sé que esta vez me pasé, y no tengo excusa así que perdón :( pero aquí está otro capitulo

Iris

CAP 35: COSA DE HERMANOS

Una prueba más que aún era en parte humano era el hecho que se estaba congelando allí arriba, pero intentaba ignorarlo al acurrucarse sobre su propio cuerpo y cerrar hasta el tope la cremallera de su chaqueta. El sol se había perdido en el horizonte y pronto se iría la poca luz que aún permanecía en el cielo, había unas pocas nubes flotando arriba que ayudaban a esparcir más tonos en el manto sobre su cabeza, pero estaba demasiado melancólico como para disfrutar la vista en aquel momento.

Manuel suspiró luego de volver a estremecerse por otra ráfaga de aire que se escurrió entre su ropa- Dios, me siento tan patético… -Apoyó su frente en las rodillas y rodeó sus piernas con los brazos. Tal vez se quedaría a dormir arriba del techo una vez más, quién sabe.

Hace dos semanas que nadie sabía nada de Martín, había dejado el celular cuando se fue y Miguel descubrió que la casa que el rubio había comprado en Argentina se había vendido hace años, si estaba en ese país no tenía idea dónde podría estar.

Hace dos semanas que Manuel andaba por la casa arrastrando los pies, cayendo dormido en todas partes y hace dos semanas que subía cada tarde al tejado a mirar, y esperar.

Debió caer dormido, porque cuando volvió a abrir los ojos el cielo estaba de un profundo azul y había estrellas brillando por sobre su cabeza, además que su cuerpo estaba frío como hielo.

-¿Otra vez aquí? –Se sorprendió de que alguien además de él haya subido al techo.

Se restregó los ojos para apartar el sueño y enderezó la espalda, arrepintiéndose de inmediato porque una corriente fría chocó contra su pecho- No sé de lo que estás hablando…

-Claro –Sebastián avanzó con cuidado por los tejados y se sentó a un lado del moreno, mirando hacia el horizonte cuando el chico evitó sus ojos- Miguel y los otros están preocupados por ti.

-No tienen por qué –No pudo con el frió y volvió a encoger sus piernas contra el pecho, intentaba parecer concentrado en el cielo y las estrellas para que Sebastián no siguiera hablándole, pero no funcionó.

-Sé que no vienes aquí arriba para ver las estrellas, Manuel, y el resto también… por eso están preocupados.

El aire que respiró se quedó atrapado en su interior por un lapso más largo de lo normal y sintió que unas malditas, malditas lágrimas se formaban en sus ojos, por eso cerró los párpados y agachó ligeramente la cabeza.

-Ya ha hecho esto antes, ¿No? ¿Cuánto se tarda en regresar? –Era obvio que no podía evadir el tema así que no lo intentó. A su lado el rubio guardó silencio por un momento antes de responder.

-Lo que se tarde en arreglar sus problemas, la verdad es que no lo sé…-La mirada del mayor volvió a caer en el joven enroscado sobre sí mismo para combatir el frío y vio el pesar que él mismo experimentó las primeras veces que su hermano había hecho algo como eso, aunque junto con eso también veía los efectos que dejaba un corazón roto- Lo siento…

Sebastián se quedó acompañándolo en silencio un rato más mirando a la lejanía mientras Manuel intentaba ocultar las pocas gotas que cayeron de sus ojos a pesar de sus intentos de detenerlas.

-¿Tú crees que…? –Su voz salió ronca, débil y temblorosa cuando intentó hablar, y tuvo que esperar unos minutos antes que pudiera quitarse el nudo que se había formado en su garganta.

"Oh, cielos… ¿Qué me ha hecho ese idiota?"

-Podes decírmelo, lo que sea no saldrá de aquí, te lo prometo –Sebastián le habló en voz baja, casi en un susurro y se reclinó hacia adelante, rozando el brazo del moreno con su codo.

Manuel respiró hondo y se limpió el borde de los ojos que comenzaba a humedecerse, y rió amargamente al escoger lo que diría a continuación- ¿Debería seguir esperando, o ya ir clavándome la estaca en el corazón? –Giró su cabeza para mirar a la cara a Sebastián- ¿Tú qué crees?

El rubio le sonrió suavemente y con lástima asomando en sus ojos- Si te hace sufrir tanto, creo que deberías distanciarte un poco, y pensar en otra cosa… –Levantó una mano y la posó en el hombro del chico- Al menos por un tiempo.

-Uhm… -Manuel asintió luego de considerar la idea y sonrió, aunque la mueca mostraba más dolor que alegría en aquel instante- Es un buen consejo, sí…

-Bien –Sebastián le dio una palmadita confortante en el hombro y con cuidado de no resbalar se puso de pie- Ya es hora de que entres, te congelarás aquí arriba, vamos –Extendió una mano hacia el joven y este la observó detenidamente por un momento antes de apartar su mirada y posarla nuevamente en la distancia.

-Si ya voy, solo… un rato más… -Manuel volvió a acurrucarse sobre sí mismo e hizo caso omiso de Sebastián que aún mantenía su mano alzada y lo miraba con ansiedad, pero después de unos minutos el rubio se marchó.

-No te duermas aquí arriba, ¿De acuerdo? –Le dijo antes de entrar por la ventanilla que daba acceso al techo. Manuel asintió con la cabeza esperando que el otro lo viera. Pronto supo que estaba solo nuevamente allí arriba y se permitió llorar un poco como todas las noches antes de ir a su habitación en busca de algo de calor.

-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-

La chica se giró hacia el portón en cuanto despidió el taxi. El edificio se veía ligeramente abandonado y varias de las plantas del jardín habían cedido ante el sol abrasador durante los pasados meses y la maleza. Era obvio que no iba a encontrar a su hermano en ese lugar.

"-¡¿No harás nada?! ¡No puedo creerlo! ¡¿Sabes dónde está y no vas a traerlo?! –Agitaba sus brazos y pateaba el piso de la salita de estar, su abuela tejía en el sillón sin perturbarle todos los gritos de la chica.

-No sé dónde está…

-¡Pero podrías encontrarlo fácilmente!

-Él no lo quiere así, tu hermano es grande, deja que resuelva sus problemas y entonces vendrá.

-¿Qué pasa si se mete en demasiados problemas?

-Confía en que sabrá resolverlos…

-¡¿Pero con quién lo dejaste?! ¿Sabes siquiera si podemos confiar en esos sujetos?

Su abuela guardó silencio y sus manos dejaron de tejer por varios instantes, aquella reacción la obligó a explicarle a su nieta antes que volara el techo de la casa por accidente, y no pudo mentirle así que la chica pronto supo que su abuela, a pesar de no sentir maldad alrededor de su hermano, percibió demasiados sentimientos angustiantes y deprimentes. Así que, sin decirle nada a su abuela, la muchacha comenzó a idear alguna forma de volver para buscar a su hermano."

Tiare acomodó las correas y se plantó la mochila firmemente en la espalda, traía ropa, algo de comida, una carpa pequeña de playa, unas mantas y una botella de agua, además de dinero y su celular en un pequeño bolsito agarrado a su pantalón. Aunque la mochila no quedó tan pesada era bueno saber que tenía una buena resistencia física formada gracias a sus años con los scout.

