Disclaimer:Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TU VENGANZA, MI PENITENCIA.
CAPÍTULO 34
—Bien —suspiró Edward sentándose en el sofá y ubicando a su mujer en su regazo —Explícame lo que sucedió hoy aquí —pidió acariciando el enorme vientre que albergaba a su hija.
—Sé que no debí dejarle entrar —reconoció Bella con voz queda recostándose en el pecho de su marido —Pero no sé… por un momento sentí que debíamos escucharla… no sé… supongo que por Ty. Y también porque no creo que sea bueno enemistarnos aún más con Victoria, eso solo haría la lucha por Ty más dura.
Edward bufó frustrado y molesto.
—Tú no tienes que preocuparte por ninguna lucha por Ty —gruñó entre dientes —De eso se ocupará Emmett que para algo es el abogado.
—No te enfades —suplicó con voz aniñada y un mohín infantil que lo obligó a sonreír.
—A veces me pones difícil no enfadarme —confesó.
Acurrucándose en su regazo, Bella le explicó al detalle toda su reunión con quien había sido su íntima amiga de adolescencia.
Edward la escuchó intentando mantenerse comprensivo y receptivo. Hizo un inmenso esfuerzo pero logró mantener su constante desagrado por su ex mujer, a raya, para intentar escuchar a su mujer con objetividad.
Finalmente, cuando por fin fue capaz de observar la situación fríamente, no pudo más que estar de acuerdo con Bella.
Por lo que Bella había logrado deducir de los comentarios balbuceantes de Victoria, James era un hombre violento y Victoria lo había vivido de primera mano, aunque hubiese intentado ocultarlo.
Él también lo había pensado al enfrentarlo unos días antes en el propio salón de su casa, pero nunca había querido considerar la posibilidad de que, ese hombre temperamental, violento y agresivo, que le había amenazado a él y a su familia, debía haber hecho lo mismo con quien fuera su esposa.
Y, aunque no lo quisiera y nunca podría haberlo imaginado, supo que no sería capaz de mantenerse al margen y dejar a Victoria enfrentarse a él, echada a su suerte.
—¿Qué crees que debemos hacer? —inquirió por fin.
—No lo sé —reconoció ella —, pero tengo claro que no podemos quedarnos de brazos cruzados. Podría ser peligroso. James podría regresar a Forks y cometer alguna locura. No podemos permitirlo. —aseguró Bella con vehemencia.
Edward la observó en silencio durante lo que le pareció una eternidad, mientras sopesaba todas las explicaciones de Bella, y, sobre todo, todas las consecuencias que podría traer para su familia implicarse en los líos de pareja de Victtoria Shuterland y James Whiterdale.
No tenía ganas de involucrarse ni enredarse con Victoria ni, mucho menos con James.
Hacía años se había visto enredado en medio de ellos y su enfermiza relación y le había costado muy caro.
Había perdido años de su vida en una relación, no solo sin futuro, sino también completamente insatisfactoria.
Se había visto obligado a dejar a un lado todos sus sueños de juventud, solo por haberse cruzado en el camino de Victoria y, aunque gracias a ello se había convertido en el padre de Tyler, no olvidaba lo mucho que había sufrido y se había lamentado sintiéndose frustrado durante años.
Todo había cambiado cuando se había reencontrado con Bella, pero aún en ese momento, su pasado con Victoria lo había llevado a herirla, humillarla y lastimarla de formas que esa chica nunca se había merecido.
Bella lo había perdonado y todo aquel destrato había sido olvidado, pero, aun así, no había día que no se arrepintiera de su vil accionar y se sintiera infinitamente agradecido por la magnánima y reconciliable personalidad de su mujer, que la había llevado a perdonarle sin nunca hacerle el menor reclamo.
Ahora ella le pedía que volviera a plantarse en medio de la escabrosa relación que su ex mujer mantenía con el hombre con el que lo había engañado aún antes de conocerle.
Y no había nada que le apeteciese más que negarse a ello.
Pero conocía a Bella. La conocía demasiado y sabía que no había ni un gramo de maldad o rencor en su carácter.
Y por esa razón, sabía que nada haría a Bella olvidarse del tema y dejar a Victoria librada a su suerte, la que, por otra parte, se había buscado con creces.
