Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo treinta y seis – ¿Quién anda ahí?
―¡Y mira, hay un Avenger TBM-3E!
El aliento de Edward escapa tras él en una nube blanca mientras corre por la cubierta del hangar. Yo le sigo con un ritmo mucho menos entusiasta.
―Entró en servicio a principios de los años 40. Estos aviones se usaron mucho en la Segunda Guerra Mundial. ―Señala hacia una cúpula transparente tras la cabina―. ¿Ves eso? Es una torreta esférica con una ametralladora del calibre 50, del estilo de la que usaban Han y Luke en el Halcón Milenario. Este tipo de Avenger también podía llevar dos calibres 50 en las alas, hasta 900 kilos de...
Edward sigue enumerando el armamento del Avenger, pero mi cabeza deja de registrar las palabras. En su lugar, asiento de forma ausente mientras me fijo en cómo se mueven su afilada mandíbula y sus labios ligeramente cortados. Mis ojos repasan después el desastre que el viento ha provocado en su cabeza -los mechones broncíneos han crecido considerablemente en los cinco meses que lleva en casa. Me encanta que esté más largo. Me da algo a lo que agarrarme en esos momentos en que estamos...
―...y esa protuberancia en el fuselaje esconde el núcleo que, como sabes, provee la energía necesaria para el viaje espacial superlumínico y utiliza cristales de dilitio para...
―¿Qué? ―Mi cara se arruga por la confusión mientras registro lo que está diciendo.
Edward sonríe ampliamente, con la mirada llena de júbilo. Estira una mano enfundada en un guante para acercarme a él.
―¿Te estoy aburriendo, querida?
―¡No! ―protesto rápidamente―. Por supuesto que no. Solo me he perdido un momento pensando en, um... los regalos de navidad de Anna e Isaac.
―Ya veo. ―Levanta una ceja, pero parece decidir dejarlo pasar―. Bueno, ¿qué te parece si vamos a FAO Schwarz antes de volver al hotel? A lo mejor se te ocurre alguna idea.
―Mi novio es un genio, ―proclamo, poniéndome de puntillas para presionar un beso en su boca. Empiezo a descender, pero Edward me rodea con los brazos para mantenerme en el sitio.
―Adivina qué, ―murmura, rozando mis labios con los suyos mientras habla―. Te amo.
Mi corazón se hincha de felicidad, como lo hace cada vez que le escucho decir esas palabras.
―Yo también te amo. Mucho.
Compartimos un beso ligeramente más largo, pero todavía apropiado para ser público, y luego él empieza a llevarme hacia una de las escaleras que da al exterior del hangar de los portaaviones. Le tiro de la mano para frenar su avance.
―No tenemos que irnos ahora mismo. Todavía no me has enseñado los otros dos aviones.
―Hmmm, cierto. Sé que lo estás deseando, ―bromea.
―¡Lo hago! ―contesto, intentando no estremecerme por lo poco convincente que suena―. Todas estas cosas de la Marina me parecen realmente... interesantes.
―Claro, claro, e Isaac siempre dice la verdad sobre no haberse comido todas las galletas de chocolate, incluso cuando tiene la cara llena de manchurrones marrones. ―Edward ríe y sacude la cabeza―. Está completamente bien que no te gusten los barcos y los aviones. No tienen que gustarte las mismas cosas que a mí. Dios, mis ojos se vidrian igual que los tuyos hace unos minutos cada vez que empiezas a hablar sobre tus cosas de ordenadores. Javascript SpiderMonkeys, lisping pearls, frases interrumpidas... todo me entra por un oído y me sale por el otro.
Ruedo los ojos.
―LISP y Perl son lenguajes de programación, las órdenes de interrupción en C++ se utilizan para salir de bucles y... oh, de verdad, eres un idiota.
Canalizando a mi niña interna, le saco la lengua cuando finge roncar y doy un fuerte pisotón con falsa indignación. Edward se lanza a hacerme cosquillas y, después de que yo le retuerzo un pezón como la madura mujer de 31 años que soy, abandonamos el hangar, riendo como tontos.
