Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 34
El abundante polvo en el aire se había asentado, las innumerables rocas dejaron de vibrar ante las constantes sacudidas, finalmente el ambiente se llenó de una quietud casi sagrada. Centenares de huellas se marcaban en el suelo, aquella gran multitud de personas huía de las ruinas de Ciudad Satán, dejando a sus espaldas el sitio que alguna vez calificaron como su hogar.
Ninguno de ellos sabía qué hacer, cuál dirección debían tomar si deseaban restaurar sus devastadas vidas. Hombres, mujeres, niños y ancianos arrastraban sus piernas al ya no tener más fuerzas para continuar. Frente a sus narices, el deprimente paisaje no dejaba de atormentarlos recordándoles cómo un demente apareció de la nada desatando un verdadero infierno.
Al avanzar lentamente por ese paraje inhóspito, no encontraban más que decenas de edificios demolidos junto a incontables automóviles incinerados. Tales vestigios, trajeron consigo varios recuerdos colectivos que revolotearon en sus memorias. Sin embargo, uno en particular destacó por encima de los demás restos que ahí se descubrían.
La muchedumbre se detuvo abruptamente, delante de sus ojos un objeto semienterrado en la arena capturó por completo su atención. Desgastada y parcialmente dañada, sobresalía del piso la última estatua de Mr. Satán que existía en el mundo. Con su característica pose de victoria y con su enorme sonrisa, el monumento evocaba las viejas glorias que los hizo sentirse orgullosos.
Gracias a la muda acción de esa escultura, su metrópoli resucitó temporalmente en sus cabezas. Cada individuo allí congregado, sin excepción alguna, no pudo evitar sonreír al perderse en sus remembranzas. Por esa misma carretera en la que ahora transitaban, años atrás, el nuevo y recién coronado campeón mundial de las artes marciales desfiló triunfante rodeado de sus fanáticos.
Como reconocimiento por su triunfo, la urbe que lo acogía como un residente más, adoptó su apellido como nombre oficial. La pequeña ciudad que muy pocos podían ubicar en los mapas, pronto creció abismalmente por la fama y el prestigio que ese audaz peleador emanaba. Atrayendo a un sin fin de nuevos pobladores, la mayoría honrados, algunos no tanto.
Al pasar el tiempo, la infinita devoción que le profesaban los llevó a elegirlo a él como su alcalde. Con su liderazgo, se vislumbraba un futuro aún más espectacular que el pasado. Ciegamente creían en sus promesas, nadie podría destruir el sueño utópico forjado por las palabras de su multimillonario gobernador. Para su desdicha, aquello no fue tan cierto como esperaban.
– ¡Alto, no se muevan!
En el preciso instante en que pretendían reanudar su marcha, una voz muy familiar frenó sus intenciones congelándolos en el acto. Muchos orientaron sus globos oculares a la degastada efigie, se vieron unos a otros dejándose llevar por la confusión. En un principio pensaron que se trató de una increíble alucinación grupal, no obstante, tal suposición se quedó hecha añicos al oír por segunda vez el mismo tono vocal.
– ¡Deténganse ciudadanos de Ciudad Satán, su alcalde se los ruega!
Sin comprender lo que sucedía, una pequeña niña que se aferraba a su madre distinguió en la lejanía una silueta que se aproximaba. Alertando a su progenitora, la chiquilla apuntó su mano hacia la sombra ocasionando que los restantes miembros de la caravana también agruparan sus miradas en ese espectro humanoide.
– ¡Es él…es él!
– ¡No lo puedo creer!
– ¡Es el alcalde!
– ¡Es Mr. Satán!
El desconcierto que se esparció como una epidemia entre los sobrevivientes, poco a poco fue evaporándose siendo reemplazado por una sensación de asombro puro. Caminando tranquilo en medio de las edificaciones colapsadas, el afamado héroe y personaje icónico de Ciudad Satán, surgió silenciando las dudas de los más escépticos.
Al examinarlo de arriba a abajo con detenimiento, su apariencia no correspondía ni remotamente con su acostumbrado reflejo de un acaudalado caballero. Su ropa yacía cubierta de arenisca, su cabello y barba revestían sus facciones en su totalidad, pese a su deplorable imagen el padre de la justiciera adolescente lucía un rostro rebosante de confianza.
– ¿En verdad es usted, Mr. Satán? –le cuestionó un infante sorprendido por su inesperado retorno.
– Claro que soy yo, nada ni nadie puede vencer al magnífico campeón mundial–presumido rió escandalosamente.
Numerosos susurros empezaron a suscitarse, al escuchar cuantiosas controversias sobre el mercenario y sus tropas, Mr. Satán de inmediato aclaró su garganta y se dispuso a hablar:
– Lamento muchísimo no haber estado allí para protegerlos–Él se disculpó acallando la avalancha de murmullos–nuestra amada ciudad fue reducida a cenizas, perdimos todo lo que teníamos, un desquiciado apareció para convertir nuestras vidas en un tormento…comprendo cómo se sienten, pero les traigo una noticia que los hará regocijarse eternamente.
Aún impresionados por su aparición, ni uno sólo de ellos se atrevió a interrumpirlo.
– ¡Diecisiete ha sido derrotado, ese demente dejó de existir! –Mr. Satán vociferó alzando sus puños al cielo, su estruendosa risa no tardó en producirse– ¡ya pueden respirar tranquilos, el infierno se acabó!
– ¡Qué! –exclamaron al unísono.
– ¡Lo que escucharon, Diecisiete finalmente fue vencido…hemos recuperado nuestro hogar!
– ¿Fue derrotado? –Le debatieron, lo cual los encaminó a una interrogante lógica– ¿quién lo derrotó, acaso fue usted Mr. Satán?
– Bueno…pues…yo–Mr. Satán titubeó, cómo explicarles lo que efectivamente ocurrió sin parecer un lunático, por eso siguió el plan trazado por el príncipe tal y como él se lo dijo– ¡por supuesto que yo lo vencí, ese fanfarrón no fue ningún obstáculo para el magnífico e invencible Mr. Satán!
– ¿Y su ejército, qué sucedió con él, también lo venció Mr. Satán? –ese cuestionamiento trajo a colación, a aquella turba salvaje que propició una grandísima ola de crímenes que primeramente parecían perdurar impunes.
– Esos granujas no eran más que unos buscapleitos, ya me encargué de ellos y tan pronto la policía sea reestablecida serán encarcelados–como si verazmente se creyera sus propias mentiras, sus carcajadas explotaron ruidosamente esparciéndose por doquier, acompañadas de sus célebres poses al presumir su fortaleza física.
Acaso sus mentes les estaban jugando una monumental broma cruel, quizás la desesperanza le permitió a la locura apoderarse de sus juicios sumergiéndolos en un espejismo demasiado realista pero a su vez irreal. A pesar de eso, lo que experimentaban no era una ilusión en lo más mínimo. Los gritos de júbilo no se hicieron esperar, el llanto se adueñó de hasta los más insensibles.
Si bien la derrota de Diecisiete, era motivo suficiente para sembrar una desbordante felicidad, eso no reparaba ni sanaba los inconmensurables daños y heridas que el ambicioso cazarrecompensas produjo al materializar sus aspiraciones. Al compartir ese pensamiento, los residentes de Ciudad Satán fueron apagando sus risas y abrazos de consuelo.
– ¿Mr. Satán, qué pasará con nosotros? –Le consultó una anciana al acercársele–no tenemos a dónde ir.
– Sé que la situación es sumamente crítica, pero les prometo que haré cuánto pueda para remediar este desastre…saldremos airosos de esto, se los garantizo–el ganador del cinturón de campeón, les dijo a sus desanimados conciudadanos.
Tal vez en un inicio, Mr. Satán solamente buscó adueñarse de la alcaldía por el afán de hacer su reputación aún más grande. Creyó que sería una labor sencilla y sin sorpresas, pretencioso se imaginó pasando los días dentro de su redecorada oficina, bebiendo coñac y brandy mientras estampaba su firma en algunos cuantos documentos sin tomarse la molestia de leerlos.
Lamentablemente para él, esa excesiva comodidad que ansiaba nunca pudo concretarse. La aparición de Diecisiete y Dieciocho, fue un durísimo golpe de realidad que lo sacó de sus extravagantes fantasías. Al verme inmerso en ese inesperado cataclismo, su universo de perfección y satisfacción se desmoronó ante sus pies dejándolo con sus bolsillos vacíos.
Y ahora viendo la auténtica responsabilidad que su cargo conllevaba, el papá de la heroína pelinegra se convertía en el único aliento para todos aquellos que le dieron su voto. Paralelamente a esto, en la distancia, lejos del alcance de la vista, varios pares de retinas se mantenían enfocados en el escandaloso campeón mundial.
– ¡Papá! –Videl avergonzada escondió su enrojecida cara con una de sus manos, al verlo jactándose desproporcionadamente como es su costumbre–lo sabía, lo sabía…siempre exagera de más.
– ¡Y pensar que ese hombre formará parte de la familia real! –Picorro exclamó, inmediatamente le susurró a Gohan– ¿estás seguro que le creerán?
– Claro que sí, estoy completamente seguro de ello–el chico sonrió levemente–lo es mejor que los habitantes de Ciudad Satán piensen que su amado héroe los salvó–el joven replicó, él conocía la inmensa importancia que su suegro representaba para sus coterráneos–además, Mr. Satán será una espléndida cortina de humo que nos ocultará, así nadie sabrá que nosotros estuvimos aquí.
Para Gohan, era fundamental que su identidad monárquica permaneciera anónima. El heredero al trono, arribó a esa metrópoli como un desconocido y se marcharía del mismo modo. Viendo de soslayo a Videl, comprendía que ella ya soportaba un notable peso en sus hombros al ser la hija de Mr. Satán. Si su futuro título salía a la luz pública, Videl jamás volvería a tener una vida tranquila.
– ¿Y qué hay de ella? –El guerrero verdoso miró a Dieciocho, quien no se despegaba del cuerpo inerte de su hermano–Diecisiete está muerto, pero esa mujer sigue siendo un grave problema.
– Ya he pensado en eso, la llevaremos de regreso a la Tierra del Fuego donde recibirá un juicio justo por sus actos–Gohan dejó en el olvido la ira que Diecisiete desencadenó en él, sintiéndose más tranquilo resolvería ese enigma tomando el camino que su madre le inculcó: empleando la razón y no la fuerza bruta.
– Espero que sepas lo que haces.
Picorro no alegó más sobre Dieciocho, aunque continuaba vigilándola silentemente en caso de que la rubia los atacara sin aviso. Precisamente, esa bella y letal fémina era observada con atención por un miembro más del grupo. Permaneciendo sentado sobre un bloque de concreto, Krilin de reojo no podía apartar sus ojos de ella, esa señorita de rizos dorados lo hipnotizaba.
El hombrecillo sin nariz, comprendía cabalmente el riesgo que esa mercenaria implicaba. Aún así, no renunció a la idea de verla. Cómo una doncella dotada de tanta belleza, podría ser la culpable de semejante destrucción. Krilin intuía que había mucho más de lo que se veía, al igual que un iceberg; esa expresión malhumorada era meramente la punta que sobresalía en la superficie.
– ¿Qué demonios me ves enano? –Dieciocho vociferó al clavar su mirada en Krilin, él se sacudió al escucharla.
– Nada…es sólo que…olvídalo, discúlpame–Krilin balbuceó nervioso, abruptamente se giró dándole la espalda.
Dieciocho liberó un tenue gruñido, al regresar su interés al cadáver de Diecisiete. Por años, ambos viajaron por el orbe yendo y viniendo de un sitio a otro persiguiendo fugitivos sin descanso. Eran como dos fantasmas errantes que recorrían cualquier sendero sin importarles adónde éste los llevara, y sin imaginarlo, la siguiente vereda que transitaron fue la última que compartieron.
En unos minutos, Gohan y sus acompañantes percibieron más presencias de energía que se fueron acercando a la zona donde Mr. Satán reapareció. La cantidad de personas aumentó casi al triple, congregándose masivamente alrededor de su emblemático alcalde. Para tranquilidad de Videl, la mayoría de la población de la urbe continuó viviendo pese a la locura desenfrenada de Diecisiete.
Al encontrarse rodeado de tantísima gente, Mr. Satán empezó a dudar de la estratagema del pretendiente de su primogénita. Él le solicitó que se acreditara el triunfo sobre el mercenario, manteniendo en total secreto la veracidad de la batalla. Una vez hecho esto, Ciudad Satán resucitaría levantándose del abismo en que el cazador de recompensas la hundió.
– ¡Allá, miren…miren! –de imprevisto, los alaridos de una mujer inquietó a la multitud.
– ¿Qué es eso?
– ¿Pero qué?
– La ayuda llegó…
Respondiendo las súplicas mentales de Mr. Satán, éste enmudeció al avistar en el horizonte incalculables siluetas que empezaban a dibujarse en el cielo. Boquiabierto, el caballero de peinado afro junto a sus simpatizantes se halló envuelto por aquellas inesperadas aeronaves que se aproximaban velozmente a su ubicación.
En cuestión de unos instantes, esos aeroplanos se posicionaron por arriba de sus cabezas descendiendo gradualmente. Pronto un misterio se esparció entre los supervivientes, un misterio que fue resuelto al distinguir una inconfundible insignia en esos vehículos voladores. Gohan en el acto, se volteó topándose con una reluciente sonrisa que adornaba las facciones de Bulma.
– ¡Despierta Shapner, despierta! –Jadeante, Ángela le gritaba a su pretencioso enamorado– ¡vamos, despierta…despierta!
Situándose en medio de diversos montículos de escombros, una linda chica de melena roja recobró la lucidez para prontamente levantarse con calma del polvoso suelo. La adolescente se sentía como si hubiera sido transportada a otra dimensión, temerosa exploró sus cercanías descubriendo a unos metros de ella a su arrogante novio tendido en el piso.
Presurosa lo sacudió, pero el galán de cabellera blonda aún padecía los efectos de su propia arma secreta. La herramienta que se suponía que lo guiaría a la gloria, terminó volcándose en su contra. Inmerso en su subconsciente, Shapner escuchó un insistente llamado que se reiteraba, y de a poco, fue despertándose vislumbrando un enjambre de aviones surcando el firmamento.
– ¿Ángela, eres tú? –confuso, le preguntó a la damisela de rojizos cabellos.
– ¡Shapner, recuperaste el conocimiento! –vitoreó exaltada.
– ¿Qué diablos sucedió, no recuerdo nada? –con una molesta jaqueca agobiándolo, Shapner trató pausadamente de ponerse de pie.
– Yo tampoco puedo recordar qué pasó, lo último que recuerdo fue una explosión y luego de eso nada–la porrista le comentó.
– ¿De dónde salieron esos aviones? –le indagó al observarlos, enseguida reconoció en sus fuselajes el emblema de la Corporación Cápsula.
– No tengo idea, cuando desperté ya estaban volando sobre nosotros–Ángela igual de aturdida le contestó.
