HORIZONTES DE LUZ
Por Evi
o O o
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CUENTA REGRESIVA
- Segunda Parte -
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El general Hunter y la almirante Hayes no salían de su sorpresa al ver esos paquetes sobre el escritorio de ella. El del coronel Riber era una caja de cartón plana y de aproximadamente 60x40x5 cm. Mientras que el proveniente de Minmei era un sobre tamaño esquela abultado y membretado con el sello de la disquera de la cantante. Era extraño el pensar que esos objetos, lo que sea que fueran, provenientes de dos personas tan diferentes entre sí, pero a la vez tan similares en su significado para la joven pareja hubieran llegado ese día... juntos.
Finalmente, después de unos momentos de silencio, fue Lisa la primera en reaccionar, tomando en las manos el sobre de Minmei, ya que le interesaba salir pronto de esa, y entregándoselo a Rick.
- Bueno… - Lisa hizo su mejor esfuerzo por sonar jovial y relajada. – Creo que es momento de revisar la correspondencia.
- ¡Vamos Lisa! – Rick reacciono, tomando el sobre que ella le ofrecía. – No tienes que fingir conmigo… es de Minmei y el paquete es del coronel… sé que esto es tan incómodo para ti como lo es para mí.
- Amor… - Lisa suspiró, sentándose en la orilla de su escritorio. – Incómodo o no es algo que debemos hacer… son cosas a las que nos tendremos que enfrentar día a día. No podemos huir de ellas ni escapar de este tipo de situaciones. De una u otra manera sabes que siempre viviremos en el mismo mundo que Minmei y que el coronel Riber. Debemos simplemente aceptarlo, enfrentarlo y manejarlo con calma y serenidad.
- Sí, lo sé… - Rick sacudió la cabeza. – Sé que tienes razón pero me molesta que Minmei siga tratando de ser parte de un mundo que ya no es el suyo.
- No seas tan duro con ella. Quizás es una tarjeta de felicitación o algo así.
- ¡Claro! – Rick respondió con una media sonrisa cínica. - ¡Estoy seguro que eso es lo que es!
Con un movimiento rápido y preciso el piloto abrió el sobre y vació el contenido sobre el escritorio de Lisa. Los dos observaron con interés y curiosidad lo que estaba ahí, que no era más que una carta escrita en computadora, pero firmada por Minmei… y un boleto. Los ojos de Lisa y Rick se encontraron y ninguno hizo el más mínimo esfuerzo por levantar la carta o leerla… actuaban casi como si aquello se tratara de material radioactivo y no unos simples trozos de papel.
Finalmente fue Lisa la que tomó en sus manos tan penosa misión, recogiendo la carta de la Señorita Macross y leyéndola en voz alta, aunque no era realmente necesario, pues el piloto se había acercado a mirar por encima de su hombro.
"Queridos Rick y Lisa, el próximo miércoles 10 de octubre estaré celebrando mi cumpleaños. Es una buena ocasión para reunirse con los amigos y pasar un buen momento juntos. Las autoridades de Ciudad Monumento han organizado una cena de lujo en mi honor y los fondos recaudados por la misma serán utilizados con fines caritativos. Espero que puedan asistir y apoyar la causa. La cita es en el salón de eventos del Hotel Monumento Plaza a las 8:00 de la noche. Les envío un boleto de cortesía, pero cuento con que me apoyarán comprando un segundo boleto. Para más información pueden visitar mi página oficial en Internet en Favor de confirmar a los teléfonos o direcciones de correo electrónico que aparecen al calce. ¡Espero verlos ahí para que puedan desearme un feliz cumpleaños y apoyar a la caridad! – Minmei."
Cuando Lisa terminó de leer, parpadeó un par de veces, sin creer del todo lo que había leído. Enseguida miró a Rick sobre su hombro, quien se veía aún más sorprendido y confundido de lo que ella estaba.
- ¡No puedo creer a Minmei! – El piloto sacudió la cabeza para salir de su estupor. - ¡No es posible que nos envíe esta invitación… o lo que sea, para una fiesta que se celebra exactamente el día de nuestra boda¿Qué espera¿Qué cancelemos la ceremonia y corramos raudos y veloces a estar con ella en su cumpleaños?
- Es una carta genérica, Rick… - Lisa examinaba el sobre. – Las mandan por bulto y seguramente ella ni siquiera se dio cuenta de que nos habían enviado una. Nuestros nombres deben de estar en su lista de correos.
- Pues yo no estaría tan seguro, Lisa. Minmei siempre sabe lo que hace… podrá ser inmadura pero jamás ha sido tonta. Ella no da un paso en falso… además ¡Vaya agallas las suyas! Enviarnos un boleto de cortesía… quizás esperaba que fuera yo solo a esa fiesta… ¿Cómo es posible que…?
Rick se detuvo cuando notó la manera en cómo Lisa lo observaba, con cierto brillo de diversión en sus ojos verdes. El piloto gruñó y se cruzo de brazos, desviando su mirada hacia el ventanal de la oficina.
- ¡No me gusta que haga esas cosas! – Refunfuñó.
- Bien… - Lisa se acercó a él para abrazarlo alrededor de los hombros. – En ese caso te diré lo que haremos, chiquito… le voy a pedir a Kelly que le envíe una nota disculpándonos por no poder asistir a esa cena de caridad… porque ese día tenemos un compromiso importante… estaremos ocupados casándonos.
Una sonrisa lenta apareció en los labios de Rick y explotó en una carcajada que pareció salir de lo más profundo de su pecho, mientras frotaba cariñosamente su nariz contra la mejilla de Lisa.
- ¡Por eso te quiero tanto, almirante Hayes!
- ¿Por ser inteligente y estar siempre llena de respuestas y recursos?
- Hmmm… - Rick pretendió pensarlo por un segundo. – Bueno… también, pero en realidad iba a decir que te quiero porque sabes exactamente como contraatacar certeramente y en el momento preciso… y siempre te las arreglas para salir de las situaciones de una manera elegante y con estilo… en otras palabras, no has perdido tu toque… ¡Sigues dando más miedo que el demonio!
- ¡Eres una rata! – Lisa se rió y lo golpeó en el brazo.
- ¡Y sigues golpeándome¿Sabes algo, Hayes? Si sigues así tu prometido no llegará con vida al día de nuestra boda… serás una viuda soltera.
- ¿Una viuda soltera? – Lisa se rió, mientras colocaba la carta y el boleto dentro del sobre y los hacía a un lado. - ¿De dónde sacas esas cosas, Hunter?
- Sólo se me ocurren y las digo. – El piloto se encogió de hombros y sonrió.
La mirada de ambos se clavó entonces en el paquete del coronel Riber que estaba ante ellos en el escritorio. Rick tomó una navaja abrecartas de la lapicera y sin mayor preámbulo comenzó a cortar la cinta que sellaba el paquete, lo cual no le tomó más de unos cuantos segundos. Enseguida miró a Lisa y con un movimiento de cabeza le indicó que ahora era su turno de abrir ese paquete.
La almirante así lo entendió. Tomó aire y sin pensarlo demasiado levantó la tapa de aquella caja, para revelar su contenido: un hermoso cuadro con un marco de madera elegante y de muy buen gusto… enmarcando dos escudos heráldicos, pertenecientes a las familias Hunter y Hayes. Sobre el cuadro también había una carpeta de cartón grueso simulando pergamino que contenía la historia y heráldica de ambos apellidos, y una pequeña nota escrita a mano y firmada por el coronel Riber.
Lisa y Rick se miraron a los ojos, pero ninguno dijo nada. A ambos les había tomado por sorpresa aquel inesperado regalo del viejo coronel. Los ojos del piloto se posaron en la carta que estaba frente a ellos y Lisa volvió a tomar en sus manos la tarea de leerla en voz alta:
"Queridos Lisa y Rick:
Les agradezco profundamente la invitación que me hicieron llegar para que asista a su próxima boda. Desgraciadamente me será imposible poder acompañarlos en ese día tan especial, por una serie de motivos. Soy un hombre viejo y enfermo y viajar hasta Ciudad Macross es bastante pesado para mí y no muy bueno para mi salud. Espero que lo comprendan y me disculpen. Hubiera querido estar presente para ser testigo del casamiento de la hija de Donald… pero también admito que el haber estado presente ese día hubiera hecho surgir en mi recuerdos dolorosos. Quizás no he superado la pérdida de mi propio hijo, no lo sé. No podría dejar de pensar que bajo otras circunstancias quizás las cosas hubieran sido muy diferentes… y tal vez, sólo tal vez…
Pero no es eso lo que en realidad quiero decirles. Son desvaríos de viejo y les suplico que me disculpen. Es difícil vivir una vida tan solitaria como la mía.
En realidad quiero que sepan que me da mucho gusto saber que finalmente ha llegado el gran día para ustedes. Lisa, te mereces toda la felicidad y las bendiciones que la vida pueda derramar sobre ti. Rick, sé que no nos conocemos muy bien, pero lo vi en los ojos de Lisa cuando nos vimos en Ciudad Macross hace unos meses: eres un buen hombre y ella te ama. ¡Hazla muy feliz! Disfruten de su amor y ámense con toda el alma y para siempre. La vida del soldado siempre es incierta, así que aprovechen cada segundo. Saboreen cada instante que pasen juntos. ¡Que Dios los bendiga hoy, mañana y siempre!
Finalmente, no quise dejar pasar esta oportunidad sin enviarles una pequeña muestra de mi estima. ¿Qué se le puede regalar a una pareja que parece tenerlo todo? Bueno… un símbolo de la unión de dos personas… de dos familias. Estoy seguro que en este regalo encontraran algunas agradables sorpresas. ¡Que su vida de pareja sea larga y llena de alegrías, bendiciones y cosas buenas!
¡Muchas felicidades! Con cariño: Coronel Retirado de la RDF Albert Riber."
Lisa terminó de leer la carta y miró a Rick, quien apretaba los puños con fuerza. La almirante notó la manera en cómo sus mandíbula se había contraído.
- ¿Rick¿Qué pasa, amor¿Te sientes bien?
- Bien, sí…
- ¡Mentiroso! – Lisa le puso la mano en el hombro. - ¿Qué pasa?
- Nada… - Rick miró por la ventana, desviando sus ojos de los de ella. – Son tonterías, Lisa… es que no sé qué me pasa, pero cada vez que escucho ese nombre… no me molesta el coronel, de hecho pienso que es un hombre agradable y que se preocupa sinceramente por ti pero… no me gusta que cada vez—tenga que sacar a colación a… bueno, a su hijo.
- Rick… - Lisa lo acariciaba, tratando de calmarlo. – Perdió un hijo, está solo en el mundo… vive con sus recuerdos. Creo que no deberíamos de ser tan intransigentes con él… a mí tampoco me gusta que lo mencione pero… - Lisa se encogió de hombros. – No me importa Rick… hace tiempo que supe en dónde está mi corazón y quién es su dueño.
El piloto la observó por unos segundos en silencio. Ella le sonrió y lo tomó de la mano para besársela, lo que hizo que él sonriera.
- Es tonto, Lisa… es decir, tú eres tan madura con todo lo relativo a Minmei a pesar de todo lo que sucedió… y en cambio yo… - Se encogió de hombros. – No lo sé, a veces siento que estoy luchando contra un fantasma.
- Pero es una pelea que estás sosteniendo solamente en tu cabeza, mi cielo. Porque tú bien sabes que para mí no existe nadie más que tú… y si aún dudas de que—
El piloto la silenció con un beso profundo y apasionado en los labios. Lisa sonrió; esa era la mejor respuesta que él podría darle.
- Lisa… - Rick la miró a los ojos cuando se separaron. – Estaba pensando… sobre el coronel y—sobre Kyle.
- Sí, lo sé. – Lisa se sentó en la orilla de su escritorio, pensativa. – Pero… ¿Tú crees que realmente…?
El piloto también se encogió de hombros y tomó la carpeta de pergamino que estaba en la caja para investigar su contenido.
- El coronel ha sufrido tanto por la pérdida de su único hijo… tal vez ayudaría el saber que en realidad no fue su único hijo¿No lo crees?
- Es un negocio riesgoso. – Lisa sacudió la cabeza. – Es decir, con Kyle… además no podemos estar seguros, son sólo especulaciones…
- Basadas en pruebas bastante firmes¿No¡Quien sabe! Quizás Kyle finalmente encontraría la horma de su zapato… pero ¡En fin! Veamos lo que tenemos aquí… la genealogía de la Familia Hayes. – Rick cambió el tema abruptamente.
- ¿Qué dice? – Lisa miró sobre su hombro, sonriendo emocionada.
- Dice que es un apellido Inglés de originen Escocés o más probablemente Irlandés… que la familia Hayes originalmente vivía en un área cerrada del bosque, un coto de caza llamado "haye" en esas épocas… los orígenes familiares se remontan al siglo XI cuando el Duque William de Normandía les otorgó tierra a los Hayes en la región de Sussex en recompensa a la distinguida participación que ellos tuvieron en la Batalla de Hastings. ¡Que importante, Hayes!
Rick ladeó su cabeza para encontrarse con los ojos de Lisa que brillaban profundamente. Ella tenía su barbilla recargada en el hombro del piloto y lo había abrazado por alrededor del pecho. Los dos sonrieron y sus labios se encontraron en un beso suave y lleno de cariño.
- El lema de mi familia es "Renovate Animos"… "Renueva tu valor"… eso lo recuerdo, mi padre tenía un escudo familiar en su oficina. Era igual a éste. – Lisa señaló el escudo del cuadro, soberbiamente pintado con los colores heráldicos de la familia. – Los leones sobre el fondo negro… la flecha apuntando al cielo, la media luna roja… el león rampante sobre el yelmo…
Rick contempló el escudo de los Hayes por un momento, sonriendo emocionado. Era increíble el pensar que él, un sencillo Hunter, iba a casarse con alguien tan importante… con la última descendiente de la Casa de los Hayes.
Lisa miró a Rick y lo besó en la mejilla. Sin moverse de la posición en la que estaba abrazando a su piloto, dio vuelta al pergamino que él tenía en sus manos para mirar el documento correspondiente a la Familia Hunter.
- Bien… ahora sorpréndeme tú, Rick Hunter.
Los ojos de ambos militares se abrieron con sorpresa al darse cuenta de la cantidad de texto que había en el documento de "El Clan Hunter", como estaba titulado. Rick miró a Lisa, que seguía recargada en su hombro y ella, con su proverbial impaciencia, comenzó a leer en voz alta:
- Los Hunter son una familia originaria del Reino de Dalriada en Escocia. Fueron personas que desde sus orígenes estuvieron involucradas en labores de cacería, persecución y acecho. Su lema familiar, "Cursum Perficio" significa "Completa la cacería".
- Hmmm… - Rick le sonrió a Lisa. - ¿Alguna vez te había dicho lo mucho que me encanta que me digas "buena cacería, piloto"?
- ¿A qué viene eso? – Lisa se rió.
El piloto la besó en los labios y le sonrió.
- Sólo quería que lo supieras… sigue leyendo, me gusta como se escucha tu voz tan cerca de mi oído… ¡Me da escalofrío!
- ¡Rick! – Lisa lo empujó juguetonamente, pero siguió leyendo tal y como él le pedía. – Bien… los primeros Hunter llegaron a Ayshire a principios del siglo XII y eran expertos en cacería y trabajos de campo, con generaciones de experiencia viviendo en los bosques de su tierra natal.
- ¿Lo ves? La historia se repite… yo también soy experto en cacería y trabajo de campo… aunque soy más experto en otras cosas.
Lisa le lanzó una mirada extraña a Rick y siguió leyendo, ignorando su comentario, pero sin poder evitar el sonreír.
- El Rey de Escocia, David Primero los hizo parte de su Corte Real y les dio el título nobiliario de Lairs, siendo William Hunter el Primer Lair del Clan Hunter… y Cazador Real del Rey… y su esposa la dama de compañía de la reina.
Rick miró a Lisa y levantó una ceja, mientras ella lo observaba a los ojos y sonreía radiantemente.
- ¿Sabes lo que eso significa, amor? Que vienes de una familia de origen noble… no que eso sea importante para mi pero…
- ¿El Clan Hunter? Lisa… ¿Es cierto todo esto?
- Es un estudio heráldico, amor. ¡Claro que es verdad! Aquí dice que William Hunter puso su experiencia al servicio de la corona en los bosques inexplorados y llenos de criaturas salvajes del reino… como recompensa y reconocimiento a las habilidades de la familia, el rey les otorgó la merced de que el título de Cazador Real fuera hereditario… en el siglo XIII fue construido en Escocia el Castillo Hunterston y los Hunter se convirtieron en… en militares de gran confianza de los reyes de Escocia y lucharon en muchas guerras y batallas a través de los siglos…
Una enorme sonrisa había aparecido en los labios de Rick al escuchar lo que ella le estaba leyendo. Sintió cómo Lisa lo abrazó con más fuerza y él mismo se acurrucó contra su cuerpo, dejándose consentir.
- Muchos reyes honraron a los Hunter con tierras y mercedes reales… en tiempos de paz los Hunter dedicaban su tiempo a cultivar y cuidar sus granjas y sus extensas propiedades de tierras… fue una familia que jamás dejó de producir soldados distinguidos a lo largo de todas sus generaciones… todavía en la Primera Guerra Mundial el General Aylmer Hunter, 27vo. Lair del Clan, combatió con los aliados…
Lisa se detuvo y el piloto se percató de que sus ojos verdes brillaban con lágrimas contenidas… lágrimas de profunda emoción y orgullo.
- Y ahora… - Lisa susurró en su oído. – El hijo más distinguido del Clan Hunter es el General de las Fuerzas de Defensa de la Tierra Unida… es verdad, la familia Hunter jamás ha dejado de producir soldados distinguidos, amor.
Lisa lo besó en la mejilla y Rick cerró los ojos, acurrucándose contra ella. La almirante lo abrazaba con gran amor y frotaba su mejilla contra la del piloto con cariño y devoción.
- Esto no cambia nada, Rick… porque siempre he sabido que eres un hombre noble… un hombre íntegro y leal… ¡Pero estoy emocionada por ti, amor¿Jamás habías escuchado nada de esto?
- No… - El piloto apenas pudo controlar su voz que amenazó con quebrarse. – Lisa, yo—yo siempre pensé que mi familia era de origen humilde… en realidad yo nunca… es que… ¡Santo Cielo, Lisa! Yo no sé que pasa conmigo, pero desde que estoy a tu lado las sorpresas simplemente no terminan, yo—
Lisa tomó el rostro del piloto en sus manos y lo beso lenta y profundamente en los labios. Él cerró los ojos y se entregó a aquel beso. Lisa siempre había creído en él, ella siempre lo había amado, siempre había descubierto en él cosas que nadie más podía ver… Lisa siempre lo había amado por quien él era, no por lo que era y ahora…
- Creo que ahora comprendo el porqué de tus actitudes de caballero andante. – Lisa le sonrió cuando se separaron y le acarició la mejilla. – Después de todo provienes de una estirpe guerrera… de una familia de caballeros en sus briosos corceles.
- ¡Nah! – Rick se rió y se talló la nariz. – A decir verdad me siento como el sapo de los cuentos… ya sabes, una criatura que nadie quería y que a nadie la importaba… y de pronto una hermosa princesa me besó y súbitamente—
- ¡Te has convertido en todo un príncipe! – Lisa respondió, riéndose suavemente y volviéndolo a besar. – Tú siempre has sido un príncipe para mí, Rick Hunter… - Ella murmuraba contra sus labios. - ¡Siempre!
- ¡Y tú una diosa, Lisa Hayes¡Te amo!
Se estuvieron besando por un buen rato. Era como si el tiempo se hubiera detenido y ellos hubieran perdido por completo la noción de la realidad. Después de unos minutos se separaron, pero no antes de que ambos tuvieran que tomar aire.
El piloto pasó su brazo por encima de los hombros de Lisa para abrazarla y los dos clavaron su mirada en el párrafo final del documento, el cual decía que el título nobiliario de Lair estaba detenido en esos momentos, pues nadie lo ostentaba, y que hasta antes de la Guerra Espacial el castillo de Hunterston, corazón del Clan Hunter, aún existía en Escocia.
El documento también mencionaba el tartán de la familia, de los "Hunter de Hunterston" e incluso traía una pequeña muestra en tela del tartán del Clan Hunter, el cual tenía un diseño en el que predominaban los colores verde militar y azul como fondo y delgadas líneas rojas, representando el escudo de armas de la familia y doradas, como representación del título de cazadores reales al servicio del rey.
En cuanto al escudo de armas de la familia, este consistía en tres cuernos de caza en color verde con sus respectivos listones de gules (rojos). En el yelmo un perro de caza sentado sobre una corona dorada, representando que los Hunter eran los Cazadores Reales y un listón con el lema: "Cursum Perficio".
Cuando terminaron de inspeccionar todo aquello, los dos se miraron profundamente a los ojos y sonrieron con amor. Su vida juntos sin duda era como un cuento de hadas. ¡Cuánta felicidad habían perdido y cuánto tiempo habían dejado pasar! Pero ya nada de eso importaba, no cuando estaban juntos… a punto de casarse y cuando había tanto amor en sus vidas.
- ¡Es un regalo de bodas hermoso! – Lisa levantó el cuadro para examinarlo. – Los Hunter Hayes… suena bien¿No te parece?
- ¡Suena perfecto! – Rick abrazó a Lisa por la espalda y comenzó a besarla en el cuello. – Así que dígame, señorita Hayes… ¿Qué se siente estar comprometida con un miembro del Clan Hunter?
- Hmmm… - Lisa sonrió traviesamente. – La pregunta es¿Qué siente mi Cazador Real al estar conmigo?
- ¿De verdad quieres que te lo diga? – Rick le atrapó traviesamente el lóbulo de la oreja entre sus labios. – Y… ¿Qué tan específico quiere que sea exactamente, almirante?
Lisa se rió y se movió un poco en los brazos del piloto para mirarlo de frente. Él la abrazó con fuerza y ella, sin decir ni media palabra, deslizó sus brazos alrededor del cuello de él y comenzó a besarlo con apasionado desenfreno, abandonándose a la voluntad del piloto quien, loco de felicidad y de deseo, la comenzaba a empujar hasta el sofá de la oficina.
- ¿Estás seguro de esto? – Lisa preguntó jadeante, contra sus labios.
- ¡Si! – Se limitó a responder el piloto.
Con gran cuidado él ayudó a Lisa a recostarse sobre el sofá mientras él se tendía sobre ella. Las manos de ambos se movían, como si tuvieran voluntad propia, explorando y acariciando apasionadamente el cuerpo del otro, mientras sus labios seguían devorándose con pasión, con necesidad, con urgencia… con delirio.
Sus piernas se habían entrelazado y la mano traviesa de Rick ya había encontrado su camino debajo del uniforme de la almirante mientras sus besos se hacían más profundos y desesperados. El cuerpo de Lisa se arqueaba involuntariamente, tratando de establecer una cercanía física más íntima y estrecha con el de él.
Rick sentía que iba a volverse loco… la deseaba como jamás la había deseado en la vida. Su necesidad física era tal que la cabeza le daba vueltas y sentía que no podía pensar… tenía que poseer a Lisa, y tenía que tomarla ya, antes de que se volviera loco.
Pero de pronto, tan súbitamente como aquel ataque de amor apasionado y desenfrenado había comenzado, esa pasión comenzó a ceder ante la ternura y el amor. Los besos desesperados y hambrientos del piloto comenzaron a hacerse dulces, profundos y llenos de ternura, mientras que sus caricias se volvían tiernas y delicadas. Después de unos segundos sus labios se separaron lenta, casi dolorosamente de los de Lisa y sus ojos se entreabrieron. Tanto él como la almirante estaban jadeando.
- ¿Qué sucede? – Lisa murmuró, observándolo con amor pero incertidumbre.
- Sucede… que te amo. – Rick le sonrió, acariciando su rostro con el dorso de su mano. - ¡Te amo demasiado!
- Y yo a ti. – Lisa reciprocó aquella caricia, trazando la silueta de la barbilla del piloto con su dedo.
- No es así como quiero que las cosas sucedan. – Rick se inclinó para besarla en la frente. - ¡Te deseo tanto, Lisa! Siento que estoy a punto de enloquecer pero… no quiero arruinar nuestra luna de miel. Si hiciéramos algo aquí, ahorita… no lo sé, sería tan rápido, tan… físico. Quiero algo más¿sabes? Quizás Miriya tenga razón… quizás valga la pena este suplicio y esta tortura después de todo.
Lisa sonrió a la vez enternecida y conmovida por las palabras de Rick. Lo atrajo suavemente hacia ella y lo besó en los labios. Fue un beso largo y dulce, lleno de ternura y de amor. Cuando se separaron, el piloto recostó su cabeza en el pecho de Lisa y suspiró, mientras cerraba los ojos.
- Sólo déjame estar aquí contigo unos momentos… ¿Sí?
- Todo el tiempo que quieras. – Lisa le respondió, acariciándole el cabello y la espalda y besándolo repetidamente en la frente. - ¡No sabes cómo te amo, Rick¡Te adoro!
- El sentimiento, mi amada señorita Hayes, es mutuo. – Rick la abrazó estrechamente, sonrieron al escuchar el sonido rítmico de su corazón. - ¡Te amo!
Los dos comenzaron a adormilarse en aquel cálido abrazo. Pasaron varios minutos hasta que el piloto miró su reloj e hizo un gesto de fastidio.
- Lisa, tienes esa junta a las 1500 horas… ya es lo último, amor. Pero quiero que comas algo primero. ¿Qué te parece? Tenemos el tiempo justo para ir a almorzar, aunque sea al comedor de oficiales.
Mientras hablaba, Rick se había sentado en el sofá al lado de Lisa y había comenzado a acariciarle el cabello. Ella lo miraba con amor. Atrapó su mano y la besó en la palma, provocando que el piloto se estremeciera con aquella caricia.
- Tengo hambre. – Admitió Lisa, sentándose al lado de Rick. – Gracias amor… por todo.
- ¡De nada! - Él la besó en la mejilla. - ¡Es nuestro último día de trabajo! Lisa… me preguntaba si quisieras acompañarme esta noche… a comprar las cosas que necesito para el campamento de mañana con los muchachos.
- ¡Por supuesto que sí, amor! – Lisa se puso de pie y le ofreció sus manos para ayudarlo a hacer lo mismo. – En ese caso será mejor que nos demos prisa… quiero salir temprano de la base… y no regresar en tres semanas.
- ¡Yo también! – Rick se rió, poniéndose de pie. - ¡Créeme que yo también!
Los dos salieron de la oficina tomados de la mano y sin dejar de mirarse a los ojos con amor ni de dejar de comentar sobre el regalo del coronel Riber y las sorpresas que habían descubierto: un pasado lleno de nobleza y de grandes hazañas militares para ese piloto sencillo que se había elevado desde sus humildes orígenes hasta convertirse en el General de las Fuerzas de Defensa. La unión de la Familia Hayes y el Clan Hunter, dos estirpes guerreras y llenas de nobleza, seguramente significaría una época de paz y prosperidad a la RDF.
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Por la noche, cuando ambos hubieron terminado sus actividades del día y se despidieron de sus colaboradores, Lisa y Rick salieron de la base. Hubieran querido haber salido algo más temprano, pero todo el mundo había ido a sus oficinas a hablar con ellos, a felicitarlos por su matrimonio, a desearles suerte, incluso a dejarles regalos. Los dos jóvenes militares habían pasado unos momentos de alegre camaradería con sus subalternos, quienes los adoraban.
El camino que separaba el edificio del almirantazgo del estacionamiento de la base, que en un día normal y bajo condiciones normales no les tomaría más de 5 minutos recorrer, se había convertido en toda una peregrinación. Se habían estado deteniendo cada pocos metros para recibir una felicitación, un abrazo afectuoso, un buen deseo… finalmente, poco más de media hora más tarde Rick y Lisa se subieron a la Freelander y suspiraron agotados.
