Halloween

Por Tlacuilo

Harry acomodó sus notas para guardarlas en su maletín y por fin empequeñecerlo, pues su adorado hijo pensó que estas eran tan interesantes como para estrujarlas. Draco se lo había divertido… Harry no deberías de dejar tus cosas de trabajo cerca de Scorpius. Bueno, pues eso era historia y el moreno se dijo que si la risa de su hijo se escuchaba, bien podía llevar un poco arrugado su trabajo… al fin y al cabo los de túnica cereza no se molestarían, por lo menos Lucius y Severus no.

El bebé de seis meses brincaba dentro de su cuna agarrado de los barrotes, mientras Dobby le contaba una canción algo rara, pero que al maguito perecía agradarle mucho.

Harry se acercó a su hijo y lo tomó en brazos.

–Dobby dile a Draco que ya bajamos.

–Si amo.

El elfito desapareció en un plop y el moreno caminó fuera de la habitación y por el pasillo rumbo a la planta baja al desayunador.

Al llegar a este, Scorpius llamó en su idioma a su padre que se levantó de inmediato y besando a Harry cargó a Scorpius.

–Y este pequeño rubiecito que no había despertado, el muy dormilón.

–Creo que en eso se parece a mí.

–O no lo niego cariño, recuerdo que cuando aún ni siquiera te agradaba, no te importó meterte a mi cama.

–Pero solo a dormir.

–Sí, yo no dije otra cosa.

Harry se rió divertido al escuchar la respuesta de su esposo. Los dos adultos se sirvieron y es que a Scorpius le gustaba probar de lo que sus padres comían por lo que pasaba de brazos en brazos de ellos dos.

Canny apareció llevando más fruta y fue cuando escucharon los gritos que venían del pasillo que unía las dos casas Malfoy.

–¡Frijol! ¡Frijol!

Draco bufó fastidiado al comentar.

–Ese hermanito mío y su mote…

–Es con cariño.

–Lo sé, pero si sigue llamando de ese modo a Scorpius, él creerá que se llama Frijol Scorpius.

La risa divertida del moreno se escuchó por toda la terraza.

–Eres un exagerado Draco.

El rubio mayor le guiñó un ojo a su esposo. La conversación paró, pues entraron tres revoltosos llamando a voces.

–¡Primo Harry!

–¡Harry, Draco!

–¡Frijol!

Alderamin y Errai Black junto con Lucián Malfoy estaban ahí brincando y corriendo por todo el lugar tratando de decir algo, pues entre los tres hablando al mismo tiempo, no se entendía nada.

Por su parte Scorpius comía un pedazo de manzana sin dejar de ver el alboroto que los niños mayores hacían.

–A ver niños, uno por uno –calmó Harry– Empieza tú Lucián.

–Ellos dicen que soy un tramposo y que los de la fábrica de metales también.

–Eh…

–Lo son, primo Harry –aseguró Alderamin–puede convertirse en lobos.

–Ya… ¿Y? –dijo el de ojos verdes.

–Que eso es trampa, porque ya no necesitaran disfraz y nosotros si, por eso no deben entrar en el concurso. –concluyó Errai.

Harry miró a su esposo.

–¿Entiendes algo?

–Ni una pizca.

Afortunadamente para el joven matrimonio, los padres de esos revoltosos llegaban en ese instante.

Lucius se disculpó y llamó a su hijo.

–Que te he dicho Lucián.

–Que… que no debía despertar a mi hermano y su familia. –recitó el rubito trigo.

Remus alzó a su hijo y se fue sentar en la mesa con los anfitriones.

–Bueno, pues ofrece una disculpa –dijo el licántropo.

–Lo siento.

Dijo el segundo hijo de Lucius.

–No hay problema y ya estábamos desayunando padre, no nos despertó –respondió Draco a Lucius.

El patriarca asintió y se unió a su esposo sentándose también. Sirius ya llevaba a uno de sus hijos cargado en el hombro y Severus tomaba de la mano al otro.

–Sentimos llegar sin ser invitados, pero apenas nos enteramos y les contamos, ya querían venir e invitar a Scorpius –dijo Sirius.

Harry y Draco seguían sin comprender; hasta que Severus se sentó, se sirvió algo de fruta y comenzó a explicar:

–A la Directora Granger se le ha ocurrido que en el colegio de estos pillos se muestre lo que es la celebración de Halloween y creyó divertido que las fabricas hermanas se unieran y celebraran al más puro estilo Muggle –se escuchó bufar a Lucius– si Lucius ya sé que no te agrada, pero será divertido para los niños eso de pedir dulces y disfrazarse…

–¡Yo iré de vampiro! –Dijo Errai– Pero no se vale que Lucián…. –ya se quejaba el morenito.

–Hijito no me interrumpas –mencionó el pocionista y los tres Black se quedaron quietecitos y en silencio– Les decía, una fiesta para los que laboran en esos lugares y sus familias, y habrá un concurso de disfraces, por eso estos tres discutían.

–Que no veo porque, Lucián tiene prohibido cambiar en público –sentenció Lucius.

–Pero papá…

Remus negó al agregar:

–En eso tienen razón los gemelos, Lucián; imagina si todos los niños de la fábrica de metales hicieran lo mismo, no sería muy divertido.

El pequeño rubio trigo asintió derrotado y eso solo hizo sonreír a los dos gemelos Black.

