Advertencia y esta vez de las que a la gente le gusta: El siguiente capítulo es porno. Normalmente diría cuando empieza la escena, pero honestamente, el 99,99% del capítulo son cochinadas (aunque relevantes). También debo dar créditos a los verdaderos autores de semejantes escenas: el vino barato y la canción The Pink Room. Yo sólo tecleé lo que ellos mandaban.


30

¿Él es tus citas?

Las vacaciones de verano estaban terminando. Nikolai observó con orgullo la cifra en la cuenta bancaria de ahorro en la que depositó su salario veraniego. Ya no pasaría sus noches trabajando en el bar. Tenía su último fin de semana libre antes de que las clases comenzaran nuevamente, y no podía disimular su alegría.

Quería alejarse del bar (le costaría un poco volver a asociar ese lugar con la palabra "diversión" y no "trabajo"). Decidió, por una vez, iniciar una "discusión" con los Trapitos.

Los trapitos de Feliks

Yo: Hola!

Yo: Ayer fue mi último día de trabajo

La respuesta no se hizo esperar.

Cian: en serio!?

Cian: tenemos que hacer algo. algo grande

Yo: Para eso escribía. Ideas?

Cian: podemos ir al bar

Yo: …

Cian: ?

Yo: #triggered

Cian: !?

Paulo: Hola

Paulo: Cian, no creo que él quiera ir al bar después de esclavizarse todo el verano allí

Stef: Paulo tiene razón. Pero también es cierto que no podríamos entrar a ningún otro lado. No todos somos mayores, y en algunos lugares no hay forma de entrar si tienes menos de 20 años. O incluso 25.

Feliks: Esperaba tu manifiesto pesimista para hacer mi fabulosa aparición, Stefancito.

Feliks: Denme unas horas, y Feliks Claus aparecerá con un plan para el fin de semana!

Cian: siento que estoy vendiendo mi alma al hacer esto, pero adelante

Yo: De acuerdo, esperaremos

Yo: Gracias Felks

Feliks: Todo sea para emborrachar a mis trapitos~

No volvió a dar importancia al grupo por un buen rato. Mejor dejar al polaco hacer su trabajo… fuera lo que fuera ese trabajo.

Ayudó a su madre en la cocina y luego fue a mirar la televisión con Andrei. Pero apenas tomó asiento a su lado, el niño tomó el control remoto y súbitamente apagó el aparato. Chequeó los alrededores con la vista, asegurándose de que no había ningún progenitor a la vista.

—¿Por qué le chupaste la boca a tu amigo? —soltó de pronto el menor.

Nikolai casi se cayó del sofá al escuchar eso.

—¿Perdón? —balbuceó, confundido—¿A qué viene esto?

—Los vi.

Lo recordó, pero no consideraba que había sido un beso tan exagerado como para utilizar el verbo "chupar".

—¿Te refieres a cuando Adelita nos miró y dijiste que te caía mal? Porque eso sólo fue un pequeño beso.

—Ya sé. ¿Piensas que soy bobo como tu amigo? —se indignó Andrei—Sé que fue un simple beso. Pero no me refiero a esa vez.

—¿Entonces a qué te refieres? —preguntó Nikolai, y luego frunció el ceño—Y Stefan no es bobo.

—¿Tengo que explicar todo? —dramatizó el pequeño—Seguro que la bobez se contagia por la boca… porque se te pegó la de él—acusó—Y explicaría porque en las películas los tontos se besan entre ellos…

—No te vayas de tema. ¿Cuándo nos viste? —insistió el mayor, nervioso.

—Hace meses. Como seis o siete—Nikolai rodó los ojos, porque no hacía tanto que salían. La percepción temporal de su hermano estaba muy alterada.

—No me digas—murmuró el rubio.

—Era de noche—narró su hermano—Mucho. Si y se enteraran que estaba despierto a esa hora, me castigarían. Pero había soñado que los rusos nos invadían, y me levanté a comer. Entonces los escuché hablando afuera.

—Los rusos no nos invaden—el mayor estaba un poco preocupado por la clase de productos televisivos que estaba consumiendo su hermanito—Y no me creo que nos hayas escuchado. No solemos hablar fuerte—Nunca se arriesgaban así, podrían despertar a alguien.

—Sólo susurraban, como cuando los niños malos del colegio planean una travesura. Pero te reíste y el bobo te chistó para que te callaras. Los espié, naturalmente, por la ventana del baño.

—La ventana del baño está muy alta para ti, enano.

—Me subí al inodoro.

—Aun así, es difícil ver hacia afuera.

—Usé el espejo de maquillaje de mamá.

—Me rindo—cedió Nikolai—Eso… eso… está mal. Espiar a miembros de la familia.

—Ya te dije que se comportaban de forma sospechosa. Tenía que saber que tramaban—se defendió el menor—Y entonces se empezaron a besar. No miré mucho, porque es aburrido, pero vi lo suficiente para darme cuenta de que no tramaban nada raro y que eso no era besar.

—Creo que sé a qué noche te refieres. Y déjame decirte que sí, nos estábamos besando. Sólo que… distinto.

—No entiendo con qué necesidad tenían que ser tan desprolijos y atropellados. Si quieres besar al fofo (cosa que no entenderé nunca), ¿no es un beso normal suficiente?

—Eh… cuando seas grande lo entenderás.

—¡Odio cuando dicen eso! —se enfadó Andrei—¿¡Y si nunca lo entiendo!? ¡No todos somos iguales!

Nikolai suspiró, apretando las mejillas de su hermano.

—Lo entenderás porque el "bobo" de Stefan lo entiende, y si crees que eres más inteligente que él, entonces…

Eso pareció satisfacer al niño, que se zafó de su agarre.

—Así que... ¿es tu cita? —preguntó.

—¿Cita? Eso es cuando sales una sola vez.

—¿Es tus citas? —el menor cambió al plural.

—…Algo así. Es mi novio, Andrei. Pero mamá y papá todavía no tienen que saber.

—De acuerdo… ¿hermano?

—¿Sí?

—¿Por qué él?

—…No puedo responder eso.

—Pero es que es tonto.

—Andrei—cortó severamente—Deja de llamarlo así.

—¡Pero es verdad! —protestó el pequeño—¡Le pregunté si sabía cuál era el país más pequeño de Asia, y contestó mal! ¡Y luego le pedí que dividiera 6547,89 entre…!

Nadie sabe eso, Andrei. Ve y pregúntale a mamá y papá. ¿Lo saben?

Su hermano, un poco enfadado se retiró. Cinco minutos después, su hermano regresó, un poco incómodo.

—… No lo sabían—balbuceó—Papá me dijo que le alcanzara una calculadora.

—¿Y son tontos por no saberlo?

—¡Claro que no! —casi gritó su hermano, ofendido—¡Jamás!

—Entonces, ¿por qué Stefan tiene que serlo? Encontrar un par de datos raros y presumir ante la gente que no tiene por qué saberlos no te hace listo, sino una pequeña mierd...

