Hoy, "La culpa es de la cama" cumple un año ¡Un año! Desde la primera vez que la publiqué. Déjenme decirles que fue una experiencia bien bonita y un poco complicada, porque cuando la pensé, realmente no esperaba extenderme tanto, es decir, como lo dije en el primer capítulo, era una historia de máximo seis capítulos, iba a ser algo corto, no pensaba sacarle tanto.

Luego, cuando vi la trama, los personajes, el tiempo dije: "Esto da para más" comencé a pensarla, a crear trama enredosa, personajes protagónicos y antagónicos que tengan el perfil perfecto, mis OC, eh…empecé a inventar cosas raras, una historia que tenga desde el romance angustioso, hasta la muerte de mis propios personajes, y creció tanto la idea, la acogida que tuvo mi fic y todas sus lectoras, que se me vinieron cosas que nunca se me pudieron imaginar antes, mentalidades que te dejan en la nada.

Todo fue increíble. Y ahora, cuando LCEDLC cumple 365 día de publicada, quiero confesarles que su trama sigue en proceso, la sigo planeando, porque durante el proceso he cambiado demasiadas cosas, como por ejemplo la pérdida de la memoria de Kagome: esa no estaba pensada.

Aún quedan alrededor de 20 capítulos más.

Y les agradezco, hermosas, les agradezco por cada review, a todos los anónimos y a todos los registrados que me han dejado un granito de arena apoyándome: Nina Parker. Paulii Taisho. Neri Dark. Marlene Vasquez. FernyInuBellamy. Dead-End-00. Maribalza. Aky9110. JOAN. Elvi. LalaGmz. Conini. Sasunaka doki. KagomeTaisho22. Guest. Coni. KEwords. Airamev. Raquel Cisneros Taisho. Yura Zambrano. CIELO PAZ. Vanu-chan. ClauGazz. Danper' jaz lirio. Evagenline Odette. Pollito M. jessandre95. Jenjas. Carmen. Sele de la Luna. Cecil Pierce. Makimashi Misao. Mica Taisho. Azulblue06. Sasunaka doki. Emi Hike. Drako61. Des. Andrebi. Cute Femme.

Tal vez se me escape alguien, pero quiero que sepa que le llevo en el corazón, por hacer posible mi más grande proyecto como escritora fan.

¡Feliz aniversario LCEDLC! Eres mi más grande proyecto.


Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi.

(Masha y cualquier otro colado: me pertenecen.)


La chica que estaba en la cama: Chapter 34.


Miró para su hermano, horrorizada. Iba a hacerle algo malo, algo muy malo a esa… mujer que estaba en la cama de su hermano. ¡Por Dios! ¿Y Kagome? ¿Qué era lo que iba a decirle ahora a Kagome? No podía creer que de verdad su hermano había sido capaz de acostarse con otra mujer y todavía Masha. ¡Masha!

Esperen… ¿Masha?

—¿Masha? —Volvió a inquirir, esta vez en voz alta. La pregunta quedó como en el aire, por varios segundos nadie respondió ni dijo nada. InuYasha trataba de entender lo que estaba pasando, ya que se suponía que se había acostado con Makira, no con Masha ¿y qué diablos era lo que estaba pensando? Kikyō ladeó un poco la cabeza, diciendo con ese gesto de que no se creía nada de lo que veía—. Masha, ¿en serio tú…? No… me estoy confundiendo, tú no eres…—Abrió los ojos como platos cuando lo descubrió, se llevó la mano a boca, en señal de horror y sorpresa—. Oh, por Dios…

Sí. Kikyō no pudo creerlo, una vez más ella no podía creer nada de lo que veía.

—¿Cómo que Masha? —Inquirió InuYasha, por fin—. Se supone que anoche hablé con Makira.

—¡Tú, cállate! —Ordenó su hermana—. ¡Porque no estás en condiciones para decir algo! —Ignoraron a… bueno, a la chica que estaba en la cama—. ¡Eres un maldito sin vergüenza! ¡¿Cómo pudiste haber engañado así a Kagome?!

—¡Espera un momento, Kikyō! —InuYasha trató de levantarse, pero recordó que estaba desnudo—. ¡Kagome no es nada mío, así que no digas que le fallé!

Una vez más, InuYasha estaba diciendo estupideces.

