Fic
Los Chicos de Candy
Por Mayra Exitosa
Capítulo XXXVI
Bingo
Albert cerraba la casa, viendo el jeep con los niños en la parte trasera, notaba como Candy le cedía el lugar para manejar… Pensaba, observando a su mofeta al hombro, ahora huimos de nuevo Pupe, pero esta vez, con mi familia, será tan difícil, por ser quien soy, provocarle tantos problemas, Pupe, ella está aquí, la dueña de mis pensamientos es real…
- Albert, ya tengo hambre, deja de acariciar a tu princesa y vámonos. Él sonreía tomando el lugar del chofer, vio por el espejo que los chicos estaban con su cinturón, se notaban emocionados. La mofeta se fue a su lugar también, en medio de los brazos del pequeño Tony. Al ver que los tres le ponían atención a la pequeña que se acurrucaba, Albert se acercaba a Candy y susurraba,
- ¡Celosa!
Candy se ruborizaba, sonriendo porque sus palabras se habían delatado ante la damita de blanco y negro. Ya sin decir nada, mientras el manejaba con una sonrisa invisible, ante tanta barba y bigote que lo cubrían.
Llegaron a la casa de los Stevens, notando demasiados niños en el patio, la mayoría de cabellos largos, notándose mujercitas.
Candy bajaba a sus hijos y las niñas se acercaban a verlos, observando minuciosas a los pequeños, pero al ver a Pupe, se alejaban algunas de inmediato. Tony con media sonrisa comentó
- Vaya, con Pupe se alejan las damas, muy buena táctica eh. Ya vieron chicos, como se cuidaba la casa de mamá, con esta princesa. Las esposas de Richard y Logan, observaban que el padrino era un poco viejo y descuidado, pero los niños y la mujer se veían bastante bien.
Pasaban al comedor, asegurando que la mofeta no entrara, a lo que Albert y Tony se quedaban con ella al frente y fuera de la casa, Candy sacaba los platos y con ella salían sus hijos, comiendo en la parte delantera en una mesa con bancas.
- Oiga doctora, creo que tener un zorrillo no es muy correcto. Decía una de las Mc Millán, Candy con tranquilidad contestaba
- Es una excelente compañía, esta entrenada y domesticada. La esposa de Logan sonriendo agregaba,
- Dice mi esposo que es usted muy insegura, que le regalo ese zorrillo para que nadie le gane a su marido. Candy soltaba una carcajada, acompañada por Albert y el señor Stevens, quien acariciaba a Pupe, pues ya la conocía. Los White terminaban de comer, unos minutos después, los chicos jugaban en el patio y Candy escuchaba detalles del señor Stevens sobre Albert y su valiosa amistad. Al notar la distancia que mantenían las mujeres, Candy le dijo a Tony que se llevará un rato a Pupe, después ellas se unían a la conversación, sobre la boda y como sería bueno que el padrino se arreglara un poco el cabello y la barba. Candy les aseguraba,
-De él no se preocupen, yo me encargo que se vea bien, no es tan grande de edad, tiene treinta y tres años.
- ¿Treinta y tres? Se escuchaba con asombro a Ros, quien en ese momento iba entrando por el frente de la casa y de tras de la espalda de Candy y Albert. Tom con una sonrisa confirmaba,
- Te lo dije mi amor, es casi de mi edad, solo que es más alto que tus hermanos. Ros saludaba de beso a Candy, contándole como apreciaba a Albert, por ser el mejor amigo de Tom. Le mostraba sobre los arreglos de la boda y su viaje de luna de miel, un día antes harían un ensayo para que todo estuviera en orden. Candy aseguraba que todo se haría, dejaba efectivo suficiente para unirse en los trajes de renta que traerían esos días para Albert y sus hijos, ella compraría un vestido después.
- Yo traje tres. Dijo la esposa de Logan, asegurando ser de la misma talla, Candy aceptaba el que le dieran, ella luciría como ellas por ser familia de Tom, eso al Sr. Stevens le agradaba mucho. De rato se retiraban y se quedaba Tom con ellos dos a solas.
- Candy, lo que dijiste en el casa, acerca de que… mataron al Sheriff…
- ¡Hay Tom! Me preocupa mucho que algo malo te suceda, sabes que eres como un hermano para mí. Hemos crecido juntos.
- Candy… mi padre era el Sheriff que mataron. Yo… soy hijo adoptivo de los Stevens, nadie lo sabe, pero… mi madre murió cuando tenía tres años, solo tenía a mi padre… Cuando lo mataron, no tenía más familia, los Stevens se quedaron conmigo.