Ello lo llevaba a reconocer que, si no era él quién se ocupaba de esa situación, sería Bella quien lo haría y él no podía permitirlo.
Podría llegar a ser realmente peligroso para Bella o su hija, enfrentarse a un desquiciado como James Whiterdale. Pero también, debía reconocerlo, él no confiaba en Victoria en absoluto y nada de lo que ella dijera le haría cambiar de opinión.
Lo reconociese o no, Bella no estaba segura con su antigua amiga.
Él sabía lo que tenía que hacer, aunque se resistiese siquiera a pensarlo.
Sintiéndose derrotado suspiró cansino.
—De acuerdo —aceptó por fin —Pero, si quieres que me ocupe de la seguridad de Victoria, vamos a tener que llegar a un acuerdo.
—¿A un acuerdo? ¿Tú y yo?
—Sí. A un acuerdo. Tú y yo. —repitió con solemnidad —Yo me interesaré por su seguridad en la medida que me sea posible, pero tú, señorita —apretando la nariz de la chica con el dedo índice —, vas a prometerme que dejarás todo en mis manos y no vas a involucrarte en absoluto.
Bella le observó reflexiva.
—Yo voy a ayudarte…
—No —le cortó rotundo —Tú no vas a hacer nada en absoluto —aseguró —Porque si veo la menor participación de tu parte, os subiré a ti y a Tyler en el coche y nos largaremos de Forks tan lejos como sea posible, para esperar que entre ellos se maten o se reconcilien y no nos salpique en absoluto su porquería.
—Edward, sé razonable…
—No —gruñó iracundo —Tú sé razonable. Eres mi mujer y llevas a mi hija en tu vientre. No permitiré que te acerques a menos de doscientos metros de cualquiera de esos dos dementes. Tú, repentinamente, has decidido, y aún no sé por qué, que Victoria es súbitamente confiable, pero yo no confío en ella en absoluto, por lo que no voy a permitir que te le acerques. Ni tú ni Tyler. Y eso, Bella, no es negociable.
Los hombros de Bella descendieron vencidos.
—No la ayudarás si no estoy contigo.
—No voy a preocuparme por ella en lo absoluto si tú estás cerca. Tú eres ahora mi única prioridad y preocupación. Tú y Tyler. Nada más me importa, así que, si tú y Victoria estáis en la misma habitación, puedes estar segura de que ni siquiera miraré a su costado.
Aceptó. No tenía otra opción, así que aceptó.
Después de conseguir de su esposa la promesa de no moverse de la casa, Edward salió para dirigirse al hotel donde estaba alojada su ex mujer.
La Victoria que le abrió la puerta y le permitió entrar a su habitación, era una mujer completamente diferente a la que él había conocido durante años.
Su rostro había perdido ese gesto altanero y esa actitud prepotente que la había caracterizado, y su actitud era sumisa y casi temerosa.
—Hola, Edward —saludó con la voz convertida en un débil gemido.
Edward odiaba a esa mujer y su sola visión le enardecía, pero bastaba con pensar en Bella y en la preocupación que había visto en el rostro de su esposa, para que decidiera mantenerse receptivo.
Entró a la habitación y se sentó en la butaca que había frente a la pequeña cama sin alejar su mirada dura del rostro de la mujer.
Sintiéndose débil y amedrentada, Victoria se sentó en el borde de la cama frente a él.
—Imagino que has venido a repetirme una vez más que me mantenga alejada de Tyler y de Bella —dijo con voz queda.
La observó en silencio asustándola aún más.
—¿Tendría sentido que lo hiciera? —preguntó con rudeza —¿Harías, por una vez en tu vida, algo de lo que yo te pida, te diga o te exija?
Le observó pensativa antes de contestar.
—Creo que lo haría esta vez —reconoció por fin.
—¿Y qué tiene esta vez de diferente a las otras?
—Lo creas o no, no le deseo ningún mal a Tyler. Puede que le dejara contigo y que actuara de una forma que te diera a pensar que él no me importa en absoluto, pero no es así. Me importa Tyler. Me importa su seguridad y no quisiera que le pudiera suceder nada.
