CAPÍTULO 35

T&T Apartaments

Dos días antes

Tania pasaba aburrida los escasos canales que ofrecía la televisión del apartamento. En esos momentos echaba de menos la televisión de pago que tenía en su casa, o, mejor dicho, en la casa que Edward había comprado para ellos.

Lo último que esperaba encontrar cuando consiguió averiguar su paradero, era ver cómo él parecía haber rehecho su vida. Durante todo este tiempo, esperó que todavía siguiera enamorado de ella, pero al parecer no había sido así. Esa estúpida morena había ocupado su lugar, pero, aunque él jurara no sentir el mínimo resquicio de amor que los unió en el pasado, ella aún no lo daba todo por perdido.

Le frustró bastante no contar con la ayuda de Rosalie, a la que había considerado su amiga, pero por lo visto, hoy en día solamente podía tenerse lealtad a una misma.

Al parecer, Isabella había conseguido meterse a todos en el bolsillo. Edward juraba estar loco de amor por la chica, pero eso no suponía ningún impedimento para Tania. Ella venía a por todas, libraría todas las batallas que se presentaran hasta ganar la guerra. Edward volvería a ser suyo. En realidad, nunca debió dejar de serlo, pero en el pasado fue estúpida y se dejó llevar por sus impulsos. Ahora, había aprendido la lección.

Había hecho algunas remodelaciones en su plan de reconquista. En un principio pensó en ir a visitarlo cada día, hablar con él, recordarle lo felices que habían sido juntos, pero debido a la reticencia de él a escucharla y su obcecación en que firmara los malditos papeles del divorcio, tenía que cambiar de táctica. Por eso, decidió darle una tregua; desaparecer durante unos días para que al final, fuera él quien la buscara para saber que le había ocurrido. Ella no era una mujer paciente, y la espera por ver los resultados la estaba matando.

Seguía perdida en sus pensamientos cuando alguien golpeó la puerta del apartamento.

—¡Vaya, vaya!, No te has hecho mucho de esperar, Edward. —Habló para sí, al tiempo que reacomodaba su ropa y se miraba de manera fugaz en el espejo. Solamente podía ser él, pues era el único en ese maldito pueblo que tenía la dirección donde se estaba alojando. Haciéndole esperar, se retocó el pintalabios y aprovechó para desabrochar un par de botones de su blusa dejando al descubierto su sugerente escote. Unos nuevos golpes se escucharon cuando ella contestó.

—¡Voy!, ¡No seas impaciente! —Dijo dirigiéndose a la puerta. Abrió mostrando una seductora sonrisa que dio paso a una mueca de fastidio cuando comprobó que su visitante, no era quien esperaba.

—Por tu expresión de sorpresa veo que no soy quien esperabas. —Saludó la persona que se encontraba frente a ella.

—Pues no. ¿Qué quieres? —Su voz denotaba fastidio.

—Hablar contigo, ¿Puedo pasar?

—Adelante, pero no sé de qué podríamos hablar tú y yo.

—Creo que tenemos un interés común. —Habló al tiempo que se adentraba en el apartamento y cerraba la puerta—. Quiero que hablemos sobre Edward.

—Mira…, ¿Cómo era tu nombre?,¿July?,¿Jodie?, —Preguntó Tania intentando recordar su nombre.

—Jane. Mi nombre es Jane —Replicó en tono molesto.

—Y dime, Jane, ¿Por qué tendría que hablar contigo de Edward?

—Porque tienes que darle el divorcio, y no me iré de aquí hasta que vea tu firma en esos papeles.

La risa de Tania resonó en las paredes de la estancia.

—¡Ay, por favor!, Esto es lo último que me faltaba por escuchar. —Tomó entre sus manos el foulard que se llevó de la tienda de Rosalie y empezó a juguetear con él con aire pensativo—. Si solamente has venido a eso ya puedes largarte porque no vas a conseguirlo.

