No quería abrir mis ojos, los apretaba fuertemente. Me negaba a hacerlo. No quería abrirlos y averiguar lo que había sucedido porque tenía una ligera idea en mi mente y no quería confirmarla.
—Ana, abre los ojos ¿Estás bien? —me preguntaba, mientras yo habría lentamente los ojos.
Ryan me miraba preocupado.
—Sí, estoy bien. ¿Qué sucedió? —dije mientras levantaba la vista.
—Tu auto acaba de explotar. —me dijo mientras se incorporaba sentándose en la acera.
— ¡Que! —dije sentándome al igual que él.
A unos metros detrás de Ryan donde antes estaba mi auto, ahora solo había una masa envuelta en una bola de fuego. Miraba aquello impactada, sin poderlo creer. Mi auto se había convertido en una bola de fuego y humo. Ryan se paró y me tendió la mano para ayudarme a pararme.
— ¿Están bien? —preguntó un guardia de seguridad que salió corriendo en nuestra dirección tras el estruendo.
—Eso creo. —dije pasando una mano por mi cabeza.
No me había golpeado, pero el estruendo me había dejado algo aturdida.
Ryan me sacudió la nieve del pelo. Y ambos nos quedamos allí parados mirando como mi auto se consumía poco a poco. Unos minutos más tarde llegaron los bomberos, la policía y una ambulancia. Las personas que pasaban por ahí se detenían a mirar que había sucedido. Ryan no se había movido de mi lado.
—Vamos para que te revisen. —dijo mientras caminábamos hasta la ambulancia.
—Estoy bien. —le dije mientras él me dejaba en manos de los paramédicos para que me examinaran.
Al comprobar que estaba perfectamente me dejaron ir. Pero entonces me percate de que Ryan no apoyaba bien la pierna derecha y que esta sangraba.
— ¿Te encuentras bien? —le pregunté mientras señalaba su pierna.
—Estoy bien. —su repuesta no sonaba convincente.
—Vamos para que te revisen. —pero él se negó.
—No es nada, solo es un rasguño. —me contestó nuevamente.
No convencida con su respuesta caminé en dirección a los paramédicos y les pedí que lo examinaran.
—Eres muy insistente. —me dijo mientras lo sentaban en la ambulancia y examinaban su pierna.
Le cortaron el pantalón hasta media pierna pero no pude ver bien la herida pues estaba girado hacia el otro lado. Un cuarto de hora más tarde, cuando terminaban de vendarle la pierna se nos acercó un detective.
— ¿Ustedes estaban cerca del auto cuando explotó?
—Si, el auto es mío, era. —le contesté mientras Ryan salía de la ambulancia y se paraba a mi lado. — ¿Sabe que fue lo sucedió? —pregunté mientras el detective miraba primero a Ryan y después a mí.
—Al parecer hubo un desperfecto en el sistema de ignición y este explotó, la investigación nos dará más detalles sobre lo que ocurrió en realidad.
Un desperfecto en el sistema de ignición. Acaso estaba de broma.
O no quería decir la verdad o no tenía idea de lo que en realidad había sucedido.
—No entiendo, mi auto estaba perfecto esta mañana. —le dije sin comprender lo que él me estaba diciendo.
—Eso es lo que le puedo decir hasta el momento, se llevará a cabo una investigación más a fondo para saber con detalles como ocurrió todo.
— ¿Podemos marcharnos?—preguntó Ryan mientras pasaba un brazo por mis hombros.
—Si, lo pueden hacer después de que les tomen declaración y sus datos para mantenerlos localizados.
—Gracias. —dijo Ryan tendiéndole la mano.
Una hora más tarde, después que nos tomaron declaración y de ver como mi auto se había convertido en una masa irreconocible ahora cubierta de nieve, recogimos nuestras maletas y Ryan me condujo hasta su auto parqueado a unos 50 metros del mío. Abrió las puertas y después de guardar las maletas y montarnos arrancó y condujo rumbo a mi apartamento.
