Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 35

"La obra humana más bella, es la de ser útil al prójimo."

Sófocles

El océano atlántico con su inexorable belleza bañaba las costas de Salvador de Bahía, lugar donde aterrizarían dentro de pocos minutos. Esme iba a bordo de unos de los tres helicópteros que acompañaban a Carlisle Cullen.

El hombre pensaba eludir una donación de calzado para niños y medicamentos, cediéndoles la labor a personas que trabajaban para él y que contaban con su entera confianza, sin embargo Esme advirtió en el rostro de él que no estaba completamente satisfecho.

Sin duda era un compromiso que tenía pendiente y que había olvidado, pero ella no iba a permitir que dejara de lado sus responsabilidades para cumplir con ella. Entonces le hizo saber que estaría encantada de acompañarlo y así conocería un poco más de Brasil.

"No es una obligación, son donaciones que me satisface hacer personalmente, sólo eso" le dijo él explicándose ante ella que emocionada quería conocer esa faceta del magnate de la industria petrolera, minera y naviera.

Los helicópteros empezaron a descender y ya los esperaban dos jeep y dos camiones de carga, también había dos monta carga y varios hombres todos afrobrasileños.

Ella no pudo evitar sonreír ante la experiencia que viviría. Sentía el corazón latir muy fuerte y por extraño que pareciera se sentía temblorosa.

En ese momento Carlisle desvió la mirada hacia ella y también le sonrió y extrañó ver las líneas de expresión que se formaban alrededor de sus hermosos ojos celestes y que los lentes de sol no le dejaron apreciar.

Empezó a desabrocharse el cinturón al mismo tiempo que Carlisle y se sorprendió un poco cuando la puerta de su lado se abrió de manera inesperada, o tal vez estaba demasiado concentrada mirando al grupo de personas que los esperaban.

—Bem-vindo a miss —le dijo un hombre alto, de piel oscura y con la cabeza completamente rapada que había abierto la puerta y le tendía la mano para ayudarla a bajar.

Antes de agarrar la mano del hombre desvió la mirada a Carlisle a su lado y al igual que a ella le habían abierto la puerta y lo estaban saludando por su apellido y con gestos de verdadera felicidad.

—Obrigado —agradeció sonriendo amablemente, con una de las pocas palabras que había aprendido en portugués.

Los condujeron hasta uno de los Jeep, donde a ella la ayudaron a subir y no pudo evitar sentirse impresionada y a eso se le aunaba una excitación inesperada, al ver al importante señor Cullen ocupar de un enérgico salto el lado del piloto del Jeep.

Dio varias instrucciones a los hombres en portugués y encendió el vehículo, antes de ponerse en marcha dos de sus guardaespaldas subieron al asiento trasero del todo terreno negro, que no tenía ningún tipo de cobertura.

Arrancaron, y Esme sentía el viento cálido estrellarse contra su rostro y agitar con fiereza sus cabellos. Era un clima realmente caluroso, pero seco y gracias a la brisa marina no era fatigante: era caliente pero placentero, como todo en ese país.

—Salvador de Bahía es muy conocida por el carnaval. Muchos prefieren dejar Río o São Paulo y venirse a Bahía, es más tradicional con los sonidos del axé, afoxé y la samba —le hizo saber Carlisle como si fuese el mejor guía turístico.

Ella iba emocionada llenándose la vista con el paisaje y a poca distancia observaba las casas de colores vivos con estrechas calles empedradas.

No pudo evitar ponerse de pie y observar en una plaza una gran rueda que habían hecho los capoeristas, eran los mejores en ese arte y en Bahía aún se podía practicar libremente.

— ¿Quieres verlos? —preguntó al ver el entusiasmo en ella.

—Sí, nunca los he visto, ni a tu sobrino, no he contado con el mismo privilegio que Bella.

—Ed, me ha dado unos cuantos dolores de cabeza. Me prometí que la próxima vez que venga a Brasil le voy a mandar a poner un chip para rastrearlo… —le hizo saber estacionando el jeep a un lado de la calle, frente a la plaza—. Con quince años se vino con unos amigos y no me informó nada, hasta denuncié su desaparición y medio Brasil andaba en su búsqueda… Eso lo heredó de la madre, a Elizabeth nunca pudimos domarla, creo que es el arte de la capoeira que los hace indomables —le confesó a Esme, sin poder ocultar el dejo de nostalgia en su voz.

—Nunca me has contado sobre ella —dijo inadvertida al ver el sutil cambio en la reacción de Carlisle.

—Esta noche lo haré. Vamos a ver la roda —la instó desabrochándose el cinturón y bajó. Bordeó el jeep y la ayudó a bajar—. En estas calles fue donde Michael Jackson grabó el videoclip de "They Don't Care About Us" y éste barrio ha sido nombrado patrimonio de la humanidad.

