Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Advertencias de este capítulo:
-Lenguaje adulto y vulgar.
Gracias por adelantado por los reviews.
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Huracán, esa fuerza imparable y arrasadora de la naturaleza reflejaban como se sentía en ese momento mientras corría de un lugar a otro de la casa, invadida por los nervios y la inseguridad, lo cual no debería de ser posible porque el motivo de su creciente estado de alteración no debería estar al tener ya bastante práctica.
No era la primera, ni la última vez, que invitaba a Gaara a su casa. No obstante, también era verdad que su presencia la ponía así, no podía evitarlo, él tenía algo que siempre lograba provocarle tales sofocos en el cuerpo como si fuera la primera cita que tuvieron.
Cita que aún recordaba con infinito detalle, no fue la mejor del mundo, pero no la cambiaría por nada. A pesar de que no estuvieron mucho tiempo juntos porque tuvo la idea de ir en busca del restaurante, cuando aún no estaba terminado, fue maravillosa, era ilógico y no se lo había dicho todavía, pero la hizo vivir una noche gloriosa, en la bufanda estaba todo lo que él podía ofrecerle y que en ese momento se esmeraba tanto en cubrir con una gruesa capa de indiferencia y rudeza.
Sonrió con nostalgia, era increíble que un hombre que al principio parecía odiarla le hubiera dado la mejor salida en pareja jamás imaginada. Y que hubiera conseguido enamorarla sin mover un solo dedo, eso sí que era ya de mérito.
Pero era feliz, todo tan esplendido y perfecto que con eso bastaba toda extrañeza sobre cómo se hubiera llevado a cabo su relación. Mientras se sintieran ambos tal cual estaba ella de eufórica, todo valía.
Miró hacia todos lados cuando terminó de arreglar las flores de un jarrón en el salón, por tercera vez, no sabía que más hacer para tener la mente centrada en otra cosa que no fuera en el pelirrojo, porque mientras él estaba con ella era tan fácil actuar tan natural, tan libre. Solo cuando Gaara no estaba a su lado se volvía su cerebro caótico e incomprensible como estaba ahora.
Era indispensable en su vida, había entrado bizarro a su vida, pero se instaló en ella de una manera en la que ya no podría dejarlo ir.
Su alegría era tanta que necesitaba contárselo a alguien antes de que se atragantara a si misma con su propia felicidad, por lo normal se lo diría a Neji o a Tenten, más a ésta última porque hablar de su vida amorosa, y peor, sexual, con su primo no era lo más aconsejable, para quien fuera el paradero del chico del que hablaba, pero quitando eso de lado, no podía llamarlos con la libertad que antes tenía sin descubrir en el proceso su paradero a su padre, no sabía si estaban en casa cada uno, o en un sitio con Hiashi por allí. Y ahora más que nunca debía tener cuidado al conocer que su progenitor la estaba buscando.
No podía ser para nada bueno teniendo en cuenta que la última vez intentó matarla, no creía que quisiera verla para tener una amigable charla o tomar un té con pastas.
Si pensara eso sería una completa y absoluta estúpida, y no lo era. Por lo que, no iba a arriesgarse.
Aunque eso no iba a conseguir hacerle su alteración algo insignificante que sobrellevar, los nervios seguían intactos, necesitaba algo de toque femenino para aclarar sus dudas. Por un lado, quería llevar con calma su nueva relación, llevar las cosas bien, que fuera la definitiva, porque lo amaba, mas, por otro, seguía siendo una mujer con ciertas necesidades. Entendía que era muy precipitado acostarse el primer o segundo día tras dejar en claro los sentimientos que sentían uno por el otro, pero lo quería, lo deseaba en su cama y acariciándola como el aire en sus pulmones tras bucear unos segundos.
Cierto que era pronto para eso, la haría ver como una chica fácil y que fácilmente le abría las piernas a cualquiera, lo cual no era verdad, pero hacía tanto tiempo que no tenía ese tipo de contacto con un hombre, y él ya le confesó estar más que dispuesto a complacerla de ese modo si cambiaba de opinión, que la esperaría si eso era lo que quería sabiendo que el cualquier momento, cuando lo viera claro al fin correcto, la esperaría de brazos abiertos para hacerle sentir la mujer más saciada jamás conocida.
Jesús, ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado cuando el sexo estaba de por medio? La tentaba tanto, estuvo a punto de ir tras él cuando se marchó y decirle que regresara, que había cambiado de opinión y que ansiaba que la hiciera suya en la misma entrada.
