuerpo sobre el objeto de forma protectora al tanto que la acariciaba con cariño —. ¿Por qué debía ser ella?
— No lo sé, hermanito, no lo sé. Pero puedo asegurarte que su sacrificio no será en vano — declaró la muchacha, acariciando su cabeza con cariño en un intento de reconfortarlo, al tiempo que agradecía a su grupo, quienes se estaban esforzando al máximo en protegerlos y darles un momento —. Ahora levántate, no podemos dejar todo el peso de la lucha en el resto, sigámonos esforzándonos, por ella.
Michael se limpió las lágrimas con la manga, entonces sacó su daga y se levantó, decidido a luchar hasta el final, pasara lo que pasara.
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Alice se encontraba en la retaguardia, sin saber qué hacer, congelada y adolorida por su vieja herida junto a Fran, quien también había retrocedido, y Emilia, la cual era atacada por un padecimiento similar al de Maglor, sólo que al no tener su experiencia, no podía controlarse lo suficiente como para intentar ayudar en algo.
Nuevamente Alice se sentía inútil, no podía moverse por el miedo y apenas sabía manejar su espada como para ayudar al elfo. Únicamente podía quedarse allí, quieta, aguantando el dolor en su estómago mientras veía a Marie intentar lanzar nuevamente la piedra sin éxito, sólo para ser tirada al suelo junto a Michelle. Ambas se veían bastante apaleadas por los golpes incesantes que el ente les daba, quizá divertido por sus fútiles intentos. La peor era la morena, quien fuera atacada directamente por las criaturas, dejándole varias heridas en su cuerpo que aún sangraban, aunque no parecía notarlo, seguramente por estar aún bajo aquella locura frenética provocada por la visión dantesca del ser extraño, el cual en cambio, producía un temor que congelaba tanto a Alice como a Fran, quienes hacían lo posible por evitar mirarlo y escucharlo.
De pronto la roca se deslizó hasta llegar al lado de Emilia, quien no dudó en tomarlo y antes de que pudiese darse cuenta, la joven fue arrastrada por el suelo, con un delgado apéndice de aquel ente agarrando fuertemente su tobillo y doblándolo en un ángulo doloroso. Alice sintió como sus miembros se endurecían, inmovilizándola en su lugar mientras el resto corría hacia Em. Incluso Fran, tras unos instantes de duda, fue en su ayuda.
Habría llorado de vergüenza y miedo de no haber notado una cosa, algo que el resto pasó completamente por alto: Emi había atravesado aquella línea invisible.
Mientras el resto forcejeaba y la otra joven gritaba de dolor, provocando un regocijo sádico de todas las criaturas, la roca saltó de sus manos en un movimiento brusco y se deslizó hasta llegar a los pies de Alice, quien lo tomó por inercia entre sus manos. Su luz ayudó a calmar su mente junto al dolor de su estómago y aquel pensamiento regresó, más claro que antes.
Emilia había atravesado aquella línea invisible con la piedra.
Maglor rompió la barrera en aquel callejón con la piedra en sus manos, pues ésta era rechazada por la oscuridad.
Sus piernas temblaron y en esta ocasión si lloró, pero debido a otro motivo. Volvió su mirada al grupo, quienes aún forcejeaban contra el "tentáculo", observó las heridas en el cuerpo de todas y el suyo casi intacto, entonces cerró los ojos e intentó pensar en su casa, su familia, su cuarto, su vida anterior y trató de imaginar que nada de eso estaba pasando, pero en su lugar recordó otras cosas.
"Se necesita un sacrificio poderoso de muchas vidas para detenerlo"
"Creo que esa figura no es de alguien sujetando una llave, sino de que ese alguien es la llave."
"Los sacrificios no tienen sentido"
Otra voz se alzó en su mente entonces, una que escuchó hace mucho tiempo mientras caía y que casi había olvidado.
"Aunque puede que los sacrificios a hacer no sean de su agrado, es inevitable si quieren atravesar la barrera y acabar con todo esto."
— No es justo —murmuró acongojada. "Debe ser un error ¿Por qué soy yo la que debe darse cuenta? Ojalá no fuera ese mi don, ojalá estuviera equivocada."