Mi auto, mi adorado auto había desaparecido en un segundo. Ryan iba muy serio mientras conducía. Nunca lo había visto así. Giré mi vista hacia la ventanilla mientras veía la nieve caer. Un quejido de Ryan hizo que me girara a verlo.
— ¿Te duele mucho la pierna?—le pregunté.
No había podido ver bien la herida de su pierna pues no me habían dejado acercarme mientras lo atendían.
—No.
Su respuesta cortante y fría me hizo saber que sucedía algo más y que no me quería contar. Entonces recordé lo que él había hecho antes de que explotara el auto.
— ¿Por qué te agachaste a mirar debajo del auto? ¿Cómo supiste lo que iba a suceder?—le pregunté.
Imaginaba que no me iba a contestar, pero ya me estaba imaginando más o menos lo que había sucedido, solamente quería que me lo confirmara. Ryan se detuvo en una luz roja. Me miró fijamente y me contestó.
—Sucedió lo que me temía, pusieron una bomba en tu auto. —dijo mientras sacaba su teléfono y tecleaba algo.
— ¡Que! ¿Una bomba? ¿Cómo sabes que era una bomba? Los policías no lo sabían.
—Ni lo sabrán jamás. Esa bomba no deja rastro, y aunque hubiese quedado algo de ella, no la podrán rastrear. Será un callejón sin salida. —guardó el teléfono y aceleró al cambiar la luz a verde.
— ¿Cómo sabes tanto de la bomba con solo verla de lejos?—Ryan se detuvo en otro semáforo en rojo y esta vez me contestó sin mirarme.
—Porque es la misma que le pusieron a Giselle.
— ¿Giselle? No conozco a ninguna Giselle. —Ryan aceleró nuevamente y no habló más hasta llegar a mi apartamento.
Parqueó el auto en el garaje subterráneo y apagó el motor.
—Giselle era mi prometida. —dijo mientras se bajaba del auto.
Hice lo mismo que el. Pero aun había cabos sueltos. Si supuestamente la bomba es imposible de rastrear, cómo él sabe que era exactamente igual a la que pusieron en mi auto. Subimos a mi apartamento y cuando estuvimos parados frente a la puerta él me quitó las llaves de la mano.
—Espera aquí. —me dijo mientras dejaba las maletas en el suelo y metía la mano dentro de la americana sacando la pistola.
No tenía idea de que anduviera armado. Abrió la puerta rápidamente y la cerró detrás de él dejándome sola en el pasillo. Ryan salió unos minutos más tarde.
—Ya puedes entrar. —dijo mientras cogía las maletas del suelo.
— ¿A qué venía todo eso? —dije cerrando la puerta detrás de mí.
—Asegurándome que estuviese vacío el apartamento.
— ¿Y el arma?
—Siempre ando con ella.
Recuerdo que en el baile de máscaras me la había mostrado, pero pensé que era parte del disfraz. Aunque lo entendía. Después de lo sucedido con su prometida no era para menos.
Aunque creo que se estaba pasando con la paranoia.
—Voy a preparar algo para cenar.
—No será necesario, Elliot nos enviara algo, deben estar al traerlo.
En ese momento alguien tocaba a la puerta. Ryan dejo nuevamente las maletas en el suelo y se dirigió hacia la puerta. Un minuto más tarde regresó con una bolsa que puso en la encimera de la cocina.
—Vamos a bañarnos para cenar.
Esto era algo que estaba empezando a conocer de él. Le gustaba controlarlo todo.
— ¿Y si quiero cenar primero? —dije retándolo.
—Pues cenamos primero, pero necesito antes un baño y quitarme el pantalón este.
Miré su pantalón roto y después mire mi ropa. El tenía razón, necesitábamos un baño.
— ¿Dormiremos juntos?—le pregunté mientras él me miraba entrecerrando los ojos.
