Gomenasai, estoy aburrida, empezamos.


Capítulo 36: La fiesta.

Todos se bajaron de la limosina, llegaron hasta la entrada de la mansión y se encontraron con la señora Kate, "la que cumplía aniversario de bodas".

-¡Kei! ¡Marianne! ¡Viejos amigos! –habló la señora muy emocionada.

-¡Kate! –la saludó Marianne.

-¡Kate! ¡Cuánto tiempo sin verte! –dijo también Kei.

-Sí…está más arrugada que nunca –murmuró la castaña para que la señora Kate no la escuchara.

El tío Kei le dio un pequeño codazo a Cymbeline.

-Oh Kate, de seguro ya no haz de recordar Cymbeline –comentó el hombre.

-¿Cymbeline? ¿No me digas que eres Cymbeline? Ah pero miren que hermosura de niña –contestó la señora Kate agarrándole las mejillas a la castaña.

-Sí, es un placer verla de nuevo –contestó la oji-verde forzadamente entregándole un pequeño regalo.

-Oh muchas gracias no tenían por qué molestarse –respondió la mujer.

-Sí…hubiera sido mejor –volvió a murmurar la chica.

El tío Kei le volvió a dar otro codazo.

-Deja te presento a los demás –habló con una sonrisa-. Él es Adrián, ella es Arashi y él es Brago.

-Mucho gusto a todos, espero que se diviertan, pasen, pasen, habrá un increíble baile más al rato, no se lo pueden perder –respondió Kate.

-Ya veremos… -otra vez volvió a murmurar Cymbeline.

El tío Kei le volvió a dar OTRO codazo.

-¡Ya basta de codazos! –le reclamó la chica.

-¡Entonces mejor guarda silencio! –respondió su tío.

-U.U

Los 5 llegaron al gran salón donde la fiesta se estaba dando.

-Si no les molesta, Marianne y yo iremos a platicar con nuestros amigos, recuerden que al rato va a ser el baile, ya no puedo esperar para verlos –comentó el hombre.

-Ni yo tampoco… ¬¬ -Brago estaba a punto de explotar.

El tío Kei y Marianne se fueron a un rincón donde platicaron gran parte de la noche.

-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó el oji-azul.

-No tengo idea… -respondió su mamodo.

-Paso… -dijo también Brago.

-Me estoy aburriendo de ver a pura gente vieja –contestó la chica.

-¡Cymbeline! ¿Por qué insultas tanto a esa gente tan amable? Así te verás tú también cuando crezcas –le reclamó Adrián.

-Si es que no me muero antes.

-Ay, que pesimista –le dijo Arashi.

-Bah, no me des sermones –contestó Cymbeline.

-O.O Alguien anda de mal humor…

-¡Sí! ¡Ando de mal humor porque me hicieron ponerme este estúpido vestido!

-Está bonito –reiteró el chico.

-¡Pero yo lo odio!

Cymbeline salió al jardín que encontró en la parte trasera de la casa para "tomar un poco de aire fresco a la luz de la luna".

El tiempo estaba pasando, el baile estaba a punto de comenzar, Cymbeline entró de nuevo a la mansión, Adrián estaba disfrutando y más que eso, atragantándose con las botanas que había, Brago y Arashi estaban sentados en unas sillas.

-¡Ey! ¡A todos los que están aquí, el baile ya va a empezar, así que tomen a su pareja y comiencen a sacudir el bote! –exclamó la señora Kate.

Adrián dejó de "botanear" y tomó a Cymbeline por la mano.

-Ven Cymbeline, vamos a bailar.

-No Adrián, no quiero.

-Ándale, no te hagas del rogar.

-Ah…ya pues vamos.

La música había empezado y tal como Cymbeline se lo había imaginado, era una música muy parecida al vals. Adrián y ella comenzaron a bailar tranquilamente.

-Vamos Brago, ahora nosotros hay que bailar –le dijo la peli-rosa.

-Pero Arashi…

-No me salgas con la excusa de que no sabes bailar, porque tú sabes muy bien.

-Ah…

Arashi lo levantó de la silla y lo tomó como habían ensayado.

-¿Listo?