Pero no parecía ser ese el caso, otra vez, porque esa fuerza tras ellas no la dejaría estarlo, no hasta que la amenaza fuera neutralizada. Mordiéndose con fuerza el labio maldijo todo en la existencia. Se sentía burlada y utilizada por esa mierda llamada "destino" y en su mente le sacó el dedo del medio. Quiso chillar, quiso tirar esa puta piedra al suelo, estrellarla con fuerza y quebrarla junto a toda aquella injusticia, quiso maldecir incluso a Eru... pero se detuvo, sabiendo que todo aquello era infantil y no le serviría en nada.
La ira se desvaneció, dejando en su lugar vacío y pesar. En verdad sólo quería volver a casa con su familia; en verdad sólo quería estar con Maglor. Al final ninguno de los dos ocurriría... ¿verdad? No existía otro camino, quizá nunca lo hubo, desde el principio parecían haber sido guiadas específicamente para llegar hasta ese punto, sin importar lo que ellas desearan.
Observó la mitad de la roca en sus manos, sintió su peso, entonces volvió otra vez la vista a su comunidad, sus amigas… su amor. La verdad, existía hasta cierto punto otro camino. Podía decirles, podía entregarles también la carga, dejar que otro se ofreciera, aunque seguramente Maglor lo haría y no permitiría que otro tomase su lugar pues "son su responsabilidad"… pero, ¿podría vivir con su consciencia si hacía eso? Dejar que otros hagan el trabajo duro, de nuevo permanecer atrás como siempre en su vida, seguir siendo una carga. ¿Tendría el valor de verles a la cara una vez terminado aquello?
Entonces supo de verdad que ya no era la chica que abandonó su mundo civilizado y seguro con todo lo que conocía, para caer en otro desconocido y salvaje, ni la joven que sobrevivió a la enfermedad y se enfrentó a sí misma. Ahora era una adulta, una mujer; era el momento de tomar decisiones por sí misma y lidiar con las consecuencias con la frente en alto y sin quejarse, o al menos intentarlo. Tomar las riendas de su vida. Observó nuevamente las heridas en los cuerpos del resto y el fuego volvió a encenderse con fuerza en su pecho, pero en esta ocasión, le entregó paz y claridad a su mente.
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Con un último grito de dolor, lograron separar a Emilia del ente y la arrastraron inmediatamente hacia atrás. Maglor buscó con la mirada a Alice, quien no estaba con ellos, temiendo por su seguridad.
Estaba en el mismo lugar que antes, sujetando la roca contra su pecho mientras lloraba. Sus miradas se encontraron y ella le sonrió, a través de su lazo le llegó una palabra, una sola; y comprendió.
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Antes de que él la detuviera, antes de poder pensarlo un poco más y arrepentirse, se puso a correr. Fingiendo que no escuchaba el desgarrador grito que llamaba su nombre, centrándose únicamente en recordar los mejores momentos de su vida junto a su familia, junto a sus amigas, junto a Maglor y en el amor que sentía por cada uno de ellos. Evitó pensar en lo que estaba haciendo y recordó los rostros de quienes más amaba; y les pidió disculpas.
Mantuvo la roca oculta entre sus brazos mientras atravesaba la barrera, notando las pulsaciones tranquilizadoras que emitía el objeto hacia su cuerpo y alma, entonces sintió un breve rechazo de un "algo" que, por un segundo, quiso tirarla hacia atrás. No se detuvo y mantuvo la cabeza gacha, al tanto que sentía los apéndices de aquel ser rodeándola, su boca abriéndose para tragársela. Abrió los ojos y con toda la fuerza que pudo concentrar en sus músculos, lanzó la mitad de la roca con la canción y sentimientos de Maglor hacia el interior del ente.
De pronto hubo una fuerte explosión y su mundo se pintó de blanco, antes de sumergirse en la oscuridad.
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Aquella luz brilló con fuerza en el vacío y cientos de miradas expectantes observaron cómo el ser era golpeado directamente por ésta, dejándolo aturdido y debilitado. Era la señal que habían estado esperando con ansias, temerosos de que la "llave" no apareciese y los esfuerzos y sacrificios de todos hubiesen sido en vano.
