Muñequita

Capítulo 33

"Dolor y Confusión"

Bella pov.

Mi padre.

Un pánico infinito e indescriptible me invadió al hallarme reflejada en su fría mirada; ésta era calculadora y sus ojos azules me lanzaban dagas, destilaban odio y rencor por haberle robado a la mujer que amaba.

En su mano derecha, la botella de vodka estaba semivacía y en la otra… la tabla de dos pulgadas de ancho que, regularmente, estaba detrás de la puerta de la cocina.

—Isabella, ¡has despertado! —Dijo, esbozando una sonrisa que me provocó escalofríos.

Instintivamente me separé de él. Ya no era una niña pero eso no significaba que dejara de temerle a ese ser tan despreciable, a ese maldito canalla hijo de…

— ¿Donde esta mi cena? —Su semblante sonriente cambió a uno malhumorado— En la mesa no hay nada. ¡Quiero cenar!

Me tomó del brazo, y pese a que traté de defenderme, levantó la mano y me abofeteó con fuerza, antes de tirarme fuera de la cama.

—Lo siento, papá —sollocé, tratando de cubrirme el rostro con las manos.

—Ve a servirme la cena —gruñó, tirándome hacia el suelo.

Mi cuerpo se estampó contra el suelo al tiempo que las lágrimas hacían acto de presencia. Sentí un puntapié en mi costado derecho pero me mordí el labio inferior con fuerza para evitar soltar algún ruido; comencé a gatear hasta la cocina lo más rápido que me era posible, intentando poner la mayor distancia entre mi padre y yo.

Al llegar a la cocina me levanté y fui directo al refrigerador, manteniendo la mirada lejos de mi padre. Puse el jarrón de frijoles al fuego y bajé las tostadas de la alacena.

— ¿Otra vez lo mismo? —se quejó cuando ponía el plato de frijoles calientes en la mesa.

—No hay nada más —susurre, dando un paso lejos de él.

— ¿Que no hay nada más?, ¿Que no hay nada más? Ayer te deje quince dólares en la mesa, ¿que les hiciste?

—No me alcanzó para mucho…

Dejó caer la palma de la mano sobre la mesa, involuntariamente di un brinquito y levanté la vista hacia él.

— ¿Estas diciendo que no aporto el dinero suficiente como para tener una cena digna? —Gritó.

—No, no papá —dije rápidamente—. Solo digo que si me dejara un poco más de dinero podría alcanzarme para comprar otra cosa.

Sus ojos chispeaban de enojo y supe que había cometido un error. Se puso de pie y tomó la tabla que había dejado en la mesa. Instintivamente di un paso hacia atrás.

—Tú no vas a decirme qué hacer —gruñó, acercándose a mi como un depredador que asecha a su presa.

—No fue mi intensión, de verdad.

Traté de alejarme pero se precipitó hacia mí y me tomó del cabello y me obligó a acercarme a él. Sus ropas apestaban a vino barato y humo de cigarrillos.

—Te daré una buena tunda que te enseñará a respetar a tu padre —su voz era fría, y murmuró muy cerca de mi rostro.

Me tiró al suelo, junto a la mesa, y afianzando su agarre entorno a la tabla, la dejó a caer contra mi cuerpo desprotegido…

Mis brazos peleaban contra mi atacante, quería defenderme, mitigar un poco los golpes… pero él era más fuerte que yo. Deseaba que terminara pronto, aunque sabía que eso no sucedería; él seguía vivo en mí.

Mi muñeca se torció y proferí un grito de dolor, sentí algo duro pero a la vez cómodo y caliente estrecharme mientras me movía adelante y atrás.

—Bella, cariño, despierta —escuché a lo lejos.

Era una voz aterciopelada la que me llamaba, había un matiz pronunciado de desesperación y preocupación en ella pero de mis labios no salían otras cosas que no fueran gritos de dolor. Todo era tan real... tan vivo.

Temí abrir los ojos y toparme con él, temí que todo fuese real… que mi padre estuviera ahí.

—Mi muñequita, por favor —sollozó.