-Pues ya lo hiciste en contra de mi voluntad. Empecemos ya.

Brago y Arashi también empezaron serenamente. Ella se recargó en el pecho del mamodo.

Mientras tanto, Cymbeline se veía un poco alterada, ya había pisado dos veces a Adrián.

-Ay, lo siento –decía ella.

-No importa, ¿pero, estás bien? –le preguntó su amigo.

-Sí, sí, ¿por qué?

-Es que…te ves un poco asustada.

-Así es…

-¿Por qué?

-Tengo miedo de que todo me salga mal.

-Ah, no te preocupes, todo va a estar bien.

-Si tú lo dices… - Cymbeline trató de ganar confianza.

Pasó otro rato, el tío Kei estaba orgulloso de ver bailar a todos, él también estaba bailando con Marianne.

Después de esto…la pesadilla de Cymbeline se haría realidad.

Cymbeline estaba con Adrián como si nada, de pronto, al dar un paso, su tacón se atoró en una pequeña grieta en el suelo, lo que provocó que cayera encima de una mesa, y esto a su vez, causó que el recipiente que tenía ponche volara por los aires, hasta caer en la cabeza de un hombre que estaba en la fiesta, y especialmente, el esposo de la señora Kate, el señor Roger, todos, absolutamente todos, habían visto lo ocurrido.

-¡Cymbeline! –exclamó el oji-azul.

-Señor, yo lo lamento, no era mi intención… -la oji-verde tenía los ojos muy abiertos.

Cymbeline salió corriendo del salón hacia el jardín, donde se sentó en un pequeño rincón con oscuridad para que no la vieran llorar. Adrián llegó hasta donde estaba Cymbeline, Brago, Arashi y el señor Roger lo siguieron.

-Cymbeline… -murmuró su amigo.

-¿Ves Adrián? Esto es justo lo que quería evitar…siempre hago el ridículo, por eso no quería venir a esta fiesta, ahora ya arruiné todo ¡y tenía que caer en el señor Roger! –gritó ella.

El señor Roger también se acercó.

-Oh, no te preocupes, Cymbeline, ¿verdad? –habló el hombre.

-Sí…

-Tan sólo fue un accidente, no pasó nada grave –dijo sinceramente el señor Roger.

-Pero ya arruiné su traje –la castaña bajó la mirada.

-¿Este harapo? Ah, no tiene importancia, es cuestión de cambiarme el saco, pero ya no llores por favor, estamos aquí para divertirnos. Regresa a bailar con tus amigos.

-De acuerdo…lo siento de nuevo.

-No hay problema.

El señor Roger volvió a entrar para cambiarse.

-¿Estás bien? –preguntó Arashi.

-Sí… -respondió Cymbeline.

-Bueno, será mejor que volvamos para continuar –dijo la peli-rosa tomando a Brago del brazo y jalándolo un poco.

Brago sólo le puso una cara a Cymbeline como de "¡AYÚDAME POR FAVOR!". Cymbeline sólo mostró una sonrisa y una pequeña risa.

-¿Ves lo que te pasa por llorar? –inquirió Adrián.

-¿Qué? –siguió la oji-verde.

-Se te corrió un poco el delineador que traías.

Adrián sacó un pequeño pañuelo y le limpió el rostro a Cymbeline.

-Lista –dijo el muchacho sonriendo.

-Gracias.

-¿Quieres regresar?

-Sí, pero hay que alejarnos de cualquier mesa que contenga alimentos o bebidas.

-Claro –respondió él.

Los dos volvieron a entrar y eso como si nada hubiera pasado, todos los invitados estaban bailando, ya habían limpiado el ponche que se había derramado en el suelo.

Adrián y Cymbeline volvieron a divertirse.

Mientras tanto…Arashi estaba bailando y había notado que muchos se les estaban quedando viendo fijamente a ella y a Brago, él estaba sólo con los ojos cerrados.

-Brago… -habló la peli-rosa un poco temerosa.

-¿Qué pasa? –preguntó abriendo los ojos.

-Todos nos están viendo –respondió con la mirada hacia a un lado.

-Sólo ignóralos, yo ya lo hice.