- . - . - . - . -
Estoy ante una enorme muestra de Legos, pero lo único que veo es un borrón de color. Se supone que estoy buscando juegos de Star Wars para Isaac mientras que Edward está en la sección de manualidades, pero mi cabeza está atrapada en el pasado -unos treinta minutos atrás, para ser un poco más precisa. Reproduzco la escena una y otra vez para asegurarme de que no estoy viendo demasiado en nada.
Edward y yo habíamos estado hablando de todo y de nada mientras nos enfrentábamos al frío del invierno en el largo camino andando desde el muelle del USS Intrepid hasta FAO Schwarz. Él me había preguntado si quería coger un taxi, aunque pareció extrañamente aliviado cuando preferí andar. No me di cuenta de que me había llevado a la calle 47 hasta que se detuvo frente a un escaparate.
―Déjame adivinar, ―dijo, apretándome juguetonamente la cintura―, eres una chica platino.
―¿Eh? ―Mis ojos se abrieron como platos cuando lo miré. Sobre un material satinado había un buen número de brillantes artículos de joyería. Miré a nuestro alrededor y descubrí que casi todos los negocios de la zona tenían un escaparate similar.
Edward me había llevado al distrito de los diamantes de Nueva York.
Naturalmente, mi corazón había empezado a galopar en mi pecho. Para mí, hablar de joyas con diamantes es lo mismo que hablar de anillos de compromiso, lo que obviamente infiere un tipo de compromiso muy específico. Aunque palabras como "siempre" y "para siempre" salían a diario en nuestras conversaciones, todavía no habíamos tenido la que empezaba por M.
Por supuesto que lo quiero. Con Edward lo quiero todo, incluso aunque no esté segura de si debería tener permitido tenerlo. Sí, hasta el momento he llevado bastante bien lo de mi bulimia -solo he tenido unos pocos episodios desde que Edward volvió. En general, he estado de un humor estupendo, pero también me doy cuenta de que no he tenido que enfrentarme a ninguna situación estresante.
Estoy empezando a preocuparme por mi situación laboral. Además de cuidar a los hijos de Alice después de clase, he cogido algunos trabajos de programación como respuesta a peticiones personales de conocidos de negocios anteriores, pero no he tomado ninguna decisión sobre el empleo a largo plazo. Y, aunque estoy lejos de estar en una mala situación financiera, siento una presión interna por resolver el problema -y no se trata solo de pagar el alquiler cada mes. En mi mente, Edward merece casarse con alguien que no sea una mujer sin rumbo, desempleada y con un potencial reproductivo genéticamente desfavorable. Él merece lo mejor, alguien especial y sin traumas. Yo todavía tengo demasiados problemas por delante como para poder ser considerada como su futura esposa.
Y, aun así... cuando Edward solicitó casualmente mi opinión sobre los diferentes tipos de anillos que vimos en los escaparates, no pude detener el loco baile de mariposas en mi estómago. No me dio ninguna razón para sus preguntas, solo murmuró y asintió -de forma bastante engreída, en mi opinión- cuando le dije mis preferencias. No quería arriesgarme a preguntar y parecer presuntuosa, pero su motivación es todo en lo que he podido pensar desde entonces. ¿De verdad estaría considerando una petición de matrimonio? Si era así, ¿cuándo-?
―¿Bella?
La suave y familiar voz provoca que unas instantáneas olas tanto de nostalgia como de miedo recorran mi columna. Con movimientos cautamente deliberados, me giro hacia el hombre que solía conocerme tan bien.
―Jake.
Lleva puesto un traje gris de oficina que se ajusta perfectamente a su musculatura. Bajo su brazo hay una caja de un coche teledirigido -seguramente para alguno de sus sobrinos. La brillante sonrisa que me da es encantadora y, aunque sé que no debería, doy un pequeño paso hacia él. Es toda la invitación que necesita para cruzar el pasillo y darme un rápido abrazo.