Inspiró profundamente repasando en su cabeza lo que debía hacer a continuación, todos esos meses de práctica ocultándole el real motivo a su abuela por tal entusiasmo en el estudio deberían servirle de algo ahora. Así que sacó el amuleto que su abuela le dio cuando comenzaron a practicar su hechicería y lo sostuvo firmemente con una mano, sentía el calor que el objeto irradiaba a sus dedos y eso la relajó un poco. Concentrándose en la imagen de su hermano intentó situarse en la noche que salió de la casa. Se tardó un tiempo largo pero al fin pudo entrar en trance; vio la casa con las plantas verdes y el cielo con los colores del atardecer, se vio a ella entrando después de pasear al perro, vio el cielo oscurecerse lentamente, las luces prendiéndose en distintas habitaciones tras las cortinas, unas cuantas personas pasando por el frente, vio a su hermano entrando apresuradamente a la casa y al fin lo vio salir con sus bolsos. Trató de concentrarse en el joven, trató de pegarse a la esencia de Manuel e ir con él. La vista de un chico rubio esperando junto a la pared apareció ante sus ojos, su hermano caminando junto al joven por unas cuadras, doblando en ciertas esquinas y subiendo a un auto. Su concentración se cortó en ese momento cuando sintió la bocina de un vehículo en la distancia.

Respiró profundo un par de veces para serenarse.

"Un auto, ¡Maldita sea! ¿Cómo voy a saber por dónde fueron?". Comenzó a ponerse bastante nerviosa viendo que su búsqueda se estaba complicando apenas empezar, pero se tranquilizó diciéndose a sí misma que ya tenía contemplado aquello y que lo resolvería en el momento. Así decidió que haría el recorrido que pudo ver. Continuando con la mano en su amuleto fue caminando en la dirección que su hermano había tomado con el sujeto rubio, al sentir que los pelos de su nuca se erizaban sabía que iba por el camino correcto, así supo dónde ir en las siguientes esquinas.

-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-

Dime dónde estás, Manuel.

Con un sobresalto el joven se despertó, miró con ojos adormilados y exhaló con alivio al descubrir que en realidad había bajado a su habitación y no se quedó durmiendo en el techo. Se enrolló más en las mantas para disfrutar de la cálida sensación por otro rato. Sí, podría quedarse allí unos minutos, tal vez una hora más, todo el día incluso, ¿A quién le importa? Después de todo si comenzaba a pasearse por la casa pasaría lo mismo que las dos últimas semanas, sus pasos terminaban llevándolo a una parte en específico después de haber recorrido toda la casa; el cuarto de Martín.

La parte de su mente que aún funcionaba correctamente seguía diciéndole que estaba siendo patético y masoquista al quedarse mirando aquella estúpida puerta como un pobre diablo necio y lerdo de amor por un completo imbécil. Como sea, esa parte pronto se callaba y la parte de su cuerpo que lo dominaba ahora hacía que le gotearan los ojos y se le tapara la garganta.

"Definitivamente el amor tiene que ser un mal de ojo".

Gimoteó y enterró su cara en la almohada con los ojos firmemente cerrados, tratando de no echarse a llorar otra vez sin ni siquiera haberse levantado de la cama. Por favor, comenzó a pensar, ¿No podrían salir todos hoy a algún lugar? Así podría quedarme en la cama todo el día y nadie tendría que saberlo. Pero no, eso era mucho pedir, así que tendría que levantarse y caminar por ahí para no parecer una niña llorona.

-¿A quién engaño? Todos saben que estoy pa' la caga –Se cubrió la cabeza con las mantas y deseó que el sol se apagara por un rato.

Dime dónde estás, Manuel.

-¡Uhm! Quien seas, cállate –Comentó amargado y se quedó oculto entre las sábanas.

Era algo extraño escuchar la voz de alguien más mezclándose con sus pensamientos, y aunque la voz le parecía familiar comenzó a luchar para sacarla de su cabeza, ganándose pronto un dolor en la sien que terminó mandándolo a dormir nuevamente, así que su primer deseo se cumplió. Los demás no se atrevieron a entrar a su cuarto a molestarlo y decidieron que si no salía para el final del día entonces irían a comprobar que estuviera bien.

-¡Aquí! ¡Pare aquí! –Gritó en cuanto vio por la ventana el paisaje que buscaba, tomó su mochila y le pagó al taxista lo más rápido que pudo para salir del auto velozmente. Los vellos en su nuca se encontraban erizados y no descendieron a medida que andaba confirmando que aquel era el camino correcto. Apretando con mayor firmeza el amuleto en su mano buscó en su memoria el resto del camino que había podido rescatar de la conexión temporal que logró con su hermano, el rastro terminaba donde el camino se dividía en tres varios metros más adelante, metros que caminó rápidamente con la esperanza de cubrirlos rápido, pero pasaba el tiempo, sus pasos se hacían más lentos y sus piernas más pesadas y aún no llegaba a tal punto. Comenzaba a angustiarse cuando al fin vio que el camino se dividía más adelante, con renovada energía llegó en poco tiempo al lugar y se permitió un poco de emoción con su avance. Pero siendo este el último punto que había podido obtener con la anterior conexión necesitaba hacer el proceso de nuevo para saber sus próximos pasos.

Lo intentó, una y otra vez hasta que el sudor cubría su frente pero simplemente no podía mantener el vínculo lo suficiente para que su hermano le mostrara hacia dónde debía ir. Frustrada pateó el piso y lo intentó una última vez pero la mente de Manuel la rechazó de tal manera que sufrió una dolorosa punzada en la cabeza que la hizo dar un grito y cerrar los ojos con fuerza.

-¡Ah! ¡Manuel! –Masajeó su cabeza unos minutos con ambas manos y soltó su cabello del moño que se había hecho para ayudar a relajarse. Un poco enojada, un poco frustrada pero de todas formas decidida escogió probar otra forma de reencontrarse con su hermano. Respiró hondo y cerró los ojos, concentrándose en el chico y estableciendo una nueva conexión, pero en vez de buscar en la mente de su hermano esta vez iba a tratar de dejarle un mensaje.

-Tienes que venir a encontrarme donde el camino se divide. Tienes que venir a encontrarme donde el camino se divide. Tienes que venir…

Tienes que venir a encontrarme donde el camino se divide.

Los ojos de Manuel se abrieron y de pronto estaba completamente despierto mirando el techo del cuarto. Esperó unos minutos a que la voz que escuchó hablara otra vez pero nada pasaba, finalmente se sentó y decidió que era hora de levantarse, comenzó a estirar su cuerpo cuando volvió a escucharla.

Tienes que venir a encontrarme donde el camino se divide.

-¡¿Tiare?! –Por fin reconoció a su hermana tras el mensaje y sus ojos se abrieron cómicamente. "No, no, eso no es posible". Pero el mensaje siguió repitiéndose en su cabeza una y otra vez, y Manuel comenzaba a afligirse porque no tenía sentido para él, al principio, pero después de pensar un poco entendió a lo que se refería su hermana.

