Como le dije a mi beta, las excusas son solo eso... Escusas, estos días no han sido los mejores y me han tenido muy reacia a escribir una historia de amor cuando ultimamente no creo que el amor siquiera exista... pero no se asusten, no estoy depresiva ni nada parecido, estoy mas bien molesta con el ambiente mismo que nos rodea...
Aunque también es cierto que el Mundial me ha tenido bastante distraída, de corazón siempre he ido a Portugal (si a pesar de lo mal que van) sin embargo este año estoy fascinada con "La roja" y con Colombia, así que voy por ellos también... no se molesten los demás que todos tienen su protagonismo jeje
Gracias a mi hermosa Beta por estar ahí y por editar esto taaan rápido (apenas se lo pasé ayer)
Como siempre los personajes conocidos son de Meyer, pero sus personalidades y el resto de los personajes son míos.
¡Besos! y nos vemos en el próximo.
¡Los quiero!
Capítulo 34.
Peticiones.
Edward se asomó al cuarto principal del apartamento y suspiró al verla, apoyó la cabeza al marco de la puerta mientras cruzaba sus brazos. —Me vas a volver loco, nena —susurró tratando de no molestarla, Bella se removió pero no llegó a despertarse, por lo que se retiró del cuarto trancando la puerta tras él con delicadeza.
Tocaron la puerta del departamento y con el ceño fruncido se apresuró a abrirla, la imagen que se presentó ante él lo dejó aún más confundido.
Emmett y Rose se encontraban bajo el dintel de su puerta, tomados de la mano; la libre de él descansaba sobre una enorme maleta, Edward abrió sus ojos de más pero terminó apartándose del camino.
—¿Qué sucedió? —preguntó atónito. Emmett la haló haciéndola entrar, aun manteniéndola de la mano.
—Que no piensa antes de hablar, ¡eso fue lo que sucedió! —gritó dejando la maleta en medio de la sala. A Edward le impresionó el tono, Rose en cambio se sacudió violentamente de la mano del jefe de seguridad.
—¡No me jodas más, Emmett! —reclamó furiosa.
—¿Estoy diciendo mentiras acaso? —Las cejas del escolta volaron hacia arriba en una mueca sarcástica.
Rose entrecerró los ojos convirtiéndolos en unas rendijas azules.
—Eres un idiota —respondió la rubia.
—¿Idiota? ¿Acaso yo decidí dármelas de valiente y abandonar el techo sobre mi cabeza sin tener idea a dónde demonios ir?
—¿Me estás llamando idiota?
—¡Tú lo hiciste primero!
Edward se colocó entre los dos.
—Chicos, chicos, bajen el tono, Bella está durmiendo, por favor. —Ambos lo oyeron pero ninguno siquiera lo miró, siguieron desafiándose con la mirada.
—¿Pretendías que me quedara allá? —la voz de Rose era más baja. Emmett sacudió la cabeza.
—Solo quería que pensaras bien antes de gritarle cuatro cosas a todos los integrantes de la familia Swan, familia para la que yo trabajo, gritona.
Edward alzó sus cejas y se sentó en el sofá mientras los observaba descaradamente, se dijo a sí mismo que no se apartaba para poder separarlos en caso de que se alteraran de nuevo.
—No tenías que salir en mi defensa, sé cuidarme sola.
Emmett resopló una risa resignada. —Me preocupo por ti, ¿es tan difícil de creer?
Rose mordió su labio y apartó un poco la mirada sus, ojos estaban un tanto mas brillantes, pero ya no era por causa de la rabia.
—¿Lo haces? —preguntó con voz baja.
Emmett sonrió sacudiendo la cabeza. —Eres mi novia, ¿cómo no voy a preocuparme?
Rose le dedicó una sonrisa encantadora y lanzó los brazos alrededor del cuello de Emmett, se fundieron en un beso cargado.
Edward alzó las cejas y con una palmada en sus muslos se puso de pie inmediatamente.
—Y ésta es mi salida —dijo bordeándolos como pudo en el pequeño espacio de la sala. Rose soltó una exclamación y Emmett una risita mientras se separaba.
—Lo siento, Bro —dijo deteniéndolo—. Mi novia aquí a veces es realmente exasperante.
Edward rió ante el manotón que le dio Rose en el pecho, Emmett se quejó sobándose el área herida, aunque era evidente que ella no había aplicado fuerza.
—¿Me cuentan qué pasó? —preguntó Edward volviéndose a sentar.
—Cuéntale tú, gritona, necesito un trago. —Le dio un beso en la sien y se fue a la cocina.
—¡No hay cerveza! —exclamó Edward y Emmett rodó los ojos conformándose con una limonada.
Rose le explicó a groso modo como había salido de la hacienda los Cisnes. Edward escuchó con atención y subió las cejas asombrado cuando la rubia le pidió un favor.
—Sé que no puedo pedirte nada, también sé que ustedes están recién casados y lo menos que quieren es un intruso, será tan solo por esta noche. —Frunció la nariz un poco—. Bueno, quizás dos noches, pero nada más.
Edward suspiró. —No tengo nada en contra de que te quedes aquí, Rose, de verdad. —Le dedicó una sonrisa pequeña—. Aparte de ser la mejor amiga de Bella, te considero mi amiga también. —La rubia asintió estando de acuerdo—. Por hoy y mañana puedes quedarte. —Tanto Rose como Emmett suspiraron aliviados—, pero el viernes no puedes estar aquí.
Rose asintió sin pedir explicaciones, necesitaba un techo por ahora, tomaría lo que le ofrecieran sin preguntar.
Edward sin embargo quiso aclarar. —El viernes viene Jessica Stanley.
Emmett alzó sus cejas. —No digas nada más, hermano, el viernes no habrá rastros de Rose aquí. Conseguiremos algo para ella, lo prometo.
Rose se asombró por las palabras de su novio y una repentina ola de celos le cubrió la espalda.
—¿Quién carajos es Jessica Stanley?
Emmett sacudió la cabeza. —Nadie, gritona, ella no es nadie.
—¿Nadie? Si es nadie ¿por qué no quieres que esté aquí y conocerla? —A pesar de las palabras de reclamo de la rubia, la sonrisa en los labios de Emmett fue inmensa, fue casi la misma reacción de ella cuando él la llamó "novia".
Edward sin embargo no le pareció nada amistoso el tono de la rubia.
—Rose —llamó su atención—. ¿Recuerdas a Nicole? ¿La chica que fue hace tiempo a la hacienda conmigo? —
La rubia frunció el ceño. —¿La adolescente? —Edward asintió—. No sé nada de ella, solo que es familia tuya.
Edward vio por un segundo a su amigo. Este, aunque tenía cara de preocupación, asintió mínimamente. Edward respiró profundo volviendo su atención a la rubia.
—Nicole, es alguien muy especial en mi vida, si Dios y Jessica Stanley quiere, me convertiré en su tutor legal, Bella también. Jessica Stanley es la trabajadora social que dirá si somos lo suficientemente buenos para quedárnosla.
Rosalie, por primera vez que Emmett supiera, se quedó en sepulcral silencio mientras Edward le explicaba con lujos y detalles todo lo que había hecho para poder adoptar a la chica.
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Cuando Bella se despertó pensó que había dormido más tiempo del que había calculado, ni siquiera había recordado el encontrarse cansada. Se estiró ruidosamente y se sentó en la cama, pasando las manos por su desordenado cabello; poco a poco recordó las últimas horas y suspiró ruidosamente. Ella y Edward iban a discutir, de eso estaba segura.
Prefiriendo volver a cepillarse los dientes antes de hablar con su esposo, se dirigió directo al baño. Para cuando salió, las risas desde la sala hicieron que su ceño se arrugara, sabía que una de las risas pertenecía a su esposo, la otra era de una mujer. Sin saber bien como clasificar el calor repentino en sus mejillas, casi corrió hasta la cocina.
Su mejor amiga y su esposo estaban riendo y conversando solos, mientras compartían lo que parecían unas tortillitas saladas y un refresco, arrugó los ojos y parpadeó repetidas veces.
—Hey Bella —saludó Rosalie con demasiada frescura—. ¿Tienes hambre?
Bella sacudió la cabeza, y enfocó entonces a Edward. Este estaba serio, demasiado serio, toda risa había sido borrada de la cara del escolta.
Rose se dio cuenta del intercambio de miradas entre los dos y disimuladamente se colocó de pie. —Creo que debería marcharme, ya que Bella despertó voy a aprovechar de darme la ducha que me ofreciste antes.
Edward apartó la mirada de su esposa para sonreírle a Rose y asentir. —Quedas en tu casa.
Rose le sonrió de vuelta. —De veras, gracias.
Sin darse cuenta, Bella cerró sus manos en puños muy apretados.
Rose tomó un paquete del sofá en el que Bella no reparó y pasó frente a ella con una sonrisita, dirigiéndose directamente al baño.
Bella volteó la cabeza siguiéndola y preguntándose ¿De cuándo acá Rose se manejaba tan bien en su casa?
—¿Tienes hambre? —la voz plana de su esposo la distrajo de nuevo. Sacudió la cabeza girándose hacia él—. Rose me dijo que no comiste, es tarde, debes estar muriéndote de hambre.
Aún no la miraba a los ojos.
—¿Rose te dijo? —encontró su voz, que estaba un poco ronca. Él asintió sin verla mientras buscaba alguna cosa en la nevera—. Edward —su voz era baja y algo furiosa.
—Ahora no, Bella. —Finalmente se dignó a mirarla—, por mucho que tengamos que hablar o discutir, ahora no es un buen momento.
