Cuando un hombre se enferma
Harry se acomodaba su corbata frente al espejo con el televisor encendido. Escuchaba como Roger Stuart daba el pronóstico del tiempo: completamente despejado. La verdad no se le hacía nada raro, llevaban varios días en que no se asomaba ni una sola nube oscura. Ginny entraba y salía de la habitación sin decirle nada y él sabía perfectamente la razón del ensimismamiento de su esposa: la Eurocopa de Quidditch y ella teniendo que escribir las reseñas de todos los partidos.
-James ponte ya esos zapatos, por Merlín, y baja ya a desayunar – gritó Ginny a lo lejos.
Harry tomó su capa y unos papeles que había leído por la noche con una mano, mientras que con la otra se acomodaba bien los zapatos.
-Harry, el paraguas lo guarde en el closet, no se te olvide – le dijo Ginny entrando a la habitación.
-No va a llover.
-Sí, hoy va a llover – le dijo Ginny buscando algo.
-Acabo de escuchar el pronóstico del tiempo – le contestó Harry tratando de acomodar todos los papeles que tenía.
-¡Albus! ¿Dónde dejaste tu corbata de la escuela? – salió Ginny de la habitación.
Harry vio el paraguas que estaba justo donde le dijo Ginny, pero con la capa y los papeles ya no podía tomarlo. Vio por la ventana: completamente despejado.
Ginny los apuró a todos para desayunar, tenía que irse de inmediato para el trabajo y debía de entregar a sus hijos primero a la escuela.
-Mami ¿no me pusiste mi leche de chocolate? – le preguntó Lily viendo su lonchera.
-Lo olvide, cariño.
-A mí no me pusiste galletas con malvaviscos– le reclamó Albus.
-Sí lo hice.
-No, son de chocolate.
-Esas son mías – le dijo James intercambiando las galletas con su hermano Albus.
-Bien ya vámonos – les dijo Ginny.
Harry salió de su despacho ya con los papeles dentro de su maletín para despedirse de sus hijos y esposa.
-Buen día, se portan bien – les dijo Harry a sus hijos dándoles un beso a cada quien. Se puso frente a Ginny - ¿quieres calmarte? Todo saldrá bien.
-Estoy calmada – le dijo Ginny poniéndose su saco.
-De acuerdo – le dio un beso – te veo en la noche.
-Sí. No olvides el paraguas – le dijo Ginny cerrando la puerta detrás de ella.
Harry se puso su capa viendo hacia la parte de arriba de su casa ¿accio paraguas? ¿Para qué si Roger Stuart dijo que no iba a llover? Seguro Ginny tenía la cabeza dando vueltas por eso le advirtió que se llevara el paraguas. Tomó sus llaves y su maletín y salió de su casa.
….
Su plan era que cuando estuviera frente a su casa se secaría la ropa con un hechizo y entraría a su casa como si nada, lo malo es que no recordaba el maldito hechizo que tantas veces Hermione le dijo desde que jugó Quidditch en su tercer año con una tormenta como la que estaba en esos momentos para limpiarse los lentes.
Odiaba que Ginny obtuviera extraordinarios en sus exámenes de adivinación pero más odiaba a Roger Stuart. Sabía que le iba a ir mal si su esposa lo viera completamente empapado así que se apuró para sacar las llaves. Lo que no contaba era que como la lluvia venía acompañado de una gran cantidad de viento, no iba a tener tiempo de secarse fuera de su casa, es más, ni siquiera podría abrir la puerta con sus llaves, primero porque tenía mucho frio al estar completamente mojado y la otra porque no veía nada.
-Alohomora.
Entró a la casa quitándose la capa, enseguida tomó su varita para hacer el hechizo de secarse completamente, cuando escuchó un ruido detrás de él. Volteó quitándose los lentes ya que estaban completamente mojados.
-¿Y el paraguas? – le preguntó Ginny con los brazos cruzados.
-Roger Stuart dijo que…
-¿Y que dije yo?
-Solo me mojé un poco, no pasa nada.
-Te vas a enfermar.
-No me voy a enfermar por mojarme un poco. Es más – hizo el hechizo y quedo completamente seco, con excepción de los lentes – listo, no pasó nada.