El momento por fin había llegado.
Miles de grupos en diversas ramas de los universos alzaron los objetos que con tanto dolor y esfuerzo habían conseguido y centraron su fe en ellos, creyendo con tanta fuerza como pudieron en el poder que representaban y sabiendo que sus mundos dependían de esto. Las piezas comenzaron a brillar, para luego tomar la forma de cadenas y lazos que cayeron sobre el ente, aprisionándolo y apretándolo hasta que expulsó lo tragado, obligándole a retraer sus apéndices de las dimensiones y arrebatándole el poder que hasta ese momento había ganado, lo cual hizo desvanecer a las criaturas, que regresaron a su apariencia de sombras.
Apenas creyendo lo sucedido, los grupos se abrazaron entre ellos, agotados física y mentalmente por las pruebas y pérdidas que tuvieron que pasar y observaron al ente, ahora debilitado, volver a las profundidades de las cuales había emergido. Entonces todos alzaron los ojos a los millones de puntos de luz, sin poder verse pero intuyendo la presencia de los otros, agradeciendo su ayuda mutua, permitiéndose llorar por aquello que no podrían recuperar, al tanto que alzaban una oración de agradecimiento y despedida por los que se sacrificaron en el camino y por el alma de la llave, antes de dar la vuelta y marchar a sus viejas vidas.
Michael permaneció un segundo más observando el punto del que provino el golpe de luz, mientras sus compañeros marchaban en dirección a la puerta.
— Lo lamento — repitió, pensando en la joven y simpática morena, recordando también a su amada amiga, quien diera su vida por crear el objeto —. Gracias.
Entonces, con paso cansado, siguió al resto.
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Las criaturas se retorcieron, lanzando un chirrido al aire antes de desaparecer, volviéndose polvo negro que pronto fue barrido por el viento. Los infectados que aún no habían sido tratados con la roca, fueron curados en ese mismo instante y por completo, cualquier conexión remanente con la entidad fue cortada y la mitad de la piedra brilló una última vez, antes de desaparecer con una pequeña explosión…
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Sam observó a los seres retorcerse y gritar horriblemente antes de volverse polvo, permaneció en el mismo lugar sin mover un músculo por unos segundos antes de avanzar, inseguro. Nada pasó y pronto se acercó con mayor confianza a lo que había quedado de aquellas criaturas. Las chicas debían haberlo hecho de algún modo, era la única explicación.
Con fuerzas renovadas continuó y Gollum también lo hizo…
… y la historia de esa Arda continuó su historia con normalidad.
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Maglor recuperó la consciencia lentamente tras la explosión y la onda expansiva que lo lanzó hacia atrás, y aún antes de recuperar completamente la visión, se lanzó a buscar a Alice. Era lo único que ocupaba su mente: la imagen de ella corriendo hacia ese ente y la luz que lo siguió. Arrastrándose, se dirigió en la dirección en que creía que debía estar ella a la vez que tanteaba a su alrededor, mientras parpadeaba varias veces intentando hacer desaparecer la mancha blanca de sus retinas.
Entonces su mano tocó algo a la derecha, una muñeca con una pulsera muy familiar.
La imagen cada vez más clara del cuerpo de Alice apareció frente a sus ojos. La ropa en su pecho estaba algo quemada, tenía varios cortes y contusiones en sus extremidades y rostro, mientras éste último mostraba una expresión tranquila de paz. Sintió que su corazón se detenía un segundo mientras el aire se atoraba en sus pulmones.
Alice no se movía. Yacía quieta allí, como una pequeña muñeca rota, sin ninguna señal que denotara vida. Con manos temblorosas levantó su cuerpo, teniendo mucho cuidado al hacerlo, como si temiera romperla aún más, como si fuera el objeto más frágil del mundo. Lentamente la atrajo hacia sí mismo mientras la llamaba entre tartamudeos, hasta que en un gesto desesperado gritó su nombre, pero no hubo respuesta alguna.
Entonces la abrazó con fuerza y sin poder evitarlo, lloró.
