Sesshomaru exhausto, bajó a Inuyasha al suelo y se derrumbó en el césped respirando con dificultad. Olvidando por completo la suciedad o los gérmenes de la tierra; sus pulmones dolían, y sus piernas eran incapaces de poder brindar un paso más.
Se había dejado llevar por la adrenalina del momento, que sus dolencias de la pelea con Rayden las dejó en el olvido. Pero ahora parecían perjudicarlo y ser su recordatorio sobre pensar bien sus acciones antes de realizarlas.
«Tal vez fue una mala idea» pensó, creyendo que debió de haber salido cuando se encontrara en buenas condiciones.
Inuyasha se sentó en el suelo, mirando con desconfianza su entorno. El lugar era un bosque y no era parecido a ninguno en el que estuviera antes (tomando en cuenta que el pobre cachorro sólo conocía dos); La brisa era cálida y agradable. Los olores eran tan exóticos y desconocidos, los arboles eran grandes y robustos y el césped era tan suave como si jamás hubiese sido pisado antes. Inuyasha se encontraba fascinado por el ambiente, pero tenía gran curiosidad de saber dónde estaban.
— ¿Shu?
Sesshomaru no miró al hanyō a su lado que trataba de imitarlo, en cambió sólo cerró los ojos tratando de relajarse y pensar.
— ¿Shu? — insistió el cachorro.
— ¿Qué?
— ¿Dónde estamos?
Sesshomaru no sabía la respuesta. Inseguro hacía donde habían llegado con exactitud. Se había concentrado tanto en perder a los guardias de su padre que no había puesto la mínima atención en el camino. Pero una cosa era segura; Se habían alejado del palacio.
—En un bosque— suspiró Sesshomaru sin dar mucho detalle.
Inuyasha sabía que era un bosque, pero no sabía cuál y observando que su hermano seguía en otros asuntos, se encogió de hombros y decidió explorar el entorno.
Permanecieron en silencio. El mayor perdido en sus pensamientos, mientras que el más pequeño olfateaba los alrededores sin alejarse de su hermano.
El cansancio de Sesshomaru desapareció y su respiración se regularizó. Trataba de adivinar en dónde estaban, recordando el camino y los pasos que dio para llegar hasta aquí.
Relajándose lo suficiente sintió el cosquilleo en su cuerpo. Indicativo de que se sanaba lentamente a sí mismo; empezando por las heridas más pequeñas e insignificantes. Con ello recordó la discusión con su padre. Sesshomaru no quería llegar al extremo de mencionar aquellas palabras, bueno… se sentía molesto (demasiado), pero realmente no odiaba a su padre, todo lo contrario, y se sentía tan mal por decir esas palabras sin intención.
Incluso ahora que tenía "Libertad", no podía deshacerse de los problemas en su mente.
Soltó un suspiro frustrado, pensando como su plan había sido arruinado. Se suponía que iba a salir lo más silenciosamente posible, quedarse un par de horas en el bosque (no es como si alguien notara su ausencia) y después volver como si nada hubiese sucedido. No intentaba huir de su hogar. Lo único que quería era espacio para sí mismo, un pequeño respiro lejos de todos los ojos del palacio. Pero no, todo su plan fracasó; Llamó la atención más de lo necesario (para él no sería sorpresa si sus padres se enteraron), ese par de horas tenían que reducirse drásticamente por culpa de Inuyasha que prácticamente se pegó a él y arruinó todos sus planes... nuevamente, Inuyasha era el culpable de todas sus desgracias.
La amargura y el resentimiento llegaron a Sesshomaru, mirando con molestia al pequeño hanyō que olfateaba una extraña planta. El más joven sintió la pesada mirada y miró con cautela, con sus orejas pegadas a su cabeza.
Inuyasha estaba inseguro al ver a su hermano. Sesshomaru tenía ese extraño sentimiento en sus ojos, casi al igual que los humanos que lo rechazaron.
— ¿Shu?
Sesshomaru rompió el contacto visual al escuchar a Inuyasha.
—Olvídalo—Murmuró Sesshomaru, evitando obsérvalo. Tenía tantas cosas que decir, pero ¿Qué caso tenía?
Descargar su furia en Inuyasha no serviría de nada, ya cometió ese error con su padre, no quería volver a cometerlo de nuevo.
Inuyasha se acercó a Sesshomaru sintiendo la confusión del mayor y tocó con cuidado el hematoma del brazo derecho del daiyōkai. Sabía que su hermano mayor estaba herido.
— ¿Qué haces? — se quejó Sesshomaru, no había notado la cercanía del menor.
— ¿Te pegaron? — preguntó Inuyasha, señalando el moretón.
—No es nada— respondió.
Inuyasha ignoró la respuesta — ¿Te defendiste?