Su voz, la voz de mi ángel… la voz de mi salvador; estaba rota, sollozando por mi. Mi boca se enmudeció y solo salieron pequeños hipidos pero mis ojos seguían estando inundados. Tenía miedo, tenía pavor de encontrarme con la persona que debió ser mi protector. Cerré los ojos con fuerza, deseando con todas mis fuerzas borrarlo de mí.

—Eso es, mi muñequita… —susurró, proyectando paz y tranquilidad en su voz.

Mis hipidos y lágrimas fueron descendiendo progresivamente, pero la fuerza de su abrazo no disminuyó. Lentamente fui sintiéndome más segura y protegida.

Me separé un poco de él y abrí los ojos, lo primero que vi fueron un par de esmeraldas tintadas de rojo, en ellas encontré paz y tranquilidad. Edward alzó una mano y limpió, con ternura, el rastro de mis lágrimas con su pulgar.

—Tranquila, mi amor. Todo va a estar bien —sonrió.

En ese momento tuve un recuerdo de Jacob haciendo lo mismo cuando recién fui con él, una oleada nueva de lágrimas asaltó mis ojos y se desbordaron por mis mejillas al recordar lo que Edward me había dicho…

—Edward… dime que Jacob no esta muerto. Por favor —susurré.

Él me observó, como si no entendiera lo que quería decir y vi como sus ojos se volvieron vidriosos y llenos de angustia.

—Lo siento, mi muñequita —susurró él, abrazándome con fuerza—. Jacob murió.

No. No. No.

Sollozos incontrolables salieron del fondo de mi garganta, mi cuerpo comenzó a convulsionarse con la intensidad de mi propio llanto y me sentí terrible. Algo, en el rincón más alejado de mi corazón, en el más frío y desolado… algo se rompió.

—Nena, ¿Qué pasa? Yo creí que tu…

Negué con la cabeza y, separándome un poco de él, lo silencié poniéndole mi dedo índice en los labios. No quería escuchar más… no podría resistirlo.

—Quiero estar sola —musité, arrastrándome hacia las escaleras.

—Mi amor…

—Solo necesito tiempo, Edward —le interrumpí—. Han sido demasiadas cosas, necesito descansar.

Subí las escaleras hasta llegar a la pequeña habitación donde horas antes había jurado ser la mujer más feliz del mundo, ahora me encontraba desolada y un dolor en el pecho me dejaba sin oxígeno. Me tumbé en la cama, con el rostro escondido entre las almohadas y dejé que las lágrimas corrieran libremente por la longitud de mis mejillas, terminando estampadas amargamente sobre las sábanas blancas.

No sé cuanto tiempo pasó, ni cuanto tiempo estuve llorando. Solo sé que fue mucho tiempo porque al final me quede dormida. Edward debió subir a verme porque al día siguiente que desperté, estaba arropada con una gruesa frazada.

No me sentí con los ánimos suficientes para salir así que me quedé en la habitación, dejando que mi mente vagara libre y tortuosamente por los recuerdos que mi Jake y yo habíamos compartido. Me pasé casi todo el día observando por la pequeña ventana, mirando a lo lejos y manteniendo mi mente desconectada; no quería pensar… no quería llorar.

Perdí el paso del tiempo y los días, Edward iba a llevarme comida pero yo parecía un muerto viviente, mi cuerpo solo hacía movimientos sistemáticos… hasta que un día mis labios despertaron de su pacifico silencio.

—Quiero ir a verle —le susurré a Edward un día que fue a llevarme el desayuno.

Él me dedicó un ceño fruncido, parecía confundido.

— ¿De qué hablas? —preguntó, dejando la bandeja de comida en el buró.

—De Jake —susurré débilmente.

El silencio recayó sobre nosotros y, después de lo que me pareció una eternidad, el suspiró; me sentí valiente como para levantar la vista y él me observaba con un gesto de contrariedad.

—Bella, no sé qué es lo que te está pasando —musitó, acercándose a mi y poniéndose a la misma altura que yo—. Llevas metida aquí cuatro días y pronto debemos marchar para New York… no sé que tienes y tampoco sé como ayudarte. Me confundes.

— ¿Quieres ayudarme? —pregunté, tomando sus manos entre las mías.

—Sí —respondió de inmediato.

—Entonces llévame donde Jacob… quiero despedirme de él. Por favor —supliqué.