Shapner apretó sus párpados en un enérgico intento por recordar, no obstante sólo fue capaz de evocar pequeños fragmentos que destellaban en su interior como luciérnagas. El tosco y amenazante rostro de Lunch apareció en su mente, posteriormente los perversos semblantes de Diecisiete y Dieciocho se materializaron delante de él:
– ¡Se acabó la fiesta!
Esa escueta frase fue lo único que recordaba con claridad, antes de que todo se retorciera de una manera irremediable pulverizando su memoria. A pesar de eso, un detalle se moldeaba sólido para su disgusto. Fracasó, él falló. Nadó contra la corriente resistiendo las incontenibles olas que lo azotaron, y estando a unos centímetros de tocar la fama con sus dedos, se ahogó miserablemente.
Ninguna fotografía suya saldría publicada en los diarios, los periodistas no lo perseguirían suplicándole una entrevista, las mujeres no se lanzarían a sus brazos por un autógrafo. Shapner no sería famoso, simplemente continuaría siendo uno más de los miles que soñaban con ver su nombre escrito en las marquesinas.
– Shapner, ya vámonos…vámonos–Ángela lo llamó, él se dio la vuelta mirándola.
– Está bien, vamos–acotó pesaroso, aceptando el final de su travesía.
Cansados y cubiertos de polvo, marcharon sin detenerse enterrando sus anhelos entre la arena que cubría bajo sus zapatos. Al alcanzar la cima de una leve colina frente a ellos, miraron incrédulos a la gigantesca masa de seres humanos que allí se emplazaba. Mirándose fijamente, entrelazaron sus manos para encauzarse a esa vasta muchedumbre.
Tanto Shapner como Ángela no apartaron sus pupilas de sus palmas unidas, esos dos alocados jóvenes siempre buscaban la manera de llenar ese hoyo que crecía en sus almas. Supusieron que con riquezas y popularidad lo desaparecerían, sin embargo esto naturalmente lo acrecentó más y más. Llevándolos al borde de la demencia, volviéndolos deseosos de aumentar su prestigio.
Dicha hambre de notoriedad, fue sazonada por la envidia que le sentían a la aclamada familia Satán. Aunque sin que ninguno lo esperara, ese rencor fue estrechando la senda que conjuntamente transitaban, acercándolos más a medida que se internaban en esa densa nebulosa. Era un amor soberbio y ávido, pero a fin de cuentas…amor.
– ¡Trunks, detrás de ti…uno se escapa! –Goten gritó divertido.
– ¡Detente, no des ni un paso más! –el niño de mechones lilas, le bloqueó la ruta de escape a uno de los tantos forajidos libres.
– ¡Quítate maldito mocoso, no estorbes! –el malhechor no se contuvo, y abrió fuego contra Trunks con su revólver.
– ¡Qué aburrido! –aseguró el hijo de Vegeta, esquivando sin dificultad los proyectiles que iban hacia él–ninguno sabe pelear, sólo usan sus armas…son un montón de debiluchos.
Trunks acelerando sus movimientos se borró de la visión del hampón, y sin darle la oportunidad de defenderse, con un ligero puñetazo noqueó al maleante que inútilmente trató de huir. Posándose de regreso en la superficie terrestre, el chiquillo vio a sus espaldas los centenares de mafiosos y pandilleros inconscientes que yacían amontonados uno encima de otro.
No queriendo perderse de la diversión, Goten se encargó del siguiente delincuente que pretendía irse sin pagar el precio de sus fechorías. Imitando a sus heroicos personajes de historieta, él se vistió con el traje de un paladín de la justicia. En pocos segundos, el intrépido infante dejó una larga estela de bandidos desmayados gracias a la potencia de sus golpes.
– ¡Ahhhh! – Usado su ametralladora, un musculoso rufián presionó el cañón de su instrumento bélico en la nuca de Trunks– ¡hasta aquí llegaste, desgraciado chiquillo del demonio!
– ¡Qué fastidio, otro debilucho más, haz lo que quieras…no me interesa!–sin intimidarse en lo absoluto, el retoño de Bulma Briefs se mantuvo indiferente.
El matón apretó sus dientes al escuchar el tono retador de Trunks, y al ser un hombre sin escrúpulos, no se perturbó con la posibilidad de bañarse con la sangre de un mocosuelo. Su dedo se deslizó tocando el gatillo, una mueca vil se creó en su faz al ir presionando el disparador. Por su parte, Trunks mentalmente decidió desatar su picardía al jugar con ese sujeto.
Sin que lo esperara, el chico con un vertiginoso salto se propulsó a las alturas en menos de un parpadeo, esquivando la bala que amenazaba con liquidarlo. Atónito, el individuo armado inspeccionó sus alrededores sin dar con Trunks, de repente sus oídos captaron el sonido de una risa burlona proveniente de las blancuzcas nubes.
– ¿Me buscabas? –orientando sus globos oculares a la atmósfera, lo localizó flotando invertido mientras continuaba riéndose.
– ¡Es un…es un monstruo! –impresionado al verlo levitar, él se dejó dominar por su asombro reutilizando su fusil en repetidas ocasiones.
La boca de esa carabina escupió una letal lluvia de veloces municiones, las cuales pese a su aceleración no fueron rival para la agilidad de Trunks, quien los esquivó sin ningún contratiempo. Respondiendo a las agresiones, el descendiente de Vegeta se esfumó desvaneciéndose enfrente de la mirada desconcertada del corpulento criminal.
Como efecto de acrecentar su rapidez, Trunks aparecía y se evaporaba del paisaje mientras le hacía gestos burlescos con su rostro. Aquello continuó así por unos minutos, hasta que finalmente el hijo de Bulma no volvió a materializarse más. Goten no perdía de vista las acciones de su camarada, sin duda él era el contrapeso que su monótona existencia necesitaba.
– ¡Oye tonto, mírame…aquí estoy! –Lo desafió juguetón– ¡ven grandulón, atrápame si puedes!
Al darse la vuelta, el bellaco se encontró de frente con el trasero desnudo de Trunks moviéndose rítmicamente de un lado al otro haciendo mofa de él. Rabioso, accionó el percusor de su rifle pero éste no funcionó al haber quedado completamente descargado. Inesperadamente, una violenta sacudida hizo vibrar su vientre cayendo de rodillas al rocoso pavimento.
Delante del bribón, Trunks se hallaba parado con su puño derecho enterrado profundamente en el estómago de ese desdichado gánster. Dando un suave resoplido, el próximo dueño de la Corporación Cápsula vislumbró la estampida de ladrones que huían a toda prisa de allí. Con un sutil ademán, tanto Goten como él se desvanecieron en un santiamén.
Uno por uno, los integrantes del extinto ejército de Diecisiete iban besando el piso sin importar que hicieran para derrotar a esos dos vigorosos infantes. Sucesivamente las detonaciones de sus armas fueron apagándose, aquella agresiva milicia que doblegó a los oficiales de policía y que se apoderó de las carreteras de Ciudad Satán, quedó derramada por el suelo vendida y acabada.
– ¡Creo que este es el último! –Goku descendió al costado derecho de los niños, apilando más ladrones desfallecidos en la ya titánica montaña de bandoleros– ¡vaya, veo que Gohan no exageraba cuando dijo que habían muchísimos criminales sueltos!
– Sí, pero todos eran muy débiles–Trunks cruzó sus brazos algo decepcionado–no entiendo cómo Gohan no pudo vencerlos él solo.
Ante sus narices se erguía una colosal e infame loma, integrada por el sinnúmero de pistoleros abatidos que encabezados por Diecisiete se consideraban invencibles, y al caer éste, su propia caída era inevitable. Fácilmente podrían haberse ido dejándolos ahí apiñados, aún así, Goku no creyó correcto tal cosa y de inmediato los acomodó más compasivamente en el asfalto.
Justo al cargar al primero de los incontables malandrines avasallados, el esposo de Milk fue abrumado por una repentina reminiscencia que revivió las palabras que su primogénito le dio al grupo al culminarse la contienda.
– ¡Finalmente acabó, el infierno de Diecisiete se terminó! –Gohan declaró susurrante, al contemplar los restos corpóreos del cazarrecompensas, quizás él ya no estaba allí pero sus atrocidades continuaban latentes quedando éstas evidenciadas en el diezmado panorama urbano–pero detener a Diecisiete sólo era la punta de la lanza, aún faltan más cabos por atar.
– ¿A qué te refieres? –Goten le interrogó.
– No puedo regresar al castillo dejando una ciudad demolida detrás de mí, deseo marcharme sabiendo que todo volvió a la normalidad–alegó mirando a su prometida y a Mr. Satán, quienes no escondieron su tristeza al mirar su poblado natal rebajado a migajas.
– Eso no es ningún inconveniente, llamaré a casa pidiendo ayuda, en menos de un abrir y cerrar de ojos, Ciudad Satán estará como nueva…ya lo verán–Bulma afirmó confiada al sacar un teléfono de su bolsillo.
– ¿Lo dices en serio? –Gohan no ocultó su mezcla de alegría con duda.
– ¿Acaso no sabes quién soy? –presumió ligeramente molesta–no por nada soy la mente más brillante del planeta, déjenme esto a mí, yo me haré cargo de todo–utilizando su dispositivo de comunicación móvil, se puso en contacto con su compañía en la Capital del Oeste, la cual emplearía su poder industrial al servicio de los desventurados conciudadanos de Videl y Mr. Satán.
– ¿Papá, puedo pedirte un favor? –Gohan haciendo caso a la afirmación de la peliazul, reubicó su atención en su progenitor.
– Claro hijo, de qué se trata.
– Por culpa de Diecisiete cientos de prisioneros de la penitenciaria quedaron en libertad, además, muchos otros secuaces suyos siguen por ahí… ¿podrías buscarlos a todos y atraparlos?
– No suena tan difícil, sí está bien, lo haré.
– ¡Yo también quiero ayudar! –Goten saltó provocando risas en los adultos.
– ¡Y no se olviden de mí! –Trunks más ecuánime, secundó la petición de su nuevo amigo.
– Pueden venir conmigo si quieren–Son Goku les indicó para su fortuna.
– ¿En qué piensas hija? –Mr. Satán al ladearse, notó esa expresión en Videl que denotaba preocupación.
– Cuando la ciudad sea reconstruida, muchas personas comenzarán a hacer preguntas–la jovencita de coletas, argumentó capturando el interés de los ahí reunidos– ¿cómo les explicaremos la derrota de Diecisiete y la estruendosa batalla?...simplemente no podemos fingir que nada pasó, una tragedia tan grande como esta no se puede olvidar con facilidad.
– Es verdad, aunque sería conveniente que no supieran algunos detalles–el sucesor del Rey se mantuvo en silencio, hasta que una idea lo estremeció obligándolo a chasquear sus dedos– ¡ya sé, tengo la solución…Mr. Satán nos ayudará!
– ¿Quién, yo? –sin comprender, el campeón del mundo lo miró.
– Así es, puedo sentir numerosos ki en esa dirección–Gohan señaló apuntando con su mano–es probable que sean los habitantes de la ciudad que se van creyendo que no hay salvación, tenemos que evitar que se alejen más…
– ¿Y yo qué tengo que hacer? –el alcalde le cuestionó.
– Vaya y deténgalos, no permita que se marchen–el principesco jovenzuelo, empezó a desmenuzarle su plan a su suegro–y si es necesario, dígales que usted derrotó a Diecisiete y con eso nuestra participación en la pelea quedará cubierta…
– ¡Qué tonterías dices, no puedo hacer lo que me pides! – Mr. Satán exclamó reacio, cargar en su espalda el peso de esa victoria era demasiado…incluso para él–me prometí a mí mismo no volver a ser un farsante, lo siento chico pero tendrás que pensar en otra cosa.
– Papá por favor piénsalo, sabes muy bien que ellos nunca dudarán de la palabra del campeón mundial–la justiciera de melena azabache trató de persuadirlo, al captar las sutiles intenciones del pelinegro.
– Se lo pido Mr. Satán, sé que es una mentira pero es la mejor opción–Gohan le aseveró con voz suplicante–yo vine aquí siendo un don nadie y me gustaría irme igual…se lo ruego, ayúdeme.
– De acuerdo muchacho, lo haré–rascando su enorme barba, el padre de la ojiazul aceptó–sólo espero que funcione…
Siguiendo las indicaciones de su nuevo yerno, Mr. Satán caminó apresurado en procura de darles las buenas noticias a los demás habitantes de Ciudad Satán. Para él, no tenía importancia quién se quedara con el crédito del triunfo…solamente le interesaba que su vida, la de su hija y la de los restantes ciudadanos retornara a ser la que era.
– Vamos niños, regresemos–Goku saliéndose de sus pensamientos, comenzó a elevarse liberándose de las cadenas de la gravedad.
Al iniciar su recorrido, Goten y Trunks le siguieron de cerca sobrevolando la aplastada ciudad. En un instante, su curiosidad se desvió a su izquierda detectando el desmedido mar de gente que se abalanzaba a la escuadrilla de aeronaves provenientes de la Capital del Oeste. Bulma una vez más se ganó su admiración, en muy poco tiempo el socorro que prometió ya había llegado.
Seguidamente, Son Goku no tardó en divisar el escondite que refugiaba a Gohan junto a sus acompañantes. Aterrizando silentemente, fue recibido por los calurosos mimos que su cónyuge le obsequiaba. Milk sintiéndose como una adolescente otra vez, no se despegaba de su marido evocando sus años de juventud donde ambos aprendieron lo que era ser una pareja.
Gohan al verlos tan unidos sonrió, aunque pronto la seriedad se plasmó en sus facciones. Una seriedad que desconcertó a Goku al notarla, confundido se giró buscando una explicación en su esposa quien respiró resignada sabiendo que no existía manera para hacer cambiar de opinión a su hijo mayor. Adelantándose a la pregunta que Goku formulaba, Picorro le acotó:
– Gohan no volverá con nosotros, él se quedará acá un poco más–el guerrero de piel verdusca aclaró el origen de ese ambiente serio.
– ¿Pero por qué? –Goku objetó mirando a Gohan–creí que todo estaba resuelto, no entiendo.
– Aún me faltan algunas cosas por hacer en Ciudad Satán, la intervención inesperada de Diecisiete y su hermana sólo complicó mi estadía–el heredero al trono puntualizó–tengo pensado volver, de eso no tengan la más mínima duda, solamente que aún no puedo irme.
– Si te refieres a reconstruir la ciudad, Bulma dijo que…
– No hablo de eso papá, verás, hay otros asuntos que debo atender antes de regresar a casa–Gohan lo interrumpió–es una historia demasiado complicada para resumirla, pero en los meses que viví aquí conocí a tantas personas que me es difícil no recodar a una sola…para bien y para mal, compartí con ellos casi medio año, me conocen o creen conocerme–razonó pensando en las falacias que empleó para proteger su auténtica identidad–si me voy con ustedes ahora, ellos se preguntarán dónde estoy y qué pasó conmigo…
– ¿Pero Gohan, qué pasará con la ceremonia de coronación? –Krilin le debatió, aquella cuestión era la que los hacía correr contra el reloj–la ley dicta que debes ser coronado justo al celebrarse tu cumpleaños, además, recuerda que tu abuelo ya ha esperado mucho, es necesario que lo releves de sus funciones.