Tal cual soñó no hace mucho, dejando su cuerpo con una apetencia que sabía a la perfección que era, insatisfacción sexual. No se podía decir más claro, estaba excitada y no tenía quien llenara su interior y calmara su ardor, no tenía al Sabaku para aliviar la agitación de su vientre que él mismo, desconociéndolo, generaba en ella.
De verdad que necesitaba hablarlo con alguien, o le estallaría la cabeza como explota una sandía con petardos.
Se apontocó en el respaldo del sofá y suspiró mientras se cubría la cara con las manos, viendo que estas le temblaban. Quería llorar y reírse al mismo tiempo porque estaba pérdida en cuanto a lo que quería en realidad. Si no buscaba tener una relación sexual por el momento, ¿por qué se había puesto entonces ese vestido que tan recelosamente guardaba en su armario por ser tan ceñido a su cuerpo?
-Por Dios, incluso llevo medias de encaje con liga y mi mejor conjunto de lencería-. Pensó con bochorno, si no buscara nada íntimo con Gaara, mal camino estaba tomando.
Estuvo a punto de chillar frustrada y tirarse del cabello cuando dio un pequeño saltito al sentir una lengua húmeda lamer su tobillo izquierdo. Su mirada se topó con los grandes ojos de Cotton observarla desde el suelo.
El pobre animal llevaba toda la tarde siguiéndola de un lado a otro de la casa y gimoteando al notar su alterado estado de emociones cuando caminaba de una habitación a otra preparando las cosas para la cena. Pobre, no se percató en lo mal que lo estaba pasando por ella y sus dudas.
Se agachó para tomarlo en sus brazos y rozar con su nariz la suya de forma cariñosa, rascándole detrás de las orejas de manera calmante, como sabía que le gustaba, para animarle al ver sus orejas y cola caídas.
-Mi tesoro, lo siento, no te pongas triste-. Sonrió con amor al ver como frotaba su cabeza una y otra vez contra su cuello en una actitud bastante gatuna para un canino-. Mamá está bien.
Continuó rascando su pequeña coronilla hasta que una dispar llamada al fijo de casa la hizo extrañar, alzando una ceja con escepticismo y acercándose al teléfono con su mascota aún en sus brazos se puso a pensar en lo peor, ¿Y si era Gaara diciéndole que al final no podía ir? En parte se sentiría aliviada porque seguía algo inconforme con la idea de que él saliera con el tiempo que hacía, de lo peligroso que era estar afuera. Sin embargó, reconocía que se sentiría tan apenada y decepcionada por no verlo esa noche que se le oprimía el corazón.
Respiró hondo y descolgó el teléfono, rezando con todas sus fuerzas para que no fuera él quien estuviera al otro lado de la línea.
-¿Ho-hola?- Maldijo su tartamudeo repentino porque demostraba lo insegura que se encontraba.
-"¿Hinata? Soy Ino"-. No sabía el peso que tenía sobre los hombros hasta que escuchó a su jefa, incluso se dio cuenta de que estuvo reteniendo el aliento cuando al soltarlo, su pecho dolió.
-Buenas noches, ¿pasa algo malo, es por el restaurante? – Después de todo no se le ocurría otro motivo por el llamado telefónico, tal vez quisiera que regresara mañana a trabajar.
-"No, no, solo llamaba para preguntar como estas, me tenías preocupada desde que te dije que fueras a casa, ¿te encuentras mejor?"-. No tenía queja con Yamanaka, era una persona maravillosa, como dirigente del local y como ella misma se autoproclamó, una amiga.
Tal vez pudiera hablar con ella sobre sus crecientes dudas referentes a Gaara y el sexo que quería y no quería, en desiguales partes tenía que confesar, tener con él, no encontraba a nadie más con quien hablarlo, ni tampoco un mejor momento.
La llamó en el mejor momento posible, porque Ino estaba a las puertas de solucionarle todos los problemas consigo misma referente a avances de relación en el ámbito íntimo que estaban por producirle un desmayo o una ulcera por tanta preocupación.
-Estoy mejor, la verdad es que necesitaba esto para despejarme, no sabes cuánto te lo agradezco-. No tenía palabras suficientes para darle las gracias por lo que hizo por ella-. De verdad, gracias.
-"Hina, ¿puedo llamarte así? Como ya te dije la otra noche, y en anteriores, no quiero que me veas como tu superior, si no como amiga."
Y como tal le urgía que le echara una mano, bien grande ¡O se volvería loca!
-Por eso necesito tu ayuda -. Rascó la cabeza blanca de Cotton para buscar algo ajeno a la conversación que la relajara-. Estoy perdida.
-"Suéltalo, intentaré ayudarte, después de todo con semejante temporal no hay clientes y me aburro en casa."- No supo si reír ante eso o dejarlo pasar para centrarse en lo importante.