La colonia que lleva es la misma de siempre y tengo que hacer un esfuerzo consciente por no llenar mis pulmones con la esencia. Como un rape merodeando por las profundidades, Jake nunca había tenido problemas para atraerme hasta que era demasiado tarde como para ver las peligrosas mandíbulas tras la deslumbrante luz.
Pero ahora debería ser más lista. No necesito su atención para mantener una ligera autoestima. Durante el pasado año, he aprendido a valorarme más... ¿no? Con el ceño fruncido de forma contemplativa, recuerdo los pensamientos que acabo de tener sobre mi idoneidad para ser una esposa. No indicaban una fuerte autoestima.
―Y, ¿qué haces en Nueva York? ―pregunta Jake, deteniendo mis pensamientos otra vez.
Doy un obvio paso atrás mientras respondo.
―De turismo. Estoy aquí con mi...
―Espera un segundo, Bella, ―dice, volviendo a cerrar la distancia entre nosotros―. Antes de que digas otra palabra, tengo que disculparme por... ya sabes... la última vez que te vi. No estaba muy... um... bien mentalmente en ese momento.
Me cruzo de brazos y le echo una dura mirada.
―Sí, bueno, me diste un susto de muerte. Y no estaba preocupada solo por mí misma. ¡Por el amor de Dios, te llevaste un cuchillo a la muñeca! ¿Has hablado con un profesional sobre lo que pasó?
―No tuve mucha opción, ―declara de forma práctica―. Vi a un terapeuta. La verdad es que sigo viéndole. Sí, sé que tengo problemas de celos e ira, pero estoy trabajando en ellos.
―Eso es genial, ―dije con honestidad―. Es imposible encontrar la felicidad con emociones tan negativas.
―Sí, lo es. ―Inclina la cabeza y me sonríe tiernamente―. Y, ¿qué hay de ti? ¿Eres feliz?
―Más de lo que nunca lo he sido.
La declaración no necesita ser pensada. Es la pura verdad.
―Hmm, bien. ―Hace una breve pausa y luego algo cambia en su expresión―. Así que, supongo que entonces el trabajo va bien, ¿eh? ¿Te han ascendido a una oficina más grande o has pasado directamente a ser la Directora General? ―Suelta una alta risa y me da un ligero codazo en el brazo.
Ignoro un golpe de vergüenza y me enderezo.
―La verdad es que en este momento no trabajo con ordenadores. He estado pensando en cambiar de campo o, al menos, dejar a un lado el aspecto de los negocios y enseñar programación en su lugar.
La boca de Jake se abre un poco mientras me mira fijamente. ―Estás de broma, ¿verdad? No puedes estar considerando en serio dejar a un lado una carrera tan prometedora. Eso es... es... ¡una locura!
―Entonces supongo que es algo bueno que las decisiones que tomo sobre mi vida no te afecten en nada, ―salto―. Y ahora, si me perdonas, necesito...
―¡Bella, espera! ―Extiende la mano para coger la mía, pero yo la aparto antes de que él pueda hacer contacto.
―He terminado de hablar contigo, Jake. Ha sido... uh... interesante volver a verte, pero me voy ya. ―Apretando los dientes, le doy la espalda y empiezo a caminar en la dirección opuesta por el pasillo.
―¡Vamos, no seas así! Siento mucho haberte ofendido, sabes que no pretendía hacerlo. ―Jake se pone a mi altura y empieza a caminar a mi paso―. ¿Puedo disculparme invitándote a un café o a cenar?
―No creo que a mi novio le gustase, ―digo con la mejor voz de falsa educación que puedo―. Ahora, si por favor me dejas en paz de una puta vez, no tendré que llamar a la policía. ―Sigo caminando si molestarme en mirar en su dirección.
―¿Ahora tienes novio? ―Sus zancadas vacilan un momento antes de volver a ponerse a mi lado―. Bueno, si tu relación es lo suficientemente segura, no debería importar que vayas a tomar un simple café con un amigo. Venga, B, por los viejos tiempos. ¿Todavía te gustan los lattes de vainilla?
