Ok… ganaron así que me toca actualizar también hoy. Ahora que se ganó la guerra sigue un periodo de paz y tranquilidad así que por el momento no las voy a poner a pensar que van a morir o se van a escabechar al siguiente caballero, mientras ustedes leen la continuación yo me seguiré traumando con la canción de Let it go en francés de Frozen, muy bonita película, por si no la han visto se las recomiendo mucho. Bueno después de tanto, ahí las vemos mañana. Besitos.


~ 1 ~

Te encontrabas mirando el cielo, las nubes eran lo más interesante que veías en ese momento… había una en forma de conejo que se fue o mejor dicho iba a estrellarse con una que parecía un huevo. Los gritos de tu acompañante resonaban, desviaste la mirada hacia donde se encontraba Marín, esta estaba llamando la atención de tres estudiantes que estaban comenzando a entrenarse para postularse a una armadura de bronce.

-Marín- le llamaste mientras movías tus piernas, te encontrabas sentada en una columna de concreto que se encontraba destruida -¿Cómo le haces para no matarlos?

-Con paciencia "-.-"

-Ya veo- dijiste y escuchaste que ella comenzó a reír -¿Qué pasa?

-Nada- tomo asiento a lado de ti -¿Cómo va con eso?- presiono levemente tu rostro –¿ya no le duele?

-Ya no- dijiste mientras también presionabas el moretón de tu mejilla –solo quedo el colorcito… ya casi se me quita, igual que los moretones de la espalda y los que quedan por ahí- moviste tus piernas –había quedado como un mapamundi

-Bueno Athena…-te dijo –imagino que ya quedo satisfecha- la miraste –demostró por primera vez que también la diosa puede pelear por ella misma sin necesidad de sus guerreros, usando únicamente su fuerza

-Gracias, dedico este combate a mi mas fiel admiradora… Marín- respondiste dramáticamente, ella rio ante tu actitud

-¿Cómo esta Kanon?- te pregunto pues ella y Shaina sabían porque les habías contado todo lo que había pasado –¿Cómo le ha ido con el resto de la orden?

-Bien, muy bien- respondiste –pensé que ardería Troya pero no, incluso Escorpión y Cáncer lo defendieron diciendo que todo lo había hecho en nombre de Athena

-¿En su nombre?- pregunto dudosa -¡James sigue corriendo, si vuelves a parar aumentare tu trabajo!- le grito -¿Por qué?

-Ni yo lo se, les dije que a mi no me metieran en sus asuntos- dijiste –pero después de eso todos quedaron en aplicarle la ley del hielo… no le hablaron en 15 días

-¿Acaso son niños?- pregunto burlonamente Marín

-Es lo mismo que les dije, pero bueno… sus cerebros no les da para más- comentaste –no tienen remedio. Bueno, pensé que después de esos días no iban a hablarle, pero lo hicieron, como si nunca hubiera pasado nada

-Son muy unidos- te dijo –por eso se les hace sencillo perdonarse, por eso se entienden más que cualquier persona ¿Y qué paso con su Santidad?

-Creo que es el único que sigue molesto, porque solo le habla para lo que necesita

-Ya veo- miraron al cielo y callaron un momento, silencio que no te incomodaba, al contrario sentías que te comunicabas perfectamente con ella, de pronto recordaste algo, sonreíste y desviaste la mirada hacia ella

-Marín- le llamaste cantarinamente, ella te presto atención -¿Qué piensas de Aioria?- no veías su rostro pero sabias que le habías tomado por sorpresa

-Es un Caballero valiente y decidido, ademas de ser una persona noble y bondadosa, capaz de ayudar a cualquiera que lo necesite

-Esto no salió como lo quería- pensantes –ya veo… y como chico… ¿Qué piensas de él?

-¿Por qué tanta pregunta?- te pregunto juguetonamente -¿que estas planeando?

-Nada- dijiste de inmediato –solo quiero saber qué piensas de él

-Sería lo mismo si me hubieras preguntado por Aldebarán o por Shura

-Pero ellos no me interesan- pensaste –bueno si, pero me llevo muy bien con Aioria, por eso te pregunto- le dijiste

-Athena, no tienes remedio- te dijo –es un buen amigo

-¿Solo un buen amigo?- preguntaste

-Claro- te dijo –lo conozco de años como para no considerarlo un amigo

-No maches, directo a la friedzone- volviste a pensar -¿nunca te has enamorado?