-Ve-veras- Su tartamudeo la enfadó un poco porque la presentaban como más alterada de lo que estaba-. No sé qué hacer con Gaara.
-"¿Tu novio?"- Quiso bromear con picardía y diversión como era habitual, pero no se imaginó que no saldría como Hinata siempre le respondía
-Sí, me va a estallar la cabeza.
Un segundo de silencio, luego dos, y tres, hasta que le parecieron interminable e incomodos ante la nula respuesta y reacción de Ino al otro lado, ¿tan extraño era que fuera en realidad la novia de Gaara? No lo veía para tanto.
-"¡¿Qué?! No me lo creo, cuéntamelo todo"-. Su voz sonaba entusiasta, como si estuvieran diciéndole lo mejor que hubiera escuchado en muchísimo tiempo. Como si presenciara en persona una entrevista del corazón de un gran famoso.
-P-por favor, en otra ocasión te lo diré con detalles, pero ahora necesito tu ayuda.
Su alterada respiración le hizo caer en la gravedad que necesitaba ser solucionada, por lo que respirando con calma, le pidió disculpas y le dio vía libre para que formulara la duda que tuviera carcomiéndole todas las neuronas de su cerebro.
Con un intenso rubor en las mejillas al sentir su rostro arder, lamió sus labios repentinamente secos y se apoyó en la pared con el cachorro en sus brazos, adormecido por sus mismos, buscando sostener su cuerpo tenso.
-Qui-quiero- Tomó aire, intentando normalizar sus palpitaciones aceleradas- hacer el amor con él.
-"Pues hazlo"-. Señaló con total naturalidad, como si no fuera nada preocupante.
-¡Pe-pero acabamos de empezar!- Gritó con pánico, asustando al adormecido lobito con su voz alta.
Era como una brújula imantada, no era capaz de detenerse en un punto fijo. Era un desastre en cuanto a lo que quería.
-"¿Y? ¿Lo quieres? No hace falta que respondas, sé que sí, y él también, créeme si sé que es capaz de besar el suelo que pisas"-. Se rió de sus propias palabras porque sabía que era una soberana evidencia-. "Así que adelante, yo no me lo pensaría. Y si piensas discrepar permíteme decirte que el sexo es de lo más natural en una persona, Gaara no va a pensar nada malo de ti, ¿tú lo piensas de él al querer hacerte el amor?"
-No-. Tenía que admitirlo, no pensaba mal de él, al contrario, encontraba extraordinario que un hombre de su calibre, de su porte sintiera semejante interés en una mujer como ella. El ansia que percibía cuando la miraba era superior a lo que otros hombres la habrían mirado alguna vez, ni juntando las miradas de deseo de sus ex lograban superarlo-. Me siento alagada.
-"Pues ya lo sabes, deja que te empotre hasta que no puedas caminar".- No fue una sugerencia, se lo ordenó sin miramiento alguno.
-¡I-ino, no lo digas de esa manera!- Chilló de manera aguda, de forma embarazosa por la crudeza de sus palabras.
Santo cielo, ¿tenía que ser tan cruda diciendo ese tipo de cosas tan a la ligera? Por Dios, sus rodillas temblaron y cayó sentada, con un golpecito sordo, al suelo. Sentía el rubor llegarla a las orejas y al cuello.
Estaba segura que su rostro seria digno de foto, la imagen explicita de la vergüenza jamás inmortalizada. Cerró con fuerza los ojos y llevó una de sus manos a su mejilla derecha, encontrándola ardiendo.
-"Tú deja de ser mojigata o te aseguro que cuando Gaara empiece contigo te vas a desmayar nada más te quite la primera prenda"-. Si Hinata supiera lo intensos que eran los machos cuando se acostaban con su pareja, colapsaría en menos de un chasquido de dedos. Más le valía tener la mente abierta a recibir el mayor placer jamás obtenido de su vida humana, porque el Sabaku jamás le haría el amor como un ser terrenal, le haría el amor como un noctambulo.
Tocaría las mismas estrellas del cielo con las manos cuando el pelirrojo terminara con ella, lo sabía, porque ya conocía en carne propia el placer que un macho proporcionaba. Hinata olvidaría todo lo que creía conocer sobre el sexo, ya quería ver su cara cuando la viera de nuevo en el trabajo y le preguntara como le fue su experiencia con alguien que era capaz de igualar a Eros*.
Se reiría durante días, de eso no quedaba ninguna duda al respecto, si su carácter era tan tímido y reservado como demostraba a la gente, le sacaría tonos de rojo nunca imaginados.
-¿Entonces no es precipitado?- Seguía estando algo desconfiada, no todas las parejas se acuestan al segundo día siendo pareja.