-Pero no puedo así como así…

-Sólo deja de verlos y veme a mí –le dijo tomando su rostro y dirigiendo su mirada hacia la de él.

-Es que si te veo durante mucho tiempo de frente…bueno yo… O/O

Arashi se puso roja. Ella siempre se ruborizaba cuando veía a Brago cara a cara durante varios segundos.

-¿Tú qué? –inquirió el mamodo oscuro.

-Me pongo…ay no sé…me sonrojo cuando te miro a los ojos.

-Bueno, entonces sólo ciérralos y ya.

-De acuerdo.

Pero antes de que Arashi los cerrara, se acercó a Brago para darle un beso, pero el giró la cara hacia otro lado para "sacarse", como muchos dirían.

-¿Brago? –cuestionó ella confundida.

-Ahora no Arashi…hay mucha gente mirando…

-Creí que me dijiste que los ignorara, ¿no es lo mismo que estás haciendo tú?

-Sí…pero…

-Está bien, tienes razón –respondió ella.

Se hacía más tarde, todos a excepción de Brago se estaban durmiendo, al igual que el tío Kei y decidió que era hora de irse.

El tío Kei se acercó a donde estaban sentados.

-¿Ya se quieren ir? –preguntó.

-¡Sí! –contestaron los cuatro al mismo tiempo.

-Está bien, ¿Marianne? –Kei miró a su compañera.

-Sí, claro, yo también estoy cansada –contestó la mujer.

-Vámonos pues.

Todos se pusieron de pie hasta llegar a la entrada, donde estaba la señora Kate para despedirlos.

-Kate, es hora de que nos vayamos, los niños tienen que descansar –habló el hombre.

-¡¿Niños? –exclamaron los cuatro.

-Claro, te comprendo, gracias por venir, espero volver a verlos pronto –le respondió la mujer.

-Sí, igual yo a ti.

-Ay, claro que no –murmuró Cymbeline.

-Ni muerta –dijo Arashi.

-No gracias –habló también el mamodo oscuro.

-Espero que no ocurra en un buen tiempo –finalizó el oji-azul.

Todo esto lo murmuraron entre ellos para que la señora Kate, ni el tío Kei escucharan.

Se subieron a la camioneta y al instante se quedaron dormidos, excepto el tío Kei y Marianne.

-Pobrecillos, ya estaban muy cansados –dijo la mujer.

-Sí –respondió Kei.

-Tal vez hubiera sido mejor idea que los dejaras en tu casa.

-No, ya les hacía falta divertirse un poco.

-Tienes razón.

El tío Kei se detuvo en la casa de Marianne.

-Gracias Kei –dijo la mujer.

-Gracias a ti por aceptar ser mi compañera para el baile.

-Nos vemos pronto Kei.

-Sí, cuídate Marianne.

-Igual tú.

-Adiós.

-Adiós –respondió también ella.

Pasaron otros minutos cuando el tío Kei llegó a la casa y despertó a todos para que fueran a dormir. Lo único que querían era tirarse en una cama y descansar, se quitaron los trajes y se pusieron su ropa, ya ninguno se dirigió la palabra.

Antes de dormirse, Cymbeline observó el reloj, ¡eran las 3:30 de la mañana!

-¡SON LAS 3:30! –gritó la chica.

El grito de Cymbeline despertó a todos e hizo que se les quitara un poco el sueño. Brago sólo la miró mientras los demás le reclamaban.

-¡ME VAS A SACAR UN INFARTO! –gritó Adrián.

-¡YA DEJA DORMIR! –exclamó la peli-rosa.

-¡SON LAS 3:30 A.M.! –volvió a decir la castaña.

-¡¿Y ESO QUÉ? –gritó la pareja del libro dorado.

-¡QUE YA ES TARDE!

-¡PUES YA DUÉRMETE Y DEJÁNOS DORMIR! –reiteraron ambos.

-¡Aa! ¡Ya mátenme!

Todos se volvieron a acostar muy enojados y por fin se durmieron, esperando a que cierta personita no los volviera a despertar con semejantes gritos.


Mmm…este capítulo me quedó corto conforme a los que ya he escrito, bueno ni modo, nos vemos.

Bye!