A petición de Eriredia.
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Posado sobre el cañón de su pistola lo miraba con la cabeza ladeada.
- Quítate.-
No lo obedeció.
No poseía las escusas de Francia, Inglaterra, Rusia y China. Para él no era ni su amigo, ni un enemigo respetable, ni un odioso al que prefería torturar. No sentía un respeto a la vida ganado con los años.
Tenía una conciencia joven, inocente y cobarde ante las leyes de la muerte.
- Lárgate, no existes más. Pero no te mataré.-
El ave cayó desde el arma de Estados Unidos y corrió hacia Prusia.
