Capitulo 36

Nuevos Comienzos.

Beatrice Adams apretó su copa en su mano hasta que esta se quebró y un hilillo de sangre manchó los blancos puños de encaje de su vestido negro.

Candy y Elizabeth pasaban a su lado cuando esto pasó, y Candy escuchó la expresión de sorpresa y dolor lanzada por Beatrice cuando el vidrio cortó su mano, dijo algo al oído a Elizabeth mientras hacía señas a Dorothy que se encontraba cerca para que ayudara a Elizabeth a subir los escalones, y ella se dirigió a Beatrice.

-¿Puedo ayudarla en algo Lady Beatrice?-

-No te preocupes Candy, una tontería de mi parte…-

-Veo que se cortó, si me lo permite le ayudaré a curar esa mano.-

Beatrice siguió a Candy al interior de la mansión, sabía que su aspecto era diferente al de la enfermera, ya que había usado una peluca todo el tiempo que estuvo en Lakewood, así como el breve tiempo que estuvo en el Hospital Santa Juana trabajando al lado de Candy.

Esa primera vez no había podido hacer nada en contra de Candy ya que ella había sido expulsada del hospital por vivir con Albert., poco tiempo después Víctor Adams se había enfermado, y ella había tenido que dejar de lado sus planes.

Candy se dirigió a la biblioteca, y con la certeza de quien ha vivido muchos años en la casa se dirigió a uno de los gabinetes y sacó un pequeño botiquín. Se dirigió a Beatrice quien se encontraba sentada y con cuidado y en silencio sacó el trozo de vidrio enterrado, aplicó antiséptico y vendó la herida.

-Eres muy eficiente Candy, te lo agradezco.-

-Supongo que lo que bien se aprende nunca se olvida, tenía años de no hacer una curación. –

.- Cierto, olvidé que estudiaste para enfermera.-

Esa mujer la ponía nerviosa, sentía que sus ojos la seguían, y aunque nunca había sido abiertamente ofensiva, la verdad era que Beatrice la ponía nerviosa.

-Bueno si me disculpa, debo volver con mis invitados. -

-¿Puedo hacerte una pregunta?-

-Supongo que si. -

- ¿Cómo soportas tener enfrente a la ex esposa de William, y a los Grandchester?

A Candy le sorprendió la pregunta.

-¿A qué se refiere?-

- ¿No te mueres de celos, o de coraje? Después de todo tu prometido te fue infiel, y William se casó con Elizabeth cuando tú te fuiste.-

- No estoy segura de porque pregunta eso…-

-Simple curiosidad querida, curiosidad que más de uno tiene en ese jardín, solo que a mí nunca me ha gustado quedarme con las dudas.-

Candy sonrió un poco, esa mujer era poco convencional.

-Digamos que he decidido que el pasado no importa, solo importa el presente, y en el presente estoy con Albert.-

-Sí, pero ¿No deseaste destruirlos?

- ¿A Terry y a Sarah? No, ahora que lo pienso me sentí liberada. Y Elizabeth, a ella no puedo odiarla.

-¿Aunque haya sido la mujer de William?- El tono de voz era apenas el correcto.

- Me temo Lady Beatrice que esto se está volviendo demasiado personal…-

-No quise ofenderte, solo quiero entender… como lo haces.-

-¿Candy?- La voz de Elizabeth se escuchó dentro de la habitación.

-Aquí estamos Elizabeth.-

-Perdona, Albert te busca… disculpen la interrupción.-

Al contemplarla de cerca Lady Beatrice supo que no estaba equivocada, Elizabeth era sin lugar a dudas la gemela de Candy.

-Elizabeth, ella es Lady Beatrice Adams.-

-Mucho gusto Lady Adams, soy Elizabeth Lancaster marquesa de Oxenford.

- El gusto es mío, pero caramba, ahora entiendo porque William se casó contigo, tú y Candy son idénticas.- Beatrice quería ver la reacción de ambas, saber si estaban al tanto de su parentesco, pero si Candy era fuerte ahora, Elizabeth era impenetrable.

-Gracias por el cumplido mi lady.-

-¿Cumplido?