-¿Por qué preguntas eso?

-Porque te quiere encontrar pareja- escuchaste que intervino Shaina

-Bienvenida amiga- saludaste -¿Cómo estás?

-Bien- te respondió mientras tomaba asiento a tu lado derecho –gracias ¿y tú?

-Ya mejor- dijiste –le decía a Marín que solo quedo las machas pero ya no me duele, en unos días mas se borraran

-Ya le urge irse a trabajar- te dijo Shaina y tú asentiste

-Entonces… me quiere encontrar pareja- te dijo, tú desviaste la mirada hacia otro lado y Shaina reía –Athena…

-No, como me crees capaz de hacer eso- dijiste –me ofenden las dos

-Porque la conocemos es por eso que lo decimos- te dijo la Cobra

-Bueno, es curiosidad- respondiste

-¿Y tú? ¿te ha enamorado?- te pregunto Marín, escondiste tu rostro entre tus piernas –¿eso es un si?

-Sin comentarios- respondiste –uno de ellos trato de matarme cuando luchamos contra Apolo, dos de ellos me engañaron sin ser su novia y mi único novio ni eso parecía… digamos que solo era por compañía

-Valla- dijo Marín –no le ha tocado muy buena suerte

-Es por eso que ayudare a mis amigas a conseguir al hombre de sus sueños- dijiste decidida, ambas rieron –no se rían, es verdad

-Pues yo no estoy interesada en nadie- te dijo Marín –así que no pierda el tiempo conmigo. Solo quiero entrenar y ser mas fuerte, servir bajo sus ordenes y después, cuando llegue la paz… tal vez me anime

-Marín- le rogaste –no seas así, creo que te puedo dar al chico perfecto- continuaste diciendo –un chico de ojos verdes, medio infantil y caballero dorado de la constelación gatuna- pensaste para ti mientras reías

-¿Qué estas pensado "-.-"?

-Nada Marín- respondiste de inmediato -¿y tú Shaina?

-No- te dijo de inmediato –porque si te digo vas a estar insistiendo

-Mala- le dijiste –¿no confías en tu diosa?

-No- te dijo sin siquiera dudarlo

-Eso es blasfemia- respondiste mientras reían las tres

.

.

Te estiraste liberando la tensión que se había formado en tus hombros, miraste hacia la ventana, el día se encontraba demasiado caluroso, pero mejor estar ahí que en el Santuario. Había pasado un mes desde que habías peleado contra Poseidón, Shion no te había dejado ir a la clínica por el aspecto que tenías, aun así mantenías contacto con Calandra pues le enviabas cartas con algún Caballero de bronce o plata que llegaba a tener una vuelta por Rodorio, de la misma manera recibías respuesta por parte de ella, diciéndote que no te preocuparas y que ella se haría cargo hasta que pudieras presentarte.

Una nueva persona entro a tu consultorio, la atendiste como debía de ser y la despediste, Calandra entro a platicar contigo, o mejor dicho… a que le contaras como había estado los combates que habían tenido tú y tus guardianes. Esa chica era rara, pero te sentías cómoda con que fuera tu amiga, si hubiera sido otra persona estarías sola de nuevo.

-¿Está ocupada doctora?- te hablo un hombre desde la puerta

-No- respondiste de inmediato -¿Qué se le ofrece?

-Vera- te dijo mientras pasaba, Calandra le dio la silla para que tomara asiento y se colocó a lado de ti –vengo de la Villa Tricorito, está a unos pocos kilómetros de aquí y vengo a pedirle de favor que atienda a mi hija

-Claro, por mí no hay problema- jalaste a Calandra para susurrarle -¿Dónde queda eso?

