Capítulo 4

"¿Debes irritarme en mis sueños también, chico? Dormir es el único modo de escapar de ti y ahora has arruinado hasta eso…" siseó Voldemort exasperado.

Izar luchó por enfocar su mente lo suficiente para entender dónde estaba. Esto no podía ser verdad. No podía.

Con ojos adormilados notó que estaba de pié sobre blancura total. No había nada más hasta donde alcanzaba la vista, con la excepción de la oscura figura de Voldemort. El hombre estaba de pié frente a él con su capa negra. Los ojos carmesí de pupilas divididas se entrecerraron mirando a Izar, culpándolo silenciosamente por la situación en la que estaba. En la que estaban.

¿Cómo llegó Izar allí? ¿Acaso su espíritu flotó inconscientemente hacia el único que podía ayudarlo? Fue todo en su subconsciente, sin ninguna duda. Voldemort estaba meditando o profundamente dormido, de haber estado despierto Izar nunca hubiera podido encontrarlo.

La única razón por la que había podido encontrar a Voldemort era porque el hombre ya tenía un vínculo con su mente. Era eso o que el anillo en su dedo forjaba una conexión mental entre los dos.

Izar frunció el seño al darse cuenta que Voldemort podía ser su última esperanza de sobrevivir. Sintió su estómago contraerse al sentirse vencido. "Necesito ayuda," admitió Izar a regañadientes.

Los ojos carmesí se agrandaron ante su confesión antes de entrecerrarse con disgusto. Era casi como si el hombre hubiera esperado que dijera eso, que lo admitiera. ¿Pero cómo era eso posible? ¿El Señor Oscuro sabía sobre Cygnus? ¿Había el hombre planeado esto?

Claro que no.

A través de la densa niebla que poblaba su mente, Izar recordó que Cygnus había ingresado en Izar antes de lo planeado, simplemente porque Voldemort iba a enseñarle Oclumancia. Si Voldemort le hubiera enseñado antes, probablemente sus barreras mentales hubieran sido lo bastante fuertes para evitar ser poseído por Cygnus.

Voldemort no tenía idea de que el espíritu de Cygnus estaba en Izar, lentamente devorando el suyo. Izar había luchado con dientes y uñas pero había perdido es batalla. No dejaría de luchar, pero aparentemente estaba inconsciente de momento y su espíritu había sido atraído hacia el hombre que podía ayudarlo.

Abrió la boca dándose cuenta de que sonaba horriblemente patético, pero Voldemort alzó una mano para detenerlo. "Siempre pareces meterte en problemas. ¿Por qué no aprendes a salir de ellos tu solo?"

Izar parpadeó, frunciendo el seño antes de mirar al hombre furioso. Era obvio que Voldemort no creía que esta… esta conexión fuese real. ¿O acaso era solo un sueño? Fuera la que fuese, Izar no iba a dejar pasar la acusación.

Bajó los brazos hasta poner las manos en su cabeza. "¿Siempre me meto en problemas? Yo no lo creo," gruñó. "Tú eres el que siempre me pone en peligro tu imprudente, perezoso y egoísta bastardo."

Los ojos carmesí lo estudiaron cuidadosamente y una pequeña sonrisa de expandió por su rostro. "Mejor," dijo con arrogancia. "Mucho mejor que el lastimoso niño rogando por ayuda."

Izar lanzó la cabeza hacia atrás con frustración y respiró profundamente. Tuvo que apretar con fuerza la mandíbula para evitar gruñir irritado. Después de controlar su reacción Izar lentamente bajó la cabeza y miró al hombre. "¿Qué hará que te des cuenta de que esto no es un sueño y de que necesito…asistencia?" preguntó con calma apaciguando su ira para después. Ahora no era el momento de pelearse con el Señor Oscuro.

Voldemort permaneció callado, obviamente no tenía intenciones de responder.

"Bien," dijo Izar con calma. "Intentaré hacer esto por mi cuenta." Hizo una pausa para considerar. "Y cuando tenga éxito espero que te arrastres de rodillas y me supliques perdón. Pero no esperes piedad."

E hombre alzó las cejas. "¿Piedad? Chico, no te he dado más que piedad por tu insolencia desde que nos conocimos." Voldemort alzó una mano blanca y se acarició los dedos pensativo. Su expresión no revelaba nada mientras miraba a Izar. "¿En qué te has metido esta vez?"