- ¡Tom! Lo siento, no lo sabía, yo… yo… me enteré hace poco que… fui adoptada en el hogar de Pony…
- Me di cuenta, cuando Albert aseguró que eras una de las niñas del hogar, yo… cuando crecí investigue sobre mi origen, no recuerdo mucho, pero mi papá, pero me ayudo saber la historia de mi familia, te aseguro que, ha sido el mejor padre el que tengo, pero me gustaba saber quiénes fueron los que me dieron la vida.
- Te comprendo.
- Cuando supe que eras como yo, me sentí más identificado contigo, supongo que buscas saber sobre tus padres
- ¿Tu sabes algo? Tom
- Pues… la casa donde vives perteneció a los Mackenzie, su hija Marie Mackenzie la vendió a tus padres adoptivos los Colear, ella se casó con un doctor de otro país y perdió la vida, dando a luz a su hija. Los Colear sufrieron un accidente, un tráiler perdió el control y murieron ahí, todos pensaron que estabas en el auto, pero realmente estabas en la escuela, tu Tía Dorothy lucho para que no te devolvieran al hogar adoptivo y el jefe de ella, uso sus contactos y te desaparecieron del sistema, supongo que te dejaron con el apellido de tu tía Dorothy.
Candy bajo el rostro, Albert la abrazo y la atrajo a su lado, sabía ahora algo más, pero ella no decía nada. La casa donde vivía era la misma casa por la que Marie vino a vender el día que se le adelantó el parto. La niña sobrevivió fue enviada al hogar de pony, con la fecha correcta de su nacimiento, gracias a que la enfermera la dio y la dejo ocultándola ahí antes que la encontraran y acabaran con su vida. ¿Sería ella esa niña?
Ya pasaba más de dos horas, Ros apreciaba a Candy, la veía realmente más unida a Albert. Candy entregaba el regalo de la Sra. Roberts, porque tuvo que ir a ver a su hijo, no decía nada acerca de que ella era la testigo.
Los White subían al Jeep, Tom pensaba que se regresaban a su casa, desconocía los planes de Candy y Albert, se despedían asegurando que pronto se verían.
El camino era largo, el jeep era lo más adecuado para el rumbo que tomaban, los pequeños se dormían con su cinturón puesto, por fin en lo alto una meseta y el atardecer del bello paisaje, hacía que se detuvieran. Albert soltaba el volante, giraba viendo a los pequeños dormidos con Pupe. Candy se bajaba estirando las piernas, Albert se fue con ella, le tomaba por los hombros y observaban el atardecer.
- Candy, perdóname por todo lo que has pasado sola.
- Albert, no estabas ahí, pero… todo lo cubriste económicamente, dejaste una beca para mí, me dejaste una tarjeta de débito, no nos faltó nada. Me ocultaste todo el tiempo quien eras en realidad, éramos novios cuando… tuviste el accidente, no tengo nada que perdonarte.
- Estamos huyendo, sé que temes por nuestra seguridad.
- Albert, hay más de lo que crees… solo quiero confirmar si… estoy huyendo solo por ti… o tal vez por ambos. Albert tomo su rosto y con la luz del atardecer en sus siluetas, se besaban con todo ese amor que se guardaban entre ellos.
Sin desearlo, Albert se separaba para ir a bajar la tienda de campaña antes de que la luz se extinguiera. El movimiento del jeep, hizo que los chicos despertaran y ayudaran a acampar. Stear comentaba sobre su éxito al ganar el lugar más bello. Candy ocultaba sonrisas escuchándolos, creyéndose ganadores, con las expresiones de Albert en complicidad, al enterarse de lo que ella les hizo creer. Albert bromista le confirmaba,
- Así que… ¿ganamos? Ella le sonreía ladeando su cabeza, en su plan de que los pequeños aceptaran la salida a acampar por varios días.
Prender el fuego, los troncos como asientos, las camas en el suelo, hacían valorar las lanchas estilo cuna que tenían en casa de su madre, comentando lo suaves y cómodas que eran. Haciendo que Albert escuchara los halagos de su trabajo, pues hasta los juegos era más entretenidos. Candy improvisaba una mesa estilo japonés, notaban que estaban en lo alto de una montaña y desde ahí las luces del pueblo eran bastante lejanas. Algo si podía ver en todo su esplendor, la mansión Lakewood resaltaba al fondo, ella mencionaba a Albert, que ese lugar era su hogar ahora, que ahí debía haberlo llevado, pero como no recordaba su origen, lo mejor era esconderse de momento.