Donde el camino se divide. De pronto supo de lo que Tiare estaba hablando y entonces, aún un poco confundido, se levantó de la cama y sin pensarlo mucho salió del cuarto y se puso en marcha. Esquivar a los chicos no fue algo tan fácil, tuvo que esconderse en diferentes habitaciones o detrás de los muebles cuando alguien se cruzaba en su camino, prefería que lo creyeran encerrado en su cuarto en lo que se demorara en encontrar a su hermana. Una vez cerrada la puerta de entrada corrió hacia el portón y no se detuvo hasta estar a una buena distancia, después de eso siguió a paso rápido hacia el lugar en el que podría estar Tiare.

-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-

¡Ah!, Tiare dio un largo suspiro y recargó su espalda en el tronco, arrepintiéndose casi al instante por las astillas que se incrustaron en su ropa, pero al ser tan solo una pequeña molestia no tuvo el ánimo de despegar su espalda de la madera. Había estado esperando allí por horas y comenzaba a creer que su primer intento no funcionó… o que su hermano era tan terco como para no escucharla.

-Tonto cabeza de chorlito, ¿En qué andas metido? –Insultó al chico en voz baja un par de veces más antes de levantarse. Cerrando los ojos intentó otra vez comunicarse con su hermano.

Encuéntrame donde el camino se divide. Encuéntrame donde el camino se divide. Encuéntrame donde el camino se…

Estaba tan concentrada y absolutamente segura que no recibiría respuesta tal como la vez anterior, que no pudo evitar su grito de sorpresa cuando escuchó la voz de su hermano resonando molesta en su cabeza.

-¿Podrías callarte de una vez? ¡Ya te escuché!

-¿Manu? –Respiró hondo y sin abrir los ojos preguntó- ¿Dónde estás?

-Justo aquí…

Le sorprendió que el joven le respondiera en su mente y aún más escucharlo detrás de ella. Dando un salto se giró y quedó mirando de frente al muchacho.

-Manuel… -El nombre de su hermano salió de su boca como un susurro y por unos instantes tuvo miedo de pestañear pensando que el chico podría esfumarse si lo hacía.

-Tiare –El mayor sonrió alegremente al tener a su hermana frente a él, y cuando lo hizo los ojos de la joven comenzaron a humedecerse y corrió en su dirección. En cuanto su hermana chocó contra su pecho la rodeó firmemente con sus brazos y pudieron haber brotado unas lágrimas de cocodrilo desde sus ojos- Oh, Tiare –Acomodó su barbilla en la parte superior de la cabeza de la chica cuyo rostro se escondía en el hueco de su cuello. Lo mantuvo cerca de su pecho por un buen tiempo hasta que Tiare pudo controlar sus sollozos y levantó la cara para mirarlo después de darle un fuerte golpe en el pecho.

-¡¿Por qué tardaste tanto?! ¿Y dónde has estado todo este tiempo? ¡No sabes lo preocupada que estaba!

-¡Lo siento, lo siento! Pero no es como si yo… -Comenzaba a generar sus excusas cuando cayó en cuenta de algo importante- Oye, ¿Cómo mierda me mandaste ese mensaje? ¿Te volviste psíquica mientras no estuve?

-Mejor, la abuela me enseñó unos cuantos trucos, estoy en camino para convertirme en bruja –Lo dijo con orgullo y se enfadó un poco cuando Manuel empezó a reír- Te digo la verdad, y si te hubieras ido conmigo habrías aprendido tú también.

Los ojos de Manuel se ampliaron y se tomó un tiempo para considerar lo que decía su hermana. Gracias a lo que sabía por Arthur ella tendría que estar diciéndole la verdad, sí, habría podido ser un brujo como el inglés, pero lamentablemente lo mordieron antes que tuviera la oportunidad de conocer esas habilidades, ahora era un poco tarde.

-La vida es un asco –Dijo entre dientes antes de tomar la mochila de Tiare- Bien cabra chica, hay que ver dónde te vas a quedar.

-¿Qué? Pero… ¿No me puedo quedar contigo?

-No –Manuel vio que su hermana entrecerraba los ojos y fruncía el ceño ante su respuesta.

-Manuel, ¿En qué andas metido?

El mayor comenzó a rascar la parte trasera de su cabeza y mordía su labio inferior. ¿Cómo contarle todo a Tiare sin… alterarla demasiado?

-Es una larga historia.

Su hermana siguió observándolo con ojos preocupados por un largo instante, pero terminó dando un suspiro e intentando poner una sonrisa suave en sus labios.

-Bueno, creo que tenemos algo de tiempo mientras andamos, ¿No?

Y la chica tuvo razón, tuvo bastante tiempo para contarle la historia a grandes rasgos, pero Tiare entendió y se puso histérica.

-¡¿Un vampiro?! ¡¿Eres un vampiro?! ¡¿Cómo pudiste dejar que te convirtieran en un vampiro?!

-¡Hablas como si fuera mi culpa! –Comenzaron a gritarse y se mantuvieron así por más de media hora. La chica trataba de entender cómo es que su hermano podía encontrar tantos problemas.

-¿Manuel? ¿En qué momento…? ¿Cómo puedes pensar que esto es una buena idea? –Tiare estaba escondida tras la espalda de su hermano y pegada a la puerta. Manuel miraba hacia el interior de la casa para asegurarse que nadie estuviera cerca.

-¿Quieres quedarte en el bosque? –La muchacha lo pensó un momento, miró hacia atrás al cielo que ya estaba oscuro, más allá de la puerta el bosque se veía como la boca de un lobo y mandó escalofríos por el cuerpo de la niña.

-No –Negó enérgicamente con la cabeza y dio un pequeño salto cuando su hermano la tomó de la mano y la arrastró adentro.

Tiare movía su vista de un lado a otro con curiosidad mientras seguía a Manuel a paso rápido hacia la escalera. Al subir los peldaños el temor comenzó a abrumarla un poco- ¿Seguro que no se darán cuenta?

-No tendrían por qué, si llegamos sin que te vean y te mantienes en mi cuarto –Miró para ambos lados del pasillo antes de arriesgarse completamente a subir al segundo piso. Con Tiare de su mano empezó a trotar hacia su habitación- Mañana pensaremos mejor qué hacer, hay alguien en el bosque con quien podrías quedarte unos días.

-¿Más vampiros? –Preguntó con la voz temblorosa.

-No, un brujo, supongo que se entenderán ahora que eres una de ellos –Se sonrió y Tiare lo miró preguntándose qué le hacía tanta gracia de todo eso.

Afortunadamente pudieron llegar al cuarto del mayor sin que nadie se cruzara en su camino. Manuel puso seguro a la puerta en cuanto estuvieron dentro y dejó la mochila de Tiare en el piso al lado de la cama para esconderla debajo rápidamente si es que a alguien se le ocurría venir a verlo. Estaba preguntándose si Tiare también caía debajo de la cama cuando sintió los brazos de su hermana envolviendo su cuerpo.

-Dios, Manu, cuánto ha pasado, ¡A los dos! Pensé que no te volvería a ver.