—¿Por qué demonios no es un buen momento? —su tono fue un poco más fuerte, cosa que le llamó la atención a Edward.
—Porque tenemos visitas, no quiero que Rose nos escuche pelear.
—¡Deja de llamarla Rose!
El grito los sorprendió a ambos, ella llevó sus manos directamente a su boca, sus ojos estaban realmente abiertos. Edward depositó con cuidado una jarra de agua que sostenía.
—¿Cómo quieres que la llame? —preguntó con voz baja y seria—. ¿Acaso Rose no es su nombre?
—¡Rosalie! Llámala Rosalie —dijo aún hablando duro, ambos pensaron que la rubia podía escucharlos, pero ninguno lo dijo en voz alta—. ¿Qué está haciendo aquí? ¿Por qué se está bañando en tu baño?
Edward respiró profundo, lo que estaba pensando no podía ser cierto, era una tontería, sin embargo tuvo que luchar contra la sonrisa que intentaba asomarse en sus labios.
—Es nuestro baño, nuestra casa.
Bella rodó los ojos, quería golpearlo, pero sobre todas las cosas, quería saber que demonios hacía Rose allí.
—Respóndeme.
El humor de Edward volvió a desinflarse.
—Por qué mejor no me respondes, ¿qué hacías sola en Los Cisnes? ¿Por qué no insististe en llamarme? O ¿Por qué no te preocupó mi angustia?
—No estamos hablando de Los Cisnes, Edward, estamos hablando de otra cosa. —Bella tenía los dientes apretados.
—¿En serio? ¿Crees que el hecho de que Rosalie esté aquí y tu escapada a Los Cisnes no tienen nada que ver? Todo lo contrario, nena.
—¿De qué estás hablando?
Edward se le acercó mucho, sin embargo no la tocó, cuando le habló lo hizo viéndola directamente a los ojos.
—Rose… Rosalie se fue de Los Cisnes. Después que nos fuimos peleó con todos y salió de la casa y vino aquí porque nos considera a ambos buenos amigos y necesitaba un techo para pasar la noche, le dije que no había problema con eso, ella insistió en preguntarte y yo también quería informarte, pero estabas dormida. Rosalie me contó todo lo que hiciste y me pareció justo dejarte descansar. —Bella parpadeó rápidamente y humedeció sus labios, esta repentina furia de Edward le parecía muy sexy—. También deberías saber, que Emmett se fue hace apenas una media hora y que ambos parecían una jodida película romántica. La llamo Rose, porque así la llamas tú y me he acostumbrado al nombre, entre ella y yo no hay absolutamente nada más que una amistad que creció precisamente gracias a ti, de no habernos casado tú y yo. —Alzó sus cejas enfatizando la palabra "casado"—. Ella y yo jamás hubiéramos cruzado ninguna palabra, así que no hay nada por lo que tengas que estar celosa, nena. —Se cruzó de brazos viéndola atentamente a los ojos. Las mejillas de Bella se tiñeron aun más rojas mientras apartaba la mirada de él.
—Yo no estoy celosa —dijo dándole la espalda.
—¿No? —Ya no pudo ocultar la satisfacción en el tono. Bella negó rápidamente haciendo que su cabello se sacudiera como ella. No hubo respuesta de él, pero unos dedos se pasearon por sus brazos desnudos desde su espalda—. ¿Estás segura de eso? —No pudo ocultar su estremecimiento y se odió por eso, por lo que asintió en respuesta—. Pues a mí me parece que actuaste como una mujer celosa.
Ella rodó los ojos y se cruzó de brazos, él siguió acariciándola tenuemente.
—¿Sabes que no tienes porque sentir celos, no? —Ella se encogió de hombros—. Bella. —La tomó más fuerte haciéndola girar para que le diera el frente—. Ella es tu amiga, nena, no podía dejarla sin techo y estabas dormida para preguntarte.
—Eso no me importa —dijo ella apartándole la mirada—. Pero cuando desperté estabas riéndote con ella. Estabas… cómodo.
Edward dejó caer su cabeza hacia atrás y soltó una sonora carcajada, Bella le palmeó el pecho.
—¡No te burles!
Inmediatamente acomodó su expresión, aunque pareció costarle un poco de esfuerzo.
—No me estoy burlando, lo juro. —Levantó la mano derecha mientras ella rodaba los ojos frustrada—. Es solo que te ves realmente linda mientras estás celosa.
—No estoy celosa.
—¿Vas a seguir insistiendo en eso? —Levantó una ceja desafiante, ella le dio otro manotón.
—En este momento te detesto, Edward Cullen.
Entonces la abrazó, apretándola contra su pecho. Bella se dejó, manteniendo sus brazos entre ambos.
—No lo hagas —susurró él contra sus hebras—, la verdad te ves hermosa mientras me celas, aunque sea infundado. ¿Ves cómo me sentí la vez que fuimos a la feria? ¿Cuándo encontré aquel imbécil tocándote?
Bella frunció el ceño. —¿James? —El abrazo se apretó.
—No lo nombres. —Solo entonces entendió un poco lo que le pasaba, se relajó un poco y le devolvió el abrazo, pasando sus manos a su espalda.
—Lo siento. —Él besó su frente.
—Está bien. —La perdonó—. Sin embargo tú y yo aún tenemos una conversación pendiente. —Ella rodó los ojos.
—Prometo no hacerlo de nuevo, pero ahora no quiero hablar de eso, ¿sí? De verdad tengo hambre.
Edward sonrió viéndola a los ojos, asintió y antes de retirarse se agachó para atrapar sus labios entre los suyos, planeaba un simple besito antes de servirle algo de comida, sin embargo Bella devolvió el beso con avidez, apretando su cabello y pegándose a él como un adhesivo. Edward se sorprendió y ella aprovechó de introducir su lengua para probarlo un poco más. Las manos de él se apretaron en la cintura de ella, mientras Bella parada de puntitas lo despeinaba y lo marcaba como suyo. El cuerpo de Edward empezaba a reaccionar a las caricias, por lo que se vio obligado a separarse, ambos pechos subían y bajaban desesperados por aire, la sostuvo entonces por sus mejillas.
—Wow —susurró contra sus labios.
—Solo… —le dio un leve mordisquito en el labio inferior—, para que no se te olvide… Que eres mi esposo —dijo en medio de su agitación.
Edward le sonrió torcido y la alzó por la cintura sentándola en el mesón, Bella soltó un gritito mientras él se metió entre sus piernas y volvía a besarla, en ese momento ni se acordaban de la rubia que seguía duchándose.
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—¿Vas a contarme? —Bella se giró en la cama al escuchar su pregunta, se acomodó sobre su pecho un poco y miró a su esposo interrogante. Edward suspiró sin apartar la mirada de sus ojos—. No pregunté nada mientras cenabas por respeto a ti y a Rosalie, también me dije a mí mismo que no iba a preguntarte, pero… —suspiró y acarició un poco su cabello—, no puedo con esta… —Se encogió apenado de hombros—, curiosidad.
Bella le sonrió y acarició con su mano libre su pecho. —¿De qué exactamente estás hablando, amor?
—Ya sabes… —empezó con evasivas—, de lo que hiciste en Los Cisnes, de tu despedida con Jacob. —Bella suspiró ruidosamente y se dejó caer acostada sobre su espalda, perdida de repente en sus pensamientos. Edward se encimó un poco y besó sus labios mínimamente—. Lo siento, no quería molestarte. —Se acurrucó contra ella y enterró la cabeza en la curva de su cuello. En cierta forma a Bella le pareció gracioso, dado que siempre se posicionaban al revés. Con una de sus manos acarició su espalda descubierta.
—No tienes nada porque disculparte, es normal que quieras saber cómo fue.
La cabeza de Edward se alzó como un resorte. —¿Eso quiere decir que vas a contarme? —Bella no pudo evitar reír un poco.
—¿Hiciste todo esto para convencerme? ¿Dónde quedó el cachorrito abatido y penoso para preguntarme algo?
Edward depositó un húmedo beso en la piel de su cuello que la hizo ronronear un poco. —Aún está aquí, créeme.
Ella lo vio a los ojos con cierta súplica en ellos, también vio tanta preocupación y a la vez tanto genuino interés en su verde mirada, que le dolía en verdad no poder complacerlo.
—Preferiría no hablar de eso ahora, ¿por favor? —A pesar de que moría de curiosidad, se sintió entonces preocupado por su declaración.
—¿Fue tan terrible? —preguntó esta vez más preocupado que interesado—. ¿Las cosas no salieron como esperabas?
—No, no es eso, todo salió bien… creo —suspiró pesadamente—. No sé si lo que hago está bien o mal, creo que los ayudo, ya sabes… a los espíritus, a cruzar la línea o qué se yo. No tengo idea de que habrá al otro lado —suspiró de nuevo y se acomodó para entonces ser de nuevo ella la que se acostaba en el pecho de él—. Jacob estaba tan asustado al final, me preguntó a donde iría y no supe como contestarle.
Edward la abrazó sin saber que podía decirle. Bella, aunque no contó detalles, habló en voz baja mientras jugaba con el six pack inexistente de Edward.
—Le contó todo a Rose mediante mí, le dijimos todo y él pidió perdón, le dijo palabras bonitas y la increíble mujer que era. Rose purgó sus demonios también, pidió disculpas por sus errores y sanó sus heridas con una última conversación. Quedamos en paz, eso fue bueno.
Edward besó su cabellera apretando ligeramente el brazo en su cintura.
—Solo es que quedé realmente cansada, ¿sabes? Entre la esposa de Aro y Jake, me drenaron toda la energía.