-Claro, si me parezco tanto a Candy, entonces soy hermosa,y bueno viceversa para Candy. Y en cuanto a Albert, pues no podemos dudar de su excelente gusto.-

- Es un enfoque interesante Lady Oxenford, muy interesante, veremos si su amistad pasa la prueba del tiempo.- El tono de voz esta vez fue casi completamente venenoso, y Elizabeth tuvo un flashback inmediato.

Una noche hace no mucho tiempo, esa voz la había despertado de golpe con sus palabras:

Recuerda que sólo eres una recogida, no deberías ser feliz cargando bebés que, si tienen padres, y menos convivir con la hija del Sr. William, ella no sólo es una Andrey, sino la hija de una condesa, ella si se merece ser la heredera. Tu lugar es en los establos. Y que tampoco se te olvide que William Andrey no es para ti, él te desprecia porque te fuiste con Grandchester, recuerda que lo mejor es alejarte de él.

-Pero, quien era la mujer que le había dicho esas palabras a Candy, y si era Lady Adams, porque Candy estaba ahí con ella sola. Debía hablar con Candy a solas lo más pronto posible.

-Mi lady, tal vez lo mejor sea que descanse, definitivamente no parece estar en su mejor momento. - le dijo cáusticamente Elizabeth.

Candy se sorprendió un poco por la reacción de Elizabeth, pero sonrió discretamente a Lady Adams, y se dirigió a la puerta con Elizabeth.

Caminaron en silencio por un rato, al verlas Albert se acercó a ellas.

-¿Todo bien? Me preocupe por un rato al no verlas.-

-Pero Elizabeth dijo que…-

-Dije que me mandó a buscarte porque te sentí acorralada, no sé qué te dijo esa mujer, pero sentía tu incomodidad. –

- ¿Qué mujer? ¿Eliza se atrevió a acercarse a ti?-

-No, estaba ayudando a Lady Adams con una herida, y la conversación se volvió un poco extraña, pero te lo cuento después, Elizabeth, buscaremos un tiempo para hablar, tal vez cuando decidas descansar un poco.-

-Eso es un chantaje, sabes bien que no quiero descansar.-

-Sí, pero con las fechas tan cerca tal vez deberías tomarte las cosas con calma.-

-Y levantar la taza de té es tan cansado…-

-Jajajajajaja, Candy definitivamente Elizabeth es igual de testaruda que tú, vengan, vayamos con los demás.-

-Albert.- Sophia lo llamó, Candy iba alejarse, pero él la retuvo.

-Sophia.-

-Quería hablar contigo…-

-Claro, dinos en que podemos servirte.-

Después de un breve silencio incómodo Sophia contestó.

-Está bien, tienes razón, supongo que ahora somos tres, así que Candy, Albert, quería ver con ustedes si Marie puede quedarse, yo quiero irme con Pierre. -

-Claro que puede quedarse, no te preocupes. -

-Candy, lo pregunto porque quiero saber si en verdad puedo confiar en que cuiden de ella mientras yo no esté, ya que parece que el mundo ahora gira en torno a ustedes dos, no quisiera que mi hija fuera descuidada. -

- Marie es mi hija, siempre es bienvenida, y no creo que sea justo que dudes de si la cuidaremos. -

-Tienes razón, solo debo acostumbrarme a compartirla, no es nada personal Candy, pero por mucho tiempo solo fuimos ella y yo. -

- Esta bien Sophia, tampoco soporto saber que tienes una hija con Albert, y sin embargo, trabajaré en hacerme a la idea.-

Albert no cabía en admiración, la situación era incomoda, pero ver a Candy encarar a Sophia era excitante. Sin embargo, por el bien de la relación con su hija debía ayudarlas a encontrar un punto medio.

-Sophia, Candy es mi esposa, y ella ama a Marie, lo sabes, y también sabes que Marie la ama a ella, así que puedes irte sin preocupaciones, nosotros nos haremos cargo.

-Está bien, tienes razón. Dsicúlpame Candy, no volverá a suceder.-

- No te preocupes Sophia, disfruta de tu tiempo con Pierre.- dijo Candy sonriendo pícaramente.

Sophia no pudo evitar sonreírle, y se dirigió a despedirse de Marie.

La mañana pasó agradablemente, y en la tarde, después de la comida todos se dirigieron a descansar, en la noche habría otra cena y baile, así que mientras el sol estuviese alto había que descansar.