No gasto más aliento en él mientras me aproximo a la sección de manualidades de la tienda. Mis ojos examinan la zona en busca de Edward, pero no puedo localizarle.
―Bella, cariño, por favor... ―Jake pone una mano sobre mi hombro y me da la vuelta hacia él―. Dame otra oportunidad. Solíamos ser geniales juntos, ¿no lo recuerdas?
Intento apartarme, pero su agarre es demasiado fuerte. Canalizando mi creciente enfado, tenso los músculos como preparación para darle una patada pero, antes que pueda mover mi pie hacia delante, una alta figura con una expresión furiosa se aproxima hacia Jake y le aparta de mí con un empujón.
―Si vuelvo a pillarte poniéndole una mano encima, te arrepentirás, ―dice Edward furioso mientras se coloca entre Jake y yo.
Yo miro fijamente la espalda de Edward con asombro. En los diez meses que han pasado desde que nos conocemos, nunca he escuchado tal tono amenazante en su voz. Lo encuentro un poco atrayente, pero es imposible pensar en esas cosas ahora. Los ojos de Jake destellan peligrosamente y reconozco la convicción en ellos. Va a atacar.
―¡Cuidado! ―grito justo cuando Jake salta hacia delante.
Al principio parece que Edward no va a reaccionar. No entiendo porqué está inmóvil en el camino de Jake, pero no puedo soportar quedarme quieta y verle ser herido sin actuar. Una ola de adrenalina me recorre mientras me preparo para lanzarme contra mi ex-novio, pero en el último segundo, en un movimiento demasiado rápido como para discernirlo, Edward agarra a Jake, se mueve ligeramente hacia un lado y lanza a su atacante sobre su cadera. No me doy cuenta de que estoy conteniendo el aliento hasta que jadeo al ver a Edward inmovilizando los brazos de Jake mientras se arrodilla sobre la espalda del hombre cautivo.
―Bella, ¿puedes asegurarte de que los de seguridad están de camino? ―pregunta Edward con calma.
Con los ojos como platos, asiento rápidamente y me voy corriendo a cumplir su petición.
- . - . - . - . -
―Maldición, ―jadea Edward, dejando que su brazo caiga sobre sus ojos cerrados―. ¿Hay más ex-novios psicópatas de los que tenga que saber? Porque, si los hay, voy a enviarles invitaciones para venir y dar el espectáculo.
―Siento decir que Jake es el único. ―Mi respiración es igual de superficial―. Es toda una pena, porque estabas muy sexy cuando te pusiste en plan luchador ninja de las cavernas con él. ―Dejo que mi sudoroso cuerpo se deslice de donde está sobre el suyo y caigo boca arriba a su lado―. Ese nivel de increíblemente sexy protectividad merecía el mejor premio que se me ocurriese.
―Mm, bueno, ese premio ha tenido su propio nivel de incredibilidad.
Saciados y felices, nos quedamos un rato tumbados en la cama del hotel, perdidos en nuestros pensamientos, pero compartiendo todavía una conexión a través de nuestras manos entrelazadas.
―Sabes que el único premio que necesitaré nunca es estar contigo, ¿verdad? ―murmura Edward al final con voz grave.
Me pongo de lado y presiono los labios contra su hombro en un beso reverente. No puedo creer lo afortunada que soy de tener a este hombre en mi vida. Él es todo lo que siempre creí querer en una pareja y más. Se me hace difícil creer que una vez imaginé que cualquiera estaría bien para mí.
Sobre todo una persona como Jake.
Odiaba haberle permitido hoy tener una oportunidad momentánea de probar sus avances. Aunque me avergüenza mucho admitir esto, creo que me había dado miedo romper la conexión que tenía con él. En los desolados recovecos de mi mente, él se mantenía como un plan b -una posible manera de evitar quedarme sola si mi relación con Edward fracasaba. De hecho, casi esperaba que sucediera, ya fuera porque él se diera cuenta de mi inferioridad o por mis propios actos de sabotaje.