-A dos horas de aquí- te respondió de la misma manera

-Claro, como le dije no hay problema- volviste a decir -¿Qué es lo que le pasa a su hija?- preguntaste para darte una idea

-Bueno, muchos dicen que es una maldición, porque no se le encuentran nada, ademas los curanderos ya le han dado muchas hierbas y no sana

-¿Qué síntomas tiene?- preguntaste mientras comenzabas a escribir

-Dolor en el pecho, respira agitadamente, a veces tiene crisis, le da mucha fiebre

-Ya veo- anotaste mucho –es muy vago, hay muchas enfermedades con esas características- pensaste mientras mordías el borde de la pluma; lo miraste, se veía que tenía muy buena posición por la forma en la que vestía -¿la ha llevado a Atenas? Hay muy buenos médicos ahí

-Es muy peligroso sacar a mi hija- te dijo angustiado –la última vez que la sacamos cerca de nuestra casa, le dio fiebre y convulsiones

-Está bien- dijiste –¿le parece que mañana domingo valla a verlo?- preguntaste –tengo que preparar todo lo que pueda llevar para analizarla bien.

-Claro que si doctora- te dijo sonriente –había escuchado que es una persona muy buena, pero jamás creí que fuera tan amable. Esta es la dirección- te dio un papel

-Está bien- dijiste –yo mañana iré a verlo, lo más seguro es que valla en la mañana

-Entonces la estaré esperando- te volvió a agradecer mientras salía de ahí, de inmediato comenzaste a buscar todo lo que llevarías junto a Calandra, ella iría contigo, necesitabas de una buena asistente, no se opuso.

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~ 2 ~

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-Shion- le llamaste cantarinamente en la cena, todos los caballeros guardaron silencio, los miraste –Cada que hacen eso me molestan ¿lo sabían?

-Cada vez que habla así sale con una locura que nos lleva entre las patas a nosotros- argumento Milo

-Ja, ja- dijiste sínicamente –como me estoy riendo, me muero de la risa. Volviendo al tema Shion, te aviso que mañana voy a salir temprano

-¿Se puede saber a dónde va?- te pregunto mientras volvía a comer

-A la Villa de Tricorito- comentaste mientras bebías el jugo de naranja –tengo que ir a ver a un paciente

-Está lejos- te comento -¿con quién va?

-Con Calandra- respondiste –me voy a ir temprano, ella me dijo que esta mas o menos a dos horas

-Así es- comento Dhoko –esta un poco retirado. ¿Por qué no viene esa persona a verla hasta aquí?

-Dice que la salud de su hija es muy delicada, no me afecta ir hasta allá para ver que tiene y si puedo ayudarla en algo

-¿A que hora se piensa ir?- te volvió a preguntar Shion

-Quede de verme con Calandra a las 8 en la clínica, de ahí nos vamos

-Shaka, Aioria y Aldebarán irán contigo y su amiga- ordeno

-¿Es broma verdad?- preguntaste de inmediato –Shion, no exageres, nos podemos cuidar solas

-No es sugerencia- te dijo

-Alde apenas tiene poco que se recupero- dijiste mientras saludabas a Aldebarán agitando tu mano, se encontraba un poco alejado de ti, él sonrió ante tu gesto –debe de guardar reposo absoluto y no andar como chiva descarriada

-Van a ir y punto, fin de la discusión

-Pero…

-Ya, tema cerrado- te dijo Shion

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Te colocaste el pantalón deportivo gris y una blusa de manga corta negra, dejaste tu cabello suelto, al fin y al cabo así lo estabas usando últimamente, pues había quedado demasiado corto para tu gusto, aun así tomaste una liga y te la pusiste en la muñeca, por si te daban ganas de hacerte una coleta. Bajaste rápidamente y cuando llegaste a la entrada del Santuario ahí se encontraba Aioria esperando por ti, solo faltaban dos de los guardianes.

-Buenos días Aioria- le saludaste mientras besabas su mejilla

-Buen día princesa- te regreso el gesto -¿lista?

-Siempre estoy lista- respondiste –solo falta Alde y el odioso de Shaka

-¿Es mi imaginación o está molesta con Shaka?- te pregunto –porque desde que regreso de su batalla con Poseidón apenas le dirige la palabra

-Digamos que discutí con él- respondiste –así que todavía ando más o menos enojada. Unas cosas que no le parecieron a él y otras que no me parecieron a mí, pero no importa mucho

-Ya veo- te dijo –por eso le respondió de esa manera cuando llego. Pobre de Shaka, lo que tiene que aguantar

-Lo que tengo que aguantar yo- respondiste mientras Leo reía –por cierto Aioria… hable con Marín- captaste la atención de tu compañero –me dijo que no le interesas