Sesshomaru le miró por un par de segundos con sorpresa —Sí, si lo hice— respondió.
Inuyasha sonrió ante la respuesta, pero después fue invadido con la confusión. ¿Por qué alguien atacaría a Shu? Shu no era un hanyō y parecía saber y poder hacer todo.
— ¿Por qué? — curioseó Inuyasha.
—No iba a permitir que me atacaran sin…
—No, eso no— Interrumpió Inuyasha — ¿Por qué te atacaron?
—Porque son unos idiotas — murmuró Sesshomaru para sí mismo, pero el comentario también fue escuchado por el pequeño —. A veces atacan sin ninguna razón— corrigió. Realmente Sesshomaru desconocía por qué Rayden lo molestaba todo el tiempo.
Eso tenía un poco de sentido para Inuyasha, pero no estaba satisfecho con la respuesta. Abrió la boca para preguntar, pero fue interrumpido por Sesshomaru.
— ¿Qué era esa planta que olfateabas? — preguntó fingiendo interés. Sabía que si seguía con las preguntas de Inuyasha no tendría fin, ahora que el cachorro podía hablar mejor se convirtió en insoportable por querer saber el "¿Por qué?" y el "¿Cómo?" de todo.
Inuyasha rápidamente corrió de vuelta a la planta —Mira, Shu— dijo el cachorro tentado a tocarla.
Sesshomaru se levantó de mala gana (sus piernas ya no dolían más, pero tenía la necesidad de seguir acostado), se acercó a su hermano y observó la planta.
Era una flor. Una orquídea pequeña muy extraña; Su tallo delgado color verde, tubérculos pequeños y ovoides, y dos flores blancas con lóbulos que asemejaban la extraña forma de una garza en vuelo.
—Sagiso— comentó Sesshomaru.
Inuyasha miró confundido.
—Ese es el nombre de la planta: Sagiso.
— ¿Las flores tienen nombres?
—Es una orquídea y sí. Es para reconocerlas.
—Oh, Hola Sagiso— saludó Inuyasha a la pequeña orquídea blanca.
Sesshomaru rodó los ojos, creyendo la actitud de Inuyasha demasiado torpe. De la nada recordó la situación de su escape y se cuestionó sobre la manera en la que debería volver: Tendría que volver al palacio derrotado y avergonzado o esperar a que su padre llegara por ellos y que lo reprendiera a él lejos de todos. Ninguna opción era buena, pero podía vivir con la segunda opción, aparte no sabía muy bien donde estaba así que la segunda se convirtió en la única; su padre conocía las tierras como la palma de su mano no tardaría mucho en encontrarlos.
Suspiró derrotado hasta que una liebre llamó su atención y sus instintos de cazador se despertaron.
—Inuyasha, ¿Sabes cazar?
Inuyasha negó con la cabeza sin dejar de admirar la Sagiso.
—Podría enseñarte— Se ofreció Sesshomaru en un intento de despejar su mente de los problemas familiares y haciendo tiempo para la llegada de su padre.
Inuyasha se emocionó ante la idea e ignoró a la orquídea por completo para centrarse en Sesshomaru.
— ¿Quieres enseñarme? — preguntó con demasiada emoción, sin poder creer la proposición.
—Sólo si tú quieres aprender— respondió Sesshomaru.
— ¡Si, si, si! ¡Sí quiero! — contestó Inuyasha con demasiado entusiasmo, ocasionando que Sesshomaru comenzara a arrepentirse de la idea.
Sesshomaru empezó enseñándole las cosas más básicas de la cacería y las habilidades necesarias: Paciencia, atención a su entorno y el sigilo. También le advirtió de los peligros.
Sesshomaru hizo una demostración de cómo cazar correctamente sin matar a la criatura acechada: una liebre. No veía necesario asesinarla sin motivo. Inuyasha estaba maravillado con la enseñanza, idolatrando a Sesshomaru. Su hermano realizó la cacería con tal sigilo y rapidez que Inuyasha había temido estar solo por unos segundos.
Sesshomaru disfrutaba de la atención y la admiración por parte de Inuyasha. Ahora era turno del más pequeño.
Inuyasha corrió por todo el lugar con entusiasmo en busca de alguna presa; olfateando con su nariz pegada al suelo, distrayéndose con cualquier ruido y saltando sobre cualquier cosa que mostrara movimiento. Ladraba con emoción cada vez que avistaba un objetivo. Todos los animales del bosque eran alertados por la presencia de ambos.
Sesshomaru no pudo evitar reír a pesar de que intentó duramente de ocultarlo. Los tristes intentos y las torpezas de Inuyasha eran demasiado divertidas para romper sus barreras. Quería reprenderlo por su falta de cuidado, pero le era imposible; No quería arruinar la alegría del cachorro y aparte él también se divertía de ello. Sólo le llamaba la atención cuando era debidamente necesario.