Draco aun miraba con curiosidad a su padre y este al sentirlo preguntó.

–¿Que pasa?

–No puedo creerlo…

–¿Qué?

–Que hayas aceptado realizar una tradición Muggle.

Lucius no respondió, más Sirius que estaba enterado de todo lo hizo por él:

–Oh, pues le fue difícil decirles que no a Hermione Nott, Luna Longbottom y Astoria Weasley.

–Black…–mascullo Lucius.

–¿Si? –preguntaron los gemelos.

El rubio patriarca negó y agitó la mano negando.

–No niños, ustedes no, su padre…

Harry intervino al mencionar ilusionado…

–Sería divertido… yo… a mí… a mí no me dejaban salir a pedir dulces…, cuando…

El moreno de ojos verdes no continuó, más todos comprendieron. Draco tomó la mano de su esposo y la besó:

–Pues prepárate cariño porque estaremos toda la noche tocando de puerta en puerta y tú serás el más lindo fantasmita que vaya ese día.

–Hay no primo Draco, debe ser el mas aterrador. –opinó Errai.

Los adultos rieron asintiendo a lo dicho por el Black.

El desayuno continuó y los adultos llevaron a los pequeños a la escuela en Surrey.

Draco se despidió de su esposo e hijo y salió rumbo a la oficina, sin embargo antes pasó también a Surrey. La Directora de la Escuela Babushka sonrió al ver al rubio entrar.

–Draco… ¿Ya te enteraste?

–Sí y te lo agradezco.

–No hay de que, se lo debíamos.

–Afortunadamente ahora con Scorpius podrá vivir esas experiencias que no tuvo de niño.

–Si.

Draco se despidió de Hermione y se encaminó a sus oficinas, no sin antes saludar a Caín y Connor este último más que feliz presumiendo su reciente paternidad, su hijo Conrad tenía dos meses de nacido.

–Patrick dice que podemos sacarlo a pedir dulces.

Caín negó ante lo dicho por su amigo.

–Es un bebé.

–Bueno por lo menos para ver los adornos y luces.

–Eso sí. –aceptó Draco.

–Es una lástima que Josué no esté.

–No te preocupes Caín, en Hogwarts celebran también ese día y es muy divertido. –calmó el rubio– Bueno, entonces nos veremos ese día. Se me olvidaba Abel, que la gente venga el viernes, la fábrica de dulces traerá lo necesario para ese día y que no gasten…

–Lo siento Draco, pero ya hable con ellos y aseguran que quieren comprar ellos las golosinas con su dinero.

–Pero…

–Dicen que es como agradecer lo bien que ganan aquí. –Explicó el pelinegro.

–Bueno, eso es por el excelente trabajo que hacen.

–Permítenoslo. Además es la primera vez que podemos darnos el lujo de festejar de este modo, nuestro niños están felices –terminó Connor.

Draco aceptó y por fin se despidió de los licántropos.

La fecha esperada llegó. Las casas estaban todas decoradas y se notaba que su dueños no habían escatimado en gastos, pues la luces y efectos se reproducían aquí y allá. Los pequeños corrían divertido y exultantes de casa en casa y no tenían que tocar las puertas, pues los residentes estaba ya aguardando también felices de compartir ese día y celebración.

Un par de gemelos vampiros corrían, jalando a un Dementor que de terrorífico no tenía mucho, pues la capucha ya la traía de lado dejando ver entre su cabello rubio trigo un par de orejitas de lobo y que decir de una sonrisa divertida.

–¡Corre Malfoy! –gritaba Errai.

Que era el más interesado en llenar su bolsa de golosinas. Detrás de los pequeños iba un vampiro mayor acompañado de un hombre disfrazado de perro. A ellos se les unieron un Veela y un ¿Lobo?

–¡Moony eso es trampa! –chilló indignado Sirius.

Remus lo vio y negó muy seguro de sí:

–No, no lo es, no es mi real transformación…, además tú de perro… Eso sí es trampa.

–Tampoco es mi forma animaga –se defendió el Black.

Lucius agregó a la discusión:

–Para mí que ninguno de los dos pensó mucho en su disfraz.

–…

–…

La nula respuesta de los dos magos fue lo que zanjó la discusión.

–Bueno… yo me voy…

Sirius se hizo el que no entendió y sacando una bolsa se dirigió a una de las casas con los rostros asombrados de los otros tres adultos…

–¡¿No me digas que…?! –decía Lucius.

–¡¿Él también va a pedir dulces?! –exclamó Severus muy avergonzado.

Remus suspiró derrotado.

–De mi amigo lo creo todo.

Aseguró el licántropo siguiendo al aludido. Severus y Lucius se vieron…

Gryffindor.

–Si.

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Era la segunda casa a la que llegaban y para sorpresa de los moradores Harry alzó la calabaza –de Scorpius y de él.

–Dulce o truco.

Los habitantes de la casa sonrieron y echaron las golosinas mirando con diversión, pues quien diría que ese León y ese Dragón llevando a un pequeño fantasmita en brazos eran unos de los dueños de las fábricas, mas estos parecían más que divertidos pidiendo dulces de puerta en puerta.

¡Felices fiestas!

Celebrando que mi mami y mis otros difuntos nos visitan estos días de Noviembre les dejó este epilogo.