-¿Cómo? ¿Qué le dijo?- te pregunto alarmado

-Bueno, no me dijo eso exactamente. Me dijo que no está interesada en este momento en alguien y que a ti me veía solo como un amigo- respondiste –osease que te mando directo a la friedzone… yo que tu…- desviaste la mirada hacia Aioria, este se veía algo desconcertado, le palmeaste el hombro amigablemente –no te apures amigo, estoy contigo en tu pesar

-Solo un amigo, nada más que un amigo…- escuchaste que susurro

-Deja que tu diosa te ayude- le dijiste –solo confía en mi

-Solo como un amigo- volvió a susurrar

-Ay, ya no seas melodramático- le dijiste mientras le dabas un golpe en la espalda

-Buen día princesa- te saludo Aldebarán, a su lado se encontraba Shaka, los tres vestidos sencillamente de mezclilla y camisas manga corta

-Buenos días Alde, Shaka- saludaste a ambos –es hora de irnos

Salieron de ahí, aun seguías insistiendo a Aioria que lo ayudarías, tal vez no había sido una buena idea el soltarle el sentimiento del águila al pobre de tu amigo. Dejaste que se deprimiera solo y comenzaste a hablar con Aldebarán, Shaka paso casi todo el camino en silencio, digamos que no eras la única que aun estaba molesta. Aunque no ibas a obligarlo a que los siguiera, le ofreciste irse pero se negó, porque la orden la había dado Shion. Cuando llegaron a la clínica Calandra ya se encontraba esperándote, con todo lo que ibas a llevar.

-Vamos "-.-" tenemos que irnos a la de ya para que no nos dejen- te dijo mientras los guiaba a un lugar donde había unos puestos de verduras

-¿A dónde?- preguntaste

-Conseguí un transporte para llegar más rápido

-Pensé que iríamos caminando

-Si quieres llegar como hasta las 2 de la tarde- te respondió. Frente a ustedes se encontraba una sencilla camioneta de carga –el señor nos va a llevar hasta allá

-Bueno… nadie desprecia esas ayudas- dijiste mientras subías y agradecías al señor.

Se acomodaron en la parte trasera de la camioneta, tomaste asiento en una caja que parecía que llevaba algunas lechugas. Dejabas que el viento te acariciara, el paisaje era bonito, ademas el camino por el que iban pasaban muchas personas caminando algunas más llevaban sus burritos o caballos cargados con bolsas o leña. De vez en cuando la camioneta pasaba por un bache haciéndote saltar, platicabas con Calandra tratando de adivinar qué era lo que tendría aquella chica, mientras los Caballeros platicaban entre ellos.

Después de un poco más de media hora llegaron al famoso pueblito. Era un poco diferente a Rodorio, sobre todo porque había más personas en las afueras que en donde te quedabas a trabajar. Las personas de ahí se encontraban en sus propias actividades, te adelantaste unos pasos y comenzaste a mirar por todos lados, era realmente pintoresco. Acomodaste la ligera mochila que llevabas cruzada y abriste la bolsa para sacar tu celular y tomaste la foto de una fuente que se encontraba en medio de aquella placita. Lo guardaste y sacaste la hojita que te había dado aquel señor y trataste de buscar la dirección. Calandra iba a tu lado mirando las calles mientras que los Dorados iban detrás de ti, como siempre… llamando la atención de cuanta chica se topaban en el camino.

-Es aquí- dijiste mientras revisabas el numero de la casa con el escrito

-¿Segura?- te pregunto Aioria mientras veía aquella casa

-Si, no puedo estar equivocada- respondiste y le diste el papel a Calandra

-Debe de ser- respondió ella –no hay otra casa de color celeste y reja doradas, con alberca y todo incluido

-Pues si que viven bien- comento Aldebarán igual que los demás

-Cosas vacías, sin importancia alguna- se animo a comentar Shaka

-Bueno, nos acaban de recordar lo pobres que somos- comentaste mientras tocabas un intercomunicador, esperaste a que te respondieran

-Buenos días- te respondió una voz femenina -¿Qué se les ofrece?

-Soy la doctora "-.-" y vengo de la clínica que se encuentra en Rodorio. ¿Me podría decir si es aquí donde tengo que presentarme?