-"Para un hombre como Gaara, no, lo encontrará normal"-. Decía todo aquello sabiendo las costumbres y creencias que los regían y diferenciaban de ellos-. "Así que, respira hondo, cálmate, y déjate llevar."
Abrazó a su mascota a su pecho en un agarra que no fuera doloroso para la pequeña criatura pero que la ayudara a encontrar paz al sentir la sedosidad del pelaje albino en su cuello, apretando con incomodidad sus muslos por la creciente idea de lo que podría pasar esa noche. Oró para no desvanecerse y que Gaara la tuviera que esperar fuera de su casa porque estaba inconsciente.
Volvió a lamer sus labios, sin saber cuántas veces los mojó ya, y se dispuso a despedirse al tiempo que notaba una palpitación en la cabeza. Lo dicho, iba a darle algo.
-Gracias, te debo una-. Y un favor colosal, no creía que llegaba a comprender la ayuda que le brindó-. Nos vemos dentro de dos noches.
-"No hay que agradecer nada"-. Su risa pillina al otro lado del teléfono le desconcertó, más lo que dijo solo hizo aumentar su modestia-. "Un consejo, mordisquéale el cuello, a los hombres como él les gusta, ¡Hasta luego!"
No pudo ni despedirse de ella cuando escuchó el pitido de la llamada cortada por el auricular, no supo si reírse o ponerse seria por ese comentario final de su más que extraña conversación, no sabía si fue cosa suya, pero cuando dijo a los hombres como él, le pareció que utilizó algo de énfasis.
Negó con la cabeza, debía ser delirio suyo, si, tantas vueltas le habían dado a la cabeza sobre esto que ya imaginaba cosas. Colgó el teléfono y se puso en pie no sin antes besar la cabecita de Cotton y dejarlo en el suelo.
Miró el reloj sobre una mesa cercana al sofá y vió que apenas quedaban quince minutos para las ocho, la hora que el Sabaku dijo que haría a su casa. Se fue directa a la cocina pero detuvo sus pasos en mitad del umbral, ¿comer en el salón, la cocina o el comedor? No quedaba nada para que el pelirrojo llegara, le preguntaría donde quería que comieran, donde lo prefería. Lo que si sacó fueron los platos y cubiertos que necesitarían para la cena, y poco más porque el timbre de su puerta sonó dos veces seguidas.
-¡V-voy!- Por los ladridos y los gruñidos de su lobito frente a la puerta no tuvo dudas sobre quien era, solo una persona alteraba de tal manera al animal. Se miró al espejo del recibidor, alisando las inexistentes arrugas del vestido y peinando con sus manos su ya perfecto cabello para abrir la puerta-. Buenas noches, Gaa…
Fue silenciada con sus labios sobre los suyos en el mismo instante que la puerta dejó una apertura que le dio oportunidad de abalanzarse, sintiendo la urgencia al notar su lengua lamiendo su labio inferior y clamando por entrar. No lo dudó, abrió su boca y envolvió los brazos alrededor de su cuello, enredando sus finos dedos en el pelo húmedo de su nuca. Suspirando cuando sus recios brazos la abrazaron por la cintura, acercándola a él, y por como su cabeza se movía hacia el lado, profundizando el beso.
Tan envuelta estaba en las sensaciones que ese simple contacto con el pelirrojo le proporcionaba, que no sentía nada a su alrededor, ni la fresca brisa que traía consigo la lluvia, ni el sonido de las gotas caer sobre los charcos. Nada, todos sus sentidos estaban en Gaara, sus labios, y sus manos acariciando sus caderas en con quietud en circulares movimientos.
Se separó despacio de su boca, besuqueando un camino desde su barbilla a su cuello, haciéndola sonreír. Detuvo sus acciones al tomar ambos lados de su cara para que la mirara a los ojos.
-Hola-. Le echó el pelo para atrás con una dulce sonrisa, peinándolo con suavidad con sus dedos al tenerlo un poco mojado por la lluvia que caía afuera-. Estas empapado.
-No importa-. Le respondió con pasmosa tranquilidad, disfrutando de sus atenciones. Se quedaría así toda la noche, con sus manos en su cuero cabelludo si no hiciera frío para ella al estar en mitad de la puerta con la corriente dándole de lleno y en constante roce con su gabardina mojada-. Te he traído algo.
La soltó a regañadientes y tomó la botella de vino que había dejado sobre un sobresaliente de la entrada y un ramo de flores de narcisos blancos y tulipanes rojos. Empujándola a la vez dentro de la casa, en el refugio que eran las paredes del cambio de temperatura de afuera.