Andrei le cubrió la boca.

—Eso no se dice.

—Es para que veas lo grave que es. ¿Lo entiendes?

El niño asintió tímidamente.

—Así que, no digas que Stefan es tonto. Es más inteligente que yo. Si le dices tonto a él, me dices mega-tonto a mí.

—¡Tú no eres mega-tonto! —exclamó Andrei.

—Eso espero, Andrea. Así que discúlpate con Stefan la próxima vez que lo veas.

—Bien—cedió, aunque todavía parecía molesto—Pero es que siempre hace tantas preguntas… es insoportable—siguió protestando.

Nikolai rodó los ojos, pero decidió subir a su habitación a chequear sus mensajes. Sólo había uno de Paulo en el grupo, preguntando si el polaco había tenido algún éxito, pero éste no había respondido. Al parecer, sus planes tardaban más de lo esperado. Y las horas corrían…

Decidió llamar a Stefan. No iba a desperdiciar su primer (y último) fin de semana de vacaciones libre sin verlo.

El búlgaro tardó más tonos de lo normal en responderle.

—¿Hola? —contestó una voz somnolienta.

—Stef, soy yo—respondió Nikolai—¿Te desperté?

Ajá… estaba durmiendo una siesta. Las amigas de mi madre hicieron mucho ruido anoche con su "fiestita".

—Bueno… lo siento. Quería hablar contigo.

Adelante, estoy disponible.

—Feliks no parece tener noticias.

¿No? Extraño.

—Y… si al final no hacemos nada, ¿podemos vernos igual?

—"¿Podemos vernos igual?" —repitió—Nikolai, somos novios. Vamos a vernos de cualquier modo.

—Lo sé—rió—Perdón, sólo quería asegurarme. ¿Paso por tu casa?

Stefan dudó uno segundos.

Uhm… podríamos salir a algún lado, para variar. No sé. ¿A comer? ¿Al cine, tal vez?

—El cine…—murmuró el rumano, con un tono distraído, mientras cerraba la puerta de su habitación—Me gusta. Está oscuro. Podemos elegir la peor película, así sabemos que no va a haber demasiada gente.

Nikolai, ¿qué carajos…? ¡Eso no es lo que yo sugería, pervertido!

—No, lo sé. Eso es lo que yo sugiero—el rubio se mordió el labio, sentándose sobre la cama—No es la primera vez que pienso en esto.

Oh, mierda… no estarás sugiriendo…

—No, sería muy incómodo. Pero tal vez se podría hacer algo más que simplemente besarse. Ya sabes, como lo que te hice en mi cumpleaños…

No estoy listo para tener esta conversación—siseó Stefan, y sonó nervioso.

—Perdón—se disculpó nuevamente, aunque no lo sentía del todo—Me entusiasmé; seguiré en mi mente.

No tienes remedio. Lo que hay adentro de tu cabeza es como… como un smoothie de cosas sucias. No habrá cine hoy… tal vez otro día.

—Oh, sí. Te invitaré otro día. Esto no lo olvidaré—prometió Nikolai.

—…Sé que no. Por hoy te invitaré a comer, ¿hecho? —propuso el otro—Celebremos el final de las vacaciones juntos… sin hacer cosas degeneradas en lugares públicos.

—Muy astuto, Stef. Sabes que el único lugar público en el que me atrevo a hacer esas cosas es en un cine.

—…Ahora lo sé. Pero me alegra que tengas límites. Buscaré algún lugar interesante y te enviaré la dirección. Nos vemos a las siete.

—Genial—aceptó, y sus siguientes palabras fluyeron naturalmente, saliendo rápidamente se su boca—Te amo. Nos vemos.

Llegó a escuchar que Stefan comenzaba a decir algo, pero ya había cortado. Y luego se percató de lo que había vocalizado.

Fue tan… casual. Siempre creyó que si le decía esas dos palabras, sería en una ocasión más romántica, especial. No es una simple conversación telefónica en la que había dejado a su mente saltarse algunos códigos de pudor.

¿Debía llamarlo de nuevo? Miró el teléfono. Entre otras cosas, no había novedades del polaco. Y tal vez debía dejar a Stefan pensarlo tranquilo y enfrentarlo más tarde. Pero, ¿qué tenía que enfrentar? Podría arrepentirse de las circunstancias, pero no se arrepentía de sus palabras.

Tal vez no era un amor noble o de literatura, pero tampoco consideraba al búlgaro un simple novio. Sentía la confianza necesaria para dirigirle "esas" palabras. ¿Las estaría desvirtuando de alguna forma? ¿Se equivocaba? ¿Era muy joven para sentir algo considerado tan fuerte? ¿Demasiado para la relación que tenían? Le estaba molestando ese pensamiento y los supuestos "requisitos" para decirle "te amo" a alguien.

Y también le estaba molestando el bulto que tenía en la entrepierna. Una vez resueltos los dilemas del corazón, se aseguró de que nadie merodeara por las escaleras y trancó la puerta. Acostado boca arriba en la cama y mirando el techo, comenzó a recordar los pensamientos que lo atacaron cuando Stefan mencionó "cine". Se imaginó una sala oscura; y él sentado en una butaca cómoda en alguna esquina recóndita, lejos de la poca gente que planea disfrutar de alguna película cutre y eligen mejor sus lugares.

Nikolai se bajó los pantalones y ropa interior; se frotó las manos con un poco de loción, y comenzó a acariciar su pene. Cerró los ojos, y en su mente (y en contra de las dimensiones reales de una sala cinematográfica, porque Stefan cabía arrodillado en el suelo frente a él) su novio también le bajaba los pantalones hasta debajo de las rodillas, y se acercaba a su ingle.

Pero no lo masturbó (como había sugerido por teléfono), sino que el Stefan de su imaginación había comenzado a lamerle el pene, para luego metérselo en la boca.

En su cama, el rumano se lamió los labios y acelerando el ritmo de sus caricias, mientras se imaginaba las manos de dedos largos de Stefan apretando sus muslos, su cálida y húmeda cavidad rodeando aquella parte tan sensible de él, y probablemente su cabello negro se sentiría increíblemente suave entre sus manos… y Nikolai tuvo que preocuparse de ahogar los gemidos que se le intentaban escapar.

Mordió su almohada y aceleró la fricción. Qué hermoso sería si eso sucediera. Y en ese momento hubiera dado todos sus ahorros del trabajo para que el verdadero Stefan estuviera ahí con él. Pero estaba llegando a ese momento en el cual le importaba poco si eso era real o no, porque la estaba costando imaginarse vívidamente las cosas, y lo único que importaba era ese placer que estaba sintiendo y lo estaba llevando al borde de…

… bueno, por las dudas, tomó una muy generosa cantidad de pañuelos de papel de su mesa de luz.

.