—Mira, llevo mucho tiempo detrás de él y estoy a punto de lograr mi objetivo. La idiota de Isabella no supone ningún problema para mí, pero tú has resultado ser una piedra incómoda en mi camino.

—Pues está piedra, no se va a mover de donde está. Así que puedes marcharte a tu casa y dejarme en paz. Edward es mi marido, siempre lo será. Nunca firmaré esos papeles; ni porque me lo pida él, ni porque me lo ordene un juez, mucho menos porque una desconocida, que jura estar enamorada, se presente aquí y me lo diga.

—Está bien. —Suspiró Jane acercándose a la pequeña mesa dónde había depositado su bolso y buscando algo en su interior—. Que no se diga que no lo he intentado por las buenas.

En ese momento, Tania se dio la vuelta al escuchar un clic. Solamente fue consciente de dos cosas a partir de ese momento; la pistola que apuntaba a su cabeza y la mirada desquiciada de la rubia que sostenía el arma.

—¿Q-qué haces?,¿Estás loca? —Preguntó una titubeante Tania.

—¡Firma los putos papeles!

—Oye, baja la pistola, ¿Vale?

—¡No!¡No me digas lo que tengo que hacer! ¡Firma los papeles y todo irá bien!

—Está bien, está bien, firmaré, ¿Vale? Los papeles están en ese cajón de detrás de ti. Los sacaré y firmaré.

—¡Ni se te ocurra dar un paso más! —Jane estiró la mano hacía dónde Tania había señalado. Intentó alcanzar el tirador del cajón, pero al no alcanzarlo tuvo que voltear la cabeza.

Ese pequeño instante fue el que aprovechó Tania para abalanzarse sobre ella. La empujó haciendo que ambas cayeran al suelo, derribando por el golpe el bolso de Jane haciendo que todas sus cosas quedaran esparcidas por el suelo.

Enredadas ambas, peleaban por tomar el control de la pistola. Tania, aprovechando cierta ventaja, se inclinó para morder el brazo de Jane.

—¡Ahh!, ¡Maldita perra! —El fuerte dolor que notó al sentir los dientes de la mujer clavarse en su carne, hicieron que soltara el arma. Tania, intentó alcanzarla, pero Jane se incorporó rápidamente, golpeándola con su cabeza, haciendo que la nariz de Tania emitiría un crujido que dio lugar a un reguero de sangre.

—¡Puta! —Bramó poniéndose de pie, al tiempo que intentaba detener la hemorragia que brotaba de sus fosas nasales—, ¡Me has roto la nariz!

Jane continuaba tirada en el suelo. Le dolía la cabeza tras el golpe, pero, aun así, fue lo suficientemente rápida para golpear de nuevo a Tania. Lanzó una patada contra las piernas de su adversaria, haciendo que ésta perdiera el equilibrio y cayera a cuatro patas sobre el suelo.

Jane, buscó con la mirada dónde había caído la pistola, pero al no encontrarla, se situó detrás de ella y abrazando el cuello de Tania con su antebrazo, comenzó a estrangularla, cortando el flujo de oxígeno a sus pulmones.

—¡Es mío! —Gritaba Jane al tiempo que apretaba su agarre. Tania, intentaba liberarse de la jaula formada por los brazos de su agresora, pero cada vez le resultaba más difícil respirar. Reunió las pocas fuerzas que le quedaban y le propinó un codazo en el estómago. El dolor hizo que Jane, se doblara sobre sí, permitiendo que Tania gatear hasta la puerta. La falta de oxígeno junto a los golpes de tos provocados por el intento de asfixia, hacían más lento su avance.

Cuando estaba a punto de alcanzar el tirador de la puerta, Tania, sintió como una tela suave se cernía sobre su cuello. Jane, tiró de su melena, haciéndola retroceder, al tiempo que apretaba el foulard azul alrededor de su cuello. La suave seda de la tela se estaba convirtiendo en un mortal abrazo.