El dolor regresó súbitamente. Izar se inclinó hacia adelante aferrándose el pecho cuando su corazón se salteó un latido antes de comenzar a palpitar con rapidez. Era casi como si hubiera perdido la consciencia cuando Cygnus lo había poseído y ahora estaba volviendo a despertar – volviendo al dolor. Debería agradecer que estaba despertando en lugar de flotar hacia la nada.

"Esta…esta en mi…el—"

E Izar fue lanzado nuevamente a una batalla sin fin llena de nada más que sufrimiento.

(Death of Today )

"¿Seguro que estas bien, Izar?" volvió a preguntar Regulus, su voz sonaba apagada y distante para Izar.

No, estoy bien Regulus, pero claro; no puedes oírme…. Pensó Izar con frustración mientras luchaba otra vez por recuperar el control de su cuerpo. Cygnus descubrió sus intentos y lo arrojó a los rincones mas profundos de su mente.

Le tomó a Izar un largo rato recomponerse después del ataque de Cygnus. Sólo quería sucumbir, descansar y olvidarse del dolor otra vez. Pero si descansaba, Cygnus tomaría la oportunidad para destruir su espíritu. No sabía qué pasaría si era consumido, pero suponía que moriría y que él tomaría el control- justo lo que el hombre intentaba hacer.

A pesar de eso, Izar sabía que Cygnus también luchaba. Cuando su mente y la de él chocaban, Izar veía por momentos flashes de sus memorias y pensamientos. Este forcejeo había sido inesperado. El plan de Cygnus había sido destruir a Izar en cuanto se fundiera con su cuerpo.

Pero no había considerado que había ingresado en el cuerpo de Izar antes. Cygnus no había estado lo bastante fuerte y eso había causado su momento de debilidad. El hombre tampoco tomó en cuenta la cruda determinación de Izar. Podía que fuera inútil en Oclumancia, pero creía que su terquedad y determinación eran suficientes para ir en contra de su tatarabuelo. Sin embargo, Izar sabía que entre más tiempo Cygnus tuviera el poder, más fuerza obtendría.

De hecho, Cygnus tenía planes para visitar el Velo y extraer el resto de su alma. Izar había descubierto que el día que había tocado el Velo sólo un fragmento de la misma había escapado. Y desde ese día, el alma salía lentamente de y buscaba al resto de Cygnus. Aún no estaba completo y hasta que lo estuviera Izar tendría una oportunidad de recuperar la posesión de su cuerpo.

Sólo esperaba poder evitar que Cygnus fuera al Departamento de Misterios.

"Estoy perfectamente bien, Regulus," respondió Cygnus con la boca de Izar.

Izar entrecerró los ojos ante la respuesta de Cygnus antes de observar sus alrededores dentro de su mente. Era…definitivamente una escena para una imaginación hiperactiva.

Cuando había estudiado Oclumancia durante el verano, nunca había sido capaz de ver dentro de su mente. Por lo que había leído, la mente de cada uno tomaba la forma que fuera familiar con la persona.. Ahora Izar estaba literalmente en su mente, finalmente podía ver cómo se había construido.

La pate principal, o la que usaba siempre, parecía el Departamento de Misterios con sus pisos negros pulidos, paredes y techos con grandes puertas. Pero las similitudes terminaban allí. . En vez de paredes negras, la mente de Izar consistía en grandes puertas de vidrio abiertas de par en par, invitando a cualquiera sin restricciones.

Su mente estaba abierta, vulnerable. Y también estaba violada con la presencia de Cygnus. Su ancestro parecía estar en cada rincón.

De momento Izar estaba en una de las habitaciones. No tanto una habitación como un campo. Hizo una mueca mientras caminaba por el pasto que le llegaba hasta la cintura, miró el cielo púrpura cubierto de nubes blanquísimas que se movían con rapidez. Volvió a mirar al suelo a las flores de papel que lucían como si las hubiera dibujado un niño. Estaban como caídas, se veían tan patéticas como Izar en ese momento.

El cielo no estaba sólo cubierto de nubes sino también de varios objetos que Izar reconocía.

Estaba el viejo reloj de bolsillo flotando en el horizonte, justo como el que Izar había robado una vez en el orfanato. Era grande, probablemente tres veces más que él mismo. Súbitamente un gran sapo siguió al reloj, croando estruendosamente. Izar se agachó y cubrió su cabeza como si pudiera protegerse del anfibio de anormal tamaño. Pero no había rezón para asustarse porque pasó flotando sobre él igual de rápido que las nubes.