Nikolai chequeó la dirección en su teléfono y lo guardó rápidamente, vigilando su alrededor. No se encontraba precisamente en uno de los barrios más seguros de la ciudad, pero parecía que Stefan lo había citado allí.

Por más que recorría la calle una y otra vez, no lograba encontrar el número de puerta o alguna señalización de que por allí hubiera un restaurante. Todavía nervioso, decidió llamar a Stefan.

—¿Dónde estás? Llevo esperando más de veinte minutos…

—¿Dónde estás tú? —siseó, nervioso porque un grupo de personas algo ruidosas acababa de cruzar la calle—Sal un segundo, que no encuentro el lugar.

—Te perdiste, ¿no es así? —se burló el búlgaro—Dame un segundo, ya voy.

Esperó pacientemente, sin dejar de vigilar al grupo de borrachos. Afortunadamente, parecían estar en sus asuntos y no se inmutaron de su presencia.

—¿Me ves? —la voz de Stefan lo sobresaltó.

Inspeccionó el entorno nuevamente, hasta que lo encontró saludándolo. Estaría como a veinte metros. Prácticamente corrió hacia él.

—¿Cómo querías que encontrara este lugar? —reprochó el rumano, todavía sin colgar el teléfono—Es una puerta…

—Tiene número—se excusó Stefan, y señaló un pequeño letrero desvencijado, casi al nivel del suelo, que rezaba: "Honda's Sushi. N° 1276 ".

—…No quiero hablar del tema—murmuró enfurruñado, entrando al lugar.

Ni allí dentro uno podía decir que se encontraba en un restaurante. Eso era simplemente el pasillo de una casa muy vieja, con paredes despintadas y una luz blanca de brillante y de bajo presupuesto.

—¿Qué lugar es este, Stefan? —preguntó, un poco preocupado, y sujetándole fuertemente su mano.

—Ya te dije. El mejor restaurante de sushi de la ciudad.

—Querrás decir el mejor puesto de venta de cocaína. ¿Sabes a qué me suena esto, Stef? —susurró, paranoico—A yakuzas.

El búlgaro rodó los ojos, y abrió una puerta a la derecha, al final del pasillo.

Nikolai tuvo que entrecerrar los ojos debido al cambio de luminosidad. Dejaban una sala de luz que parecía fosforescente, para entrar a un patio interior, tenuemente iluminado por velas y linternas de papel. Sólo se escuchaba el leve sonido de conversaciones y el movimiento del agua de la fuente que se encontraba en el centro.

—¿Qué… estamos en el mismo lugar? —el rumano estaba confuso. Parecía otro mundo.

—Está bien escondido. Pero vale la pena venir—explicó Stefan, dirigiéndose a la mesa en la que estaba sentado minutos atrás.

—¿Cómo encontraste este lugar? —continuó, tomando asiento frente a él.

—Oh, mi madre una vez me lo recomendó. Dice que al hijo del señor Beilschmidt le gusta venir cuando están en la zona. Ya sabes, el hijo del dueño de aquél terreno al que fuimos…

—El hijo del señor Beilschmidt…—escuchó decir a alguien con una voz soñadora.

Ambos se giraron para ver a un joven castaño con una enorme sonrisa en su cara y expresión soñadora.

Permanecieron esperando, pero el chico nunca terminó su frase, sino que permaneció ahí parado, soñando despierto.

Vargas-san—se escuchó una voz fuerte y calmada desde la cocina—No te distraigas.

—¡Ah! ¡Ya voy, Kiku… jefe! —se excusó, apresurándose y casi tirando algunos platos al suelo.

Nikolai respiró hondo.

—Empiezo a creer que ese hombre es demasiado famoso por aquí. En fin, ¿sushi? Ni siquiera sabes si me gusta—soltó.

—Me la he jugado—confesó Stefan, encogiéndose de hombros—Ni siquiera sé si lo has probado. Pero si no te gusta, siempre podemos pasar por un Mc Donald's

—Es broma. Probé una vez y no es malo. Pero no esperes que recuerde como usar palillos. ¿Tienen tenedor, no?

—Eh… verás… el dueño es un poco…—el búlgaro hizo una pausa—…ortodoxo, por así decirlo.

—¿Cómo que no hay cubiertos? —se escandalizó—¿Y qué hay de los pobres incultos como yo, que no sabemos ni el nombre correcto de esos palitos?

—Esos "pobres incultos" no frecuentan este lugar. Lo siento, vas a sufrir.

—Voy a quedarme sin comer.

—Uh… si quieres te puedo enseñar—ofreció Stefan.

Nikolai se cruzó de piernas, inclinándose para estar más cerca del otro a pesar de la mesa que los separaba.

—Soy un buen estudiante, Stef—aseguró, pícaramente.

—Lo sé. Bien, primero tienes que poner los dedos así…—Stefan se cortó, y se ruborizó ante la sonrisa pervertida que el rubio mostraba—... No tienes remedio—lo pinchó levemente con uno de los palillos, negando con la cabeza.

—Es broma. ¿No pensarás que estoy todo el tiempo así de caliente, no? —dijo Nikolai, aunque había un poco de mentira. Lo cierto es que últimamente se "calentaba" bastante más con Stefan. Y a medida que pasaba el tiempo y tenía más confianza con él, le costaba cada vez más disimular.

—Empiezo a tener mis dudas—murmuró el búlgaro, no muy convencido—En fin. Ahora presta atención. Porque no tengo ganas de meterme en un Mc Donald's después de esto.

—¿Y qué tal Burger King?

—Cutre.

.

Después de la "clase de repaso", reírse porque las pequeñas bolitas del caviar reventaban en la boca como unos Pop Rocksy mancharse un poco con salsa de soja, Feliciano les alcanzó dos pequeños vasos de cerámica.

—¿Qué es esto? —preguntó Nikolai, observando el líquido transparente, casi blanquecino.

—Creo que es sake—el otro lo olió, y arrugó la nariz—Lo trajo como cortesía.

—Supongo que se toma… sin muchas vueltas, ¿no? —alzó el vaso para brindar, pero Stefan alzó una mano, deteniéndolo.

—Espera. Antes de que te tomes eso… quería hablar de algo.

El rumano alzó una ceja, ya que habían tenido toda la cena para conversar. Debía ser algo serio. Algo serio, y que requería que se encontrara sobrio.

—Es… sobre lo que me dijiste al cortar el teléfono—explicó Stefan, mordiéndose el labio.

El rubio se sorprendió, abriendo mucho sus ojos. Había mantenido sus pensamientos sobre lo ocurrido a raya. Era comprensible que el otro quisiera hablar de eso.

—Oh. Lo sé. Lo siento.

El búlgaro lo observó, extrañado.

—¿Por qué te disculpas? —interrogó, algo preocupado.

—Es que… me salió muy natural y tal vez… no era el momento ni el lugar. ¿Entiendes? Es como si no le diera importancia.

—Entonces, ¿la tiene?

Nikolai se estaba poniendo nervioso. No se había preparado para eso, ¿pero cuándo lo dejaban prepararse para algo así?