– Lo sé, lo sé, no me he olvidado de eso para nada–contestó el chico de cabellos puntiagudos–pero insisto, primero solucionaré las obligaciones pendientes que debo atender y luego regresaré al reino.
– ¿Y cuánto tardarás en solucionar esas obligaciones pendientes? –Milk se unió a las interrogantes.
– Eso lo ignoro, podría demorarme unas semanas o quizás un par de meses.
– ¿Meses? –Krilin alarmado gritó–eso es mucho tiempo, no sé si el Rey pueda resistir más.
– Mi padre es un hombre fuerte, sé que aguardará un poco más si es necesario–Milk increíblemente, defendió la decisión de Gohan–si bien no me gusta la idea, entiendo que no quieras irte sin acabar lo que empezaste…sólo prométeme que una vez finalizados tus deberes aquí, volverás deprisa a casa.
– ¿Y la ley…?–Krilin reiteró.
– Saben cómo soy, que las normas y mandatos se respeten al pie de la letra me complace–la soberana musitó–pero en ocasiones las leyes pueden doblarse, incluso romperse, y por eso haré una pequeña excepción…
Krilin asintió.
– Desconozco lo que piensas hacer hijo, pero ve y hazlo, únicamente te ruego que no te demores tanto–pese a querer tenerlo a su lado, Milk finalmente comprendió que su primogénito ya no era un niño, Gohan se había convertido en un hombre, y ya era hora de soltar su mano para dejarlo caminar solo–tienes mi consentimiento, te estaremos esperando…los estaremos esperando a los dos–Milk se corrigió al mirar a Videl.
– Gracias mamá, muchas gracias…
Hace seis meses, sus opiniones y propósitos eran completamente incompatibles. Una lucha de poderes se libró, generando que tanto reina como príncipe chocaran llegando al punto de casi desgarrar totalmente el vínculo que los ligaba. Y por ende, él fraguó a escondidas de ella, un viaje que lo conduciría a conocerse a sí mismo derrotando los demonios que lo aprisionaban.
En un principio, su ausencia fue tomada como un acto de desobediencia y rebeldía. No obstante, en el fondo lo que más le dolió a Milk, fue saber que él se marchó sin tan siquiera decir adiós. Para una madre, sin importar las circunstancias que los dividan, es infinitamente doloroso no estar allí para desearle buena suerte en su aventura a su retoño.
A pesar de alejarse de él por segunda vez, la cortesana experimentó una profunda paz que aminoró la tristeza de autorizar su partida. En contraste con el pasado, los dos se tuvieron la paciencia para comentarse sus planes. Ya no habrían mentiras de por medio, ni falsas excusas justificando una separación que se prolongaba con cada alba y atardecer.
– ¿Entonces qué sigue? –Goten halando el pantalón de su padre le preguntó.
– Nos vamos a casa Goten, nos vamos a casa.
– Señor Picorro–Gohan le conversó–no descuide a Dieciocho, pienso estar allí cuando sea juzgada.
– No te preocupes, no le quitaré los ojos de encima–expuso el peleador verde, quien miró de soslayo a Krilin–pero algo me dice, que alguien más la estará vigilando con muchísima atención.
– ¡Aguarden! –Bulma los detuvo–podrías decirnos dónde queda la Tierra del Fuego, así podremos visitarlos.
– De seguro ya sabes dónde se ubica, esa región solía llamarse Monte Frypan–Milk respondió–pero al repararse el castillo luego de incendiarse, el reino cambió de nombre con el anhelo de iniciar una nueva etapa olvidando el calcinante ayer.
– ¡El Monte Frypan! –La científica masculló, previamente a lamentarse sonoramente– ¡estuvieron allí todo el tiempo, cómo nunca pensé en buscar en ese lugar!
Por décadas, Bulma quiso descubrir el paradero de Goku y motivada por eso, emprendió varias búsquedas en las montañas Paoz tratando de dar con él. Le parecía natural y lógico buscarlo en esa área, ya que fue ahí donde se conocieron. Míseramente para ella, sus expediciones en el selvático paraje montañoso jamás dieron frutos manteniendo la ubicación de Goku en el misterio.
– Bueno, creo que ya es hora de irnos–Goku rodeó la cintura de Milk con sus brazos, preparándose para emprender el vuelo.
– Goku, hay tanto que quisiéramos hablar contigo–Yamcha se le acercó, en señal de despedida ambos estrecharon sus manos.
– Esto no es un adiós, es sólo un hasta luego–el luchador de rizos negros y alborotados les dijo, Bulma sintió sus mejillas humedecerse, detrás de sus gafas oscuras el maestro Roshi disimuló la pena que se formaba en él al verlo partir–vamos, no pongan esas caras, pueden venir a visitarnos cuando les plazca…y eso me recuerda, Bulma.
– ¿Sí?
– Dile a Vegeta que a él también lo estaré esperando, entrenaré mucho para poder tener nuestra pelea–sonriente, le declaró a la consorte el orgulloso peleador de corta estatura.
– Claro Goku, se lo diré, cuenta con ello–la peliazul posó sus muñecas en sus caderas–puedes estar tranquilo, te puedo asegurar que lo único que existe en su mente en este momento es luchar contigo, lo conozco como nadie, debe estar entrenándose ahora mismo.
– ¡Le deseo un buen viaje señora! –Videl igualmente se despidió de la aristócrata.
– Te lo agradezco cariño, y recuerda, cuando nos visites te recibiremos como lo mereces–Milk feliz le acotó a su futura sucesora–ya eres parte de la familia, uno de los nuestros…
– Krilin, trae el cuerpo de Diecisiete–Picorro, tosco y sin jovialidad, verbalizó con el hombrecillo calvo y sin nariz.
– ¿Quién llevará a Dieciocho? –replicó Krilin, sin lograr esconder su nerviosismo por la rubia.
– Yo la llevaré–Picorro la sujetó firmemente de uno de sus antebrazos, a la mercenaria parecía no importarle ya que no opuso la más minúscula resistencia–cuídate Gohan.
– Fue un gusto volver a verlo, señor Picorro.
– ¡Adiós hermano, adiós Trunks! –Goten vociferó alegre al flotar.
– ¡Adiós Goten! –Gohan y Trunks hablaron al unísono.
– Nos veremos pronto…–seguidamente Goku despegó encumbrándose en las alturas, Milk se aferró a él al percibir la descomunal aceleración que los empujaba hacia adelante.
Gohan desde tierra, los vio empequeñecerse en la lejanía a medida que se avanzaban. De manchas oscuras se convirtieron en puntos luminosos, y de puntos luminosos se tornaron fantasmas al desvanecerse de su vista. Al ya no ser capaz de distinguirlos, el principesco jovencito se volteó topándose con el rostro de la heroína pelinegra, la cual exhibía una expresión expectante.
Entrelazando sus manos fuertemente, los dos adolescentes observaron a la distancia la cuantiosa muchedumbre que se aglomeró entre los vestigios de la ciudad. Habiendo por fin vencido a sus tribulaciones para reencontrarse consigo mismos, tanto ella como él, podían mirarse directo a los ojos sabiendo que ya no existían barreras ni falsedades que los dividieran uno del otro.
Asimismo, Gohan sabía que esos serían sus últimos días como un chico común y corriente. Sus andanzas en Ciudad Satán, estuvieron marcadas por facetas inesperadas que delinearon su cruzada: temores y virtudes; héroes y villanos. Por consiguiente, rememoró al Gran Saiyaman, quien nació oportunamente para ayudarlo a enfrentar tales vicisitudes.
Y sintiéndose agradecido eternamente con ese defensor de la justicia, el heredero a la corona creyó conveniente darle las gracias antes de irse.
– ¿Bulma, podrías hacerme un favor?
Una vez más, las centellantes luces artificiales de la civilización retornaron pujantes. Ese era el primero de los muchos signos de vida, que irían materializándose progresivamente con el transcurrir los días. Hospedados en pequeñas pero cálidas casas cápsula, la población sobreviviente se regocijó al tener nuevamente un techo por arriba de sus cabezas.
Por segunda ocasión, Ciudad Satán se vio invadida por un monumental ejército. Un batallón de camiones y excavadoras, desfilaron por las agrietadas autopistas borrando con su trabajo las punzantes heridas que se abrieron paso sin clemencia. Tal como Bulma lo dijo, el poderío económico e industrial de su corporación levantaría de las cenizas aquella urbe maltrecha.
La lista de pendientes era casi infinita, pero sin amedrentarse por eso, Mr. Satán contempló boquiabierto el resurgir procedente del más allá de su amada ciudad. Sin apartar su mirada de sus alrededores, el flamante campeón percibió como era absorbido por una vorágine que le mostró sus más grandes cualidades así como sus mayores falencias.
Era un líder por naturaleza, las masas confiarían en sus mandatos sin cuestionarlo ni un ápice. Desde el auge de su popularidad adquirió esa inmensa potestad, una potestad que hasta este preciso momento comprendía con humildad. Fue arrogante y presuntuoso, Diecisiete sin sospecharlo lo destruyó simultáneamente a que lo renovó.
Debajo de esas gruesas capas de mentiras y vanidad, existía un caballero genuino que sólo pensaba en el bienestar de su más noble tesoro: esa criatura que evocaba con el azul de sus pupilas y el suave tono blanco de su piel, a la mujer que hacía tanto perdió para jamás recuperarla. Era ella el pilar que lo sostenía, era ella el ímpetu que lo empuja, ella era su hija.
– ¡Alguien se acerca! –escuchó Mr. Satán saliéndose de sus cavilaciones.
– ¡Es ella! –esa afirmación lo invitó a girarse, el danzar de esa melena oscura confirmó su presentimiento.
– ¡Es Videl! –y pensar que pronto la entregaría en el altar.
El máximo símbolo femenino de esa metrópoli, reapareció apaciguando las dudas con respecto a su existencia. Hallándose a muy poco de reintegrarse a la sociedad, Gohan se volteó mirándola disolviendo suavemente la unión de sus palmas. Ya tendrían una eternidad entera para nunca separarse, pero en ese instante, debían enfrentar la situación parados en distintas ubicaciones.
Al reunirse con su padre, Videl se vio envuelta en un sonoro torbellino de aclamaciones proveniente de sus más apasionados fanáticos. Su valentía la hizo transcender superándose a sí misma, su nombre se ganó el derecho de pertenecer a la inmortalidad. Lejos del tumulto, Gohan la miró brevemente antes de disponerse a terminar las páginas que aún tenía inconclusas.
Sus apreciados guantes y su ropa de batalla fueron relegados a una esquina, en ese lapso de concordia no se necesitaba a una guerrera. Fiel a su altruismo, Videl se integró a los esfuerzos de reconstrucción. En esta labor no fueron requeridos los puñetazos ni las patadas, ya no había enemigos a los cuales vencer.
Pese a ser una amante de las artes marciales, luego de librar la mayor pelea de su historia, Videl deseaba alejarse de la violencia buscando un trozo de quietud. Sosteniendo un cucharon y sirviendo sopa caliente para los hambrientos, la chica retomaba con una óptica más humanitaria su innata pasión por extinguir cualquier rastro de injusticia y maldad.
– Gracias dulzura, eres muy generosa–recibiendo el tazón con guiso humeante, una anciana le agradeció a la jovencita frente a ella.
– No hay de qué–Videl le contestó.
– ¡Videl…Videl!
Rompiendo su concentración, una voz femenina, chillona e insistente, vibró en sus tímpanos haciéndola girar a su derecha.
– ¡Ireza! –la ojiazul no se contuvo al sonreír, después de todo esa rubia parlanchina poseía un valor más grande que una simple amistad, era una hermana para ella. Ausentándose de su puesto, se encaminó a su encuentro.
– ¡Videl, gracias al cielo! –La delgada señorita, esquivó al correr a las demás personas que llenaban el camino– ¡creí que no volvería a verte, esto es un milagro…es un milagro!
– A mí también me alegra saber que estás bien–compartiendo un efusivo abrazo, el dúo de femeninas permitieron que la felicidad las maravillara–han pasaron tantas desgracias, que en ocasiones pienso que esto no es más que un sueño demasiado loco–la justiciera comentó.
– La última vez que supe de ti, Diecisiete te tenía como su prisionera y trató de asesinarte–Ireza haciendo memoria, recordó el horrendo espectáculo televisivo que el cazafortunas envió a cada televisor en kilómetros a la redonda.
– No te mentiré, pensé que iba a morir…incluso llegué a aceptar mi propia muerte–un escalofrío recorrió su espina dorsal al revivir esos minutos, viéndose a merced del mercenario y su horda de criminales, la esperanza se esfumó por completo de su ser.
– Tenemos que agradecerle a tu papá por salvarnos, no me imagino qué hubiera sucedido sin su intervención–Ireza, al igual que los restantes pobladores de Ciudad Satán, acogió la versión de que el alcalde se impuso sobre el maquiavélico par de cazadores de fortunas.
– Sí–sin saber qué decir, Videl soltó una nerviosa y frágil risa–finalmente regresamos a la normalidad.
– Sabes, sigo sin poder creer que los centros comerciales y las discotecas se destruyeron, pero que el edificio de la escuela aún se mantenga de pie–Ireza exclamó con algo de desdén–rayos, ni siquiera un demente egocéntrico puede destruir tal lugar, qué fastidio.
– Ni me lo menciones–rió, qué hermoso era sostener una conversación dedicada a temas cotidianos que no implicaban arriesgar la vida–con las bajas calificaciones que recibía asumí que reprobaría el año escolar–Videl ironizó con Ireza, a causa de sus constantes luchas contra el crimen y a sus discusiones enardecidas con su progenitor, sus deberes académicos quedaron olvidados en un plano casi que sin importancia.
– Mírale el lado amable, gracias a ese maniático de Diecisiete las clases se interrumpieron, los maestros no tendrán más remedio que aprobarnos a todos–la rubia confiada conjeturó–por fin nos graduaremos de la preparatoria, y eso me recuerda–curvó una ceja poniendo una mano en su barbilla–espero que reabran pronto las tiendas departamentales, tengo que comprar mi vestido para el baile.
Videl negó sonriente, Ireza definitivamente era un caso perdido. A pesar de haber vivido una de las experiencias más difíciles y atormentadores en su juvenil edad, la doncella de corta cabellera dorada ignoraba lo acontecido inquietándose por trivialidades tan insignificantes. Aún así, le encantaba su compañía, cómo iba a extrañarla cuando se marchara a la Tierra del Fuego.
"¡No puedo irme así, al menos tengo que decir adiós!"–meditó la heroína, en su pecho sintió un punzante dolor al imaginarse yéndose para quizás no regresar en muchísimo tiempo.