Inuyasha entre salto y salto, encontraba rastros o plantas que atraían su atención. Preguntándole a Sesshomaru que eran tales cosas. Sesshomaru aprovechó esas oportunidades para brindar su conocimiento de la Fauna y flora del lugar. Dándose con ello una idea a sí mismo sobre dónde se encontraban.
Inuyasha estaba maravillado. Sesshomaru era tan listo como mamá y papá. Realmente admiraba a su hermano mayor.
Siguieron perdiendo el tiempo en la "cacería", si a lo que sea que hacía Inuyasha se le llamara cazar.
Sesshomaru se preocupaba al saber que no había ninguna señal de su padre, pero no se asustaba sobre el lugar. «Probablemente padre este muy ocupado» pensó o eso es lo que le gustaba imaginar. Su otra opción era que su padre no tenía ningún interés en recuperarlos y eso no era el caso. Si su padre odiaba a Sesshomaru por lo menos tendría la decencia de recuperar a su hijo pequeño.
—Shu, tengo hambre — se quejó Inuyasha, al igual que su estómago.
Sesshomaru miró a su alrededor para encontrar algo, pero Inuyasha había espantado a todos los animales del bosque.
—Creo que tendremos que pescar— murmuró Sesshomaru. Era la única opción que quedaba.
— ¿Yo también puedo?
Si permitía que Inuyasha pescara primero, significaba que no habría comida. No podía arriesgarse a ello.
—Lo haré primero yo y después tú. Pero antes tenemos que hacer una fogata.
Inuyasha asintió y caminó detrás de su hermano.
Inuyasha recolectó puras pequeñas ramitas mientras que Sesshomaru recolectaba troncos. Inuyasha se emocionó más al ver que su hermano hizo fuego y que cada vez que lanzaba alguna de sus ramas; el fuego crecía.
—Inuyasha, ten cuidado—advirtió Sesshomaru.
Pero Inuyasha estaba demasiado entusiasmado lanzando sus ramitas. Sesshomaru no se preocupaba tanto porque Inuyasha tenía una buena distancia alejado de la fogata.
Pescar fue un poco más fácil que la cacería. Sesshomaru logró capturar 3 peces: dos medianos y uno grande. Lo suficiente para alimentarlos.
—Wooooow Shu, lo hiciste— dijo Inuyasha con admiración —Ahora es mi turno.
Antes que Sesshomaru pudiera llamarle la atención. Inuyasha se lanzó al agua chapoteando y espantando sin querer toda vida acuática.
Sesshomaru decidió dejar a Inuyasha juguetear y él fue a preparar los pescados. La fogata se encontraba a sólo 8 pasos lejos del río, lo suficiente para observar al hanyō.
A pesar de que en ocasiones llegaba a sentir cierta molestia hacía Inuyasha, ahora era su completa responsabilidad cuidar de él. No sólo porque Sesshomaru era culpable de traerlo «Debí de haber sido más cuidadoso» se regañó internamente. También porque sus padres no le perdonarían si algo le sucediera al pequeño medio demonio.
Inuyasha olfateó y fue recibido por el delicioso aroma del pescado. Volvió nuevamente a su hermano esperando la comida.
Sesshomaru le entregó el pescado y tomó uno para sí mismo. Ambos se sentaron en el suelo. Sesshomaru estaba incómodo por la cercanía de Inuyasha, pero tenía una buena razón.
—Inuyasha, estas empapado— se quejó el mayor.
—Lo siento Shu, no atrapé nada y tengo frío— respondió el cachorro con evidente decepción, sus orejas y mirada era suficiente prueba de ello.
Sesshomaru resopló y permitió que el más joven se acorrucara junto a él, para finalmente cubrirlo con su estola. Fue incómodo por la humedad de Inuyasha, pero no quería que se enfermara.
—Gracias Shu— agradeció Inuyasha.
Sesshomaru fingió no oírlo —Ten cuidado con el pescado, está caliente y tiene espinas—advirtió.
— ¿Qué hago? — preguntó Inuyasha, preocupado.
—… Sólo ten cuidado al comerlo
Inuyasha realizó lo mismo que hacía su mamá cuando la comida era demasiado caliente: Sopló y dio pequeños bocados.
Sesshomaru iba a darle un mordisco a su comida cuando unas extrañas energías llamarón su atención. No eran ninguna familiar o conocida, ni tampoco parecían ser amistosas.
Inuyasha se detuvo al escuchar los gruñidos bajos de su hermano, parecía alertado por algo e Inuyasha quería saber qué es lo que molestaba a su hermano mayor.
Sesshomaru no sabía si ocultar su energía demoniaca o aumentarla lo suficiente para espantarlos.
Cualquiera de sus acciones no serviría de nada. Las extrañas energías se acercaban a una gran velocidad.