—Claro… claro. No seas tonto—rió nerviosamente.

—Es que no me lo puedo tomar tan a la ligera. No... no lo vi venir.

—Por supuesto que no lo pudiste ver, estábamos hablando por teléfono, no haciendo facetime...—era un comentario muy estúpido, pero no quería mostrar su incomodidad.

—Nikolai, hablo en serio. Sólo quiero asegurarme.

—¿Asegurarte de qué?

—Es... es... es como que me hizo darme cuenta de que vamos en serio. Quiero asegurarme de que no me lo imaginé.

—Espera—lo interrumpió el rumano—¿Después de todo este tiempo, crees que no vamos en serio?

—No es lo que quise decir—ahora era Stefan el que parecía ligeramente incómodo—Somos exclusivos y eso, pero... esto como que le da otra dimensión. Esas palabras tienen peso.

—Ya sé. Por eso no quería discutirlo. Tal vez me precipité. Definitivamente no lo pensé dos veces—balbuceó el rubio.

—¿Te arrepientes?

Nikolai se calló, pensándolo. Lo único que lo hacía arrepentirse era el tener que discutir eso. Pero entendía que no dijo algo que pasara desapercibido. Mala suerte la suya. La próxima vez intentaría el sexting y cerraría su boca...

—Porque...—continuó el búlgaro—Si lo dijiste sin pensar o algo, está bien arrepentirse. Sé que vamos en serio y todo, pero no espero que...

—Lo dije en serio—lo cortó Nikolai—Es verdad que lo dije sin pensar, pero no significa que no lo sienta.

Stefan se calló, sonrojándose y pareciendo usar toda su concentración en que su respiración no se acelerara.

—Estoy seguro de que—continuó el rumano—Eres la única persona a la que puedo decirle eso. Tal vez no sea amor como tú te lo imaginas, pero creo que se acerca. Yo... bueno, te quiero mucho, y...—comenzó a ponerse nervioso—Quiero quedarme contigo, no sé hasta cuándo. No puedo imaginarme el final. Y estoy dispuesto a dejar ir muchas cosas con tal de conservarte. Supongo que eso puede llamarse amor. ¡Pero nadie lo puede definir!—se excusó finalmente, y luego de decir esto, se llevó el licor a la boca y bebió. El cuerpo le ardió, y se arrepintió un poco de su accionar. Pero cierta vergüenza por lo que acababa de decir persistía, por lo que tomó el vaso de su novio y también bebió apresurado, esta vez algunas gotas escapándose del vaso y yendo a parar a su mentón.

—Woah… quería brindar o algo, pero te me adelantaste—soltó finalmente Stefan, luego de observarlo sorprendido durante un rato. Tomó su vaso vacío y lo alzó, con una media sonrisa—Gracias por decirme esto... aunque si no estabas listo no tenías porque beberte eso.

—Lo necesitaba—murmuró el rumano, sufriendo por la potencia del alcohol—No me arrepiento de nada.

—Me alegro de escuchar eso—el búlgaro le alcanzó una servilleta para que se limpiara la boca, y tomó su mano libre entre las suyas—Yo también me siento así contigo. Perdón si te presioné.

—Está bien. Estoy bien.

—Tienes razón en eso de que no se puede definir. Supongo que significa algo distinto para todos.

—¿Qué cosa?

—Sabes bien qué.

—Quiero escucharte decirlo—desafió Nikolai, con una sonrisa traviesa.

Stefan tomó aire, rodando los ojos.

—Amar—aunque fingía que no le importaba, Stefan volvió a sonrojarse.

—¿Qué significa para ti?—insistió el rumano, sintiéndose más osado de lo usual.

—Más o menos lo mismo que has dicho—su mirada se desvió a la puerta—Pero creo que no es momento para discutirlo. Luego seguimos.

—¿Por qué?

El moreno señaló hacia la puerta del restaurante, donde una conocida cabeza rubia parecía buscar algo. Era Feliks.

—¿Qué hace aquí?—se preguntó Nikolai, mientras su amigo los saludaba con una sonrisa presuntuosa y se acercaba a ellos.

—Ni idea—suspiró, y fulminó con la mirada a Feliks—¿A qué debo el honor?

—Perdón por interrumpir su cita—saludó el polaco, aunque no había ni rastro de arrepentimiento en su voz—Pero no me contestaban los mensajes y debía tomar medidas drásticas.

—¿Cómo sabías que estaríamos aquí?—interrogó Stefan.

—El mapa de Snapchat, claro. Niko olvidó desactivar su ubicación.

—... Tengo miedo—murmuró el aludido—¿Y todo el mundo puede verme?

Feliks rodó los ojos, pero accedió a configurar su teléfono para que nadie lo pudiera localizar. Mientras tanto, procedió a explicar su razón de estar ahí.

—Conseguí poner nuestros nombres en la lista de invitados de una fiesta. Mucho mejor que las de Jack, puedo asegurarlo. Pueden agradecerme luego, si no nos vamos ahora llegaremos tarde.

Nikolai se puso de pie y el mundo giró por unos instantes. Creyó que el sake no le haría tanto efecto pero se equivocó.

Buscó su billetera en los bolsillos pero vio que Stefan ya había dejado unos billetes en la mesa.

—Está bien. Hoy invito yo—el rumano quiso protestar—La próxima vez puedes hacerlo.

—Espero que estés seguro de lo que eso significa...

—Algo me dice que vamos a terminar en un cine.

—¿Podemos irnos? Por favor. Mi uber nos está esperando—interrumpió Feliks.

.

Se bajaron frente a una discoteca en el centro de la ciudad. Había un montón de gente haciendo fila, pero algunos parecían entrar más rápido que otros.

Paulo y Cian estaban sentados en una parada de autobús, esperándolos.

—¿Es esta la dirección correcta?—quiso saber el irlandés—¿Vamos a entrar ahí?

—Claro que sí. Para nosotros, lo mejor de lo mejor—presumió Feliks—Me tuve que cobrar muchos favores, pero va a valer la pena.

El polaco sacó una bolsa de papel, revelando una petaca dentro.

—Valor líquido, mis niños—invitó, dando el primer sorbo.

—¿Para qué necesitamos valor?—inquirió Cian, aunque no se negó a beber.

—Tú, para conseguirte a algún nerd que no sea Eduard.

—No necesito más nerds.

—Incorrecto. Lo necesitas ahora más que nunca.

—Déjalo en paz—saltó Paulo, defendiendo a Cian—Vamos a divertirnos.

—Claro, a ti te conviene la excusa de divertirte porque estás aquí sin pareja y solo—lo molestó Feliks—Si todos nos vamos con alguien quedarás solito.

—... ¿Pensé que estabas saliendo con Natalia?—Nikolai estaba confundido.