— ¡Woao! —exclamó impresionada al enterarse por Carlisle de que un barrio poseía tantas cosas maravillosas—. Me gusta, es muy colorido —dijo observando las casas y aunado a eso la vestimenta con colores cítricos de los habitantes que en su gran mayoría eran afrobrasileños

El ritmo tropical por instrumentos de vientos, cuerdas, tambores, palmadas y voces, alegraban la calle con un espectáculo envidiable de acrobacias que para el ser humano promedio serían imposibles de realizar.

—No deben tocarse, pierde quien deje hacerlo, por eso usan la vestimenta blanca porque a veces es por roces y ni siquiera se notan si no es por la mancha, para eso están descalzos —le explicó al ver que Esme no terminaba de entender de que iba el combate.

— ¿Pero no se lastiman?

—No es la idea, sólo tratan de mostrar la destreza, esto es un grito a la paz, demuestran que pueden ganar sin necesidad de ningún tipo de agresión.

—Es fantástico —dijo emocionada mientras observaba como los contrincantes se turnaban para combatir dentro de la rueda que tenían formada. Se encontraba inadvertidamente con la boca abierta al igual que otros turistas que admiraban el espectáculo.

Todos agradecieron con eufóricos aplausos al final de la función. Carlisle y Esme decidieron retomar su recorrido hasta el colegio que se encontraba en la misma localidad de Pelourinho, donde donarían los zapatos.

Al llegar al colegio se reunieron con la directora del plantel escolar. Una mujer trigueña de ojos pardos, robusta y de baja estatura. Carlisle conversó con ella en portugués y aunque Esmeno entendió una sola palabra, percibió agradecimiento en el rostro de la dama.

Los guiaron por los pasillos de una escuela primaria la cual se mostraba algo deteriorada, tal como le había dicho Carlisle.

Los recursos del Brasil eran mal distribuidos y descuidaban el sector educativo, descuidaban al futuro del país, pero al menos contaban con el señor Cullen que mostraba preocupación por su tierra, por cada niño en ese lugar.

Bien podría estar en algún país europeo o sólo disfrutando como un turista más de los maravillosos paisajes, hacerse la vista gorda ante la problemática. Total a él no le faltaba nada, pero no, estaba ahí ayudando, no únicamente por compromiso porque se le notaba demasiado que lo hacía porque le gustaba.

Carlisle Cullen, colaboraba y demostraba que lo hacía de corazón, tampoco buscaba algún tipo de beneficio con eso. No se valía de la donación para hacerse algún tipo de publicidad, porque no había creado ningún tipo de parafernalia con medios de comunicación.

El destino fue una cancha deportiva, donde había docenas de niños sentados en el piso de concreto y que al ver a Carlisle se pusieron de pie y empezaron a brincar emocionados.

Un montón de caritas oscuras con hermosos dientes blancos que adornaban sus sonrisas hizo que el corazón de Esme se contrajera de una felicidad nunca antes experimentada, tanto que las lágrimas se le anidaron en los ojos.

Al hombre que tenía al lado lo veían como un héroe, como un salvador. Alguien que no los olvidaba y que a pesar de ser el séptimo hombre con más dinero en el planeta, poseía una humildad digna de admirar, en ningún momento su rostro mostró algún tipo de molestia o discriminación. La sonrisa de él era realmente sincera.

Los niños corrieron y se le arremolinaron a las piernas y a ella también. Él empezó a chocar sus manos, con todos los que podía y ella se contagió de ese amor verdadero por los niños frotándoles las cabezas.

Carlisle le dedicó una mirada a Esme, y admiró lo entretenida que se encontraba. Mostraba que estaba disfrutando del momento, que verdaderamente lo hacía y entonces descubrió que era ella.

Sería ella con quien podría ser verdaderamente él. La norteamericana era todo lo contrario de lo que había sido su ex esposa, a la que nunca logró convencer para que fuese al menos un poco humanitaria y que nunca le perdonó a él que lo fuese.

Esas fueron sus diferencias más grandes, no miraban al mismo horizonte, no seguían el mismo camino y aunque hubiesen tenido una química sexual explosiva, un matrimonio no solo se basaba en los momentos que se podrían vivir en una cama.

Esme había decidido hacer un curso, al menos básico, para aprender un poco de portugués porque no podía entender lo que los niños le decían Carlisle o a ella y él tenía que traducirle las palabras de agradecimiento de los pequeños.

Con la ayuda de los maestros, organizaron a los niños nuevamente por filas según su talla de calzado y empezaron a llegar las cajas que contenían un par de zapatos para cada estudiante. Iniciaron con el primer nivel de la escuela elemental pública. En total eran ocho cursos, tandas por cada año de estudio.