—No veo porque no podemos hacerlo.
—Entonces sígueme te mostraré la habitación.
—Creo recordar donde está. —me contestó con una sonrisa.
Se me había olvidado que me había cargado en sus brazos hasta mi cama. Al llegar a la habitación puso una de las maletas en el suelo y la otra sobre la cama. La abrió, busco una ropa y la volvió a cerrar poniéndola en el suelo también.
—Voy a bañarme, si quieres ve cenando, o espérame. —dijo mientras se dirigía hacia el baño.
Busqué la ropa de dormir y me dirigí hacia el baño también. Cuando abrí la puerta me encontré con Ryan sentado en el váter, sin zapatos, sin camisa y sacándose el pantalón. Se me quedó mirando.
— ¿Pensaba que no te ibas a bañar?
—Lo necesito. —le dije mientras el terminaba de sacarse el pantalón y lo echaba a la basura.
Me le quedé mirando la venda en su pierna.
—Se te va a mojar la venda.
—Me la tengo que quitar. —dijo mientras comenzaba a zafarla.
—Déjame, yo lo hago. —le pedí agachándome en el suelo junto a su pierna.
Ryan me dio el extremo de la venda y comencé a desenredarla de su pierna cuidadosamente. Después de cinco vueltas la venda quedó completamente en mis manos. No sabía qué hacer en estos momentos. La botaba o la guardaba para que se la pusiera nuevamente.
—La puedes botar, tengo otra limpia para mañana. —tiré la venda en el cesto de la basura.
Y entonces me quedé mirando su pierna. El corte tenía al menos diez centímetros de largo, e inconscientemente conté cuantos puntos le habían dado. Catorce.
—Vamos a bañarnos. —dijo poniéndose de pie y ofreciéndome su mano para ayudarme a levantar del suelo.
Tomé su mano y cuando estuve de pie, me solté y comencé a desnudarme mientras Ryan me devoraba con la mirada. Ahora que lo pensaba, nunca me había desnudado frente a él. Ryan lo había hecho por mí en las dos ocasiones. Terminé de desnudarme y Ryan hizo lo mismo. Nos bañamos rápidamente. Cuando me estaba poniendo la camiseta de la universidad sentí una risa detrás de mí.
— ¿Algo que quieras compartir?
—Me gusta tu ropa de dormir.
—Me alegra que te guste eres el primero que la ve.
No iba a cambiar mi forma de vestir solo porque él estuviera aquí.
Terminé de vestirme y el hizo lo mismo. Se puso una camiseta gris y un pantalón azul claro. Se paso las manos por el pelo haciendo que quedara mas desordenado y después salimos rumbo a la cocina. Ryan abrió la bolsa mientras yo buscaba unos platos y los acomodaba en la encimera junto a los cubiertos.
—No tenías que haber ordenado del restaurante de Elliot, con comida china hubiera bastado.
—En este momento, con lo que sucedió, creo que lo mejor era comer de un lugar de confianza. Y qué mejor que del restaurante de Elliot. —me dijo mientras terminaba de abrir las cajas con la comida.
— ¿Crees que puedan intentar envenenarme?
—Es mejor precaver.
Definitivamente Ryan padecía de paranoia en extremo. Creo que había visto demasiadas películas de Agente 007.
Aunque Ryan no me hubiese dicho de donde era la comida lo hubiese adivinado. La comida del restaurante de Elliot era única en la ciudad, no tenía comparación. Cuando terminábamos de cenar se me escapo un bostezo.
—Vamos a dormir, debes estar exhausta. —dijo levantándose mientras acomodaba lo platos uno sobre el otro.
—Déjame poner esto en el lavavajillas.
Cogí los platos y los cubiertos, los acomodé en el lavavajillas y después lo cerré. Apagué las luces y nos dirigimos hacia mi habitación. Abrí el armario y como era amplio, tenía suficiente espacio para que él colocara sus cosas.