—... Tal vez me vaya con ella—argumentó el polaco, dando un largo sorbo. Le pasó la botella al rumano, y este bebió por inercia, aunque se arrepintió al darse cuenta de que se trataba de vodka. El sake persistía en su sistema.

—No sé por qué tanto misterio—interrumpió Stefan—Ya es muy obvio que salen.

Feliks no le hizo caso ni omitió comentario alguno relacionado al tema.

—... ¿Vas a evitarlo por siempre?—insistió el búlgaro.

—Me parece que alguien está un poco aburrido—canturreó, quitándole la botella a Paulo y entregándosela bruscamente a Stefan.

.

No recordaba demasiado del principio de esa fiesta. Si bien había mucha gente, había espacio suficiente para bailar. Pero estaba seguro de que más allá de una ida al baño o a la barra a pedir bebidas, estuvo bailando con sus amigos y se divirtió mucho.

Las cosas se desvirtuaron un poco cuando Paulo, bastante molesto porque Feliks lo acusara de «no dejar a los otros tener sexo sólo porque él no tendría nada esa noche», se decidió a buscarle a Cian un sustituto de Eduard. Feliks se quedó un poco más de tiempo, pero cuando vio que Stefan se le estaba pegando un poco más de lo normal a Nikolai, se alejó a «saludar a unos amigos».

Para ese entonces, el efecto del alcohol se le había pasado un poco y ya era más consciente de su entorno. Nunca se había dado cuenta de lo bonito que era su novio con esas luces de colores alumbrando su cara de vez en cuando, ni de la forma en que cerraba los ojos para bailar y sus gruesas pestañas se lucían.

Y se dio cuenta que era la primera vez que estaban bailando juntos y a solas (o al menos, lejos de gente que los conociera) desde que eran novios. Al contrario de sus fiestas anteriores, ahora podía abrazarlo y tocarlo sin que se considerara raro.

Se acercó al búlgaro, tomándolo por la cintura para acercarlo a su cuerpo. Él no se opuso a esa muestra de contacto físico en público. Stefan se mordió el labio inferior y abrazó sus hombros, siguiendo un ritmo algo descordinado de baile.

—Me siento como en un baile de graduación—gritó Nikolai en su oído, para que lo escuchara. Stefan esbozó una sonrisa y se acercó a él para contestar.

—Tal vez un poco más atrevido que una graduación.

—Por ahora no es muy diferente—le estaba doliendo la garganta de tener que gritar para comunicarse.

El búlgaro lo miró de una forma algo extraña, pero tenía la sensación de que estaría a punto de probarle cuán equivocado estaba.

Stefan se pegó más a él, bajando sus manos casi hasta el trasero del rumano. Su aliento le hizo cosquillas en el cuello, y luego sintió el contacto húmedo de la boca de su novio contra la piel de dicha parte de su cuerpo.

Nikolai se permitió suspirar e incluso gemir un poquito. Ni siquiera Stefan podía escucharlo, ni tampoco podía ver la sonrisa de satisfacción que tenía en el rostro a causa de la oscuridad. Sabiendo esto, no le importó controlar sus reacciones. Enterró sus dedos en los suaves cabellos del más alto, intentando ponerse en puntas de pie para que al otro le fuera más fácil acceder a sus zonas más sensibles.

Una de sus manos fue hasta la cadera del otro, jugueteando con su cinturón. No planeaba desnudarlo ni nada por el estilo en ese lugar aunque se muriera de ganas, pero sí buscaba provocarlo un poco.

Su plan resultó, porque Stefan se separó y lo tomó de la cintura, guiándolo hacia una pared que todavía no había sido ocupada por ninguna pareja.

Sin esperar, le colocó las manos en las caderas y con el peso de su cuerpo lo empujó contra la superficie. El búlgaro le sujetó los brazos, y creyó que lo quería apartar, pero sólo estaba sintiendo sus músculos contraerse.

—Nunca te vi con tantas ganas de hacerme cosas—confesó Nikolai con un tono juguetón al oído del otro.

—¿Qué cosas?—respondió el otro, mordiéndole suavemente el lóbulo de la oreja.

—¿Quieres que haga dirty talking?

—Tal vez. No creo que pueda... escuchar bien—y luego dijo algo que no entendió.

—¿Qué?

Stefan no contestó, sino que acercó su rostro hasta casi rozar sus labios, sin besarlo realmente. Nikolai cerró los ojos, sintiendo la agitada respiración del otro y los dedos ajenos firmes sobre sus bíceps. La lengua de su novio rozó sus labios, y entreabrió la boca con gusto, permitiendo que el otro lo besara apasionadamente.

Acorraló al búlgaro contra la pared, apoyándose contra él para sentirlo aún más cerca. Al otro parecía encantarle estar en esa posición, buscando pegarse al cálido cuerpo de Nikolai y alejarse de la fría pared.

El rumano abandonó la boca del otro luego de un rato y procedió a otras partes de su cuerpo. Mejillas. Mandíbula. Cuello. Abrió los primeros botones de su camisa, descubriendo la clavícula de Stefan y uno de sus hombros. Acarició con sus labios esa definida línea, amenazando con continuar descubriendo el torso del mayor. Éste separó sus piernas levemente, dejando que una de las de Nikolai pudiera posicionarse en el medio, tocando con su muslo la entrepierna del otro en forma intencional.

La música era lo único que el rumano podía oír. ¿Stefan estaría diciéndole algo? No parecía, aunque su boca estaba entreabierta. Respiraba agitadamente. Pero tenía los ojos cerrados, confiando en que su espalda seguiría firmemente apoyada contra la pared y que Nikolai lo separaba del resto de la gente.

—Stefan—habló en su oído—¿Estás bien? ¿Necesitas aire o algo?

—No—gimió, y lo pudo escuchar bien ya que estaban un poco más lejos de los altavoces que reproducían música sin parar—Te quiero a ti —por sus palabras y la forma en la que se aferraba a la parte de atrás de su camisa, parecía desesperado.

Nikolai se inclinó hacia su rostro, a ciegas, buscando desesperadamente su boca. Stefan lo recibió sin escrúpulos ni juegos previos con su lengua, metiéndole una mano por debajo de la camisa para acariciarle la espalda. Buscaba frotarse contra el más bajo desesperadamente.

Se arrepintió de haberse puesto jeans. La dureza de la tela hacía un poco dolorosa la situación. Pero también quería sentir al búlgaro, y no podía quitarse la ropa en un lugar con tantas personas, aunque el calor que sentía lo estaba matando. Era consciente de que estaba sudando y que ya tenía una erección. Una parte de él le decía que tenía que parar, al menos para llevarse a Stefan al baño, aunque no merecían tener su primera vez en un lugar así, ninguno de los dos.

El búlgaro dejó de besarlo, y lo escuchó gemir su nombre en su oído.

—Nos tenemos que ir—reunió las energías necesarias para decirlo—No podemos seguir aquí.

Stefan soltó un suspiro que sonó a lamento, pero parecía estar de acuerdo. Aún así, sus manos seguían aferradas a su cintura, sin querer dejarlo ir.