—Descansa entonces —propuso él en voz baja. Secretamente estaba asombrado de que aún habiendo pasado toda la tarde durmiendo, Bella estaba bostezando luego de cenar. Ahora tenía una idea mas clara del porqué—. No tenemos que hablar más del asunto, lo haremos después, si quieres.
Bella suspiró y ella fue la que enterró entonces la cabeza en la curva de su cuello.
—¿Edward? —preguntó en voz baja.
—¿Dime, nena?
—No vayas a morir, ¿si? —Quizás si ella hubiera empleado otro tono o si quizás no estuvieran hablando de personas fallecidas, él se hubiera reído de lo absurda de su pregunta, pero los dos habían lidiado con la muerte de cerca en incontables oportunidades y de cierta forma, compartían el temor de la pérdida absoluta.
—Lo prometo, nena. Haré todo lo que esté en mis manos para nunca dejarte.
Bella alzó su rosto para verlo, sus ojos estaban brillantes pero ninguna lágrima fue derramada. Nunca había compartido tanto con alguien, nunca alguien la había entendido tanto como Edward. Las palabras que quería decirle se atragantaron junto con el nudo de emoción en su garganta. Edward se alzó mínimamente y atrapó sus labios en un dulce beso. Bella lo siguió, sintiendo que si lo perdía a él, su corazón y mente no iban a poder con su ausencia.
Sin poder evitarlo, pensó en Renée, ella evidentemente no estaba bien de la cabeza, podía haber sido consecuencia de los tratamientos a los que fue sometida, pero quizás su madre sufrió otras pérdidas peores y quizás esas fueron las que la dejaron así, aislada del mundo entero.
Un escalofrío la recorrió. Toda la vida había pensado que su madre la había abandonado, pero ahora pensaba que debía haber alguna otra razón tras ello, algo que nunca llegó a saber. Quizás no era nada, pero debía averiguarlo.
—¿Tienes frío? —preguntó dulcemente Edward mientras intentaba acercarla más para calentarla. Ella asintió para no entrar en detalles mientras él lanzaba el cobertor sobre los dos, apagó entonces la luz de la mesita y volvió a besarle la coronilla.
—Duerme bien, nena. —Ella solo contestó con un beso en su pecho. De repente se había despabilado, siendo lo único que ocupaba su cabeza, la condición de su madre.
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Al día siguiente las dos amigas se quedaron solas mientras Edward se dirigía a una segunda y final entrevista para su nuevo trabajo. No le dio muchos detalles a Bella porque quería que fuera una sorpresa, el hombre que lo había entrevistado, estaba sorprendido por su hoja de vida y le aseguró que aquella segunda entrevista era pura rutina, que el puesto ya era suyo. Aunque no era lo que Edward esperaba, tampoco sería exigente.
Bella y Rose se enfrascaron en una conversación superficial, ninguna de las dos mencionó el día anterior y ambas lo agradecieron. Cuando el timbre sonó y el antiguo jefe de seguridad apareció en la puerta, ambas se sorprendieron por igual.
—¿Emmett? ¿Qué haces aquí, gigante?
Él tenía una enorme sonrisa en sus labios. —Día libre, gritona —anunció para luego darle un jugoso beso en los labios. Bella apartó la mirada discretamente, ocupándose de los platos sucios—. ¿Qué me dices si empezamos a buscarnos un techo?
Bella abrió sus ojos desmesuradamente agradeciendo que se encontrara de espaldas a ellos, sin embargo, por la voz ahogada de la rubia, ella tuvo más o menos la misma reacción.
—¿Ha…hablas enserio?
—¡Claro! —El entusiasmo en la voz de Emmett era tangible—. Necesitamos un lugar para vernos, la hacienda está fuera de los límites, y no creo que Ed y la niña nos quieran muy a menudo aquí. Además… extraño tenerte. —Bella alzó sus cejas mínimamente, Rose debe haberle hecho algún tipo de seña, porque inmediatamente cambió de tono y tema—. Estuve buscando en el diario, miras. —Se abrió camino dentro del apartamento—. ¡Buenos días, niña!
Bella no lo corrigió, sino que asintió mientras lentamente se giraba a verlo, tenía tomaba con ambas manos una taza de té caliente que se había preparado minutos antes, todo el contacto con Jacob aún la tenía con un poco de frío.
Emmett se enfrascó a mostrarle a Rose los apartamentos que había seleccionado en el periódico local, diciéndole cuales podían ver ese mismo día, Rose parpadeó hacia su amiga, mostrándose tan en shock como ella. Bella levantó sus cejas y la instó a responderle a Emmett.
—¡Cla…claro! —dijo demasiado alto, aclaró su garganta—. Digo… podemos ir a ver… si…si eso es lo que quieres.
Bella sonrió tomando otro trago de su té.
—¿Por qué crees que vine aquí, tontita? Ve a cambiarte, te espero.
Rose se colocó de pie, Bella asintió hacia ella. —Puedes cambiarte en mi cuarto Rose, ve.
Cuando se quedaron solos, Bella se acercó sentándose junto a Emmett.
—Es bueno lo que haces por ella.
Emmett se encogió apenado de hombros. —Me preocupo por ella, supongo.
—Lo sé. —Probó su bebida de nuevo—. ¿Quieres un poco? —Emmett negó.
—Estoy bien, niña.
—No tienes porque llamarme niña, ya nadie lo hace.
—Todos en la hacienda la llaman así. —Luego calló su boca—. Lo siento.
Bella suspiró pesadamente. —¿Cómo está Khloe?
Emmett suspiró. —Tiene días buenos y malos. —Después de unos segundos, agregó—: te extraña, mucho.
Bella sintió una presión en su pecho, también se sintió una horrible persona. —¿Le has dicho que me has visto? No sé ¿por lo menos sabe que estoy bien? —A pesar de todo, no podía olvidarse por completo, ella era quien prácticamente la había criado, desde pequeña.
—Hablamos poco, porque dice que le entristece no verte, pero sabe que estás bien, que estás cuidada. —Asintió en respuesta.
—Aún no puedo verla, tengo algunas cosas a las que hacer frente, cosas en las que pensar, en algún momento hablaré con ella, pero ahora no.
Emmett asintió, volviéndose a quedar en silencio. —¿Puedo? —Se trabó.
Bella lo vio y asintió.
—¿Qué sucede?
—Lo siento —dijo viéndola a los ojos—. Siento haber enloquecido cuando me enteré del matrimonio, siento haberlos criticado tanto… Siento haber ayudado a llevarte allá.
Bella respiró profundo. —Ayudaste a sacarme también. —Emmett negó—. Según me contó Rose, no detuviste a Edward cuando me sacó en brazos. Pudiste haberle hecho frente, decirle que me soltara, dejar que Charlie lo alcanzara. —Emmett la vio con asombro—. Sí —dijo Bella—. Rose me contó que lo detuviste, eso ayudó, así que no tengo nada que perdonarte. Estamos bien Emmett.
A pesar de las miles de palabras que quería decirle, tan solo pudo articular. —Gracias.
Bella sonrió.
—Trata bien a mi amiga —le pidió—. Ella es muy importante para mí, mi hermana. Si le haces daño, dejaré que Edward te muela a golpes.
Emmett sonrió. —Lo prometo. Y tú por favor cuida mucho de Edward, es mi hermano, también. —Bella soltó una risita y lo empujó levemente con su hombro—. Aunque si es él el que te hace daño, seré yo el que lo muela a golpes.
Bella rió. —Lo prometo.
La pareja le insistió para que los acompañara, pero Bella declinó tal invitación con firmeza, declarando que aún estaba cansada, cosa que ya no era cierta.
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Encontrarse sola en el apartamento le pareció un tanto increíble, a pesar de que desde la última vez que estuvo así, no habían pasado cuarenta y ocho horas aún.
Se dejó caer en el sofá negándose a limpiar algo, en cambio dejó a su mente vagar. Quería ver a Renée de nuevo, intentar comunicarse con ella, tenía miedo, pero debía hacerlo.
Tomando su celular, buscó el número de Quil y tipió un mensaje rápido, tamborileó su pie en el suelo mientras un escalofrío de nervios le recorría la espalda.
—Te ves nerviosa.
Decir que se asustó no es correcto, Bella literalmente se levantó un metro del suelo, y de haberse encontrado la lámpara cerca, habría quedado guindada como caricatura infantil.
—¡SANTA MIERDA! —gritó soltando su teléfono, que gracias al forro súper resistente que tenía, no se le partió la pantalla.
—Lo siento —se disculpó Esme de inmediato—, no fue mi intención molestarte, lo lamento.
A Bella, aún con la mano en el pecho y sintiendo su corazón en carrera, le hubiera gustado reclamarle o decirle que por favor no hiciera eso otra vez, pero la verdad era que después de haber pasado días sin verla, la emocionaba mucho saberla ahí.
—Está bien, Esme. Solo…solo me tomó por sorpresa, no…no esperaba verla.
Esme se sentó en el sofá, llevaba el hermoso taller beige que siempre la acompañaba, era elegante y hermosa, el cabello le recordaba al de Edward, aunque el de ella era un poco más rojizo que el cobre de su esposo.
—Lo siento por eso —dijo Esme viéndola desde su asiento—. Me mantuve alejada un tiempo. Necesitaba —suspiró—, la verdad no sé que necesitaba.
Bella se sentó a su lado con cautela. —¿Por qué se alejó de nosotros? —A pesar de ser la madre de Edward y de que únicamente Bella podía verla, le hizo ver que le había hecho falta a ambos.
Esme le dedicó una sonrisa apenada. —No importa, lo importante es que volví. —Bella asintió—. Bella… sé que no me debes nada y que no tengo derecho alguno de pedirte algo.