- ¡Vaya día! – Lisa echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos. - ¡Había tanto por hacer¡Estoy agotada¡Totalmente muerta!
Lisa miró a Rick, quien la miraba divertido.
- Sí, ya sé, ya sé… - Ella refunfuñó. – Me has dicho ochocientas treinta mil trescientas dos veces que no sea exagerada.
El piloto se rió y le hizo un cariño en la barbilla, antes de pone en marcha la camioneta.
- En realidad estaba pensando que es la última vez en tres semanas que usas ese uniforme de almirante. – Rick le guiñó el ojo. – La próxima vez que vayamos a la oficina…
- Ya lo haremos siendo esposos. – Lisa sonrió. - ¡Dios santo, todavía me parece tan increíble!
- A mí también. – Rick la miró de soslayo. – Pero, ya es demasiado tarde como para que salgas corriendo y huyendo de mí.
- ¡Y tú sabes que lo haría si pudiera! – Lisa respondió con un tono de burla en su voz. - ¡Cómo si pudiera huir de ti, Rick Hunter¿Huir a dónde si te llevo aquí adentro? – Lisa se tocó el pecho.
- ¡Te amo tanto! – Rick susurró con voz apenas audible. - ¡Hey! Entonces tengo que ir a comprar algunas cosas para el campamento de mañana… algo de provisiones sobre todo. No es mucho porque sólo estaremos fuera una noche pero… Lisa, me preguntaba si… ¿Quisieras ir a cenar conmigo, amor?
Lisa sonrió y tomó la mano de Rick que descansaba sobre la palanca de velocidades de la camioneta. Él le devolvió la sonrisa y le guiñó el ojo.
- Tomo eso como un 'sí'. – Rick suspiró emocionado.
- ¿Realmente tienes que hacer preguntas tan obvias, piloto?
Los dos se rieron divertidos mientras la Freelander enfilaba hacia la zona comercial de Ciudad Macross, que a esa hora de la noche brillaba iluminada por las luces de neón de negocios y vibraba con las multitudes que abarrotaban las calles en esa noche de viernes.
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Después de ir a comprar las provisiones que Rick tan desesperadamente necesitaba para su viaje, la joven pareja se dirigió a un restaurante de los muchos que rodeaban el parque principal de Ciudad Macross. Su presencia en ese lugar no pasó desapercibida… y el hecho de que trajeran puestos los uniformes de Almirante y General de la RDF tampoco hacía mucho por ocultar el hecho de que ellos, en esos momentos, eran las personas más queridas, asediadas y admiradas de Ciudad Macross.
A pesar de que ellos habían pensado en tener una noche pacifica y una cena tranquila, en realidad pasaron la mayor parte del tiempo hablando con las personas que se acercaron a felicitarlos por su inminente matrimonio, e incluso dando algunos autógrafos y tomándose fotografías con los comensales.
Cuando salieron del restaurante, lo único que ambos deseaban era tener unos momentos de privacidad, así que se internaron en el parque, perdiéndose en sus caminos débilmente iluminados por la mortecina luz eléctrica. El piloto buscó la mano de Lisa y sus dedos se entrelazaron mientras ambos comenzaron a reír suavemente.
- ¡Nuestros 15 minutos de fama, Hayes! – Rick habló divertido. - ¿Qué te parece?
- Bueno… no te voy a decir que es algo que disfrute particularmente… sabes que siempre he sido una persona reservada y me gusta mantener el perfil bajo, pero…
- ¿Perfil bajo, almirante? – Rick se rió. – No creo que sea posible… en estos momentos usted, señorita Hayes, es la mujer más deseada de Ciudad Macross… ¿No has leído los periódicos y las revistas? – Lisa negó con la cabeza. - ¡En todos hablan de ti! De tu trayectoria, de tu historial, de tu posición al frente de la RDF… - El piloto se rió otra vez. – En una revisa incluso hicieron un análisis de tu personalidad… claro que no podrían estar más equivocados. ¡Ah! Y también decía que el color miel era el color de moda para el cabello este otoño.
Lisa no podía evitar el reírse, contagiada por la risa de su piloto, quien ahora la había abrazado alrededor de los hombros y le estaba plantando suaves besitos llenos de cariño en la frente.
- No que yo lea revistas para mujeres, por supuesto. – Rick intentó justificarse. – Pero Miriya me las enseñó… ¡Y hasta me dejó recortarlas! Estoy haciendo un álbum de recortes de mi ídola… de mi superestrella… o sea tú.
- ¡Rick! – Lisa se abrazó estrechamente a él mientras seguían caminando. - ¡Te amo, piloto¡Te adoro!
Los dos se miraron a los ojos, sonriendo con amor. Él se inclinó para besarla suavemente en los labios.
- Lisa, quiero que me prometas una cosa.
- Lo que sea.
- En mi ausencia… prométeme que no permitirás que esa meltran loca que los humanos llamamos Miriya haga ninguna locura.
- ¡Rick! – Lisa se rió y le dio un empujoncito cariñoso. - ¡No seas malo!
- Es que… no creas que me emociona la idea de irme de campamento sabiendo que tú te vas a quedar aquí a merced de esa desquiciada… es decir, salir con Max y con Saleh de campamento va a ser interesante y al menos hará que el fin de semana se vaya más rápido pero… me preocupa que te vayas a quedar sola y—
Lisa lo besó en los labios.
- Estaré bien, amor… no te preocupes. Hay tantas cosas por hacer que sinceramente dudo que Mir tenga tiempo de pensar en sus locuras, menos aún de cometerlas.
- Tal vez… pero aún así…
- Te prometo que no va a haber despedida de soltera, si eso es lo que te preocupa.
- Te creo a ti, pero Miriya volvió a amenazarme con que… bueno¡En fin!
Los dos caminaron en silencio unos minutos, pero no podían dejar de sonreír. Finalmente sus ojos se encontraron y se volvieron a besar con cariño.
- ¡Te voy a extrañar, Hayes!
- Y yo a ti, Hunter… pero sólo será por dos días. Quiero que te diviertas mucho, que te relajes y que te dediques a descansar… te lo mereces, Rick. Además no creo que haya mucha oportunidad de descansar después de este fin de semana.
- Sobre todo durante la luna de miel. – El piloto le guiñó el ojo a su prometida.
- ¡No tienes idea, Rick! – Lisa le siguió el juego. - ¡No tienes idea!
Los dos se detuvieron y él la abrazó alrededor de la cintura para besarla profundamente en los labios. Ella se entregó a aquel beso lleno de pasión y de amor y correspondió a él de una manera que hizo que el piloto se quedara sin aliento.
Cuando se separaron, los dos se contemplaron extasiados por unos momentos. Rick acarició el cabello de Lisa y la besó suavemente en la nariz.
- ¡Eres mucho más hermosa que lo que las revistas dicen!
Lisa se rió y se abrazó a él, frotando su mejilla contra el pecho fuerte y tibio del piloto. Él la besó en el cabello.
- Odio decir esto, Rick… pero se hace tarde y mañana se van a ir muy temprano.
- Sí, lo sé… Max dijo que iba a pasar por mi a las 4 de la mañana… no entiendo porqué tan temprano pero…
- En ese caso debes de ir a dormir, mi cielo. – Lisa se había separado de él y le acariciaba la mejilla. – No quiero que te sientas cansado mañana. ¿En qué se van a ir?
- En la camioneta de Saleh. – Rick respondió, mientras tomaba la mano de Lisa y comenzaban a caminar hacia la salida del parque. – Es la más grande y espaciosa de todas… hoy Max estaba bromeando y diciéndole que al parecer un médico militar gana más que un capitán… Saleh le respondió y le dijo que no olvide que él es un terrorista musulmán y que su esposa es miembro de la mafia rusa, por eso pueden comprarse el auto que quieran. – Rick comentó, con una risa franca.
- ¡Gracias a Dios esos estereotipos son cosa del pasado! Al menos aquí en la RDF. – Lisa respondió con una sonrisa.
- Sí, lo sé… por cierto, estaba pensando que el próximo año vamos a tener que hacer varios viajes alrededor del mundo, para supervisar las diferentes bases militares que se están construyendo y todo…
- Así es… tenemos que revisar los avances de los—
Rick la silenció con un beso sorpresivo y profundo en los labios.
- ¡No quiero escuchar ni una palabra relacionada con el trabajo, señora Hunter!
- ¡Hey! – Lisa protestó. – Yo no soy…
- Todavía. – Rick la interrumpió, guiñándole un ojo. – A lo que iba, amor es que me va a encantar hacer esos viajes contigo… alrededor de todo el mundo. Porque… piensas llevarme contigo¿cierto?
- Jamás podría dejarte atrás, tontito… - Lisa le hizo un cariño en la punta de la nariz. – Además, necesitaré a mi jefe de grupos aéreos para que supervise todo lo concerniente a los aspectos técnicos de esas bases militares.
- Es un trabajo pesado. – Rick suspiró exageradamente, fingiendo cansancio. – Pero alguien tiene que hacerlo.
- ¡Te amo, Rick!
- Y yo a ti, preciosa… ¿Sabes? Eso de señora Hunter me gustó…
- Seré la señora Hayes-Hunter. – Lisa se defendió, pero su sonrisa la traicionó. – Pero ¿sabes algo? A mi también me gusta mucho como suena…
- Hagamos un trato entonces… - El piloto se detuvo justo frente a su Freelander, acercándose a ella para acariciar su rostro con sus labios y su nariz, juguetonamente. – De día puedes seguir siendo la temible almirante Hayes… pero de noche vas a ser mi adorable señora Hunter… ¿Qué te parece?
- ¡Eres un bobo! – Lisa se rió y se acercó para besarlo en los labios.
- Tomo eso como un 'sí'.
Los dos se estaban riendo mientras se besaban… pero su beso se volvió más profundo, serio y apasionado después de unos cuantos segundos. Cuando se separaron, Rick acarició el rostro de Lisa y ambos se perdieron en los ojos del otro por unos momentos antes de abordar la camioneta.
Mientras se alejaban del parque en dirección del Hotel Macross Suites, ninguno de los dos podía dejar de pensar que aquel sería un fin de semana muy largo… pero estaban ya corriendo la recta final. Era el último empujón… la meta ya se veía muy cerca. Aunque a decir verdad la meta no era un destino, sino un nuevo comienzo… el inicio del resto de sus vidas juntos, como una pareja.
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-
Eran poco más de las tres de la mañana cuando Rick, ya perfectamente vestido con jeans, una camisa de franela azul, un chaleco impermeable rojo y botas de campo, estaba sentado en la barra de la cocina de su casa. Tenía su mejilla recargada en la palma de su mano mientras movía su café con una cucharita. Había estado así durante los últimos diez minutos, totalmente ajeno al hecho de que no había nada que mover, pues él tomaba su café sin azúcar. Tampoco parecía haberse percatado de que su bebida hacía rato que se había enfriado.
Tenía la mirada fija en el pequeño calendario que estaba en la puerta del refrigerador. Había estado moviendo su avioncito cada día, llevando con eso la cuenta regresiva de los días que faltaban para su boda… y ahora faltaban solamente unos cuántos.
Rick le dio un trago a su café e inmediatamente hizo un gesto de asco y se lo retiró de los labios como si fuera veneno. Miró acusadoramente la taza que sostenía y luego se puso de pie para vaciar el líquido por el drenaje.
- El café que Lisa hace siempre le queda perfecto… - Pensó.
Abrió el refrigerador y se dio cuenta de que en realidad no tenía nada que desayunar, así que fue a la alacena y sacó un sobrecito de avena instantánea. Le agregó agua, la metió al horno de microondas y tres minutos más tarde se instaló en el mismo lugar de antes y comenzó a comer desganadamente. Era obvio que había algo que le preocupaba… y él sabía exactamente cuál era la causa de su inquietud.
- ¿Por qué soñé eso? – Rick se preguntó en voz alta.
Y es que esa noche apenas había dormido un par de horas, pues una pesadilla lo había despertado y ya no había podido conciliar el sueño otra vez. En cuanto había cerrado los ojos había soñado con Lisa…
Ella vestía su traje de novia y se veía hermosa, bellísima, mucho más de lo que las palabras podían expresar. Rick recordaba la manera en cómo sus cabellos color miel caían graciosamente sobre su inmaculado vestido blanco… recordaba el suave rubor en sus mejillas y una sonrisa tímida e invitante en sus labios. El piloto recordaba que aún en sueños había sentido mariposas en el estómago y se había sentido desfallecer. Lisa no era una mujer. Era un ángel, una diosa… una visión del paraíso.
Pero algo no había estado bien con ese sueño… porque en ese momento tan especial y tan lleno de promesas un hombre se había acercado a Lisa. Un hombre de cabellos castaños y vistiendo un elegante traje color azul oscuro… un hombre que Rick reconoció como Karl Riber.
El piloto soltó la cuchara con un movimiento violento y esta hizo ruido al estrellarse contra el tazón de avena. De pronto Rick había perdido el apetito. Se puso de pie y miró por la ventana hacia el oscuro jardín, apenas iluminado por unas cuantas lámparas solares de seguridad colocadas en las esquinas. Su mirada se clavó en el cielo estrellado y un gesto de disgusto apareció en su rostro.
- Es tonto que me sienta celoso por un sueño que tuve… es verdad, estuve pensando en el coronel Riber después de que nos mandó ese regalo y todo pero… es una tontería. Hunter, estás a unos días de casarte con el amor de tu vida. No puedes sentirte tan miserablemente celoso de un sueño… de un fantasma.
Rick comenzó a lavar su plato de avena y una media sonrisa apareció momentáneamente en su rostro cuando se percató de lo mucho que habían mejorado sus hábitos de limpieza desde que estaba con Lisa. No pudo evitar el reír levemente al recordar que cuando apenas habían comenzado a vivir juntos, Lisa se había escandalizado por la manera en cómo él usaba los productos para el cabello. Ella le había comprado un shampoo y un acondicionador y le había explicado cómo debía usarlos… pero para Rick todos aquellos ritualismos carecían de lógica y utilidad, así que el siempre práctico piloto había decidido ahorrar tiempo y mezclar en partes iguales el shampoo y acondicionador en sus manos, frotarlo y luego aplicárselo al cabello… aquello funcionó mientras Lisa no se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
- Le ha costado trabajo entrenarme, pero creo que lo está logrando. – Rick se rió y suspiró. - ¡Lisa…! Me pregunto qué estará haciendo.
Rick sacudió la cabeza y pensó que aquella pregunta era tonta… eran las 3 de la mañana, Lisa obviamente debía estar durmiendo a esas horas. Una pequeña sonrisa apareció en los labios del piloto al imaginarla plácidamente dormida. Recordó lo bien que se sentía estar con ella en la cama, lo tibia y suave que ella siempre se sentía y lo dulce que era escuchar su respiración, verla dormir… verla despertar.
- Si Lisa se hubiera casado con Riber… si él no hubiera muerto… ¿Qué hubiera sido de mí y de mi vida¿Hubiera terminado casado con Minmei?
El piloto se estremeció ante tal posibilidad y se sentó en una banca, apoyando su codo en la barra y recargando su barbilla en su mano.
- Karl, viejo… no tengo nada en contra tuya pero… Lisa no era para ti. No te conozco y no puedo juzgarte pero… un verdadero hombre no hace lo que tú hiciste con ella. Sé que yo también la hice sufrir y sé que yo no tengo calidad moral para hablarte de estas cosas porque yo también me comporté como un imbécil con ella pero… pero al menos yo jamás la abandoné.
Rick se quedó pensativo unos momentos, su mirada perdida en el muro frente a él. Involuntariamente comenzó a visualizar una vida sin Lisa. La idea lo aterrorizaba. Ella se había convertido para él en algo tan importante y tan vital como el aire que respiraba… esos días que había estado separado de ella le habían hecho pensar en muchas cosas, meditar muchas cosas y darse cuenta de muchas cosas. Pero todo se resumía a una simple idea: todo lo que él pudiera amar y consentir a Lisa en su vida no sería suficiente… ella merecía mucho más de lo que él sería capaz de darle. Sin embargo él tenía firme su propósito. Su vida entera, cada respiración, cada latido de su corazón estarían dedicados a ella, a honrarla, a amarla y a hacerla feliz.
Sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo, sacó su teléfono celular y estableció comunicación directa con el de Lisa. Apenas había timbrado dos veces cuando la voz adormilada de la almirante se escuchó al otro extremo.
- ¿Qué pasa, amor?
Rick sonrió enternecido y pudo claramente visualizar a Lisa, con el cabello ensortijado y los ojos apenas entreabiertos, contestando esa llamada inoportuna a media noche.
- ¡Hey, preciosa¿Qué haces?
Un breve silencio, seguido de una risa amodorrada hicieron que la sonrisa del piloto se hiciera aún más brillante.
- Estaba estudiando unos tratados de filosofía mientras hago mis ejercicios matutinos y veo las noticias por televisión. – Lisa bromeó. - ¡Ah, y preparo mi desayuno!
- Claro¿Qué otra cosa podrías estar haciendo a las 3 de la mañana, amor? – Rick respondió con cariño destilándole en su voz. – Siempre he dicho que eres una mujer multifunciones.
Lisa se rió y Rick notó que bostezaba al otro lado de la línea.
- Lisa, discúlpame por haberte desperado, bonita… es sólo que… quería escuchar tu voz antes de irme. Soñé contigo¿sabes?
- Entonces fueron pesadillas. – Lisa bromeó.
- Sí, algo así. – Rick respondió con cierta nota de diversión… pero también de seriedad. – Yo… sólo quería decirte lo mucho que te amo y que voy a extrañarte estos dos días. En serio, siento mucho haberte despertado.
- Rick, no digas eso. Tú sabes que a la hora que me necesites, siempre estaré aquí para ti. Además hablar contigo es mucho mejor que dormir de cualquier forma.
- Bueno… hay muchas cosas que tú y yo hacemos que son mucho mejores que dormir.
- Lo sé. – Lisa se rió. – Eso no lo discuto siquiera.
- Me alegra que estemos de acuerdo. – Rick sonrió pero de inmediato su tono de voz cambió. – Lisa… yo… ¿Qué crees que hubiera sucedido si tú y yo jamás nos hubiéramos conocido?
- No lo sé. – Replicó Lisa, sorprendida por lo inesperado de aquella pregunta, pero acostumbrada a que el piloto sacara temas al azar en sus conversaciones. – Supongo que…
- ¿Qué? – Rick la motivó a continuar. – Dime…
- No sé, Rick… sinceramente no sé. Es algo que no importa ahora¿No lo crees?
- Sí, supongo que tienes razón. Es que yo… bueno, no importa. Desayuné avena¿sabes?
Lisa se rió levemente al escuchar aquel cambio de conversación tan abrupto… tan característico de su piloto. Ella sabía que algo lo estaba molestando y tenía una leve sospecha de qué podía ser, así que decidió lanzarle un salvavidas.
- Es una buena costumbre desayunar avena, amor… pero, volviendo a lo anterior… yo tengo la plena seguridad de que de alguna u otra forma tú y yo estábamos destinados a conocernos. Hubiera sucedido… más tarde, más temprano. No lo sé. Pero sé que de alguna manera tú te las hubieras ingeniado para encontrarme y entrar a mi vida, Rick Hunter.
- ¿Sin importar lo que sucediera? – Rick preguntó esperanzado.
- Rick… tú eres el hombre que me complementa, que me hace feliz, que me da paz, seguridad… eres el hombre al que amo… eres el amor de mi vida. Jamás nadie podría competir contra eso. ¿Sabes por qué? Porque jamás podría sentir por nadie lo que siento por ti, piloto. ¡Te adoro!
- ¿Nadie? – Preguntó el piloto con una pequeña sonrisa en el rostro.
- Nadie, Rick… nadie.
La sonrisa de Rick se hizo más grande y más sincera. Sostuvo su celular con ambas manos contra su oreja y habló en un susurro.
- Gracias Lisa… eso era lo único que necesitaba escuchar.
- De nada… pero ¿Qué pasa, piloto? Pensé que tendría más confianza en usted y en sus conquistas.
- Lisa… - Rick se rió suavemente. – Jamás permitas que de nada por hecho contigo, mi cielo. Oblígame a conquistarte cada día… jamás dejes que me confíe demasiado. ¿De acuerdo?
- Es un trato. – Respondió Lisa con una sonrisa.
El piloto escuchó el ruido de un auto deteniéndose en la entrada de la casa del almirantazgo y se asomó por la ventana. Vio a Max descender de la 4x4 de Saleh y dirigirse a la puerta.
- Amor, Max y Saleh están aquí… supongo que debo irme…
- ¡Diviértete mucho, piloto¡Y no olvides que te amo!
- Y yo a ti, preciosa. – Rick fue a abrir la puerta. – Te veo mañana por la noche¿de acuerdo? Y no olvides que…
- Lo sé, lo sé. – Lisa se rió. – No dejaré que Miriya haga nada que remotamente involucre a un hombre en tanga surgiendo de un pastel gigante… a menos, claro, que el hombre en cuestión seas tú.
- ¡Hey! – Rick se rió divertido, mientras le indicaba a Max que entrara. - ¡Jamás haría eso, Hayes! Al menos no en público. Por cierto, Max te manda sus saludos.
- Saluda a los chicos por mi, amor… ¡Buen viaje!
- ¡Te amo, bonita! Te mando un beso.
Los dos jóvenes militares se despidieron y Rick terminó la llamada, suspirando profundamente y sin poder evitar la sonrisa que había aparecido en su rostro. Max, quien pasaba frente a él cargando su mochila y su sleeping, le lanzó una mirada traviesa.
- ¡Deja a la pobre almirante en paz un minuto, Rick¿Qué diría Miriya si supiera de este tipo de actividades nocturnas¡Por todos los santos, son las 4 de la mañana¿Qué ni siquiera la dejas dormir?
Rick se rió y siguió a su amigo fuera de la casa, después de apagar las luces y poner la alarma. Tomó la mochila de los hombros de Max y los dos comenzaron a dirigirse al jeep de Saleh.
- Soy adicto a ella, Max… no hay otra explicación.
- ¿Y qué te dijo cuando la despertaste en la madrugada?
- Me dijo que me ama… Lisa es maravillosa, hermano. Además necesitaba escucharla un momento… tuve un sueño muy… poco agradable.
- ¿Volviste a soñar que todo el zoológico de Ciudad Macross iba tras de ti?
- ¡NO! – Rick se rió. – Además no era todo el zoológico… solo la sección de aves… en todo caso, no. No soñé con ataques perpetrados en mi contra por plumíferos salvajes. ¡Buenos días, Saleh! – Rick entró a la camioneta de su amigo.
- ¡Buenos días, Rick¿Así que tuviste una pesadilla que involucraba aves asesinas? – Respondió el buen médico, poniendo en marcha el jeep.
- No todo tipo de aves. – Max especificó. – Sólo urracas y patos. Rick tuvo algunos malos episodios con las gallinas de su granja cuando era un niño. – Max bajó la voz, como si no quisiera que Rick escuchara lo que le decía a Saleh. – Creo que tiene una extraña fijación con las aves de corral… y las urracas. Necesita terapia, si sabes a lo que me refiero.
Max hizo unos leves movimientos circulares con sus dedos justo al lado de su sien. Saleh sonrió y Rick cruzó los brazos sobre el pecho en actitud indignada.
- ¡Hey! Yo era un niño y esas gallinas… ¡Eran muchas! Y yo no tengo ninguna fijación con las aves de corral… además¡Ni siquiera sé por qué estamos hablando de esto¡Y NO NECESITO TERAPIA!
- Como quieras. – Max respondió. – Iba a recomendar que Lisa fuera tu terapeuta pero…
- No es mala idea. – Rick sonrió. - ¡Pero Max Sterling, ese no es el punto!
- El punto es… - Max levantó retóricamente su dedo índice. – Que nuestro buen general tuvo un mal sueño que seguramente involucraba a Karl Riber robándose al amor de su vida.
- ¿Cómo… cómo sabes eso?
- Supimos que recibieron un regalo de parte del coronel Riber ayer. – Saleh le informó. – Es lógico, Rick…
- ¿Soy tan predecible?
Saleh y Max se encogieron de hombros y Rick suspiró frustrado.
- ¡Déjalo ir, hermano! – Max le sonrió. – Lisa está contigo… es a ti a quien ama… no, necesito reestructurar esa frase… es a ti a quien ADORA. Rick, tienes suerte de tener a una mujer como Lisa a tu lado. Mucha suerte, hermano… no pierdas tu tiempo preocupándote por cosas que pudieron pasar pero jamás podrán ser. Tienes en tus manos el aquí y el ahora. Al final fuiste tú quien conquistó el corazón de esa mujer increíble llamada Lisa Hayes… tú y nadie más que tú, jefe.
- Si, supongo que tienes razón.
- No te preocupes, Rick… podemos hablar de todo lo que quieras en este pequeño viaje. Pero sobre todo, tanto Max como yo queremos contarte sobre lo que realmente significa ser un hombre casado… porque en unos cuantos días te tendremos con nosotros, de este lado de la cerca, amigo.
- Y créeme hermano, el pasto es mucho más verde de éste lado. – Max le guiño el ojo a su amigo.
Rick sonrió radiantemente y puso sus manos sobre los hombros de sus amigos.
- Gracias, muchachos. – El piloto respondió sinceramente. – Por todo.
- ¿Porqué no duermes un poco, viejo? – Max sugirió. – Se nota que no dormiste mucho y vamos a estar en el camino durante dos o tres horas. Tiempo suficiente para tomar una buena siesta.
- Si no les molesta… - Rick se arrellanó en el asiento trasero. – Creo que te tomaré la palabra.
- ¡Excelente! – Bromeó Max. – En cuanto te quedes dormido te comenzaré a interrogar.
- ¡No te atrevas, Sterling! – Rick se rió adormiladamente. – Puedo enviarte a corte marcial… o hacerte un juicio sumario. En la espesura del bosque nadie te escuchará gritar.
- Esa fue una amenaza directa. – Saleh se rió.
- Bien. – Refunfuñó Max, cruzándose de brazos y hundiéndose en el asiento delantero. – Pero si empiezas a soñar con Lisa y—
- ¡En ese caso más vale que me despiertes! – Rick soltó una carcajada.
- O mejor aún, que te vacíe encima una botella de agua helada.
Rick rezongó unas frases incomprensibles, pero casi de inmediato comenzó a dormitar. Max sonrió y se relajó en su asiento. Tanto él como Saleh querían darle a Rick un fin de semana que no olvidara… el último fin de semana que pasaría como hombre soltero.
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El lugar donde los chicos habían elegido llevar a Rick para su inusual despedida de soltero era una de las zonas de recuperación ecológica al norte de Ciudad Macross. Un sitio tranquilo, alejado de la civilización y totalmente cubierto por espesa vegetación y rodeado por agua de un par de lagos y varios riachuelos y arroyos. Era un lugar hermoso y cuando llegaron a él, apenas había salido el sol, Rick no pudo evitar el pensar en lo mucho que ese sitio le recordaba el bosque donde estaba la cabaña de los Stonewell en Nueva Montreal.
Una sonrisa apareció en su rostro mientras se llenaba los pulmones del aire fresco y húmedo del bosque. Olía a pinos y a musgo. Su piel se erizó y un leve sacudimiento lo recorrió de la cabeza a los pies al recordar aquellos momentos pasados con Lisa en aquel bosque.
Max y Saleh, quienes ya estaban desempacando, notaron la sonrisa de Rick y sonrieron de una manera cómplice. Fue Max el que rompió el silencio.
- Cada quien instalará su propia casa de campaña… pero debemos de armar una carpa que nos sirva de cocina y comedor.