Manuel le devolvió el abrazo y se sentaron en su cama después de unos minutos, podía ver que Tiare seguía preocupada y desviaba su mirada ante cualquier ruido, pero también mantenía una sonrisa en el rostro mientras lo observaba. Después de un tiempo más en silencio el mayor decidió empezar a hablar.

-Y bien, cuéntame, ¿Cómo es todo este tema de brujas? ¿Puedes mover objetos o crear cosas?

Ante la sonrisa cada vez más ancha en la cara de Manuel la niña tuvo que darle una palmada en el pecho, aunque también sonrió un tanto.

-Para allá voy, pero aún estoy aprendiendo, tengo que practicar más para ser parecida a los magos de las películas –Con su mano en puño dio un suave empujón al hombro del chico- ¡Pero tú conoces a un brujo! Ya debes saber todo lo que puedo hacer.

-Sí, bueno… según Arthur no todos los brujos son iguales.

-¡Uy! "Arthur", tenemos confianza con el amigo, ¿No es cierto? –Tiare alzó las cejas sugestivamente y un tenue rubor se posó en las mejillas de su hermano.

-No es nada lo que estás pensando, tonta, solo somos amigos –Por la mirada en los ojos de la chica supo que no le había creído en lo absoluto.

-¿Y quieres ser más que amigos?

Manuel intentó borrarle esa sonrisa traviesa del rostro agarrándola del cuello con un brazo y revolviéndole el pelo con su mano libre.

-¡Ya, ya! En serio… -Cuando por fin su hermano la soltó y después de apartarse el pelo de la cara volvió a mirarlo ahora un poco más seria- Manuel, ¿Por qué te quedaste aquí?

-¡Ja! Bueno, creo que se entiende por qué, en mi condición no es como si pudiera…

-No, Manu, la abuela hizo lo mismo que yo hace un par de meses, trató de hablar contigo y ver cómo estabas, pero tú… -La rabia que había sentido cuando se enteró de lo que pasó estaba volviendo a ella igual que cuando su abuela se lo contó por primera vez- Tú querías quedarte aquí Manuel, y era por alguien, ¿Quién es tan importante que no querías ir con nosotras? -En el rostro de la chica se notaba claramente que estaba dolida y confundida por la actitud de su hermano, y el chico inmediatamente se sintió avergonzado por varias razones.

-E-eso no… ehm, no es… eso, no, bueno… sí, pero hay otras c-cosas que no me dejaban… -Comenzó a balbucear incesantemente y Tiare pronto se cansó de escucharlo y tratar de darle un sentido a lo que estaba diciendo.

-¡No me digas que uno de esos chupasangre también te robó el corazón! –Con el grito de la niña el joven paró su tartamudeo y la miró a los ojos por un corto instante. No pudo mantenerle la mirada por mucho tiempo de todas formas, agachó la cabeza y su vista se posó en el piso, abrió y cerró la boca un par de veces con la intención de responder algo pero no sabía qué; no lograba pensar eficazmente como para decir una verdad a medias y suponía que la verdad completa no le gustaría a la chica en aquel momento.

No me digas que uno de esos chupasangres también te robó el corazón.

La verdad no le agradaba a él tampoco…

-Ma… ¿Manuel? –La voz temblorosa de Tiare lo sacó de sus pensamientos y lo primero que notó fue que un líquido tibio se deslizaba por sus mejillas. Rápidamente llevó una de sus manos hasta su rostro y tocó las lágrimas que habían empezado a caer sin que lo notara.

-Oh… -Exclamó al mirarse los dedos ahora húmedos.

Después de aquel desliz no halló otra manera de explicarse más que contarle todo a su hermana. Terminó con los brazos de Tiare alrededor de sus hombros mientras lloraba. Su hermana había guardado silencio la mayor parte del tiempo que duró su relato sobre Martín, pero después de ver a su hermano mayor tan desconsolado no pudo evitar maldecir al sujeto mientras frotaba la espalda del joven y le acariciaba el pelo.

-No tienes por qué llorar por ese sujeto, no lo vale. Demostró que es una cobarde nuevamente al irse. No lo necesitas, estarás bien sin él –La niña por poco no tronaba los dientes al hablar.

Manuel despertó tarde al otro día con la luz del sol llegándole directamente a los ojos, tuvo que parpadear un par de veces antes que su vista se despejara, su cara estaba pegajosa por las lágrimas y sentía un poco congestionada la nariz y le dolía la garganta. Sufrió un pequeño susto al girar su cabeza y ver la parte superior de la cabeza de su hermana metida entre las sábanas y no reconocerla. Gracias a su jadeo Tiare se despertó y con ojos adormilados miró al mayor.

-¿Y ahora qué?

Fue una muy buena pregunta, no solo para efectos inmediatos. Aunque primero lo primero Manuel fue a la cocina a ver si podía conseguir algo que su hermana y él pudieran comer.

-Tocaré tres veces cuando vuelva, no le abras la puerta a nadie más, ¿Me escuchaste?

-Sí Manuel, no soy tan homicida, vine a buscarte solo porque te quiero –Le dijo mientras rodaba los ojos y lo apresuraba a la puerta- Ahora apúrate y tráeme algo para comer que muero de hambre –Su hermano tan solo levantó un dedo en su dirección antes de irse, la chica inmediatamente cerró la puerta con llave y se sentó a un lado de la cama a esperar.

-¿Acaso el idiota de mi hermano salió a comprar el tonto almuerzo? –Tiare refunfuñó una vez más mirando repetidamente su reloj, iban cerca de veinte minutos que había estado sola en la habitación y se encontraba más que aburrida con su estómago gruñéndole cada cierto tiempo.

Toc- toc… toc

Levantó su cabeza para mirar hacia la puerta y murmuró el nombre de su hermano como una pregunta para sí misma. "¿Será él?" llegó a pensar mientras continuaba con sus ojos puestos en la entrada, apenas unos segundos después de los primeros toques vinieron otros.

Toc-Toc-Toc

-Uhm, es él… -Se levantó, planeando cómo comenzaría a molestar al joven por la tardanza. Quitó el seguro de la puerta y la abrió hasta la mitad- Hasta que llegas, Manuel… -Miró hacia arriba y…

Oops

-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-

- Más vale que la pendeja se los coma –En su mano equilibraba una bandeja con dos platos de tallarines blancos, un poco pegoteados y carne cocinada solo con aceite y sal porque no encontró más y quiso hacer algo rápido para arriesgarse menos a que alguien lo viera. Iba subiendo la escalera cuando escuchó el grito de su hermana resonando por las paredes de la casa.

Su columna se endureció por un instante y la bandeja se cayó de sus manos y rebotó por los peldaños. Luego de un momento de estupor el moreno echó a correr. Supo que el resto de los chicos también habían notado el grito cuando escuchó movimiento por el resto de la casa. Corrió aún más rápido y a unos metros antes de llegar al pasillo de su cuarto vio a Tiare pasando por enfrente y siguiendo hacia su costado derecho. Un rugido hizo vibrar las ventanas y entonces confirmó que uno de los chicos la seguía, continuó a la misma velocidad hasta el final y logró llegar a tiempo para caerle encima a Itzel. Junto a la chica cayó al suelo con un duro golpe, aunque la espalda de Itzel recibió mayor daño.