Bella asintió dándole ánimos para que continuara, el espectro suspiró enviándole un escalofrío.
—¿Le has hablado a Edward de mí? —La chica negó con un poco de vergüenza—. ¿Él no sabe que puedes verme?
—Edward sabe que los veo, ya sabe, en general, pero nunca le he mencionado que puedo verla a usted. —Luego de hacer una pausa, suspiró—. La verdad no sé como lo tomaría.
—¿Podrías hacerlo por mí? —Bella alzó sus cejas sorprendida—. ¿Podrías… ponerme en contacto con él? ¿Hacerle saber que estoy aquí?
Bella parpadeó aún más asombrada. —Esme —dijo y aclaró su garganta un poco—. No creo que sea buena idea. No tengo…no tengo mucha experiencia en esto, no…no sé qué sucede después que ayudo a espíritus. Yo… no creo que pueda hacerle eso a usted, no…no me perdonaría si algo malo le sucediera.
Había estado aterrada desde el día anterior, desde que había despedido a Jacob.
Con David fue diferente, alguien les había regalado un último contacto y ella había estado feliz con sentirlo de nuevo, luego había pasado todo lo del centro neurológico y no había pensado demasiado en su partida. Pero ahora era diferente, la despedida de Jacob estaba muy fresca en su mente, él y Rose no habían compartido nada físico. Simplemente una luz, enorme y hermosa, se lo había tragado sin dejar rastro, el frío que lo acompañaba se había ido con él, dejándola con un golpe de calor terrible. Había estado agotada física y mentalmente, adicionándole lo preocupada que se encontraba por el porvenir de Jacob.
—Lo harás bien, confío en ti.
Bella se colocó nerviosa de pie.
—No —dijo en susurro—. No puedo arriesgarla a usted, no puedo hacerle eso a Edward.
—Ni siquiera sabes que puede pasarme, solo quiero hablarle, que sepa que nunca lo dejé.
—Eso es lo que no me entiende, lo que me está pidiendo es arreglar un "asunto pendiente", eso significa que una vez lo haya hecho, se irá, ya no estará más aquí y no sé a dónde puede ir —suspiró y bajando la voz completó—: Es un riesgo que no quiero correr, no con usted. Por favor, no me pida esto.
—¿Y es mejor que me quede aquí, así? —Levantó sus manos.
Bella detuvo su charla de inmediato, se sentó de nuevo a su lado y enterró el rostro en sus manos.
—No —contestó en voz baja—, supongo que no.
—No sabemos qué pasará después, pero hay algo de lo que estoy segura, quiero un cambio. —Bella levantó la mirada centrándola en la de su suegra, estaban tan cerca que la piel erizada no había abandonado a la chica aún—. Cuando me fui físicamente, pero de alguna mágica manera podía aún ver a mi único hijo, sentí que podía ser feliz, ya sabes, Dios me había concedido un hermoso regalo.
Bella sonrió, algo parecido le había dicho David hacía mucho tiempo.
—Así que lo tomé sin preguntas y sin condiciones, simplemente por lo que era. —Esme le sonrió—. Hasta que apareciste tú. No sé con exactitud cuánto tiempo he estado con Edward, tampoco recuerdo si estuve aquí desde el principio, o desde la fatal muerte de Andrea, no sé. —Negó despacio.
Bella pudo ver que en sus ojos la desesperación momentánea de no ser maestro de tu propio destino.
—Cuando sentí tu presencia por primera vez, estaba realmente asustada, tenía miedo de que lo que sentía no fuera real, que no me escucharas realmente o que estaba imaginando cosas, estaba tan preocupada por la relación entre mi Edward y Nicole. —Negó con la cabeza—. Edward estaba tan atormentado con el asunto de Andrea. —Entonces una sonrisa se dibujó en sus labios—. Pero ahora todo está mejor, tu presencia lo ha solucionado todo. —Bella soltó una risa apenada.
—Eso no es totalmente cierto, mi presencia solo ha apaciguado un poco a Jessica Stanley.
—Que está a un simple paso de darle definitivamente la custodia a Edward.
Bella negó despacio, como indicándole que si en verdad eso sucedía no sería gracias a ella sino al esfuerzo de Edward.
—He estado pensando mucho. —Esme cambió de tema—. Me imagino que te preguntarás el porqué huí de aquella forma hace días.
Bella, a pesar de sentirse mal educada, asintió realmente curiosa.
—Han sido una mezcla de emociones. Verás… Edward perdió a su papá cuando era muy joven. —Bella parpadeó acomodándose para poder verla de frente—. Nunca fuimos capaces de hablar de ese tema, yo estaba tan dolida por la pérdida de Carlisle que no le presté la atención suficiente a mi pequeño.
Bella quiso intervenir, pero Esme continuó: —Él entendió, apenas teniendo seis añitos, me dio mi espacio. Sin embargo nunca me perdí nada de su vida, fui a todas sus presentaciones en el colegio, estuve pendiente de sus exámenes, pero a pesar de todo eso, hubo algo que nos faltó.
—¿Qué? ¿Qué fue lo que faltó?
Esme la miró a los ojos. —Desahogo —concluyó en una simple palabra—. A pesar de que estuve presente, debí ser mejor. Cuando se fue al ejército, estuve tan molesta, tan asustada. —Bella quería reconfortarla de alguna manera, pero no podía. Esme respiró profundo observando sus manos entrelazadas—. Debí decirle que no fuera, que se quedara conmigo, que no me hiciera lo que me hizo su padre.
Bella parpadeó y un par de lágrimas se desplazaron por sus mejillas.
—Pero no le dije nada, él era un poco testarudo y sabía que nada lo haría cambiar de opinión. Por lo que aprendí a vivir sin él. Siempre le dedicaba una sonrisa cuando hablábamos, le decía que estaba bien, pero… la verdad era que no lo estaba.
El terror de repente invadió a Bella. —Esme, ¿de qué murió? ¿Qué fue aquello que se la llevó? —Se lo había estado preguntado un par de veces, sobre todo después de casarse y vivir en esa casa con Edward, pero nunca había tenido el valor o el coraje para decirlo en voz alta.
Ella le dedicó una triste sonrisa. —Morí de soledad, Bella.
Bella parpadeó repetidas veces, no entendía, ¿cómo iba a hacerlo?
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Edward estaba sentado en la recepción del banco nacional, este no era ni por asomo el trabajo que hubiera deseado, pero justo ahora no estaba en posición de exigir nada.
Se colocó de pie cuando el gerente del banco se acercó a él. Mientras abotonaba su chaqueta se sintió tonto al no haberle preguntado el nombre a la señora de la oficina de empleos.
—Míster Cullen —lo saludó el hombre bajo y casi calvo.
—Ese soy yo —dijo extendiéndole la mano—. Disculpe la torpeza, pero no tengo su nombre.
El hombre hizo una mueca de desdén con su mano como si eso restara importancia, Edward alzó muchos sus cejas.
—Okay —dijo más bien en susurro, luego respiró profundo—. Si me indica por donde comienzo, estaré más que dispuesto a ponerme a trabajar de inmediato.
El regordete dio un resoplido. —Ese será un inconveniente.
Edward frunció el ceño colocándose serio de inmediato.
—¿A qué se refiere?
—El puesto ya fue ocupado. —Los orbes verdes de Edward se abrieron enormemente.
—Eso no puede ser posible, debe haber algún error, acabo de venir de la oficina de empleos, ellos me dijeron que hoy comenzaría como vigilante en esta oficina.
Como había mencionado antes, ser vigilante de una agencia bancaria de un pueblo, no era lo que esperaba o lo que quería, pero iba a aceptarlo, se había resignado a eso, ¿qué demonios había pasado en el camino de la oficina de empleos hasta el banco?
—Como le dije, Míster Cullen, el puesto ya fue ocupado, no sé que habrá ocurrido en su agencia, pero me temo que no puedo ayudarlo… ¿a menos que necesite hacer alguna transferencia?
Este era el peor momento para un chiste tan malo. Edward negó al hombre y se dirigió hacia afuera de la agencia bancaria, respiró profundamente el calor de ambiente, ahora estaba justamente como al principio, sin nada y con dos mujeres a las que mantener.
Bajo en inclemente sol y con la cara entre sus manos, su celular repicó en el bolsillo interno de su chaqueta, maldijo queriendo ignorarlo pero de igual manera lo tomó en sus manos, quizás era la oficina de empleos con alguna explicación o alguna buena noticia.
Era Nicole. Los ojos de Edward se cerraron en derrota, no era precisamente alguien con quien quisiera hablar ahora, pero no tenía corazón para rechazarla.
—Hola Nicole —dijo con voz taciturna.
La voz de la chica desde el otro lado de la línea era escandalosa y emocionada.
—¿Qué? Más despacio Nicole, no te entiendo —contestó Edward.
Después de escuchar sus palabras puso la mano contra su frente mientras contestaba.
—Sí —dijo en voz pacífica—, yo también estoy feliz de que vengas este fin de semana.
Cerró los ojos con fuerza, esto no podía ponerse peor…
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Bella se paseaba ahora por la pequeña cocina, su cabello más despeinado que nunca producto de la cantidad de veces que había pasado sus manos por él, de hecho sus nudillos dolían de las veces que había tronado sus dedos.