Supo que las flores le gustaron cuando sus ojos se abrieron con emoción al tenderle el ramo, eso, y el pequeño piquito antes de olerlas e ir a la cocina en busca de un jarrón para ponerlas.
-Gracias, son preciosas-. Dijo mientras las ponía en el que fue el jarrón que utilizó para la habitación que utilizó su primo, que luego pondría en la suya por supuesto.
Sin pasar por alto el diminuto rubor de sus mejillas e iris amatistas brillantes cada vez que miraba cada pétalo al azar del ramo. No recordaba tampoco la última vez que recibió un regalo de flores, bueno si, su tío Hizashi por graduarse en Bachillerato ahora que su mente le evocaba esa memoria.
-Según el florista, esa combinación de flores y colores simbolizaba el amor puro y eterno.
Esa simple indicación, dicha con tanta inocencia le produjo un vuelco en el pecho, era una frase tan dulce, salida de él, con ese aspecto tan imperturbable y misterioso, que era imposible no querer reír como una completa boba enamorada.
-Un bonito significado-. Sonrió hacía el con rebosante afecto, colocándose un lado del pelo tras la oreja. Recordado la pregunta que iba a hacerle cuando llegara-. ¿Dónde quieres que cenemos, cocina, salón o el comedor?- Preguntó poniéndose un guante de cocina para sacar la lasaña del horno, virando el cuerpo ante su nula respuesta-. ¿Ga-gaara?
Tomó su mano, quitándole el guante antes auto puesto y posándola en su pectoral izquierdo, donde entrelazó sus dedos con los de ella y sintiendo el fuerte palpitar en su palma. Dejándola con el aliento contenido ante el ardor de su mirada al contemplarla.
-Lo que significan las flores…- Dejó el resto de la frase en el aire, no era necesario terminarla, todo él decía todo.
Dios, se sentía como una autentica y pura colegiala, con ese hormigueo en el estómago cuando dio su primer beso en su primer año de instituto.
-L-lo sé, puedo leerlo en ti-. Él bajó la cabeza con la intención de robarle un, conociéndolo poco, largo besuqueo que haría sus piernas temblar. Puso un dedo entre ambos para detener su avance, causando que gruñera. Si lo dejaba continuar no terminarían nunca-. Si me besas no cenaremos.
Eso ya lo sabía sin necesidad de que lo dijera en voz alta, si la besaba las cosas se irían para otro rumbo, de un simple contacto de labios, nacería un abrazo, de ese toque una caricia que generaría un largo gemido en ella y un profundo deseo en él, y cuando la escuchara suspirar su nombre su cabeza se desconectaría de todo salvo de Hinata y perdería el control.
Tampoco es que ayudara mucho ese vestido turquesa que llevaba puesto y que tan bien se amoldaba a sus curvas, se aferraba tan bien a sus senos y trasero que casi parecían gritarle que los estrujara con las manos. No sabía lo que daría por lamer lo que cubría el encaje negro sobre su escote y torneados muslos.
Si lo que buscaba era volverlo loco, iba bien encaminada. Tenía suerte de que anoche hubiera bebido sangre o ya la estaría mordiendo y follando al mismo tiempo.
Rechinó los dientes al sentir su pantalón apretarle por la entrepierna cuando segundos antes estaba tan bien.
-¿Importa eso?-. Bajó sus oscurecidos parpados y suspiró rendido al saber que no conseguiría hacerla cambiar de opinión. Por el momento-. En cuanto a la pregunta, el salón.
-Pon el mantel sobre la mesa de cristal y pon el televisor si quieres, yo iré echando la comida y la bebida.
No necesitó que se lo dijera dos veces, asió el cubre mesas de sobre la encimera y con, baguette bajo el brazo y un par de servilletas, los colocó debidamente en la mesa que ella le indicó. Entre el sofá y la chimenea escasamente encendida, perfecto para ver la televisión comiendo o disfrutar de la lluvia que caía a través de la protección de la ventana.
Iba a darse la vuelta para ir con ella de nuevo, sabiendo que no era necesario porque de los platos se encargaba Hinata como ya le dejó en claro, cuando vio un pequeño guarda cds en plástico azul y lima cuyo título lo atrapó.
Momentos inolvidables.
¿Serían recuerdos de su vida antes de conocerla? Porque si así era, quería verlos todos, deseaba saber todo lo posible de la Hyûga ahora que le pertenecía, recuerdos de su vida, instantes para conocerla mejor y que le había hecho ser como era ahora. Perfecta.
Le dijo que si quería poner la tele tenia vía libre para hacerlo, y eso iba a hacer al ver sobre la repisa de la chimenea el cándido dvd, incitándole para ser usado.