Los hermanos se miraron de manera desafiante, olvidando totalmente que…la chica que estaba en la cama los miraba con atención y recelo. Las miradas se encontraron en un desafío, mientras InuYasha se encontraba dándose cuenta de la bobera que había dicho, Kikyō se concentraba en reprocharle con todo movimiento corporal posible su estúpida acción (a más de todas las que comete con frecuencia, claro está). No podía escucharlo y no podía creerlo; aquello había sido una monstruosidad ¡Qué pasaba con el mundo, por Dios!

—¿Te das cuenta de lo que dices? —Noruma soltó eso, con la voz suave, pero llena de ira.

Y claro estaba que su hermano no se iba a dejar, ni iba a romper su orgullo tan fácilmente.

—Lo que dije es verdad, y ya no me importa lo que piense Kagome—¿pero qué mierda estaba diciendo? Se maldijo internamente por ser tan imbécil. ¿Cómo decía eso? Si lo que más deseaba era que Kagome volviera a su lado (porque suya ya era), no tenía derecho él mismo a decir tanta cosa. Su hermana negó, en señal de reproche— es así, Kikyō, he recibido demasiados desprecios por causa de ella, es hora de que consiga a alguien ¿no? —¿por qué no se callaba? No era que no quisiera aceptar su error, sino que…

—Tú…—Ignoró aquel comentario, Kikyō, y miró para la chica que aún estaba en la cama—¿cómo pudiste…?

De pronto, la risa macabra y malévola de esa chica inundó el apartamento.


Miró para su amiga, sin querer creer lo que estaba sucediendo.

Sentía que algo malo se desataría desde ese día.

—Dos meses más. —Oyó pronunciar a Kagome, mientras observaba unos documentos y firmaba—. Faltan solo dos meses para irme del país.

—¿Qué?

La Higurashi miró para Sango, alzando una ceja—. En dos meses termina el proyecto ¿no? Es hora de que me vaya, todo lo que está pasando; debo dejarlo atrás, comenzar una nueva vida, una nueva pareja, un nuevo espacio de trabajo, tal vez unas vacaciones…

—Kagome, Kagome ¿pero qué estás diciendo? —Sango le llamó la atención, horrorizada, mientras Kagome ponía cara de preocupación—tienes una vida hecha, un trabajo, un amor… tienes a InuYasha.

—¿InuYasha? —Respondió ella, con un toque de lejanía en la voz—, ah, aquel hombre que se burló de mí. No, gracias, creo que prefiero regresar con Hōjō. —Bajó la mirada, sabiendo que eso era mentira—. Acababa de romper con él cuando conocí a InuYasha en esa discoteca.

—Kagome…

—Sango—irrumpió—él ya murió para mí, se terminó.


Agarró a Masha de los cabellos, empezando a arrastrarla, sin que ella dejase de reír.

—¡Ya, cállate! —Ordenó Noruma, con voz iracunda.

—¡Mierda, ya suéltame! —Gritó de pronto, tapándose el cuerpo con las sábanas, mientras avanzaban a la cocina, sin dejar su expresión sádica y desquiciada.

—Estás loca, Masha —a pesar de la ira, Kikyō no podía creer nada de lo que estaba pasando. Había tratado de confiar en ella, había cedido a darle un poco de fe, había…—¿quién eres? —preguntó con miedo, por aquel ser que estaba en frente suyo.

—La mujer de InuYasha—respondió con sorna, riendo al acto.

En ese mismo instante la cara de Noruma se desfiguró, resonando por todo el departamento una sonora cachetada. El cabello de la pelinegra se le pegó en la cara, debido a la acción anterior. Dejó a Masha completamente indefensa, con el cuerpo girado por aquel golpe.

—Eres una mal-parida—estrujó sus propias palabras.

Masha siguió riendo, mientras se giraba lentamente a su agresora, tocándose la mejilla.

—No creí que fueras tan mal hablada, Kikyō—frenó ágilmente otra cachetada de la chica—, no te atrevas.

Noruma soltó a Masha, ladeando el rostro. Si tenía que enfrentarse a esa loca, estaría dispuesta a todo.

—Aprovechas que InuYasha no está ¿verdad? Bien, pues si vamos a hablar: quiero que soltemos todo. Tú y yo nunca nos hemos caído bien, Masha, desde el primer día, sabía que eras un mal elemento.

—Qué coincidencia. —Festejó, sarcásticamente.

—No te burles. Toda la vida te abnegaste en decir que querías unir a InuYasha y Kagome, y que tu propia hermana era una no sé qué que iba a destruir tu gran plan. —En serio quería saber qué era lo que pensaba esa idiota.