- ¡No hay problema! – Rick sonrió. – Soy un explorador nato y tengo casi tantas horas de campamento como horas de vuelo. ¡Déjenmelo a mí!
- Bueno, Lisa no puede quejarse. El chico es útil. – Max le dio una palmadita en la espalda. – En ese caso, más vale que nos demos prisa. Esos peces no se van a pescar solos y deben estar listos para la hora de la comida. ¿También eres experto preparando pescado al aire libre, Rick?
- ¡Ni te imaginas, Sterling! – El piloto le guiñó un ojo. - ¡No te imaginas!
- Bien, ahora que ya tenemos nuestras prioridades asignadas… - Saleh había ido a echarle una mano a Rick en la instalación de los soportes de la carpa. – Creo que podemos comenzar a hablar de las cosas que tenemos que hablar, Rick… en 4 días serás un hombre casado… y creo que tanto Max como yo tenemos muchas cosas que decirte al respecto.
- En esos asuntos, - Max le guiñó el ojo a su amigo. – Nosotros tenemos mucho más horas de vuelo que tú… jefe.
- ¡De acuerdo, expertos! – Rick se rió. – Soy todo oídos.
Max y Saleh comenzaron a hablarle a Rick sobre sus experiencias como esposos. Lo nerviosos que habían estado antes de sus respectivas bodas, lo inseguros que se sentían… lo maravilloso que había sido cuando el gran día finalmente había llegado.
Cuando el campamento estuvo listo y todas las casas y la carpa correctamente instaladas y los tres hombres hubieron recogido una carga suficiente de leña, se dirigieron, caña de pescar al hombro, a un riachuelo cercano. Una vez ahí comenzaron a pescar con gran camaradería y dejando que la conversación fluyera.
Max les contó muchas anécdotas, bastante divertidas, sobre sus primeros días de matrimonio y lo difícil que había sido para él lograr que Miriya se adaptara al estilo de vida terrestre. Los episodios que Max les relató los hicieron reír con ganas, en especial a Rick, quien había sido testigo presencial de varios de esos incidentes.
Las historias de Saleh no eran tan divertidas ni alocadas como las de Max, pero él también había pasado por el proceso de convivir con una persona de una cultura diferente a la suya… una mujer muy diferente a la que todos esperaban que él algún día tomaría por esposa. Una mujer que provenía de un mundo muy diferente al suyo. Les relató algunos episodios bastante conmovedores que hicieron que Rick y Max dejaran de reír y meditaran sobre lo afortunados que ellos también eran al tener a mujeres tan extraordinarias como Lisa y Miriya junto a ellos.
Rick en particular no podía dejar de pensar que en cierta forma él no era tan diferente de Max o de Saleh… él y Lisa también habían pertenecido a mundos muy diferentes. Ambos parecían provenir de culturas totalmente opuestas. Sin embargo en algún instante cósmico, el destino había determinado que las dos estrellas tan lejanas que eran ellos, se encontraran y colisionaran. Y ahora… ahora él estaba a sólo cuatro días de casarse con la mujer que su corazón había decidido amar… aunque su cabeza se hubiera resistido a ello durante tanto tiempo.
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Lejos de ahí en Ciudad Macross, Lisa estaba desayunando con Kelly en un pequeño restaurante al aire libre en el parque, al lado del lago. Su asistente había pasado por ella temprano al hotel, pues habían quedado de salir a correr esa mañana juntas, acompañadas de su inseparable Enkei que en esos momentos se divertía en un prado cercano, persiguiendo ardillas y palomas y dejándose consentir por los niños.
- Sé que Miriya a veces se pasa de la raya con sus comentarios, - Kelly comentaba, untando medio frasco de mermelada de fresa a un pan. – Pero sus intenciones son buenas… a veces no entiende el verdadero significado de lo que dice. Pero la verdad es que está muy emocionada con este asunto de la boda, Lisa… todos lo estamos.
- Lo sé. – Lisa sonrió, dándole un trago a su taza de té con leche. – Y se los agradezco… sinceramente no sé que hubiera hecho sin ustedes en estos meses… la boda, el ejercito, las misiones, los proyectos… ¡Ha sido un caos! A pesar de mis mejores esfuerzos por sacar las cosas adelante, todavía hace falta mucho en la RDF… la estructura militar y la cadena de mando deben de—
Lisa se detuvo en seco cuando notó la manera en que Kelly la estaba observando. Por unos segundos aquellos ojos profundamente azules le recordaron los de su piloto y el hecho de que él le había dicho que durante esas semanas no quería que ella pensara en el trabajo.
- Lo siento. – Lisa se rió de sí misma. – No es fácil dejar los viejos hábitos.
- Bueno… ¿Y si mejor me platicas lo que Rick y tú tienen planeado ahora que serán una pareja casada? Es decir… me refiero a… ¿Piensan tener bebés? Es que… yo sería su tía y la idea me emociona.
- A mi también me emociona la idea de tener hijos con Rick. – Lisa sonrió soñadoramente, mirando los niños que jugaban con Enkei. – Sé que será un padre excelente. Ninguno de los dos tuvimos realmente una vida familiar¿sabes? Pero… esto se siente tan correcto… con él… no lo sé, Kelly. Estoy en un punto de mi vida donde todo parece perfecto… todo.
- ¡Me encanta escucharte hablar así, Lisa! – Kelly sonrió ilusionada. - ¡Y me encanta ser parte de todo esto también!
Kelly se puso de pie de golpe y fue a perseguir a Enkei, quien se había acercado demasiado al lago, persiguiendo a unos patos que se contoneaban y le graznaban amenazadoramente al perro. Lisa se rió y sacudió la cabeza… aquello le seguía pareciendo un sueño. ¿En qué momento la vida que siempre había sido un paraje yermo, desierto y amenazador lleno de dolor, muerte y soledad se había convertido en ese lugar en donde el sol brillaba, los pájaros cantaban, los niños jugaban y sólo había amor, sueños y esperanzas en el horizonte?
Kelly regresó, refunfuñando en voz baja, seguida por Enkei que con la cola entre las patas y las orejas gachas, trataba de congraciarse con ella, gimiendo lastimeramente. Lisa sonrió mientras terminaba de comerse su fruta picada.
- ¡Te he dicho mil veces que no debes de pelearte con los patos, Enkei! Si te hubieran mordido estarías aquí llorando… ¡Ellos son más que tú y vuelan!
- ¿Por qué esas palabras me suenan tan conocidas? – Lisa murmuró. – Oh, si… son casi las mismas con las que yo regañé a Rick la última vez que se dedicó a acosar patos en el parque.
Las dos chicas se rieron alegremente. Después Lisa preguntó:
- Bien Kelly… sé que no estamos trabajando pero¿Cuál es la agenda del día?
- Bueno… quisiera que me acompañaras a recoger mi vestido para la boda… si no tienes nada que hacer, Lisa.
- ¡Por supuesto que te acompaño!
- Miriya va a pasar al hotel por el equipaje para la luna de miel. Luego quería que nos reuniéramos con ella para revisar toda la logística de su traslado hasta el lugar de su viaje de bodas.
- Pero primero iré al hotel a darme un baño.
- En ese caso podríamos vernos para comer¿No te parece? Miriya quiere ir al centro comercial en la tarde a comprar algunas cosas que le hacen falta… creo que mencionó un vestido nuevo para Dana y que también quería llevar a la bebita a que le cortaran el cabello.
- ¡Pobre Dana! – Lisa suspiró. – Eso no le va a gustar nada… será mejor que vayamos con ellas, Kelly… dejar sola a Miriya en una situación así…
- Puede ser peligroso. – Kelly completó la frase, riendo divertida. – Eso es todo lo que hay que hacer hoy.
- Parece que tenemos agenda llena. – Lisa se limpió los labios con la servilleta de tela. – En tal caso, más vale que nos demos prisa… voy a pagar y nos vamos.
- Lisa…
- Yo invito, Kelly. – La almirante le sonrió a su asistente.
- Bueno… gracias… pero no era eso lo que quería decir… en realidad eran dos cosas.
- ¿Sí?
- Bueno… yo—la próxima semana tengo algunas evaluaciones en la Academia y… hay algunas cosas que me cuestan algo de trabajo entender. Y me preguntaba si no sería mucho pedir si tu… es decir, sé que tienes muchas cosas que hacer pero… es que son cosas que tú manejabas a diario en el SDF1 y pensé que—
- ¡No digas más! – Lisa sonrió amablemente. – En la noche podemos repasarlas, si quieres. Para mí será un paseo por la calle de la memoria regresar a esos días del SDF1, Kelly. Además me da gusto ver que te sigues preparando. Tienes un gran futuro militar frente a ti.
- ¡Gracias Lisa!
- ¿Y qué era lo segundo que querías decirme?
- Que—que no extrañes tanto a Rick… él volverá mañana y bueno… en cuatro días van a estar casados.
- ¿Por qué dices eso, Kelly? – Lisa sacudió la cabeza, algo confundida.
- No lo sé. – La joven teniente se encogió de hombros. – Cuando él no está… o cuando tú no estás… los ojos de ambos se notan tristes… vacíos, distantes… no sé.
- ¿Es tan obvio? – Lisa parpadeó un par de veces.
- Sí, a veces sí que lo es. –Kelly sonrió y se puso de pie. – Almirante, permítame por favor… este desayuno va por cuenta mía.
La joven teniente entró al restaurante a pagar su consumo y Lisa la siguió con la mirada. Luego sonrió al escuchar un suave gemido junto a ella. Acarició la cabeza de Enkei y el perrito movió la cola emocionado.
- Es bueno tener una familia otra vez. – Lisa comentó. – Es bueno tener a alguien a quien extrañar… alguien a quien amar. Es bueno tener a Rick en mi vida, Enkei… y con él, todas las cosas maravillosas que ahora tengo a mi alrededor.
El perro ladró alegremente y Lisa se rió, inclinándose sobre él para tomar su cabeza peluda en sus manos y sacudirla juguetonamente. Kelly regresó un minuto más tarde y le puso su correa al cuello a su compañero.
- Vamos por tu vestido entonces, Kelly. – Lisa le sonrió. – Tenemos un día lleno de cosas que hacer por delante.
- ¡A sus órdenes, almirante! Soldado Enkei, paso corto.
Los tres comenzaron a caminar por los senderos del parque, mientras Lisa y Kelly conversaban animadamente y Enkei se detenía a cada paso del camino para inspeccionar algún agujero en un tronco, para ladrarle a algún pájaro o para dejar que algún niño lo acariciara. Esa era la vida sencilla, cotidiana y llena de pequeños detalles que Lisa siempre había soñado. Una vida que ahora, finalmente, era una realidad.
-
-
En los bosques de la zona de recuperación ecológica, los dos pilotos y el médico militar estaban a orillas de un riachuelo, pescando. Max estaba literalmente tirado sobre la hierba y su caña de pescar estaba atorada entre algunas rocas y palos que él había instalado. Era obvio que capturar peces no era precisamente su preocupación más grande en esos momentos.
Cerca de él Rick estaba sentado en una enorme roca, mirando fijamente hacia el riachuelo, con su caña de pescar firmemente sostenida en sus manos. Unos metros más allá Saleh, quien se estaba tomando muy en serio aquella actividad, traía puestos unos pantalones impermeables que sostenía de sus hombros con unos tirantes, estaba metido unos metros dentro del riachuelo, de pie y sosteniendo su caña. En la orilla, junto con algunos de sus artículos de pesca, había una cubeta con un par de pescados que ya había atrapado.
- Hay muchas cosas que Lisa seguramente espera de ti, como su esposo, Rick. – Saleh hablaba filosóficamente. – Cuando Tanya y yo nos casamos las cosas no fueron fáciles en lo absoluto. Ser médicos militares en medio de una guerra puede ser bastante desgastante y agotador. Las emergencias jamás terminaban y el tiempo que teníamos para compartir era muy poco… eso sin mencionar que siempre teníamos en la mente tantas cosas… el ver la muerte al rostro día a día puede llegar a quebrarte emocionalmente… supongo que lo mismo sucedió con Miriya y tú, Max.
- Sí, fue difícil… nos enamoramos y nos casamos en medio de una guerra… jamás he dudado de la pericia y la capacidad de combate de Mir, pero aún así… no puedo decir que no me ponía de nervios cada vez que salíamos juntos a combate. Siempre existía ese secreto temor de verla caer ante mis ojos, como a tantos otros de mis compañeros caídos en combate. La tensión del campo de batalla a veces invadía nuestra casa… fueron tiempos difíciles.
- Fueron difíciles para Lisa y para mí, tan sólo siendo colegas y amigos. ¡Imagino lo complicado que fue para ustedes! – Rick estaba sorprendido. - ¿Cómo lograron salir adelante?
- Con mucha paciencia. – Max contestó.
- Y mucho amor. – Saleh completó. – Comprensión…
- Flexibilidad… - Max se sentó y miró a Rick. – Tratando de no tomar las cosas tan en serio… siendo accesibles…
- Tratando de comprender a nuestra esposa… sabiendo que ella tenía tantas responsabilidades y tanto stress sobre sus hombros como nosotros.
- Y sobre todo, - Max sentenció categóricamente. – Siempre marcando perfectamente los límites entre nuestra vida profesional y nuestra vida personal y de pareja. Es difícil, hermano… pero a veces hay cosas en el campo profesional que pueden llegar a afectar nuestra vida personal. No debes de dejar que eso suceda. A veces Lisa tendrá que tomar decisiones o dar órdenes que quizás no te agraden. Pero piensa que en ese momento es la Almirante Hayes y que lo que ella ordene o decida no tiene NADA que ver con los sentimientos que Lisa Hayes tiene para ti.
- Lo sé. – Rick aceptó. – Y entiendo perfectamente lo que me tratan de decir.
- A veces tomamos las decisiones correctas… pero a veces nuestra visión es errónea. – Saleh intervino. – No hay nada de malo en reconocernos incapaces de tomar una decisión en un momento dado y pedir apoyo y consejo de quienes podrían orientarnos… de nuestras esposas. A veces uno piensa que es el hombre, un ser superior e invencible. Pero Rick, es un hecho probado que nuestras mujeres están por encima de nosotros.
Los tres amigos se rieron de aquel comentario, pensando que de cualquier manera Saleh tenía razón. Los tres tenían la suerte y la fortuna de haber encontrado mujeres extraordinarias con las cuales compartir su vida.
- Lisa espera tu apoyo, - Max continuó. – Tu comprensión, tu ayuda, tu cariño, tu fortaleza, tu seguridad… sobre todo tu amor, Rick. Todo tu amor.
- Seguridad es la clave. – Saleh tomó la palabra. – Pase lo que pase y suceda lo que suceda, siempre debes de hacer que Lisa se sienta segura a tu lado, Rick… segura emocionalmente, físicamente, anímicamente, económicamente… jamás le des motivos para sentirse insegura. Tú serás su roca, su puerto seguro, su fuerza, su fortaleza, su refugio. Debes de hacer que ella siempre confíe en ti, que jamás, pase lo que pase, tenga la menor duda de ti.
- ¡En ningún aspecto! – Max asintió.
- Jamás le daré motivos para dudar de mí. – Rick respondió. – Pasó tanto tiempo a mi lado, sin tener ninguna seguridad de ningún tipo… y jamás dejó de creer en mí… jamás dejó de apoyarme, de aconsejarme… jamás me abandonó, a pesar de que yo no… - Rick bajó la cabeza. – Hace mucho que me prometí a mi mismo que cada respiración y cada latido de mi corazón los dedicaría a hacer feliz a Lisa. Y es una promesa que pienso cumplir… pase lo que pase.
- ¡Serás un buen esposo, hermano! – Max se acercó a palmearle la espalda. – Te casarás con una mujer extraordinaria que te ama… ¡Te adora! Sinceramente, la vida no puede ser mejor que eso, Rick.
- Lo sé. – El piloto sonrió. – Créeme, Max… ¡Lo sé!
Max se acercó a la orilla del río y lanzó su anzuelo. Los tres amigos guardaron silencio, meditando sobre la conversación que acababan de tener. Rick no podía dejar de sonreír. Súbitamente sentía una necesidad imperiosa de tener a Lisa a su lado y abrazarla… ¡Abrazarla con todas sus fuerzas! Esconder su rostro en su suave cabello, embriagarse de ella y prometerle… jurarle que jamás la iba a decepcionar.
- El Código de Disciplina Militar de las Fuerzas de Defensa de la Tierra Unida específicamente establece que ningún militar debe de dar su palabra de honor, si no está dispuesto o se siente incapaz de cumplir lo prometido… pero Lisa, yo te doy mi palabra de honor, como soldado y como hombre… ¡Jamás te voy a abandonar! Jamás te voy a defraudar… y jamás, jamás te voy a dejar de amar. ¡Palabra de honor!
El piloto sonrió divertido al percatarse de que había utilizado un código militar para justificar una acción personal… así de dentro llevaba su deber militar en el corazón. Así de profundamente Lisa Hayes había influido en él.
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Esa noche, en el tercer piso del Hotel Macross Suites, la almirante Lisa Hayes estaba en su suite, sola después del día tan atareado que había pasado con sus amigas. Kelly se había quedado hasta tarde con ella esa noche de sábado, estudiando para sus evaluaciones. Lisa se había prestado de buen grado a darle una asesoría sobre los puntos que tenía que estudiar y que involucraban mucha teoría sobre los sistemas de comunicación de una nave estelar, en lo cuál Lisa, la antigua Primera Oficial del SDF-1 era una experta.
Lisa se sorprendió de la capacidad de retención, la memoria y la lógica de su asistente. Cada vez se convencía más de que Kelly era alguien a quien ella quería, sin duda, tener consigo en el puente de mando de la nave de colonización… cuando se llegara el momento.
Kelly se había ido ya bien pasadas las 11 de la noche y Lisa se había dado una ducha. Ahora, vestida con su pijama de abejas que Rick le había regalado, estaba sentada frente al escritorio en donde había estado estudiando con Kelly, mirando distraídamente algunas notas y diagramas que ella había hecho en algunas hojas sueltas. Su mente parecía haberse ido muy lejos de pronto… lejos, hasta aquellos remotos días del SDF-1… lejos, hasta esos momentos que había compartido con quienes habían sido su familia en esos años de la guerra.
Las imágenes del Capitán Gloval en su sillón de mando… de Kim y Sammy, siempre picándose la cresta mutuamente… de Vanessa, con su interminable repertorio de chismes frescos… y de Claudia, la hermana mayor siempre imponiendo el orden aparecieron súbitamente en su mente. Tan súbitamente como las lágrimas que se anegaron en sus ojos.
- ¡Los he extrañado tanto! – Lisa murmuró. – Me he preguntado tantas veces qué pensarían ustedes si estuvieran aquí conmigo ahora… sobre mí y Rick… sobre todo esto que estoy viviendo. Claudia, tú siempre supiste que mi piloto y yo podíamos tener un futuro juntos… Kim, Vanessa y Sammy también lo sabían… el capitán Gloval, incluso él lo sabía… en esos momentos finales ellos… ustedes me dieron la oportunidad de vivir todo esto… yo estoy aquí gracias al sacrificio que ustedes hicieron por mí.
Lisa se limpió los ojos con el puño de su camisa y una pequeña sonrisa triste apareció en su rostro al tiempo que clavaba su mirada en el ventanal para contemplar momentáneamente el cielo estrellado de esa noche de octubre.
- El lunes le pediré a Rick que me acompañe a llevar algunas flores al cementerio. – Lisa pensó. – Quiero estar con ustedes unos momentos antes de… del día de mi boda. Claudia¿Puedes creerlo? Lisa "La Reina del Hielo" Hayes, la mujer que daba más miedo que el demonio, a quien todos los pilotos temían… me voy a casar con Rick… ¡Dios santo! – Lisa se rió. – Sinceramente¿Cuáles eran las posibilidades? Hace un año… yo—
Lisa sintió que los ojos volvían a inundársele en lágrimas cuando recordó los eventos del año anterior. Hacía un año, un año exactamente desde que ella había encontrado el álbum de Minmei en la habitación de Rick… un año desde que ella, sin tener el valor para encararlo, había dejado la copia de las llaves de su casa, la misma que él le había dado para navidad, en el buzón… un año desde que, por una causa inexplicable que había sido más fuerte que ella misma, había esperado a Rick en la pista de vuelo para entregarle un sobre con sus fotografías.
- ¡Parece como si hubiera ocurrido hace diez años! – Lisa suspiró. – Rick estaba tan distante… y yo no sabía que hacer… estábamos peleando más que de costumbre y—y yo me sentía más enamorada que nunca… ¡Un año!
Las manos de Lisa inadvertidamente habían tomado una de las hojas con algunas de sus notas sobre el SDF-1 y sus sistemas. Le había explicado a Kelly como había estado conformado el mando militar dentro de la gigantesca fortaleza y había dibujado un rudimentario organigrama en aquella hoja de papel.
- ¡Todavía hay tanto por hacer! – Susurró Lisa, pensativa. – La RDF está sobreviviendo con una organización muy rústica… se ha complementado la cadena de mandos de una manera muy básica… pero con la primera generación de oficiales graduándose de la Academia Militar en noviembre y con las nuevas bases que vamos a establecer en esos cinco puntos estratégicos de la Tierra será necesario reformar las estructuras. ¡El trabajo jamás termina!
Lisa comenzó a escribir detrás de aquella hoja una lista de pendientes que necesitaba sacar adelante tan pronto como regresara al trabajo, entre ellos el de concertar algunas reuniones y mesas de trabajo para hacer una revisión a fondo de las leyes y reglamentos vigentes, muchos de los cuales no se habían reformado ni adecuado desde 1999. Tenía que comenzar a trabajar en una reestructuración de la cadena de mando de la RDF, debía además comenzar a reunirse con la Comisión Científica para pedirles los informes preliminares de los proyectos que ella les había asignado hacía unos meses, relativos a la construcción en el satélite fábrica de una flotilla de naves de guerra. Debían comenzar a armarse si querían ofrecer una buena defensa al planeta. "Si quieres la paz, prepara la guerra", Lisa casi pudo escuchar las palabras de su padre en sus oídos.
- ¡Hay tanto por hacer! – Lisa suspiró. – Pero… no es eso en lo que debería de estar pensando en estos momentos¿No es así? Antes bien debería estar pensando en lo cerca que estoy del día en que me convertiré en la esposa de Rick Hunter.
Lisa se rió y se puso de pie para mirar por la ventana. Sus ojos se clavaron en las estrellas… era la primera vez en el año que podía observar la constelación de Orión sobre Ciudad Macross. Sonrió de oreja a oreja y la contempló por unos segundos con la mirada perdida y sus ojos verdes brillando con una chispa de luz profunda. No era difícil adivinar a dónde había volado el pensamiento de la almirante.
- Cuando comencé a enseñarle los nombres de las constelaciones… lo premiaba con un beso por cada nombre correcto. –Lisa se rió. – Rick Hunter… ¿Podría amarte más de lo que te amo?
Cerró los ojos y la imagen adorada de su piloto apareció en su mente: sus ojos terriblemente azules, tan tiernos y llenos de amor… su sonrisa amable y sincera, sus rasgos faciales, su aroma, la tibia sensación de su cuerpo… todos los registros físicos que ella tenía de él de pronto se agolparon en su mente y ella no pudo evitar el suspirar profundamente.
- No necesito altares ni ministros ni testigos ni ceremonias para jurarte amor eterno, Rick… te amo simplemente porque… porque llegaste a mi vida cuando ya no te esperaba… porque eres todo lo contrario a lo que yo esperaba… porque tú has sabido llenar mi alma, mi corazón y mi cuerpo… porque me has enseñad lo que es amar, REALMENTE amar y ser amada… estar enamorada… Rick, en mis días de calma te conviertes en un huracán… en mis días de tormenta eres mi sol… en mis días de calor eres agua pura para mí… en mis días helados eres mi calor…
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Lisa mientras regresaba a la mesa de trabajo y encendía su laptop. De pronto había sentido unas ganas fuertes e incontenibles de escribir algo para Rick… algo personal y especial. Algo como sus votos matrimoniales…
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La noche había caído sobre los bosques de la zona de recuperación ecológica. El sonido de los animales nocturnos se dejaba escuchar a lo lejos, mezclado con el suave rumor del viento al colarse entre las ramas de los árboles.
En medio de la espesura del bosque un claro de luz indicaba la presencia de un hermoso fuego que ardía crepitante en medio de los jóvenes que estaban sentados a su alrededor sobre los troncos que hacían las veces de improvisados asientos.
El doctor Saleh rasgaba lánguidamente las cuerdas de una guitarra, mientras cantaba con voz modulada una vieja canción de amor. Rick mantenía sus ojos fijos en el fuego, fascinado por él, mientras su mente y su corazón volaban de regreso a Ciudad Macross al escuchar la canción de Saleh.
Después de que Rick hubiera probado sus habilidades culinarias cocinando al aire libre y después de que pasaron la tarde escalando una montaña cercana mientras conversaban de los asuntos más triviales y hacían bromas, los chicos habían regresado al campamento y habían cenado sándwiches. Ahora se amodorraban alrededor del fuego.
Max apareció en la escena, dejando caer pesadamente una hielera repleta de latas de Petite Cola. El joven general levantó su mirada interrogativa hasta encontrarse con los ojos de su amigo.
- Sé de tu poca tolerancia al alcohol, hermano. – Le guiñó el ojo. – Y sé que Saleh es abstemio… así que decidí que cervezas serían una mala elección. Así que muchachos, que no decaiga el ánimo. Tenemos Petite Cola suficiente para pasar la noche.
Mientras decía eso, Max tomó una lata y la abrió para luego entregársela a Rick, quien la recibió con una sonrisa. Saleh ya había puesto su guitarra a un lado y se había acercado para tomar un refresco al tiempo que Max abría el suyo.
- ¡Por Rick Hunter, mi amigo, mi jefe, mi compañero de armas… mi hermano! – Max levantó su lata. – Por una vida llena de alegrías y bendiciones al lado de Lisa Hayes, la mujer a la que ama.
- ¡Por un matrimonio lleno de júbilo y de sorpresas y por muchos años de prosperidad y de amor¡Salud!
Los tres jóvenes levantaron sus latas de Petite Cola y las chocaron en el aire mientras Rick agradecía conmovido a sus amigos por aquel viaje tan inesperado y por sus buenos deseos para su matrimonio… su matrimonio, aún no parecía haber procesado aquella frase.
- Entonces… - Max continuó con una conversación que había quedado a medias durante la cena. – Está claro Rick… debes de hacer todo lo que esté a tu alcance, aún lo imposible por conquistar a Lisa día a día… segundo a segundo. Y sobre todo, debes de aprender a complacer a tu dama.
Max le guiñó el ojo y Rick se sonrojo un poco y se talló la nariz, sin poder evitar reírse.
- Creo que en ese aspecto no hay ningún problema, Max.
- ¡Que arrogante! – El capitán Sterling se rió.
- Sin embargo no debes dar nada por hecho, mucho menos en el aspecto intimo de su relación, Rick. – Saleh habló con la seriedad que siempre lo caracterizaba. – El acto de intimidad entre un hombre y una mujer es lo más sagrado y hermoso que existe en el universo. Es un acto de amor… un acto divino.
- Lo es. – Rick sonrió y se sonrojó levemente.
- Sabemos que Lisa no fue tu primera mujer jefe, pero—
- ¡Lo fue! – Rick interrumpió a Max. – Es decir… quizás físicamente hubo alguien más pero, aunque suene trillado y tonto, con Lisa hice el amor por primera vez… lo que sucedió antes fue solo un acto físico… fue solo… sexo. – El piloto hizo un gesto de disgusto. – Pero con Lisa…
- Es amor. – Saleh habló. – Un amor que se debe de cultivar y cuidar como el tesoro más precioso que tienes en la vida, Rick.