La morena lo miró desde el suelo, consternada cuando se levantó, tan solo le dedicó una corta mirada antes de seguir por el pasillo en la dirección que había tomado Tiare, tres puertas más allá se encontró con Sebastián a quien no pudo más que empujar a un lado para continuar tras su hermana. Pronto estuvo seguro por los gritos y los pasos apresurados que oía a cada esquina, la casa completa estaba en busca de su hermana y él tenía que encontrarla y sacarla de allí lo antes posible.

-¿Dónde puede estar? –Se preguntó mientras terminaba de recorrer otro pasillo sin resultados, se paró junto a un mesón a reposar un poco y recuperar el aliento. Su intento por tomar una profunda bocanada de aire quedó a medio camino cuando dos manos lo agarraron de los hombros y lo metieron en la habitación más cercana, al girarse estuvo frente a frente de Tiare quien llevaba una expresión aterrada en el rostro.

-¡¿Y ahora qué hacemos?! –Preguntó con la respiración acelerada y el corazón saltándole del pecho. Manuel la tomó de la mano e iba a salir del cuarto para dirigirse al jardín, pero en cosa de segundos los chicos aparecieron en la puerta bloqueando su escape.

-¡Manuel! ¿Qué crees que estás haciendo? –Julio fue el primero en avanzar hacia ellos y el chileno miró a su alrededor rápidamente buscando una ventana abierta, algún pasadizo oculto, cualquier cosa. Su concentración volvió a centrarse en las personas cerca de él cuando Tiare dio un grito porque Julio la había tomado del brazo y la estaba jalando lejos de Manuel. La reacción del chico fue inmediata y sorpresiva, dio un rugido y sus colmillos se asomaron por entre sus labios, se lanzó sobre Julio y logró tirarlo al piso. Los otros se quedaron pasmados por un momento al ver que Manuel atacaba a Julio, pero pronto avanzaron en la dirección de la niña mostrando amenazadoramente sus colmillos. Tiare entró en pánico; por un lado Manuel estaba forcejeando en el piso con uno de esos sujetos, y por el otro el resto del grupo se avecinaba hacia ella con claras intenciones de hacerle daño. En aquella situación no pudo pensar en nada más que llamar una ráfaga de viento a forzar su entrada por las ventanas, estas se abrieron de par en par y con el viento ahora dentro de la habitación fue capaz de manejar varias corrientes que alzaron distintos objetos en la dirección de sus adversarios.

Los chicos del clan se concentraron en esquivar todo lo que Tiare les mandaba y perdieron la noción de lo demás que pasaba en la habitación, no se dieron cuenta que Manuel se las había arreglado para empujar a Julio en medio de dos estantes, cuyo contenido calló sobre el vampiro gracias a las ráfagas de Tiare. Los hermanos se reunieron al centro de la sala y comenzaron a hacer su camino hacia la puerta.

-¡Manuel! –El moreno escuchó el grito furioso de catalina. Los dos jóvenes se voltearon hacia el interior cuando llegaron a la salida y Tiare con unas rápidas palabras y un movimiento de su mano hizo que la mesa circular de un rincón se estrellara contra los cinco vampiros en pie. Los cuerpos de todos fueron junto al mueble contra la pared y quedaron tendidos inconscientes en el suelo. Jalándola del brazo, Manuel sacó a su hermana al pasillo y cerró la puerta. Fue hasta un armario y lo arrastró hasta que estuvo frente a la puerta.

-¿Qué haces? –Le preguntó su hermana que miraba la puerta con ansiedad.

Valiéndose de la fuerza que le entregaba la maldición volteó el armario para que quedara cruzado en el corredor y haciendo presión sobre la puerta.

-Saldrán de todas formas pero se lo haremos más difícil.

-Tienes suerte que se hayan cerrado las ventanas antes de salir –Le comentó la muchacha después de rodar los ojos. Tomó la mano de su hermano y empezó a correr otra vez.

Manuel los condujo a la parte posterior del jardín donde treparon el muro y entraron al bosque que rodeaba la propiedad, el joven sujetó firmemente la mano de su hermana y continuó andando. Habría seguido corriendo por mucho más si Tiare no le hubiera dado un tirón a su ropa para decirle que necesitaba detenerse a recuperar el aliento.

-¡No podemos para por mucho tiempo! ¡Son rápidos, hay que seguir!

-¿Seguir a dónde? –Preguntó la niña con su tono de voz un poco más alto de lo normal entre respiraciones rápidas- Solo nos estamos adentrando más y más en el bosque, necesitamos un lugar donde escondernos.

Manuel se sintió perdido por unos instantes pero pronto tuvo una idea.

-Ya sé dónde iremos.

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Miguel estaba mirando a Francisco intensamente, pero no para ver su expresión mientras abría el regalo que le trajo de Perú, no, era por algo mucho más siniestro que aún no decidía cómo llevar a cabo.

"Quiere escuchar un corazón latiendo desenfrenado, pues puedo dárselo, puedo hacer que esté tranquilo y contento". Y aún así fruncía el ceño ante aquella idea. Para que el joven pudiera sentir, o al menos creer que sentía su corazón saltando de su pecho y su piel encendiéndose bajo su tacto, lo único que Miguel podía hacer era embrujarlo con sus ojos de vampiro. Eso era fácil, lo había hecho innumerables veces con otros amantas, y aunque siempre se encontraba reacio a hacerlo la primera vez con cada uno nunca se había sentido tan… mal.

-¡Qué chistosa! ¡Gracias! –Francisco le dedicó una sonrisa luego de echarle una mirada a su nueva camiseta, y Miguel se encontró un poco atolondrado los segundos que siguieron. "¡Ya basta!" Se dijo "No es algo nuevo para ti, además lo va a hacer feliz, no hay por qué sentirse culpable". Pensando en eso se acercó a Francisco, el chico se sorprendió al verlo de pronto tan cerca pero respondió al beso que le dio Miguel unos segundos después.

-Te extrañé –Le susurró el mayor cuando se separaron.

-Yo también.

Miguel tomó una de las manos del joven y la llevó a su pecho. Francisco encontró curioso al gesto y volvió a mirar a su novio a los ojos, en cuanto lo hizo estos lo atraparon de tal manera que no se creía capaz de apartar la vista.

-¿Oyes cómo palpita? –Miró directamente al chico y esperó a que esto fuera algo rápido, antes de poder sentirse más culpable. Supo el preciso momento cuando el embrujo surtió efecto por la sonrisa enorme que se posó en la cara del otro muchacho. Mirando lo feliz que le hizo aquel detalle tan insignificante, la culpa que había comenzado a formarse se esfumó y pudo regresarle la sonrisa. Se mantuvo lejos por poco tiempo, pronto tuvo su boca sobre la de Francisco y le dio un beso largo, que terminaron siendo pequeños y rápido mientras paseaban sus manos sobre la ropa del otro.

Migue había puesto sus dedos sobre el primer botón de la camisa del joven cuando el teléfono en su bolsillo comenzó a sonar. El ruido les tomó por sorpresa, ambos dieron un grito y se apartaron.