—Entiendo lo que me pide, de verdad lo hago, pero por Dios, no puedo hacerlo. No…
—Bella. —Esme la intentaba seguir con la mirada desde su rincón—. Eres la única que puede ayudarme, creí que todo este tiempo podría quedarme por aquí velando por mi hijo, nunca pensé siquiera en que me pusieras en contacto con él, si me lo hubieras insinuado te habría dicho que no, que ni siquiera le dijeras me encontraba por aquí, pero…
Bella detuvo sus pasos. —¿Pero, qué? ¿Qué sucedió para que cambiara de opinión? ¿Por qué ahora lo quiere con tanto esmero?
—La cadena —dijo en voz baja—. Edward lleva mi cadena.
Bella parpadeó hacia ella. —No entiendo.
—Cuando Edward regresó del ejército a cuidarme fue un shock para mí. —Bella le frunció el ceño—. Verás, nunca fui una excelente madre con él y a pesar de que me arrepienta enormemente de mis pensamientos, nunca pensé que regresaría, inclusive pedí que no le avisaran, no quería molestarlo.
—Por Dios, Edward jamás pensaría que cuidar de su madre sería un fastidio. ¡Él se atormenta porque cree que fue un terrible hijo!
Esme la vio a los ojos sorprendida, de no haberlo sabido mejor, Bella hubiera jurado que estaba apunto de llorar.
—¿Mal hijo? ¿Cómo puede pensar eso? Cuando él regresó por mi causa y se quedó hasta el final, pensé que me odiaba, jamás hablamos mucho, por eso pretendía quedarme así, a las sombras. Pero luego vi la cadena en su pecho, las palabras que te dijo, la mirada en sus ojos cuando habló de mí.
Bella lloraba las lágrimas que su suegra no podía.
—Tienes que ayudarme, Bella —suplicó—, necesito que me escuche, necesito que sepa que lo amé y amo sobre todas las cosas. —Bella negaba con el corazón en la mano y ojos desbordantes.
—Yo no… no puedo… —Esme le dedicó una tierna sonrisa.
—¿Y a quién más voy a pedírselo, jovencita? —Bella negó con su cabeza. Esme suspiró profundo enviándole otro escalofrío a Bella—. No lo hagas por mí, te juro que no me importa pasar literalmente la eternidad aquí, observándolo y acompañándolo, pero… ¿por él? —Hizo una pausa—. ¿Lo harías por él?
La puerta del apartamento se abrió. Bella no escuchó con detalle, pero era evidente que Emmett y Rose discutían acaloradamente. No sabía si molestarse o no por la interrupción de sus amigos, por un lado era un alivio porque la conversación con Esme se detuvo de inmediato, pero por otro lado no le gustaba tener que interactuar con nadie en este momento.
—¡¿Puedes creer en lo que dice?!
Bella se encogió de hombros, Esme ya no estaba por ahí y no sabía de qué hablaba la rubia.
—¡No intentes ponerla de tu lado! —Emmett explotó—. ¡El lugar estaba bien, y lo sabes!
—¡Huggg! —gritó ofuscada la rubia—. ¡Justo ahora no te soporto! —Se giró hasta su amiga—. ¿Puedes explicarle a este ser, que tengo un hermano? Que a pesar de que no viva conmigo, me gustaría un lugar donde por lo menos quepa un sofá cama para cuando huya de Los Cisnes.
—Jasper no va a huir de Los Cisnes y si lo hace ¡que se quedé en otro lugar! Esto es mientras consigues algo mejor.
Rose abrió la boca para refutar de nuevo, pero un dolor de cabeza insoportable se adueñó de Bella, que no escuchó lo que quería decir la rubia y se colocó de pie, callándolos a ambos de inmediato.
—Lo siento, pero no me siento bien, voy a mi cuarto.
Sin ver atrás caminó por el pasillo, dejando a la pareja de amigos de cejas fruncidas y expresiones preocupadas.
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No pudo dormir porque en realidad su mente estaba en tal funcionamiento que no se lo permitía, sin embargo cerró los ojos cuando, después de unas horas, Rosalie entró a chequearla. Se quedó inmóvil y con ojos cerrados hasta que la rubia desistió y salió de puntitas del cuarto.
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En efecto debió quedarse por lo menos adormitada en algún momento dado que una caricia en su cadera la hizo estremecer un poco. —Shhh —dijo una voz tranquilizadora—. Solo soy yo, llegué hace rato y Rose me comentó que estabas indispuesta.
Edward besó el hombro de su esposa, y ésta se retorció un poco mientras se giraba hacia él, consiguió su camisa y apretándola entre sus puños enterró la cabeza en su masculino pecho, Edward sonrió y le depositó entonces un beso en su cabellera.
—También me alegro de verte —susurró contra sus hebras. Bella sonrió e incorporó la cabeza un poco para poder mirarlo a los ojos.
—¿Qué hora es? —su voz sonaba ligeramente ronca.
—Casi las seis.
—Demoraste.
—Estuve ocupado, lo siento.
No reclamó porque en realidad estaba feliz de verlo. Estiró los labios de forma cómica hacia él, Edward no podía borrar la risa de su rostro mientras lentamente bajaba a darle un pico sobre sus labios. Bella frunció un poco el ceño cuando se alejó demasiado rápido de ella.
—¿Está todo bien? ¿Tengo mal aliento? —Cubrió sus labios con una mano apenada. Edward soltó una risotada y con dos dedos la tomó cariñosamente por la barbilla.
—Por supuesto que no… y si lo tuvieras no me importaría, cualquier cosa vale la pena con tal de besarte. —Sin dejarle tiempo para responder, Edward se bajó hasta ella atrapando sus labios en los propios en un beso que los dejó a ambos sin aliento.
Bella apretó mas sus puños alrededor de la tela de la camisa de vestir de Edward, este apretó los puños impidiéndose a sí mismo tocarla, debía mantener sus pensamientos en orden.
—Nena —susurró contra sus labios.
—¿Humm? —respondió ella enviándole una divina vibración contra sus labios que lo hizo gemir de deseo, sin embargo se enfocó o intentó hacerlo.
—Te traje algo de comida, Rosalie me comentó que no comiste en todo el día, ¿qué tenías? —Acarició el contorno de su rostro. Bella recordó la conversación con su suegra y un escalofrío la recorrió—. ¿Estás bien? —preguntó—. Estás temblando.
—Estoy bien, me dolía un poco la cabeza, pero ya pasó —respondió ella de inmediato—, y tiemblo porque tu beso me dejó escalofríos en la piel. —Edward sonrió y volvió a besarla un poco más lento esta vez.
Edward fue él que volvió a separarse ganándose un quejido de ella. Sin poder evitar la sonrisa, fue por el emparedado que había dejado en la mesita de noche al entrar, extendiéndoselo. Bella, por no rechazarlo le dio una probada y su estómago volvió a la vida, indicándole que moría de hambre, por lo que dejó los besos a un lado y se dedicó a engullir con esmero.
—Tengo que contarte algo. —Asintió ante las palabras de Edward que estaba sentado a los pies de la cama ahora—. Créeme, no quería hacerlo y me llevó gran parte del día decidirme, pero es mejor que lo sepas. —Bella de inmediato se enserió.
—¿Qué? —preguntó asustada.
Edward suspiró, a pesar de no querer contarle o preocuparle, se había prometido que no la engañaría, que no le mentiría en ningún detalle, así fuera el más mínimo, ella se había abierto a él en muchos ámbitos, lo menos que podía hacer era tratarla igual.
—Aún no tengo empleo. —Bella parpadeó.
—Pero… —No sabía cómo continuar—, ¿no te habían dicho que empezabas hoy?
Edward suspiró. —Sí, pero hubo un error en la oficina de empleos, al que me enviaron no era para mí, aún ando buscando.
Bella dejó el plato de lado y gateó hasta él, tomándole el rostro entre sus manos le susurró.
—Estaremos bien, lo prometo. —Edward la abrazó sentándola en su regazo.
—Lo sé —dijo más para tranquilizarla—. Solo quería que supieras. —Bella lo besó en los labios.
—Buscaré yo también, estamos rodeados de haciendas, estoy segura que necesitarán una veterinaria en alguna. —Edward besó su nariz cariñosamente.
—No quería que lo hicieras aún, de verdad no creo que demore mucho en encontrar algo, puedes esperar un poco a ver.
Bella frunció el ceño y pasando las manos tras su cuello le preguntó curiosa:
—¿Por qué no quieres que trabaje?
Edward suspiró.
—No es que no quiera que lo hagas. —Ella alzó una ceja—. Solo que, a pesar de que trabajabas en la hacienda, siempre fuiste dueña y no empleada. Los jefes pueden ser un dolor en el trasero ¿sabías? —Ella hizo una mueca con los labios mientras distraídamente acariciaba su pecho.
—¿Me estás diciendo que era un dolor de trasero? —Sus dedos se toparon con el fino metal que rodeaba su cuello y se quedaron ahí distraídamente, Edward sonrió sacudiendo la cabeza en respuesta a sus palabras.
—Sabes a qué me refiero, sé que te saqué de tu casa y sé que te has adaptado a esta mísera vida que puedo darte de una manera fenomenal, pero quiero proveerte, quiero que tengas las libertades y la holgura que tenías antes, no quiero que te arrepientas de mí y te vayas, no lo quiero. —Tomó su mano haciéndola soltar la cadena, Bella respiró profundo y lo tomó nuevamente por las mejillas.