Esme más allá, de la lujuria y deseo sintió verdadera admiración al ver como el poderoso y aclamado empresario por la revista Forbes, se ponía de cuclillas y él mismo le cambiaba los zapatos a los niños, que con grandes sonrisas y un entusiasta "Obrigado tío" agradecían el más hermoso gesto que ella alguna vez hubiese presenciado personalmente.

Arrastrada por ese maravilloso ejemplo de ayuda al prójimo, agarró una caja de zapatos y se puso de cuclillas al lado de Carlisle, para atender a los niños de la otra talla y aunque no tuviese ninguna experiencia en calzar a pequeños.

Logró hacerlo, después de casi una hora era una experta colocando calzados y a su ayuda se sumaron los guardaespaldas de Carlisle mientras que los hombres que lo habían esperado en el helipuerto seguían trayendo cajas con zapatos.

Las maestras ayudaban a organizar a los niños y a brindarles a ellos diferentes tipos de bebidas, algunas de ellas de la misma región de Salvador de Bahía.

Después de varias horas habían terminado. Esme se encontraba realmente exhausta pero feliz, muy feliz porque había hecho algo por esos niños que verdaderamente lo necesitaban. La mayoría de los calzados que había cambiado estaban en estado deplorable.

Jamás pensó que de la mano de Carlisle conocería esa faceta de su vida, esa parte que se conmovió a punto de lágrimas y que estaba dispuesta a seguir explotando. Ella siempre ayudaba a quien podía. Si veía a alguien pidiendo limosnas colaboraba con lo que podía, pero pensaba que era la reacción de cualquier ser humano, sin embargo muchas personas pasaban de largo ignorando completamente la necesidad del otro.

—Ahora nos toca el hospital —le hizo saber Carlisle y la tomaba de la mano al salir del colegio público.

Esme no dijo nada, se limitó a regalarle una sonrisa y aunque estaba realmente cansada, aceptaría ir a muchos lugares más. Sin embargo se preguntaba de dónde sacaba tantas energías el hombre que la ayudaba a subir al jeep.

—Pero eso no lo haremos hoy, será para mañana a primera hora. La tarde la voy a aprovechar para mostrarte un poco de Salvador, además tengo planeado algo para el atardecer —le dijo haciendo rugir el motor del todo terreno y como era de esperarse los guardaespaldas subieron al vehículo.

Esme quiso abrazarlo y darle un beso, pero sabía que no sería prudente hacerlo en plena calle. El hombre no podía comportarse como un jovenzuelo, se debía a las apariencias del mundo donde se desenvolvía.

—Es maravilloso todo lo que haces, nunca pensé que te dedicaras tan de lleno a las obras caritativas —tuvo que alzar un poco la voz porque el viento silbando entre ellos les hacía difícil la comunicación verbal.

—Me hace feliz hacerlo, es una vocación que está en mí. Me hace feliz ver la dicha en la cara de los niños.

—Lo logras con cada niño. Todos estaban felices y tus hijos son un ejemplo de la crianza que eres capaz de dar.

—Mi mayor reto fue Edward, me costó demasiado hacerlo feliz —acotó con la total confianza que Esme se había ganado.

— ¿Por qué lo dices? Disculpa, no quiero ser impertinente —trató de redimirse después de haber soltado la pregunta sin pensar y desvió la mirada hacia el océano que se imponía y al igual que en Río de Janeiro la calle franqueaba la costa.

—No hay nada que disculpar. Ed, él pasó por un gran trauma, vio a sus padres morir, según lo que me informaron era pirómano y sus padres no se dieron cuenta de que jugaba con fuego y causó el accidente… —pausó sus palabras y dejó libre un suspiro mientras buscaba en sus recuerdos—. A consecuencia de eso sufre de pirofobia. Aunque se la han tratado y he estado al tanto de eso, no consigue vencer ese temor pero al menos logra controlarlo. Recuerdo que apenas lo tuve aquí en Brasil se sumía en ataques de pánico y sólo a consecuencia de las altas temperaturas a las cuales no estaba acostumbrado y siendo un niño de ocho años, me costaba tratar con él, de hecho tenía el problema con Jasper. Llevaba poco tiempo de haberme separado, de una relación que alargué por más de un año, traté de salvarla por el bien de mis hijos, pero llegó el momento en que ya no se pudo hacer nada y fue… fue difícil porque no había manera de hacerle entender a Jasper que esa separación nada tenía que ver con él… y en muy poco tiempo, en mi cama se sustituyó el cuerpo de una mujer por la de dos niños y amanecía en medio de charcos de orina.

Esme no encontraba palabras para poder remediar algo que había quedado en el pasado de Carlisle. Tal vez fueron esas situaciones difíciles las que formaron en gran parte al hombre que caminaba a su lado y por cada palabra dicha le había hecho surgir diez interrogantes. Quería hacer preguntas, pero sabía que sería muy desconsiderado de su parte acercarlo a un pasado que sin duda alguna también lo había marcado.