Se levantó sintiéndose un tonto.

"Tu solo…" dijo Regulus e Izar miró al cielo.

Si se enfocaba podía ver y oír que sucedía afuera con la misma facilidad con la que veía el cielo púrpura. Las voces y las imágenes eran turbias y distantes, pero podía ver el rostro preocupado de Regulus.

"Ayer, en el sótano, parecía como si estuvieras sufriendo," terminó su padre algo tenso.

A su lado estaba sentado Sirius. Su tío no había tocado su desayuno y si Izar hubiera estado en control de su cuerpo hubiera iniciado conversación con él. Sin dudas el hombre aún estaba inseguro sobre sus lealtades y qué camino debía seguir. Ahora era el momento para encararlo, para seducirlo.

Pero no podía. Porque Cygnus era él ahora.

Cygnus miró a su desayuno y luego a su bisnieto. "Recuerdas lo que dijo el retrato de Cygnus, Regulus. Estaba recibiendo mi herencia. Fue doloroso pero necesario."

Herencia.

Izar rió con amargura. ¿Era esa la más brillante idea que podía inventar su ancestro?

Regulus no parecía convencido mientras dejaba su tenedor y se incorporaba. "Y tus ojos, son negros," persistió mirando a Cygnus directamente.

Cygnus se encogió de hombros pero Izar podía sentir su fastidio. "Sólo un efecto secundario, estoy seguro." Cygnus se puso de pie y miró a su plato sin tocar. "Necesito ir al Ministerio hoy. Le prometí a Owen Walden que nos veríamos para discutir lo que he creado para los Inefables durante el verano."

Era mentira, todo mentira.

Izar vio como Cygnus ignoraba por completo la mirada preocupada de Regulus. ¿Acaso su padre sabía que algo andaba mal? Claro que si, sólo que no continuó interrogándolo. Era una característica que siempre le había gustado de él. Regulus nunca lo presionaba a responder. Respetaba su privacidad. Irónicamente, ahora mismo, Izar quería que su padre invadiera su privacidad.

"Recuerda que tenemos una reunión con el juez esta tarde." Regulus respiró profundamente estudiando a Cygnus.

Cygnus se detuvo en las escaleras capturando su atención. ¿Reunión con el juez? Izar había olvidado eso. Regulus y él tenían que verse con el juez de custodia en el Ministerio con Lily Potter.

Entonces sintió un dolor lacerante mientras Cygnus rebuscaba entre sus memorias, sus memorias. Izar echó la cabeza hacia atrás gritando cuando su espíritu se convulsiono por la fuerte sensación invasiva. Cygnus tomó las memorias que estaba buscando, ignorando el dolor de Izar.

El heredero Black cayó de rodillas tratando con desesperación de permaneces consciente. Cubriéndose el rostro con las manos se enfocó en el mundo exterior.

Cygnus exhibió una fría sonrisa. "No me olvidaría, padre."

E Izar sabía que Cygnus no tenía intención, para nada, de asistir a esa reunión. Dejaría a Regulus sólo y como un tonto ante el juez. Izar gimió de frustración, pero tenía cosas más importantes en las que enfocarse.

Como tratar de recuperar la posesión de su cuerpo otra vez. Era suyo y maldito fuera si dejaba que su inhabilidad para la Oclumancia fuera la causa de su muerte. Lo más probable era que Voldemort lo encontrara divertido, e Izar no iba a permitir que éste se regodeara.

Justo cuando Izar estaba a punto de romper su conexión con el mundo exterior notó algo al costado de Cygnus. Su ancestro no notó a Kreacher mirándolo desde la esquina de la habitación con una expresión desconfiada y las orejas caídas.

En cuanto Cygnus dejó Grimmauld Place Izar volvió a su mente.

Cygnus tenía una debilidad. Estaba ciego a todo menos su meta de inmortalidad. No creería que Voldemort era una amenaza, ni que Regulus sospecharía, y no creería que Kreacher podría haber visto lo de la otra noche. Cygnus permanecería enfocado hasta que recuperase su alma del Velo. Hasta entonces nada más le parecería importante.

E Izar contaba con esta debilidad.

¿Pero actuarían Kreacher y Regulus antes de que llegaran al Ministerio?

Súbitamente Izar se sintió abrumado. Cygnus estaba de camino ahora. No había manera de que alguien lo detuviera.