– ¿Qué pasa Videl, te sientes bien? –Indagó Ireza, al notar el abrupto cambio en su aspecto–repentinamente te pusiste muy pálida.
– Sí, estoy bien–mintió, tuvo que usar al límite su fuerza de voluntad para resistirse a platicarle la verdad–es que me gustaría descansar un poco, nada de qué preocuparse.
– ¿Nada de qué preocuparse? –Objetó con enfado–y ahí vamos otra vez, algunas veces te crees indestructible e invencible, no lo niegues, te conozco mejor que a ti misma–alegó al ver la expresión de su cara–ser la hija del gran Mr. Satán no te hace de acero, sígueme, continuaremos hablando en otra parte.
– ¡Alto, detente!–no consiguió oponerse al vehemente agarre de su esbelta camarada–prometí que ayudaría a servir la cena.
– Relájate Videl, ya has ayudado demasiado a esta ciudad…te mereces un descanso, te lo ganaste–y sonriendo pícaramente, Ireza se giró a susurrándole cerca del oído–ahh y no vayas a pensar que lo he olvidado, quiero que me cuentes cómo acabaron las cosas entre tú, el Gran Saiyaman y Gohan…
Videl se sonrojó tremendamente, por más rudeza que deseara aparentar en su exterior, por dentro, sus sentimientos la delataban. Al darse cuenta que no había forma de escapar del inminente interrogatorio de la rubia, la primogénita del campeón mundial maldijo mentalmente. Rezándole a todas las deidades del universo, la joven imploró sobrevivir a su chismosa amiga.
– Ahora sí, dímelo todo Videl y no olvides mencionar ni un sólo detalle–ocultas detrás de una dañada pared de ladrillos, Ireza dio rienda suelta a su incisiva curiosidad– ¿a cuál de los dos elegiste a Gohan o al Gran Saiyaman?
– Bueno, yo…–balbuceó apenada, pero mordiéndose la lengua y apretando los puños reunió agallas para responder, haciendo que la habladora Ireza enmudeciera–a los dos, los escogí a los dos.
– ¡Miren, es el Gran Saiyaman! –gritó emocionado un niño al señalar el cielo.
Paralelamente a que ambas féminas intercambiaban palabras, en una zona opuesta de la urbe, una figura resplandeciente apareció en el firmamento conquistando las miradas de los allí congregados. Mr. Satán, quien lideraba los trabajos de restauración de su hogar, se dio la vuelta enfocando su atención en el extravagante superhéroe que se dirigía hacia su posición actual.
No obstante, al cabo de unos instantes sus retinas descubrieron que el peculiar paladín del orden no se hallaba solo. Columpiándose por debajo de éste, oscilaba una interminable cadena humana la cual era constituida por cada uno de los cientos de criminales que aterrorizaron la ciudad. Gracias a la previa ayuda de Goku y los niños, a Gohan le fue relativamente fácil capturarlos.
Algunos continuaban inconscientes, otros apenas despertaban enterándose de su irremediable realidad. Descendiendo lentamente, el héroe enmascarado aterrizó en medio de una bulliciosa ovación que le dio la bienvenida. Estando resguardados por la visera de su casco, los ojos del príncipe se desviaron a un costado mirando silentemente a la peliazul que le sonreía orgullosa.
– ¿Bulma, podrías hacerme un favor?
– Claro Gohan, siendo el hijo de Goku no es necesario que me lo preguntes–Bulma replicó en un santiamén, habiéndose reencontrado con su viejo amigo, ella ya veía a Gohan de una manera más familiar– ¿qué necesitas, pídeme lo que quieras?
Videl lo miró sin comprender, qué pretendía Gohan.
– Como dije antes, tengo algunas cosas inconclusas que debo finalizar, cuando me disfrazaba del Gran Saiyaman usaba un reloj especial, pero el que tenía se dañó y ya no funciona...
– ¿Acaso quieres que lo repare? –la científica dedujo acertadamente.
– Sí–respondió–Videl ya lo explicó, los demás pobladores empezarán a hacer preguntas tarde o temprano, y una de ellas será qué pasó con el Gran Saiyaman, pretendo darle una despedida digna, él me fue de enorme ayuda cuando más lo necesité, lo menos que puedo hacer es darle las gracias.
– Entiendo, lo que pides es sumamente sencillo, después de todo, ese dispositivo para fiestas fue diseñado por la Corporación Cápsula–Bulma puntualizó, su empresa creaba y distribuida una gigantesca colección de distintos productos para el consumo público–dámelo, en una hora estará como nuevo.
– ¿En sólo una hora? –Incrédulo cuestionó– ¡cielos, eres toda una genio!
– Eso ya lo sabía–dijo ligeramente vanidosa al juguetear con su cabellera.
Gohan le entregó su reloj depositando su fe en la científica, la cual sacó de uno de sus bolsillos un pequeño desatornillador antes de examinar el diminuto artefacto tecnológico. Dejándole esa encomienda a la madre de Trunks, el heredero a la corona real dejó que su prometida atendiera sus propias interrogantes mientras él hacía lo mismo con sus respectivos pendientes.
Al encontrarse solo y alejado de la multitud, el pelinegro evocó una a una sus vivencias en Ciudad Satán. Llegó allí fingiendo ser alguien sin valor, financiándose apenas con unos cuantos centavos. Ante la total falta de efectivo para sostenerse por su cuenta, hizo lo que cualquier otro individuo haría: buscar un empleo.
Un cocinero, quién lo diría. Esbozó una sonrisa al recordar sus primeras intervenciones ahí, si bien empezó trapeando los pisos, se ganó la confianza de sus superiores ascendiendo en pocas semanas. Recordaba con nitidez sus infructuosos intentos por preparar una mera hamburguesa, reviviendo plenamente las ardientes quemaduras que la parrilla del restaurante le obsequiaba.
Y no sólo en Mc Burger, sino también, en la preparatoria. Debía decirles adiós a todas esas personas que le enseñaron lo que era tener una vida normal, ser uno más, sin recibir reverencias cada cinco segundos. Por ende, eso traía nuevamente a sus cavilaciones la pregunta de qué hará con Videl cuando llegué el momento de partir de Ciudad Satán.
Para él era no será difícil, al no ser su lugar natal ningún nexo sentimental lo amarrará a ese sitio. Sin embargo, para ella marcharse de allí por muchísimos años, quizás para el resto de su existencia, resultará en una experiencia en definitiva durísima. Al no tener la cercanía de sus amigos y su padre, Videl podría empezar a odiar su presencia en la Tierra del Fuego.
Al reflexionar, comprendió que sería muy egoísta si regresa al reino sin dejarla despedirse apropiadamente de la ciudad que la acogió desde su nacimiento. Conociendo claramente la intensa preocupación de Videl por la justicia, deseaba darle la tranquilidad de saber que al irse los criminales y mafiosos no se aprovecharán de su indefinida ausencia.
Y él sonrió al conocer al único individuo que podía hacer tal cosa. El Gran Saiyaman, aquel personaje que inventó solamente para protegerla a ella, cargará con el peso de limpiar la mugre por una última vez.
– ¡Oye Gohan, ya está listo! –Bulma rompió sus pensamientos.
– ¡Qué, tan rápido!
– Te dije que sólo necesitaría una hora–la esposa de Vegeta, expendió su mano devolviéndose el aparato de minúsculas dimensiones.
– ¿Ya pasó una hora?...ni siquiera me di cuenta–al pensar, el tiempo perdía su acostumbrada proporción.
– Anda, pruébatelo–Bulma insistió, Trunks se acercó a su madre por su costado mirando al hermano de Goten con expectación.
– Enseguida–Gohan presionó el botón rojo, y en menos de un santiamén su vestuario titiló siendo reemplazado por el inconfundible uniforme del superhéroe enmascarado– ¡es fantástico, quedó como nuevo…muchas gracias Bulma!
– No hay de qué.
Despidiéndose con un ademán, el álter ego de Son Gohan despegó perdiéndose en la lejanía. Tal y como lo había decidido, le daría un regalo que para la primogénita de Mr. Satán, valdría más que cualquier joya o collar. No tardó en divisarlos desde la gran altura en la que se situaba, acostados uno al lado de otro, las decenas de bandoleros yacían tendidos en el rocoso suelo polvoriento.
Uno a la vez los fue atando entre sí, y hecho esto, emprendió el vuelo hacia el área donde se ubicaba el alcalde junto a sus coterráneos. El gentío no se demoró en verlo, escuchando sus vítores fue bajando gradualmente hasta posar ambos pies en el piso. Mr. Satán, quien se encontraba acompañado de Bulma, fue el primero en hablarle directamente.
– ¡Gran Saiyaman, qué gusto verte de nuevo! –sabiendo perfectamente quién era, su suegro fingió desconocer su identidad.
– Digo lo mismo Mr. Satán, me tranquiliza que finalmente Diecisiete fue derrotado–Gohan les aseguró utilizando su falsa voz heroica–lamento muchísimo no haber podido detenerlo antes de que hiciera de las suyas, luché con todo lo que tenía pero ese granuja me superó…pero sin su ayuda Mr. Satán, no hubiera escapado de su cautiverio.
– ¡Ahh no fue nada Gran Saiyaman, ese patán nunca fue un obstáculo para mí! –continuando con el encubrimiento previamente acordado, el campeón mundial de las artes marciales se acreditó una victoria más para su palmarés.
– Señor alcalde, traigo conmigo a todos y cada uno de los secuaces de Diecisiete que integraban su ejército–Gohan le entregó la cuerda que los unía–sé que usted se encargará de que sean juzgados por sus crímenes.
– Gracias Gran Saiyaman, así será–él giró mirando a la muchedumbre congregada–estas sabandijas recibirán el castigo que merecen, aprenderán que nadie se mete con nuestra amada ciudad y se sale con la suya.
– ¡Satán, Satán, Satán, Satán! –coreó en sincronía los ahí reunidos, esos vulgares infractores de la ley pagarían las fechorías que cometieron, los robos, hurtos, saqueos, y demás delitos, esta vez no escaparían de la luz de la justicia.
– ¿Qué piensas hacer ahora, Gran Saiyaman? –Mr. Satán le consultó al dirigirse a él.
– Momentáneamente, sólo me interesa ver de pie a la ciudad, hay mucho trabajo por realizar–flotando levemente, el príncipe disfrazado se preparó para retirarse– ¡no hay tiempo que perder!
Gohan voló por encima de los sobrevivientes generando más ovaciones para él, su semblante alegre se endureció al doblar su mirada hacia las ruinas de la metrópoli. Demostrando su tremenda fuerza, el Gran Saiyaman fue levantando los pesados vestigios de los rascacielos demolidos limpiando en su totalidad la superficie terrestre.
Detrás de él, los equipos de construcción de la Corporación Cápsula emprendían la ardua tarea de erguir nuevamente los edificios colapsados. Esa fue la tónica durante el transcurso del día, Gohan fue borrando el paisaje de perdición mientras las carreteras eran pavimentadas, haciendo que los caminos se interconectaran restaurando las arterias de la renaciente urbe.
Al tratarse de un emblema para ellos, las pupilas de los habitantes se maravillaban con los actos que ese héroe salido de las historietas. Pese a eso, un joven caballero lo observaba con cierta desazón en su interior. Cómodamente recostado sobre una roca gigante, Shapner seguía con cuantiosa atención sus movimientos a través de las nubes.
Liberó un largo suspiro, habiendo terminado el cataclismo desatado por el mercenario ya no tenía sentido lamentarse por el pasado. Las circunstancias hacían indicar que volvería a ser el de antaño, un chico atlético y bien parecido, una celebridad escolar, o al menos, hasta que se gradúe de la preparatoria recordando su época dorada al ver su fotografía en un descolorido anuario.
– ¡No! –Shapner gritó– ¡quizás no haya salvado a la ciudad, pero no me quedaré olvidado en las sombras!
Retomaría sus planes, él se convertiría en alguien de relevancia sin nada que envidiarle al campeón o a su hija. Volteándose a su derecha, notó un destello proveniente de entre las piedras que le daban su compañía. Se agachó tomando con cuidado el trozo de vidrio que reflejaba la brillantez del sol, mirándose el adolescente contempló sus mejores ángulos al sonreír.
Era un joven atractivo, acabaría siendo un desperdicio sino aprovechara su belleza física de alguna manera–eso creía él–y dejándose llevar por ese afán se imaginó modelando o incluso actuando en algún éxito del celuloide. El destino poseía métodos muy extraños para actuar, para cambiar la vida de tantos era necesario primeramente destruir la anterior.
– ¡Shapner, Shapner, Shapner! –una trinidad de voces masculinas aparecieron súbitamente llamándolo.
– ¿Qué? –Dio un vistazo reconociendo a los tres individuos que se le acercaban–son ustedes trío de inútiles, aunque no lo crean me alegra verlos vivos.
– ¡Shapner, en verdad eres tú! –Jin alegó al tenerlo cara a cara.
– Creímos que habías muerto–Tetsu le comentó, como consecuencia de la conquista de Diecisiete, ellos y el rubio se distanciaron ignorando lo qué sucedió con él.
– No sean estúpidos, yo jamás moriría por culpa de un psicópata–manifestó como réplica.
– Shapner, si te interesa, Videl está…–Shun recordando la obsesión de Shapner por la justiciera, se la mencionó creyendo que la noticia le agradaría.
– ¡No me importa, Videl ya es historia antigua para mí! –les dijo sorprendiéndolos, cualquier capricho, sea cual sea, termina por marchitarse irremediablemente.
– ¿Oye espera, adónde vas? –Jin le preguntó al verlo caminar con tanta calma, eso no conjugaba con el Shapner que conmemoraba.
– Voy a dar un paseo, nos vemos después–Shapner acotó al marcharse en completo silencio.
Avanzando sin mirarlos, el que estuvo a muy poco de consolidar su compromiso con Videl Satán, posó una de sus botas en el borde de una colina, desde allí vislumbró la puesta del astro rey, al empezar el brillo de las estrellas se convenció de que él se transformaría en una de ellas. Ningún impedimento, lo haría renunciar a lo que catalogaba como su genuino y sublime designio.
Se superaría a él mismo, no porque deseara ser más que Videl o Gohan, sino, por el simple hecho de sentirse satisfecho por su propio esfuerzo. Un Shapner renovado, se dibujaba en el horizonte.
La negrura del anochecer se apoderó del cielo con su manto de constelaciones, una reconfortante quietud muda se esparció por el campamento de los pobladores de Ciudad Satán. Guarecidos en la intimidad de sus hogares cápsula, la mayoría se sumergió en el universo onírico olvidándose del doloroso ayer. Un nuevo y prometedor mañana les esperaba, para todos sin excepción.
Fugaces y delgadas gotas de lluvia empezaban a caer, una infinidad de charcos nacieron en las grietas del asfalto robándole su brillo a la luna. Una silueta bajó de entre la nubosidad plateada tocando tierra en un santiamén, presionando el botón azul de su reloj, Gohan se despojó de su uniforme de Gran Saiyaman retornando a ser su auténtico yo.