Si quiero tener algún futuro con Edward, esa dañina inseguridad no debe presidir mis pensamientos ni mis actos. Teniendo en cuenta mis desórdenes, sé que soy especialmente susceptible y que superarlo probablemente siempre será algún tipo de reto. Pero no puedo permitir que eso me aparte de él como hizo antes... no dejaré que suceda.
Y por tanto, debo confiar en que las palabras de Edward sean ciertas cuando habla de lo que siente por mí. Debo aceptar que él me ama a pesar de mis faltas -reales o percibidas. Debo creer que soy lo suficientemente buena como para seguir adelante con él, incluso como su esposa.
―¿Sobre qué piensas tanto? ―La persona más importante de mi mundo estira un brazo para levantar mi pierna sobre su muslo.
―Sobre ti... nosotros, ―respondo honestamente. Mis dedos juegan con los pocos pelos que hay en su pecho.
―Oh, entonces, por favor, continúa.
Me maravillo con la tranquila pero juguetona confianza de su voz. Si nuestros puestos hubieran sido al revés -si él hubiera proclamado haber estado pensando en mí y nuestra relación-, yo me habría preocupado por la naturaleza de su contemplación. Pero Edward tiene fe en lo que siento por él. Se siente seguro sobre el estado de nuestra relación.
Es hora de que deje a un lado mis inhibiciones y haga lo mismo. Estoy lista.
Sintiendo una ola de dividida resolución -calmada pero cargada de excitación-, levanto mi cuerpo para sentarme a horcajadas sobre las caderas de Edward.
―Bueno, hola, ―dice, arrastrando las palabras y con una sonrisa pícara extendiéndose por sus labios. Sus manos empiezan a deslizarse por mis muslos, pero yo detengo suavemente su progreso.
―Knock, knock.
Sus cejas se levantan con diversión, pero me sigue el juego sin dudarlo.
―¿Quién es?
―Casa.
―¿Casa quién?
Cojo sus manos en las mías y miro fijamente a esos claros ojos verde mar que he llegado a conocer de forma tan íntima.
―Cásate conmigo.
La mano de Edward se afloja y pestañea asombrado. Entonces, antes de que tenga oportunidad de preocuparme por su reacción, me pone rápidamente sobre el colchón y cruza corriendo la corta distancia hasta el armario para sacar su pesado abrigo de invierno. En silencio pero sonriendo, se recoloca en una posición sentada contra el cabecero, conmigo sobre sus piernas estiradas.
Cuando coge una de mis manos y se la lleva a los labios para darle un suave beso, levanto la mirada y encuentro sus ojos brillando de felicidad detrás de una expresión acusatoria.
―Me has robado el chiste, ―me regaña, y luego suspira dramáticamente―. Parece que la alumna ha superado al maestro.
―¿Qué quieres decir con tu chiste? ―pregunto confundida―. Tú nunca... ―Mi frase queda en el aire mientras mi ritmo cardíaco se acelera. Considero el tema del chiste. ¿Quiere decir que... que había planeado...?
Edward ha formado un adorable puchero en sus labios.
―¿Te acuerdas de que quería ir a patinar sobre hielo en el Centro Rockefeller después de cenar? Sí. Tenía toda una batería de chistes cursis y ese era el que iba a causar sensación. ―Sacude la cabeza con falso disgusto―. Tenía hasta atrezo a juego con mi sketch cómico... ¿ves?
Del bolsillo interior de su chaqueta sale una pequeña caja de joyería y, cuando la abre, lo veo. El anillo. Un anillo de compromiso.
Edward estira una mano para acariciarme la mejilla.
―Así que la respuesta es sí, Bella. Me sentiría honrado de casarme contigo. Nada me haría más feliz.
¡Hola!
Bueno, pues aquí el último capítulo.
¿Qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Nos vemos el martes con el epílogo!
-Bells :)