En Chicago
Los días pasaban llegando por fin Elroy y Leonard, viendo sentada cociendo prendas a la Sra. Roberts quien ahora se había convertido en una fan importante de todos en ese lugar
- Pasen, están en su casa, parece que aquí soy el ama de llaves, - Paty, Annie, avísenle a sus padres que llegaron visitas. Peter salía del comedor y con una sonrisa enorme comentaba
- ¡Dr. Leonard! Por fin llega.
- Peter, hijo. Ya desconocía mi casa, me dicen que soy visitante. - pasa Elroy, Peter te revisará de ese dolor que sientes en el pecho.
- Amor, prefiero que seas quien lo haga.
- Vamos cariño, Peter es como mi hijo, déjame ver a mi ama de llaves y no te pongas celosa. Elroy sonreía ante la ocurrencia, saludaba a la señora Roberts y al presentarse como los Mc Crone, ella era la que se ponía mal.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué se pone así? Peter abrazaba a la Sra. Roberts y la sentaba en un sillón. Elroy levantaba ambas cejas, ya le habían ganado el lugar de paciente. Peter sin pensar comentaba
- Dr. Leonard, ella es amiga mía del pueblo de Lakewood, es quien salvó a su hija. Candy la mandó a esconder aquí, necesita un poco de agua. - Daniel, Pato, vengan acá, rápido.
Los compañeros salían viendo a la Sra. Roberts pálida y sentada en un sillón, con la presión baja, Patrick molesto regañaba a Peter.
- ¿Qué le hiciste Peter? que no ves que ella es muy sensible, deja de jugar con ella. Al ver a Leonard y Elroy, este dejaba de hablar abrazando al doctor, quien no daba crédito a lo que Peter le informaba, al reaccionar, Leonard atendía a la Sra. Roberts y Elroy se sentaba a un lado de ella, abrazándola y dándole apoyo.
- Vamos querida, todo está bien. Tranquila, usted no tiene nada que temer. Daniel llegaba y separaba a las niñas quienes se apretaban las manitas una a la otra al ver a la abuela Roberts sintiéndose mal. Por fin se calmaban las cosas y Leonard le daba un tranquilizante. Elroy ya no se sentía mal, ahora estaba como nueva, al recibir la información de que esa mujer era una enfermera que había salvado a la pequeña Mc Crone, era como si la vida le diera nuevos bríos.
- Leonard, ella salvo a tu niña, deja que despierte, así sabremos todo. Peter sentado comentaba
- Me llamó Candy, me dijo que la cuidara, que ella era testigo de un crimen y que por nada la dejara salir de aquí, es madre de dos jóvenes, han estado llamando a diario, en estos tres días, que hemos esperado su llegada.
- ¿Qué crimen? ¿Qué te contó Peter? Preguntaba ansioso Leonard.
- Candy fue a la farmacia a comprar cosas, unos hombres llegaron, al parecer eran Europeos, con el mismo tono y acento de los hombres, que hace veintisiete años estuvieron en el hospital y ella vio cuando mataron a Marie Mc Crone. Después ella colocó la pulsera de su bebe en una bebita que ya había fallecido, se la llevó al Hogar de Pony y ahí la escondieron, con el tiempo la dieron en adopción. Elroy abrazaba a Leonard y comentaba
- Lo ves, ya tenemos otra información de tu hija. Peter agregó
- Deme sus muestras Dr. Leonard, Candy quiere que haga una prueba de paternidad con estos elementos, para saber si ella ya encontró a su hija. No quiere que se haga ilusiones, por eso no mandó a la mujer que dio sus muestras y que creen puede ser hija suya, pero si es soltera… puede ser mi suegro.
- ¡Peter! Deja de bromear. Grito molesto Daniel. Y Patrick lo veía molesto con su hijita recostada en su hombro. Daniel agregaba, - La Sra. Roberts, ha cuidado aquí a las niñas estos días, es una buena mujer, todo lo que pasó es muy triste, debimos haberle informado que esta era su casa, pero Peter pensó que era mejor que lo ignorará. Patrick finalizó
- Pues tenía razón, se le bajo la presión, se asustó de que el padre de la niña, la regañara por haberle ocultado a su hijita. Peter agregó
- Pato, esos hombres iban a matar a la niña, mataron a todas las enfermeras del parto, escuchaste bien, buscaron a la niña también, quien le aseguraba al padre que la querían viva. Leonard esperanzado, pidió las muestra que mando Candy y salió al laboratorio del hospital junto a Elroy, aun recién llegados y cansados de su viaje, eso los tenía más ilusionados. Peter al leer la receta pensaba que Candy protegía a la supuesta hija de Leonard, pero realmente ella no quería que se hiciera ilusiones el doctor Leonard, sin embargo se interpretó a la inversa.