-¿Q-qué haces?- Quiso saber mientras colocaba los humeantes platos, tampoco haba que ser muy listo para saber que el suyo era el que estaba hasta arriba de lasaña. Le ocasionó una pequeña e imperceptible sonrisa, su hembra ya sabía que comía mucho.
-Dijiste que podía ver la tele y eso hago-. Puso el primero que se veía tras abrir la cajita y se sentó a su lado, haciéndola chillar con descuido cuando la tomó de las caderas y la acercó a su cuerpo sin esfuerzo- ¿De qué son los videos?- Sacó la botella de vino tinto que él trajo de su personal colección en su pequeño piso en la fortaleza-. Pásame tu copa.
-No lo sé,- Dio un pequeño brinco cuando el corcho saltó por los aires seguido de ese sonido parecido al de un disparo, aunque pronto paso cuando él, en una adorable disculpa silenciosa por el susto, besó su sien y le sirvió la copa ya llena- recordé que tenía esa ceja guardada en el sótano cuando me la trajo mi primo, cuando la abrí una de las cosas dentro eran esos videos, no los he visto aún.
-Lo sabrás ahora-. Tragó el primer bocado, saboreando la suave bechamel y el queso fundido mezclarse con la carne encebollada y el tomate. Le encantaría tomar ese plato y restregárselo a los cocineros de la fortificación para que supieran que eso si que era autentica comida y no la bazofia que ellos cocinaban con el dinero que pagaban los allí residentes para poder comer-. Está muy bueno.
-Gracias, me alegra que te guste.
No sabía que encontraría en los videos, así que cuan sorpresa cuando reconoció el suelo de su antiguo cuarto en la mansión y como se alzaba la imagen y enfocaba una pequeña cunita de blancos volante de encaje. Dentro de la cuna, estaba ella, dormida y abrazada tiernamente a un peluche que hacía más bulto que ella. No tendría apenas un mes en dicho tiempo.
Miró por el rabillo del ojo a Gaara, encontrándolo tan calmado e imperturbable como siempre, aunque, con un pequeño deje enternecedor en la mirada cuando la mano femenina que sería su madre, le punteaba la regordeta mejilla para despertarla en el video. Esperaba que no la encontrara ridícula y una pérdida de tiempo, pero, intuyendo su carácter, si lo fuera se lo diría sin tapujos.
Fue una delicia, en toda regla, el poder observar todos y cada uno de esos momentos a través de la pantalla, si tuviera que describirlo con una sola palabra, seria cautivador. No es que le tuviera especial afán a los niños, es más, ellos solían salir corriendo cuando lo veían por su personalidad y su porte peligroso, cosa que no era su intención añadía para dejar claro las cosas, más, Hinata de bebé, balbuceando cuando estaban saliéndole los dientes, aprendiendo a gatear, o cada fase de un niño en su crecimiento era encantador.
Apenas hablaron en la comida, los dos eran personas que veían el silencio como algo relajante y no necesario ni incomodo en una relación, salvo pedir rellenar la copa o el plato viniendo de él, alguna que otra pregunta también de Gaara para saber quiénes eran los que salían junto a ella. Y, por supuesto, los arrumacos entre bocado y bocado como robarle un beso o acariciar su cuello con su nariz y labios.
No era en persona pero por lo menos ya sabía quiénes eran su tío Hizashi, su primo Neji y la tal Tenten, la novia de este, según le dijo con todo corazón, las personas más importantes e influyentes en su vida.
Lo que esperaba con fervor, rezando incluso, es que no se hubiera dado cuenta de la ausencia de su madre a partir de su vida desde sus dos años, cuando desapareció de sin dar señales de vida ni dar una razón de su marcha. No tampoco la falta total de su padre en cada disco por ahora visto en la televisión. Hablar de su padre era todavía demasiado duro para ella, menos para contárselo al Sabaku, con quien apenas estaba enlazando su vida.
Era demasiado pronto para revelarle ese oscuro detalle de su vida, no quería que sintiera lastima por ella como sabía que tendría la gente con algo de conciencia y corazón, ni que por saber eso decidiera dejarla por tener demasiados problemas a su espalda.
Lo quería demasiado para el escaso tiempo que estaban juntos.
Imploraba para que no preguntara el paradero de sus progenitores, sin saber, para mala suerte de ella, que sí se había dado cuenta de ese detalle pero que por el momento no iba a cuestionar. No mientras quedaran cds que ver, cuando terminarán, todas esas dudas la soltaría.
Entrecerró los ojos mientras apretaba la quijada al masticar al ver a un chico al lado de una Hinata de sobre unos catorce años, abrazándola, dándoles la espalda a la cámara que los grababa en un día de campo sin ellos percatarse de nada.
