Capítulo XXXVI
El Asechador
El abrazo fue embriagador.
Los pocos que estaban presentes sonrieron tímidamente ante un momento tierno e íntimo, sin embargo yo sentí en ese abrazo algo inusual en Thorin, como si significara algo más que una expresión espontánea de cariño.
-¿Qué pasó, Bella? Dime- preguntó y mi corazón dio un vuelco porque tenía la certeza de que él podía ver mi alma y lo que ocultaba sin que yo le dijera nada.
Mis ojos le decían a Thorin que había besado a Kili.
Se separó de mí recuperando su compostura, recordando que estábamos en el trono y que nos rodeaban súbditos, que por más amigos que fueran (recordando las miradas suspicaces de ArTho) debíamos comportarnos como los que éramos, los dos.
-Nada- le mentí, pero mi voz era falsa. Pero así como él podía ver en mí, yo también podía ver en él – Y… ¿Qué te pasa Thorin? Pasa algo ¿Qué han estado discutiendo tanto?- desvié la conversación con otro asunto que también me preocupaba.
Thorin hizo silencio y me pareció que entre él y Balin hubo un intercambio de miradas.
-Creo que cometí otra torpeza… - me excusaba -Estuve caminando por ahí y terminé extraviada por los salones azules-
-¿Por los salones azules?- rió él de repente, cambiando de actitud completamente –Jajaja-
De hecho no fue el único que se rió, todos los demás se rieron también.
-¿Entonces te encontraste con algo desagradable allí? ¿A Grôd desnudo?-
-¡Nooo, no vi a nadie desnudo!-
-Gracias a Mahal- torció el gesto.
La cuestión había relajado mucho el ambiente en el trono y yo esperaba que él se hubiera olvidado de sus cavilaciones anteriores.
Observaba que en realidad Thorin no necesitaba aprender nada, él era un rey, él exhumaba realeza, él se movía, hablaba, se comportaba como un rey sin importar dónde estuviera ni cómo ni cuándo.
Él no necesitaba aprender nada, pero yo sí. Este espíritu de hobbit irreverente sería muy difícil de erradicar.
Perspicaz era Thorin: sabía que algo ocurría en mí en ese momento. Pero dejaba eso para más tarde.
Se separó de mí y regresó donde Balin, Dáin y Dwalin, y continuó hablando con ellos de lo que discutían antes de que llegara yo. Entonces creí que podría olvidar mi nerviosismo por ocultarle mi emoción debido a lo ocurrido en el jardín secreto.
Me quedé parada allí y si bien aquel beso fue lo más extraño, podía sentir el amor de Kili dentro de mí y el dolor me aguaba los ojos. Tal vez todo el mundo podría darse cuenta de eso.
En ese momento me preguntaba si mi relación con mi esposo volvería a ser igual... no sentía en ese momento que fuera a ser igual.
¿Qué significó ese abrazo en realidad? ¿Fue acaso una manera de asegurarse a sí mismo que tenía todo mi amor, o era alguna clase de despedida? Sacudí la cabeza, debía estar delirando.
-Ven, Bella, vámonos- Thorin enseguida terminó con todo allí con un simple gesto y me ofreció su brazo.
No había ni un sonido en los alrededores, cuando el Mago Gris encontró a Radagast el Pardo.
Radagast canturreó como un ave nocturna y así Gandalf supo dónde estaba escondido.
"Escondido" pensó el Mago Gris con cierta extrañeza.
-Gandalf, Gandalf- exclamó al verlo Radagast para que lo avistara.
-Shhhhhh, no es prudente hablar. Siento una pesadez extraña en el ambiente- Gandalf puso un dedo sobre sus labios en señal de silencio y estudió la oscuridad de la montaña con creciente desconfianza. La puerta secreta por donde hacía poco Belladonna Bolsón entró por primera vez a Erebor apenas se distinguía ahora.
Radagast tuvo suerte en encontrarla, pues la pared gris con la puerta se desaparecerían por completo dentro de poco.
-Los Enanos están en Valle- informó Radagast.
-¿Glóin y familia?-
-Sí-
Gandalf se alegró con la noticia que tanto buscaban, pero su alegría no duró mucho porque el rostro de Radagast no estaba nada contento. Sin duda había un problema nuevo y tal vez peor.
-Muchos fallecieron, pero Glóin, Oin, Fhinli, Frár, Lóni, Náli y Flói están bien. Bardo los rescató, están en Valle. Pero, pero…-
-Pero ¿Qué?- exigió saber Gandalf.
-¡Bolgo está aquí, Gandalf! Hay que avisarle a Thorin- Radagast balbuceaba aterrado –Anda detrás de él-
Las Puertas de Erebor estaban muy bien custodiadas, día y noche, por soldados Khazâd de las Colinas de Hierro. Nada podría atravesar esas puertas,o eso creían ellos.
En poco tiempo de vida ya no habían señales de abandono en el majestuoso reino, y la luz que emanaba ahora de sus entrañas bañaba las rocas con una tonalidad ámbar.
-Thorin Escudo de Roble- llamó una voz y los guardia se sobresaltaron, y a uno casi se le cae la lanza.
Alertas, todos buscaron en la oscuridad la procedencia de esa voz tan horrible, pero no vieron nada.
Los Enanos nerviosos empezaron a dar la alerta.
-Thorin Escudo de Roble- volvió a hablar la voz, imperiosa, gruesa, siniestra.
A la luz de las antorchas, que tristemente iluminaban un pedazo de la explanada, no vieron nada. El miedo se apoderó de todos allí.
-¡¿Quién vive?!- gritó al fin uno de los guardias, robusto, alto y músculos, armado con una poderosa armadura Khazâd.
Entonces el dueño de la voz apareció, lejos, justo al frente de las puertas de Erebor: una sombra enorme y negra que se acercó a la luz que resplandecía desde el reino Enano.
Los guardias temblaron.
-Buenas noches- el ser saludó con burla. Aunque no podían verlo bien, estaba claro que era un Orco, y venía aparentemente solo.
-¿Quién eres? ¡Identifícate Orco!-
-Soy el Asesino de Enanos, Bolgo hijo de Azog. Y he venido por el Rey Bajo la Montaña- dijo con tranquilidad el Orco.
-El rey Thorin no te atenderá así como así, Orco- le informó otro de los guardias – Y la sóla presencia tuya en puertas de nuestro reino ya es una provocación-
-¡Thorin Escudo de Roble! ¿Dónde estás?¡Preséntate ante mí!- el monstruo gritó a la noche con terribles ojos, cuyo fulgor llegó hasta la visión de los atontados Enanos.
Sabía que no debía callarle nada.
Caminábamos por las escaleras tomados del brazo, pero a pesar de la normalidad que aparentábamos, sentía a Thorin distante.
Él lo sabía, de alguna manera sabía lo que ocurrió entre Kili y yo. Lo presentía.
Y yo debía explicarle, debía decirle la verdad.
Habría que hablar en la Cámara de Thrór, allá nos esperaba esa conversación, irrefutablemente.
-¡Thorin, Bella!-
Y hubiéramos bajado más escaleras para perdernos de los recintos privados si no fuera porque Bofur se aparece corriendo directamente hacia nosotros.
-¡Por Durin! Bofur ¿Qué rayos te pasa?- exclamó Thorin sorprendido y molesto por semejante aspaviento -Aquí todo el mundo tiene que aprender a comportarse ¡Vaya!-
-Afuera…- el Enano aterrizó cerca de nosotros con poco aire –Afuera… afuera. Bolgo está aquí y está llamándote-