Gohan inclinó su faz hacia arriba, con pausa el rocío lo fue humedeciendo aliviando sus labios secos. Él le agradeció a la providencia esos instantes tan pacíficos, no obstante la intensidad de la precipitación se fue incrementado. Al verse en medio de los varios refugios obsequiados por Bulma, el príncipe se dio cuenta de un detalle minúsculo pero monumental a la vez.
– ¡Diablos, cómo no pensé en eso antes! –dándose una palmada en el rostro, el chico se percató del grave descuido que cometió.
Definitivamente era hijo de su padre, por más sobresaliente que fuera en cuestiones académicas en otros escenarios el carácter despistado que Goku le heredó salía a flote. Su anhelo de ver restaurada la ciudad fue tan profundo, que no pensó en dónde viviría mientras tanto la metrópoli era edificada por segunda vez.
Un ruidoso rugido originario de su vientre retumbó en sus oídos, su estómago le demandaba ser saciado cuán pronto sea posible. Cerró sus párpados captando el ki de Videl, deseando estar con ella se orientó en su dirección guiándose por la firma energética que su cuerpo emanaba. Su travesía finalizó al hallarse frente a una puerta, levantando su puño la golpeó de inmediato.
– ¿Quién es? –Mr. Satán en el extremo opuesto de la portezuela, se asomó encontrándose con el muchacho que pidió la mano de su Videl.
– Soy yo, Mr. Satán–Gohan le afirmó al verle– ¿puedo pasar, la lluvia se está haciendo más fuerte?
– Claro pasa, estábamos terminando de cenar–extendiendo su brazo en señal de invitación, el alcalde lo recibió.
– Se lo agradezco mucho.
Al cruzar el umbral de la entrada, Gohan no pudo evitar recordar la ya inexistente mansión que el campeón poseía. Aquel hombre habituado a la grandeza y a los lujos, ahora se hospedaba en una sencilla morada sin sirvientes que le atiendan ni mimen. Aún así, en su rostro no se notaba ni una pizca de molestia, por el contrario, eso le producía una tranquilizadora armonía interna.
– Lamento interrumpir señor, pero no tengo donde pasar la noche–apenado le explicaba sin apartar su vista del alcalde, cuando sus afirmaciones se congelaron al verla a ella sentada en la mesa.
– ¿Por qué no me sorprende? –Videl con una mezcla de humor e ironía suave lo recibió, cómo un sujeto destinado a dirigir a una nación entera podría ser tan distraído, indiscutiblemente él era único en el mundo– ¿y tienes hambre, no es así?
Un gruñido respondió sin que Gohan pudiera formular otra contestación.
– ¡Vaya Videl, se nota que ustedes son uno para el otro! –una voz chillona sorprendió al primogénito de Son Goku– ¡lo conoces a la perfección!
– Ireza…–pestañeó al reconocer a la jovencita rubia junto a su prometida.
– Hola Gohan, me alegra verte de nuevo–la rubia lo saludó sonriente–permíteme felicitarlos a ambos, no puedo esperar por la boda–dándole un guiño la chica blonda puntualizó con picardía– ¿me van a invitar, verdad?
– ¿Qué dijiste? –Sobrecogido, Gohan se petrificó al escucharla– ¡no sé de qué hablas Ireza!
– Gohan, no necesitas seguir mintiendo–Ireza habló con una seriedad no propia de ella–Videl me contó todo, sé la verdad, y me imagino lo que estás pensando…no te alteres, puedes estar tranquilo, yo guardaré el secreto–le prometió, aunque la fama de chismosa que poseía no le inspiraba mucha confianza en ella.
– Ahora sí, dímelo todo Videl y no olvides mencionar ni un sólo detalle–las palabras de Ireza revivieron en la mente de Videl– ¿a cuál de los dos elegiste a Gohan o al Gran Saiyaman?
– Bueno, yo…–en ese instante, experimentó una avalancha de dudas que la abrumó encegueciéndola por unos segundos, pese a ver finalizado la pelea contra Diecisiete, Videl continuaba sintiéndose presionada por ocultar una realidad tan aplastante, deseaba liberarse, Ireza era como su hermana, una confidente en la cual depositar su fe, y sin más abrió la boca–a los dos, los escogí a los dos.
– ¿Los escogiste a los dos? –Ireza no comprendió al inicio, progresivamente una idea algo mordaz se formó en sus cavilaciones– ¿no me digas que estás con ambos al mismo tiempo?
– Se podría decir que sí–sonrojada contestó.
– ¡Videl…Videl! –Ireza exclamó incrédula, la pelinegra siempre había sido tan cerrada en esa clase de temas, constantemente se refugiaba de su dura caparazón negando el más ínfimo interés amoroso por un chico, y ahora, soltó la bomba reconociendo que salía no sólo con uno, sino asimismo, con otro simultáneamente– ¿pero cómo, no me lo creo?... ¡tú con dos hombres!
– ¡No es lo qué estás imaginando! –avergonzada al vaticinar la causa de su perplejidad, se levantó enseguida borrando esa imagen mental tan bizarra y equivocada–escúchame, Gohan y el Gran Saiyaman son…son…
– ¿Gohan y el Gran Saiyaman son qué? –indagó Ireza.
– Son…son…son…son…–siguió balbuceando.
– ¿Son qué? –desesperada alzó el tono de sus vocalizaciones.
– ¡Son la misma persona, Gohan y el Gran Saiyaman son la misma persona! –replicándole de igual manera dejó pasmada a la rubia.
– ¿No me estás mintiendo?
– Es cierto, créeme–Videl alegó–recuérdalo, anteriormente me habías dicho que Gohan se desaparecía misteriosamente de la escuela cuando aparecía el Gran Saiyaman, en un principio la mera idea me sonaba ridícula pero con el pasar de los meses, al estar a solas con cada uno fui notando sus similitudes hasta que él lo aceptó.
– ¡No, no puede ser! –Negando con la cabeza retrocedió un poco–pero si Gohan es un chico tímido y cobarde, él jamás podría ser un superhéroe…aún menos tener la capacidad de volar y tener una fuerza sobrehumana.
– Eso es precisamente lo que él quería que pensáramos, pero debajo de esa apariencia débil y ordinaria se encuentra alguien con facultades que desafían a la lógica–tratando de persuadirla, ella le explicó aunque Ireza continuaba con su desconfianza–Gohan también me entrenó, me mostró como volar igual que él.
– Lo siento Videl, es que por más que lo pienso no puedo imaginarme a Gohan como el Gran Saiyaman.
– ¡Aguarda ahí, te lo demostraré, observa! –concentrando su ki Videl flotó varios centímetros en el aire quedando allí suspendida, provocando que los globos oculares de su camarada casi terminaran fuera de sus cuencas.
– ¡Estás…estás…volando! –estando a punto de desmayarse por la impresión, Videl aterrizó de repente tomándola por sus hombros.
– ¿Ahora me crees? –le cuestionó–Gohan me enseñó a hacer esto.
– ¡Es imposible, no puede ser! –Boquiabierta aseguró– ¡todo este tiempo él era…!
– Y aún hay más–nerviosa jugó con una de sus coletas– ¡Gohan me propuso matrimonio y yo acepté, nos vamos a casar! –Videl extendió su mano, haciendo resaltar la reluciente sortija en su dedo.
– ¡Qué! –Ireza gritó, inmediatamente se pellizcó una mejilla poniendo a prueba su lucidez, aquello debía tratarse de un sueño en demasía descabellado– ¡esto tiene que ser una alucinación, sí, eso debe ser, no existe otra explicación!
– Ireza, quieres dejar de decir tantas tonterías–le dialogó con una expresión seria–estoy tratando de decirte algo muy importante.
– ¿Todavía hay más? –sintiéndose parada en el margen de un hondo barranco, Ireza era aplastada por las enormes revelaciones que la justiciera adolescente iba expresando.
– Gohan no es un chico común como creíamos cuando lo conocimos, él es un príncipe, y al casarnos yo me convertiré en su reina…
Ireza se esforzó por digerir el concepto de que Gohan se disfrazaba convirtiéndose en un superhéroe, inclusive llevó al máximo su capacidad de razonamiento para abrazar la noción de que su mejor amiga iba a contraer nupcias con el jovencito de cabellos azabaches y puntiagudos, no obstante, la estampa de que Gohan era miembro de la realeza resultaba demencial.
De sus delineados labios una risa sonora se fugó, no era usual que Videl fuera tan bromista. En las facciones de ambas se observaban gestos opuestos, en una la jovialidad desatada por un destello de lo que aparentaba ser comedia ante la seriedad estoica de la contrariedad. Ireza fue apagando sus carcajadas al percibir la penetrante mirada de Videl, ella no se reía para nada.
Respirando calmadamente para desahogarse, la heroína reiteró sus alegatos narrándole con toda la precisión posible. Ireza de a poco fue tomando en serio a la pelinegra, al escuchar su relato de los eventos que estuvieron detrás del apogeo y caída del mercenario. Al cabo de unos cuantos minutos de plática, la rubia se zambulló en la afonía al no saber qué opinar.
– ¡Vamos Gohan, no te inquietes! –La ojiazul le adivinó sus pensamientos–cuando me confesaste lo que escondías, me dijiste que ya no querías más mentiras…y yo siento lo mismo, los últimos meses han sido excesivamente sorprendentes como para asimilarlos en silencio, tenía que desahogarme un poco de esa presión, además, Ireza es de mi total confianza, no podía ocultarle algo tan grande como esto.
– Te seré honesta Gohan, aún me cuesta creer algunas partes de la historia que Videl me dijo–lo miró cruzándose de brazos–pero lo repito, no le contaré a nadie nada de esto…nada.
– Disculpa mi desconfianza Ireza, es sólo que no deseo ser descubierto–Gohan afirmó con pasividad–comprendo lo mucho que ustedes dos se aprecian, y eso lo respeto, así que comprendo la razón por la cual le dijiste todo Videl, tranquila no me molesta–el chico desvió nuevamente su atención a la rubia parlanchina– ¡y no hace falta que lo preguntes, claro que estás invitada!
Las retinas de Ireza relucieron de felicidad, siendo una chica muy afín al romance, la idea de presenciar una ceremonia de ese tipo era sin duda un evento que no podía perderse. Las sonrisas no tardaron en ir y venir entre ellos, habiéndose finalmente desecho de Diecisiete cualquier temática por más ínfima que fuere era motivo de hilaridad.
Un segundo ronquido tronó en la habitación, acrecentando el ambiente cómico en los presentes.
– Vamos muchacho siéntate, debes estar muriéndote de hambre–Mr. Satán le brindó un asiento en la mesa, antes de dirigirse a la cocina.
Videl, Ireza y Gohan permanecieron en sus lugares charlando de trivialidades. Haciendo relucir su reputación de habladora, Ireza fue escavando profundamente en los dos, provocando en más de una ocasión que un pronunciado color rojizo se exhibiera en sus mejillas: ¿cuándo se dieron cuenta que no dejaban de pensar en el otro, cómo fue su primer beso, dónde se dijeron te amo?
Sus ojos de inmediato se interconectaron, azul y negro, buscando la manera apropiada para eludir el bombardeo de preguntas que su amigable acompañante les disparaba a discreción. En la recámara contigua, Mr. Satán agudizaba a su máxima capacidad su sentido del oído, cómo diantres ese muchachito tan raro apareció en el sendero de su adorada primogénita, se indagaba.
Por más que quiso escuchar, únicamente atinó a captar las escuetas y balbuceantes respuestas que la joven pareja de paladines de la justicia daban con notaria torpeza. El alcalde suspiró, su niña había crecido y madurado demasiado rápido, cuánto tiempo desperdició en bagatelas sin importancia. Se perdió gran parte de su niñez, de su adolescencia, y al casarse de su adultez.
Cómo le hubiera encantado que su esposa estuviera allí para verla convertida en toda una señorita, atestiguando juntos y cogidos de las manos el día en que Videl estará arreglada con un pulcro vestido blanco. Los errores del pasado duelen en demasía, pero lastiman aún más cuando éstos fueron notados con anticipación y no se hizo algo para remediarlos en su momento.
"¡Esta vez será diferente!" –se repetía mentalmente, no pasaba ni un santiamén sin que se lo reiterara a sí mismo.
Instantes más tarde, el flamante campeón mundial retornó a la mesa cargando un tazón lleno con el estofado que él había elaborado. Viéndose despojado de sus lacayos, las circunstancias le hicieron recordar su época como un don nadie obligándolo a valerse solo: encendió la estufa, y colocó una cacerola sobre ésta depositando en su interior cualquier ingrediente a la vista.
– Huele delicioso, muchas gracias Mr. Satán–hambriento, Gohan tomó una cucharada que fue seguida por varías más.
Atónitos, tres pares de globos oculares lo contemplaron. El príncipe se olvidó de los recios modales que su madre le inculcó, cuando el hambre hacía de las suyas nuevamente salía a relucir el impetuosa amor casi religioso por la comida que su padre le transmitió. Imprevistamente el álter ego del Gran Saiyaman se congeló, abochornado tragó esbozando una tímida mueca.
– ¿Me podría servir más? –Son Gohan extendió el plato, Mr. Satán enmudecido acató su sumisa solicitud.
Una torre de tazones se irguió frente a sus estupefactos rostros, amenazando con colapsar al alcanzar una altura inquietante que parecía no dejar de elevarse. Mr. Satán no pudo evitar mirarlo, un año atrás ni remotamente habría imaginado que el pretendiente de su hija sería un individuo dotado de poderes mágicos y mucho menos con un estómago sin fondo.
Definitivamente tendría que habituarse a ese jovencito, al fin y al cabo Videl lo eligió a él, así que le daría una oportunidad. El resto de la cena avanzó con normalidad charlando amenamente, al terminar los comensales se disponían a retirarse cuando Ireza no quiso perderse la situación idónea para ganarse el odio eterno de Videl.
– ¿Qué esperas Videl, por qué no les das un beso de buenas noches a tu príncipe azul?–inadvertidamente Ireza le insinuó, como era de suponer tal cosa produjo que el ceño de Videl se frunciera.
La tez de los adolescentes se tornó rojiza en un pestañeo.
– ¡Ahh son tan lindos! –Formando un corazón con sus dedos los divisó a través de éste–pero ya no deberían avergonzarse, después de todo en la boda tendrán que besarse frente a los invitados.
El dúo solamente compartió una despedida casi inaudible, tal vez sean férreos defensores de la ley; portadores de un legado familiar de un peso incomparable, aún así, al no ocultar su timidez evidenciaban que eran un par de seres humanos legítimos y compatibles. Ireza por otro lado rió triunfante al desquiciarla, aunque su risa la enojó suprimiendo su cara divertida.