Parecía frustrado… su semblante se endureció al paso de los segundos y finalmente pasó un mano por su cabello y asintió a regañadientes.

—Lo enterraron ayer —me informó.

—Puedes averiguar donde, ¿cierto? —pregunté.

Volvió a asentir.

—Gracias, Edward…

—Te llevaré, pero… —me cortó—, quiero que me digas qué sucede. No te pido que lo hagas ahora porque sé que eso sería demasiado, solo pido que me lo digas… algún día.

Lo observé a los ojos y al hundirme en esas esquicitas y perturbadas esmeraldas encontré la pena y la rabia que le provocaba llevarme a ese lugar, pero yo necesitaba ir; tenía que despedirme de Jacob y decirle todo lo que mi corazón anhelaba sacar.

Después de eso, Edward se fue y me pidió que arreglara mi maleta porque ese mismo día partiríamos a N.Y. oleadas fuertes y constantes me invadieron al imaginarme caminando por las calles de ese lugar nuevamente…

Si lo veía… si me lo topaba en la calle…. Si él me veía y me reconocía…

Moría, lenta y dolorosamente con cada latido que daba mi corazón.

Ese día me vestí especialmente para Jacob. Encontré un vestido de tirantes rojo, me llegaba un poco más debajo de las rodillas y se levantaba levemente con el paso del viento… era su preferido.

Edward me elogió al verme pero solo le dedique una sonrisa agradecida y subí al coche que esperaba por nosotros. Le pedí que nos detuviéramos en un puesto de flores para comprar algún arreglo, en el lazo del arreglo mandé a poner tu muñeca.

Cuando finalmente estuvimos frente a su tumba no pude evitarlo, me desplomé en el césped y sollocé con fuerza.

—Oh, Jake… mi Jacob… —susurré, acariciando la fría lápida—. Lo lamento… lo lamento mucho, Jake. Yo no quería que esto te pasara, amor mío… lo lamento. Lo lamento. Lo lamento.

Quería ser fuerte, estaba consiente de la presencia de Edward y de algunos hombres de seguridad pero eso me importaba poco… yo solo quería llorar, solo quería llorarle a él; a mi Jacob.

Pasaron varios minutos conmigo de esa manera… hasta que sentí unas frías y duras manos halarme hacia atrás.

—Bella, debemos irnos —me anunció mi voz aterciopelada.

—Oh, Ed… —sollocé, poniéndome de pie y enterrando el rostro en su pecho.

—Tranquila. Tranquila, él está en paz ahora —susurró calmadamente en mi oído.

Mi corazón se estrujó mientras Edward me llevaba de la mano hacia la camioneta. Era hora de partir… hora de enfrentarme a otro suplicio.

—Sé lo que estas pensando —susurré cuando subió a la camioneta. Desvié la mirada hacia la ventanilla, tratando de distraerme un poco del dolor que asaltaba mi pecho—. Crees que realmente estoy chiflada por albergar sentimientos por aquel ser ruin y despiadado que se h dedicado solamente a separarnos.

Edward no dijo absolutamente nada, simplemente se removió en su asiento y me observó con cautela.

—Bien, pues te contaré la razón por la cuál Jacob es una persona importante para mí… sin importar que haya hecho o en qué se haya convertido al final.

"Cuando tenía trece años, Jacob me sacó de un bar de mala muerte, donde mi único futuro era dedicarme a lo mismo que terminaría dedicándome a fin de cuentas… pero con menor paga" —me reí sin gracia, recordando aquella vez que Jacob me explicó eso.

"Yo estaba sola. Muy, muy sola… durante toda mi niñez sufrí todo maltrato físico y psicológico que te puedas imaginar. Yo veía todo en blanco y negro… entonces llegó él a deslumbrarme, él fue quien me dio los crayones para colorear mi visión. Él fue como mi héroe, ¿sabes? Él fue lindo conmigo cuando llegué a su lado y marcó una notoria diferencia entre las demás chicas y yo; fue considerado conmigo, me cuidó cuando estuve enferma y me trató con delicadeza cuando estuvimos juntos, una delicadez y una compasión que yo no había experimentado en ningún momento durante mis trece años"

Me atreví a levantar la mirada, esperé ver cualquier cosa como asco o repulsión reflejada en su mirada, pero no. En su lugar encontré amor, puro e infinito amor…

—Él es importante para mí, Edward, pese a todo lo que pasamos últimamente, él fue bueno… solo que tomó muchas malas decisiones últimamente.