Cuando Miguel se dio cuenta que era su celular el que los había interrumpido estuvo a punto de lanzarlo contra la pared más cercana, pero en un último momento decidió contestar.

-Sebastián, si no es para decirme que tu hermano volvió te juro que no me inter…

-¡Manuel acaba de escapar junto a una chica! ¡Creemos que es su hermana pero no estamos seguros! ¡Nos dirigimos al bosque ahora mismo para buscarlos! –Sebastián había decidido decirle todo a Miguel sin preámbulos, y no se sorprendió cuando hubo silencio del otro lado de la línea por varios segundos.

-Sigan con eso, voy inmediatamente –Fue la respuesta del mayor y acabaron la llamada. Entonces Miguel se giró hacia Francisco y con una sonrisa de disculpa le inventó una excusa.

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-¡Manu! ¿Seguro que sabes dónde vive tu amigo? ¡A mí me parece que cada vez estamos más perdidos! –Los dos hermanos continuaban tomados de las manos a medida que hacían su camino por el bosque, Manuel iba adelante e intentaba concentrarse y buscar los pequeños detalles que marcaban el camino correcto hacia la casa del brujo.

-¡Solo ten un poco de confianza! –Apartó otro par de ramas y al salir de la espesura apareció a unos metros la casa de Arthur- ¡Sí! –Exclamó con energía y tiró de Tiare para atravesar el claro más rápido. Al llegar abrió la puerta sin llamar lo cual le ganó una mirada desaprobatoria por parte de su hermana. Al pasar a la sala comenzó a gritar el nombre del brujo- ¡Arthur! ¡Dime que estás aquí, Arthur!

Pronto los jóvenes escucharon los pasos de alguien bajando las escaleras. Tiare se acercó más a su hermano y prácticamente se ocultó tras su espalda. Asomando la cabeza por sobre el hombro del chico pudo ver a un hombre rubio y de ojos verdes bajando al primer piso, si no fuera por sus abundantes cejas la chica habría pensado que era atractivo.

- Manuel… ¿En qué te metiste ahora? –Preguntó el brujo mientras observaba con curiosidad la cabeza castaña que se asomaba detrás de Manuel.

Luego que Arthur hablara, Tiare estalló en carcajadas y ni siquiera ella estaba segura si fue por las palabras del inglés o el acento inconfundiblemente británico con el que las pronunció.

-¿Por qué siempre debes incluirme en tus problemas? –A pesar de la risilla y el tono burlón de Arthur, Manuel se sintió un poco apenado y culpable y agachó la cabeza sin mirar al mayor.

-Perdón… -Murmuró y sin despegar su mirada de la mesa probó un sorbo del té que el brujo les había servido a él y a su hermana. Tiare movía sus ojos de un hombre a otro y hacia las tazas de té frente a cada uno. Todo comenzaba a tornarse bastante bizarro para la pequeña.

-¿Acaso es algo cotidiano que le des problemas a todos tus conocidos, hermano?

-¡Oye! –Manuel formó un puchero con sus labios al escuchar las risas de los otros dos- No soy yo exactamente quien está en problemas, si tengo que recordártelo –Su hermana respondió mostrándole la lengua.

-¿Exactamente, qué esperan que haga para sacarlos de esto? –Preguntó luego de un momento el mayor.

-La verdad esperaba que tú me dijeras qué hacer –Respondió Manuel, sintiéndose avergonzado nuevamente.

-Como siempre entonces –El chico le dedicó una sonrisa de disculpa nada más- De acuerdo… déjame pensar por un momento qué sería lo mejor.

-Gracias, muchas gracias –El chico dio un largo suspiro y miró a su hermana con una leve sonrisa, la chica le devolvió el gesto y miró al inglés con gratitud.

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-Lo siento Miguel, no hemos podido encontrarlos, el olor de la chica se desvanece a tramos y hace difícil seguir la pista… -Miguel levantó la mano e Itzel dejó de hablar, la vampira miró entonces al resto del clan, se encontraban de pie a unos metros de los otros dos, intercambiando miradas entre ellos y esperando ansiosamente a que el jefe dijera algo.

A Miguel en aquel instante le preocupaba más pensar tranquilamente qué podían hacer para dar con el chico. No tardó demasiado en llegar a la respuesta y los bordes de sus labios se torcieron ligeramente.

-No se preocupen por eso, creo que ya lo tenemos.

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-Creo que has tenido un día bastante agitado Manuel, es mejor que tu hermana y tú vayan a dormir un poco, mañana podremos hablar con más calma –Después de escuchar el consejo de Arthur, Tiare dio un suspiro y asintió enérgicamente, sus ojos habían comenzado a pesar más de la cuenta hace varios minutos y la idea de dormir se escuchaba muy atractiva para ella. Manuel inclinó la cabeza en la dirección del brujo en modo de agradecimiento y con una mano sobre el hombro de su hermana comenzó a guiarla hacia el segundo piso, pero la chica apenas había colocado un pie sobre el primer escalón cuando la sintió tensarse bajo su mano.

-¿Tiare? –Preguntó el moreno un poco preocupado. Al no obtener respuesta de su hermana se giró hacia el otro brujo, pero este parecía igual de tenso que la muchacha y lo miraba con ojos bien abiertos- ¿Q-Qué les pasa?...

Por estar preocupado por ellos no notó que los vidrios estaban vibrando en toda la casa, y por ello lo tomó de sorpresa cuando las ventanas estallaron al igual que algunos floreros y frascos dispersos por el primer piso. No supo de los otros dos pero él terminó golpeando su espalda contra la pared y cayó al suelo. Escuchó un horrible sonido dentro de sus oídos por unos momentos, y la cabeza parecía explotarle cuando intentó levantar la cabeza y ver lo que estaba pasando. Arthur había terminado al otro costado del cuarto, con unos cuantos libros encima y parecía igual de afectado que él.

-¡Manu!

Al escuchar el grito de su hermana giró su cabeza a la izquierda. La chica aún se encontraba en el piso al igual que él, pero tenía una expresión de completo espanto mientras retrocedía velozmente con ayuda de sus brazos. Avanzando hacia ella estaba Miguel quien tenía su espalda hacia Manuel.

-Déjala… -Dijo apenas e intentó levantarse a pesar del dolor en su espalda y el hecho de que el piso continuaba moviéndose bajo sus pies. Como sea, no llegó lejos porque Julio le saltó encima antes de dar tres pasos y lo estrechó contra la pared, manteniendo una de sus manos sobre la garganta del moreno.

-¿Qué creíste que estabas haciendo, Manuel? –A pesar de su estatura, los ojos rojos de Julio y sus colmillos lograban intimidarlo eficazmente.

-¡Suéltame! –Trató de apartar las manos del otro de su cuello pero tan solo logró que los dedos fríos del vampiro se apretaran con mayor fuerza en su piel y añadiera una de sus muñecas a su agarre- ¡Tiare!