Por qué sentía que añoraría su singular convivencia, acaso no se volverían a ver, ella se cuestionó. Sin imaginarlo, esa infantil broma hizo mella en Videl. Recordando las cientos de noches que pasaron juntas siendo niñas, Videl le pidió a Ireza aguadar el amanecer junto a ella, sabía que Ireza seguiría con sus interminables interrogantes pero deseaba disfrutar de su compañía.
Entre tanto, reclinado cómodamente en un sofá, Gohan se mantenía silente con sus párpados cerrados. El retrato de su abuelo se manifestó en su mente, habían pasado varios meses desde la última vez que se vieron. Él pese a su débil estado de salud, le otorgó su apoyo incondicional sin importarle que su agotado corazón palpitara más lento cada vez.
Un punzante remordimiento lo visitó, pudo imaginarlo arropado en su cama respirando con dificultad. Las puertas de su alcoba se abrieron en su totalidad, un conjunto de siluetas la atravesaron delineándose delante del enfermo monarca. Milk, Goku, Goten, Picorro y Krilin rodearon la enorme litera que lo acogía, sus cansados ojos le buscaron sin lograr hallarlo.
– Gohan, mi querido nieto, ya no puedo esperarte más…–masculló exhalando su aliento póstumo, la tiara dorada que lo identifica como el soberano cayó al suelo rodando hasta la entrada del recinto, deteniéndose al chocar con los pies de Gohan quien arribó a la escena bastante tardío.
– ¡No abuelo, nooooo! –vociferó despertando de golpe.
Agitado, se sentó en el diván recuperando el oxígeno que se negaba a entrar en sus pulmones. Blasfemó consecutivamente hasta tranquilizarse, lo más correcto hubiera sido regresar al reino junto con sus padres, pero su obligación moral y la deuda que tenía con Ciudad Satán le negó tal posibilidad. El príncipe no podía tomar el trono dejando una estela de ruinas a sus espaldas.
– Perdóname abuelo, no es mi intención hacerte esperar para siempre–farfulló al soportar la culpa, el anciano Rey merecía innegablemente quitarse la corona de su cabeza–pero hay tantas cosas pendientes aquí que debo atender…
– ¿No puedes dormir? –una gruesa voz lo sacudió mordiéndose la lengua para callarse.
– Lo siento–se disculpó al reconocer al dueño de esa vocalización– ¿lo desperté?
– No, para nada–Mr. Satán encendió las lámparas de la estancia–no me siento con ánimos para ir a dormir.
– Siendo honesto, yo tampoco…
Suegro y yerno, dos hombres vinculados por una misma mujer…una mujer que se apoderó del amor de cada uno. Sus bocas no gesticularon sonido al alguno por unos segundos, haciendo que el ruido de la incesante lluvia llenara la habitación envolviéndolos en una atmósfera repleta de una pasividad tensa.
– La echaré de menos, no tienes idea de cuánto–quitando aquel velo mudo, el alcalde lo vio de soslayo al dialogarle– ¡me da tanta rabia, ahora que por fin anhelo pasar tiempo con ella…!
– Mr. Satán, yo no pretendo separarlos…–reaccionó expedito.
– No me malinterpretes muchacho–lo interrumpió apretando los puños–cuando seas padre lo entenderás a cabalidad, es sólo que…ya no la tendré cada día en casa, ni siquiera viviéremos en la misma ciudad, maldición, yo aquí…y ella tan lejos de mí contigo.
El campeón caminó pensativo, parándose enfrente de una de las ventanas de la edificación. Gohan se levantó observándolo detenidamente, en el cristal del ventanal el semblante pesaroso del alcalde se reflejaba con una nitidez perfecta. Sosteniéndose en esa postura, el caballero de peinado afro retomó sus palabras:
– Es mi turno de ser sincero, escúchame Gohan–con una marcada seriedad alegó–no me molesta que ustedes dos quieren estar juntos, yo también fui joven alguna vez y sé lo que se siente amar a alguien, aunque me parece precipitado que tan pronto ya estén considerando formalizarse, ni siquiera han concluido la preparatoria, si fueras un chico común ya te habría lanzado a la calle por proponerle a Videl semejante locura.
Gohan lo oyó con minuciosidad, anteriormente ya él le expuso sus intenciones ahora le correspondía al progenitor de su enamorada mostrarle su perspectiva.
– Pero también sé que no eres un chico común, y por eso pongo mi total confianza en ti–Mr. Satán se dio media vuelta viéndose mutuamente–cuida a mi hija, no la abandones, como yo no podré estar allí te encomiendo esa tarea, una esposa no es un adorno ni una posesión, si te casas con ella es porque la amas, no más no menos…
– Créame, ella siempre estará presente en mis pensamientos.
– No la presiones, sé paciente, sabes que en ocasiones puede llegar a ser muy testaruda, para Videl será un mundo nuevo y desconocido el que le vas a revelar–comentó reflexivo–no puedo ni imaginarme la vida que van a llevar allí, aunque ella es capaz de hacer lo que sea, sé que no fallará al asumir el deber que quieres darle.
– Comprendo totalmente lo que dice Mr. Satán, si bien tendré una responsabilidad abismal sobre mí, le juro que no me olvidaré de Videl.
Evocando a su fallecida consorte, el padre de la ojiazul sonrió al revivir aquellos momentos a su lado. El día en que la conoció, cuando le propuso matrimonio, revivió el beso que compartieron al unirse ante la eternidad, resucitó la sorpresa que experimentó al enterarse que pronto serían tres, también reanimó las acaloradas peleas que sostenían, de allí heredó Videl su carácter obstinado.
– No todo será un lecho de rosas, tendrán discusiones y desacuerdos que los llevarán a enfadarse, incluso a no poder soportarse, pero cuando eso suceda, sencillamente recuerden que los dos se aman y que es por eso que están juntos…
Gohan sintió esos léxicos con una especie palmada en el hombro, aquel sujeto que era el receptáculo del infinito respeto y admiración de una urbe completa, le dio sutilmente su bendición. Podía palpar el dolor que lo desgarraba por perderla, no resultaba fácil para Mr. Satán desprenderse de la criatura que más amaba en sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, lo aceptaba.
Ya era hora de dejarla ir.
Sus sendas irremediablemente se alejaban.
Pero sin importar nada ni nadie, ella siempre será su Videl.
Protagonizando una marcha somnolienta, Mr. Satán se dirigía a su aposento anhelando descansar aunque fuere un ápice. Justo al pasar al costado de su adolescente yerno, el campeón mundial de las artes marcial giró levemente su mirada viéndolo oblicuamente.
– No pretendo ser un entrometido, pero me pregunto–él aseveró con voz firme– ¿qué conmoción tan grande tienes que no te deja dormir?
– Mi abuelo, al recordarlo me siento muy culpable–se sinceró con él sin chistar, de todas maneras Mr. Satán ya era parte de su familia.
– ¿Por qué?
– Él es el actual Rey y yo soy el encargado de reemplazarlo, cuando planeé venir a Ciudad Satán le prometí que volvería tan rápido encontrara a mi legítima esposa–le narró–se supone que ya debería haber regresado pero con los daños que Diecisiete y Dieciocho dejaron, no podía retirarme sin antes ver a la ciudad restaurada.
– ¿Y cuál es el inconveniente?
– Mi abuelo está enfermo, su salud se encontraba delicada cuando partí del reino…me temo que cuando por fin llegué para sustituirlo ya sea terriblemente tarde.
– ¿Tu abuelo es el Rey?
– Sí.
– Entonces no tienes por qué preocuparte, si él es un hombre con la importancia que mencionas te apostaría lo que fuera a que tu abuelo entendería lo que haces aquí–Mr. Satán quiso aliviar la culpa que florecía en Son Gohan al pensar en su antecesor–él se sentiría orgulloso, al ver que su nieto hizo a un lado sus intereses personales para preocuparse por la zozobra de otros…
– ¿En verdad piensa eso, Mr. Satán?
– Claro que sí, no le mentiría al futuro esposo de mi hija.
– ¿Pero qué hay de su…?
– Tranquilízate, ya verás que él se repondrá–el alcalde objetó regalándole una expresión de cordialidad–borra esa cara de remordimiento, no querrás que tu abuelo te vea así cuando se reencuentren...
Musitando un mero gracias, Gohan lo vio retirarse no sin antes apagar las luces de la habitación devolviéndole a la noche su oscuridad. Mr. Satán recorrió los pasillos de su hogar, pasando frente la entrada del cuarto que su primogénita y aquella ruidosa rubia compartían. Posando una oreja en la madera de la puerta, percibió desde el otro extremo las risas infantiles que se filtraban.
Esbozando una sonrisa, retomó su caminó reposando su agotada anatomía en la blanda superficie de su camastro. Con melancolía enfocó su vista al techo, hablándole mentalmente le reseñó a su difunta cónyuge el vacío monumental que su ausencia generaba en él y en Videl. No obstante, el gobernador de la metrópoli que lleva su apellido, acarició su barba al convencerse de un ideal.
No permitiría bajo ningún contexto que su hija lo viera decaído, quería que ella supiera que la apoyaba incondicionalmente y que su felicidad era sentida por él igualmente. Aún lograba escuchar los carcajeos entre las paredes, Videl era feliz y no había regocijo más grandioso para él que ese. El cansancio lo fue venciendo hasta dominarlo, si bien no fue el único.
Gohan se olvidó de sus pesares durmiendo tranquilo, a pesar de inquietarse por las dolencias de Ox Satán, el príncipe se mantendría inmóvil en sus convicciones de reparar el tormento que sus acciones indirectamente desataron, y él sabía que su abuelo lo comprendería dándole una vez más su voto de lealtad.
Videl e Ireza conmemoraron sus andanzas y travesuras de antaño, recrearon las miles de confrontaciones que la justiciera solía tener con Ángela en la preparatoria. Ella y la porrista pelirroja jamás llegaron a congeniar ni a entretejer una amistad, aún así intercambiaron centenares de vocablos en la forma de blasfemias e insultos.
Sus murmullos se fueron silenciando, tranquilizando su buen humor frotaron sus vientres adoloridos de tanto reírse como un par de niñas. La lluvia se negaba a alejarse, ésta se confabuló con el viento para originar una adormecedora melodía que fue haciendo que la juvenil heroína se dejara arrastrar por el adormecimiento.
Desconocía que le repararía el porvenir, por más que se esforzaba por sobrepasar la barrera que separaba lo irreal de lo tangible, no era capaz de conseguirlo. Gohan apareció en su vida desvaneciendo todo aquello que creía conocer y entender, ese jovencito de puntiaguda cabellera le mostró un sendero repleto de poderes mágicos e individuos dotados con habilidades increíbles.
Amaba esa sensación de aventura, de no saber que habría a la vuelta de la esquina. Y siendo su guía en ese cosmos rebosante de fantasía, Gohan tomó su mano encaminándola por esa ruta que nunca antes avistó o exploró. Son Gohan, él era el culpable de inyectarle locura a su cotidiana existencia, él era el responsable de esa emoción que agradecía calladamente.
Las gotas de agua se acumulaban en el vidrio de la ventana, a su derecha Ireza respiraba pesadamente al rendirse ante sus deseos de reposo. La luz de la luna hizo resplandecer su sortija capturando sus ojos, mirándola hundió su rostro en su almohada. Sentía nervios, no lo ocultaba, pero cuando ese día llegue cada instante de agonía y de sufrimiento habrá valido la pena.
Décadas más adelante, se volteará a mirar hacia atrás y se sorprenderá al recordar cómo pasó de ser una señorita atrapada en su rígida armadura de rudeza e incertidumbre, para convertirse en una mejor versión de sí misma.
La pubertad le dio vía libre a la madurez.
Los ladrillos se colocaban uno encima del otro, el hormigón que los sostenía se iba endureciendo propiciando que los muros se irguieran cada vez más alto recuperando su anterior altitud. Era impresionante lo que el poder de la voluntad era capaz de hacer, si bien apenas había pasado una semana desde la derrota de Diecisiete…poco a poco, Ciudad Satán surgió de entre las tinieblas.
Las autopistas eran colmadas nuevamente por aquel ballet de vehículos que iban de un sitio a otro, regresándole ese espíritu citadino que se creía perdido y occiso. Mr. Satán ya no encontraba la forma de agradecerle a Bulma, ella gentilmente inclinaba su cabeza al sonreír. La brillante científica se sentía en deuda con aquella metrópoli, porque fue allí donde se reencontró con Goku.
Yamcha se limpiaba el sudor de su frente con su antebrazo, exhalando un largo suspiro reanudó sus quehaceres al reconstruir la dañada estructura de la Preparatoria Estrella Naranja. Los adolescentes maldecían copiosamente al mirar dicha edificación, las discotecas y los centros comerciales yacían hechos polvo pero tal lugar se mantenía en pie pese al cataclismo.
El antiguo bandido del desierto no pudo evitar reírse al notar sus expresiones, cuando la normalidad regresara la campana de la escuela volvería a sonar convocándolos nuevamente a sus salones. Ingenuamente, muchos de ellos guardaban la esperanzada de no volver allí. No obstante, ninguno de esos haraganes jovenzuelos vaticinó el valor que cierta reina le daba a la educación.
– ¿Qué diablos es eso? –otro de los maestros que ayudaba a restaurar las instalaciones académicas, preguntó en voz alta al distinguir una inusual sombra que se acercaba en la lejanía.
– ¿Qué cosa? –Yamcha se giró al escuchar ese cuestionamiento.
Abriéndose camino entre los vestigios y los rascacielos en construcción, un escuadrón de hombres peculiarmente vestidos con ropajes que los hacían lucir casi como de otra época, se orientó hacia el centro de la renaciente urbe ganándose el interés de los pobladores allí congregados. Su rítmico y excelente trote se detuvo con la señal del líder del batallón, permaneciendo quietos sin moverse.
– ¿Quiénes serán?
– ¿De dónde vienen?
– ¿Por qué usan esa ropa tan extraña?
Yamcha se desplazó veloz por medio de la multitud que se aglomeraba alrededor de esos individuos tan llamativos, los susurros iban de boca en boca preguntándose las intenciones de tales sujetos. Al parecer era una especie de escolta o cuadrilla militar, puesto que sus perfectos y coordinados movimientos descartaban por completo que se trataran de algún grupo de locos.
– Quizás son actores de un circo–Puar, quien se encontraba transformado en un reloj de pulsera, le sugirió al también sumarse a la confusión que se generaba.
– No lo creo–le objetó Yamcha–algo me dice que…
– ¡Ciudadanos de Ciudad Satán! –Uno de los desconocidos vociferó proclamando a todo pulmón– ¡en nombre de la Reina de la Tierra del Fuego, solicito una audiencia con su gobernante, Mr. Satán!
Al cabo de unos minutos, el alcalde y campeón mundial se hizo presente ante aquel conjunto de pintorescos personajes. Un ambiente de desconcierto envolvió a las personas ahí reunidas, aclarando su garganta y parándose en una postura recta, el padre de la heroína de rizos azabaches les interrogó amistosamente:
– ¿Vienen de la Tierra del Fuego?
– Sí.