- Lo sé… en todo aspecto, incluso en el íntimo, Lisa me llena, me complementa, me satisface, me—no lo sé. Ella simplemente es mi todo… cuando la tengo entre mis brazos… cuando la beso… cuando la siento tan—tan mía… ¡Es algo hermoso! Algo para lo que simplemente no tengo palabras. – El piloto suspiró profundamente. – ¡La amo!
- ¿Y por qué la amas, Rick?
La pregunta de Saleh tomó por sorpresa a Rick, quien lo miró con los ojos bien abiertos y levantó sus cejas mientras se encogía de hombros.
- Bueno, la amo por tantas cosas…
- ¿Cómo cuales? – Max completó. – Todos sabemos que Lisa es una mujer hermosa, inteligente, adorable, comprensiva… pero tú debes de saber más cosas de ella¿No es así? Cosas que te hacen amarla de la manera en cómo la amas.
- Sí… - Rick lo meditó por un segundo. – Supongo que… son los pequeños detalles los que han hecho enamorarme de ella… ¡Adorarla! Ya saben, esas cosas que quizás para otros pasen desapercibidas… no sé… la manera cómo sonríe después de que la he besado… como su nariz se arruga cuando algo no le gusta… como tararea mientras prepara cualquier cosa en la cocina… la manera en como sus ojos brillan cuando me mira… incluso las cosas graciosas que hemos vivido… como una vez que…
- ¿Qué? – Lo animó a continuar Max. - ¿Una vez que qué¡Vamos Rick, no te sonrojes! Dijimos que íbamos a ser francos y sinceros esta noche.
- Una vez estábamos… jugueteando en la cama… - El piloto se talló la nariz y se sonrojó un poco. – Dando vueltas… rodando por toda la cama… estábamos de un ánimo bastante juguetón y divertido y ninguno queríamos dejarnos vencer… hasta que nos dimos cuenta de que no podíamos movernos… nos habíamos enredado en las sábanas y el edredón, pero estaban apretados alrededor de nosotros. – Rick no pudo evitar reírse. - ¡No podíamos escapar! Lo intentamos, pero solo terminamos en el suelo…
- ¿Y qué sucedió? – Max reía divertido.
- Sucedió lo que sucedió. – Rick sentenció filosóficamente. – No daré más detalles… pero bueno, si ya estábamos ahí y de todas maneras no había escapatoria, al menos podíamos aprovechar el tiempo¿No?
- ¡Ese si que fue un taco de amor! – Saleh se rió.
- Me encanta cuando estamos juntos… - Rick ni siquiera se percataba de que seguía hablando, tan perdido como se encontraba en sus recuerdos de Lisa. – La manera en cómo me acaricia… cómo me vuelve loco… me besa la barbilla… la comisura de los labios… - Rick se tocaba los labios mientras hablaba, casi como si pudiera sentir el suave roce de la piel de Lisa en ellos. - Luego en éste pedazo de piel entre el labio superior y la nariz… y cada vez que yo intento besarla, ella se aleja un poco, me besa en otro lado… me comienza a acariciar el cuello y yo—
Rick se estremeció notoriamente y se sonrojó. Max se rió y le dio una palmada en el hombro a su amigo.
- Te voy a dar algunos consejos para que hagas feliz a tu esposa, viejo… y estoy seguro que Saleh también podrá contribuir con algunos.
- ¿Sí?
- Como tú mismo dijiste, todo está en los pequeños detalles, viejo. El amor se va construyendo con esas cosas pequeñas y casi insignificantes que suceden entre ustedes día… una sonrisa, una palabra de aliento, un roce suave por debajo de la mesa, un guiño, esa ayuda inesperada a mitad de la jornada… el e-mail, el mensaje de texto o la llamada telefónica que le recordarán que es ella quien ocupa tus pensamientos a cada hora del día.
- Hay veces Rick, que las mujeres resultan bastante incomprensibles. – Saleh prosiguió. – Momentos en los que uno sinceramente no sabe qué pasa por sus cabezas. Te aseguro que va a suceder que de pronto Lisa llegará regañándote por cualquier tontería…
- Porque dejaste los calcetines tirados debajo de la cama… - Max se rió. – O porque se te olvidó poner el jugo de vuelta en el refrigerador…
- En esos momentos lo más seguro es que haya algo más que la está molestando… que la está preocupando o incluso hiriendo. Y puede ser que ese algo más ni siquiera tenga que ver contigo. – Saleh le dijo. – Quizás tuvo un mal día en el trabajo, alguna discusión, recibió alguna mala noticia… en esos momentos hay que armarse de paciencia, Rick.
- Ha sucedido. – Él aceptó. – Generalmente Lisa es una mujer con un autocontrol increíble pero… sí ha habido veces en las que parece que simplemente está tratando de buscar pelea por ninguna razón en específico… admito que siempre he preferido emprender la retirada.
- No lo hagas, hermano. – Max le palmeó la espalda. – Quédate a su lado, pero no le preguntes qué sucedió… sólo dile que si desea hablar. Seguramente ella se abrirá ante ti. Si no está lista para hacerlo, entonces déjale saber que cuando ella te necesite, tú vas a estar ahí para escucharla y para apoyarla.
- Pero si ella decide hablar contigo y contarte lo que sucedió, no le des consejos a menos que ella te los pida. Limítate a escuchar empáticamente… y habla cuando ella esté lista para escuchar.
- Créenos Rick, aprende esta regla de oro que te estamos dando y te evitarás muchos problemas y muchas discusiones sin sentido.
El piloto sonreía levemente al escuchar hablar así a sus amigos… a esos dos esposos expertos y curtidos. Veteranos de las más feroces batallas del amor. Todo el día le habían dado consejos de ese tipo y él se los agradecía sinceramente. El piloto siempre se había considerado a sí mismo un completo inútil cuando se trataba de mujeres. Había dado lo mejor de sí con Lisa, pero siempre se podía mejorar. Max y Saleh le estaban abriendo los ojos a muchas cosas.
- ¡Gracias, muchachos! – Rick respondió con sinceridad.
- Bien… - Saleh se puso de pie y bostezó. – Espero que me disculpen, pero me retiro a dormir. Ayer tuve guardia todo el día y casi no dormí por la noche… y mañana todavía tenemos algunas sorpresas para ti, Rick.
El médico pasó por detrás de los dos jóvenes pilotos, les palmeó la espalda y se dirigió a su casa de campaña, mientras Max y Rick le deseaban las buenas noches. Cuando los dos amigos quedaron solos alrededor de la fogata, el general Hunter tomó otra Petite Cola de la hielera y la abrió con gran ceremonia.
- Pues contra todos los pronósticos, ya casi estamos ahí, Max.
- ¿Te sientes listo?
- Estoy nervioso. – Rick aceptó. - ¡Pero jamás me había sentido tan seguro de algo en mi vida, hermano!
Max asintió con la cabeza, sonriendo levemente. Sacó una cerveza de la hielera y se la ofreció a Rick, quien la rechazó con un movimiento de cabeza y levantó su Petite Cola para indicarle a su amigo que él ya tenía su propia bebida. Max se encogió de hombros y abrió su cerveza.
- Escuché que—bueno, Miriya me lo dijo… sobre Minmei… y su fiesta de cumpleaños.
Una pequeña sonrisa irónica apareció fugazmente en los labios del piloto y sacudió la cabeza, todavía sin poder creer lo que Minmei había hecho días antes.
- Sí, nos envió una invitación para una cena de beneficencia para celebrar su cumpleaños… un boleto de cortesía… ya sabes. – Rick le dio un trago a su refresco. – Lisa insiste en que esas invitaciones se enviaron por bulto a todas las personas en su lista de correos… yo sinceramente tengo mis dudas.
- ¡Esa chica es increíble! – Max admitió. – Sinceramente, aún me cuesta trabajo entender porqué estuviste… es decir, - El joven capitán trató de reformular su comentario. – Rick, hermano, entiendo que ella te hubiera deslumbrado al principio pero… después de los dos años de reconstrucción… después de que Lisa y tú se habían acercado tanto…
- Lo sé, Max… fui un completo estúpido y no ha pasado un solo día que no me haya recriminado por todo lo que le hice a Lisa. No se lo merecía, hermano… no se lo merecía.
Max notó cómo los ojos de Rick, iluminados por el fuego de la fogata, brillaron con lágrimas contenidas.
- No Rick… sinceramente no se lo merecía.
- No sé por qué fui tan imbécil… porque me porté con ella de la manera en cómo lo hice, Max. – Rick bajó su cabeza apenado. - ¡Sentía tanta rabia, tanta impotencia! Me sentía tan confundido, tan—no lo sé… y luego apareció Minmei. A veces todavía me pregunto cómo es que Lisa decidió quedarse conmigo a pesar de todo…
- Porque te ama, viejo. Esa es la única razón… con sólo verla a los ojos es evidente. La manera en cómo te mira. Rick, sinceramente jamás he visto unos ojos más llenos de amor… de amor total, incondicional y profundo, que los ojos de Lisa cuando te mira. Esa mujer vale su peso en oro, hermano… agradece a los cielos que al final hayas abierto los ojos… y que ella te haya dado una oportunidad tras otra… porque sinceramente Rick, la vida entera no te va a alcanzar para compensarla por todo lo que sucedió en ese tiempo.
- Lo sé. – Rick habló en un susurro. - ¡La amo tanto, Max! Cuando estoy con ella es como… - El piloto trató de buscar las palabras que pudieran describir sus sentimientos por Lisa, pero no pudo. - ¡No lo sé! Pero esto que siento por ella… esto que vivo con ella… es tan diferente de esa fantasía que durante tantos años viví con Minmei. ¡Dios Santo, Max¿Cómo pude ser tan estúpido?
Rick había tomado un trozo de leña de la pila y lo había arrojado de una manera casi violenta al fuego, gruñendo frustradamente. Luego se inclinó sobre sí mismo y escondió su rostro entre sus rodillas, mientras se pasaba las manos por el cabello ensortijado.
- Esa única noche con Minmei… - La voz del piloto fue apenas audible. – Max… todo fue tan incorrecto… todo se sintió tan… equivocado. Fue mi primera vez, hermano… - Rick lo miró a los ojos. – Y fue… terrible.
Max le dio una palmada en la rodilla y asintió con la cabeza a las palabras de Rick.
- Miriya no fue la primera mujer en mi vida, Rick. – Max le respondió. – Ni siquiera la segunda… o la tercera… pero fue la última para mí. Sin embargo sé a lo que te refieres… la primera vez es algo muy especial, hermano. Pero tú… tú tuviste sexo con Minmei estando ya enamorado de Lisa. ¡No me imagino lo terrible que debió de haber sido!
- Soñé durante tanto tiempo con poder vivir una experiencia así con Minmei. – Rick le confesó. – Desde que nos quedamos atrapados dentro del SDF1… yo era un adolescente lleno de hormonas, Max. Tuvimos muchas oportunidades pero… siempre fui un poco tímido con las mujeres. Roy solía regañarme mucho por eso, incluso se burlaba de mi.
- Lo recuerdo. – Max asintió.
- Bien, jamás sucedió nada entre Minmei y yo… a pesar de que yo lo deseaba con toda mi alma… pero luego Lisa entró a mi vida y comenzó a meterse debajo de mi piel. Minmei comenzó a volverse un recuerdo lejano… un deslumbramiento de adolescencia. Lo que Lisa despertaba en mí eran sentimientos que Minmei jamás pudo producirme… debí saber que lo mío era solamente una obsesión por la Señorita Macross. Pero Minmei sabe jugar su juego… es muy astuta, Max.
- Siempre lo ha sido, Rick… ella es una mujer que sabe jugar sus cartas. Se ha movido durante mucho tiempo en un ambiente de hipocresía en donde hace falta ser sagaz y malicioso para poder sobrevivir y salir adelante. Ella regresó a tu vida sabiendo que tú la recibirías con los brazos abiertos… y lo hiciste.
- ¡Fui un estúpido! – Las palabras salieron de la boca del piloto en un tono bastante alto. – Cuando Minmei llegó a mi casa esa noche… era Lisa a quien yo esperaba… era Lisa a quien yo quería ver… era Lisa, Max… siempre fue Lisa.
- Lo sé.
- ¡Le hice tanto daño! – Rick se notaba avergonzado. – Durante días resistí las insinuaciones de Minmei, de que durmiera con ella… durante varias noches dormí en el sofá de mi casa pero… pero luego vino esa noche de Navidad después del ataque de Khyron… y esa discusión tan absurda que Lisa y yo tuvimos en el puente del Prometheus. ¡Debí detener a Lisa cuando ella salió huyendo de ahí! Debí ir tras ella, abrazarla, decirle que la amaba… pero no lo hice, Max.
- Estabas muy vulnerable emocionalmente, hermano. Era lógico que Minmei se diera cuenta de que en ese momento eras presa fácil. – Max observaba su lata de cerveza. – Una buena cena… un comportamiento meloso… y tú fuiste hombre muerto.
- ¡Fui un idiota!
- Los hombres a veces pensamos que sexo es sexo de cualquier forma… pero la verdad es que el amor hace que las cosas sean muy diferentes.
Rick asintió con la cabeza.
- Minmei literalmente cayó sobre mi, me arrastró a la cama… yo no podía darme cuenta de lo que estaba sucediendo… porque estaba sucediendo tan rápido. En un momento ambos estábamos desnudos y ella estaba sobre mi… me sentía cegado, totalmente ajeno a esa experiencia… quizás muy dentro de mi soy un romántico o tal vez tengo todavía nociones muy arcaicas de lo que el amor es, pero… no era así como yo había imaginado mi primera vez.
- ¿Así de malo, eh?
Rick se encogió de hombros y suspiró.
- Fue solamente un… no sé, un alivio físico… pero me dejo sintiendo muy vacío por dentro… todo fue tan rápido… tan… no sé… era como una carrera por llegar a una meta, tan rápido como fuera posible… con Lisa no es así, hermano… con Lisa quiero más, quiero que dure tanto como sea humanamente posible… en aquella ocasión sólo me importaba llegar al final… y fue… simplemente como…
- Como el alivio que sientes cuando descargas la vejiga en esos momentos en los que realmente tienes que ir… como orinar, es un alivio necesario pero nada memorable.
Rick hizo un gesto de disgusto ante aquella descripción un tanto ruda y grotesca de su amigo, pero asintió de todas maneras.
- Sí, algo así… después de eso lo único que quería era salir de ahí… no tener que ver a Minmei, no tener que dormir a su lado… me sentía sucio. No pude dormir en toda la noche… lo único en lo que podía pensar era en Lisa. ¡Tantos años soñando con Minmei, fantaseando con que ese momento llegara! Y cuando al fin estuve ahí… no podía sacarme un par de ojos verdes de la cabeza… no te voy a decir mentiras, Max. Mientras estaba con Minmei, inconscientemente comencé a fantasear… que era Lisa a quien tenía en mis brazos.
- Sin embargo creo que con Lisa las cosas son diferentes. Tuviste sexo con Minmei, Rick… con Lisa haces el amor.
- Lo sé, y las cosas son tan diferentes con ella… la primera vez con Lisa… - Una sonrisa soñadora apareció en los labios de Rick. – Fue… ¡Hermosa!
- En aquella cabaña en el bosque.
- Una noche lluviosa. – Rick asintió con una sonrisa. – Estábamos empapados y yo estaba encendiendo el fuego en la chimenea y de pronto… el momento fue el indicado. Sin pensarlo, ni siquiera proponérnoslo… comenzamos a besarnos, a acariciarnos… a descubrirnos… a explorarnos. – Rick se estremeció levemente. – Todo sucedió a su ritmo, a su tiempo… la sentía tan vulnerable en mis brazos y veía tanta confianza y tanto amor en sus ojos… me sentía nervioso pero muy emocionado… con Minmei no podía pensar más que en Lisa… con Lisa no podía pensar, punto.
- Me alegra que su primera experiencia fuera así de maravillosa, hermano. Yo me sentí igual que tú con Miriya… yo ya tenía cierta experiencia, para ella era su primera vez. Pero para mí fue también toda una epifanía.
- Yo no puedo presumir de haber tenido demasiada experiencia previa en esos momentos. – Rick se rió suavemente. – Pero Lisa… cuando finalmente… tú sabes…
- Sí…
- Fue como entrar al paraíso, Max… era un momento tan perfecto, tan maravilloso… tan correcto que yo deseaba que jamás terminara… quería quedarme con ella así para el resto de la eternidad. Jamás en mi vida había sentido lo que sentí con Lisa en esos momentos… fue algo tan bello, tan poderoso, tan placentero, tan satisfactorio… algo que me llenó el alma y el corazón. Y después, esa necesidad de quedarme con Lisa, abrazarla, besarla, acariciarla, mimarla… dormir a su lado, contemplarla mientras duerme… verla despertar… son cosas que son… no lo puedo explicar, Max. No puedo.
- Yo te entiendo, hermano. – Max le palmeó la espalda. – Se llama amor y tú y yo tenemos suerte de tenerlo en nuestras vidas. Miriya y Lisa son nuestras diosas, Rick.
- Lo son. – El piloto sonrió. – Con Lisa… es mucho más que una simple satisfacción física… es simplemente estar con ella¿sabes? Es una conexión tan fuerte y profunda… no lo sé. La amo, simplemente la amo.
- Aunque supongo que por el lado de la simple satisfacción física no les va nada mal tampoco¿eh? – Max le guiñó el ojo traviesamente a su amigo.
- ¡Oh no! – Rick se rió y se sonrojó. – En lo absoluto…
- Pues en unos días vas a unir tu vida a la de ella para siempre, Rick. Es un gran paso, pero me parece que tú estás más que listo para darlo… con ella.
- No sé qué me depare el destino, Max… no sé a dónde voy. Pero lo único que tengo seguro en mi vida es que quiero que ella venga conmigo… no sé a donde, pero quiero que ella me acompañe y se quede a mi lado para siempre.
- Créeme, hermano… - Max se puso de pie. – Lisa jamás iría a ningún lado sin ti.
Rick miró a su amigo y sonrió. Max le devolvió la sonrisa y le puso una mano en el hombro, dándole un apretoncito afectuoso.
- Yo también ya me retiro a dormir. – Max le dijo. – Gracias por la confianza de contarme todas esas cosas, Rick… y ahora te dejo un rato solo con tus recuerdos… si lo necesitas, el riachuelo con agua fría está por allá. – Max le señaló la dirección.
- ¡Desaparécete de aquí antes de que salgas herido, Sterling! – Rick se rió y le lanzó un puñetazo a su amigo.
Los dos se rieron y Max le guiñó el ojo a Rick.
- Te va a gustar estar de este lado de la cerca, hermano.
- Con Lisa¡Claro que sí!
Max asintió y se alejó de ahí con rumbo a su tienda de campaña. El piloto suspiró profundamente y sonrió, clavando sus ojos en las estrellas que brillaban magníficamente sobre el bosque en esa noche de octubre.
- Orión… - Rick murmuró. – La constelación favorita de Lisa…
Cerró los ojos y casi pudo sentir los labios de ella rozando los suyos. Era un recuerdo producido por el hecho de que ella solía recompensarlo con un beso cada vez que reconocía una constelación y recordaba su nombre. Sonrió radiantemente y buscó su teléfono celular en sus ropas… pero recordó que Max se lo había confiscado.
- ¡Se está ganando una buena paliza! – Rick pensó.
Se puso de pie y se alejó un poco del fuego, caminando por un sendero hasta llegar a la orilla del riachuelo que fluía pacíficamente. Aquel sonido lo relajó y lo hizo pensar en la risa pura y cristalina de Lisa.
- No sé a dónde voy, amor… pero quiero que vengas conmigo. Quiero que caminemos juntos, hombro con hombro y alcancemos nuestro destino… siempre juntos.
La mano del piloto, casi por reflejo, buscó debajo de sus ropas y sacó sus placas de identificación militar. Tomó la de Lisa en sus manos y la acarició con ternura antes de llevársela a los labios con cariño. Los ojos de Rick de pronto brillaron y una sonrisa apareció en sus labios. Miró al cielo por unos segundos, deleitándose en el paisaje estelar sobre su cabeza y luego, como movido por una fuerza misteriosa y poderosa, corrió de regreso al campamento y buscó desesperadamente algo en su mochila… una pequeña libreta y un lápiz.
- ¡Ahora sé qué es lo que quiero decirte el día de nuestra boda, Lisa! – Dijo, mientras se sentaba al lado del fuego y comenzaba a escribir. – Frente a Dios y frente a todos los que serán testigos de nuestra unión…
Escribió furiosamente y sin detenerse por espacio de 5 minutos, hasta que un par de hojas de su pequeño cuaderno de notas estaban llenas. Después, con una sonrisa de satisfacción en los labios leyó lo que había escrito, aprobándolo con leves movimientos de cabeza o bien arreglando alguna palabra aquí y allá. Finalmente suspiró y guardó la libretita en una de las bolsas de su chaleco.
- Bien… creo que estoy listo.
Se puso de pie y ceremoniosamente apagó el fuego de la fogata. Cuando este se hubo extinguido por completo, el piloto se dirigió a su casa de campaña. La noche se estaba poniendo algo fría y lo único que él deseaba era enfundarse en su saco de dormir y soñar con esa diosa de ojos verdes y sonrisa cautivadora que era la única dueña de su corazón y de sus pensamientos.
Se quitó sus botas y su chaleco y sin más protocolo se metió en su saco de dormir y se acurrucó, cerró los ojos y suspiró profundamente, mientras el nombre de Lisa escapaba de sus labios como si fuera una invocación… y caía en un sueño relajado y feliz. El sueño de un hombre enamorado cuyo corazón va en busca del objeto de sus afectos en esas regiones etéreas a donde el alma sube mientras dormimos. Esa noche Rick soñó con Lisa… y con la aventura que les esperaba: su matrimonio.
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Al día siguiente Max y Saleh tenían una pequeña sorpresa preparada para el joven general Hunter. El médico militar tomó en sus manos la misión de preparar un muy apetitoso desayuno, mientras Max daba la diana justo fuera de la casa de campaña de Rick y lo despertaba de una manera muy poco amable. El piloto salió gruñendo de su refugio y jurando que Max se las pagaría, pero fue apaciguado por la deliciosa taza de café negro que Saleh le puso enfrente.
Desayunaron en gran camaradería y después, mientras Saleh ponía todos los bultos de regreso en su jeep, Max y Rick se dedicaron a perseguirse por entre los árboles, como si fuera un par de colegiales a medio recreo, intentando arrojarse el uno al otro al riachuelo. Finalmente fue Max quien perdió aquella batalla y Rick todavía se estaba riendo cuando abordó el jeep del doctor, mientras Max titiritaba, con los pantalones empapados hasta las rodillas.
Era poco menos de medio día cuando el vehículo 4x4 enfiló de regreso a Ciudad Macross. Rick había pensado que iban a estar más tiempo en el campo, pero volver antes de lo esperado no le molestaba en lo absoluto. En cuanto pusiera un pie en la ciudad, pensaba correr al hotel de Lisa. Sin embargo sus planes se vinieron abajo cuando Saleh salió del camino principal para adentrarse por un camino de terracería.
El piloto preguntó a dónde se dirigían, pero ni el médico ni el capitán le pensaban decir una sola palabra. Rick refunfuñó, pero terminó por hundirse en el asiento, jugueteando distraídamente con sus placas militares y pensando inevitablemente en la hermosa mujer que lo esperaba en Ciudad Macross.
- ¡Más vale que Miriya no esté haciendo de las suyas! – Rick pensó, mientras su entrecejo se arrugaba involuntariamente. – De otra manera…
No pudo terminar su idea, pues Max anunció que habían llegado a su destino. Rick se enderezó y vio, al final del camino de terracería que estaban siguiendo, una pequeña granja… una casa de ladrillos, una cerca de madera y un granero rodeados por algunos árboles, en medio de un enorme campo abierto. Los ojos del piloto se agrandaron… aquel lugar le era muy familiar.
- ¡Así era la granja de mi familia! – Rick comentó en voz baja. - ¿Qué hacemos aquí?
- ¿Recuerdas a Sam? – Max le preguntó. – Sam Duchet… el jefe Sam, le llamaban.
- Sí. – Rick asintió con la cabeza. – Era uno de los técnicos de pista en el Prometheus… murió durante el ataque de Khyron el día de navidad… alcanzado por la esquirla de…
Rick no siguió hablando… a veces todavía era doloroso recordar a los caídos.
- Esta granja le pertenecía. – Max le explicó. – El viejo Sam estaba a seis meses de retirarse del servicio activo después de haber trabajado para el ejército durante 40 años. Pensaba retirarse a vivir aquí, en el campo. Su hijo Samuel vive aquí con su familia ahora.
- Pero… eso no explica porqué estamos aquí.
- ¡Ya lo verás, jefe!
Saleh detuvo el jeep y Max se apresuró a salir. Un enorme perro pastor alemán apareció en la escena ladrándoles a los recién llegados. Detrás de él un niño de unos 8 años salió corriendo y una mujer joven, con un bebé en brazos se asomó desde la puerta de la cocina y llamó a su esposo. Cuando el perro hubo desaparecido de la escena, Rick bajó del jeep y sonrió al ver algunas gallinas picoteando cerca de la cerca de madera. Aquel lugar le era nostálgicamente familiar.
- ¡Max Sterling! – Un hombre joven salió del granero, limpiándose las manos grasientas en una franela.- ¡Hola Saleh! Ya los estaba esperando.
- ¡Hola Samuel! Él es el general Rick Hunter, de quien te habíamos hablado el día que venimos a visitarte.
El joven, alto, moreno y más o menos de la edad de Roy o de Saleh, saludó a Rick con una sonrisa, mostrándole sus manos sucias como para disculparse de que no pudiera estrecharle la mano.
- ¡Es un honor conocerte, Rick! Mi padre hablaba mucho de ti.
- Fue mecánico del Escuadrón Skull por muchos años. – Rick asintió. – Uno de los mejores que tuvimos durante la guerra y los años de reconstrucción. Lamento mucho que…
- ¡No te preocupes! – Samuel sonrió con tristeza. – EL viejo siempre dijo que para él sería un honor caer en combate. No es precisamente la manera en cómo me hubiera gustado verlo partir, pero me siento orgulloso de él. Incluso nos entregaron una medalla póstuma por sus méritos en el cumplimiento del deber… o algo así.
Rick asintió con la cabeza, pero aún no comprendía qué estaban haciendo ahí… o por qué Max y Saleh habían ido a ver a aquel hombre hacía unos días. Samuel ya los estaba guiando hacia el granero detrás de la casa.
- Todo está listo. – Iba diciendo. – Sé que a mi papá se hubiera sentido muy orgulloso de que el capitán Hunter… bueno, ahora el General Hunter volara su chatarra.
- ¿Volara su chatarra? - Rick le preguntó a Max.
El joven capitán Sterling le sonrió y con un ademán de mano le indicó que entrara al granero. Rick así lo hizo y sus ojos se abrieron desorbitadamente, al igual que su boca, cuando ahí dentro descubrió un flamante Biplano Fokker color rojo… tal y como el que él había volado en el circo del aire de su padre al inicio de su carrera… aquel biplano en el que Roy le había enseñado a volar.
- ¡No puede ser! – Dijo Rick, sin poder ocultar su emoción, mientras se acercaba a tocar la cubierta de la nave. – Pero… ¿Cómo? Pensé que jamás volvería a ver uno de estos en mi vida… ¡Es hermoso!
- Mi padre lo consiguió en un tiradero de chatarra. – Samuel le explicó. – Dedicó los últimos 2 años de su vida a restaurarlo en su tiempo libre… no pudo terminarlo, pero yo también me he dedicado a él en estos últimos meses. Quiero que mi hijo aprenda a volar en él. – Samuel dijo, acariciando la cabeza del pequeño que había aparecido en el granero.