—Vamos a mi casa. No hay nadie—dijo agitadamente—Aunque va a ser un camino largo. Estoy...—no completó la frase.

—Caliente—finalizó por él Nikolai.

Stefan asintió, y cuando el rumano fue a apartarse, volvió a atraerlo hacia sí, besándolo nuevamente.

No estaba haciendo que las cosas fueran fáciles.

—Stef—pudo decir, entre besos—Es en serio. Si seguimos aquí no me voy a poder...

Fue salvado por un ángel. O un demonio.

—¡Chicos! Me voy a ir a... oh—dijo una voz detrás de ellos, lo suficientemente alta para escucharla.

Ambos se dieron vuelta bruscamente, y vieron a Cian parado cerca de ellos, con los ojos abiertos como platos. Miraba de arriba a abajo el estado en el que sus amigos se encontraban.

—Perdón... por interrumpir—balbuceó el irlandés. Debido a la cercanía con los baños, alguien abrió una puerta dejando un halo de luz iluminar el rostro de Cian. Estaba completamente ruborizado, y sus ojos iban de la camisa semiabierta de Stefan al identificable bulto en la entrepierna de Nikolai.

—De hecho Cian, creo que llegaste en el momento indicado—le comunicó el búlgaro.

Aunque el rumano sabía que lo decía por haberlos interrumpido antes de pasar a mayores, el irlandés no lo interpretó de la misma manera. El deje de lujuria en la voz de Stefan y su mirada cargada de sentido hizo que pareciera una invitación.

Cian, levemente asustado, retrocedió.

—Yo... no... ¡no puedo hacer esto ahora!—balbuceó, atemorizando por lo que él creía que le estaban sugiriendo.

—Respira. No te estamos proponiendo un trío—aclaró el rumano.

—¡Yo no pensé en eso!—mintió el irlandés, notablemente nervioso.

—Tal vez en otro momento, Cian—bromeó Nikolai, intentando mostrar su sonrisa más lasciva. Su novio rió.

—Pero mala suerte para ti—continuó Stefan, abrazándolo por la cintura— Hoy Niko es mío.

Cian hiperventilaba. Parecía ser la primera vez que veía a Stefan mostrando su lado sensual. Nikolai se dio cuenta de que no los había encontrado simplemente besándose, sino prácticamente queriendo tener sexo con ropa puesta.

—Me disculpo por lo que viste—aclaró el rubio—Pero tal vez te da ideas para tu Eduard 2.0...

—¡No hay Eduard 2.0!—exclamó el irlandés, y luego añadió en voz más baja—Nunca lo habrá. Vine a avisarles que me iba.

—Qué casualidad, nosotros también—Stefan continuaba con su sonrisa burlona, entusiasmado con la pequeña broma—Podemos compartir un taxi...

—Ni loco me subo a un taxi con ustedes dos. Hoy están mal—Cian parecía muy incómodo, e intimidado por sus amigos.

Stefan rodó los ojos.

—¿Sabes que estamos bromeando, no? —le aseguró—Todos saben que si haces un trío la tercera persona tiene que ser un extraño. Lo aprendimos aquella vez que Feliks nos obligó a ver Gossip Girl.

Cian parecía un poco más aliviado cuando lo dejaron.

—¿Gossip Girl?—dijo Nikolai al salir del lugar, sintiendo con alivio la brisa veraniega.

—No preguntes. Todavía no sé como Feliks te dejó entrar en este grupo sin obligarte a pasar por esa «iniciación»—Stefan levantó una mano para detener al taxi que venía.

Ambos subieron, y el mayor dio su dirección. Nikolai sabía que tendrían un relativamente largo viaje por delante, pero no estaba seguro de que quisiera relajarse. Aunque su entrepierna lo agradecía, lo que habían estado haciendo era demasiado intenso para dejarlo ir así sin más. Stefan parecía opinar lo mismo, ya que lo miró tímidamente, como sin saber qué hacer. No podía hacer mucho más que darle la mano, no iban a hacer nada muy atrevido en el taxi. Comenzó a arrepentirse de haberse ido sin más...

Hasta que vio que Stefan sacaba su celular, escribía algo, y luego lo miraba fijamente.

Captó la indirecta. Sacó el suyo y vio que le había enviado un mensaje.

De: Stef

No sé si pueda esperar hasta llegar a casa cuando pienso en todo lo que quiero hacer.

03:48

Nikolai volvió a sentir esa excitación en su cuerpo, y se mordió el labio, reprimiendo una leve sonrisa.

—¿Quién eres y qué hiciste con mi novio?—le preguntó en voz baja.

Stefan le acarició el brazo con las yemas de sus dedos, causándole cosquillas.

—Tengo demasiadas ganas. Yo también tengo un límite—respondió—De todas formas, no fui más pervertido que tú.

—Lo dudo—discrepó Nikolai, y procedió a escribir algo en su celular—Pero me alegra que seas humano.

El búlgaro sonrió, y miró la pantalla del teléfono para ver lo que había escrito. Lo vio morderse el labio, a la vez que lo sentía estremecerse.

—Pervertido—susurró Stefan, entrelazando sus dedos y esbozando una sonrisa traviesa.

Al menos se había asegurado mantener vivo el entusiasmo hasta que llegaran.

Para: Stef

Idea para pasar el rato: puedes ir pensando en todas las cosas cochinas que quieres que te diga.

Puedo decirlas en rumano

;)

03:50

.

Nikolai pagó al taxi el monto justo. No quería perder tiempo con cambio. Se bajaron apresuradamente, corriendo por el camino que llevaba a la puerta de entrada.

Stefan sacó sus llaves e intentó abrir la puerta con cierta torpeza. Probablemente porque el rubio se encontraba detrás de él, besándole el cuello. No ayudaba y Nikolai lo sabía perfectamente.

—Creí que yo era el que estaba impaciente—criticó Stefan, terminando a duras penas su tarea. Nikolai se le adelantó y subió las escaleras rápidamente.

El búlgaro cerró la puerta, trancando. Apoyó la frente en la superficie de madera, respirando hondo. El momento al que tantas vueltas le había dado en su mente, estaba a punto de ocurrir. Siempre tenía tiempo de echarse atrás, y una parte de él, con cierto miedo a lo desconocido, quería simplemente atenerse a lo que ya le era familiar: besar y abrazarse con Nikolai.

Pero esa otra parte suya, que hacía que le temblara el cuerpo, no de miedo, sino de excitación por lo que ocurriría, lo impulsó a darse media vuelta para seguir a su novio.

A sus pies, vio la camisa azul del rubio. La había dejado tirada. Y a medida que subía las escaleras, dirigiéndose a la privacidad de su habitación, encontró los zapatos.

Se sonrojó enormemente cuando vio unos pantalones frente a la puerta entreabierta y las luces tenues que salían de su cuarto.

.