—Supongo que tuviste que comprar colchón todos los meses —se obligó a sonreír para hacer el momento menos difícil.

—En realidad, todas las semanas —sonrió por un momento, pero una vez más el manto de los recuerdos difíciles se posaba sobre él—. Ed no iba al baño por las noches y me tocaba adivinar cuando quería ir al baño, porque no hablaba y para mí su miedo era irracional. No estaba preparado para lidiar con eso, no entendía cuando no quería salir de casa. Se alejaba de las puertas y si alguien llegaba de visita él simplemente corría y se escondía debajo de las camas… y ahora quien lo ve tan independiente, orgulloso y protector no podría imaginarse jamás los miedos que lo acompañaron por mucho tiempo.

—No tenía idea de todo lo que ha vivido Edward, además hay que sumarle lo mandón —ella trataba de no presionar a Carlisle, pero se moría por saber un poco más de ese pasado traumático de Edward para discutirlo con Bella. Tal vez no era lo más honesto, pero estaba segura que si ella le contaba a su amiga que Edward era completamente distinto, que también había pasado por situaciones verdaderamente difíciles, terminaría aceptando sus propios sentimientos.

—Ahí está la basílica —le hizo saber Carlisle señalando una edificación de estructura colonial neoclásica con fachada rococó, pintada de blanco—. Estamos en Bonfim, segundo barrio más interesante de Salvador de Bahía —estacionó el auto cerca de una plaza y bajaron—, y esa que ves ahí es la Basílica de Nosso Senhor da Bonfim, es Nuestro señor de Bonfim. Como muchas de las ciudades en Brasil, Salvador de Bahía también conserva raíces religiosas de tiempos antiguos, que se les conoce como Orixás, dioses africanos a los que los esclavos les tenían mucha fe, con el pasar de los años también fueron adoptando la religión cristiana y su santo principal es el Senhor do Bomfim da Bahía.

Esme escuchaba atentamente las anécdotas que Carlisle le contaba, pero su mirada se vio atraída por un miles de cintas de colores que se agitaban con el viento y que parecían cercar la basílica.

—Es hermoso —dijo encantada completamente entregada a la cantidad de colores que adornaban las verjas de la basílica.

—Es una tradición —le informó Carlisle y la tomó por la mano guiándola hasta una de las verjas donde se encontraban amarradas las cintas—. La tradición dice que la cinta debe anudarse con tres nudos en la muñeca izquierda, mientras quién la recibe pide un deseo por cada nudo. Los deseos se cumplirán si la cinta se rompe en tu muñeca —le informaba mientras quitaba una de las cintas de la verja—. Dame tu mano y pide los tres deseos.

—Está bien —extendió el brazo izquierdo y observaba la cinta verde neón, que contrastaba hermosamente con su color de piel. Elevó la mirada al rostro de Carlisle mientras que en silenció pedía sus tres deseos.

—Ahora es mi turno —quitó una cinta en color naranja fuerte y brillante, un color muy vivo y empezó a atarla en la muñeca izquierda de Carlisle quien la miraba a los ojos y ella por primera vez quiso tener el poder para adivinar los pensamientos de alguien. Se moría por saber si era merecedora de aunque fuese uno de los deseos de él.

Al terminar con la pequeña tradición entraron a la basílica e hicieron un pequeño recorrido y lo que llamó indudablemente la atención de Esme fue la sala de los milagros. Un lugar donde dejaban ofrendas a cambio de milagros, había extremidades hechas en fibra de vidrio que colgaban de las paredes y las vigas, según lo que Carlisle le informó eran las partes afectadas de los bahianos cuando fueron movidos por la fe en busca de ayuda.

El maravilloso atardecer que él le había prometido lo disfrutaron abrazados, mientras descansaban en una hamaca, la cual estaba sostenida de dos palmeras, de muchas que adornaban el hermoso patio de la cabaña que él había alquilado para pasar la noche. Una noche que sería inolvidable.


Las actualizaciones serán dos veces por semana, los Lunes y los Jueves.

Espero que les haya gustado el capitulo.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del próximo capitulo…..

Jasper buscaba con la mirada algo de su interés, mientras que su paladar degustaba la explosión de frutas exóticas y el sutil toque de la vainilla, que la bebida le ofrecía con su densidad.

Su mirada fue cautivada por una rubia que parecía estar sola y sus pupilas se dilataron al verla vestida con una minifalda de cuero, botas y todo lo necesario para provocar erecciones en cualquiera que la viera.

Las caderas se movían de un lado a otro con una lentitud arrolladora y su mirada la había fijado en él, con el más claro gesto de provocación se acariciaba el cuerpo y las luces que titilaban cambiando de color al ritmo de I feel love la hacía lucir ante los ojos de Jasper como el ser más sensual que alguna vez hubiese visto.