En el salón de la mansión Leegan en Lakewood.

-¡Dije que no iré!-

-Eliza, no es una pregunta, te estoy diciendo que tienes que ir –

-¿Mamá?-

Eliza volteó a ver a Sarah buscando su ayuda.

-Eliza, te entiendo, pero tu padre tiene sus razones.-

-Pero, no puedo, ¿la viste? ¿Viste su vestido? ¿Escuchaste al tío William usar el título de realeza de Escocia?- Los ojos de Eliza estaban llenos de lágrimas, lloraba como una pequeña de 6 años que piensa que con solo derramar lágrimas puede obtenerlo todo, pero Eliza ya no era una niña de 6 años, ahora su llanto era exasperante y patético.

-Eliza, te lo diré en términos claros y sencillos, vas a ir a la fiesta, nuestra supervivencia como familia depende de nuestra relación con los Andrey, y si tú, tu madre o tu hermano se hubiesen preocupado un poco más por tratar bien a Candy no tendría de que preocuparme, ahora, ella es la esposa de William, y si ella quisiera podría destruirnos, ahora bien, Candy es la mujer más buena que conozco, pero ya no es una niña tonta, así que tú y tu madre tienen mucho trabajo por hacer. -

-Papá…-

-No hay pero Eliza, estamos prácticamente arruinados por los malos manejos de tu hermano, y los despilfarros de tu madre y tuyos, el dinero de los Andrey es lo que nos mantiene a flote. -

-Ahora resulta que es nuestra culpa, ¿qué hay de tus malas decisiones? -

-Querida Sarah, mis malas decisiones las he pagado con creces, empezando por haberme casado contigo, así que ahora vayan a arreglarse las dos, o no verán un solo centavo más de mi parte. -

Leegan salió del salón dando un portazo. Se dirigió a la biblioteca dónde encontró a Neal bebiendo. ¿Qué había hecho con su vida? ¿cómo habían llegado a ese punto? Estaban prácticamente arruinados, él siempre se había escudado en que sus hijos eran responsabilidad de Sarah, ya que él se hacía cargo del dinero. Pero la realidad es qué Sarah tenía razón, le había fallado a su familia.

-Neal. -

-Padre. -

-Estamos arruinados. -

-Lo sé, lo que tú no sabes, es que cometí un desfalco en las empresas Andrey, y mi departamento está siendo auditado. -

-¡Neal! Devuelve el dinero. -

-No lo tengo. -

- ¿Qué hiciste con él? -

-No quieres saberlo. – Neal se hallaba en la puerta, volteó a ver a su padre significativamente, y salió de la habitación.

-Neal…-

El mundo se derrumbaba alrededor de Leegan.

Elizabeth y Candy estaban en el pequeño salón de visitas a un lado de la habitación de Candy, años atrás Albert había mandado a decorar ese salón para ella, sin embargo, nunca lo había usado, ahora, lo veía y se preguntaba cómo no se había dado cuenta antes de cuanto la amaba Albert. El lugar era hermoso, y cada detalle en él demostraba la devoción de Albert hacia ella.

Y bien Elizabeth, que es lo que pasa por tu mente. -

Hace algunas semanas me desperté porque escuché la voz de alguien diciéndome que no valía nada, que William me odiaba, no sé muchas cosas…pero sabes, creo que no me lo decían a mí, sino a ti, te lo dije hace unos días.–

Sí, lo había olvidado, con todo lo que ha pasado. ¿Desde cuándo sientes lo que me pasa?. -

Comenzó cuando tú te perdiste, o al menos eso es lo que he llegado a deducir. –

Yo también escuché tu voz en la madrugada, diciéndome lo que me dijiste cuando te despediste de mí en la cabaña de caza. -

¿En la madrugada? -

Sí, la noche antes de que lograra salir de mis tinieblas. -

Las dije… después de que escuché las palabras que te decían quise contrarrestarlo… Candy, ¿quién era la que te hablaba? -

Una de las enfermeras…-

¿Porqué? ¿dónde está ella? -

No sé, desapareció el día que me mudé a la cabaña de caza, Albert la ha buscado, porque le dije lo que sucedió, pero no lo ha logrado, creemos que es una pobre mujer que Eliza contrató. -