-Un momento por favor- esperaste un momento muy largo para tu gusto, aun seguías viendo la gran casa (si es que se podía llamar así a esa mansión) demasiado grande, a tu mente acudió aquel hombre que había ido por ti a pedirte que fueras, se veía muy bien vestido –Pase por favor, mis señores la esperan

La reja se abrió dejándolos pasar a ti, Calandra y el resto de los colados que habían ido porque a Shion no se le ocurrió otra cosa más que enviarlos como estorbos. El jardín era bonito, pero los que maneja Afrodita eran mucho mejor que esos, una pequeña fuentecilla para aves y algunos arbustos muy bien decorados. Apenas subieron las escaleras y la puerta de aquel sitio se abrió de par en par.

El interior de la casa era lujoso, el piso era de madera pulida y las paredes se encontraban revestidas de papel tapiz similar a la caoba. Muebles finos, candelabros y cuadros de uno que otro pintor que conocías.

-Doctora que bueno que vino- te saludo aquel hombre muy bien vestido a su lado se encontraba una mujer muy elegante –pensé por un momento que no iba a venir

-Es que me perdí- respondiste mientras estrechabas la mano de él y la mujer -¿su esposa?

-Así es- te dijo

-Un placer señora- respondiste sonriente –ella es Calandra, enfermera y mi asistente personal- la presentaste y ella realizo lo mismo que tu –ellos son practicantes, espero que no se moleste que los haya traído, de ser así pueden esperar afuera- dijiste rogando porque aquel hombre los echara de allí

-Claro que no, no hay ningún problema- te hablo sonriente el hombre

-Maldición- susurraste lo más bajo que pudiste –bueno, pasemos directo al problema… ¿en dónde está su hija?

-Sígame- te dijo

Subieron dos pisos para poder avanzar por un largo pasillo, esa casa por dentro era enorme, ya habías perdido la cuenta de cuantas habitaciones había dentro de aquella mansión. Se detuvieron en una puerta de fina madera, la mujer la abrió y se adentró junto con su esposo, después pasaste tú y calandra junto con los dorados. Esa habitación era aún más grande de la que tenías en el Santuario, prácticamente era tu casa que tenías en tu lugar natal. Tenía una sala personal de color rosado pálido, una gran armario, peluches al por mayor, en fin… el cuarto de una princesa, incluso su cama se encontraba adornada por un fino dosel blanco.

-¿Es ella?- preguntaste al momento de acercarte, colocaste la mano en su frente –Calandra, el termómetro- pediste y ella de inmediato te lo entrego, en ese momento amarraste tus cabellos con aquella liga

-Así es- te dijo el señor –se llama Edra, es mi única hija y tiene 6 años- te respondió mientras revisabas el pulso y los ojos, le indicabas a Calandra y ella escribía en la tabla todo lo que le decías

-Ya veo- dijiste mientras retirabas el termómetro, los Dorados se encontraban de pie en una esquina apoyados en la pared, observándote trabajar –tendré que hacerle unos análisis y hacer una prueba de sangre rápida

-¿Lanceta y lamina portaobjetos?- te pregunto Calandra, tu asentiste y ella te entrego la lanceta

-Voy a pinchar el dedo de ella para realizar la prueba- mientras lo hacías lo explicabas –ahora lo voy a aglutinar para saber a qué grupo pertenece

-¿Para que sirve eso doctora?- te pregunto la mujer

-Para muchas cosas, sobre todo para saber si llega a necesitar una transfusión de sangre o ver a que es alérgica… para muchas cosas- miraste el comportamiento de la sangre –o positivo- comentaste –que suerte, el mismo tipo al que pertenezco

-¿Y que tiene doctora?- te apresuro el hombre

-Permítame, apenas estoy comenzando- dijiste

Después de eso callaste y solo te dirigías a Calandra, la cual te apoyaba o te daba algunas ideas de lo que ella sabía. Los caballeros dorados no habían mencionada palabra alguna, solo se dedicaban a tomar lo que sea que les hubiera ofrecido mientras que ambos padres se encontraban sentados esperando a que terminaras de analizar a la chica, esta durante todo el escrutinio se mantuvo dormida, por ultimo tomaste una muestra de sangre y la guardaste dentro de tu maletín que llevaba Calandra.