-¿Quién es ese?- Su voz salió más tensa y autoritaria de lo debido, pero la situación lo ameritaba, ese asqueroso mocoso la estaba besando, sabia más que de sobra que en ese tiempo él no sabía de ella ni Hinata de él, pero joder, era suya. A ningún hombre le gustaba ver a su mujer besándose y en actitud cariñosa con otro, ni aunque fuera un video del pasado y ese novio suyo fuera historia.
No quitaba el hecho de que estaba presenciando un beso de otro hombre a su chica, el hombre que dijera que eso le daba igual era un pútrida mentira, es como si le estuvieran retorciendo los intestinos con unos guantes de afiladas tachuelas.
Insoportable.
Todo volvía a ponerse rojo ante sus ojos, las ganas de ver ese líquido por su dedos aumentaba, la sangre de ese capullo.
-Fue mi primer novio, no es relevante-. Pudo percibir el cambio drástico en su humor al decirle aquello, lo que mitigó, una nimiedad, sus ganas de pegarle a alguien, en concreto a ese bastardo.
¿El primero? ¿Estaba diciendo que otros hombres habían tenido el privilegio de llamarla suya? Lo volvía del revés el pensamiento de que otro la había besado antes que él, que otro podría haberla tocado como deseaba hacerlo, de sentir su piel sedosa y sus húmedos pliegues abrazarlo. Santa mierda, no le gusta saber que otro había tomado a su mujer antes que él, porque no era idiota para no saber que ya había sido tomada. Vamos, ¿Quién pasaría por alto semejante mujer como ella? Ya era estúpido quien no se diera cuenta de la valiosísima joya que era Hinata.
Luego estaba por otro lado la voz despectiva con la que dijo que no importaba nada su ex, era inequívoco que la había dañado profundamente, no le habían hecho nada a él pero lo comprobaba en su aroma corporal y actitud. Su piel exudaba una sensación de frialdad nada propia en su candor habitual.
Otro indeseable hijo de la gran puta que añadir a la lista de personas que castigar por herir de alguna manera a su mujer. No había crimen sin su castigo debido y correspondiente.
-¿Qué te apetece de postre? Hice tiramisú y tarta de queso con mermelada de moras-. Preguntó sin más interrumpiendo sus pensamientos mientras recogía los platos sucios para llevárselos a la cocina y ver si ya llenaba de una vez el lavaplatos, siendo seguida por el Sabaku, que traía como ayuda la botella de vino casi vacía y los vasos en mano.
Dejaría para otro momento esa conversación inconclusa que ella había, estaba seguro, previsto que tendrían y que no llegó a preguntar sobre su ex y su historia. También querría que le confirmara si hubo alguno otro más y porqué veía tanto dolor y cierto rencor en sus siempre alegres y amables ojos cuando le preguntó quién era ese joven de ese video.
Ahora le tocaba contestar a su cuestión, ¿quería saber que deseaba para finalizar la cena? Bien, se lo diría, después de todo que se lo dijera no le estaba forzando a algo que prometió. Esperaría por ella si la Hyûga a si lo deseaba, pese a que daría la vida por hacerlo.
-Lo que quiero de postre no está en el menú-. Respondió con pasmosa calma mientras dejaba los recipientes en el lavavajillas para que ella lo pusiera luego de tomar un dulce para quedar finalizada la cena.
-Oh-. Dio un par de parpadeos, con perplejidad. Tal vez en la nevera tuviera algo con lo que improvisar que le apeteciera más- ¿Y qué te apetece?
Se acercó a ella con un andar hipnotizante, nunca ver caminar a un hombre le parecía tan sensual, todo en el rezumaba licenciosidad, incluso si era un acto tan simple y natural como el caminar en línea recta. Tomó su quijada cuando estuvo a dos palmos separado de su cuerpo, alzándole la cabeza con delicadeza y besando de forma inesperada sus labios, lamiendo el inferior lento y agonizante, pasando su lengua cuando concluyo sobre los propios, relamiéndose a sí mismo con hambre reflejada en sus pozos aguamarina.
No podía tragar, a pesar de haber sido besada de esa manera tan húmeda y delirante, volviendo su cabeza pura gelatina, sentía de igual forma la garganta seca, como si estuviera todo un día de pleno verano sin probar una sola gota.
Le quedó bien claro que es lo que quería comer de postre, y más sencillo todavía lo que iba a calmar su creciente sed.
A la porra lo recatado, era una mujer y tenía necesidades que él despertaba y debía, por tanto, apaciguar. No quería darle más vueltas a la cabeza sobre algo que deseaba por muy mal visto que estuviera, y que solo conseguían darle un tremendo dolor de cabeza.