Entrecerró los ojos y miró al cielo, Izar sintió una sensación de furia enfriar su pecho. Abrazó la oscuridad a su alrededor y la usó para reconfortarse. Se dio cuenta de que la única persona que podía detener a Cygnus era él mismo. No tenía sentido confiar en los otros.

Justo cuando estaba a punto de volver al consciente de su mente a pelear con Cygnus, una sombra lo cubrió. Miró hacia arriba al intruso y frunció el seño. Con la magia oscura flotando a su alrededor, sus palabras salieron con un siseo.

"¿Qué estás haciendo aquí?"

(Death of Today)

Regulus se puso de pie cuando el visitante apareció en la cocina.

"No lo esperaba Secretario Riddle," lo saludó con sequedad mirando a Sirius con rapidez y luego al político. No era prudente desviar su atención del hombre por mucho tiempo, Merlín sabía lo que el Señor Oscuro tenía planeado.

Los ojos marrones se enfocaron en Regulus antes de apartarse desinteresados. "Vengo por el chico," dijo el hombre. A su lado, Kreacher se frotaba las manos, sus labios contorsionados en una mueca horrible.

El chico.

Regulus hizo una mueca y volvió a sentarse. "Me temo que el chico ya ha salido para el Ministerio."

Sirius se paró rápidamente y abandonó la habitación. Regulus miró cómo su hermano mayor salía y cerraba la puerta tras de sí. Tensó los labios y volvió a mirara al Señor Oscuro disfrazado. El hombre estaba vestido con una túnica costosa, un claro signo de que se dirigía al Ministerio a engañar a todo el mundo con su sonrisa.

El Señor Oscuro le lanzó a Regulus una mirada de advertencia, finalmente centrando su atención en él. Regulus no sabía qué era mejor; tener toda la atención del Señor Oscuro o sólo su dispersa consideración. Comenzaron a erizársele los pelos del cuello. Esos ojos estaban encantados para parecer marrones e inocentes, no como los carmesí. Aun así parecían igual de crueles y peligrosos. Se preguntó cómo hacía Izar para soportar estar bajo esa mirada.

Regulus inclinó su cabeza en reverencia.

"¿Ha estado bien de salud?"

La cuestión lo atrapó con la guardia baja. Seguiría al Señor Oscuro en la guerra, pelearía por él y lo defendería. Sin embargo la lealtad de Regulus estaba con Izar y sólo con él. No confiaba en el Señor Oscuro con su hijo. Haría su mejor esfuerzo por protegerlo del toque vicioso del hombre. Nunca se le había ocurrido a Regulus que Izar no era el chico puro que le gustaba creer que era. Parecía olvidar los cambios que había sufrido durante el verano.

"Se encuentras perfectamente bien, justo cómo la última vez que lo viste. Ayer, si ya se olvidó…Mi Señor," respondió con calma.

Regulus se tensó cuando el Señor Oscuro bajó el mentón, mirándolo todo el tiempo. Una sonrisa fría y cruel apareció en sus labios mientras se acercaba. "¿Tengo que recordarte, Black, que estas vivo sólo porque tu hijo así lo desea?¿Hmm?"

El hombre caminó hacia él acariciando con sus largos dedos la mesa del comedor. Regulus sintió escalofríos bajándole por la espalada a medid que el Señor Oscuro se aproximaba.

"Amo Régulus señor—"

Regulus alzó una mano para acallar al inquieto elfo doméstico, manteniendo su atención en el Señor Oscuro. "¿Sólo porque Izar lo desea?" Regulus repitió las palabras del hombre con voz ronca. "Me cuesta creer que un implacable Señor Oscuro deje a un hombre con vida sólo para contentar a un chico de dieciséis años. ¿Qué es lo que quieres en realidad con mi hijo, Mi Señor? ¿Es sexo acaso?"

Tenía el pulso acelerado por las palabras irrespetuosas que le dirigía al Señor Oscuro. De hecho, debería estar en el piso retorciéndose de dolor y gritando súplicas y disculpas a su Señor. Sin embargo, los ojos del Señor Oscuro brillaron de manera extraña mientras se inclinaba más cerca de Regulus.

"Si ese fuera el caso, estaría encadenado a los postes de mi cama." El hombre inclinó la cabeza hacia un lado con una sonrisa siniestra y burlona. "Pero es un niño delicioso ¿no es así? Los Black son conocidos por su incesto; dime, ¿ves a tu hijo con frecuencia debajo—"

"Bastardo enfermo," Regulus respiró agitadamente, su vena yugular sobresalí por la furia. Su visión estaba roja, nublada por la ira mientras miraba al Señor Oscuro reír, pero se obligó a calmarse.