- Pero…
- El jefe Sam hablaba mucho de su biplano, Rick. – Max le explicó. – Quizás no lo recuerdes porque en esos días lo único que tenías en la cabeza era salir a cazar zentraedis rebeldes… y pelearte con Lisa Hayes.
- Sí… - Rick se rió. – Supongo que sí.
- Max y yo estuvimos conversando. – Saleh explicó. – Y pensamos que te gustaría volar este aparato… pensamos que sería una actividad interesante… para tu despedida de soltero.
- Mucho mejor que mujeres semidesnudas bailando sobre ti¿Eh, jefe?
- ¡Mucho mejor! – Rick no podía quitarle la vista de encima a aquel biplano. - ¿Realmente me dejaran volarlo¿Samuel?
- ¡Por supuesto, Rick!
El joven se alejó a un extremo del granero y regresó trayendo consigo unos viejos lentes de aviador y un casco. Parecían artículos de algún museo de la II Guerra Mundial. Rick los tomó en sus manos y se apresuró a colocárselos mientras el pequeño hijo de Samuel abría de par en par las puertas del granero y su padre preparaba el biplano.
- ¡Gracias amigos! – Rick se acercó a Max y Saleh. - ¡En serio! No me esperaba esto y… estoy muy emocionado.
- ¡Ni lo menciones! – Saleh sonrió.
- ¡Hey! – Max sacó su cámara fotográfica. – Lisa me mataría si no le llevo un pequeño recuerdo de este momento… sonríele a tu chica, jefe.
Rick sonrió emocionado y Max tomó la primera de las muchas fotografías que tomaría ese día, con el general Hunter frente al Fokker rojo… con Rick en la cabina del aparato o más tarde, cuando el piloto hizo despegar del suelo aquel biplano, después de que Samuel le dijera que tenía combustible para 2 horas y que se divirtiera allá arriba.
- ¡Ahí va! – Max se rió cuando el viejo Fokker despegó impecablemente por el camino de terracería por el que minutos antes habían llegado. – El General Rick Hunter, piloto de los más sofisticados cazas VF4… regresando a sus raíces y piloteando, como cuando era niño, un viejo biplano Fokker rojo.
- Hay algo casi místico en todo esto. – Saleh comentó, sin quitarle la vista de encima a aquel punto rojo que se distinguía en el horizonte.
- Bien… - Samuel les sonrió. – Tenemos dos horas… ¿Qué les parece un juego de cartas o una partida de domino?
- ¡Excelente!
Max y Saleh dijeron al mismo tiempo, mientras Samuel los guiaba de regreso a la casa y su esposa se disponía a prepararles una jarra de limonada para que se relajaran un poco, mientras esperaban el regreso del joven general.
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En la casa de los Sterling, en Ciudad Macross, Lisa tenía a la pequeña Dana en su regazo, mientras se entretenía en enseñarle como colorear correctamente con crayones un libro que le había comprado esa mañana, cuando el grupo de amigas habían salido al centro comercial a hacer algunas compras de último minuto.
Lisa no podía evitar que sus ojos se dirigieran de cuando en cuando al reloj sobre la pared de la sala de los Sterling, mientras Kelly se entretenía en ver la televisión, con Enkei sobre el sofá, apoyando su cabeza peluda en el regazo de su dueña, y Miriya caminaba de un lado al otro de la habitación, revisando su lista de cosas por hacer.
- ¡En martes ni te cases ni te embarques! – Miriya sentenció. – Es preferible que su boda sea en miércoles entonces.
- Es un viejo dicho marinero. – Lisa respondió distraídamente, viendo a la ventana. – El martes está dedicado a Marte, el dios de la guerra y los antiguos romanos lo consideraban de mal agüero… ya son más de las 6… y parece que va a llover… ¿Me pregunto a qué horas regresarán?
- Sí, parece que va a llover. – Miriya miró por la ventana. – Para que el día de tu boda no llueva hay que rezarle a Santa Clara.
- ¿Qué? – Lisa se rió, mirando a su amiga con ojos de sorpresa. – Miriya¿De dónde sacas esas cosas?
- Algunas las investigué… otras me las dijo Madame Butterfly. Otro método para que no llueva el día de tu boda es enterrar un cuchillo en el jardín y danzar alrededor de él. Sí quieres podemos hacerlo ahora mismo… tengo varios cuchillos en la cocina.
- ¡No voy a danzar alrededor de un cuchillo! – Lisa comenzó a reírse. - ¡No estoy loca!
- Dicen que si llueve el día de tu boda es que vas a tener muchos hijos. – Kelly respondió desde su puesto frente a la televisión.
- Kelly, vas a necesitar escribir tu nombre en un papelito y vamos a ponerlo en el zapato de Lisa.
La cabeza rubia de Kelly y la de Enkei aparecieron detrás del respaldo del sofá, mirando a Miriya con una mirada llena de confusión, misma que se reflejó en los ojos verdes de Lisa.
- ¿Y para qué habría de hacer eso? – Kelly preguntó.
- ¡Madame Butterfly me dijo que así la novia te pasará su buena fortuna y tú te casarás pronto! – Miriya se acercó a Lisa. – Me preguntó si no te importaba que escribiera también su nombre en ese trozo de papel.
- ¡Miriya! – Lisa soltó una carcajada. - ¡Ya basta con todas esas supersticiones! No pienso hacer nada de eso… ¡Son tonterías!
- ¡Si Rick te ve en tu vestido de novia antes de la boda tu matrimonio será una pesadilla¡Y si él entra a la capilla con su corbata mal hecha, eso significa que te será infiel! – Miriya apuntó amenazadoramente al rostro de Lisa con su dedo. – ¡No me digas que te vas a arriesgar a que algo así suceda!
- Gracias a Dios el traje de gala de general no lleva corbata. – Lisa se encogió de hombros y siguió coloreando con Dana.
- ¡Lisa, deberías de tomar estos consejos con la seriedad que se requiere! Es sabiduría ancestral¿sabes? Heredada a través de muchos siglos por las grandes mentes de la humanidad.
- Déjame adivinar… eso también te lo dijo Madame Butterfly.
- Eso y que el novio debe de llevar una moneda en su zapato para evitar problemas financieros, - Miriya comenzó a enumerar con los dedos. – Que por ningún motivo debes usar perlas el día de tu boda, porque representan lágrimas… que de preferencia la ceremonia debe celebrarse en un día de luna llena, que—
- ¡Está bien, está bien! – Lisa concedió con una risita, mientras ponía a Dana en el suelo y la pequeña salía corriendo a montarse sobre Enkei. – Entiendo la idea… pero Mir, no hay nada de que preocuparnos. Ya todo está prácticamente listo y estoy segura de que todo saldrá muy bien.
- Bueno, aún falta una cosa que tenemos que hacer antes de que Rick regrese de su viaje con Max y Saleh. – Miriya tomó a Lisa por el codo y le guiñó el ojo.
- ¡Oh no! Ya te dije que nada de clubs nocturnos ni de lugares extraños.
- ¡No seas miedosa, Lisa! – Miriya le puso un periódico sobre la mesa. - ¡Tienes mucho de donde elegir¡Vamos! Kelly se va a quedar aquí con Dana… cierra los ojos y elige al azar.
- ¡No! – Lisa trató de zafarse de las garras de Miriya.
- ¡No te detengas por Rick! Si el no quiere divertirse, allá él… pero nosotros—además mira, tengo unos cupones de descuento en el Club Nocturno "Las Delicias de la Noche"… uno de los bailarines toma clases con…
- Con Madame Butterfly, ya lo sé. – Lisa no sabía si reír o llorar en esos momentos. – Miriya, no estoy interesada. Sinceramente…
- Es noche de domingo, mañana tienes el día libre, estás libre de ese emplaste llamado Rick Hunter y no quieres salir a divertirte. Lisa, en serio, algo anda mal contigo.
- Creo que los chicos están por llegar. – Lisa se defendió.
- Max dijo que volverían después de las 8 de la noche… conociendo a Rick, todavía no lo han de poder bajar de su avioncito.
- ¡Espero que Max tome muchas fotos! – Lisa suspiró, con una sonrisa. - ¡Estoy segura que Rick está muy emocionado!
- ¿Ves¡El sí puede divertirse mientras tú estás aquí encerrada pensando en él¡Ah, no! Eso no lo voy a permitir… Lisa Hayes, voy a sacarte de esta casa y a llevarte a un lugar en donde te diviertas así te tenga que jalar de una pata.
Kelly soltó una carcajada, visualizando la escena en su cabeza, lo que sólo le ganó un par de miradas asesinas por parte de Lisa y Miriya, por lo que la teniente decidió que era mejor salir de la línea de combate si no quería caer víctima del fuego cruzado.
Puso la televisión en un canal de dibujos animados y se sentó con Dana y Enkei en la alfombra a ver caricaturas, mientras a sus espaldas la almirante de las fuerzas de defensa y la piloto más legendaria de la guerra espacial, seguían discutiendo sin parar.
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Eran casi las nueve de la noche cuando la puerta de la casa de los Sterling se abrió y Max entró, dejando caer en el suelo el bulto formado por su casa de campaña y saco de dormir para luego quitarse la mochila que llevaba a los hombros. Detrás de él entró Rick, haciendo lo propio y más atrás Saleh, con la llave de su jeep en la mano.
- ¿Seguro que no quieres que te lleve a tu casa, Rick?
- Estoy bien Saleh, tú tienes que regresar al hospital en un par de horas y—
Rick fue interrumpido por los ladridos alegres de Enkei, que había aparecido en escena saltando alrededor de ellos, moviendo la cola y mostrándose más que feliz de verlos. El piloto se rió y le acarició la cabeza.
- ¡Hola, pulgas¿En dónde están las chicas?
Los tres hombres guardaron silencio al percatarse de que, fuera de los ladridos del perro, un silencio absoluto reinaba en la casa. Rick giró de golpe sobre sí mismo para mirar a la puerta abierta detrás de Saleh e hizo un gesto de disgusto cuando se percató de que la minivan de los Sterling no estaba.
- ¡Oh no! – Rick comenzó a caminar hacia adentro de la casa. – Max, presiento que tu esposa cumplió su amenaza y llevó a Lisa a uno de esos lugares de pecado y perversión.
- ¿Qué te haría pensar eso, Rick? – Preguntó inocentemente Max.
- ¿Quizás estos anuncios que están resaltados con marcador rojo, aquí sobre la mesa de tu comedor?
Rick levantó el periódico y lo agitó frente al rostro de Max, quien se había acercado a mirar y no había podido esconder un gesto de preocupación.
- Pero… ¡Eso no puede ser, Rick¿Qué hace Enkei aquí, solo¿Y dónde está Dana?
- ¡Yo qué sé¡Cielo santo, Max¿Cupones de descuento en la entrada al Club Nocturno "Las Delicias de la Noche"?
El piloto levantó aquellos boletos y Max se los arrebató de las manos, haciendo un gesto de fastidio mientras los examinaba. Las fotografías de especimenes masculinos en paños menores que adornaban aquellos cupones no eran nada tranquilizantes tampoco.
- No es que yo quiera ser curioso o meterme en lo que no debo… - Saleh puntualizó. – Pero… ¿Por qué hay una maceta con un cuchillo clavado ahí a media sala?
Los dos pilotos miraron a donde el médico les indicaba. Rick arrugó el entrecejo y las cejas de Max se levantaron involuntariamente.
- ¿Ese es el cuchillo con el que Miriya intentó asesinarme en nuestra primera cita?
- ¿Qué? – Saleh dio un paso atrás.
- ¡Es una larga historia! – Rick suspiró. – Max, no me digas que guardan ese cuchillo… como recuerdo de esa primera cita.
- Miriya piensa que es de buena suerte. – Max se inclinó para sacarlo de la maceta, pero Rick lo detuvo.
- ¡No lo hagas¡Es evidencia!
- ¿Evidencia de qué? – Max se enderezó. - ¿Acaso crees que estamos investigando un crimen o algo así?
- Con tu esposa yo ya no sé ni que pensar. – Rick miró a su alrededor. – Pero por lo pronto yo voy a ir a éste lugar y voy a rescatar a Lisa.
El piloto había tomado nota mental de la dirección del club nocturno que, en su mente, se había convertido en la principal escena del crimen.
- ¿Y en qué vamos a ir? – Max caminaba detrás de él. – Saleh tiene que volver al hospital, yo no tengo auto y tú…
- Vamos por mi camioneta…
- ¿Y qué vamos a hacer cuando lleguemos a ese lugar? – Max levantó las manos al cielo desesperadamente. - ¿Entrar y buscar a Lisa y Miriya en medio de una multitud enardecida de hembras con hormonas alborotadas y hombres en taparrabos?
- Yo sólo pienso ir por Lisa… no sé lo que pienses hacer tú, Sterling… pero me parece que tu hija también podría estar involucrada en este relajo.
Los ojos del capitán se abrieron desmesuradamente e iba a comenta algo más, pero Enkei corrió a la puerta dando suaves ladriditos y comenzó a rascarla con desesperación. Los ojos de los tres jóvenes se clavaron en la puerta que se abrió lentamente y de inmediato apareció Lisa, con un algodón de azúcar a medio comer en la mano, seguida por Kelly que llevaba a Dana de la mano y finalmente Tanya y Miriya, que conversaban animadamente.
Se hizo un silencio sepulcral cuando ambos grupos se encontraron frente a frente. Silencio que fue roto por la voz alegre de Lisa cuando sus ojos se encontraron con los de Rick, quien la observaba aterrado.
- ¡Rick! – Lisa saludó con entusiasmo, al tiempo que una sonrisa deslumbrante aparecía en sus labios y sus ojos brillaban profundamente.
- ¡Lisa! – Aquella palabra escapó de los labios del piloto en un suspiro de alivio.
En medio segundo el joven general cruzó los metros que lo separaban de Lisa y la abrazó protectoramente, poniendo sus brazos alrededor de su cuerpo y apretándola contra sí, mientras giraba para interponer su cuerpo entre Lisa y Miriya, como si la Meltran fuera una asesina en serie a punto de dar cuenta de una nueva víctima.
Lisa, sin entender qué era lo que estaba sucediendo, simplemente sonrió y se acurrucó contra el cuerpo de Rick sintiendo su calor… su aroma penetrantemente masculino, una mezcla de humedad, bosque, humo, cielo y… un poco de sudor. Pero a Lisa no le importó. Sonrió cuando sintió el áspero roce de la incipiente barba de dos días del piloto contra su frente y levantó su mirada para verlo al rostro… pero el piloto miraba acusadoramente a Miriya sobre su hombro.
- ¿Qué está sucediendo aquí? – Rick preguntó.
- ¡Hey, tranquilo! – Miriya pasó a su lado y le palmeó la espalda de pasada. – Nadie te la va a robar¿sabes? No podemos ir a ningún lado sin que los chicos de la PM que están trabajando encubiertos nos sigan.
- ¿Cómo pudiste llevar incluso a Dana y a Kelly a un lugar así? – Rick le increpó.
- Ellas fueron las que lo sugirieron. – Lisa le informó, mirándolo al rostro.
El piloto bajó su mirada y hasta entonces pareció darse cuenta que tenía a Lisa en sus brazos… que la estaba abrazando tan fuerte que le costaba respirar… y que ella traía su nariz y sus labios levemente manchados del algodón de azúcar que se estaba comiendo.
- ¿Dana y Kelly sugirieron ir a "Las Delicias de la Noche"? – Preguntó el piloto confundido.
- ¿QUÉ? – Corearon al mismo tiempo Kelly, Miriya y Tanya.
Lisa, por su parte, no pudo reprimir una carcajada.
- Amor¿De qué estás hablando? – Lisa lo empujo levemente para separarse un poco de él y poder mirarlo a los ojos. – Fuimos a la feria a llevar a Dana… y a ver un espectáculo de patinaje sobre hielo.
- ¡De princesas! – Dana gritó emocionada, mientras corría a los brazos de Max para que la cargara.
- ¿Fueron a la feria? – Rick preguntó confundido, mirando a Lisa. – Pero… ¿Y esos anuncios de centros nocturnos… y los cupones de descuento y… y el cuchillo?
- Tampoco es que yo pase mis noches libres llevando mujeres inocentes a esos centros de perversión y decadencia o haciendo ritos de vudú con un cuchillo. – Miriya protestó, mientras arrojaba los recortes de periódico a la basura. - ¿Quién crees que soy, Rick Hunter?
- A decir verdad…
- ¡Fue una pregunta hipotética, jefe! – Max intervino.
- Pero ¿Qué hace un cuchillo en esa maceta? – Saleh preguntó, aún confundido.
- Es un ritual que debe hacerse para que el día de la boda no llueva. – Miriya le explicó, como quien explica una lección particularmente complicada a un niño de primaria. – Clavas un cuchillo en el jardín o en una maceta y danzas a su alrededor… de otra manera lloverá y ustedes dos terminarán teniendo 6 o 7 bebés. – La Meltran apuntó acusadoramente a Lisa y Rick, quienes seguían abrazados.
- ¿Eh? – Rick levantó una ceja y sacudió la cabeza. – Creo que… en algún momento me perdí… ¿Podemos simplemente… regresar la cinta un poco?
- Creo que… Tanya y yo tenemos que ir al hospital ahora. – Saleh se disculpó. – Me encantaría saber cómo termina esta historia pero…
- Yo también tengo que irme. – Kelly miró su reloj. – Tengo clases mañana temprano y después tengo que ir a la oficina. ¡Vamos Enkei!
Mientras sus amigos se retiraban, Rick miró a Lisa y le sonrió con ternura. Ella le devolvió la sonrisa y el piloto le tocó la punta de la nariz con el dedo, juguetonamente.
- Tienes un poco de… algodón ahí…
- ¿Sí? – Lisa se lo iba a limpiar, pero él se lo impidió.
- ¡Yo me hago cargo!
Rick se inclinó sobre ella y la besó en la nariz y después suavemente atrapó su labio superior entre los suyos para quitarle el algodón que tenía ahí y luego la besó de lleno en los labios. Aquel beso le supo a dulce… y le llenó el corazón de alegría.
¡Había deseado tanto tener a Lisa entre sus brazos y besarla desde la noche del viernes que la había visto por última vez! Cuando escucharon que Max y Miriya regresaban a la sala, los dos se separaron sin querer hacerlo y miraron a sus amigos.
- Bien… - Rick anunció, soltando a Lisa, pero pasándole el brazo alrededor de los hombros. – Sabemos que ustedes tienen que trabajar mañana temprano—
- No todos tenemos vacaciones. – Miriya sentenció.
- Sí, pero… Lisa y yo también nos vamos.
- ¿No quieren que los llevemos, hermano?
- No Max. – Rick miró a Lisa y ambos sonrieron. – Creo que una caminata no nos caería nada mal… muchas gracias. Mañana paso por mis cosas¿De acuerdo?
Miriya iba a protestar, pero Max le tocó el hombro y en silencio le indicó que por esta vez dejara pasar aquello. La Meltran sonrió traviesamente y asintió con la cabeza.
- Bien, pero nada de trucos. ¿De acuerdo?
- No te preocupes, Mir… - Lisa estaba perdida en los ojos del piloto. – Prometemos comportarnos y no quebrantar ninguna de las leyes del matrimonio, según Madame Butterfly.
- ¿Qué? – Rick se notaba confundido.
- Ya te contaré. – Lisa lo tomó de la mano. - ¡Buenas noches Max¡Buenas noches, Mir! Y gracias por todo.
Después de las despedidas y las recomendaciones de Miriya de que fueran directos a sus respectivos alojamientos, Lisa y Rick salieron de la casa de los Sterling, caminando despacio y sin prisas con rumbo al Hotel Macross Suites. La noche era fresca y levemente airosa, pero para los dos jóvenes enamorados era como si el sol brillara con todo su esplendor sobre de ellos, ahora que estaban juntos otra vez.
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Mientras caminaban lentamente por las calles de la colonia militar, rumbo al hotel, los dos jóvenes militares conversaban animadamente sobre sus respectivas experiencias de ese fin de semana. Lisa le preguntó a Rick sobre su vuelo en el Fokker rojo y su visita a la granja y el piloto, emocionado casi hasta las lágrimas, le relató a Lisa lo emocionado que había estado al tener la oportunidad de volar un aparato como ese, después de tanto tiempo… desde que era pequeño.
- Roy me enseñó a volar en uno de esos… mis primeras participaciones en el circo del aire de mi padre fueron precisamente volando ese viejo artefacto. Yo me hice piloto en uno de esos Fokkers restaurados que mi padre tenía. El amarillo era el de Roy, el rojo el mío. No me esperaba que Max y Saleh me fueran a dar un regalo tan maravilloso… jamás dejan de sorprenderme¿sabes? Ellos…
Rick se detuvo de golpe, guardando silencio y mirando a Lisa, quien sonreía con ternura al escucharlo tan emocionado. Una sonrisa lenta apareció en los labios del piloto y soltó la mano de Lisa para pasarle el brazo alrededor de los hombros y abrazarla contra su cuerpo.
- ¿Y tú cómo sabías de eso, pequeña rata?
- Max me dijo. – Lisa se abrazó a Rick, riendo divertida.
- ¡Mentirosa¡Conociéndote tan bien como te conozco, apostaría mí sueldo de un mes a que fue idea tuya!
- Yo solo hice algunas sugerencias. – Lisa lo miraba con adoración. – Max y Saleh se encargaron de todo. Así que le pediré a Kelly que haga los arreglos necesarios con Recursos Humanos y Tesorería para que tu sueldo del mes sea transferido directamente a mi cuenta bancaria. – La almirante le guiñó el ojo.
Rick no contestó, solo se inclinó sobre ella para robarle un beso, mientras seguían caminando. Fue un beso rápido y muy poco amable que hizo que Lisa se riera. Cuando se separaron, el piloto miró a su chica a los ojos y sonrió cuando vio el amor que destilaba de ellos.
- ¡Te extrañé tanto! – Rick susurró.
- Y yo a ti, amor. – Lisa le acarició el rostro y lo besó en la mejilla. – Hmmm… alguien necesita una afeitada urgente.
- ¿Lo crees? – Rick se pasó la mano por el rostro. – Estaba pensando en dejarme crecer la barba para nuestra boda.
- ¿Te quieres quedar sin postre en la luna de miel, Rick Hunter? – Le preguntó ella seductoramente, acariciándole la mejilla y acurrucándose en su pecho.
- Por eso pregunto que dónde está mi rastrillo.
Rick frotó su mejilla contra la de ella, provocando que Lisa se riera pues el roce de su barba le había provocado cosquillas. Los dos se miraron a los ojos, sonriendo y sin poder ocultar la alegría que sentían al volver a estar juntos. Se besaron suavemente en los labios y Rick siguió hablando cuando se separaron.
- Temí que Miriya hubiera cumplido sus amenazas… cuando llegamos y vi esos recortes sobre la mesa del comedor… - Rick se estremeció.
- Bueno, te prometí que no la iba a dejar cometer locuras. ¡Y Dios sabe lo que tuve que hacer para cumplir esa promesa!
- ¿Y eso de casualidad no involucró un cuchillo ceremonial clavado en una maceta?
Lisa soltó una carcajada y se aferró aún más a Rick, quien sin saber exactamente por qué, se estaba riendo por adelantado.
- Miriya recibió unos cupones de descuento para ir al centro nocturno de "Las Delicias de la Noche"…
- ¿Y por qué Miriya recibiría esos cupones¿De quién?
- Uno de los Deliciosos es alumno de Madame Butterfly en su academia de danza.
- ¿Los Deliciosos? – Rick se estaba riendo tan fuerte que el estómago le dolía.
- ¡No te rías, Rick! – Dijo Lisa, sin poder ocultar su propia risa. – Así se llaman…
- ¿Y son tan deliciosos como yo? – Rick se acercó traviesamente y besó a Lisa de una manera sensual y cargada de pasión.
- Uh… - Lisa susurró cuando se separaron. Sentía que la cabeza le daba vueltas. – No, no tanto como tú.
- Buena respuesta, Hayes… ahora puedes proseguir tu relato.
- Bueno… - Lisa se aclaró la garganta. – La cosa es que yo me rehusé terminantemente a ir a ese lugar… pero Miriya tiene esta extraña creencia de que debe de llevar a cabo al pie de la letra CADA superstición que ha encontrado referente al matrimonio… una de ellas es que danzar alrededor de un cuchillo enterrado en un jardín o maceta evita que llueva el día de la boda. También me negué categóricamente a llevar a cabo semejante ritual… discutimos por ello… - Lisa comenzó a reírse. – Pero no tuve opción…
- ¡Dios santo! – Rick no dejaba de reírse. – Lisa, no me vas a decir que…
- Me puso un ultimátum… dijo que no había pasado tanto tiempo preparando nuestra boda para que ahora la lluvia pudiera arruinarla. Además, según ella, si llueve ese día tú y yo tendremos una cantidad de hijos suficiente para formar un escuadrón aéreo de pilotos de VF's.
- ¡Miriya está loca! Lisa… - El piloto no pudo continuar, pues no podía dejar de reírse.
- Entonces¿Cuáles eran mis opciones? O bailaba alrededor del cuchillo o iba a ver a Los Deliciosos. ¡Las cosas que hago por ti, Rick Hunter! – Lisa lo golpeó juguetonamente en el brazo.
- ¿Bailaste alrededor del cuchillo? – Rick soltó una carcajada y tuvo que detenerse porque se dobló sobre si mismo y se golpeó las rodillas con las palmas de sus manos.
- ¡No sólo yo! También Miriya y Kelly… y Dana y Enkei. – Lisa respondió pensativa. – Miriya recitó una oración en latín dedicada a Santa Clara.
- ¡Las mujeres guerreras y la danza de los cuchillos¿Cómo pude perderme eso?
Rick sintió que el estomago le dolía de tanta risa. Lisa, como ajena al ataque de risa de su piloto, le seguía relatando aquella escena con la misma impavidez con la que presentaría un parte militar después de una batalla.
- Kelly trajo una maceta de su casa, porque Miriya no tiene… todas sus plantas se le mueren.
- ¿Me pregunto por qué será?
- Y entonces Miriya trajo su cuchillo nupcial… eso dijo. Pensé que era el cuchillo con el que habían partido su pastel de bodas pero no, fue el cuchillo con el que casi mata a Max en su primera cita. – Lisa continuó, mientras se golpeaba levemente el labio con el dedo, en actitud pensativa. - ¡En fin! Eso fue lo que sucedió… y después nos fuimos a la feria.
Súbitamente Rick dejó de reírse y miró a Lisa al rostro. Ella notó aquel abrupto cambio de actitud en su piloto y lo miró. Rick sonreía mientras la contemplaba con una mirada llena de ternura, de dulzura y de adoración. Lisa no pudo evitar el sonrojarse levemente ante aquella mirada y bajar tímidamente sus ojos, para luego volverlos a subir para encontrarse con los de él y devolverle la sonrisa.
Rick puso sus manos en los hombros de Lisa y la besó suavemente en la frente. Sus ojos se volvieron a encontrar y esta vez el joven general, sin poder evitarlo, puso sus brazos en torno al cuerpo de Lisa y la abrazó cálida y cariñosamente contra su cuerpo. Ella abrazó al piloto alrededor de la cintura y recargó su cabeza en su hombro. Los dos estuvieron un buen rato así, abrazados en aquella calle desierta, moviéndose suavemente, con un movimiento lento y rítmico mientras ambos se embriagaban con el aroma del otro, sentían su calor, su respiración y los latidos de su corazón.