—Primero, tú no me sacaste de mi casa, yo me fui contigo… Aquí soy libre Edward, estuve tanto tiempo encerrada y sin darme cuenta de ello, ¿crees que siquiera disfruté de mi casa después de la muerte de David? —Él la apretó un poco—. No, no lo hice, tú me abriste los ojos y puedo jurarte que jamás me he sentido tan libre como ahora. —Besó sus labios cortamente—. ¿Y mísera? —dijo un poco molesta—. ¿Cómo te atreves a decir que esta vida que me das es mísera? Es la mejor etapa de mi vida que he vivido. —Él la observaba directamente a los ojos casi sin pestañar—. Quiero trabajar porque quiero ayudar, somos una sociedad ahora Edward, no somos jefa y escolta, no somos un matrimonio arreglado, donde tú eres el único responsable de los dos. Somos pareja, vivimos como pareja y saldremos adelante como pareja.
Edward besó reverencialmente sus labios.
—Eres increíble —susurró contra su piel—, tan jodidamente increíble.
Bella soltó una carcajada apretando los brazos tras su cuello.
—Tú sí que sabes decir cosas románticas. —Se bufó de él.
Edward suspiró y apretó ligeramente su agarre en la cintura, esta vez no sonreía.
—Si quiero decirte algo romántico, ¿no te asustarías?
Bella parpadeó un poco extrañada. —¿A qué te refieres?
—A eso… si quisiera decirte algo muy romántico, ¿me creerías? —La conversación se volvió muy sería. Bella parpadeó buscando en su mente las palabras correctas.
—¿Estarías hablando en serio? ¿Si…si lo dijeras?
—Absolutamente en serio, pero me preocupa un poco como reaccionarías, sé que has tenido mucha tensión últimamente sobre tus hombros, y que a pesar de todo lo que hemos vivido, llevamos juntos relativamente poco tiempo, lo que menos quiero es que te asustes o que no me creas. Bueno… creo que lo que más temería es que no te sientas igual con respecto a mí.
¿Esto podía estar pasando? ¿Edward estaba pidiéndole permiso para declarársele?
—¿Me creerías si te dijera que siento lo mismo?
Los ojos de Edward brillaron de emoción. —¿En serio? —Bella asintió despacio. Edward se acercó a su boca la devoró en un beso abrazador.
—¿Bella? —susurró—. Estoy… —empezó, pero ella lo detuvo, colocándole sus dedos sobre sus labios, tenía los ojos cerrados y respiraba aceleradamente.
—Aún no —le pidió sin atreverse aun a verlo—. Necesito un poco de tiempo antes de que nos digamos esto. Puedes… —se atrevió a abrir los ojos pero aún no lo veía—, ¿puedes esperar un poco?
No hubo respuesta y se arrepintió enormemente de haber abierto la bocota, aún manteniendo las manos tras el cuello de él, empezó a tronarse los dedos. Edward negó despacio y separándola un poco tomó sus manos y las llevó frente a ambos.
—Mírame —le pidió en voz baja.
Ella alzó lentamente la mirada, no podía tronarse los nudillos porque Edward le mantenía las manos cubiertas con las propias. Cuando finalmente posó sus ojos en los de él, tenían un brillo entre divertido y emocionado.
—Podemos esperar todo lo que quieras —le dijo viéndola a los ojos. Bella sintió un alivio enorme—. Sé que estás un poco confundida, sé que es muy pronto, solo quería que supieras que estoy aquí y sea cuando sea el momento en el que estés lista para decirlo, mi respuesta seguirá siendo la misma.
Bella lo besó de nuevo. —Te quiero tanto, Edward Cullen.
Él rió abrazándola apretadamente, besándole tiernamente el cuello.
—Te quiero tanto, Bella Cullen.
Aun seguían abrazados, cuando escucharon ruido desde la sala. Edward sin soltarle le dijo: —Me encantaría quedarme aquí contigo, pero Rosalie ha estado un poco preocupada por ti, ¿qué me dices si salimos y la tranquilizas un poco? —Bella asintió separándose un poco. Edward se colocó de pie y extendiéndole una mano la llevó afuera.
Rose estaba contenta hablándoles a ambos de la tarde que había pasado con Emmett, Bella no escuchó mucho dado que se dedicó más a observarla, Rosalie parecía ligera y sin ningún peso sobre su conciencia, caso contrario a ella misma, que no sabía si sentirse aliviada o preocupada por la liberación de Jacob.
—¿Estás escuchando, Bella? —Ella parpadeó y asintió a su amiga.
—Claro, claro que te escucho, estoy segura que resolverán algo, no tenían que conseguir nada hoy, pueden esperar, ¿no? —comentó de la búsqueda de apartamento. Rose sonrió mostrándose de acuerdo, cuando Bella probó su jugo de naranja se fijó que Edward la miraba fijamente, desvió la mirada solo para encontrarse con su suegra sentada en la sala, la impresión la hizo derramar el jugo.
—¡Mierda! —gritó echándose para atrás, tanto Edward como Rose se levantaron para ayudar, Bella sacudió sus manos salpicando jugo en más superficies, lanzó otra maldición y se retiró corriendo al baño.
Cerró la puerta tras ella y se recostó cerrando los ojos, Esme no la iba a dejar en paz y ella estaba mentalmente agotada.
—¿Bella? —Un leve toque siguió la llamada de Edward.
—¡Estoy bien! —dijo a través de la puerta, sin embargo no la abrió.
Escuchó los pasos alejarse y golpeó el revés de su cabeza contra la madera. ¿Por qué tenía que ver a los muertos? ¿Por qué ellos querían su ayuda? ¿Por qué simplemente no podía ignorarlos?
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Esa noche no durmió, descansó sobre el pecho de su marido a pesar de no quererse mover demasiado. No pudo evitar mantener el relicario de la cadena entre sus dedos, su cabeza giraba y giraba pasando de miles de pensamientos a otros, sin lograr tener una respuesta definitiva, se sentía perdida, utilizada y cansada, necesitaba ayuda, pero no sabía a quién pedírsela.
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Al día siguiente esperó con paciencia a que Edward se arreglara para salir, iba a ir de nuevo a la oficina de empleos, le habían indicado que seguramente hoy obtendrían alguna respuesta positiva. Lo observó vestirse y todas las veces que él le preguntó si estaba bien, ella contestó con una sonrisa forzada y un asentimiento de cabeza, sin embargo él no la presionó.
—Esta noche iré por Nicole —le dijo mientras se ajustaba la delgada corbata.
Bella parpadeó, había olvidado por completo que la chica iría ese fin de semana, pasó las manos por su cabello.
—Okay —dijo débilmente—, avísame si quieres que te acompañe a buscarla.
Edward se sentó junto a ella. —Me gustaría que me dijeras que es lo que te ocurre. —Bella sonrió sacudiendo la cabeza.
—Estoy bien, lo prometo. —Edward se acercó depositándole un beso tierno en los labios.
—No, no lo estás, pero esperaré hasta que puedas conversarlo conmigo. —Bella le dedicó una sonrisa triste y asintió, luego de otro beso lo dejó marchar deseándole un buen día.
—¿Bella? —Se volteó a verlo de pie en la puerta de la habitación—. ¿Aún confías en mí?
Se sintió terrible por hacerlo pasar por esto.
—Con mi vida. —Edward le sonrió y le lanzó un beso aéreo y cerró la puerta tras él.
Escuchó ruido afuera y asumió que se trataba de Rose, no salió a ver que hacía y su amiga tampoco entró a molestarla, si se hubiera tratado de dos personas diferentes cualquiera pensaría que era una falta de todo el desprendimiento de Rose. Pero ellas sabían mejor, había un momento en la amistad donde era mejor estar presente o gentilmente apartarte. Rose lo sabía, Bella necesitaba estar sola.
Al rato escuchó la puerta de entrada y algunos murmullos. Entonces un delicado toque acechó su puerta.
—Pasa.
La rubia se abrió paso tanteando el terreno con una sonrisa. —Hola.
Bella le devolvió la sonrisa. —Hola, Rose, ¿todo bien? —la rubia asintió.
—Todo… ¿tú?
—También.
Rose suspiró. —Emmett vino por mí, estaré fuera por el fin de semana mientras ustedes tienen la reunión con Jessica y Nicole viene. —Bella no pudo ocultar el asombro al darse cuenta de cuanto sabía Rose acerca de su vida y la de Edward—. Vendré el lunes, ¿estarás bien? —Bella se colocó de pie.
—Claro que voy a estar bien amiga, deja de preocuparte, ¿a dónde irás estos días? —Se mostró preocupada por su mejor amiga.
—En un hotel, todo estará bien, no te preocupes. —Compartieron un abrazo—. ¿Quieres salir saludar a Emmett? —Bella negó despacio.
—Prefiero quedarme aquí, dile que le envío saludos. —Rose asintió en respuesta.
—Gracias. —Bella frunció el ceño.
—¿Por qué me agradeces?
La rubia mostró una sonrisa apretada.
—Por mi despedida con Jacob, no sé que tan difícil fue para ti, pero te agradezco que lo hayas hecho, me quitaste un peso de encima. —Los ojos de Bella se abrillantaron.
—Gracias —susurró en un abrazo por sus tranquilizadoras palabras. Rose apretó un poco su abrazo y finalmente se retiró.
Cuando se quedó sola, los pensamientos volvieron a ofuscarla. No podía quedarse un solo minuto en el apartamento sin volverse loca, por lo que se duchó y cambió. Salió lo más rápido que pudo, sin siquiera verificar si Esme estaba o no allí.
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Las veces que había estado ahí le había parecido que el camino de entrada era tenebroso, sin embargo hoy no le prestó atención, su interés no era en el tonto camino, su interés estaba en llegar a la puerta.
El taxi se adentró más entre el túnel de árboles mientras reducía la velocidad, el conductor no había querido llevarla tan lejos, pero terminó aceptando por 20 dólares adicionales a la tarifa. — ¿Dónde quiere que la deje? —preguntó malhumorado mientras atravesaba el camino de tierra.