Nikolai ya se encontraba lo bastante sobrio para darse cuenta de que el rostro sonrojado de Stefan asomándose por la puerta y sosteniendo las prendas de ropa que repartió por la casa serían algo que no olvidaría nunca. El búlgaro caminó hacia él, lento pero decidido.

Estiró su mano, acariciando el brazo del más alto.

—¿Has cambiado de opinión?—le preguntó.

Stefan negó con la cabeza, abrazándolo por la cintura y besándolo. Notó que lo empujaba hacia el sofá negro de la habitación, donde se dejó caer con el búlgaro sobre él.

Las manos de Stefan recorrían su cuerpo semidesnudo, tocando sin restricciones todo lo que no había podido alcanzar anteriormente. Se sentía mucho mejor que con su ropa estorbando, sin el calor sofocante de multitud de personas en el mismo lugar, y con la certeza de que no había que ocultarse de los ojos de nadie. El cosquilleo de placer que sentía en el estómago se iba transformando en placer

Aunque el efecto del alcohol se le había ido casi completamente, y ya no se sentía como flotando en la nada siendo sólo consciente del cuerpo de Stefan, no se arrepentía. Eso parecería como un sueño, pero lo que le estaba ocurriendo era real. Y no por eso las caricias y los besos del otro se sentían menos apasionados. Era incluso mejor, porque era plenamente consciente de cada pequeño intercambio con la persona que quería.

Se separó para tomar aire, pausa que el búlgaro utilizó para quitarse algunas prendas de ropa, quedando en la misma situación que la persona debajo suyo. Nikolai acarició suavemente el torso de su novio, dividido entre las ansias de quitar la ropa interior de ambos para tener sexo, y el anhelo de estirar el momento y disfrutarlo el mayor tiempo posible. El otro parecía tener al mismo debate.

—Hay un condón en mi pantalón—dijo el rumano, titubeando, para confirmar que sería lo siguiente. Stefan alzó una ceja, y entonces agregó—Siempre estoy preparado.

El búlgaro quiso incorporarse, pero Nikolai pareció arrepentirse de sus palabras rápidamente. Lo atrajo hacia él, rodeándole la cintura con sus piernas.

—¿Sin protección?—dudó Stefan, inseguro.

—Luego—prometió, acariciando el labio inferior del otro con su pulgar.

Quería intentar algo.

Volvió a besar los labios hinchados de Stefan, esta vez moviendo sus caderas levemente hacia arriba, haciendo que las erecciones de ambos se frotaran indiscretamente. Luego de un par de movimientos, el búlgaro rompió el beso, y temblando dejó caer su peso sobre Nikolai. Notó su respiración agitada contra su cuello, rindiéndose a esa sensación.

Con sólo la tela de la ropa interior y sin jeans incómodos sí que estaba bueno frotarse. Si así se sentía estupendamente, no podía imaginarse como sería sin la tela de dos bóxers entre ellos. Le gustaba, pero sabía que quería pasar a lo siguiente pronto. Llevaba mucho tiempo esperando. Aunque no podía negar cuánto disfrutaba la emoción de estar tan cerca y a la misma vez ignorar cuándo sucedería.

Antes de que pudiera decidir sobre eso, Stefan puso una mano sobre su cadera, deteniendo el movimiento.

—No sé como haces, pero yo no voy a esperar más—sentenció, agitado, y incorporándose para buscar el preservativo que Nikolai tenía. Tomó el sobre brillante en sus manos, pero pareció dudar cuando se volvió hacia el sofá.

—¿Qué ocurre?—inquirió el rumano, con una voz más ronca de lo usual. Se había dado cuenta de que le había salido algo de líquido pre seminal en algún momento, y su ropa interior era más incómoda que nunca. Comenzó a quitársela, todavía consciente de la mirada de Stefan sobre él.

El búlgaro no contestó enseguida, ya que estaba demasiado concentrado en mirar. Nikolai lo escuchó tragar saliva, y pudo ver cierta sorpresa en sus ojos. Recordó que era la primera vez que el otro lo veía completamente desnudo.

Stefan pareció recordar lo que quería decir, apartando la mirada de su pene erecto.

—¿Cómo vamos a hacer esto? Siento que tendríamos que haberlo conversado antes. Yo nunca...

—Yo tampoco—lo interrumpió Nikolai. Se sentó sobre el sofá, extendiendo una mano en dirección al búlgaro—Creo que será mejor si te lo pones tú.

—¿Estás seguro? Yo... no sé. No creo que lo haga muy bien. A ti te salen mejor estas cosas...

—¿Prefieres que lo haga yo?

—Quiero que te sientas bien. Que los dos lo hagamos. Si es así...

—Ponte el globo, Stef.

—Si te duele...

—A cualquiera de los dos nos dolería.

Stefan se acercó a él, y abrió el paquete. No parecía lo suficientemente seguro, por lo que Nikolai le dio un suave beso en los labios, contrastando enormemente con la pasión anterior.

—Confío en ti. Y tú, confía en mi. Te va a gustar.

—No me importa cómo sea—susurró el búlgaro, mirándolo a los ojos—Mientras sea contigo.

Nikolai le sonrió, y le dio un beso rápido antes de bajarle los bóxer.

Con las manos temblando un poco, Stefan se arrodilló sobre el sofá y cubrió su erección con el anticonceptivo.

—Espera—volvió a decir el búlgaro. Nikolai se exasperó un poco, cuando lo vio correr hacia la mesa de luz.

Su exasperación se convirtió en alivio cuando vio el pequeño envase que Stefan sostenía.

—Te quiero tanto, Stef—ronroneó, complacido y aliviado de que esta vez el otro hubiera recordado el lubricante.

.

Eso de aprovechar cada momento se borró del cerebro del rumano. A pesar de que Stefan lo penetró con cuidado, la lentitud e inconsistencia del avance lo hizo bastante más doloroso de lo que creía que sería. Intentó no hacer ningún sonido que alertara al otro, pero su respiración entrecortada y la tensión en su cuerpo lo delataron, y tampoco pudo evitar un gemido de dolor. Stefan se disculpaba compulsivamente, lo que le daba ciertas ganas de arrojarle un almohadón por la cabeza, porque no era su culpa e intentaba decírselo.

No tenía noción del tiempo pero le parecía que no era muy rápido. Intentó no pensar en el dolor en su ano, y decidió concentrarse en la fricción de su pene con la zona del vientre de Stefan que lo rozaba. Llevo una mano para estimularse un poco más, lo cuál funcionó, ya que concentrarse en ese placer convertía el dolor en una simple molestia.

Se relajó un poco, lo cual hizo que Stefan tuviera un poco más de confianza. Pero no parecía que fuera a aguantar mucho más. Nikolai sabía que no duraría mucho, y con la mano que estaba enterrada en un almohadón a causa del dolor, tomó el cabello del búlgaro bruscamente y lo acercó a él para besarlo.