El Señor Oscuro era el maestro de los engaños, con juegos de mente. Regulus no sabía qué creer y qué escuchar. Lo hacía preguntarse por la sanidad de su hijo. Claramente, Izar tenía que tener algún signo de locura para poder enfrentar al Señor Oscuro tan seguido. ¿Cómo era su hijo en su presencia? ¿Era igual de enfermo que el Señor Oscuro? ¿Igual de cruel?

"¡Regulus!"

Regulus se puso de pie abruptamente al oír la llamada desesperada de su hermano. Con una última mirada al sonriente Señor Oscuro, abandonó rápidamente la habitación guiado por la voz de Sirius.

Le sorprendió encontrarlo en salón mirando el tapiz de los Black. "¿Sirius?" dijo Regulus, inseguro por la reacción de éste. El hombre estaba de pié tieso y con el rostro pálido por el horror.

Antes de que Regulus pudiera llamarlo de nuevo, el Señor Oscuro entró en la habitación.

"¿Qué es esto?" susurró Sirius roncamente.

Con un nudo en el estómago, Regulus se adelantó para ver el tapiz. Sus ojos se dirigieron inmediatamente al sitio de Izar en el árbol familiar de los Black. Su corazón saltó hasta su garganta cuando notó que la cara de Izar se transformaba en una calavera y luego lentamente volvía a ser humana. La fecha de nacimiento y muerte de su hijo se removía todo el tiempo, casi como si no estuviera segura en dónde quedarse.

"¿Y esto?" exclamó Sirius señalando a una rama más baja del árbol.

La sangre de Regulus se congeló en sus venas cuando vio a Cygnus Black. En vez de una calavera y una fecha de defunción de 1943 aparecía un rostro sin piel y una fecha de nacimiento en 1889.

"Imposible," susurró Regulus. "Cygnus… tiene que estar muerto." Volteó para ver la reacción del Señor Oscuro. No sabía por qué había creído que el hombre expresaría sus emociones; fue tonto de su parte creer eso. El Señor Oscuro estudió el tapiz, su rostro inexpresivo. Luego miró a Regulus con frialdad.

"Se encuentra perfectamente ¿verdad?" se burló el hombre. "¿Qué significa esto, Black? ¿Quién porta la Maldición de Cygnus se convierte en su posesión?"

Regulus negó con la cabeza, se sentía mareado. No se dio cuenta de que respiraba irregularmente hasta que Sirius apoyó una mano en su hombro. "No sabía," susurró Regulus. Se sentó temblando, su mente maquinando posibles maneras de salvar a Izar ¿Acaso había esperanza?

"Intenté decirle Amo Regulus," una voz interrumpió el tenso silencio.

Regulus alzó la mirada y logró ver a Kreacher en el rincón. "Kreacher," se puso de pie. "¿Qué intentabas decirme?"

Kreacher miró a Señor Oscuro antes de volverse hacia Regulus. "En el sótano, Amo. El Amo Izar sufrió mucho dolor. Kreacher no vio a Cygnus pero oyó al amo Izar hablar con él. Y después Kreacher ve algo introducirse en el amo Izar."

Regulus salió corriendo y pasó por al lado de Kreacher en su camino al sótano. No era consciente de los demás siguiéndolo, en lo único que pensaba era en el bienestar de su hijo. Agitando desesperadamente su varita realizó un Lumos no verbal y buscó el retrato. Estaba apoyado contra la pared, el mismo lugar donde había estado ayer cuando Izar había colapsado.

¿Qué tan tonto podía ser Regulus? Su hijo había estado experimentando un gran dolor, aún así él le creyó cuando dijo que era su herencia. Desde que Izar había despertado ayer, después de su conversación con Cygnus, su hijo no había sido el mismo. Ahora se aclaraba todo, era Cygnus controlando el cuerpo de Izar.

La idea lo desesperó, casi hasta la insanidad. Podía sentir la oscuridad crecer a su alrededor y bebió éste poder con avidez.

"¿Qué le hiciste?" demandó Regulus. Presionó su varita contra el retrato, listo para destrozar el marco y la pintura con sus propias manos. "Mi hijo ¿Qué le hiciste a mi hijo?"

Los ojos oscuros miraron a Regulus como aburridos. "Era su derecho de nacimiento como Black que es," comentó. "Agradece que no fuiste tú."