O una mujer muy rica que ahora tienes de invitada en tu casa. -

¿Elizabeth? -

¿Hay alguien que te inquiete? ¿O te haga sentir furiosa? Hoy lo sentí, por eso fui a buscarte a la biblioteca, escuché su voz cuando nos dijo que habría que ver si nuestra amistad podía sobrevivir, y no tengo muchas dudas de que ella y la enfermera son la misma persona. –

Entonces no estoy loca…-

No, creo que no, o si no ambas lo estamos, lo que necesitamos es pensar como la descubriremos…debemos hablar con Richard y con Albert. -

Elizabeth, esto cambia muchas cosas, mientras era una pobre mujer que necesitaba dinero tenía sentido, pero Beatrice ciertamente no necesita el dinero, entonces, ¿por qué?

No lo sé Candy, pero te aseguro que ni Richard ni Albert pararán hasta descubrirlo. –

¿Descubrir qué? - Richard había entrado en ese momento buscando a Elizabeth, y alcanzó a escuchar sus últimas palabras.

Candy y Elizabeth le contaron lo que sospechaban, y ambas pudieron ver como Richard se tensaba, y sus ojos se llenaban de enojo.

No deben acercarse a ella. -

Richard, necesitamos saber…-

Sí, y les aseguro que Albert y yo nos haremos cargo. -

Richard, no puedo solo esquivarla, quiero saber porque me odia, esto no fue por dinero, hay algo más. -

Candy, te entiendo, y por eso te pido que seas prudente. –

Hablaré con Albert, y veremos qué opina él, y que tanto sabe de Beatrice, después de todo es parte de su familia. –

Está bien, Elizabeth, debes descansar, vamos.-

Elizabeth volteó a ver a Candy, no tenía dudas, ella era su hermana, y ahora quería saber porque las habían separado.

Richard, espera, Candy, si estás de acuerdo, quiero saber por qué…-

¿Porqué?

Por qué nos abandonaron, y por qué nos separaron. -

¿Estas segura? –

Sí.

Hablaré con Albert para que ponga a sus hombres a investigar. -

Yo pondré a los míos a investigar también. –

Gracias Richard. –

Richard y Elizabeth salieron de la habitación y Candy se quedó pensativa por unos momentos, estaba tan sumida en sus pensamientos que no sintió cuando la puerta se abrió a sus espaldas, y la apuesta figura de su esposo entró al salón, cerrando la puerta sin hacer ruido.

Albert la observó por unos momentos, se acercó y ella seguía sin darse cuenta. Cuando puso sus manos sobre sus hombros ella se sobresaltó.

¿En qué piensas? – le susurró al oído mientras tomaba asiento a su lado.

Demasiadas cosas, Elizabeth quiere respuestas sobre nosotras, tenemos dudas sobre Lady Adams, y no tengo idea de que se supone que Marie debe usar para esta noche, en que te amo, y en que fui una tonta al no darme cuenta de cuanto me amabas antes..-

Y quieres explicarme como es que todo eso se conecta…-

No sé conecta, solo preguntaste que había en mi mente. -

Vamos por partes entonces, Marie, se puede poner lo que sea, la tía Elroy de seguro sabe que sucede con eso, y su mucama ya debe tener todo listo…-

Soy una mala madre…-

Jajajaja, no, solo no hiciste esos arreglos tu. -

Pondré a mis hombres a investigar acerca de ti y de Elizabeth, y no sé a qué te refieres con lo de Lady Adams.-

Candy le contó sus sospechas, y vio como al igual que Richard su quijada se tensaba y sus puños se apretaban.

-Albert… -

- No digas nada, si lo que sospechan es cierto nos haremos cargo. –

Él se quedó pensativo. Candy lo observó y recordó que había dejado de responder a sus pensamientos.

-Te faltan dos puntos… -

- ¿A qué te refieres? –

- No me contestaste nada cuando te dije que te amo, y que fui una tonta al no haberme dado cuenta de ello antes. -le dijo ella mientras desabotonaba el primer botón de la camisa.

El sacó de su mente todo lo demás y se concentró en ella. Candy se deshizo de la corbata, y la usó para vendar los ojos de Albert.

Quiero que te olvides de todo…- susurró en su oído.