—En la puerta principal estará bien, tenga. —Le extendió el dinero y se bajó del auto apenas éste se detuvo.
La casa principal de Bosque Verde se extendía por completo al frente de ella, el día anterior le había escrito al viejo Quil y este se había limitado a contestar un escueto "cuando quieras".
Bueno… ella quería ahora.
Subió las escaleras con paso firme y tocó dos veces, nadie contestó. Un ligero "crac" vino de sus dedos, había empezado a tronarlos, la acción la trasladó de inmediato a Edward y sacudió sus manos, a él no le gustaba que lo hiciera, además, no debería estar nerviosa, ¿cierto?
—¿Niña?
El brinco que dio la hizo casi caerse de culo en pleno porche.
El viejo Quil bajó de su caballo y caminó hasta ella, se acercó con palmas levantadas en señal de rendición.
—¡Me asustó! —le gritó furiosa.
El viejo Quil haló el ala de su sombrero. —Te ofrezco mis disculpas, niña. No era mi intención asustarte, pensé que las pisadas de Veneno te alertarían de mi llegada.
Solo un tipo como Quil Ateara podía llamar a su caballo Veneno.
—No, no lo escuché llegar.
El viejo se cruzó de brazos. —En cambio yo te esperaba desde ayer, pensé que vendrías de inmediato, creí que no me daría tiempo de vaciar la hacienda.
Bella parpadeó pero no entró en detalles, había ido por algo en particular y no a conversar con el viejo.
—Quiero ver a Luke —dijo plantándose derecha frente a él.
Quil inclinó un poco la cabeza. —Lo sé, y también sabes donde está, puedes ir cuando quieras.
A Bella aún le parecía raro que la tratara tan bien. —Puedo llevarte en Veneno si no quieres ir caminando. —Señaló al pura sangre color chocolate que pateaba insistente en el suelo.
—Prefiero camina —dijo entre dientes y bajó las escalinatas.
Quil no intentó hacerla cambiar de opinión y extendiendo una mano frente a él indicándole que se adelantara.
Bella caminó con el fin de bordear la enorme casa, no le sorprendió que Quil la siguiera pero sí que no se subiera al caballo, tan solo lo había tomado de las riendas y lo llevaba caminando a su lado.
—Me alegra que estés aquí. —No contestó—. Renée ha estado un poco dispersa últimamente, Luke no ha ayudado tanto como pensé que lo haría.
—Ni se te ocurra sacrificarlo. —Se detuvo enfrentándolo y viéndolo a los ojos—. Si te estorba me lo llevaré.
Quil negó despacio y siguió caminando, cuando la pasó un par de pasos dijo con voz profunda: —He sacrificado demasiadas cosas en mi vida, no voy a hacer lo mismo con ustedes.
—¿Ustedes?
—Mi nieta, ese caballo y tú. —Bella alzó mucho sus cejas pero Quil no pudo ver su sorpresa, dado que continuó su camino, esta vez la chica siguiéndolo.
La primera vez que la había visto había estado tan sorprendida que no la recordaba, la había visto, quizás hasta detallado, pero la adrenalina que experimentó en ese momento fue tan alta que su físico se había borrado de su mente. Tampoco recordaba con exactitud todo lo que había ocurrido aquel día; lo que recordaba con claridad era la sensación de ansiedad y duda que se alojó en su pecho.
Se quedó rezagada en la entrada de las caballerizas, Quil se dio cuenta pero no dijo nada, entró como dueño que era, dejando ambas puertas enormes y de madera abiertas tras él.
—¡Neni! ¡Estoy aquí! —A pesar de que gritó, su voz fue tierna quizás hasta dicha con cariño.
Bella se descubrió dando pasos pequeños hacia adelante.
—¿Cómo está mi chica esta mañana?
Bella podía ver como el viejo se movía dentro de las caballerizas, había mucha luz dentro ya que tanto el techo como la puerta contraria estaban abiertos, dejando a la vista alrededor de unos veinte lugares para caballos, separados entre sí por un enorme y amplio pasillo.
—¿Es eso cierto?
La voz de Quil seguía escuchándose. Bella no oía interacción alguna pero era evidente que estaba conversando con alguien. Sabiendo por supuesto con quien era que conversaba, respiró profundo y caminó más, acercándose a las enormes puertas abiertas.
—¿Así que aún no quieres montarlo? —Esta vez se había acercado tanto, que escuchó una voz baja en respuesta.
—No, aún no. Luke no confía en mí.
Bella se quedó paralizada en la puerta, Quil había visto como se acercaba pero no había hecho mayor movimiento para no alterar a su nieta.
—¿Por qué sería eso? —continuó mientras con sonidos amables instaba a Veneno a entrar en su lugar. Bella dio otro paso adentro arrastrada por la enorme curiosidad.
—Aún no me reconoce, no está en su casa, se siente abandonado, no quiero montarlo hasta que confíe en mí.
Quil asintió y se acercó a ella. Bella observó como la mujer se separaba sutilmente de él, también notó como el viejo Quil no hacía ningún intento para convencerla de lo contrario.
—Estoy seguro que mejorará con el tiempo, solo necesita verte más a menudo.
Bella parpadeaba viendo las espaldas de ambos cuerpos. El viejo Quil era alto y fornido para su edad, sin embargo se veía aún más alto de lo que podía haber sido junto a la delicada mujer de pie a su lado. La cabellera de Renée no era tan larga como la propia, las canas avanzaban pero el color castaño aún era más abundante, el cabello estaba ligeramente rizado, víctima del aire seco de la granja, estaba parcialmente cubierto por un sombrero marrón que parecía de terciopelo, camisa verde con mangas arremangadas, jeans azules y por supuesto botas.
Aún no la había visto de frente, pero el parecido con ella misma le tenía la boca seca.
Luke. Que se encontraba reticente y arisco tras su puerta de madera, había atisbado la presencia de su dueña, relinchó mientras sacudía la cabeza y con una de sus patas raspó la superficie terrosa donde se encontraba de pie. Tanto Renée como Quil se giraron a ver qué o quién había perturbado el animal, encontrándose con Bella de pie en la entrada de las caballerizas.
El frente de Renée fue aún más chocante para Bella, se veía muy flaca, quizás un poco demacrada pero lo que más le impresionó fue que no le gritara que se largara de ahí, tal como lo había hecho la vez anterior.
Ambas mujeres ladearon la cabeza a la derecha, examinándose con detenimiento. Renée llevaba una zanahoria nueva en su mano derecha, ninguna de las dos dijo nada pero la mueca parecida de ambas acciones no fue desapercibida por el viejo Quil, quien intentó vagamente ocultar una sonrisa.
—Hay alguien que quiero que conozcas —dijo a su nieta mientras extendía una mano a su espalda procurando no tocarla para así no alterarla.
Las palabras del viejo Quil hicieron reaccionar a Bella, no estaba muy segura de quién hablaba, pero el hecho de ser ella la única persona de más en aquel lugar, no dejaba mucho a la imaginación.
—¿Quién es? —preguntó Renée. Bella no pasó por alto el hecho de que no se había alterado como antes.
—Ven —instó Quil indicándole que caminara junto a él.
Bella empezó a tronar sus dedos y a sudar frío, no habría recuerdo alguno que le hiciera interrumpir a sus cartílagos de sonar lo más que pudiera.
—Neni, quiero que conozcas a Isabella. Niña, quiero presentarte a mi nieta, Renée.
—Ejem… Mucho…mucho gusto —dijo Bella sin extender su mano.
Renée la miró de arriba abajo. —¿Te conozco?
Bella negó inmediatamente sin saber muy bien porqué lo hacía.
—Ella vino el otro día con un joven, su esposo, no te gustó que entraran aquí, ¿recuerdas? —Era impresionante la calidez y el cariño que el viejo Quil proyectaba en su voz.
Renée la observó más detenidamente y después de fruncir ligeramente el ceño se encogió de hombros. Pareció ser una buena respuesta dado que el viejo Quil sonrió enormemente.
Isabella, con manos y pies hormigueantes, dio un paso a delante, no podía creer que tuviera a su mamá enfrente y no se diera cuenta de que era su propia hija.
—¿No me reconoces? —dijo con una valentía desconocida—. Mi nombre es Bella… soy hija de Char…
—¡Renée! —interrumpió de inmediato Quil abriendo sus ojos de más a la chica para que mantuviera la boca cerrada—. ¿Sabías que Isabella ama los animales? ¡Especialmente los caballos!
A Bella no le gustó como la interrumpió pero aun así mantuvo la boca cerrada, sobre todo porque una cálida sonrisa se formó en los labios de su madre.
—¿Quién no va a amar a los caballos? —dijo distrayéndose por completo, le dio la espalda a ambos de nuevo y caminó hasta Luke que no había dejado de hacer ruidos—. Yo también los amo —dijo mientras le acercaba la zanahoria a Luke que la mordisqueó con entusiasmo.
—¿Ella es la veterinaria que contrataste? —preguntó Renée aún dándoles la espalda, acariciando el hocico de Luke mientras este masticaba con entusiasmo su merienda.
—Ehhh, no, Neni. Ella solo es visita —era un comentario y una respuesta sencilla y sincera, pero no obtuvo la reacción que esperaban.
—¿Visita? ¿Visita de quién? ¿Por qué está aquí? ¿Quiere llevarse lejos a Luke?
El caballo relinchó molesto de que le arrebataran su snack a medio comer. Quil se acercó a Renée con manos alzadas mientras esta negaba retrocediendo y repitiendo cosas ininteligibles.