Regulus escupió al retrato sin quererlo mientras siseaba con furia. Presionaba los dientes con tanta fuerza que le dolía el cuello y las mejillas. "Eso no es lo que pregunté," susurró Regulus fríamente. "¿Qué hiciste con él?"

La fina línea que era los labios e Cygnus se curvó mientras reía con malicia. "¿Y tú qué crees que pasó?" Cygnus echó su cabeza hacia atrás riendo. "El chico debió morir en cuanto Cygnus se fundió con él. Un pequeño bastardo terco ¿no crees? Me temo, joven, que en cuanto lleguen al Velo, se habrá ido. Aunque tu admiración es conmovedora, es injustificada."

Hubo un roce detrás suyo y Regulus volteó justo para ver al Señor Oscuro subiendo las escaleras. "¿A dónde vas?" preguntó desesperado. Izar debió haberse ido al menos hacía cinco minutos, no tenían oportunidad.

Los ojos carmesí brillantes aparecieron a través de los marrones. "Tengo el poder para cerrar el Ministerio por supuesto."

Regulus dudó sólo un segundo antes de correr tras la alta figura del Secretario. Sirius ya le pisaba los talones.

"No lo subestimen," susurró con júbilo el retrato de Cygnus tras ellos. "Puede que el chico no sepa cómo usar sus poderes suprimidos, pero Cygnus los creó. No tienen oportunidad."

Estas palabras aterrorizaron a Regulus, pero la determinación por llegar con su hijo lo llenaba de adrenalina.

(Death of Today)

"Ayudarte por supuesto," susurró ella con voz suave como la seda.

Su larga melena de pelo rojo formó una cascada hasta su cintura cuando se sentó elegantemente al lado de Izar. Éste no pudo evitar notar su vestido. Era de un hermoso degradé de azul y verde, resaltando sus brillantes ojos esmeralda. Su piel de porcelana parecía resplandecer bajo la luz púrpura del cielo. Sus largas pestañas enmarcaban su rostro en forma de corazón y sus labios carnosos. No podía ser mayor de veintidós años.

Esta visión de Lily Potter era muy diferente a la de la realidad. Era una imagen de gracia y elegancia y su aura flotaba a su alrededor como la más brillante de las magias. Por un segundo Izar se sintió avergonzado de estar tan cerca de ella, ensuciándola con su aura oscura. Pero apartó ese pensamiento, disgustado.

Izar se echó sobre el césped y cerró los ojos horrorizado. ¿Qué era él? ¿Algún maldito pervertido? ¿Admirando cada curva delicada de su madre?

A pesar de todo, le alegraba haber podido ver finalmente a la mujer con la que se enamoró su padre. Esta Lily fue la que atrajo a Regulus. Y no culpaba a su padre por haberse quedado encandilado.

"Puedo hacer esto solo," respondió con un gruñido. "Y definitivamente no necesito tu ayuda," abrió un ojo y la miró. "¿Cómo te metiste en mi mente? ¿Estoy sólo conjurando tu imagen como los sapos del cielo?" con una mano pálida señaló a los croantes anfibios en el cielo.

Ella le ofreció una sonrisa brillante mientras miraba hacia arriba. "No," respondió con gentileza. "Soy un fragmento del alma de Lily Evans."

Los ojos de Izar se abrieron por completo y se volvió consciente de todo. Lily sonrió y se echó con lentitud para colocar su cuerpo junto al suyo. Apoyó su cabeza sobre una mano delicada y estudió a Izar con sus ojos cálidos. Parecía estar escudriñando cada rasgo para guardarlo en su memoria.

"¿Eres un Horrocrux?" dijo Izar sin creerlo. "Pero eso es imposible." El shock hizo que se mantuviera quieto mientras ella acercaba su mano para acariciarle la mejilla. La punta de su pulgar rozó con suavidad la piel bajo su ojo.

Sus labios se extendieron en otra sonrisa. "¿Cómo es imposible?" preguntó.

La miró con escepticismo. "Los Horrocruxes son la peor rama de las Artes Oscuras. Tú luchas contra el Señor Oscuro que los tiene," mintió con facilidad en la última parte. Tenía que recordar que Dumbledore y Lily creían que Voldemort tenía Horrocruxes. Y que éste quería que ellos lo creyeran para ocultar su status de criatura. "Te pronuncias contra matar y aún así pareces haber matado a alguien en sangre fría para crear un Horrocrux."