Mientras Manuel intentaba empujar a Julio, su hermana continuó retrocediendo hasta que su espalda tocó la pared. Su cuerpo completo temblaba bajo la mirada de Miguel, estaba tan asustada que ni siquiera pasaba por su cabeza usar un poco de magia para atacar al vampiro. Una sonrisa burlona apareció en los labios de Miguel al ver a la muchacha así de aterrada. Dio un paso más hacia ella pero un ruido a su izquierda le advirtió que retrocediera, en el momento justo se apartó del camino de una bola de fuego azul que iba hacia él. Miró un poco desconcertado entre la chica y la mancha negra que quedó en la pared, pero Tiare tenía una expresión tan confundida en la cara que Miguel no se engañó por mucho pensando que había sido obra suya. De todas formas, Arthur pronto estuvo entre él y la niña y entonces confirmó que el brujo más viejo lo había atacado. El inglés levantó una mano en su dirección y lo miró directamente luego de dar una rápida inspección al resto del cuarto.

-Quítate de en medio, Arthur, este no es tu asunto.

-Viendo que estás en mi casa Miguel, podría decirse que sí.

Un gruñido se formó en la garganta de Miguel antes de volver a hablarle- ¡Manuel sabía que no podía tener más contacto con su familia! ¡Y aún así ella está aquí! –Dijo señalando a Tiare que continuaba sentada en el piso- ¡Sin mencionar que atacó a uno del clan!

-¡Defendía a mi hermana! ¿Acaso ustedes no harían lo mismo? ¡Ah! –Manuel intentó una vez más empujar a quien lo tenía sujeto. Solo recibió un golpe en el estómago, y esta vez Julio enterró su hombro en el pecho del chico para mantenerlo quieto. Miguel giró su cabeza hacia Manuel con ojos rojos que brillaron con furia. El moreno al instante se pegó más contra la pared.

-Escucha Miguel, Manuel no trajo a su hermana ni se comunicó con ella, la chica lo encontró.

-¡Su curiosidad le costará entonces! Por segunda vez, ¡Apártate de mi camino! –Avanzó dos pasos hacia ellos pero la mano del brujo se posó en su pecho para detenerlo.

-Lamentablemente no vas a poder hacerle nada, la niña es una bruja –El vampiro estaba abriendo la boca para objetar pero Arthur continuó hablando- Y aunque el consejo de mi gremio pueda no saber de ella yo sí y te aseguro que les contaré todo –Y para complicar más al vampiro añadió luego de un instante- Incluyendo la edad de Manuel, y entonces tendrás más de una cosa que explicar –Miguel lo observaba con una ira ferviente que a Manuel y a Tiare los hacía temblar de tan solo verlo a los ojos, pero Arthur siguió con su amenaza sin amedrentarse- Creo que te conviene buscar una manera más tranquila para resolver esto –Lentamente alejó su mano del pecho de Miguel y miró a los dos jóvenes en lados opuestos de la habitación- Son hermanos después de todo, hasta tú deberías ser capaz de entender sus acciones.

Hubo varios minutos de completo silencio después de eso. Tiare en una esquina trataba de recuperar el aliento y calmar su palpitar, y por la otra Manuel intentaba no pensar en el moretón que se iba a formar donde Julio mantenía su hombro enterrado en el pecho. Finalmente Miguel respondió con voz más calmada y los ojos menos rojos que cuando entro a la casa del brujo.

-De todas formas no puede irse así como así.

Arthur alzó un poco sus grandes cejas y lo miró incrédulo- Miguel, no puedes convertirla, ni siquiera pienses…

-¡No! ¡Claro que no voy a hacer eso! –Gritó con rabia el vampiro y golpeó el piso con el pie- ¡Pero no puede irse así como así, sabiendo de mi clan!

Arthur se quedó pensativo por un momento y asintió- Está bien, no puede… -Se volteó hacia Tiare y la chica se encogió con miedo en el lugar en que estaba.

-¿Qué? ¿Qué vas a hacer? –Preguntó Manuel, y cuando no obtuvo respuesta del brujo su inquietud se incrementó- ¡Arthur! ¡¿Qué vas a hacer?!

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-¡Cuídate pequeña, que estés bien!

-No te preocupes que mantendremos a tu hermano vigilado.

-Un gusto niña, nos veremos.

Para la gente que estaba tomando los buses en el terminal parecían un grupo de amigos despidiendo a la hermana de uno de ellos, nada extraño.

-Gracias, encárguense que Manu no se meta en muchos problemas –Les dijo Tiare mientras se subía al bus.

-¡Eso haremos! –Respondieron todos con una sonrisa. Por un rincón estaba Manuel, apretando los bordes de su polerón fuertemente con los dedos. Su hermana pronto se ubicó en su asiento y empezó a despedirse con la mano.

No pasó mucho hasta que sintió un brazo pasando por sobre sus hombros, al mirar hacia el lado se encontró con la cara sonriente de Miguel.

-Sonríe y despídete de tu hermana, no quieres que se preocupe, ¿Verdad? –Un escalofrío pasó por la espalda del joven y como se le dijo comenzó a mecer su mano y forzó una pequeña sonrisa en sus labios.

-Tienes suerte que Arthur tuviera tan buenos argumentos –Valiéndose del brazo que tenía alrededor del cuello del chileno es que lo acercó lo suficiente para susurrarle al oído- Ten por seguro que si vuelves a hacer algo como esto pasarás un tiempo encerrado en los calabozos con cadenas que apenas te dejen respirar –Al terminar le tironeó un poco el pelo antes de alejarse. El joven trató de mantener una expresión calmada después de aquello, con la sola idea de no preocupar a su hermana que continuaba mirándolo desde el bus.

"-¡Arthur! –A Julio lo había reemplazando Pedro quien sostenía de las muñecas al joven que seguía intentando ir al lado de su hermana.

-Te aseguro Manuel, que Tiare estará bien.

-¡No dirá nada! ¡No tienes que hacer esto! –Siguió insistiendo, pero tuvo que mirar resignado al brujo ayudando a la niña a ponerse de pie y llevándola hacia el cuarto de pociones.

-Miguel tiene sus razones para asegurarse que tu hermana no pueda decir la ubicación de su clan a cualquiera, tienen que entender que es la mejor opción que tienes ahora.

-¡Pero él quiere que también se olvide de mí!

Arthur no pudo más que mirarlo con lástima- Lo siento Manuel –Sin decir nada más salió de la habitación junto a la chica"

El hechizo había funcionado y su hermana pronto no podía recordar nada de los últimos días, en un estado como ese Arthur pudo insertar falsos recuerdos fácilmente y por eso ahora estaban todos haciendo esta fachada para la niña. Desde su lugar el joven podía ver la tapa de la cajita que Tiare llevaba sobre las piernas, una cajita con dulces que su hermana debería compartir con su abuela y entonces otro hechizo se pondría en marcha sobre ambas para asegurarse que poco a poco fueran olvidando que Manuel existía. En menos de dos meses eso debería ser suficiente para arrebatarle a las dos personas que seguían "uniéndolo a los humanos", según Miguel. Era bastante complicado mantener una cara sonriente ante aquella perspectiva.

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Tiare trataba de sostener la falsa mueca de alegría en su rostro, le partía el alma la desolación que percibía en los ojos de su hermano pero sabía que debía mantener su acto para ahorrarle problemas a Manuel.