—Puedes acomodar tus cosas ahí.
Lo dejé en la habitación abriendo las maletas mientras yo iba al baño a lavarme los dientes. Lo estaba haciendo cuando algo llamó mi atención en el espejo. Sobre el cesto de la ropa sucia estaba su camisa blanca, pero lo que había llamado mi atención había sido lo que estaba debajo. Levanté con cuidado la camisa y allí estaba en una funda negra el arma.
Era de color plateado y negro y se parecía mucho a la que llevaba en el baile de máscaras. O quizás era la misma. Deslicé mis dedos por ella. Se sentía tan fría como lucía.
Sentí unos pasos y regresé a lavarme los dientes. La puerta se abrió y entró Ryan con su cepillo en la mano. Terminé y salí del baño dejándolo solo.
Me acomodé en la cama.
En New York no había llevado el arma, me pregunto si la lleva dentro de la empresa también. Ryan salió del baño con la pistola en la mano y la puso en la mesita al lado de la cama. Se sentó en el borde de la cama y se pasó la mano por la pierna.
— ¿Te duele mucho la pierna?—le pregunté mientras él me miraba brevemente.
—Un poco.
Me levanté de la cama y fui hacia la cocina. Cogí un vaso y eché un poco de jugo. Regresé a la habitación, abrí la primera gaveta de la mesita y saqué un pomo de ibuprofeno.
—Toma. —le dije ofreciéndole el pomo.
Ryan lo cogió y sacó dos pastillas. Le ofrecí el jugo y se las tomó. Puso el vaso a un lado y se acomodó en la cama sentándose en su lado.
—Ven aquí. —dijo palmeado en la cama a su lado.
La forma en que lo dijo, y el movimiento de su mano sobre el colchón hizo que todo dentro de mí se retorciera. Me senté a su lado en la cama, pero guardando la distancia entre nosotros. No quería lastimarle la pierna, que imaginaba debía de dolerle.
—Acércate más.
—No quiero hacerte daño. —le dije mirando su pierna.
—Ven aquí. —dijo tirando de mi mano haciendo que quedara sentada entre sus piernas.
Me quitó los espejuelos y los puso a un lado. Apartó el pelo de mi cara y me dio un ligero beso en los labios.
—Creo que al menos hoy te tendrás que conformar solo con unos besos. —me dijo mientras me daba otro beso en los labios.
—Puedo intentarlo. —le dije enredando las manos en su cuello y robándole un beso.
Mientras dure, soy feliz estando solo entre tus brazos.
Nos acurrucamos juntos en medio de la cama. Solo besándonos. Era algo extraño hacer solo esto.
Sin sexo.
Ryan se recostó en la cama y yo entre sus brazos y así me quedé dormida.
Desperté a la mañana siguiente con la alarma del teléfono. Todo lucía ahora como si hubiese sido un sueño. Estaba sola en la cama de mi habitación, pero sabía que todo había sido real.
Me giré hacia el otro lado de la cama, su olor aún estaba en la almohada. Me levanté de la cama, me puse los espejuelos y me dirigí hacia el baño con una sonrisa en mi rostro. Cuando terminé, fui hacia el armario en busca de una ropa. Al abrirlo vi la ropa de Ryan acomodada perfectamente en el armario.
Busqué una ropa y después me dirigí hacia la cocina a preparar el desayuno. Cuando estaba llegando a la cocina vi a Ryan allí, de espalda a mí preparando el desayuno. Tenía el teléfono en la oreja. Estaba hablando con alguien. No me había visto. Y no pude evitar escuchar parte de la conversación.
—Si lo sé, fue un descuido de mi parte...si, voy a asumir toda responsabilidad...me encargaré de protegerla...no, no sucederá como la última vez...no, nadie lo sabe...de acuerdo...me aseguraré de ello…—en ese momento Ryan se giró y me vio parada a unos metros de él. —…lo mantendré informado. —y colgó.