Desabotonó su camisa y también se deshizo de ella, comenzó a besarlo, saboreando sus labios, cambió de posición y se subió en su regazo quedando frente a frente, él puso sus manos sobre sus muslos, acariciando suavemente por encima del vestido, ella besó su cuello, el metió la mano debajo del vestido para seguir acariciando su piel. Todas las preocupaciones se esfumaron, y en la habitación solo estaban ellos dos.

Se quedaron dormidos en la suave alfombra, uno en brazos del otro, Albert despertó porque sintió que ella se estremecía con el fresco del anochecer, alcanzó una suave manta de cachemira que estaba en el sofá y la cubrió, mientras ella apretaba su piel desnuda al cuerpo de él.

La penumbra inundaba la habitación, alguien abrió la puerta.

¿Candy? ¿Albert? – la grave voz con acento británico llenó la habitación y antes de que cualquiera de los dos reaccionara encendió la luz, y sintió un poco en carne propia lo que Candy había sentido cuando lo encontró a él con Sarah. Terry amaba a su esposa, pero ver a la pecosa con alguien más no era agradable. ¿por qué siempre los encontraba en esas situaciones?

¿Terry? - Albert y Candy lo veían fijamente.

Lo siento, una vez más su tía me mandó en su búsqueda porque están retrasados. -

Debo decirle a la tía que encuentre otro mandadero. –

Eso parece, los dejo.-

Candy y Albert rompieron a reír una vez que Terry salió. -Deberíamos pedirle a la tía que lo mande más seguido a buscarlo, su cara vale la pena. –

¡Albert! –

Debes admitir que verlo titubear y quedarse sin palabras es algo que no ves todos los días.

Candy le sonrió mientras se envolvía en la manta y se dirigía a su habitación por la puerta interior para que Dorothy la arreglara.

La fiesta había comenzado, Albert le mandó a decir a la tía que comenzará sin ellos, que estaban trabajando en pro de la familia para tener un heredero. Elroy Andrey sonrió. Lo cual llamó la atención de James Machintosh.

-Elroy, querida, la sonrisa te sienta bien. –

- Gracias James, no te acostumbres a ella. –

- Puedo adivinar que ahora que Candy y William están juntos veremos más de ellas. ¿Cuál fue la excusa para no presentarse a tiempo? ¿encontraron una ardilla en necesidad? –

- Están trabajando para conseguir un heredero. –

- Jajajajaja, sólo William es capaz de mandarte decir eso… aaahhh ser joven de nuevo y estar enamorado. –

- James, la gente nos voltea a ver. -

- Debe ser porque se han acostumbrado a vernos con rostros avinagrados, pero estoy seguro que si les explicamos entenderán. –

- Eres incorregible James, no sé cómo te aguanta tu esposa. –

- Está enamorada de mí, querida prima, pero no solo me acerqué para reír de las ocurrencias de William, estás lista para enfrentar lo que está por venir. –

-Sí, no será fácil, pero apoyaré a William y a Candy. –

- Muy bien, sabes, William me pidió que le ayude a investigar sobre Candy y Elizabeth, y sobre Beatrice Adams. –

- Mantenme informada. –

- Cómo siempre querida prima, pero ahora debo volver con mi esposa, porque le prometí bailar. –

Candy y Albert se integraron a la fiesta por un rato, bailaron un poco, y después Candy se encargó de llevar a Marie a la cama. Sin querer se quedó dormida en la recamara de la pequeña mientras la acompañaba, ahí la encontró Albert, aún vestida de gala abrazando a la pequeña. Se llenó de ternura al contemplarla y se preguntó que sentiría al verla con un bebé en brazos. Suavemente la despertó y llamó a la nana de Marie para que se quedara al pendiente.

La habitación de Candy estaba más cerca que la de Albert, así que se dirigieron allí, ambos estaban muy cansados, Dorothy había dejado piyamas para ambos en la habitación, lo mismo había hecho en la habitación de Albert. Ambos se desvistieron, y Albert recibió a Candy en sus brazos, ella se arrulló escuchando los latidos de su corazón.

La reunión con los Leegan estaba planeada para las 10 de la mañana, nadie en la familia Leegan había logrado descansar realmente desde que el Sr. Leegan les dijo a todos que el consejo quería verlos.