-Termine señores- mencionaste mientras te desatabas el cabello

-¿Y como la ve doctora?- te pregunto la madre de la niña

-Puede ser alguna enfermedad cardiaca, pues sus pulsaciones son débiles o también puede haber otros problemas…

-¡Ay no! ¡mi hija se va a morir!- te interrumpió la madre

-Doctora por favor, no importa cuando se tenga que gastar- te dijo el padre –recete la medicina mas cara, use los tratamientos mas costosos, no importa que tenga que gastar toda mi fortuna, pero haga algo- puso sus manos sobre tus hombros y te comenzó a zarandear ligeramente

-Tranquilo señor- comentaste mientras retirabas sus manos de ti –por el momento le dejare algo para bajar la fiebre. Con las muestras que tome las revisare para dictaminar el diagnóstico correcto

-pero… ¿Qué haremos mientras?- te pregunto la mujer angustiada

-Debe de tener absoluto reposo. Calandra- llamaste a tu asistente mientras buscabas la medicina –anota el nombre y el teléfono de los señores

-Claro- te dijo –ya sea la doctora o yo nos estaremos comunicando con ustedes para ponernos de acuerdo

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~ 3 ~

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Salieron de ahí y caminaron hacia el sitio donde los habían dejado, Calandra de nuevo busco a una persona que los llevaran de regreso a Rodorio. El camino lo hicieron en absoluto silencio, estabas molesta por la forma en la que esos señores se habían comportado.

Te despediste de Calandra al igual que los Guardianes que te acompañaban, te adelantaste unos pasos, dejándolos ligeramente dos o tres pasos atrás.

-Señorita "-.-" ¿pasa algo?- te pregunto Aldebarán

-Princesa…. Señorita….- te llamaba Aioria -¿Por qué está molesta?

-¿Algo no le pareció en su estadía en Tricorito?- se animó a preguntar Shaka y te detuviste de un momento a otro -¿pasa algo?

-¿Pasa algo?- repetiste –claro que pasa algo- comentaste mientras volvías a retomar el camino -¿Qué le pasa a ese tipo de personas?

-¿A qué se refiere?- te pregunto Aldebarán mientras subían la veredita

-Los viste… todo lo que tienen

-¿Se refiere a las cosas materiales?- te pregunto Shaka

-Si- respondiste –pero no precisamente a eso, esta bien, perfectamente bien que el señor trabaje y tenga sus ahorros o en su caso que sea poseedor de esa enorme fortuna

-¿Entonces que te molesta Athena?- te pregunto el León Dorado

-Que piensan que con todo el dinero, con todas las riquezas que poseen se creen capaces de comprar una vida

-El dinero es necesario en este tipo de circunstancias- te dijo Aldebarán –hay veces que por falta de eso las personas no pueden salvarse

-Pero fue la forma en la que me hablaron- dijiste –esa forma como que diciendo "tengo dinero y puedo hacer todo lo que quiero"

Callaron el resto del camino, tenían razón, cada uno de ustedes en un punto clave, claro que sabias que el dinero no podía comprar una vida pero también sabias que eso podía ser la diferencia entre conseguir una medicina y la muerte de esta persona que no la pudo conseguir.

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Habían pasado ya un poco más de 15 días después de que habías ido a Tricorito, los resultados los habías enviado hacia tu ciudad natal, donde se poseía más tecnología y en donde podrían tener un resulto aún más exacto que el tuyo. Aun así Calandra se había estado comunicando para informar a la familia de la pequeña Edra, en algunas ocasiones tu asistente acudía a revisarla y dejarle otro tipo de medicamentos.

Saliste de ahí más temprano de lo que se supone que debías de salir. Últimamente habías estado cerrando la clínica a las 5 de la tarde pues para las 3 ya no había pacientes que atender, se te hacia algo extraño pero no le prestabas tanta atención. Tal vez el tiempo de verano hacia que las enfermedades cesaran o sabrán los dioses, pero no le habías dicho nada a Shion, para poder regresar sola, a veces necesitabas tu espacio personal. Durante el trayecto a casa pasaste a comprar unas galletas en la panadería y las dejaste en tu mochila, te diste cuenta de que dentro había otras personas que jamás las habías visto por allí.