– ¿A qué debemos su visita?
– La Reina, nos ha enviado a ayudarles con la renovación de esta ciudad–respondió uno de los sirvientes de la soberana–ella desea que usted sepa de su preocupación por este sitio, por tal motivo nos ha dado órdenes específicas de no retornar al reino hasta que cada grieta y fisura se haya reparado.
– Si ese es el caso, sean bienvenidos a Ciudad Satán–recordando la promesa de Milk, Mr. Satán de inmediato los recibió con gratitud–siempre estaremos en deuda con ustedes, gracias.
– Con su permiso acataremos los mandatos de nuestra soberana–aquel lacayo se volteó encarando a sus compañeros–ya saben que hacer, primero reparen la escuela de la ciudad.
– ¿La escuela, por qué empezarán ahí? –Mr. Satán curioso les indagó.
– La Reina es una amante de la disciplina y del conocimiento didáctico, por eso decretó que sea la primer área donde debemos enfocar nuestro trabajo, luego de acabar allí continuaremos con las reparaciones en el resto de los daños… ¿podría alguien guiarnos hasta la preparatoria?
– Yo los conduciré, su ayuda será de gran utilidad–Yamcha levantó su mano ofreciéndose–vengan conmigo, es por acá.
– Gracias–Mr. Satán asintió.
Haciendo un ademán, la brigada marchó siguiendo las indicaciones del profesor de deportes. Observando la escena desde la terraza de un edificio cercano, Gohan encarnando a su álter ego del Gran Saiyaman, veía a los guardias reales con una mezcla de recelo y alivio. Estando ellos aquí el renacimiento de Ciudad Satán se aceleraría para bien, aumentando asimismo su regreso a casa.
Una divertida risa se escurrió de sus labios, al percibir las facciones enojadas de los restantes jóvenes al ver como la preparatoria sería rehecha más rápido de lo que parecía hace una hora antes. Gohan estaba convencido de que ninguno de esos adolescentes, habría sobrevivido a la tremenda y estricta educación que la cortesana le sometió en su infancia.
– Será mejor volver al trabajo–con una ráfaga de aire ondeando su capa roja, el superhéroe retomó sus labores de heroísmo.
– ¡Yamcha, Yamcha! –una damisela de pelo azuloso se exaltó al verlo– ¿a dónde te fuiste?
– ¡Lunch! –El beisbolista retirado galantemente se cruzó de brazos al tenerla enfrente.
– ¿Quiénes son esos hombres tan elegantemente vestidos? –el otro yo de la desaparecida pandillera de melena rubia, los vio sintiéndose atraída por sus interesantes vestimentas que fusionaban lo medieval con lo moderno.
– Vinieron a ayudarnos–alegó Yamcha–con su presencia acabaremos con las reparaciones en un santiamén, cuando todo vuelva a ser como era antes, hablaré con el rector de la preparatoria para que te acepte como mi asistente.
– ¿Hablas en serio? –sonriente le consultó.
– Claro, recuerda que prometí cuidarte–él rozó uno de sus antebrazos con su palma izquierda, ni él no entendía el porqué, pero las mujeres de cabellera azul eran su debilidad.
Además, sentía una incuestionable empatía por ella. Podía notar el dolor mudo que la agobiaba en su interior, no era justo que un alma tan noble e ingenua, haya tenido que sopesar el castigo de no saber con exactitud quién era ni cuál era el propósito que la hizo llegar a existir. Muchos al escuchar su nombre la miraban con desconfianza, les llevaría algo de tiempo aceptarla.
Finalmente, Lunch poseería la oportunidad de experimentar lo que es estar viva por primera vez. Yamcha al verla sola y sin nadie en el mundo, tomó como propia la responsabilidad de asegurarse de que la contra parte de la renombrada criminal de simétrico apelativo, pudiera desenvolverse en esa sociedad que al inicio la juzgará y la señalará, pero que algún día la mirará con otro matiz.
Sí, ese rostro libre de culpas le gustaba, le traía recuerdos de una etapa en la cual él era igual que ella. Solo, sin pasado ni futuro, atrapado en un desierto robándoles sus pertenencias a los escasos peregrinos que desdichadamente se cruzaban con su vereda. Miles de decepciones románticas le dejaron una agria desazón en el paladar, ésta vez no actuaría con impulsividad ni como un romeo.
– Ven, continuemos donde nos quedamos.
– Sí.
– ¡Suélteme, viejo pervertido! –los gritos de la bella pedagoga de historia, provocaron que los globos oculares de Yamcha y Lunch se enfocaran en el atrevido anciano que no despegaba sus pegajosas manos de su curvilínea anatomía.
– ¡Maestro Roshi, por favor compórtese! –por millonésima vez gesticuló esa frase, sabiendo cabalmente que tendría que repetirla en menos de un pestañeo.
Viendo como las bofetadas de esa enfurecida fémina detonaban en las mejillas del veterano artista marcial, Yamcha únicamente atinó a asentir negativamente al proseguir con su misión edificante. No fue sencillo, nadie dijo que iba a serlo, aún así eso no los detuvo en su afán de sanar las heridas físicas que Diecisiete les infligió. Esto quedó evidenciado con el pasar de las semanas.
Los espectros del ayer fueron desvaneciéndose ante la visión y la entereza de la obstinación humana, una cualidad que en ocasiones desnudaba los pecados más fuertes de la gente. Sin embargo, en éste momento dicha unión de atributos resultó milagrosa. Lo que un único individuo demoró en destruir con unos cuantos segundos, la sólida determinación lo resucitó en dos meses.
Dos meses, su encomienda personal se alargó dos meses más, la conclusión de su estadía en aquella metrópoli se hallaba ahora a unos pocos días.
Para él era un viaje de vuelta, para ella era una travesía de ida.
– Videl…
Una suave ventisca jugueteaba con sus cabellos, produciendo que ambas coletas bailaran con una sincronía más que hermosa. Con lentitud se le acercó por detrás, ella aún permanecía reclinada sobre la barandilla de la azotea mirando plácidamente el horizonte. No queriendo romper con esa imagen de serenidad, se congeló a centímetros de ella sin emitir sonido alguno.
Gohan intuía totalmente lo que sucedía, ella se estaba despidiendo de Ciudad Satán. En su mente, se materializaron tantos recuerdos y anécdotas que podría tanto reír como llorar a la vez. No obstante, por fin ocurrió un evento que por años fantaseó creyendo que nunca llegaría. Esa urbe que se extendía delante de sus ojos ya no la necesitaba, ni a ella ni a ningún otro superhéroe.
Su vocación ha sido y siempre será proteger, su designio en esta tierra es acabar con cualquier rastro de injusticia o anarquía que amenazara con destruir el orden natural de las cosas. Amaba la sensación que la adrenalina y el peligro provocaban en su ser, enfrentar a un oponente que la superaba resultaba un desafío que solamente incrementaba la exaltación del combate.
A pesar de ello, al reflexionar no encontraba apropiado que los demás pusieran en riesgo sus vidas a cambio de que ella disfrutara de las emociones de una colosal batalla. Gradualmente las desbordantes despreocupaciones e impulsividades de la adolescencia, se tornaban más prudentes en sus pensamientos al ver con mayor realismo las consecuencias que éstas acarreaban.
Sus faenas valerosas eran requeridas en otro lugar.
– Videl…
Son Gohan volvió a llamarla haciéndola pestañear, Videl sintió como su pecho masculino se presionaba contra su espalda mientras su mentón se apoyaba en su cabeza. Aquel par de brazos la rodearon en un ameno abrazo afectuoso, suavemente deslizó la piel de su cara contra la tersa tez femenina de su faz provisionado que su miradas se conectaran al estar al mismo nivel.
– Sé lo que sientes, eres libre de decirme lo que piensas…
– Me siento tan tonta–farfulló con ironía–hasta suena contradictorio, me quejé tantas veces de Ciudad Satán, siempre deseé que la prensa ya no se entrometiera en mi vida, estaba tan harta de que la gente me viera como una especie de trofeo…yo no quería ser una celebridad, constantemente soñaba que me iba de este sitio para nunca más volver–afirmó revocando esas aflicciones que encerraba sólo para sí–y ahora, estando a punto de hacer eso realidad…no puedo evitar sentir que echaré de menos esta ciudad.
– Es tu hogar, es normal que lo extrañes–expresó apretando más sus cuerpos–te prometo que podrás venir de visita cuando quieras, nunca te pondré una cadena…quiero que seas feliz, no lo opuesto.
– ¡Tengo miedo! –Exclamó sincerándose– ¡no tengo ni la más mínima idea de cómo debe comportarse una reina, cómo sabré qué hacer o qué decir…debiste escoger a otra, no a mí!
– ¡Videl, mírame! –Gohan la volteó–si yo hubiera querido que mi esposa fuera una experta en protocolo o en etiqueta, habría elegido a una de las tantas chicas que se ofrecieron a casarse conmigo.
– ¡Pero Gohan…!
– Yo vine aquí buscando a una persona auténtica, no a una mujer superficial que sólo le interesa dar órdenes y pasear en carruaje por todo el reino recibiendo alabanzas de sus súbditos–el futuro Rey le susurró–no quiero que cambies, deseo que seas tú misma: gruñona, salvaje, valiente, apasionada, amable, generosa…quiero que mi esposa sea Videl Satán, no otra.
Por más que deseaba responder a semejante afirmación, la justiciera no encontró el modo para hacerlo.
– ¡Ya me escuchaste, Videl! –Indicó con un tono de voz más grueso– ¡sigue siendo la misma, no tienes porqué sentirte asustada!
Habiendo perdido momentáneamente su capacidad del habla, Videl se dejó sumergir en el cálido apretón que las extremidades de Gohan le ofrecían. El miedo es el primero en salir a flote cuando es necesario tomar una decisión, no una decisión cualquiera, sino, una que alterará drásticamente el curso de los acontecimientos que conllevan la maravilla de vivir.
Se quedaron así por más de un minuto, las palabras perdieron su importancia y su razón de ser. Él acarició aquellos músculos tensos y comprimidos, haciendo que ella simplemente atinara a enterrar más profundamente su rostro en la curvatura de su cuello. Su barbilla fue delineada milímetro a milímetro por ese par de tibios labios que la estremecían, que la enloquecían.
Se moría de ganas por un beso. Ambos por igual.
– Quería hacer esto desde hace mucho.
– Entonces, recuperemos el tiempo perdido.
Sintiendo como sus alientos chocaban entre sí, hicieron a un lado la lógica permitiendo que el apetito de tenerse los devorara. Disfrutando del contacto, no se molestó en detener a una mano aventurera que osó explorar la lisura de su dermis al introducirse por debajo de su blusa. Videl emitió una divertida carcajada, al percibir las yemas de esos dedos cartografiando su silueta.
El masaje que sus bocas se obsequiaban se prolongaba al volverse intenso, y eso no les irritaba en lo absoluto. Su innato espíritu de pelea la impulsó a querer más, le encantaba sentirse acorralada por esa tímida lengua, pese a eso, ella también ansiaba arrinconarlo a él. Y como si se tratase de una escaramuza de un torneo, Videl contraatacó robándole victoriosa el control.
– Videl, yo…
Era su turno para suplicar por ella.
– Sí, lo sé…
Compartiéndose un breve coloquio, el dúo de pelinegros se disponía a embriagarse nuevamente con el sabor del otro. Con sus jadeos aún mezclándose, y hambrientos de más roces húmedos, la brecha que los distancia se volvía a encoger dándole la posibilidad a Gohan de tener la revancha. Una revancha que tendrá que aguardar.
– ¡Demonios! –blasfemó Videl al oír la campana de la preparatoria, el receso había concluido.
– Ven, volvamos…–la miró juguetón.
– ¿Qué es tan gracioso, de qué te ríes? –confusa le preguntó al notar su aspecto jovial.
– De ti–replicó el muchacho–incluso enfadada te ves preciosa, me fascinas…
– ¡Cierra la boca! –fingiendo malhumor, le dio un vistazo a su costado derecho.
– ¿Qué pasa? –indagó al ver la variación en su expresión.
– ¿Es asombroso, no crees?–le interrogó hipnotizada por el reencarnado paisaje urbano que se edificaba frente a sus pupilas–sé que todavía hay cosas por reparar, pero Ciudad Satán está viva de nuevo.
Los rascacielos tocaban una vez más las nubes, las autopistas rebozaban de automotores avanzando en todas direcciones. Los llantos y los ruegos ya no se oían, la vivacidad actuó como un bálsamo que impregnó de energía los corazones de los más infantes alcanzando igualmente a los de mayor edad. Definitivamente, para evolucionar previamente se debe tocar el fondo del abismo.
Gracias a la cooperación de la Corporación Cápsula con las tropas de la Tierra del Fuego, los habitantes retornaron a los que alguna vez fueron sus domicilios arrasados. Asimismo, la estación de policía, los hospitales, los almacenes, el ayuntamiento, inclusive hasta los cines y los clubes nocturnos reanudaron sus servicios.
Si bien la ciudad aún no se recuperaba en su totalidad, la cotidianidad recuperó su palpitar causando que los pobladores retomaran sus quehaceres poniendo en funcionamiento a esa urbe que no dejaba de crecer. Si anteriormente fue una gran metrópoli, al finalizarse los trabajos de reconstrucción ésta será aún más grande de lo que fue.
Y el timbre reiteró su cantar.
– Vamos deprisa, no querrás faltar al último día de clases.
– Cierto, regresemos.
Gohan corrió hacia la puerta del tejado internándose en la estructura de la escuela, Videl le siguió de cerca deteniéndose a unos centímetros de cruzar el umbral de la entrada. Se tomó unos instantes para memorizar el lugar, un grito lejano del hijo de Goku la sacó de sus cavilaciones obligando a poner en marcha a sus atléticas pantorrillas.
Tal como Milk quiso, las instalaciones del centro académico relucían inmaculadas dispuestas a llenar de conocimiento los jóvenes intelectos del estudiantado. Gohan y Videl transitaron presurosos por los pasillos vacíos, al llegar a la portezuela de su salón impulsivamente accionaron la cerradura ganándose la completa atención de los restantes adolescentes allí situados.
– ¡Ahh Gohan, señorita Videl! –Su maestra de geografía los recibió al notar su presencia– ¿dónde estaban, la asamblea del director empezará pronto?
– Bueno, yo estaba en el sanitario–Gohan reutilizó sus viejas excusas para escaparse del aula y así convertirse en el Gran Saiyaman, sus compañeros rieron sonoramente con su respuesta.
– Yo no escuché la campana, discúlpeme profesora–la heroína con coletas aseveró enseguida.
– De acuerdo, les creo a los dos, de todas formas ya nos dirigíamos al auditorio–la educadora les comunicó–bien clase, no se separen y caminen ordenadamente.
Las especulaciones rebotaban por doquier tratando de averiguar el motivo de tal reunión, ajeno a dichas teorías, Gohan caminaba sereno a una prudente distancia de Videl. De manera conjunta, tanto ella como él acordaron mantener en absoluto secreto su nexo sentimental. No querían que una multitud de mirones los vigilara en cada momento, sólo Ireza conocía la verdad a cabalidad.