El consejo permanente, Geroge, Elroy, William y Candy estaban reunidos en el salón, los Leegan entraron. William les dio la bienvenida.

Por favor tomen asiento. –

Gracias William. ¿Puedes decirme de que se trata esto? –

Pues verás, es sencillo, tus hijos y tu mujer hicieron de todo para destruir a Candy, los escándalos de prensa fueron pagados por Eliza con dinero que Neal robó de la empresa, y tú estás prácticamente quebrado. Lamentablemente no hay mucho que podamos hacer, el consejo ha votado por expulsarlos del clan, con la posibilidad de revisarlo en cinco años si tu familia se comporta. Los negocios y propiedades que aún te quedan serán administradas por las empresas Andrey como pago de lo que tu hijo nos desfalcó. –

William… ¿no te parece que estas yendo demasiado lejos? Tía Elroy…-

Ni siquiera me mires Sarah, tus hijos son los que fueron demasiado lejos esta vez. –

¿De qué vamos a vivir? –

Si me permiten terminar, les explico, les daremos una pensión modesta y hay una propiedad donde pueden residir, no los dejaremos morir de hambre definitivamente, pero tampoco dejaré recursos a su alcance para que puedan hacernos otra jugarreta como estas, mi esposa y yo queremos vivir en paz, si ustedes aceptan las condiciones y cumplen con su parte del trato no levantaremos cargos judiciales. –

Neal estaba demasiado borracho como para enterarse de lo que pasaba, y Eliza gemía como una niña pequeña. Albert iba a mencionar la condición que Candy había impuesto, pero ella tomó su brazo y con la mirada le dijo que no era necesario. El señor Leegan miró a Albert derrotado.

¿A dónde debemos mudarnos? –

A México, mañana mismo, y te recuerdo que si quieres la pensión debes controlar a tus hijos. –

Por un momento pasó por la cabeza de Sarah rogarle a Candy, pero eso era demasiado para su orgullo, así que solo se puso de pie y siguió a su esposo. Los empleados tuvieron que ayudar a subir a Neal y a Eliza al carro ya que él primero se caía de borracho, y Eliza se había desmayado en cuanto escuchó la palabra México.

La atmósfera en la habitación era pesada.

-Mi esposa y yo agradecemos su apoyo. –

- No tienes que agradecer William, le daremos seguimiento a la situación. –

- Hay algo más que quisiéramos platicar con ustedes… como saben estamos seguros de que Elizabeth y Candy son hermanas, y queremos investigar más sobre ellas. Pero también queremos su apoyo para saber quién es exactamente Beatrice Adams. –

- ¿A qué te refieres? –

Albert y Candy les contaron sus sospechas. Todos los presentes se quedaron pensativos hasta que Elroy tomó la palabra.

Está bien William, Candy, nos haremos cargo, a cambio de algo… -

¿Tía?

Váyanse de luna de miel, al menos dos semanas, William, aún hay tanto por delante que francamente creo que lo mejor será que se tomen un tiempo si no nunca lo harán. Cuando regresen les diremos que hemos encontrado, elaboraremos los acuerdos legales con Sophia en cuanto a la custodia de Marie. Tu y yo pasaremos tiempo juntas para enseñarte cómo funcionan las mansiones y todo eso Candy y escogeremos las caridades que más te gusten para apoyarlas, redecoraremos la mansión de Chicago a su gusto, buscaremos las niñeras adecuadas para el futuro heredero… -

Albert y Candy se sonrojaron.

-Está bien tía, ya entendimos, nos iremos cuanto la familia se haya ido. –

- William, también debes saber que después de tu luna de miel esperamos que vuelvas a las empresas. –

- Está bien James, estoy de acuerdo, nos mudaremos a Chicago. –

- Entonces está decidido vayan a preparar sus planes. –

Ambos salieron tomados de la mano.

- ¿Cómo es que a pesar de que eres el patriarca, somos mayores, y estamos casados fuimos mandados de luna de miel tal como se manda a un niño pequeño a la cama?-

-Jajajaja, te presento al consejo permanente de los Andrey querida mía, pero ven, vayamos a mi estudio a planear nuestra huida, ¿a dónde quieres ir?