En Lakewood,
Las cosas no fueron de lo mejor, de los ocho hombres tres de ellos se mataron a sí mismos al saberse descubiertos. En el tiroteo que se dio inmediato, murieron tres hombres más, dejando huir a dos, los cuales no fueron encontrados. Entre los muertos estaban los dos hombres que habían estado ahí muchos años atrás.
Se hicieron rondines y búsquedas exhaustivas de esos dos hombres, uno de nombre Boris Hunter y Straw Rotherberg. Los muertos fueron reconocidos y ligados a Dimitri Hampton. Los tres guardias de Albert llegaron a Lakewood, al no tener noticias de Candy fueron a buscar al Sheriff por orden de George, quien no tardaba en llegar de Chicago.
- Buenas tardes, ¿Se encuentra Tom Stevens? Logan y Robert, reconocieron a los hombres, molestos sacaban armas, estos por igual, asegurando mostrar identificaciones y justificando porque estaban así. Tom salía para tranquilizar las cosas.
- Tranquilos todos, soy Stevens, ¿Qué necesitan?
- Nos mandó llamar Candy White, desde su teléfono, pertenecemos a la familia Andrew, los tres mostraban sus identificaciones, Bruce estaba al frente, firme y seguro. Tom les aseguraba que no sabía dónde estaban, les pasaba a la sala y había un expediente en la mesa, Richard lo tenía ahí, Bruce lo reconoció.
- Es de la niña Mc Crone. El Dr. Mc Crone, está casado con Lady Andrew. Nosotros estamos enterados del caso. Richard salía y observaba a los tres hombres.
- ¿Ahora es de moda usar barba? ¿O se están ocultando?
Bruce no respondía, Alec y Calem se sobaban la barba sonriendo. Calem se animó
- Es moda, aunque si pierde Escocia, tenga por seguro que continuaremos así. Logan sonreía, estaban de apuesta esos hombres. Robert mostraba la foto de William Andrew, el jefe de ellos, Bruce no decía nada, pero este comentaba
- Oye este es tu jefe. Mira Tom, es igual a tu familiar, solo que con barba y cabello largo, su mirada y las cejas son idénticas.
- ¿Albert? Candy se lo llevó, ya fui a buscarlos a su casa y está sola. Alec intervino
- Sheriff, la Doctora White, se llevó al hombre parecido a mi jefe. Robert rallaba la foto y le ponía cabello y barba este confirmaba
- ¡Bingo! El padrino es William Andrew, el hombre más buscado, estuvo aquí en tu casa y la doctora se lo llevó. Bruce giraba a ver a Calem y este lo abrazaba comentando
- Ya se encontró con su esposa y sus hijos, por fin, por eso nos llamó, tenemos que encontrarlos. Richard pregunto,
- ¿Por eso se llamaba Albert White? ¿Estaba escondido contigo Tom? ¿Ese es el padre de los trillizos y esposo de la doctora? Bruce suplicaba
- Que nadie lo sepa, tenemos que encontrarlos, hubo hombres de Dimitri Hampton aquí, dicen que dos de ellos se les escaparon, deben estar buscando a William. Por eso la doctora nos llamó, es él. Tom asustado preguntaba
- Albert ¿es el esposo y el padre de los niños de Candy? Bruce asentía y agregaba
- Sr. Stevens, hemos cuidado de esos niños en el colegio, usted estuvo con el pequeño Archie, si no encontramos lo más pronto posible a la familia, pueden estar en riesgo con esos dos hombres sueltos. - Alec, manda llamar a los guardias confirma que ya está el Águila en Lakewood, que vengan todos. - Calem, ahora es nuestro turno, trae los vehículos, nos separaremos, dile a los muchachos, que el FBI ya encuentra aquí. Ellos lo encontraron. Bruce tomaba la foto rayada y se la llevaba.
Richard, Robert y Logan observaban molestos a Tom, quien no les había dicho que tenía a William Andrew escondido, dándoles tanto trabajo, mientras el Sheriff, no quería aceptar la falta de investigación de su parte para con su amigo Albert, quien resultaba ser el hombre más buscado y que estuvo durante más de seis años con él. Pero guardaba silencio y no decía nada, dejaba que lo juzgaran sus cuñados.
Gracias por continuar comentando, siguiendo este fic, cada vez más emocionada por escribir...
sencillamente mil gracias por todo su valioso apoyo, que haría sin ustedes ;)
Y de tanto regalar, nos dejamos de creer, que lo importante es valorar y no lo que te den, que las cosas vienen y van, pero esas personas que tanto amamos, no siempre estarán, como todos deseamos. Valoremos lo que es el presente, no el material que te dieron, sino su esfuerzo y recuerdo, como el tesoro más bello.
Con aprecio
Un fuerte abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