– ¿Quieres saber qué pienso? –la rubia le susurró a Videl, la cual asintió–presiento que muy pronto seremos libres de este fastidio… ¡por fin, mis oraciones fueron contestadas!
– ¿Qué dices, sabes algo?
– Aguarda y lo verás, confía en mí Videl, no más aburridas tareas ni malditos exámenes sorpresa…
Videl la vio con suspicacia, Ireza al ser la emperatriz de los chismes y los rumores en ocasiones se topaba con una noticia verídica. Quizás era prudente hacerle caso, ese brillo en sus retinas estaba bien fundamentado. El anfiteatro se abarrotó en un santiamén, los estudiantes se ubicaron en sus asientos disgustados por tener que oír otro de los infinitos y aburridos discursos del rector.
Ni remotamente sospechaban que al terminar de escucharlo, estarían celebrando invadidos por el júbilo.
– Buenos días a todos, por favor les ruego guardar silencio y que me presten su total atención–el responsable de dirigir a la escuela, les verbalizó a través de un micrófono.
Gohan callado y cómodo en su butaca, escaneó el panorama en el escenario donde a espaldas del director se situaban los pedagogos murmurando unos con otros. Sus globos oculares de inmediato se posaron en Yamcha, quien conversaba amenamente con la Lunch azulada. Verla a ella ahí le sorprendió aunque no le molestó, ella merecía reiniciar su extravagante existencia.
– Después de una larga junta con sus maestros, hemos llegado a una decisión unánime en cuanto a varios delicados detalles que nos inquietaban–él empezó a relatarles–como obviamente recordarán, hace unos meses nuestra ciudad padeció una terrible crisis que la redujo a migajas, muchos estuvimos a un paso de perder la vida por culpa de un desquiciado psicópata.
Videl empezaba a impacientarse, Ireza ampliaba más su sonrisa acrecentando la agitación de su amiga.
– Si bien la escuela no se derrumbó como el resto de la ciudad, sí sufrió gravísimos daños en varias zonas del campus, y les hablo específicamente de la oficina de registros, la cual como sabrán, es la encargada de almacenar y de registrar las calificaciones de cada uno de ustedes–les puntualizó–esta oficina acabó destruyéndose durante el cataclismo y los documentos allí recopilados se perdieron, ninguno sobrevivió…
Esa afirmación, catapultó el interés de las decenas de púberes que lo oían.
– El año escolar está literalmente finalizado, si nada de lo anterior hubiera sucedido ya la mayoría sabría si aprobó o reprobó el ciclo lectivo, sin embargo por la razón que ya les mencioné, nos es imposible señalar a los que aprobaron y a quienes no lo hicieron.
Ireza cruzaba sus dedos, sus informantes no podrían haberla engañado…no se atreverían.
– En un inicio, pensamos en la posibilidad de repetir el actual período académico el próximo año–desde la audiencia provinieron muchísimos silbidos y abucheos–pero, considerando lo espantoso que fue la hecatombe desatada por Diecisiete, no creímos justo ni correcto tomar esa opción, por lo tanto, elegimos emplear la alternativa…
Yamcha sonrió, esos chicos eran tan afortunados, aquella fortuna jamás la volverían a vivir.
– Como les dije al principio, por unanimidad, el concejo de la preparatoria decidió aprobarlos a todos sin excepción, los pertenecientes a los niveles inferiores serán promovidos a la siguiente categoría mientras que, los de último grado, podrán graduarse finalmente… ¡la graduación se realizará en tres días, felicidades!
– ¡Sí! –Ireza no pudo contenerse, y se levantó de su sillón dando un estridente grito a su vez que elevaba sus brazos al cielo.
Al abrir sus párpados se vio observada por los ahí reunidos, avergonzada llevó sus manos a su boca deseando que la tierra la tragara. No obstante, contagiados por el subidón de entusiasmo de la rubia, los demás junto a ella estallaron en éxtasis al vitorear y al aplaudir al asimilar el mensaje que acaban de recibir.
Videl se quedó muda, evocándose a sí misma, recordó que a consecuencia de sus constantes intervenciones para auxiliar a las fuerzas policiales descuidó peligrosamente sus deberes escolares. Y para empeorar la situación, con su efervescente afán de desenmascarar al Gran Saiyaman, éstos terminaron en lo más recóndito de su lista de preocupaciones.
– ¡Silencio, silencio…silencio! –Les exigió el director, pero su intento por controlar su gozo fue infructuoso en un comienzo, el anuncio que les había entregado era demasiado esplendido como parar ignorarlo con facilidad.
– ¿Ahora lo ves Videl, lo ves? –Ireza se volcó a ella poseía por la alegría– ¡se acabó, la preparatoria se acabó!
– ¡Claro que lo veo! –expresó al contemplarla.
Como resultado de las insistentes demandas del decano, los ánimos se empequeñecieron progresivamente permitiéndole a la afonía reinar. Al escucharse la campanada que señalaba el ocaso del día, la gran masa juvenil abandonó las instalaciones de la Preparatoria Estrella Naranja a toda prisa queriendo salir a celebrar tal venturoso vuelco del destino.
La agonía le otorgó su trono a la euforia.
– Iré por mis cosas, no se vayan a ir sin mí–Ireza les rogó a Gohan y a Videl, los cuales le esperaban cerca de la entrada principal de la escuela.
– No te preocupes, aquí te esperaremos–Videl comentó reclinándose en la pared.
Manteniendo las apariencias, evitando así cualquier rumor no deseado, la justiciera permaneció en su sitio entretanto Gohan se sentó en la escalinata que conducía al interior del edificio. Habiendo oficialmente superado la secundaria, cualquier otro adolescente estaría pensando en miles de futuras posibilidades exceptuado una: matrimonio.
El príncipe vio de soslayo a Videl, ella recreaba con una excelencia inigualable a su antiguo ser. Malhumorada, con una expresión que ahuyentaría al más valiente de los galanes. Por fuera era la típica hija de Mr. Satán que muchos creían conocer, pese a eso, él sabía inequívocamente que esa imagen no era más que una fachada…la auténtica Videl era más que una cara enfadada.
– ¿Por qué tarda tanto? –Gruñó la damisela con coletas–tendré que ir a buscarla, espéranos.
– Sí–al retirarse, Gohan se carcajeó levemente, por más que finja su impaciencia relucirá eternamente.
– ¡Ireza, Ireza! –vociferó.
Videl se escurrió por los corredores de la escuela como un rayo, la blonda chismosa era una verdadera profesional para sacarla de sus casillas. Llegó a su salón, descubriendo que era la única allí lo que ocasionó que maldijera mentalmente. Con violencia giró sobre sus talones, si bien pretendía hallar a Ireza, esa idea de esfumó cuando se topó con un rostro nada grato para ella.
– Ángela…
– Videl…
Aquel choque de temperamentos generaba chispas y relámpagos, matizado por una gama intrínseca de particularidades que irremediablemente las colocó en bandos contrarios. Envidia, fama, odio, celos, repulsión, locura y terquedad. Ese par de jovencitas protagonizaron una guerra silenciosa, que irónicamente se fortaleció por la llegada de un muchachito de pelo puntiagudo.
La porrista frotó su nariz, reviendo el momento en que ésta explotó al recibir el puñetazo vigoroso de la heroína. Ángela juró que se vengaría, esparció calumniosas habladurías anhelando empañar su audaz reputación, incluso, entrenó su delicada contextura dispuesta a desafiarla en su área más célebre. Se imaginó derrotándola, ganándole en su propio juego demostrando lo falsa que era.
Hasta que comprendió…
– ¿Buscas algo? –la pelinegra alzó un ceja al ver su camino bloqueado.
– No, en realidad no buscaba nada–la doncella de rizos rojizos le contestó.
– ¿Entonces, podrías hacerte a un lado?–Videl con una rudeza moderada le solicitó.
– Por supuesto, adelante–moviéndose ligeramente a su izquierda, Ángela la dejó pasar.
Videl hizo su máximo esfuerzo por no doblar su mirada hacia la pelirroja, sabiendo que la de Ángela se clavaba en ella igual que un picahielos. Presurosa se disponía a retirarse, a pesar de eso, la tonalidad vocal de Ángela la tomó por sorpresa al recibir de su procedencia un inesperado agradecimiento, lo cual la detuvo en seco justo ahí.
– ¿Qué dijiste? –Videl se volteó cuestionándole.
– Gracias, eso fue lo que dije–reiteró Ángela.
– ¿Gracias, gracias por qué? –Videl confusa insistió en su interrogatorio, la porrista rió antes de responderle.
– Por abrirme los ojos, por hacerme ver que estaba desperdiciando mí tiempo en querer ser mejor que tú–Ángela afirmó acercándosele–te odiaba, te envidiaba, te repudiaba como nunca podrás imaginar, no soportaba que tú siempre te llevaras la gloria y las aclamaciones de todos, te despreciaba con cada fibra de mí ser.
Videl no alteró su expresión estoica.
– Deseaba tanto verte arruinada, acabada, doblegada en el suelo…que olvidé interesarme más en mí misma–la chica de cabello rojo aseguró–finalmente te saqué de mis pensamientos, ya no me importa si eres o no la hija del campeón mundial, si eres la heroína de Ciudad Satán, ya nada de eso me afecta…ahora sólo me interesa mi satisfacción personal.
La próxima reina de la Tierra del Fuego frunció su ceño.
– El mundo entero me conocerá, sabrá quién soy al notar mi dedicación y empeño…y no por haber superado la fama de Videl Satán–alegó con hincapié–por eso te doy las gracias, te lo agradezco mucho, me hiciste comprender que en el fondo no quería ser como tú…soy capaz de brillar sin tener que imitar a nadie.
La primogénita de Mr. Satán, comenzó tardíamente a fraguar una contestación que no diría.
– Adiós Videl, no creo que volvamos a vernos de nuevo–Ángela se distanciaba de ella gradualmente–y siendo honesta contigo, no te echaré de menos…ahh aguarda hay una cosa más, también debo agradecerte que abandonaras a Shapner, sino lo hubieras hecho no habría encontrado a la única persona en el planeta que me entiende totalmente, tú eres la causante de nuestra felicidad…
Y sin darle la oportunidad de tan siquiera objetar, Ángela se perdió en los pasillos de la preparatoria desvaneciéndose de la atónita vigilancia de Videl. Al alejarse, revivió las incontables tardes en la que practicaba sus rutinas acrobáticas con sus demás amigas, amigas que hacía meses no veía, amigas que no la buscaron al desvanecerse. Eran meras aduladoras, no amigas…
– Ángela–una entidad masculina se plasmó delante de ella, provocándole una sonrisa resplandeciente– ¿cómo te fue, te desahogaste?
– ¡Sí! –Le reconoció, al apreciar su silueta varonil–debiste haber visto su cara, la pobre no sabía ni qué decir–volvió a reírse.
– Puedo imaginármela, conociéndola no se esperaba que le dijeras eso.
– ¿No piensas despedirte de ella, Shapner? –Le indagó entrelazando sus palmas– ¿no te gustaría decirle algo?
– No, no tengo nada que decirle a Videl, ya la dejé atrás–el rubio negó rotundamente–ven, hoy será el primer día de nuestro renacer…
Apoyándose uno en el otro, se internaron en los corredores de la edificación evocando sus vivencias en esos lares. Aprenderían a no cometer los errores del pasado, repetirían las decisiones que los llevaron a buen puerto. Ambos, fuertemente unidos, serían más grandes que la suma de sus partes. Moldeados y definidos por las sombras, ellos brillarían con su propia luz.
– ¡Videl! –El bramido de Ireza la sobresaltó– ¿qué haces aquí, te dije que me esperaras afuera?
– Ireza–distraída recuperó su capacidad para dialogar–me cansé de esperarte y vine a buscarte…
– ¡Qué exagerada eres, sólo tarde cinco minutos retocándome el maquillaje en el sanitario! –Se defendió chillonamente la rubia– ¿qué te pasa, por qué tan callada?
– Nada, no me pasa nada–Videl hablando con normalidad declaró– ¡vámonos, Gohan está esperándonos!
El dúo de féminas se orientó hacia al exterior de la estructura educativa, Ireza no dejaba de parlotear lo esplendorosa que será la fiesta de graduación. Mientras tanto, Videl dio un fugaz vistazo al pasadizo por donde Ángela se desvaneció. La ojiazul sonrió, ella igualmente debía darle las gracias, ya que fue la cercanía de la porrista con Gohan la que le provocó sus primeros celos.
Si ella ayudó a unir a la pareja de presumidos, asimismo éstos cortaron la brecha que existía entre los pelinegros. Le era difícil de aceptar, pero la viscosa presencia de Ángela terminó de quitarle esa venda que no le permitía reconocerse a sí misma que él le atraía. Tenía secretos, su actitud era sospechosa, aún así, acabó por sentirlo suyo al verlo tan odiosamente cerca de la pelirroja.
"¡Gracias Ángela, muchas gracias a ti también!".
Escuchando sus murmullos, Gohan se volcó a mirarlas. Una vez reunidos los tres, emprendieron su marcha meditando cómo disfrutarían de su mutua compañía hasta el arribo del crepúsculo. Un paseo, era una sugerencia simple pero introspectiva. Recorrieron las renovadas avenidas de Ciudad Satán, riendo y platicando, olvidándose de los pesos que se han ido y que vendrán.
Sintiendo el brazo de Gohan aferrándose a su diminuta cintura, Videl le miró apegándose a él ansiando incrementar el roce de sus cuerpos. Su existencia dio un vuelco completo al conocerlo, él no sólo le mostró el lado real de la fantasía, sino además, lo que se siente ser besada, protegida y amada. Él es varios en uno: un príncipe, un chico tímido, un superhéroe y su prometido.
Y muy pronto se convertirá en alguien más: ese hombre será su esposo.
Fin Capítulo Treinta y cuatro
Finalmente, luego de intentarlo en tres ocasiones distintas el final de la historia se asoma realmente al otro extremo del túnel. Jamás, lo recalco, jamás imaginé que escribir la conclusión se volviera tan complicado. Cada vez que creía que estaba listo, sentía que debía mejorar algunos detalles haciendo que el episodio creciera desmedidamente.
En cuando al cierre definitivo del fic, ya lo tengo en un sesenta por ciento concluido. Me disculpo por demorar tanto, pero créanme que he aprovechado cada minuto libre para trabajar únicamente en ese episodio. No tengo forma de agradecerles a los que siguen este relato, me he tardado tantísimo en actualizar que no me merezco su perdón.
Antes de terminar, quisiera darle las gracias por sus comentarios en el capítulo anterior a los siguientes lectores: Ner400, JhungYuki, Dyton y a SlothDalek. Una vez más, expreso mi gratitud hacia ustedes por sus opiniones para la historia.
Gracias por leer y hasta la próxima.