Sus ojos verdes palidecieron y miró el césped. "Yo tengo un solo Horrocrux y el Señor Oscuro tiene varios. Y continúa usando las Artes Oscuras por placer. El día en que lo construí fue el día en que juré nunca volver a tocar las Artes Oscuras."

Había estado viviendo media vida desde el día en que creó el Horrocrux. Cuando Izar la vio por primera vez en el Departamento de Misterios, le había parecido casi muerta. No era sólo por su pasado, sino también porque su alma había sido desgarrada. Ahora todo tenía sentido.

"¿Por qué le hiciste? ¿Por qué construir algo tan Oscuro?" preguntó, permitiendo que la mano siguiera sobre su rostro. Ya tenía sus sospechas a por qué Lily lo había hecho, pero todas parecían…

Ella suspiró suavemente mirando el cielo y los sapos otra vez. "Cuando te tuve en brazos después de que nacieras, me consumió la pena y un abrumador sentimiento de amor. Supe que no volvería a sentir tanto amor después de que te dejé en el orfanato Muggle. Sentí como si una parte de mi hubiera muerto el día en que te abandoné. Me entregué por completo a mi trabajo en el Departamento de Misterios, la Cámara de la Muerte en particular."

Lily hizo una pausa, su rostro inexpresivo mientras miraba un Traslador flotar en el cielo. "Con mi trabajo, comencé a notar un espíritu alojado justo en el borde del Velo. Cada día lo oía hasta que me volví loca por las horas que pasé frente al Velo. Hubo veces en que mis colegas tuvieron que apartarme de él, pero eventualmente me di cuenta de quién era el hombre que estaba del otro lado. Regulus me había contado una vez que la Maldición de Cygnus era la Necromancia. Entonces me dí cuenta de que estaba equivocado. Era posesión."

Izar soltó una risita amarga y burlona girando los ojos.

Lily movió su mano por su mejilla y luego hasta su pecho. "Me…aterroricé al darme cuenta lo que planeaba Cygnus. Y aunque no estaba segura de si tú eras su receptor, sabía que era una posibilidad. Desesperada como estaba, hice lo único que sabía que iba a funcionar. Creé un Horrocrux. Guardé esa parte de mi alma dentro del Velo, en el espíritu de Cygnus en particular Me adherí a él. Con mi presencia, tengo el poder de proteger tu espíritu—de mantenerte unido a tu cuerpo."

Su expresión se tornó sombría. "Hice algo terrible al construir ese Horrocrux. Asesiné a un hombre inocente. Pero estaba cegada por mi desesperación, por mantenerte a salvo. Tódo lo que podía recordar era el sostenerte en mis brazos y sentir esa poderosa emoción. Eras tan inocente, un inocente en este juego que jugué con Regulus. No me lo perdonaría si dejara que la posesión te matara sólo porque naciste."

Izar se sentó haciendo que su mano resbalara de su pecho. Miró a las flores de papel con el seño fruncido, tenía la mente confundida. No estaba en su naturaleza el sentir lástima o gran compasión, por lo menos no por alguien que no le importara. Era Oscuro por naturaleza. Miraba por sobre su hombro a hombre y mujeres que sufrían; odiaba a los Muggles y le desagradaban los nacidos de Muggles.

Pero no podía evitar el sentir algo por el acto de desesperación de Lily. No sólo arriesgó su vida al vivir con sólo una parte de sus emociones, sin una parte de su alma, sino que también sacrificó su pureza en la Luz al hacer algo que nunca podría deshacer.

"Puedo decir sin problemas que lo haría otra vez, hijo mío." Lily se sentó a su lado sin apartar nunca sus ojos de él. "Los hice por mi amor de madre, pero también para mis propios propósitos egoístas. Me sentía culpable por lo que le hice a Regulus y a ti. Quería que esas emociones desparecieran y creí que el Horrocrux las haría irse," se acercó aún mas a él. "¿Funcionó? ¿Sigo con esa culpa devastadora? Me lo merezco, pero…"

Él se la quedó mirando, viendo nada más que una mujer perdida en los errores de su pasado. "No, "dijo Izar. "No te sientes culpable por lo que le hiciste a Regulus. Pero… dices sentir remordimiento por lo que me hiciste a mí."