Era muy complicado coordinarse para hacerlo, ya que se les hacía cada vez más difícil reprimir los sonidos que sus cuerpos los impulsaban a hacer. Escuchó los gemidos de Stefan, cerrando los ojos y deleitándose. El ritmo que el otro marcaba se hizo más rápido y un poco más descuidado: el búlgaro ya estaba demasiado excitado como para controlarse demasiado.

Pero hizo falta ese descuido para que una oleada de placer súbita, muy diferente a la que estaba acostumbrado a sentir Nikolai, recorrió su cuerpo. Un sonoro gemido se escapó de sus labios, y sintió que se le nublaba la vista. Jadeó, tirando el cabello de Stefan más fuerte de lo que se considera «cariñoso».

Desesperado, comenzó a exclamar un montón de cosas incomprensibles (sobre todo para Stefan, ya que eran en rumano), pero se aseguró de pedirle que no parara. El búlgaro parecía estar al borde del orgasmo, pero Nikolai rezaba internamente para que no terminara precisamente cuando había encontrado la presión correcta para estimular la próstata.

—Por favor, Stef. Un poco más—gimió, cerrando los ojos, sintiendo que tampoco aguantaría mucho más.

El búlgaro gruñó algo, pero pareció intentarlo, medio intentando reparar las molestias del principio, y medio motivado por el sonido de esas frases pervertidas en un idioma extranjero.

Nikolai miró hacia el techo blanco, aunque juraba que estaba viendo las estrellas. Los gemidos de Stefan pararon y su cuerpo se tensó. Ese último impulso antes de detener su cuerpo hizo que el rumano apretara el agarre de sus piernas en torno a la cintura de Stefan. Él también estaba a punto de terminar.

—Stef—gimió, apartando su mano para hundirla en el respaldo del sofá—Esto se siente tan bien.

El aludido no respondió, pero antes de cerrar los ojos llegó a ver que el otro esbozaba una sonrisa orgullosa. Se concentró en masajear su miembro, y se corrió unos pocos segundos después que el búlgaro, manchando los vientres de ambos.

Nikolai deliraba incluso cuando Stefan se dejó caer, rendido, sobre su cuerpo. Nunca había experimentado algo así. Fue demasiado rápido, pero lo suficientemente intenso para dejarlo anonado.

Ninguno de los dos se atrevió a decir nada. El búlgaro retiró su miembro para quitarse el condón usado, y Nikolai sintió otra vez una molestia a causa del cambio. Aunque estaban incómodos en esa posición y sus cuerpos algo pegajosos, se mantuvieron un rato así. Sentía la mejilla del búlgaro contra la de él, ya que Stefan tenía el rostro enterrado en el sofá. Por su parte, él miraba hacia el techo que momentos atrás parecía cubierto de estrellas, sin verlo realmente. La realidad era muy distinta a sus fantasías, y más dolorosa e incómoda, pero había salido bastante bien.

Abrazó fuertemente al búlgaro, besándole el cabello.

—¿Estás bien?—murmuró el búlgaro, algo preocupado—¿Te duele?

—Un poco. Pero estuvo bien. Muy bien. Estuviste genial.

—Tú igual—lo halagó—Pensé que me ibas a golpear si me seguía disculpando.

—Lo consideré.

—Perdón por eso. Me sentía un poco mal sabiendo que te estaba haciendo daño.

Luego de unos momentos de silencio, Nikolai le contestó.

—Valió la pena.

.

A pesar de que estaban lo suficientemente agotados como para dormirse ahí mismo, las circunstancias no eran las más cómodas.

Stefan se incorporó, limpiándose el abdomen con una toalla que luego le pasó a Nikolai.

—Debo decir—comenzó el rumano—Que me siento un poco orgulloso de que no te hayas olvidado del lubricante.

—Me asustaste bastante la última vez. Si no lo hacía, me arrancabas la cabeza de un mordisco.

—Puedo morder de otras formas. Si quieres lo hago.

—Nikolai, acabamos de terminar y ya estás poniéndote cachondo—reprochó Stefan.

—Yo quiero mordidas con mi blowie—continuó, en broma.

El búlgaro rodó los ojos, aunque no pudo reprimir una sonrisa.

—Me iba a tomar una ducha pero creo que al que tenemos que meter debajo del agua fría es a ti.

—¿Ya te quieres sacar mis gérmenes?

—No te preocupes, seguro que me vuelvo a contagiar pronto—luego se puso serio—No eres tú, es que no...

—...puedes meterte a la cama después de haber sudado tanto. Me lo sé tanto que creo que hasta yo he empezado a adoptarlo.

—Gracias por entender.

—Por nada. Y yo también voy.

Stefan lo observó con cara de póker, pero asintió.

—De acuerdo. Pero si intentas algo sucio, te voy a poner el agua tan fría que se te va a congelar el «amigo».

—Stef, no. Lo necesito. Para la próxima vez—rogó.

—No puedo tener esta discusión ahora—resopló Stefan, dirigiéndose al baño mientras el otro lo seguía.

—No es discusión si los dos estamos de acuerdo—finalizó Nikolai.

.

Mientras Nikolai protestaba porque Stefan lo dejó solo en el agua junto con el agua helada, la pantalla del celular de éste último se iluminaba en algún lado del suelo de la habitación.

Los trapitos de Feliks

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Cian: PAULO

Cian: PAULO OdfgdOgf0gffgd

Cian: ME ACABAN DE PEDIR UN TRIO LDFLKSG

Cian: NIKO T STEFLAN

Cian: NO ESTAN BIEN

Paulo: Te das cuenta que lo acabas de poner en el grupo, no?

Feliks: Esto es genial. Cuéntame más.

Paulo: ...Probablemente era broma, Cian.

Paulo: A dónde fuiste?

Cian: Fui a mi casa a stalkear el blog de Eduard pERO ESE NO ES EL PUNTO

Paulo: Cian, ve a dormir

Feliks: Sí, Cian, quedarse despierto a esta hora es para gente que tiene sexo.

Feliks: Cosa que tú no tienes

Cian: PUES TU TAMPOCO

Cian: NO LO TIENES

Cian: no?

Cian: nO?

Cian: Contesta

Cian: feLIKS Lukavjhvvich

Cian: Te odio.


Esto tardó mucho más de lo que creía. Honestamente, pensaba terminarlo antes de que el 2018 comenzara. Y luego antes de que terminara Enero. Y Febrero. Y que empezara las clases. Pero bueno, aquí está, incluso más largo que el de la playa.

Como siempre, escribir escenas así siempre es un desafío, la última vez que escribí una fue hace un(os) año(s) y salió algo muy diferente de las veces que logré hacerlo. Cualquier crítica es apreciada, sobretodo con respecto a esas escenas R18. Si hay algún error me disculpo, no tuve mucho tiempo de revisarlo, realmente quería terminarlo hoy y subirlo.

Espero no tardar tanto para el próximo capítulo. Probablemente sea un extra, pero no puedo asegurar nada. Besos