-Eres un terco, Potter Evans – le dijo Ginny entrando a la cocina.
-¿Potter Evans? – Le preguntó Harry colgando su capa y limpiando sus lentes con su camisa, pero Ginny no le contestó nada – vaya, sí que está enojada.
Harry entró a la cocina donde Ginny estaba escribiendo muy concentrada en la mesa llena de notas.
-¿Y los niños?
-Ya están en sus habitaciones ¿tienes hambre?
-Algo ¿Qué cenaron?
-Los niños cenaron con mamá. En el refrigerador hay lo que te mandó ella. No tuve tiempo de hacer de cenar.
-Huele rico – le dijo Harry abriendo la charola donde estaba la comida que le había enviado su suegra.
-Por favor, date un baño de agua caliente antes de cenar.
-¿Para qué?
-Te vas a enfermar.
-Ya estoy seco, Ginny.
-Pero te mojaste, esta frío.
-Tengo hambre.
-Potter – Ginny lo vio con ojos de advertencia.
-Te faltó el Evans – le dijo Harry saliendo de la cocina con su cena, no sin antes escuchar una queja de Ginny.
…
Se sentía fatal. Le dolía todo el cuerpo, sentía que la cabeza le iba a estallar, no podía pasar saliva porque la garganta lo estaba matando y eso sin contar que la nariz le ardía tanto por llevar aproximadamente una hora estornudando. Ya no podía más, la necesitaba, y seguramente no lo iba a nombrar solamente Potter Evans, no, ahora si sería Harry James Potter Evans, así completito.
-Ginny – la movió muy despacio para despertarla.
-¿Qué? ¿Ya empezó el partido?
-No.
Ginny se sentó en la cama para verlo mejor y de inmediato lo supo.
-Ya sé que me lo dijiste.
-No te diste el baño de agua caliente ¿verdad? –Harry negó con la cabeza – no entiendo, Potter, realmente no entiendo porque no me haces caso en nada de lo que te digo.
-Ginny, por favor, me duele mucho la cabeza, me estoy muriendo – se acostó en la cama.
Ginny contó hasta tres y respiró profundamente. Se levantó y le tocó la frente a Harry.
-Tienes fiebre.
-Te estoy diciendo que me estoy muriendo.
-Eso dijiste cuando tú y Ron se comieron toda la cacerola de camarones a las once de la noche y no parabas de vomitar. A pesar de que, como en esta ocasión, te advertí que no lo hicieras.
-Ya, Ginny. Solo dame algo y listo, te dejaré dormir.
-Claro, como si no te conociera cuando estas enfermo.
-Prometo dejarte dormir esta vez, sé que tienes trabajo.
Ginny de nuevo le tocó la frente.
-Realmente me siento mal.
-Lo sé, sino no me hubieras despertado – Harry negó con carita de niño bueno.
Ginny pasó el resto de la noche en vela cuidando a Harry, le ponía fomentos de agua fría en la frente y le había preparado unas pociones para el resfriado. Harry dormitaba un poco, pero empezaba a tener tos y eso hacía que no pudiera dormir bien.
-¿Quieres que le llame a un sanador? – le preguntó Ginny en cuanto empezó a amanecer.
-No, ya me siento un poco mejor. Dile a Ron que no iré a trabajar, por favor.
Harry se había podido quedar dormido después de haber escuchado a Ginny preparar a sus hijos y salir para ir a dejarlos a la escuela. Para cuando despertó el desayuno estaba en la cama y ella estaba arreglándose para irse a trabajar.
-¿Vas a ir a trabajar?
Ginny volteó hacia la cama donde estaba Harry medio adormilado, se acercó a él para revisarlo tocándolo en la cara.
-Ya no tienes fiebre.
-Pide el día y quédate conmigo.
-No puedo.
-Siempre que me enfermo te quedas a cuidarme.
-Pero ahora no puedo, es la Eurocopa.
-Ginny, estuve a punto de morirme.
Ginny se levantó buscando sus aretes sin hacerle caso.
-Anda, quédate conmigo.
-Potter.