No comentó que ella probablemente había visto su interacción con Lily Potter. Si había estado con el espíritu de Cygnus desde que este había escapado del Velo, tendría que haber estado allí en la Segunda Prueba. O tal vez ella se volvía consciente en el mundo exterior sólo cuando Cygnus estaba más fuerte.

Esta Lily no sabía para nada lo que había hecho después de construir el Horrocrux. Esta versión mas joven de Lily Potter era ella de antes, antes de perder la mayoría de sus emociones y humanidad. No había nada en su mente mas que la desesperación por salvar a su hijo con la esperanza de amortiguar la culpa que sentía por lo que había hecho a Regulus y a Izar.

"¿Te arrepientes de lo que le hiciste a Regulus?" insistió Izar. "Tu otro ser insiste en que no, en que lo haría otra vez por el bien de la Luz."

Ella le ofreció una sonrisa vacilante. "En ese momento creí que lo hacía por el bien mayor, para destruir al futuro Señor Oscuro. Pero después de eso me sentí consumida por la angustia. Lo que le hice a él no era mejor que lo que el lado Oscuro haría a su propia gente. Manipulé sus sentimientos, su confianza, y los volví en su contra. Y lo que hice contigo—te usé como a una carnada."

Izar podía ver su lucha interna. Quería odiarla, decirle una y otra vez que no necesitaba su ayuda. Lo que le hizo a Regulus era imperdonable e Izar no podía entender por qué lo hizo en primer lugar. Pero se descubrió incapaz de abrir la boca. Esta Lily se arrepentía en verdad de lo que había hecho. Y si ella lo hacía, entonces Lily Potter lo había hecho antes de hacer el Horrocrux.

Regulus y Severus Snape dijeron que Lily Evans nunca iba a sentirse culpable por lo que había hecho.

Pero Izar estaba viendo la evidencia a primera mano. Se habían equivocado. Esta Lily no ganaba nada mintiéndole. No podía volver a unirse con su cuerpo y no tenía nada más en mente que ayudar a Izar a recuperar el control del suyo.

No sabía cómo iba a cambiar esto la manera en a que veía a Lily Potter, pero justo ahora era libre para disfrutar algo que siempre había deseado en secreto.

Una madre.

Nadie nunca iba a saber lo suave que estaba siendo, simplemente porque estaba en su propia mente. Una vez que Cygnus fuera destruido, Lily se iría con él. No iba a poder volver a verla y decirle todo. Izar podía disfrutar este instante. Y al diablo con las consecuencias.

Se acercó y entrelazó sus dedos con los de ella. Ella parecía confundida por su acción. Y si había estado viéndolo desde el día en que escapó del Velo con Cygnus, Izar no podía culparla. Había visto todo lo que Cygnus. Lo habría visto torturando Muggles durante las festividades de Navidad. Lo habría visto intercambiando saliva con el Señor Oscuro contra el árbol.

A pesar de todo esto, lo miraba como el niño mas angelical que jamás hubiera visto.

"Te perdono," las palabras se escaparon de su boca antes de que pudiera detenerla.

Pero otra vez, tuvo que hacerse acordar que esta no era la Lily Potter real. No había nada de malo con asegurarle a este fragmento de su alma que la perdonaba, que quería tocarla y mirarla. Una parte de él deseaba tener mas tiempo para conocer a esta mujer, pero sabía que era imposible.

Ella perdió el control de sus emociones y se acercó para abrazarlo. "No merezco eso. Pero significa mucho oírlo."

Lo abrazó con fuerza e Izar se descubrió relajándose lentamente.

Duró casi cinco minutos, hasta que Izar comenzó a sentirse incómodo. Se apartó tratando de tragarse el asco que sentía por cómo se estaba comportando. El abrazo no fue tan cálido y especial como creyó que sería estar en los brazos de una madre.

Decidió que la ausencia de ella en su vida había enfriado sus deseos de tener una madre. De chico, siempre había deseado la calidez de una madre y las caricias en su rostro. Claramente, la esperanza y deseo de un niño había desaparecido conforme fue creciendo y volviéndose más frío.

Era extraño, no se sentía así con Regulus.

Le ofreció una pequeña sonrisa. "¿Qué tienes planeado?"


Nota de Traductora: He de confezar que querpia seguir odiando a Lily, la verdad nunca me cayó muy bien… la tengo como en un 'indiferente' ahora :)

Quiero agradecer especialmente a Agos Malfoy, Lorna Dane Polaris y shisenia por sus Reviews. Y muchas gracias Dvaita y bienvenido/a.

Nos vemos en una semana!