-Pensé que conocía a todas las personas de aquí- te dijiste en susurro, pues al salir, cerca de la fuente había otras personas que se te habían quedado viendo. No le diste importancia, pues no poseían la habilidad de tener despierto su Cosmo, eso ya era algo que sentías muy fácilmente.

Comenzaste a subir las escaleras de Aries para seguir las de Tauro, ambos guardianes se encontraba realizando algunas tareas. Te detuviste en Géminis, gritaste para ver si alguien se encontraba ahí, Saga salió a recibirte. Te dio pase directo a la estancia privada de su templo. En lo que se podía decir que era la sala (pues había unos sillones ademas de un tapete rojo tendido en el suelo) se encontraba Kanon leyendo un libro, se puso de pie de inmediato y te saludo.

-El hecho que no conozca a esas personas no significa que sean sospechosos

-Pero Kanon…- dijiste mientras te acomodabas cómodamente en el tapete -¿Qué tal si quieren atacar Rodorio?

-¿Esta juntándose últimamente con Cáncer y Escorpión?- te pregunto Saga retirando la vista del libro que anteriormente leía su hermano

-Si- respondiste de inmediato -¿pero qué tiene que ver con esto?

-Que se le está pegando lo paranoico de esos dos- comento mientras volvía a leer

-Que grosero- respondiste ofendida mientras Kanon reía –pero yo pensaba que conocía a todos- insistías

-¿Por qué aún sigue molesta con Shaka?- te pregunto el gemelo menor

-¿Quién te dijo eso? ¿Por qué cambiamos de tema?

-Es un secreto a voces que se sabe en toda la orden dorada- intervino de nuevo Saga –todos saben que están disgustado el uno con el otro, teniendo en cuenta el temperamento de ambos, debió der ser una tontería

-¡Claro que no!- te quejaste –es que él…bueno…

Platicaste todo lo que había pasado, Kanon se reía de vez en cuando por tus exageraciones mientras que Saga solo suspiraba diciéndote una que otra vez que había sido una tontería. Explicaste todos tus motivos, pues querías dar a demostrar que habías tenido razón y que jamás le darían la razón al Santo de la Virgen.

Después de que te escucharon ambos se pusieron serios, sabias que ahora iban a darte un sermón peor que los que te daba Shion.

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Subiste los escalones del Templo de Virgo, habías tomado el camino largo. Después de la plática de los gemelos habías decido salir de ahí, al fin y al cabo esos se conocían desde pequeños, por eso se podían defender entre ellos. Tanto Saga como Kanon te habían dicho que todos los Caballeros se preocupaban por la integridad de Athena, pero entre ellos, los que más se desvivían por cuidar de la deidad era la Orden Dorada, sin contar que entre ellos y tu había nacido una bonita amistad, incluso Shaka te apreciaba, muy a su manera pero lo hacía, lo que había dicho era producto de que se preocupaba lo que te fuera a pasar.

Pero si era cierto lo que te decían, pues… Shaka tenía una forma muy extraña de demostrar que te apreciaba.

Pasaste el templo sin pena ni gloria, pisando tan fuerte que resoban en todo el lugar, sabias que a Shaka le gustaba la tranquilidad pero contigo ahí no la volvería a tener. Saliste de ahí y seguiste subiendo. Te detuviste a mitad del sendero que llevaba a Libra, desviaste la mirada hacia atrás, apenas habías avanzado un poco más de medio camino y media escalinata. Suspiraste y alborotaste tus cabellos con fuerza, diste un grito sordo de frustración y comenzaste a descender de nuevo. Siempre era mas fácil bajar las escaleras que subirlas y pronto estuviste de nuevo en el Sexto Templo. Te colocaste a unos pasos de la entrada que te llevaba a las estancias privadas del lugar. Llamaste a Shaka dos veces

-Buena noche princesa Athena- te saludo mientras hacia una reverencia a tu persona -¿se le ofrece algo?

-Bueno yo…- comentaste para armarte de valor, mientras que el caballero de ojos azules te observaba dudoso -¡Perdón! ¡Lo siento mucho!- gritaste mientras desviabas la mirada hacia la flor de loto que se encontraba en el Templo

-¿Por qué?- te pregunto al no saber a qué te referías -¿a qué se refiere?