"¡Pensé que ibas a ayudarnos! ¿Cómo puedes hacerle esto a mi hermano? –En cuanto estuvieron solos la chica comenzó a golpear la espalda del inglés, logró darle unos cuantos golpes antes que este la sujetara por las muñecas y la obligara a sentarse- ¡Tú, maldito!

-¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Acaso querías probar suerte peleando contra un clan completo de vampiros? ¿Cómo crees que habría terminado eso? –Le respondió un tanto enojado el inglés. Tiare cerró la boca y lo miró con total confusión.

-De acuerdo… creo que ya no entiendo nada, ¿Estás de nuestro lado o no?

-Te sacare de este aprieto así que podrías decir que sí –Mientras hablaba se movía rápidamente por la habitación tomando frascos y colocándolos frente a la chica.

-Pero… ¿Borrarás mis memorias o no? –Tiare intentaba seguir al brujo con la vista, pero como el hombre iba de un lado a otro, se le hacía un tanto difícil. Pero pudo notar que el rubio intentó ocultar una sonrisa que tiraba de sus labios.

-Tengo la sospecha de que aunque lo intentara no resultaría –La chica enarcó una ceja y Arthur suspiró antes de comenzar a explicar con más detalle- No sé si lo sepas, pero tú y Manuel tienen esta extraña protección…"

El plan del brujo era simple en teoría, se confiarían en la ignorancia de Miguel y el resto del clan sobre el hechizo de protección para engañarlos, Tiare fingiría que el encantamiento de Arthur le había hecho efecto y se iría sin más escándalo. Lo malo del plan, eso sí, es que Manuel debía creerlo también, y aunque Arthur le prometió que cuando tuviera la oportunidad le diría la verdad, todavía era difícil saber la tristeza que le estaba causando a su hermano.

"Cuanto lo siento, Manu". Volvió a agitar su mano enérgicamente cuando el bus se puso en movimiento y forzó otra sonrisa hacia el grupo que la estaba despidiendo.

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Después que Tiare se fuera del terminal la mano de Miguel se posó sobre su antebrazo y allí se mantuvo, dolorosamente firme todo el viaje de regreso a la casona. Y aunque Miguel cumplió su palabra y no lo arrojó a las mazmorras, le cobró los problemas que causó de otra forma, aunque un feo moretón en la mejilla y en el brazo no se comparan en nada a la perspectiva de una semana o más encerrado bajo tierra.

- ¡Ah! –Manuel exhaló y agachó la cabeza por un momento y volvió a mirar hacia el cielo repleto de estrellas. En otro tiempo las habría encontrado fantásticas, pero últimamente tan solo le hacían sentirse peor allá arriba mirándolo todas las noches como si estuvieran juzgándolo.

-Tengo que dejar de hacer esto… -Se dijo a sí mismo antes de decidir levantarse. Bajó del techo y fue tocando distraídamente el costado de su cara que ardía levemente y se le ocurrió pasar al baño para echar un vistazo al color que iba tomando su mejilla.

Claro que al abrir la puerta de su cuarto esa idea se le fue de la cabeza al ver quién estaba esperándolo sentado en su cama. Se quedó helado a unos pasos de la puerta mientras esta se cerraba sola, y el rubio frente a él se levantó lentamente sin decir nada ni quitarle los ojos de encima.

-¿Martín…? –Lo dijo tan suave que no estaba seguro si el otro lo oiría, pero lo hizo y el vampiro intentó sonreírle al escuchar su nombre pero la mueca pronto se esfumó cuando le prestó más atención al rostro del moreno. Manuel se dio cuenta que el par de ojos verdes se desviaban hacia su mejilla y sin pensarlo levantó una mano para cubrirla. Martín continuó sin decir nada ni moverse y Manuel tomó su oportunidad de mirarlo con más detalle, a simple vista no podía percibir ninguna lesión en el cuerpo del mayor, volvió a mirar su rostro entonces y en poco tiempo sintió que sus ojos se humedecían. Bajó la mirada rápidamente y comenzó a pestañar para quitarlas de sus ojos.

-Así que volviste –Intentó sonar indiferente pero su voz salió ronca y tuvo que levantar un brazo para secarse los ojos antes que cayeran un par de gotas. Escuchó que Martín se acercaba a paso rápido luego de eso, levantó la cabeza con el ceño fruncido, listo para alejarlo con unas cuantas palabras pero antes que pudiera hacer nada el rubio ya tenía una de sus manos sobre la del joven que cubría su mejilla, y la otra en la parte baja de la espalda de Manuel con la cual lo acercó hacia su cuerpo. Manuel intentó alejarse pero la mano en su espalda se lo impidió.

-Perdóname –Le susurró Martín y el cuerpo del moreno se tensó por completo. Empezó a mover la mano con la que mantenía al muchacho cerca, trazó pequeños círculos con ella en la espalda del joven para intentar calmarlo. Manuel dejó que su cuerpo se relajara con la caricia de Martín después de un tiempo, y abrió ligeramente sus dedos para que se entrelazaran con los del rubio, las yemas frías tocaron su mejilla y mandaron un escalofrío a través de su cuerpo. Estaba tan distraído con la mano del vampiro acariciando su espalda y sintiendo la punta de sus dedos sobre su rostro que no se dio cuenta cuando Martín comenzó a inclinarse hacia él. Sus ojos se abrieron completamente cuando sintió los labios del otro sobre los suyos y un pequeño jadeo se escapó de su boca.

-Perdóname por no haber estado –Martín se separó apenas unos milímetros de él para decir aquello, sus bocas se rozaron levemente mientras movía los labios- Por no haber estado aquí para ti –Le dio otro beso, esta vez con sus dos manos tomando los costados del rostro de Manuel. Siguió dándole pequeños besos y hablándole entre ellos- Pero ya estoy aquí… ya estoy aquí… no volveré a dejarte… lo siento…

Manuel terminó rodeando el cuello del rubio con sus brazos y se puso de puntas para acercarse más a su boca. Ambos inconscientemente fueron dando pequeños pasos hacia la cama del moreno, hasta que las piernas de Martín chocaron con el borde y los dos cayeron sobre ella, Manuel encima de Martín pero eso no duró mucho porque el rubio los hizo rodar hasta que estuvo en cuatro sobre el moreno. Cuando al joven empezó a faltarle el aire se separaron, y mientras Manuel recuperaba el aliento Martín acariciaba el contorno de su rostro. Cuando el moreno abrió sus ojos se encontró con la cara sonriente del vampiro.

-No volveré a irme, te lo prometo.

Unas cuantas lágrimas se escaparon de los ojos de Manuel y apoyándose en sus antebrazos levantó su cuerpo para besar nuevamente a Martín.

-Por favor, no me mientas esta vez –Le pidió en voz baja cuando enterraba su rostro en el cuello del rubio mientras este le acariciaba el cabello con una mano al mismo tiempo que repartía besos en la parte superior de la cabeza del chico.


Y para que sepan, sí, Manuel y Martín van a dejar de hacerse los tontos xD en el proximo habrá algo más de ellos y su... relación "cof" "cof"