- ¡Te amo! – Lisa murmuró con voz apenas audible. – Te extrañé…
- Y yo a ti, princesa. – Rick la besó en la sien. – ¡Deseaba tanto estar así contigo! Estuve pensando en ti todo el tiempo que anduvimos allá en el bosque… y cuando fui a volar el Fokker rojo.
- ¿Entonces te la pasaste bien con los chicos? – Lisa se separó de él sólo el espacio necesario para mirarlo a los ojos. - ¿Te divertiste?
- Sí, a decir verdad fue un viaje muy… interesante. – Rick sonrió. – Estuvimos hablando… fuimos a pescar y yo cociné al aire libre.
- De seguro fue una comida deliciosa. – Lisa le acariciaba el cuello y enredaba sus dedos finos en el cabello de su nuca. – Algún día tienes que cocinar para mí a la intemperie.
- ¡Te voy a preparar una receta especial de pescado! Te va a encantar. – Rick le guiñó el ojo. - ¿Y tú, bonita¿Te la pasaste bien con ese grupo de locas a las que llamas amigas? Bueno, con excepción de la doctora Tanya. – El piloto mostró respeto.
- ¡No seas malo! – Lisa se rió. – Pero sí, estuvimos viendo algunos detalles de último minuto… y esta noche me divertí bastante en la feria con Dana… pero te extrañé, mi amor. ¡No tienes idea!
Rick la abrazó y buscó sus labios. Los dos estuvieron besándose por algunos minutos hasta que cayeron en la cuenta de que estaban en un sitio público y que había gente pasando ocasionalmente a su lado. Los dos se rieron y el piloto tomó la mano de Lisa, sus dedos se entrelazaron y siguieron caminando rumbo al hotel.
Lisa le informó a Rick de los ajustes que se habían hecho sobre su traslado al lugar en donde pasarían su luna de miel. Saldrían de Ciudad Macross de madrugada en un transporte oficial. Estuvieron hablando de la logística de su viaje de bodas con la seriedad y la disciplina de dos buenos militares planeando una operación de guerra. Sin embargo aquel tema inevitablemente los llevó de regreso a lo que era realmente importante: su boda.
Habían llegado al Hotel Macross Suites y Rick invitó a Lisa a cenar al restaurante del hotel. Dudó un poco en hacerlo, pues insistía en que olía a vaca después de su fin de semana en el bosque, pero ella le aseguró que no debía preocuparse por eso… que podrían tomar una mesa al aire libre, cerca de la alberca del hotel. Ahí al menos les daría el aire. El piloto gruñó y levantó a Lisa del piso.
- No leíste tu libreto, amor. – Rick se quejó. – Tu parlamento era: "No te preocupes, amor mío. Tu aroma fuerte y masculino es tu esencia… ¡Hueles delicioso!"
- Sinceramente amor, sí necesitas un baño urgente. – Lisa se acercó a él como si fuera a decirle un secreto al oído. – Pero ¿sabes algo¡Así me encantas!
Rick se estremeció cuando sintió su aliento contra la piel de su cuello y escuchó su susurro suave en su oído. Lisa atrapó traviesamente el lóbulo de su oreja entre sus labios y sin poder evitarlo, el piloto gimió.
- ¡Lisa, no hagas eso! Estoy al borde del precipicio… por favor no provoques accidentes.
- Dos días más, amor. – Lisa le sonrió mientras iban a tomar su mesa al lado de la alberca. – Sólo dos días más…
Mientras ordenaban la cena, Rick no pudo evitar el reír al ver la extraña pareja que ambos formaban en esos momentos. Él, campirano, sucio y desgarbado, con su bozo de dos días y un aroma que no era precisamente el de colonia fina para caballeros… ella, elegante como siempre, limpia y emanando ese aroma dulce, suave pero ligeramente cítrico que era tan característico de ella.
- A flores de limón. – Pensó Rick.
- Mañana tenemos que ir a hacer las revisiones finales del museo. Después del medio día van a tener ya listas las mesas y todo instalado en los jardines. Y luego tenemos que ir a la capilla. El capellán quiere que tengamos un pequeño ensayo antes de la ceremonia… ya sabes, para que todo salga bien.
Los ojos de Rick se iluminaron y una sonrisa de oreja a oreja apareció en sus labios. Se recargó en la mesa y le acarició el rostro a Lisa con el dorso de su mano.
- Max y yo vamos a ir a ver algunos detallitos de ultimo momento en mi uniforme de gala… el también va a ir a que le revisen el traje que va a usar. Pero nos podemos ver ahí en la capilla.
- De acuerdo… pero Rick… hay algo que quisiera pedirte.
- ¡Lo que sea, preciosa!
- Bueno… yo quería… en la mañana… pues ir a llevar algunas flores al cementerio militar… yo—
Rick notó cómo esos ojos verdes que eran su delirio se llenaban de lágrimas. Le colocó el dedo sobre los labios para impedir que siguiera hablando y asintió con una sonrisa suave y una mirada tierna.
- Iremos, Lisa… antes que cualquier otra cosa.
- Gracias. – Lisa murmuró.
- Hey, no hay nada que agradecer. – El piloto se acercó a ella para susurrar en su oído. – Ellos también eran mi familia… yo también quiero verlos y estar con ellos antes de la boda.
Lisa asintió con la cabeza y sorbió las lágrimas rebeldes que amenazaban con escapar. Rick tomó su mano y la besó larga y ardorosamente. Lisa, como queriendo quitarle la tristeza a aquel momento, le informó que Miriya los había invitado a cenar a su casa al día siguiente, después del ensayo en la capilla.
Los dos hablaron por un buen rato de mil temas diferentes. Para el momento en que la cena llegó, los dos habían recuperado su buen humor y se estaban bromeando mutuamente, actuando juguetones mientras, de cuando en cuando, sus labios se encontraban en un beso travieso y lleno de amor y de pasión.
Después de cenar los dos estuvieron un rato sentados al lado de la alberca del hotel. El gerente, que pasaba por ahí, les informó que algunos invitados a la boda provenientes de Ciudad Monumento y otras ciudades y regiones autónomas habían comenzado a llegar esa misma noche. Aquello fue como una revelación para la joven pareja… fue algo que le dio dimensión y realismo al hecho de que faltaban dos días… y al tercero celebrarían su matrimonio.
Rick estaba cansado… agotado. No había dormido mucho en las últimas dos noches y Lisa así lo comprendió. Le sugirió que fuera a casa a dormir y por primera vez en esos días, el piloto aceptó la propuesta sin replicar. Después de todo debían estar descansados para su boda… porque durante su luna de miel no tendrían tiempo de hacerlo.
El piloto escoltó a Lisa hasta su habitación y los dos se despidieron en la puerta, tratando de que aquella despedida fuera breve y lo menos dolorosa posible… porque cada día que pasaba era más y más difícil para ellos decirse buenas noches a la puerta de aquel cuarto de hotel.
Se besaron, se abrazaron y se acariciaron por algunos breves minutos y después Rick le informó a Lisa que pasaría por ella temprano para ir al cementerio. El día sería largo y lleno de cosas qué hacer, así que decidieron comenzar temprano. Quedaron de verse a las 8:00 de la mañana y después de besarse por última vez y de desearse las buenas noches, el piloto se retiró de ahí… y como cada noche sucedía, Lisa no entró a su habitación hasta que la puerta del ascensor se hubo cerrado y su piloto desaparecido de su vista.
Lisa tomó un baño de burbujas, largo y relajante… Rick volvió a la casa del almirantazgo en taxi y una vez ahí se duchó. Decidió que se afeitaría hasta la mañana. Antes de dormir marcó el teléfono de Lisa, pero ella estaba en la tina y no respondió la llamada, por lo que él se limitó a dejarle un mensaje diciéndole cuánto la amaba y cómo estaba contando las horas… los minutos que faltaban para el momento que ambos estaban esperando.
- Sesenta y seis horas con treinta minutos… 3990 minutos… 239400 segundos y contando… ¡Te amo!
Ese fue el mensaje que Lisa encontró cuando salió de su baño de burbujas… un mensaje que la dejó con una sonrisa en los labios y el corazón inflamado de amor y que la hizo soñar toda la noche con ese piloto de cabello rebelde y hermosos ojos azules que se había convertido en su razón de vivir y en su vida misma... pero antes de dormir Lisa estuvo unos momentos, tendida en su cama contando... no precisamente ovejas, sino segundos. Porque cada segundo que pasaba era un segundo que la acercaba más al momento tan anhelado en el que Rick y ella unirían sus vidas para siempre.
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Al día siguiente, muy temprano por la mañana Rick y Lisa se encontraron para desayunar juntos en el restaurante del hotel. Los dos se notaban un poco pensativos esa mañana, quizás anticipando el lugar que iban a visitar. Lisa había estado pensando, mientras se bañaba, si debía vestirse con ropa de vestir para ir al cementerio. Había pensado incluso en un traje sastre oscuro y había pensando llamar a Rick y decirle que él también se vistiera de una manera similar. Pero luego había decidido que eso era totalmente una mala idea. No iría de luto a ver a sus amigos, ellos no lo hubieran soportado. Quería ir y presentarse ante ellos como la mujer feliz y dichosa que ahora era… una mujer a punto de dar el paso más importante de su vida… y de convertirse en la persona más feliz del universo.
El día había amanecido levemente airoso y un tanto frío, así que ambos iban vestidos de una manera informal pero abrigada. Lisa no podía dejar de contemplar a Rick, sobre su taza de café matutino, y notar lo apuesto que se veía esa mañana, bien afeitado, con un suéter color azul aéreo que resaltaba sus ojos y que lo hacía verse absolutamente apuesto. ¿Era su imaginación o Rick Hunter se despertaba siendo un hombre más atractivo cada día que pasaba?
La mirada de Lisa no pasó desapercibida para el piloto, quien sin saber por qué terminó sonrojándose ante aquellos ojos esmeralda que lo miraban de una manera que parecían lanzar fuego. Una pequeña sonrisa traviesa apareció en los labios del piloto.
- Cualquiera diría que estás teniendo malos pensamientos conmigo, Lisa. – Bromeó.
La almirante se rió y tomó la mano de su piloto a través de la mesa. Él apretó la de ella y se la llevó a los labios, besándola ardorosamente, sin apartar sus ojos de los de él.
- ¿Y podrías culparme, piloto?
Rick negó con la cabeza y se rió suavemente. Lisa se acercó a él y recargó su frente en la suya, mientras su mano traviesa se deslizaba por su cuello, para jugar con su cabello. Las personas que a esa hora desayunaban en el restaurante no podían evitar el sonreír al verlos actuar tan juguetones y enamorados. La gran mayoría de los huéspedes del hotel en esos momentos eran funcionarios y delegados del GTU y militares asignados a otras bases que habían llegado con unos días de anticipación para arreglar asuntos en Ciudad Macross antes de asistir a la boda de esos dos tórtolos… que eran los militares de más alto rango de la RDF.
Pero la historia de amor ya legendaria de Lisa y Rick era inspiradora y siempre había tenido el misterioso efecto de levantar los ánimos y el espíritu de los militares de la RDF, sobre todo en los últimos meses… e incluso de los civiles. Era como si ahora el amor de esos jóvenes tuviera en la población los mismos efectos que algún día tuvieron las canciones de Minmei.
Los dos jóvenes militares terminaron su desayuno, se entretuvieron en saludar a algunos conocidos e inmediatamente enfilaron hacia el centro de Ciudad Macross. Una vez ahí fueron a una florería a comprar varios ramos de flores inmaculadamente blancas: un ramo para cada uno de sus amigos y una pequeña corona especial para el Almirante Gloval.
Rick metió las flores en la Freelander y de inmediato y sin más paradas, se dirigieron al cementerio militar de Ciudad Macross.
Ambos habían estado ahí en varias ocasiones en los meses que habían seguido al ataque final de Khyron. Sin embargo, aquella mañana airosa hizo que la mente de ambos volara hasta aquel día en el que Lisa había presidido las honras fúnebres de sus compañeros caídos… de sus hermanas, de su padre adoptivo.
Lisa se adelantó a colocar la corona sobre la tumba del Almirante Henry Gloval y una vez que lo hizo, dio un paso atrás. Con una sincronización increíble que solo demostró lo conectados que Lisa y Rick siempre estaban, los dos le presentaron un respetuoso saludo militar. Después colocaron las flores sobre las tumbas de Kim Young, Sammie Porter y Vanessa Leeds y les presentaron sus saludos.
Rick se quedo al lado de Lisa mientras ella, en silencio, elevaba una oración por esas personas que habían sido su familia durante la guerra. Ver a Lisa con la cabeza sobre el pecho y en actitud devota, mientras elevaba una oración, no era algo que se veía todos los días. El piloto no pudo resistir el impulso que él sintió de bajar su cabeza, cerrar los ojos y escarbar en su memoria hasta que recordó alguna de las oraciones que su madre le había enseñado en su más tierna niñez.
La plegaria del piloto fue interrumpida cuando sintió la mano suave y tibia de Lisa deslizarse en la suya para entrelazar sus dedos con los de él. Rick apretó la mano de ella y los dos se quedaron unos momentos en silencio ante las cuatro tumbas que se levantaban en un lugar de honor del cementerio.
El silencio de aquella mañana era sólo interrumpido por el sonido producido por el viento entre las ramas de los árboles, pero de pronto la voz de Rick hizo que Lisa se pusiera alerta… no le estaba hablando a ella… sino que estaba hablando con el Almirante Gloval.
- Almirante… - Rick se aclaró la garganta. – Sé que usted siempre vio a Lisa como una hija y siempre deseó lo mejor para ella, al grado de que no dudo en dar su propia vida a favor de la de Lisa… ¡Muchas gracias, señor! Y sé que a pesar de mis limitaciones y mi terquedad, usted confiaba en mi, lo cuál también le agradezco… señor… - Rick apretó aún más la mano de Lisa. – Yo sé que… usted siempre supo que había algo entre nosotros… amo a Lisa, almirante… la amo con todo mi corazón y en dos días nos vamos a casar… y lo único que quiero que sepa es que voy a hacerla feliz. Sé que desde donde usted está, bendecirá nuestro matrimonio. ¡No lo voy a defraudar!
Lisa no pudo reprimir un sollozo que salió directamente de lo más profundo de su corazón. El piloto colocó sus brazos alrededor de los hombros de ella y la abrazó estrechamente contra su cuerpo, mientras le besaba repetidamente la frente.
- ¡Tranquila, princesa! Todo está bien… no estés triste.
- No estoy triste. – Lisa susurró contra el pecho del piloto. - ¡Jamás había estado más feliz, Rick! Nunca…
- ¿Entonces por qué lloras, chiquita? – Rick la obligó a mirarlo a los ojos y le secó las lágrimas con su mano antes de besarla en los ojos.
- ¡Porque te amo! Y porque sé que el almirante Gloval, donde quiera que esté, nos está sonriendo en estos momentos… y nos está dando su bendición.
- Así es. – Rick la volvió a abrazar. - ¡Dios santo, Hayes! Más me vale ser el mejor esposo que alguna vez haya existido en el universo… tienes allá arriba a dos almirantes velando por ti.
Lisa se rió suavemente y miró a Rick al rostro, acariciándoselo suavemente.
- Eso sin mencionar de que aquí, bastante tangible, tienes a otra almirante que, contactos o no allá arriba, puede darte una paliza el día que a ella se le antoje.
- Yo también te quiero mucho. – Rick bromeó y se inclinó para besarla suavemente en los labios.
Después de que se hubieron despedido del almirante Gloval y de las chicas, recogieron los dos ramos que habían colocado momentáneamente sobre una banca de piedra y se dirigieron a un lugar algo más retirado del cementerio, debajo de un bosquecillo de árboles con hojas doradas por el ya inminente otoño… el lugar en donde Claudia Grant descansaba al lado de Roy Fokker.
Los dos se quedaron de pie, ante las tumbas que se levantaban, solitarias en aquel lugar. Pensaban que aquello era apropiado, el darles a Claudia y Roy un lugar en donde pudieran descansar tranquilos y juntos. Rick le pasó la mano por encima de los hombros a Lisa y la abrazó, mientras sonreía con tristeza al ver aquel monumento fúnebre levantado a la memoria de quien una vez fue su mentor, su amigo y su hermano mayor.
Pensamientos similares cruzaban por a mente de Lisa, respecto a Claudia. Aquella pareja había influido más en Rick y Lisa de lo que ellos mismos podían saber. Su ejemplo, sus consejos y sus enseñanzas habían sentado los cimientos de lo que había llegado a ser para ellos el amor más verdadero que existía en el universo.
- Claudia siempre supo que tú y yo algún día terminaríamos juntos… ¡No te imaginas todo lo que me regañaba cada vez que cometía errores contigo o hacía tonterías o me comportaba tan terca e intransigente!
- Seguramente fueron regaños bien ganados. – Rick respondió risueño.
- ¡Rick! – Lisa le lanzó una mirada precautoria pero a la vez una sonrisa que la delataba. – De acuerdo, lo admito… Claudia tenía razón, yo era demasiado terca, obstinada y orgullosa. Pero al menos ten la decencia de admitir que tú jamás me hiciste las cosas fáciles, Hunter.
- ¡Eso no hubiera sido divertido! – Rick se rió cuando sintió el codo de Lisa hundirse en sus costillas. - ¡Jamás podré comprender cómo es que alguien tan hermoso puede ser tan agresivo!
Lisa se rió. El rostro de Rick adquirió un semblante serio.
- Claudia también trató de aconsejarme a mí… pero los pilotos tenemos la cabeza demasiado dura. Si hubiera hecho caso de lo que ella me decía, desde aquel día que volviste a la Tierra y nos encontramos en el parque mirador…
La almirante miró interrogativamente al piloto. Él suspiró, clavando sus ojos en la placa con el hombre de Claudia y sonriendo con tristeza.
- Me dijo… que sería positivo para mi tener a alguien que apreciara mi cariño… - Rick apretó a Lisa aún más contra su costado y le besó la frente. – En alguna otra ocasión me dijo… que aunque tú y yo nos empeñáramos en tener peleas sin sentido ella sabía que muy dentro de nosotros la historia era muy diferente… ¡Y sólo Dios sabe cuántas veces me dijo que había alguien que era tan cercano a mi que yo no la veía¡Cuánta razón tenías, Claudia!
- Ella siempre supo que… tú y yo teníamos esperanza a pesar de todo. – Lisa puso la mano sobre la fría placa con el nombre de su amiga… su hermana. – Me insistía tanto en que no dejara pasar más tiempo… siempre me decía que no perdiéramos las oportunidades, que los soldados no tenemos la vida comprada… creo que en el fondo ella temía que nos pudiera suceder lo mismo que les pasó a Roy y a ella.
- ¡Roy, ese viejo zorro! – Rick se rió, mirando la tumba de su amigo con cariño. – Me pregunto qué hubiera dicho si hubiera sabido lo de nosotros… apuesto que jamás imaginó que… que alguien como yo podría terminar con alguien como tú, Lisa.
Lisa miró a su piloto y le sonrió con amor.
- Estoy segura de que le hubiera gustado la idea… en cierto modo él también fue como un hermano para mí.
- Él te quería mucho, Lisa… y te admiraba. La prueba de ello es que jamás intentó pasarse de la raya contigo. Apuesto que fuiste la única mujer a bordo del SDF-1 que se salvó de los asaltos amorosos de Roy Fokker.
Lisa no pudo evitar el reír. En cierta forma Rick tenía razón. Muy a su manera Roy siempre la respetó y siempre estuvo a su lado cuando ella lo necesitó. Además, había sido Roy Fokker el responsable de que Rick estuviera en la Isla Macross aquella mañana de Febrero del 2009. Lisa tenía mucho que agradecerle al viejo Líder Skull.
- Pues hermano, voy a casarme. – Rick habló, colocando las flores sobre la tumba de su amigo. – Apuesto que ese fue un pensamiento que jamás cruzó por tu mente¿Eh? Pero, como siempre te dije, gracias al cielo yo no soy como tú, Roy. – El piloto guardó silencio un momento y sonrió. - ¡Gracias hermano! Sin ti, yo jamás hubiera llegado hasta aquí hoy… sin ti yo jamás hubiera encontrado al amor de mi vida. Lisa Hayes¿Puedes creerlo? – Rick se rió.
- ¡Hey! – Lisa protestó, pero terminó riéndose también. – Roy, Claudia… ustedes ya están juntos… y en dos días más Rick y yo enlazaremos nuestras vidas para siempre. Y pase lo que pase, jamás… jamás los olvidaremos.
-Si Roy estuviera aquí diría que soy un maldito demonio con suerte. – Rick comentó. – Y sinceramente pienso que tendría razón… tengo mucha suerte, Lisa… te tengo a ti.
Los ojos de Rick se encontraron con los de la almirante y los dos sonrieron con amor. El piloto se inclinó sobre ella y rozó suavemente sus labios con los de Lisa. Se separaron lentamente y ella movió la cabeza. Rick comprendió el mensaje. Los dos se adelantaron a colocar los ramos de flores sobre las tumbas de sus amigos. Estuvieron ahí unos momentos más en silencio hasta que los dos sintieron que ya habían dicho todo lo que había que decir.
Poco después la joven pareja salió del cementerio militar, sintiéndose espiritualmente renovados para lo que venía. De alguna manera era como si hubieran ido ahí esperando que esas personas que tanto habían significado para ellos fueran parte de lo que estaba por venir. Ahora sentían que habían recibido la venia de sus amigos, de sus hermanos, de su familia, para lanzarse en esa aventura que emprenderían juntos.
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La siguiente parada en su agenda del día la hicieron en el Museo Almirante Donald Hayes de Ciudad Macross. Miriya, Max y Kelly ya estaban por ahí cuando ellos llegaron. Se suponía que harían una inspección de último minuto a los preparativos, pero Miriya estaba empeñada a que todo fuera una sorpresa.
Una cuadrilla de trabajadores se movía incesantemente por el recinto, llevando y trayendo sillas y mesas, cajas llenas de cubiertos, de manteles, de vajillas. La actividad era incesante. Después de mucho discutir, Lisa y Rick pudieron convencer a Miriya de que los dejara entrar a los jardines. En realidad nada estaba listo todavía. Las mesas estaban a medio armar, las sillas plegadas y amontonadas en un extremo, junto con varias cajas. Se estaba armando la estructura de un pequeño escenario en donde estaría la banda musical.
Hasta ese momento Lisa y Rick supieron que, además del cuarteto de cuerdas que ellos habían expresamente pedido para la boda, Miriya y Kelly se las habían arreglado para conseguir que la Banda de Música del Conservatorio de Ciudad Macross interpretara unas piezas musicales… entre ellas el vals nupcial, el primero que Lisa y Rick bailarían como marido y mujer.
- Se va a dejar libre el centro del jardín y vamos a instalar una duela. – Uno de los encargados les explicaba. – Esa será la pista de baile. La fuente estará decorada con flores y velas… - Les enseñó un boceto del plan que tenían para la decoración del lugar y tanto el piloto como la almirante se quedaron boquiabiertos.
- ¡Es hermoso! – Lisa comentó.
- Tenemos mucho trabajo por delante. Pero todavía tenemos el día de mañana para darle los últimos arreglos. Las flores llegan mañana a primera hora… son dos camiones que vienen directamente de la zona de recuperación ecológica. Uno no ve muchas flores en bodas en estos días… ¡Ustedes tienen suerte!
- Es mucho más que sólo suerte. – Lisa le lanzó una mirada cariñosa a Miriya.
- ¡Son buenos contactos! – La meltran le guiñó el ojo a su amiga.
- ¡Y hay algo más! – Kelly apareció en escena y sus ojos brillaron con emoción contenida.- Mir¿Les dijiste lo del vals?
- ¡Oh, eso! – Miriya sonrió. – Si, bueno… tenemos un regalo de parte de la Banda de Guerra de la Academia Militar. Les compusieron una melodía especial para que la bailen durante la boda… pensamos que es el vals perfecto.
- Pero… ¿Quién la compuso? – Lisa preguntó, confundida.
- ¿Y por qué?
- Al parecer su historia de amor ha servido de inspiración a las tropas en mucho más que solamente el aspecto militar. – Miriya les guiñó el ojo. – Esta pieza la van a interpretar en vivo los del Conservatorio, claro… ellos se ofrecieron a hacerlo. Pero aquí tenemos un demo que nos enviaron. Han estado ensayando…
Miriya hizo un movimiento de cabeza y Kelly encendió un pequeño reproductor de audio. Los acordes suaves y clásicos de una hermosa melodía interpretada al piano comenzaron a escucharse. Una sonrisa apareció en los labios de Lisa, quien sin poder evitarlo, se acurrucó contra el cuerpo de Rick, mientras él cerraba los ojos y sonreía emocionado. Los dos se imaginaban el momento… ese momento ya tan cercano en el que ellos, en aquellos jardines y en presencia de todos sus invitados, bailarían al ritmo de esa hermosa canción de acordes clásicos… siendo ya esposos.
- Ya que estamos aquí creo que podrían aprovechar el tiempo y practicar un poco. – Miriya dio un par de palmadas para atraer la atención de los novios. - ¡Vamos! Recuerdan cómo les enseñó Madame Butterfly¿verdad¡Quiero verlos bailar! No vamos a dejar nada al azar…
Rick se rió, pero no objetó en lo absoluto las órdenes de Miriya. Se inclinó caballerosamente y le ofreció su mano a Lisa, pidiéndole con un gesto silencioso que le concediera aquella pieza. Ella se llevó una mano al pecho y sonrió una de esas sonrisas deslumbrantes que sólo Rick Hunter podía provocar en ella. Tomó la mano que él le ofrecía y los dos comenzaron a bailar alrededor de la fuente, mientras una docena de trabajadores pasaba a su lado llevando sillas y cajas.
- ¡Es hermosa! – Kelly suspiró emocionada al verlos. - ¡Y se ven tan felices!
- Deben de estarlo. – Max comentó, apareciendo en escena. – Han esperado mucho tiempo por estos momentos… sinceramente, ya era hora.
- Aún me cuesta trabajo imaginar un tiempo en el que Lisa y Rick no estuvieran juntos y locamente enamorados.
- El problema, Kelly… - Miriya recalcó, sin quitarles la vista de encima. – Es que SIEMPRE estuvieron juntos y locamente enamorados.
- Pero jamás quisieron admitirlo. – Max completó.
- ¡Hacen una pareja tan bonita! – Kelly se llevó las manos al pecho. - ¡Estoy tan emocionada y tan feliz por ellos!
- Todos lo estamos. – Miriya sonrió.
La canción terminó y los últimos acordes quedaron flotando en el ambiente. Lisa y Rick se separaron lentamente, sin dejar de mirarse a los ojos. Era una pieza hermosa y la almirante se hizo la nota mental de enviar un reconocimiento oficial a los chicos de la Banda de Guerra de la Academia una vez que ella regresara a su oficina.
- Y eso fue "Juventud Remontando hacia el Futuro". – Miriya habló, como si se tratara de una locutora de radio.
- ¡Es una melodía hermosa! – Lisa murmuró, perdiéndose en los ojos profundamente azules de su piloto.
Él no contestó. No tenía que hacerlo. Sus ojos revelaban todos los sentimientos que en esos momentos le inundaban el alma como si fueran un huracán sin control. ¡Amaba a esa mujer! No… la palabra "amor" no lograba expresar cabalmente lo que él sentía por ella… era algo que no tenía nombre.
- ¡Claro que es una pieza musical hermosa! – Miriya habló sin dirigirse a nadie en particular. - ¿O acaso pensaban que su primer baile como esposos iba a ser al ritmo de alguna empalagosa canción de Minmei? – Miriya refunfuñó entre dientes.
- Jefe… - La voz de Max sacó a Rick del trance en el que había caído. – Odio interrumpirlos pero…
- ¿Eh? – El piloto sacudió la cabeza y apartó su mirada de Lisa para dirigirla a Max. - ¿Qué pasa, Max?