-¿Soy Potter? Vamos, amor, cuando me enfermo me hablas bonito.
-No cuando pudiste evitar estar enfermo – le decía mientras se ponía los aretes que había escogido.
Harry hizo un puchero y se sentó en la cama para comer lo que le había llevado su esposa.
-¿A qué hora regresas?
-No lo sé, tal vez en la noche.
Harry vio a Ginny entrecerrando los ojos mientras ellas seguían arreglándose frente al espejo.
-Le diré a Molly que estoy enfermo.
-No molestarás a mamá. Estas enfermo porque quisiste. Eres tan terco.
-Eres mala – se metió un bocado a la boca viendo a Ginny – muy mala – le repitió con la boca llena.
-Claro – Ginny se paró frente a él – yo soy la mala. Te dije claramente que te llevaras el paraguas pero me ignoraste, después te pido de favor que te des un baño de agua caliente y de nuevo vuelves a ignorarme. Pero como soy tan mala te cuide toda la noche porque te enfermaste.
Harry no le contestó y siguió comiendo. Ginny dio un bufido y se fue al baño a recoger la ropa sucia.
-Me estaba muriendo – dijo Harry muy despacio sin que Ginny lo escuchara cuando ella se fue al baño.
Ginny regresó a la habitación y de nuevo se paró frente a Harry.
-Por favor – recalcó – te tomas tus pociones y te quedas acostado. Hay comida en el refrigerador por si te da hambre más tarde y ni se te ocurra andar sin zapatos.
-Ya lo sé – le contestó Harry como si fuera lo más obvio.
-Nos vemos más tarde – le dijo Ginny dándole un beso y revisando por última vez la frente de Harry.
Había dormido todo el día, solo se había levantado cuando ya su estómago exigía más comida. Por la noche, se sentía muy bien, con las pociones que le había dejado Ginny y el haber dormido por horas, se había recuperado mucho.
Por la noche escuchó que habían llegado sus hijos y Ginny, seguramente de nuevo habían cenado con Molly. Bajó las escaleras y de inmediato sus hijos lo abrazaron.
-¿Cómo te sientes? – le preguntó Ginny quitándose su saco. Se notaba que estaba muy cansada.
-Mejor – Harry le dio un beso.
-Papá ¿a que no adivinas que hicimos hoy en la escuela? – le preguntó James emocionado.
Harry subió con sus hijos a la habitación quienes le contaron cada uno como les había ido en la escuela. Había pasado aproximadamente una hora y Ginny no había subido para nada. Dejando a sus hijos viendo televisión bajó las escaleras para buscarla. Ginny estaba completamente dormida en el sillón en una posición muy incómoda. Solo se había dejado caer ahí y se había quedado dormida. Harry la cargó en sus brazos y la llevó a la cama acostándola. Le quitó los zapatos y la cubrió con la cobija. Salió de la habitación y cerró la puerta para cerciorarse que nadie molestara el sueño de su esposa.
….
Una semana después…
Estaban en la madriguera después de haber pasado un domingo familiar. Los niños ya se encontraban dormidos pero la plática había sido muy amena que el tiempo había pasado demasiado rápido.
-Como que me dio hambre – dijo Ron tomándose el estómago.
-Son las dos de la mañana – le dijo Percy.
-¿Y?
Ron se levantó para ver que tenía su madre en la alacena.
-Cacahuates y frituras con picante.
-Oh, esas me encantan – le dijo Harry.
-Tú no puedes comer picante, Harry – le dijo Hermione.
-¿Quién dice?
-Ginny. Dijo que cada vez que comes algo picante te duele el estómago durante todo el día, y te tiene que preparar comida especial porque no puedes comer nada.
-Claro que no.
-Ginny no está aquí – le dijo George.
-Ginny está en el piso de arriba – le contestó Hermione.
-Ginny no se va a enterar – le dijo Ron sirviendo toda la botana en un plato.
-Ginny se va a enterar cuando Harry se queje de dolor de estómago.
-Yo no me quejo – dijo Harry tomando una fritura, pero apenas la iba a meter a su boca cuando escuchó:
-Harry James Potter Evans ni se te ocurra.