-Por lo de la otra vez- le miraste y viste que aún seguía sin entender, te pasaste la mano por tus cabellos –ya sabes… la otra vez, antes de lo que… bueno ya sabes

-No me queda claro- te dijo, ahogaste un grito de frustración y comenzaste a dar unos saltos, caminaste de un lado a otro -¿Qué le pasa?

-A ver- dijiste mientras te colocabas delante de él –mira Shaka, la última vez que te vi, discutimos en tu cocina, con eso de que no se pelear y que tú eras un inepto y cosas así- Shaka no dijo nada y solo te observo –bueno, más que ofenderme y enojarme por esas cosas que dijiste, digamos que…. ¡ah!- gruñiste mientras volvías a alborotar tus cabellos –estaba frustrada- dejaste salir –enojada, asustada… con todo lo que estaba pasando…mira Shaka- dijiste mientras dejabas salir un suspiro –cuando vino Poseidón y me avente sin medir las consecuencias me di cuenta de que era muy fuerte, así que estaba asustada, después de eso… ver a Alde esa manera, todo golpeado pues sentí que mi nivel de estrés subió aún mas, no pude hacer nada como médico para ayudarle y pues la guerra contra el idiota estaba más cerca. Así que solo buscaba quien me la pagara, quería desahogar mi furia… lo siento, de verdad- comentaste

Después de eso llego un silencio, no tan incómodo pero si molesto para ti, pues Shaka no había dicho absolutamente nada, solo se quedó ahí de pie, mirándote sin decir nada. De nuevo sentías que ese lugar era inmensamente grande, comenzaste a golpear ligeramente la mochila con tus dedos. Recordaste las galletas que compraste, así que sin más la abriste y le entregaste la bolsita donde estaban.

-Toma- dijiste mientras él las tomaba –una ofrenda de paz… bueno… ya dije lo que iba a decir, así que ya me voy- comenzaste a caminar hacia el interior

-Lo siento Athena- te dijo, detuviste tu andar y regresaste a donde estabas

-Espérate, barajeamela más despacio- comentaste, el pobre no entendió lo que quisiste decir –la que metió la pata aquí fui yo, por eso me disculpo, no tienes… no puedes decir lo siento, porque yo soy la que lo siento

-Ese día- te comento mientras miraba las galletas, dejo salir un suspiro –ese día tuve mucho trabajo, ademas… había estado discutiendo con algunos aspirantes a Caballeros y con mis alumnos. Estaba demasiado cansado, ni meditar pude… luego llegaste… siempre has tenido un tono de voz agresivo, si no le gusta algo, si le están dando la contra responde muy hostil

-Yo no soy agresiva- te defendiste con la voz elevada, te diste cuenta y callaste –lo siento, no vuelvo a interrumpir

-Aproveche su forma de ser para desquitar mi ira, pero creo que no fue lo mejor

Ambos callaron, bueno, al menos sabias que no eras la única que había metido la pata. Tampoco era que le justificabas que se haya desquitado contigo, al final también lo habías hecho. Sus miradas se cruzaron y sonrieron en complicidad.

-Bueno- comentaste con mejor humor –ya arregladas las cosas, me retiro

-Con tan poco trabajo, no sé de qué se cansa- te dijo burlonamente

-Claro que tengo trabajo- respondiste pero te diste cuenta de que él sabía que estabas mintiendo –tú no has visto nada

-Aunque mueva las manos de esa forma no me va a hipnotizar- te dijo al ver que movías tus manos cerca de su rostro –si esa fue la forma en la que derroto a Poseidón, quiere decir que no sabia como pelear

-¿Qué me estas queriendo decir?- le preguntaste y se adentro a la parte privada, lo pensaste un poco y lo seguiste hasta la cocina, sirvió dos tazas de té

-Lo que entendiste

-Deja que te ilustre con mi pelea contra la sardina enlatada- comentaste mientras ambos se sentaban a platicar.

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Bueno chicas ¿Qué les pareció el capitulo de hoy? Espero que les haya gustado mucho. Ahora la respuesta a la adivinanza es: El elefante sale mojado XD…. Lo se, fue una adivinanza patética pero bueno… ahí les va otra mas: Puedo estar en todos los sitios, pero cuando me nombran se callan ¿Quién soy?