- El sastre militar nos está esperando. Será mejor que vayamos ahora mismo… tengo que volver a la base en un par de horas.
- Y después tenemos que vernos en la capilla de la base para el ensayo con el capellán. – Informó la siempre eficiente Kelly.
Los ojos de Rick fueron de Max a Lisa, de regreso a Max y luego a Kelly.
- ¿Cómo haremos esto? – Preguntó el piloto.
- Tú ve con Max a ver al sastre, amor. – Lisa le sonrió a Rick y lo besó en la mejilla. – Yo me quedo aquí con Miriya y Kelly…
- ¡Todavía hay mucho por hacer! – Miriya levantó los brazos al cielo.
- ¡Te vas a ver absolutamente maravilloso y terriblemente apuesto en tu uniforme de gala… general Hunter! – Lisa susurró, frotando su nariz contra la mejilla del soldado.
- ¿Nos vemos para comer entonces? – Rick preguntó esperanzado, sin poder evitar sonrojarse levemente.
Lisa asintió con la cabeza y quedaron en que se llamarían al celular para ver dónde y a qué horas se verían para comer. Todos quedaron en que, posteriormente, el grupo entero se reuniría en la capilla a las 1900 horas y de ahí irían a cenar a casa de los Sterling. ¡Iba a ser un largo día!
Rick y Lisa se despidieron ahí mismo, al lado de la fuente. El piloto la besó cariñosamente en los labios pero después, sin importarle los trabajadores que había a su alrededor ni el hecho de que sus amigos estuvieran ahí con ellos, abrazó a Lisa alrededor de la cintura y profundizó su beso. Aquello tomó a Lisa por sorpresa al principio, pero después decidió que ella lo deseaba y lo necesitaba tanto como Rick y respondió a aquel beso hambriento y lleno de pasión entusiastamente.
- Y supongo que eso es el ensayo de su beso nupcial.- Kelly se encogió de hombros.
- ¡Vaya! – Max dejó escapar un silbido largo. – Si esto hacen en público, no quiero ni pensar lo que hacen en privado.
- Nada que nosotros no hayamos experimentado de propia mano, no te preocupes. – Miriya le respondió con una sonrisa traviesa. – Nosotros tenemos mucho más horas de vuelo que ellos.
Max se sonrojó y Kelly se rió. Miriya tomó su tabla con clip e imperturbablemente siguió tachando cosas de su lista de pendientes.
Lisa y Rick se separaron lentamente y aún y cuando lo hicieron, los dos se dieron pequeños besitos antes de romper el abrazo que los unía. Sus ojos se entreabrieron y fue como si hasta entonces se percataran de que estaban rodeados de gente. Pero a decir verdad, en esos momentos eso no les importaba.
- Nos vemos de rato, amor. – Lisa susurró. - ¡Te amo!
- Yo también te amo, preciosa.
Rick se alejó de ella, pero sus manos se mantuvieron juntas hasta que fue físicamente imposible seguir sujetando la mano del otro. Los dos se sonreían con amor. Max le puso la mano en el hombro a Rick y el piloto entendió el mensaje. Asintió con la cabeza a su amigo y miró a Lisa, mientras movía los labios para decirle, sin palabras que la amaba. Lisa le guiñó el ojo y le regaló una hermosa sonrisa que hizo que el corazón del piloto se elevara por los aires.
- ¡Cuídamela mucho, prima! – Rick le recomendó a Kelly mientras se alejaba de aquel sitio. - ¡Y nada de jugar con cuchillos!
Las dos mujeres se rieron de ese comentario que el General Hunter había hecho antes de desaparecer tras la puerta. Rick salió del museo caminando sobre nubes, mientras Lisa permaneció en el jardín, soñando despierta con ese momento mágico que ya estaba tan cerca y que ya se sentía tan real y tan tangible.
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Eran las 1900 horas en punto, cuando el grupo de amigos se reunió con el Hermano Marco en la nave central de la capilla ecuménica de la base. El joven capellán, impecablemente vestido de negro y con su alzacuello blanco, los recibió con esa alegría y esa tranquilidad que era tan característica de él y que hacía que las personas a su alrededor se sintieran optimistas y relajadas.
- Pues parece que el gran día ya está prácticamente sobre nosotros. – Habló después de saludarlos. – Almirante Hayes, General Hunter… ¿Cómo se sienten?
Lisa y Rick se miraron y sonrieron a la vez nerviosos y emocionados. Fue Max el que, con una risa divertida, respondió por su amigo.
- ¡Está literalmente contando los minutos y segundos que faltan para la boda, señor! – El capitán Sterling palmeó la espalda de su amigo.
- Estamos muy emocionados, capellán. – Lisa respondió con una voz formal, pero que no podía ocultar su absoluto estado de enamoramiento.
- Bien… no quiero quitarles mucho tiempo. Sé que es tarde y que aún tienen mucho por hacer. Pero quise que vinieran hoy para que veamos cómo vamos a arreglarnos pasado mañana… siempre hay incidentes de último minuto, pero…
Rick ya no escuchaba lo que el capellán estaba diciendo. Su mente se había detenido en esas palabras que ahora le rondaban en la cabeza y lo hacían sentir incluso mareado.
- Pasado mañana… - Se repetía una y otra vez. – Pasado mañana…
- … bueno, eso no me lo ha dicho… - La voz de Lisa, hablando con el capellán, lo trajo de vuelta a la realidad. – Rick… amor…
- ¿Eh? – El piloto sacudió la cabeza y prácticamente voló los metros que lo separaban de Lisa, quien se había alejado un poco y ahora estaba con el capellán justo frente al altar. - ¿Qué sucede, preciosa?
- El capellán quiere saber si van a usar espadas como parte de su uniforme.
- No… - Rick aún no salía del todo de su estupor. – Sí… es decir… ¿Quién?
Max soltó una carcajada y se acercó a Lisa para ponerle sus manos sobre los hombros.
- Creo que el General Hunter necesita un vocero oficial, así que me autoproclamo… bien, el general Martín y yo nos vestiremos con uniformes formales, pero Rick será el único vestido con uniforme de gala. Por tanto él será el único portador de espada durante la ceremonia… de sable, para ser más preciso.
Lisa miró a Rick con una mirada soñadora. Ya podía casi visualizarlo en su uniforme de gala y ese simple pensamiento bastó para que el corazón de la almirante se acelerara. Los ojos del piloto se encontraron con los de ella y ambos sonrieron con amor.
- Bien, en tal caso… - El capellán se detuvo y se aclaró la garganta para atraer la atención de Lisa y Rick.
- Oh… disculpe hermano Marco… - Lisa regresó a la Tierra. – Sí, estábamos en…
- Le decía que usted entrará del brazo de la persona que la va a entregar. Del General Martín, si no me equivoco… él le ofrecerá el brazo izquierdo para conducirla hasta el altar, en donde el General Hunter la estará esperando.
- ¿Me permite, almirante? – Max le ofreció galantemente su brazo a Lisa.
- Por supuesto, capitán.
Kelly y Miriya se apresuraron a empujar a Rick hasta el pie del presbiterio, en donde se suponía que él esperaría a Lisa. El piloto no podía dejar de observarla extasiado, mientras ella cruzaba los escasos metros que la separaban de él, del brazo de Max.
- Cuando llegue a éste punto. – El capellán los detuvo. – La persona que entrega a la novia debe detenerse y entregársela a usted, general Hunter. Usted a su vez la recibirá y la colocará a su lado izquierdo.
Max tomó la mano de Lisa y la besó con cariño antes de mirar a Rick, quien tenía los ojos llenos de lágrimas y una enorme sonrisa en el rostro. Max puso la mano de Lisa en la del piloto y le sonrió a su amigo.
- Cuídala bien, hermano… y háganse felices mutuamente. Ambos se lo merecen. – Max habló en voz baja, pero sus palabras fueron tan sinceras que Lisa y Rick no pudieron menos que regalarle una sonrisa cariñosa.
- Ahora coloque a su prometida a su izquierda, general. – Rick hizo lo que el capellán le pedía. – Es una antigua costumbre; colocando a la mujer a la izquierda, el hombre se aseguraba de que en caso de ser atacados, él tendría libre su mano derecha para poder empuñar su espada y defender a su mujer.
- ¡Por supuesto! – Rick murmuró, sin apartar sus ojos de los de Lisa y sin dejar de sonreír. – Tendré mi sable listo para protegerte de todo peligro, Lisa. ¡Siempre!
- ¡Rick! – Ella sonrió con ternura.
- Capitán Sterling, usted es el padrino del novio… en éste momento usted me entrega los anillos que está custodiando y se retira, junto con la persona que va a entregar a la novia. Con eso yo comienzo con la ceremonia, que en realidad será muy breve… daré un sermón introductorio corto, luego procederemos a la parte importante de la ceremonia: ustedes harán sus votos, luego vendrá el protocolo matrimonial… el intercambio de anillos y la declaratoria de matrimonio. Me parece que decidieron firmar sus papeles civiles dentro de la misma ceremonia.
- Así es. – Lisa sonrió.
- Así se hará entonces.
- ¡Hey, hermano Marco! – Rick habló. – Se está olvidando de un pequeño detalle importante.
- ¿Cuál sería ese, general Hunter?
- Eso de que puedo besar a la novia.
- ¡Como si necesitaras permiso para hacerlo! – Max se rió.
Pero ni Lisa ni Rick se percataron de ello. El piloto ya había tomado el rostro de Lisa en sus manos y se había acercado para besarla suave y profundamente en los labios. Todos los presentes sonrieron emocionados y el capellán procedió a explicarles a Max y las chicas en dónde se colocarían ellos y qué era lo que debían hacer.
Un par de minutos después Rick y Lisa terminaron aquel beso, porque tuvieron necesariamente que tomar un poco de aire. Pero los dos estaban completamente perdidos en los ojos del otro.
- Y eso sería todo… - El capellán Marco terminó. – La pareja sale de la capilla, el general conduciendo a su esposa hacia el exterior…
- En donde una compañía de cadetes de la Academia los esperará con una valla de honor. – Miriya casi saltó emocionada cuando les informó de aquello. - ¡Todo va a ser perfecto¡Todo!
- ¡Con valla militar y todo! – Lisa sonrió y miró a Rick.
- Amor… eres la almirante¿Lo recuerdas? Te mereces todos los honores militares que se te puedan prodigar, y más.
- Bueno, usted no se queda atrás, General Hunter.
- Los cadetes se formaran aquí. – Miriya ya había salido de la capilla y el resto de la concurrencia con ella. – Ustedes, la pareja de recién casados, son los únicos que podrán pasar debajo del arco de espadas.
- Es símbolo de lealtad. – Max explicó. – Con ello la familia militar de la RDF presenta sus respetos y su lealtad a sus oficiales superiores recién casados.
- Serán seis cadetes. – Miriya les informó. – La Academia Militar quiso participar de la ceremonia de esta manera. Después de eso, su limusina los estará esperando al final del arco de espadas, para llevarlos al museo, donde se llevará a cabo la recepción.
- Bien… entonces supongo que todo está claro y no hay problemas… ¿Cierto?
- Tan claro como el agua. – Rick respondió con una sonrisa, mientras recibía a Lisa en su abrazo.
- En ese caso será mejor que vayamos a preparar la cena. – Miriya miró su reloj alarmada.- ¡Todavía hay tanto por hacer!
- Lisa, Rick… - El capellán habló con algo más de familiaridad. - ¿Podría hablar con ustedes? Lo que les voy a decir no tomará mucho.
- Por supuesto. – Lisa asintió.
- Nosotros nos iremos adelantando. – Max les sonrió. – Los vemos en la casa en un rato… ¡No tarden demasiado!
- ¡Ahí los vemos, Max!
Los Sterling y Kelly se alejaron de la capilla, conversando animadamente entre ellos, mientras Lisa y Rick se quedaban rezagados en compañía del capellán.
- No quiero quitarles su tiempo… solamente quería que supieran que para mí es un honor y un privilegio ser el oficiante de su boda.
- Gracias, capellán Marco. – Lisa le respondió con sinceridad. – Nosotros se lo agradecemos mucho a usted.
- Solo hay algo que quiero decirles antes de que se vayan.
- ¿Sí? – Rick lo miró, intrigado. - ¿Sobre la ceremonia?
- No exactamente… es sobre el matrimonio en general. Sé que su historia de amor es legendaria en las Fuerzas de Defensa y que esta es la conclusión perfecta de muchos años de amor y devoción que ustedes siempre han tenido por el otro. No tengo ninguna duda de su amor, de su decisión de contraer matrimonio ni de sus motivos. Pero aún así quiero que se sientan bien preparados y que recuerden que están haciendo un compromiso de por vida. No es algo que deben tomar a la ligera.
- Estamos concientes de ello. – Rick le sonrió a Lisa. – Y créame padre, no hay nada que deseé yo más en este mundo que ser el esposo de Lisa.
- ¿Por qué, Rick?
- Porque la amo… y porque quiero estar con ella para siempre.
- ¿Y tú, Lisa?
- Yo también lo amo y he comprendido que mi vida no tiene sentido si no la comparto con él.
- ¿Se dan cuenta? – El capellán sonrió. – Hablamos de amor, del deseo de compartir la vida, de crecer juntos. ¡De esto se trata el matrimonio! Han llegado parejas conmigo diciéndome que quieren casarse porque se necesitan mutuamente. Necesitar a otra persona no es lo mismo que amarla. Ustedes quieren estar juntos porque se aman y porque desean una vida en común y no solamente porque se necesitan o porque tienen una relación basada en la rutina y la costumbre.
- ¡Oh no! – Rick le sonrió a su almirante. – Una vida rutinaria, jamás. La vida al lado de Lisa es una continua aventura.
- Y entiendo lo que trata de decirnos, capellán. El matrimonio no debe significar una cárcel ni un refugio o un escape. El matrimonio es una oportunidad de crecer juntos y apoyarnos mutuamente.
- ¡Exactamente, almirante! Yo ya tengo mis años de experiencia trabajando para la RDF y créanme, he aprendido que podemos saber cómo será su vida matrimonial simplemente tomando en consideración cómo es su vida de noviazgo ahora, en este momento. Una relación sana entre dos personas que se aman tiene indicadores… por ejemplo, ustedes deben de sentirse en confianza de ser ustedes mismos cuando están juntos y no pretender ser otra persona, o la persona que su pareja desearía que ustedes fueran.
- Yo amo a Lisa por quien es, tal como es y por lo que es. – Rick sonrió.
- Y yo no cambiaría nada de Rick… ¡Él es perfecto tal y como es! Así me enamoré de él y así lo amaré por el resto de mis días.
- Ustedes sabrán que su matrimonio es correcto si su pareja es ante todo su mejor amigo o amiga en el universo… si existe el respeto entre ustedes, respeto por lo que creen, por lo que piensan, por lo que sienten… aún y cuando haya diferencia de opiniones. Debe de existir entre ustedes una confianza total, ciega y absoluta… debe existir alegría entre ustedes… esa emoción de estar juntos, de encontrarse después de un día de trabajo, de sentir mariposas en el estómago cada vez que están juntos… debe existir en su relación esa magia y ese encanto que, si no existe desde antes, jamás existirá después.
- Creo que todo está bajo control. – Rick sonrió.
- Ustedes deben de ser tan transparentes como para saber, sin lugar a dudas, que lo que ustedes ven en el otro es lo que se llevarán a casa. La gente no cambia… quienes son ustedes en estos momentos determinará quienes serán ustedes después de diez, veinte o cincuenta años. Ustedes aman a la persona que en estos momentos está aquí, parada frente a ustedes. Jamás olviden eso.
Rick y Lisa se habían tomado de la mano y le sonreían al capellán, asintiendo a sus palabras. Él sonrió y asintió con la cabeza.
- Antes de dejarlos ir, les daré mi último sermón… después de esto ya no los veré sino hasta la ceremonia… Lisa, Rick, un matrimonio feliz implica mucho trabajo, dedicación, sacrificios y mucho amor. Su relación de pareja debe construirse día a día, sobre los cimientos de confianza, amor, respeto, capacidad para resolver conflictos, incluso sobre la capacidad de manejar sus finanzas, dividir sus tareas domésticas… el matrimonio es una relación de vida, un compromiso total.
- Hemos pasado muchos años juntos, en las buenas y en las malas. – Rick le sonrió a Lisa. – Creo que ambos construimos un amor sobre cimientos fuertes… tuvimos nuestras desavenencias, problemas muy fuertes, malentendidos, peleas, discusiones. Y después de todo eso…
- Después de conocer lo mejor, pero también lo peor de nosotros mismos, - Lisa completó. – Aún así o quizás por eso, nos enamoramos uno del otro. Creo que ambos estamos conscientes del compromiso que estamos a punto de aceptar, capellán.
- Me da gusto escucharlos hablar así, porque el primer paso para un matrimonio exitoso es su decisión consiente, personal, madura y decidida de que ustedes quieren compartir su vida entera, sus sueños para el futuro, sus penas y alegrías. Ambos deben ayudarse a crecer como personas, desear siempre lo mejor el uno al otro, tomarse su tiempo para estar juntos, para compenetrarse física y emocionalmente, para conocer las fortalezas y debilidades de su compañero… deben estar seguros de que su amor no es un deslumbramiento pasajero ni es resultado de la costumbre… el suyo debe ser un amor maduro y duradero.
- Créanos, hermano… - Rick le sonrió a Lisa y le acarició el rostro con el dorso de su mano. – Esto no es un deslumbramiento… yo sé la diferencia entre lo que es real y lo que es un espejismo. Y esto es real… Lisa es real.
- No quiero que piensen que quiero molestarlos o aburrirlos al decirles todo esto. Pero desafortunadamente mucha gente se casa por las razones equivocadas. Se casan para escapar de su soledad o de un ambiente familiar adverso, de una carrera o un trabajo tedioso que no les da la satisfacción que debería, se casan buscando independencia de sus familias o estabilidad económica… les digo por experiencia, cuando el matrimonio se basa en esos motivos, está destinado al fracaso. Las parejas que se casan por alguna de esas razones, simplemente están cambiando un problema por otro.
- Esas no son nuestras razones. – Lisa sonrió y abrazó a Rick alrededor de la cintura. – Nuestra razón es el amor que nos tenemos y el hecho de que hemos comprendido que funcionamos mejor como equipo, como pareja… que Rick me da la paz, la alegría, la emoción, la inspiración, la esperanza y el amor que jamás creí que sería posible encontrar en este mundo.
- Y Lisa… ella me hace feliz… ella me complementa… hermano, yo no sé que más podría decir de ella, además de todo lo que ya he dicho. ¡La amo y punto final!
- La decisión de casarse debe ser hecha pensando en la felicidad de ambos, como pareja. Un matrimonio feliz tiene varios ingredientes: madurez, comunicación, equidad, buen manejo económico, valores compartidos, confianza, respeto, amor y aprecio entre ambos cónyuges. Jamás olviden que pase lo que pase, ustedes deberán de apoyarse, en las buenas y en las malas y jamás dejar de crecer, como personas individuales y como pareja.
El capellán miró a los dos jóvenes militares, quienes lo habían escuchado con atención y les sonrió fraternalmente. En los ojos de ambos sólo podía ver amor… mucho amor y emoción por el paso que estaban a punto de dar juntos.
- Es el sermón que siempre les doy a los contrayentes antes de la ceremonia. – Se encogió de hombros y sonrió. – Simple protocolo.
- Gracias, capellán. – Lisa le extendió la mano. – Le aseguro que nos ha dado mucho qué meditar, pero también le aseguro que tanto Rick como yo tomamos una decisión consiente y estamos seguros de esto.
- Tan seguros como jamás habíamos estado de nada en la vida. – Rick completó.
- Se nota. – El padre Marco sonrió. - ¡Créanme, muchachos! No lo pueden ocultar… son la pareja más enamorada que he visto en mi vida y les aseguro que su matrimonio será bendito y muy feliz. Y entonces… ¡Los veré por aquí pasado mañana!
- Aquí estaremos. – Lisa le respondió.
- ¡Puntualmente! – Rick le aseguró.
Después de despedirse del capellán, Lisa y Rick caminaron rumbo al estacionamiento de la base. Los dos iban de la mano y en silencio, pensando y mediando en las palabras del capellán y dándose cuenta de lo verdaderas que eran. Los dos sonreían emocionados, pues ellos están seguros del paso que iban a dar. Ellos no tenían dudas ni incertidumbre.
Su amor había pasado por muchas pruebas y había sido forjado en el crisol de una guerra apocalíptica. El amor que sentían el uno por el otro era lo más real que existía en sus vidas… lo más profundo, fuerte y sagrado. Era un trozo de eternidad en sus corazones enamorados.
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La cena en casa de los Sterling fue tranquila y relajada. Dana se había quedado dormida aún desde antes de que Lisa y Rick hubieran llegado. Todos se notaban cansados y sabían que debían retirarse a descansar temprano. Al parecer todo estaba listo… Miriya se había ocupado en revisar por última vez su lisa de cosas por hacer mientras Max y Kelly se habían ocupado de cocinar la cena. Cuando Rick y Lisa llegaron, Miriya los recibió con la noticia de que ya no había nada de qué preocuparse.
Mientras cenaban la meltran les informó sobre la agenda del día siguiente. Todos se merecían un día relajado y tranquilo antes del gran día. Por lo mismo ella había hecho algunas reservaciones. Las chicas irían a un spa; Lisa tenía un tratamiento especial para novias esperando por ella y sería largo y bastante placentero… o al menos eso fue lo que Miriya le informó.
Max, por su parte, fue comisionado para que llevara a Rick a una estética masculina especializada. Miriya ya había hecho las reservaciones y lo único que el capitán Sterling tenía que hacer era llevar al piloto y asegurarse de que no saliera huyendo. Le iban a dar un tratamiento completo, de pies a cabeza, Miriya especificó.
Aquello terminaba con cualquier posibilidad que Lisa y Rick hubieran podido considerar de verse y pasar un tiempo juntos en el transcurso del día. Decidieron que desayunarían juntos, aprovechando esos preciosos minutos que podrían compartir antes de ir a sus respectivos tratamientos. Miriya los regañó, argumentando que cualquier persona normal saltaría de alegría al saber que tendría la oportunidad de pasar un día completo en un spa, pero ellos, a diferencia de las personas normales, tenían una expresión en el rostro similar al de un condenado a muerte que camina hacia el patíbulo.
- ¡Ya sólo es cuestión de horas! – Miriya se desesperó. – Y después de eso van a estar juntos para siempre… atrapados sin salida… atascados, encarcelados, esclavizados, encadenados el uno al otro para toda la eternidad¿Por qué no disfrutan de sus últimas horas de libertad?
- Porque sinceramente, todo lo que acabas de decir suena bastante atractivo… si lo comparto con Lisa. – Rick sonrió y se acercó para hacerle un cariñito a Lisa, frotando su nariz contra la mejilla de ella.
- ¡Es imposible tratar de razonar con ustedes! – Miriya suspiró frustrada, dándose por vencida.
- Pues supongo que a todos nos hará bien relajarnos un poco mañana. – Kelly intervino. – Por cierto Mir, hablé con los de la PM para que vayan a limpiar la zona del spa de reporteros antes de que lleguemos. Todavía quieren tomar esas imágenes para el noticiero de la noche.
- ¡No nos han dejado en paz! – Miriya sacudió la cabeza. – Por cierto¿No vieron las últimas noticias en "Noches para Llorar"?
Todos los presentes movieron la cabeza negativamente y Miriya sonrió emocionada y se acomodó en su silla, bastante feliz al poder ser portadora de chismes frescos y jugosos.
-¡Están haciendo una encuesta! Han pedido que la gente vote sobre su boda contra la fiesta de cumpleaños de Minmei en Ciudad Monumento. ¡Han hecho toda una campaña publicitaria con esa fiesta de cumpleaños¿No la han visto? Incluso se reciben donativos por vía Internet y Minmei ha anunciado que hará un teletón para seguir recaudando dinero para la caridad… aunque no estoy muy segura qué clase de caridad… el punto es que están presentando a Minmei como una estrella preocupada por la sociedad y comprometida en su lucha por las causas sociales. Yo no me lo trago, por supuesto… pienso que es una estrategia publicitaria para contraponer el trabajo que ustedes han hecho como militares con la "labor social" de la estrellita, Pensaron que esta fiesta de cumpleaños suya iba a ser todo un suceso… pero no entiendo porqué se empeñaron en hacerla el mismo día que la boda de ustedes.
- ¿Acaso será por qué ese día es de hecho el cumpleaños de Minmei? – Kelly preguntó retóricamente.
- ¡Cómo sea! – Miriya sacudió su mano para quitarle importancia al asunto. – Pero las encuestas los favorecen a ustedes TRES A UNO, según la transmisión de anoche. ¡Todo el mundo está más interesado en la boda de la almirante Hayes y el general Hunter que en la cena de caridad de Minmei!
- Estoy seguro que al departamento de propaganda militar y a los chicos de relaciones públicas les va a encantar esa noticia. – Rick comentó.
- ¡Eso no es todo! – Los ojos de Miriya brillaban con emoción contenida. – Se especula mucho sobre la fecha de su boda y su relación con Minmei… pero el 87 por ciento de las personas opinan que la fecha que ustedes eligieron es una fecha como cualquier otra y que no tiene nada que ver con Minmei… ella está tratando de colgarse de la popularidad de ustedes en estos tiempos, pero no le ha funcionado. Dicen que contrató a un equipo de publicistas y que lanzarán una campaña promocional muy fuerte para navidad.
- Bueno, en realidad no veo por qué deberíamos de sentirnos amenazados por Minmei o por lo que la prensa especule sobre la fecha de nuestra boda. – Lisa se encogió de hombros.
- ¡Amenazados no, Lisa! – Miriya estaba prácticamente brincando en su asiento. - ¡Le están dando una buena paliza a Minmei! Realmente existe la justicia divina, como ustedes los humanos dicen.
- Eso sin mencionar los nuevos chismes de la vida sentimental de la Señorita Macross. – Max comentó desganadamente.
- ¡Ah, es cierto! – Miriya se animó aún más. – Dijeron en "Noches para Llorar" que la han visto varias veces en compañía del hijo de uno de los ejecutivos de su compañía disquera. Los paparazis los han captado en restaurantes exclusivos de Ciudad Monumento y se rumora que el día de la cena harán su aparición formal en publico, como pareja estable… ¡Pero los chismes dicen que ese muchacho tiene un romance previo con—!
- ¡Miriya! – Lisa se rió. - ¿Acaso jamás te pierdes ese programa? Sinceramente la vida privada de Minmei no es asunto de nuestra incumbencia.
- Pero los chismes son jugosos, Lisa. Y sí, algunas veces me pierdo ese programa… pero Max los graba para mí.
- ¡Miriya! – El capitán se sonrojó.
Rick soltó una carcajada y le tiró un golpe a su amigo directo al brazo.
- No sabía que te gustara estar tan bien informado, viejo.
- ¡No me hagas comenzar a hablar, Hunter! – Max le lanzó una mirada asesina. - ¿O quién era ese piloto que todas las noches corría a su habitación justo antes de las 2300 horas para ir a escuchar los últimos chismes de su estrellita favorita?
- Lo admito. – Rick sonrió y miró a Lisa, quien no había podido ocultar una fugaz expresión de fastidio. – En aquel entonces era joven, tonto e impresionable… y no tenía nada que hacer. Pero ahora… ahora prefiero ocupar mis noches en cosas más interesantes… y con una mujer excepcional que me trae vuelto loco.
- Pasaré esto por alto por esta vez, general. – Lisa habló en su mejor voz oficial, pero no pudo evitar el sonreír.