Bella dio un paso adelante y Quil la detuvo extendiendo una mano hacia ella mientras se acercaba a su nieta. —Nadie te va a separar de Luke —le dijo en voz baja—, tienes que confiar en mí, Neni.
Renée negó rápidamente. —Él es de mi niña, de nadie más, ella vendrá por él pronto y debo cuidarlo para ella, solo para ella. —Quil intentó abrazarla pero ella se apartó de su agarre rápidamente, él levantó la mirada a la chica y esta pudo ver la agonía en los iris del viejo. Sin saber muy bien como continuar dio un paso adelante.
—La verdad es que sí soy veterinaria —dijo sorprendiéndose a sí misma con lo fuerte y estable que sonó su voz.
Sus palabras fueron mágicas dado que Renée detuvo su ataque de ansiedad de inmediato y la tensión en los hombros de Quil desapareció.
—¿Lo eres?
Bella sonrió y dio un paso dudoso al frente, debía continuar con cuidado así que habló despacio y con cautela.
—Lo soy —dijo asintiendo—. Me gradué hace varios años ya, el viejo Qui... —Al oírse en voz alta modificó de inmediato la manera de llamarlo—. Ehh, el Sr. Ateara me dijo que estaba…que estaba buscando una veterinaria. —Lo vio por ayuda pero este parecía más asombrado que ella misma—. Me…me insistió mucho para que viniera, pero…pero no le prometí nada, no…no estaba segura de tomar el empleo.
Sea lo que sea que hizo dio resultado, porque Renée se acercó a ella con genuino interés en sus ojos. —¿Por qué no estás segura de tomarlo? ¿No dijiste que amabas los animales?
Bella parpadeó y tronó de nuevo sus dedos, eso le hizo recordar a Edward y pensar en lo furioso que se pondría cuando le contara lo que estaba haciendo. —Los amo, en verdad lo hago, pero… —Pensó muy fuerte en poder decir una buena excusa—. Esta hacienda queda muy lejos y bueno, estoy recién casada, tengo que cuidar de mi casa y de mi marido.
Sus dedos realmente dolían ya. —¿Lejos? —Renée volteó a ver a Quil—. ¿No puedes facilitarle un auto? Me agrada y parece agradarle a Luke, está muy tranquilo con ella aquí.
Los tres voltearon a ver al pura sangre que en efecto movía su cola apaciguadamente sin ser perturbado por todo el alboroto que ocurría a su alrededor.
—¿Y bien? —Quil y Bella parpadearon en dirección a Renée—. ¿Puedes o no puedes darle un auto para que venga a trabajar?
Bella nunca había visto al viejo Quil sonreír, sin embargo podía haber apostado a que la enorme sonrisa que vio en su rostro era una de las pocas que había mostrado en toda su larga vida.
—¡Demonios que sí! —dijo dando un sonoro aplauso—. ¡Puedo darle una jodida flota de autos si tú quieres que venga todos los días, Neni! —Renée le sonrió y una calidez cercana a las lágrimas se apoderaron de Bella al verla.
—Entonces estás contratada, Isabella.
La chica exhaló una risa y asintió estando de acuerdo.
—Lo estoy.
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—No sé como sentirme, Bella. La verdad no lo sé. —Edward se paseaba de un lado al otro en la habitación. Bella estaba sentada en la cama observándolo ir y venir.
—No planeé nada, Edward, lo juro.
El ex escolta había pasado toda la mañana en la jodida oficina de empleos sin que le dieran una puta buena noticia, había estado tan molesto y desolado que lo único que quería era ver a su esposa. Por lo que se fue a casa con el fin de estar a solas un rato con ella y luego llevarla consigo a buscar a Nicole. Bella había estado muy dispersa en la mañana y en la noche anterior, por lo que quería conversar con ella y entender qué era lo que le pasaba.
Todo eso sonaba hermoso y enternecedor hasta que llegó a casa y no la encontró, llamó a Rosalie y esta le había dicho que la había dejado en casa cuando se había marchado temprano en la mañana, así que había pasado (otra vez) lo que parecía ser el deporte favorito de su esposa, desaparecerse sin avisar.
La llamó y no obtuvo respuesta alguna de su celular, el único lugar que le vino a la mente fue la jodida hacienda Los Cisnes, no sabía si Bella podía estar ahí y tampoco entendía el porqué, pero se dijo a sí mismo que iría a averiguarlo. Solo que cuando llegó abajo, su esposa se estaba bajando de una camioneta similar a su carcacha, solo que era un tanto más nueva y de color azul.
Luego de shock inicial y el alivio de saberla bien, ahora se encontraban conversando en la comodidad de su cuarto, dado que Bella no quiso quedarse en la sala, cosa que no entendió, pero olvidó ahora que se enteró de que tenía "empleo".
—¿Te contrató? —Se giró a verla—. El viejo Quil, dueño de la casa donde casi me mato a tiros con sus hombres… ¿te contrató como veterinaria?
—Fui allá a ver a Renée ¿okay? No fui a buscar empleo ni nada parecido.
—¿Por qué fuiste a verla? La última vez que estuvimos allí me pediste que te sacara.
Bella suspiró. —Es mi mamá, Edward. —Se levantó y se acercó a él. Edward tenía las manos apretadas en puños, las tomó delicadamente tratando de abarcarlas—. Necesito respuestas —susurró—. Ella me necesita.
Edward pegó su frente a la de ella.
—Pero no te recuerda.
—Eso no es cierto, me recuerda, solo que recuerda a la niña de cuatro años que dejó, con la edad que tengo no me reconoce. —Los dedos de Edward se aflojaron un poco resultado de las caricias delicadas que ella le regalaba—. No era lo que tenía planeado pero me agrada la idea, estaré cerca de Luke y de ella. Además… Quil va a pagarme por mi trabajo, esto es algo bueno, Edward.
—No tienes que trabajar —dijo con dientes apretados.
Bella suspiró, no podía pelear con él, debía ser la persona con tacto en ese momento.
—¿Conseguiste empleo? —Edward gruñó y ella interpretó la respuesta.
—Con esto acallaremos a Jessica Stanley, tú puedes seguir buscando pero sin tanta presión. Déjame ayudar, Edward. —Lo tomó por sus mejillas y respiró contra sus labios aún sin besarlos.
—No quiero ser un mantenido, no quiero.
—No lo eres —dijo ella apresuradamente—. Tú me has mantenido desde que salí de casa, no me has dejado ayudarte. —Edward negó—. Somos dos ¿recuerdas? Somos socios, no esclavos uno del otro. —Los ojos de Edward estaban apretados—. No va a pasar nada porque yo haya conseguido empleo antes que tú. —Luego frunciendo la boca agregó en tono jocoso—. No sabía que eras tan machista ¿con qué clase de hombre me casé?
Edward soltó un gruñido y soltó sus dedos para apretarla por la cintura y acercarla más a él. Bella soltó un gritito de la impresión.
—No soy machista y lo sabes.
—Jum… —soltó ella dudosa pero divertida.
—Okay, okay —convino Edward—. No es de mi mayor agrado que decidas trabajar y mantenerme. —Hizo una mueca a la que ella respondió sacándole la lengua.
Edward no pudo evitar la media sonrisa, pero esta solo duró unos segundos, inmediatamente se puso serio y viéndola a los ojos dijo:
—Quien me preocupa eres tú. Tú y solo tú, no te quiero alterada, asustada o para ser sinceros, cerca de ese viejo.
Bella suspiró. —Es un mal necesario. —Depositó un beso en sus labios—. Estaré cerca de Luke y de Renée, entenderé muchas cosas de mi pasado y así podré vivir en mi futuro.
Edward la besó de nuevo. —¿Por qué ahora? —preguntó—. ¿Qué sucedió para que quieras hacer esto ahora?
Bella se separó tan solo un poco y bajó las manos por su pecho, la cadena seguía ahí, burlándose de ella. Edward tomó con delicadeza su mano apretándola un poco para llamarle la atención. Bella suspiró antes de contestarle. —Me aterra que algo le pase y no me de tiempo de estar con ella, de entender qué fue lo que nos pasó.
—¿Hablas de Renée?
Bella asintió.
—Sé que me abandonó, pero… ¿y si todo tiene una explicación lógica? ¿Y si fui engañada toda mi vida?
Edward le sonrió de la manera más cálida que ella recordara. —Hazlo —dijo sorprendiéndola.
—¿Qué? —tartamudeó—. ¿Estás…estás de acuerdo con esto? ¿No…no vas a pelear conmigo o hacerme entrar en razón o decirme que estoy loca?
—Loca sé que estás y me encanta. —Bella entrecerró sus ojos, Edward sacudió la cabeza, divertido de su expresión—. Para serte sincero, no…no estoy de acuerdo que trabajes para Quil, no confío en el viejo y tú tampoco lo haces. Pero… por otro lado, entiendo tu necesidad de reencontrarte con tu mamá, entiendo que lo necesites y lo acepto, jamás seré el hombre que te separe de quienes amas. —Bella parpadeó asombrada—. Como me dijiste antes, es tu mamá, tú y ella merecen saber que fue lo que pasó y si sucedió lo que creo y fueron separadas injustamente, ambas tienen el derecho de conocerse y quererse antes de que sea demasiado tarde.
Bella sintió que podía llorar, pero no por a quien se refería Edward, sino porque algo le decía que hablaba de sí mismo y que a lo mejor él no se pudo reencontrar con Esme y ahora era demasiado tarde… pero… ¿en realidad lo era? ¿O ella podía cambiar eso?
Y, como si leyera sus pensamientos, Edward pasó la mano por su pecho distraídamente, acariciando el relicario que descansaba lánguidamente ahí.
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