El silencio recayó sobre nosotros, comencé a sentirme nerviosa después de un rato en total silencio.

—Di algo —gruñí, molesta. No sabía que pensaba…

Él se dedicó a mirarme por otro par de segundos, finalmente trago en seco y aclaró su garganta.

—Es difícil procesar todo esto que me dices, Bella —murmuró—. Yo… yo no conocí a ese Jacob que tu cuentas…

—Él tomo malas decisiones al final —repetí—. Pero eso no le quita que sea una buena persona.

—Discúlpame, Bella, pero no comprendo del todo tu definición de buena persona. Jacob era un traficante, un tratante de blancas, me golpeó a mi hermano y a mí hasta casi matarnos y a ti te secuestró, te internó en un psiquiátrico… y la lista podría continuar.

—Edward…

— ¡No, Bella! Simplemente no puedo comprender como es que sientes compasión por una persona como Jacob Black —dijo, subiendo la voz un par de octavas.

Me quedé en silencio, ¿qué más podía decirle? No encontraba las palabras para explicarle que es lo que me unía a Jacob, solo sabía que nuestro lazo no se había roto del todo. Él había sido malo al final, pero en un principio, cuando me encontró, fue bueno… y hasta creí que estaba enamorada de él.

Suspiré de forma audible y parpadeé varias veces para contener las lágrimas al recordarlo… tan lindo, caballeroso y atento con la pálida niña de bucles castaños y cara asustada; cuando lo conocí pensé que mi vida sería igual que en casa o que con el cantinero pero no… él fue diferente, me quiso, tal vez de una forma un poco retorcida pero me quiso.

—No te entiendo, Bella… esto es… bueno, no sé… complicado. Me deja mucho en qué pensar —suspiró.

Volví a mirarlo, ésta vez sus ojos estaban aguados. Me miró por un minuto y después se giró hacia su ventanilla, dando nuestra conversación por terminada.


¡Hola, chicas (os)! Bien, demoré, lo sé… pero bueno pasó una osadía para que yo pudiera terminar el capítulo.

Y bien, ¿qué piensan de Bella? Es un poco extraño, cierto. ¿Cómo puede querer a Jacob después de todo lo que le hizo? Bueno, eso lo seguiremos viendo más adelante. Pobre Ed, está tan consternado por la declaración de Bella…. Y luego está el padre de ella, siiiii! Él es un maldito, en un principio quise pintarlo como un buen hombre pero después me detuve a pensar ¿qué hombre bueno cambia a su única hija por una botella de licor? Así que la vida de Bella es una mierda, y Jake fue quien vino a darle un poco de significado, lo comprenden ¿no? Hablaremos sobre sus primeros años con él y cómo fue su vida con Charlie en los próximos capítulos.

También estoy casi segura que se preguntan qué pasó con la familia de Ed, bueno esa no la veremos por un rato… vamos a centrarnos con Ed y Bella, la muerte de Jake, su pasado juntos, y Leah… ¡Leah! ¿qué traerá consigo este nuevo personaje? Espero que cosas buenas, aunque sinceramente lo dudo.

Ooow, dije que el final se acercaba pero ¿saben qué? Decidí alargarlo un poquito más, todavía falta tanto que aclarar y wooow! Vienen cosas taaaaaaaaan… bueno, vienen cosas inesperadas. Ya tengo planeado el final y será increíble!

Aaaaaah, mañana comienzo con mis exámenes finales en la U y no terminé la actu de bailes de pasión, ni la de El error de una madre… ¡mátenme! Me ausento, chicas. Dos semanas. Pero regreso el primero de diciembre y si acredito todas mis materias (rueguen porque sí ¡Crucemos los dedos!) estaré totalmente LIBRE y podré escribir y escribir y escribir… jajaja.


Por cierto, las votaciones sobre el concurso de literatura siguen abiertas VOTEN POR MI POR FAVOR! T_T sigo en segundo lugar :C quiero ganar, por favor, por favor… prometo que actualizaré más pronto si votan por mi (o al menos lo intentaré)