Rick la abrazó alrededor de los hombros y escondió su rostro en el cuello de Lisa, para besarla justo debajo de la oreja. Ella sonrió y cerró los ojos, tratando de apartar a su piloto, pero sin intentarlo con demasiada energía. Rick se dejó embriagar por el aroma de Lisa y en algún remoto rincón de su mente pensó que era extraño pero, a pesar de que él llegó a pensar que Minmei sería siempre una amiga a la cuál le guardaría cariño, ahora se daba cuenta de que ella había dejado de significar cualquier cosa en su vida. Escuchar hablar de Minmei y de sus últimos chismes era para él como escuchar hablar de cualquier artista de portada de revista. Ella ya no significaba nada para él.
- ¡Te amo! – Le susurró a Lisa al oído, y ella pudo captar la verdad detrás de las palabras de su piloto. – Lisa… ¡Tú lo eres todo para mí!
Ella movió levemente su rostro, para mirar a Rick de frente. Sus ojos se encontraron y la mano de Lisa involuntariamente comenzó a acariciar el cuello de Rick, mientras sus labios acariciaban la línea firme de su mandíbula. El piloto suspiró profundamente y cerró los ojos. No opuso resistencia cuando Lisa lo atrajo hacia ella para besarlo.
Pero aquel beso fue fugaz, pues Miriya comenzó a quejarse de que esas eran cosas que no debían estar haciendo en público. Finalmente el grupo de amigos terminó de cenar, entre conversaciones ligeras y anécdotas graciosas ocurridas en los últimos días. Eran poco más de las 11 de la noche cuando todos se retiraron de la casa de los Sterling.
Rick llevó a Lisa al hotel, pero aunque los dos deseaban pasar tiempo juntos, ambos sabían que debían descansar. Se despidieron en el vestíbulo, sin poder evitar el ponerse cariñosos.
- Todo lo que el padre Marco dijo tiene sentido¿No te parece, Rick? He pensado mucho en sus palabras y en lo afortunados que somos tú y yo… al casarnos por amor.
- Sí… - Rick, quien la estaba besando suavemente en el cuello, apenas pudo murmurar.
- ¡Rick! – Lisa se rió. - ¿Estás escuchando lo que te estoy diciendo?
- No realmente… - Admitió el piloto con toda sinceridad.
- Hmmm… - Lisa sonrió traviesa. – Hay algo en lo que también he estado pensando mucho todo el día.
- ¿Qué? – Rick murmuró contra aquel punto mágico en el cuello de Lisa donde él podía sentir su pulso.
Lisa se movió un poco para susurrar al oído del piloto:
- En ti, con tu uniforme de gala… en lo apuesto que te verás… y en lo difícil que será quitarte ese impresionante uniforme de encima.
Una sonrisa radiante apareció en el rostro de Rick; sonrisa que pronto se convirtió en una risa suave y contagiosa. Miró a Lisa a los ojos y sintió que el corazón se le aceleraba a mil por hora al percatarse de la manera en cómo ella lo estaba mirando, con fuego ardiendo en ese par de esmeraldas que lo fascinaban cada vez que sus ojos se clavaban en ellas.
- Además… - Lisa habló seductoramente, casi en un susurro, mientras le acariciaba el contorno del rostro a su piloto. – Hay demasiados botones en mi vestido de novia… tampoco es fácil de quitar en lo absoluto.
- ¡Lisa Hayes! – Rick gruñó y la abrazó con fuerza. - ¡Vas a terminar asesinándome antes de que podamos siquiera llegar a la ceremonia nupcial!
Mientras hablaba, Rick había empujado a Lisa a un rincón de vestíbulo, justo debajo de la escalinata que conducía al siguiente nivel. Terminaron escondiéndose detrás de unas enormes palmas que decoraban un pasillo y estuvieron ahí besándose y acariciándose un rato, hasta que los dos comenzaron a reír. Parecían un par de adolescentes.
Después de desearse las buenas noches, besarse una última vez… y una vez más… y otra más… y después de que ambos volvieran a hacer un recordatorio de su cuenta regresiva en horas, minutos y segundos, Rick se retiró del hotel. Quedaron de verse para desayunar juntos al día siguiente. Quizás ambos sabían que sería difícil que la noche siguiente pudieran conciliar el sueño, pues estarían demasiado emocionados.
Tal vez por eso esa noche los dos cayeron profundamente dormidos en cuanto sus cabezas tocaron sus almohadas. Esa noche decidieron darse un buen descanso… un bastante merecido descanso antes de las prisas de los días que estaban por venir.
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El día siguiente comenzó tarde para la feliz pareja. Habían decidido verse a desayunar hasta ya las 10 de la mañana, para darse algo de tiempo para descansar. Se encontraron en el restaurante del Hotel Macross Suites y ahí pidieron que les sirvieran el desayuno cerca de la alberca, justo al lado de una pequeña cascada decorativa que caía ente algunas plantas y flores.
El día había amanecido tibio y el sol brillaba radiantemente en un cielo completamente azul. Era un hermoso día de otoño. Mientras esperaban que les sirvieran el desayuno, Rick y Lisa se contemplaban en silencio, con sus manos entrelazadas sobre la mesa y sonriendo emocionados. Había una sola palabra reflejada en los ojos de ambos… una palabra que para ellos significaba todo en esos momentos: mañana.
Y es que, después de tanto tiempo, de tantas aventuras, de tantos sinsabores, de tantos momentos memorables, de tanta tristeza, de tanto dolor, de tanta alegría y de tantas y tantas cosas buenas y malas que había vivido juntos… finalmente el día estaba por llegar.
Rick no pudo evitar reírse cuando Lisa rompió aquel silencio casi solemne, recorriendo la pierna del piloto con su pie por debajo de la mesa. Él saltó, sorprendido por aquel movimiento tan inesperado y le lanzó una mirada entre cariñosa y acusadora.
- Lisa… - Le advirtió. - ¡Eso no se hace!
La almirante se rió, una de esas risas suaves, dulces y musicales que enloquecían al piloto que, sin poder evitarlo, se acercó a ella y tomó su barbilla entre sus dedos índice y pulgar para acercarla a él y plantarle un beso suave en los labios. Cuando se separaron, ella clavó sus ojos esmeralda en los azul cobalto del piloto y ambos se permitieron perderse en la inmensidad de sus miradas. Ya no hacían falta palabras. Ya todo estaba dicho entre ellos.
El desayuno que les sirvieron era ligero y nutritivo, consistente básicamente de un buen café, jugo de naranja, pan con mantequilla y mermelada, ensalada de frutas, yogurt, granola y como plato principal un omelet de queso panela para Lisa y huevos revueltos con salchichas para Rick.
Mientras desayunaban, el tema de conversación que fluyó entre ellos consistió básicamente en anécdotas divertidas que habían sucedido entre ellos, especialmente en los últimos meses. Ninguno de los dos podía dejar de reír. Estaban felices, radiantes y muy emocionados… y no podían ocultarlo. Jamás en sus vidas se habían sentido tan dichosos. Era casi increíble pensar que el año anterior las cosas habían andado tan mal entre ellos. Hacía un año nadie se hubiera atrevido siquiera a imaginar que al paso de 12 meses aquel par de tercos, obstinados y testarudos estarían a punto de contraer matrimonio… o que serían tan felices.
La vida de ambos siempre había sido una sucesión de tragedias, pérdidas, situaciones peligrosas, hechos tristes y más tragedias. Pero ahora la vida, que tanto se había ensañado con ellos en el pasado, parecía estar recompensándolos por su valentía, por su perseverancia y por su valor. Jamás se habían dado por vencidos, ambos habían decidido salir adelante, aún y cuando el mundo se les viniera encima… y ahora estaban recibiendo su recompensa.
Terminaron de desayunar y aún no se habían terminado su última taza de café, cuando los Sterling y Kelly aparecieron en escena. El tiempo había volado y ellos no se habían percatado de que casi era medio día. Las chicas tenían su cita en el spa precisamente a las 1200 horas en punto, por lo que no había tiempo que perder. El horario de los chicos era algo más flexible.
Miriya prácticamente llevo arrastrando a Lisa hasta su minivan. El torbellino Meltran jamás avisaba, y la almirante apenas y tuvo tiempo de darle un beso fugaz a su piloto y a decirle que más tarde se pondrían en contacto, antes de que Miriya la sacara de aquel sitio.
En el jardín del hotel Max se quedó con un muy confundido Rick. Cuando se trataba de mujeres, el piloto frecuentemente no sabía ni qué era lo que lo golpeaba… en especial si la mujer involucrada era Miriya.
El capitán Sterling estaba decidido a tomar las cosas con calma ese día, con su característica paciencia y su buen carácter. Decidió que podía darse el lujo de tomarse una taza de café con Rick en aquel hermoso jardín, antes de ir a recibir su muy masculino tratamiento corporal para hombres, según sus propias palabras al explicarle al General Hunter la agenda del día.
La conversación de ambos amigos giró básicamente en las cosas que tendrían que hacer al día siguiente. La ceremonia estaba programada para las 1800 horas, pero Max le aconsejó a Rick que estuviera preparado por lo menos una hora u hora y media antes. Le dijo que él sería el responsable de su transporte de la casa del almirantazgo a la capilla de la base… y que en vista de que Miriya estaría ocupada con Lisa, él podría ir a ayudar a Rick a lo que se ofreciera en su casa. El piloto aceptó aquel ofrecimiento de buena gana. Se sentía tan emocionado y tan nervioso, que estaba seguro que le costaría trabajo atarse las agujetas de sus zapatos.
Después de una larga conversación, los dos amigos finalmente salieron del hotel y se dirigieron a la estética masculina en donde ambos recibirían un tratamiento completo de la cabeza a los pies: corte de pelo, una buena afeitada con navaja tradicional, les arreglarían las uñas, les exfoliarían la piel y les harían mil y un cosas más que ellos no alcanzaban a entender para qué servían. Pero Rick quería verse bien para Lisa… jamás en su vida había sentido esa necesidad apremiante de lucir bien, de verse perfecto… para ella, sólo para ella.
En otra zona de Ciudad Macross, las chicas ya disfrutaban de su día de relajamiento en un exclusivo spa, propiedad del Hotel Macross Suites. Miriya le había explicado a Lisa que los preparativos de la boda hacen que la novia, y sus amigas que en este caso eran también las organizadoras, se sientan tensas y estresadas. Habían tenido muchas cosas que hacer, mucho que organizar y habían tenido que intercalar sus responsabilidades militares con la preparación de la boda, por tanto todas se sentían agotadas.
Aquel tratamiento en el spa era un muy merecido regalo de bodas… para todas: un día completo dedicado sólo a ellas, en donde no debían preocuparse ni sentirse tensas, sino solamente relajarse. Para Lisa en especial, era necesario que estuviera tranquila, relajada y en paz. Miriya le indicó que en ese preciso momento debía comenzar a disfrutar de su día especial. Al día siguiente se convertiría en la esposa de Rick Hunter, eso no era algo que sucediera todos los días.
El tratamiento especial que habían preparado para la Almirante Hayes era un muy exclusivo paquete llamado "Baño de Novia", que básicamente consistía en exfoliación, hidratación, limpieza y masaje de cuerpo completo en varios ciclos a lo largo del día.
Lisa recibiría varias sesiones de masaje facial y corporal para estimular la circulación de la sangre, hidratar la piel, relajar y tonificar. Luego vendría el proceso de exfoliación para obtener una activación y renovación cutánea, seguido por baños de barro terapéutico, una ducha de agua tibia, un refrigerio para después proseguir con un ciclo de mascarillas aplicadas en el rostro y todo el cuerpo, un hidromasaje, una aplicación de tónico facial y corporal y finalmente un baño de aromaterapia.
Lisa decidió que consentirse y olvidarse del mundo, dedicarse a sí misma y relajarse por algunas horas era exactamente lo que ella necesitaba en esos momentos. Así que optó por dejarse consentir y no oponer resistencia a ninguno de los tratamientos que le fueran a aplicar aquel día. Hacía mucho que no se daba el lujo de dedicarse unas horas a sí misma y ese día, el último que pasaría como una mujer soltera, era la oportunidad perfecta para dedicarse a sí misma, a consentirse y a mimarse un poco… preparándose para los momentos que a partir del día siguiente compartiría con su piloto… por el resto de sus vidas.
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El tratamiento especial y completo en el spa se prolongó mucho más de lo que Miriya o Lisa habían originalmente anticipado. Cuando la Meltran fue a dejar a la almirante al hotel eran casi las 10 de la noche… habían hecho una parada para cenar en un pequeño bistro cercano al spa. Ya en el camino de regreso al hotel, Lisa había hablado con Rick en el celular durante todo el camino, mientras Kelly y Miriya, en los asientos delanteros de la minivan, sólo podían sonreír e intercambiar miradas cómplices.
Habían pasado los diez días… no había sido fácil pero finalmente habían llegado al final. Miriya tenía que aceptar, aunque fuera para sí misma, pues su orgullo Meltran no le permitía admitirlo en voz alta, que las cosas no habían sido sencillas en lo absoluto… estar a cargo de la preparación de la boda de sus amigos había sido toda una experiencia para ella, una que le había enseñado qué tan humana había llegado a ser en realidad. Y a pesar de los contratiempos, las prisas y toda la presión y el estrés, lo volvería a hacer… por Lisa y Rick lo volvería a hacer mil veces más.
- Lo más difícil de todo, sin embargo, fue mantenerlos apartados al uno del otro… pero logramos nuestro cometido. Rick, te prometo que valdrá la pena. – Miriya sonrió para sí misma.
Las dos jóvenes acompañaron a Lisa a su habitación. El vestido de novia lucía soberbio en su perchero al centro de la sala de estar de la suite de la almirante. Se veía majestuoso y deslumbrante. Era sencillo, de líneas clásicas y conservadoras, tal y como Lisa. Pero igual que ella, irradiaba una belleza y un encanto irresistibles. Era, sin duda, el vestido de novia más hermoso que alguna vez hubieran visto en su vida.
Miriya hizo una revisión final de todo lo que había que hacer al día siguiente. Lisa no vería a Rick sino hasta la ceremonia, por lo que ella pasaría temprano por el hotel para desayunar con Lisa y luego irían directamente a la estética en donde la prepararían: el peinado, el maquillaje, todo eso tomaba tiempo. Miriya esperaba que estuvieran listas para las 1600 horas, pues la ceremonia era a las 1800 horas y no quería tener contratiempos. Ella y Kelly también se vestirían ahí, en la suite de la almirante.
- El General Martín vendrá por ti a las 1720 horas. – Miriya le informó a Lisa. – De la base enviarán una limusina oficial de la RDF con un conductor oficial. David Stonewell pasará por Kelly y por mí a esa misma hora para irnos detrás de ustedes.
- ¿A qué hora llegará David a la ciudad? – Lisa preguntó.
- Temprano por la mañana. – Kelly le informó con una sonrisa.
- ¿Y qué hay de Max?
- Él se encargará de tu piloto cabeza dura. – Miriya le guiñó el ojo. – Alguien tiene que hacerlo.
Lisa se rió y Miriya asintió con la cabeza, satisfecha con todo. Le puso la mano en el hombro a Kelly y comenzó a dirigirla a la puerta, argumentando que era hora de irse, porque todos debían descansar muy bien esa noche, en especial Lisa. La Meltran le hizo mil recomendaciones a su amiga para que se fuera a la cama enseguida, que durmiera, descansara y tratara de relajarse. ¡El gran día había finalmente llegado!
Lisa se despidió de sus amigas con un cálido y sincero abrazo lleno de cariño y de gratitud. Finalmente, cuando se vio sola en su habitación, fue a sentarse al sofá de la sala, en donde contempló por un buen rato su vestido de novia, aún sin poder creer del todo que aquello estaba sucediendo.
Pero sinceramente se sentía cansada… no, cansada no era la palabra correcta, más bien demasiado relajada. Lo cierto es que su cuerpo le pedía a gritos que fuera a la cama, que se arropara y que durmiera… que descansara durante ocho o diez horas esa noche. ¡Se lo merecía! Y sobre todo… lo necesitaba.
La almirante se puso su pijama y se metió en las cobijas, pero antes de dormir se quedó un rato sentada, su espalda recargada contra la cabecera de la cama, y con un portarretratos en su regazo. La foto que estaba contemplando era una de Rick y ella… la habían tomado en el estanque de la residencia Hayes hacía unos meses. Ambos lucían jóvenes, felices y enamorados.
- ¡Llegó el momento! – Lisa pensaba. - ¡Finalmente, contra todo pronostico y a pesar de todo, estamos aquí!
Besó suavemente el retrato de Rick como si lo estuviera besando a él mismo en persona. Colocó el marco sobre su mesita de dormir, al tiempo que se acomodaba en la cama, buscando una posición cómoda y apagaba la luz.
- Esta será la última noche que dormiremos separados, mi vida… ¡Rick Hunter, te amo!
Y con ese pensamiento se quedó profundamente dormida, teniendo aún la imagen del rostro apuesto de su piloto clavado en sus pupilas y tatuado en su corazón.
Había pasado apenas una hora de que Lisa se había quedado dormida, cuando un ruidito proveniente del balcón la hizo entreabrir los ojos y parpadear repetidamente. Trató de ubicar la procedencia de aquel ruido, pero en el estado de duermevela en el que aún se encontraba, no pudo hacerlo. Volvió a cerrar los ojos, pero esta vez fue una voz apenas audible, llamándola por su nombre apenas en un susurro, la que la hizo saltar de la cama. ¡Reconocería esa voz en cualquier sitio y bajo cualquier circunstancia!
- ¡Lisa! – La voz era apenas audible.- Soy yo…
- ¿Rick? – Lisa levantó la cortina del balcón para encontrarse cara a cara con su piloto, que la observaba en la oscuridad, desde el otro lado del cristal. - ¿Qué haces aquí?
La almirante se apresuró a abrir la puerta, pero Rick no entró al cuarto, antes bien fue ella la que salió. Los dos se quedaron de pie, uno frente al otro, mirándose a los ojos. Por un momento ninguno de los dos pareció saber qué era lo que tenían que decir. Fue Lisa quien rompió el silencio.
- Rick¿Cómo subiste hasta aquí¡Pudiste haberte matado!
- Yo… - El piloto se rascó la cabeza. – Me subí por las escaleras de emergencia, igual que el día de la serenata… sé que es tarde pero… sólo quería verte y darte las buenas noches.
Lisa sonrió enternecida y abrió los brazos para recibir a Rick, quien ya se acercaba a ella buscando su calor. Se abrazaron estrechamente y Lisa lo besó en la mejilla, que se sentía suave y tersa.
- ¡Hmmm¡Alguien huele muy bien! – Lisa susurró en su oído.
- Bueno… fui con Max a ese lugar… y me afeitaron con una navaja… fue un poco aterrador, es decir, el tipo medía dos metros y la navaja probablemente 70 centímetros… y la estaba afilando en una tira de cuero y…
Rick se estremeció y Lisa no pudo evitar el reír. Se separó de él y lo acarició cariñosamente. El piloto se veía muy bien, con su cabello bajo control, pero sin perder su característica rebeldía que era como su marca de fábrica. La piel de sus mejillas se sentía como la de un bebé y olía bien… muy bien.
- Lisa… - Dijo él, mientras se acercaba para acariciar el rostro de ella con su nariz. – No quiero quitarte mucho tiempo, sé que ambos debemos dormir y descansar un poco pero… quería verte… quería…
- ¿Sí?
- Quería decirte lo emocionado que estoy de casarme contigo… no podría dar este paso con nadie más, Lisa… con nadie más que contigo. Y sobre todo quería que supieras que voy a hacer todo lo que esté de mi parte, lo posible y lo imposible, para que jamás te arrepientas de haberte casado conmigo.
- Jamás lo haría, amor.
- Pero no quiero dar nada por hecho contigo, princesa. – El piloto la besó en la sien.
Sus ojos se encontraron en la oscuridad y por un momento ambos se observaron en silencio. Lisa acarició su cuello, hasta que los dedos de su mano se enredaron en el cabello rebelde de su nuca y él se estremeció.
- Yo también siempre daré lo mejor de mí, Rick… te prometo que vamos a ser muy felices, los dos juntos.
- ¿Para toda la eternidad?
- Para toda la eternidad. – Lisa aseguró convencida y reforzó sus palabras con un movimiento de su cabeza.
El piloto dejó escapar un suspiro tembloroso y entrecerró sus ojos, buscando lenta pero desesperadamente los labios de Lisa, mientras sus brazos se cerraban en torno a su cuerpo. Las manos de Lisa se deslizaron por el pecho de Rick para abrazarlo alrededor del cuello. Sus labios se entreabrieron antes de encontrarse y comenzaron a besarse con pasión, con urgencia, con una necesidad infinita y con todo el amor que se desbordaba de sus corazones enamorados.
Ambos sentían que ya no podrían contenerse mucho tiempo más… se necesitaban mutuamente, tanto como jamás lo habían hecho antes. Se deseaban con una urgencia y una pasión que sobrepasaba su propia razón. Sentían que se volverían locos si pasaban un día más separados. Aquellos sentimientos eran ya imposibles de contener o de disimular. La única manera en que ellos podrían liberar esa tensión, esa necesidad infinita y ese deseo ávido e incontrolable que les consumía las entrañas era el estar juntos… pero no juntos por un momento, no. Ellos ya necesitaban mucho más del otro que sólo un encuentro pasajero… ellos no se conformarían con nada menos que la eternidad.
Se separaron lentamente, solo el espacio necesario para tomar aire, pues ambos estaban sin aliento, su respiración era acelerada e irregular y sus corazones latían sin control, haciendo que incluso se sintieran mareados.
- Ya no puedo más, Lisa… ya no.
- Yo tampoco, amor… - Ella lo miró a los ojos. - ¡Te amo!
Lisa volvió a lanzarse a los brazos del piloto y sus labios se unieron una vez más con urgencia, con deseo y con una pasión que resultaba ya incontrolable. Sin percatarse siquiera de lo que estaba haciendo, él la había arrinconado entre su cuerpo y la pared, atrapándola inevitablemente y cerrándole cualquier salida… aunque en la mente de Lisa no había siquiera la posibilidad de una huída.
La necesidad entre ellos comenzó a hacerse más evidente. Sus besos se intensificaron y sus caricias se volvieron más íntimas y audaces… y cuando parecía que todo control se había perdido y que ya no había posibilidades de detenerse o de volver atrás, quizás en ese momento justo en que ellos estaban por cruzar el punto sin retorno, el sonido fuerte y agudo del reloj pulsera del piloto los trajo de vuelta a la realidad.
- Media noche… - susurró Rick sin aliento contra los labios entreabiertos de Lisa.
- Rick… es media noche… es 10 de octubre…
El piloto se separó lentamente de ella, mientras una sonrisa lenta, pero radiante comenzaba a aparecer en los rostros de ambos militares. La pasión, la urgencia, la necesidad que hasta hacía unos segundos los había consumido fueron súbitamente reemplazadas por un sentimiento de paz, de bienestar, de alegría, pero sobre todo de emoción… una emoción fuerte y profunda que hizo que sus corazones, todavía acelerados por los momentos que acababan de vivir, comenzaran a latir a un ritmo más constante.
Sentían como su cuerpo entero era barrido por una oleada de calor que no tenía nada que ver con el deseo que hasta hace unos minutos los había dominado. Era un calor nacido de la ternura, del afecto, del cariño… del amor que sentían uno por el otro.
Sus ojos se encontraron y Rick, con una ternura que sólo podía mostrarle a Lisa, pues sólo a ella le pertenecía, acarició la mejilla de ella con el dorso de su mano de una manera que la hizo estremecerse. Los ojos del piloto brillaban incluso en la oscuridad y la sonrisa que tenía en sus labios hacía que Lisa sintiera que se estaba derritiendo de amor en sus brazos. Lo que Lisa no sabía era que aquellas mismas expresiones estaban reflejadas en su propio rostro.
- El día de nuestra boda. – Rick susurró con una voz cargada de ternura y de amor. – Lisa, princesa… hoy nos vamos a casar. Este día es sólo nuestro, mi vida… tuyo y mío… después de todo lo que tuvimos que pasar, finalmente estamos aquí, tú y yo… y vamos a estar juntos para siempre.
- Es el inicio del camino, Rick… - Lisa le respondió en el mismo tono. – Nuestra verdadera aventura, la aventura de nuestras vidas comienza hoy.
- ¡Hasta las estrellas, Lisa! – Rick le sonrió con adoración. – Hasta las estrellas juntos… tú y yo… siempre.
- Hasta las estrellas… y más allá, amor.
El piloto asintió y se inclinó para besarla suavemente en los labios. Ella respondió a aquel beso con la misma ternura y el mismo amor con el que él la estaba besando. Se separaron lentamente y Rick besó sus manos y luego su frente.
- Será mejor que me vaya, preciosa… tenemos que descansar.
Rick comenzó a retirarse hacia la escalera de emergencia y Lisa no hizo ningún esfuerzo por detenerlo… o por decirle que usara el ascensor como la gente normal. En esos momentos ninguno de los dos podía pensar en otra cosa que no fuera el otro. Lisa se acercó al barandal y le plantó un beso suave y lleno de amor a Rick en los labios.
- ¡Te amo, Rick Hunter! – Susurró. - ¡Con todo mi corazón!
- Y yo a ti, Lisa Hayes… hoy, mañana y siempre.
Los dos se besaron otra vez y finalmente Rick comenzó a descender por la escalera de incendios, seguido por la mirada vigilante de Lisa, que no lo perdía de vista. Cuando finalmente el piloto llegó al suelo, miró hacía arriba y le sonrió a su prometida, que lo contemplaba embelesada.
- ¡Nos vemos en nuestra boda, Hayes! – El piloto le dedicó un muy poco formal saludo militar. - ¡Y no llegues tarde!
- ¡Rick! – Lisa se rió.
Rick le guiñó el ojo y le lanzó una de esas sonrisas deslumbrantes que eran tan características de él. Lisa le respondió lanzándole un beso que él fingió atrapar en el aire y colocar en sus labios.
- ¡Descansa, piloto! – Lisa susurró. - ¡Te amo!
Rick la miró por última vez antes de salir de los jardines del hotel con rumbo al estacionamiento, en donde la Freelander negra lo esperaba para llevarlo a casa… en esa última noche de soledad y soltería.
Lisa regresó a su habitación y se metió debajo de las sabanas de su cama, sonriendo soñadoramente y acariciando sus labios, en donde todavía podía sentir el sabor del beso de Rick en ellos.
El día finalmente había llegado.
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Se requiere de su honorable presencia
Para ser testigo del enlace matrimonial de
Elizabeth Hayes
Almirante de las Fuerzas de Defensa de la Tierra Unida
con
Richard Hunter
General de Grupo de las Fuerzas de Defensa de la Tierra Unida
Que tendrá verificativo el día Miércoles diez de octubre
Del año dos mil doce a las 1800 horas
En la capilla ecuménica de la Base Militar Macross
Y posteriormente en los jardines del
Museo Almirante Donald Hayes
de
Ciudad Macross
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Notas de autor:
- Finalmente llegamos al capítulo de la boda. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que debido a una carga de trabajo tremenda que traigo en estos días, proyectos y mil cosas más, me será humanamente imposible actualizar la próxima semana. ¡Pero nos vemos el jueves 19 para la boda. :D
- La melodía "Youth Soaring into the Future" (Juventud Remontando hacia el Futuro) ha sido tomada del CD de Macross "Rhapsody in Love" y fue compuesta por el genial maestro Kentaro Haneda, quien recientemente nos dejó. Por lo que éste capítulo de HL lo dedico especialmente a él con mucho cariño.
- Y como siempre, gracias a todos los que han llegado hasta aquí conmigo. ¡Gracias por la paciencia! Realmente todos sus comentarios significan mucho para mí.
¡Que tengan una excelente semana!
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.: GTO – MX :.
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