Si iba a cambiar su vida como tenía previsto hacer al huir, también desecharía ciertas partes de su actitud, y una de ellas era pensar tanto las cosas y hacer caso de sus propios deseos. Y lo que ansiaba era a él.
Tenía que disfrutar del momento, de los instantes que al estar con él le regalaba a su memoria, del presente, de lo que Gaara Sabaku podía ofrecerle.
Sostuvo su mirada unos segundos, casi podía leer ese grito desesperado que imploraba atención y entrega, antes de tomar ambos lados de su rostro y capturar su boca con prisa, envolviendo con la misma urgencia sus brazos alrededor de su cuello y despeinando su pelo escarlata, completando el pelirrojo tal arrebato alzándola del suelo y envolviendo sus largas piernas alrededor de sus caderas, presionándola contra la pared mientras se intentaban devorar de manera mutua y frotándose en ella, haciéndola sentir ese estado de ánimo despierto y agitado que no lo abandonó desde que la vio abrirle la puerta con despampanante imagen.
Puro instinto los invadió, cualquier raciocinio en sus cabezas se esfumó como el humo de un cigarrillo en el aire cuando Hinata sintió su dureza clavarse en su vientre con vehemencia y Gaara su glorioso gemido de deleite ante la fricción que ejercía para aliviarse.
El arrebato, el beso goloso que compartían, se intensificó a la par que las caricias impacientes mientras un trueno partía el cielo de la noche y el silencio en la ciudad por la lluvia que caía con fuerza.
Todo salvo ellos y su pasión perdió importancia.
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*Eros: Dios de la mitología griega responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo. Hola a todo el mundo queridos lectores y, aunque sea tarde decirlo, ¡Feliz año nuevo! Este es el primer capítulo de este año y espero que lo hayáis leído con la misma ilusión con la que yo lo he escrito. Espero contar este 2016 con todo el mismo apoyo que me habéis brindado el año pasado, no sabéis los ánimos que me dais cada vez que leo lo que pensáis de cada publicación que subo, ¡Sois mi aliciente a seguir!
Conseguí acabarlo antes de tiempo, una semana antes para ser precisa, quería tener la semana de mi cumpleaños libre para no tener pendiente la publicación, y lo logré (mi cumple es el 22 de enero por si os interesa saberlo xD)
Recomiendo leer el siguiente capítulo con una buena ración de palomitas y refresco, una bebida grande porque si escribo bien lo que toca, os dará bastante sed… creo que ya estoy dando una gran pista de lo que se avecina.
Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:
-Hitomi Ishida: Lo sé, no fue lo largo que yo quisiera, pero lo que tocaba en el capítulo no daba para más, además, intento publicar uno al mes, ya tenía que subirlo por vosotras y por mí.
Y sobre tu pregunta, sería muy largo respondértela por aquí, para publicar el primordial que tengas una cuenta en fanfiction, cuando la tengas, mándame un PM y te lo responderé detalladamente por ahí, así no ocupa demasiado espacio la contestación a tu review.
Gracias por el review.
-GaaraC: Lo intento, créeme que lo hago, pero tampoco puedo usar terminaciones que ni yo misma sé que significan hasta que busco en páginas de sinónimos para no repetir palabras. Pero me seguiré esforzando, quiero seguir madurando como escritora, así que, agradezco tu observación y el hecho de que me lo hayas dicho para que mejore.
Gracias por el review.
-Gaahinaforever: Piensa que si a ti no te gusta que te metan prisas, a mí tampoco, no me quiero poner de malas, pero odio que me insistan, y mucho menos cuando he explicado muchas veces porque no tengo tiempo. Perdona que me ponga así, pero me cayó muy mal que me metiera bulla.
Por mucho que Kankuro esté enfadado, traicionar a su hermano no es propio de él, ten en cuenta que intento mantener las personalidades de todos lo más intactas posibles, y Kankuro es muy leal a Gaara en el manga anime. Conmigo no se pueden sacar ideas precipitadas, luego no es nada de lo pensado.
Feliz año nuevo a ti también, a pesar de que ya estamos a este día del nuevo año.
Gracias por el review.
-Dolunay: Por supuesto, no escribo solo por i, también por vosotros los lectores.
Gracias por el review.
-Hera Swadow: Yo también estoy como loca tras Gaara, no eres la única, ¡Nunca! Jamás empiezo un fic si no sé qué voy a acabarlo, he sufrido lo que es leer una historia y que sea abandonada, no quiero hacer pasar por ello.
Yo también o espero, me gustaría acabar este fic este año.
Gracias por el review.
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.
Publicado el 18 de enero de 2016.