—¡Te dije que firmaras los papeles! —Susurraba Jane con voz desquiciada en su oído—. Pero nadie me hace caso. Siempre soy yo la que tiene que arreglar las cosas. Primero Mike, ahora tú. Ninguno vais a impedir que logre mi objetivo.

Tania se aferraba al pañuelo, intentando aflojar el nudo sobre su cuello, pero la presión era cada vez más intensa. Se agarró a la melena de Jane, arrancándole un grito de dolor al tiempo que algunas hebras doradas de su melena caían sobre el suelo, pero que no frenaron a la joven en su asedio. Gruesas lágrimas escaparon de sus ojos al tiempo que su vista se volvía borrosa. Una corriente de fuego se extendía por su garganta. El oxígeno dejó de entrar en su boca. Sus labios boqueaban, como un pez fuera del agua intentando obtener las últimas gotas de aire que la pudieran devolver a la vida, pero todo se había terminado. La negrura se apoderó de ella y cayó desplomada en el suelo.

Jane observó el cuerpo inerte sobre el suelo. Se arrodilló a su lado y comprobó que no respiraba. Se levantó y buscó su bolso. Guardó todo lo que estaba alrededor sin comprobar si quedaba algo suyo en la habitación. Estaba en trance, su cuerpo se movía por ella. Alcanzó la puerta y antes de marcharse, lanzó una última mirada a la mujer que yacía con la mirada perdida en el suelo. Se giró y sin más se marchó.

๗๗๗

Cuando llegó a su casa, se duchó y cambió de ropa. Metió de manera desordenada algunas prendas en una maleta e intentó disimular con maquillaje y sin éxito, el pequeño hematoma que empezaba a aparecer en su frente. Tomó las llaves del coche y bajó solícita las escaleras.

Aro Voulturi, que en ese momento entraba en casa, llamó su atención.

—¡Jane, cariño!, ¿Te vas? —Preguntó observando la maleta que la acompañaba.

—¡Sí, papi! —Habló cariñosamente depositando un beso en su mejilla—, Heidi me ha invitado a pasar unos días con ella. Ha sido una idea de última hora.

—¿Y que te ha pasado aquí? —Señaló su cabeza.

—¡Oh!, ya sabes que soy un poco patosa. Me golpeé con la puerta del armario. Es algo sin importancia.

—¿Estás bien, Jane?, Te noto un poco ansiosa.

—Sí, Sí, es sólo que estoy excitada por el viaje. Me marcho antes de que se me haga más tarde.

—Está bien, cielo. ¡Pásalo bien!

—Gracias, papi. ¡Te quiero! —Se despidió mientras que se dirigía a su coche y abandonaba la propiedad.

Puso el volumen del equipo del coche al máximo, mientras que por el espejo del retrovisor observaba la figura de su padre, que era testigo de su partida, perdiéndose en la lejanía.

Tenía que desparecer unos días al igual que hizo tras la muerte de Mike, así nadie sospecharía de ella. Después podría volver para culminar su objetivo. El último impedimento que había para llegar a Edward era Isabella. Se desharía de ella fácilmente, y después, Edward Cullen sería suyo definitivamente.

Pues ya sabemos que ocurrió en la habitación y como fueron los últimos minutos con vida de Tania.

¡Jane es toda una joyita!

Puede que a algunos este capítulo les parezca innecesario, pero desde mi punto de vista, era importante conocer que ocurrió y como murió Tania. Al fin y al cabo, son personajes al igual que Edward y Bella y aunque la trama principal la llevan ellos, también es necesario que el resto de los personajes se desarrollen.

Por otra parte, os tengo que decir que la historia está entrando en su recta final. Quedan seis capítulos y el epílogo. No puedo evitar sentir cierta pena, pero os aseguro que aún quedan emociones por vivir.

Espero que me acompañéis y disfrutéis como hasta ahora.

Gracias por los favs, follows y reviews.

Espero conocer vuestras opiniones en los comentarios.

Nos seguimos leyendo.