—¿Qué podría pasarle? —indagó Edward sin suavizar su tono ni una pizca.
—Creo que James podría resultar peligroso para él si pensara que yo estoy interesada en verle o recuperarle.
—¿Por qué querrías, después de seis años, recuperar a un niño que nunca ha sido para ti más que una molestia?
—Es mi hijo, Edward.
—Buen momento has elegido para recordarlo.
—Es mi hijo y me preocupa su bienestar —dijo la chica ganándose una mirada cargada de desdén y desprecio de parte del padre del niño —¿Crees que hubiera sido mejor para él si yo hubiese luchado contigo por su custodia?
—Nunca la habrías obtenido —rugió el hombre furioso.
—Oh, por favor, Edward. ¿No sabes acaso que las madres tienen siempre las de ganar? ¿Por qué me habrían negado la custodia de Tyler si yo la hubiera exigido? Solo porque tú y no funcionáramos como pareja no habría sido suficiente para que un juez me retirara la custodia, al menos compartida, y tú lo sabes bien.
—Le vendiste.
—Solo estuve dispuesta a hacerlo cuando decidí que tú podrías darle una vida mucho mejor que lo que yo podría. Yo quería ser actriz, y no solo Tyler hubiera interferido en mis planes, sino que, en mi intento por lograrlo, yo no habría podido darle a él, la estabilidad que todo niño necesita. Yo tenía una nueva pareja, James no quería a Tyler. Si le hubiese obligado a pasar la mitad de su vida conmigo, seguramente James hubiera acabado siendo dañino para él. Tú eres un buen hombre y amabas a ese niño más que nada en el mundo. Yo sabía que harías todo por hacerle feliz y darle una buena vida. Y ya ves que no me equivoqué. —sentenció Victoria con los ojos húmedos —No pretendas saber con certeza lo fácil o difícil que pudo haber sido para mí dejarle, porque no eres capaz de imaginarlo siquiera.
—¿Realmente te dolió dejarle? —preguntó con escepticismo —¿Alguna vez has pensado en él? ¿En cómo sería su vida? ¿En si sería o no feliz?
—Lo he pensado cada día. Pero no voy a dejar de reconocer que soy una mujer egoísta, Edward. No sirvo para ser madre. No soy una buena madre y no pretendo serlo tampoco. Pero no haré nada que pudiese dañar a mi hijo y eso significa que no quiero que James pueda acercarse a él y hacerle mal.
Edward sopesó sus palabras y sus confesiones y, por un momento quiso creerle, aunque le resultaba muy difícil confiar en esa mujer.
—¿Crees que James podría ser peligroso? —preguntó por fin.
—No lo sé, pero no quisiera arriesgarme.
—¿Qué significa eso?
—Me iré de Forks. Pero no puedo volver a Los Angeles.
—¿Dónde irás?
—No lo sé, pero de alguna forma temo que James regresará a Forks. Alguien le dirá que me ha visto y por muy lejos que marche, pensará que tú sabes dónde he ido.
Edward se mesó los cabellos comprendiendo por fin lo que Victoria temía.
Mientras ella le explicaba con detalle todas las situaciones en las que se había visto envuelta con su pareja y que le obligaban a pensar que el hombre podía resultar sumamente peligroso, Edward se debatía intentando encontrar una solución que mantuviera e James alejado de su familia.
Bella, mientras tanto, caminaba como león enjaulado en el salón de su casa esperando el regreso de Edward.
Tyler, al que su padre había dejado con Carlisle, permanecía en casa de su abuelo.
Intranquila y preocupada por la ausencia de Edward que llevaba varias horas fue que se decidió a ir en su busca.
Pero nada más abrir la puerta de su casa, quedó congelada por el pánico.
Con ambas manos apoyadas sobre el marco de la puerta, James Whiterdale la observó con la mirada vidriosa y su ya conocida pistola asomando por el bolsillo interior de su chaqueta.
Gracias por los reviews, por los alertas y favoritos, y siempre por leer.
Preparadas para el final?
Les espero en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
Y en mi perfil encuentran el link del tráiler que Maia Alcyone ha hecho para este fic.
Besitos y nos seguimos leyendo!