Esa idiota sonrió.

—¿En serio crees que estás hablando con Masha? Discúlpame, Kikyō, pero puedo darme cuenta de que no sabes a quién te estás refiriendo. —Curvó los labios; todo le estaba saliendo a la perfección.

—¿Qué di…?

—Me llamo Makira, Makira Masha.


Miró al suelo, dolido.

Se había terminado.

Él, había acabado con todo.

Y Kagome ya no estaba con él. Había aceptado las órdenes de su hermana solo porque realmente necesitaba salir de ese lugar, porque tampoco se sentía lo suficientemente valiente como para enfrentar todo lo que estaba pasando. ¡Era un maldito cabrón! La verdad era que no sabía qué improperios darse en cuestión, porque lo que hacía, lo hacía y decía con toda la razón del mundo: era un idiota.

Ya no tendría más qué hacer ¿qué era lo que iba a pasar con él? ¿Qué era lo que iba a pasar con Kagome? Todo había acabado y más dolor era imposible. O bueno, eso era lo que él pensaba. Su celular sonó, se lo sacó rápido del bolsillo y se sorprendió al ver el reconocedor: era Sesshōmaru.

—¿Qué quieres?

Hablar contigo sobre unos asuntos. Te espero en el departamento de Sara.

Y eso fue todo. El hermano mayor cortó la llamada, dejando a InuYasha con el odio pintado en la cara. Se preguntaba internamente de qué iba ahora la cita de su familiar, bueno, del estúpido de Sesshōmaru. Bueno, no tenía más opción: debía ir.


Siguió tecleando algo en su computador.

Su mente divagó por los recuerdos que estaban abriendo su mente sin que ella misma se diera cuenta. Así que InuYasha, ¿no? InuYasha…ese era el hombre que había conocido en una discoteca, con el que había trabajado durante diez meses, con el que había aprendido lo que era ser mujer, el hombre que la había hecho vibrar y enloquecer con cada caricia, e incluso con cada mirada. Cuando sus ropas se deslizaban por sus cuerpos de manera loca, desesperada, esos besos que la hacían sentir única.

InuYasha era el hombre que la había hecho conocer el verdadero amor y el verdadero dolor de amar. Porque a pesar de todo lo que había pasado; ella sonreía como niña tonta cuando recordaba que él era su novio, y que habían pasado tantas cosas para estar juntos, que el día en que se hicieron oficialmente pareja, él y su primo habían peleado con golpes, porque recordaba que InuYasha le había besado en la frente, porque recordaba que él la quería de verdad y que si le había terminado esa tarde, no era porque simplemente hubiese querido hacerlo.

Tenía el presentimiento de que era algo más, de que realmente InuYasha no quería dejarla, podía recordar sus ojos llenos de dolor y en ese momento… ¡claro! ¡Habían estado a punto de hacer el amor esa mañana! Y ella al final, había dicho que tenía miedo. Ahora que se daba cuenta, la culpa no era ni de InuYasha, ni (como lo había dicho un día, cuando se negaba a aceptar que estaba enamorada) ni la culpa era de la cama, la culpa era de ella: había sido una idiota, se había negado.

Y su fantasía sexual. Ella deseaba hacer el amor en una playa, con música americana, de noche, bajo el cobijo de las estrellas y la atmósfera de las olas. ¡Ella se lo había pedido! ¡Y él se lo iba a cumplir! Justamente el día de su propio cumpleaños, el regalo iba a ser para ella. Se lo había pedido antes de partirse la cabeza en el baño a causa de ese desmayo.

Y ahora se había ido.

Se fue.

Un increíble dolor se le instaló en el alma, y eso le causó lágrimas. Lloró, lloró de manera increíble. Las cascadas que el empañaban la mirada eran toscas, saladas y gruesas. Kagome sintió su propio dolor matarla lentamente, sentía que había perdido un pedazo de su vida, y ahora era que se daba cuenta, se daba cuenta que dentro de solo dos meses se acabaría todo vínculo que los uniera y nunca más volvería a saber de él, porque ella vivía en China, y él en Japón, y pesar de que ella era japonesa, toda su vida había vivido y trabajado en ese país.

Lo amaba, lo amaba más que a nada y en ese momento había recordado quién era InuYasha.

—InuYasha…—pronunció al aire, secándose las lágrimas— ¿será que aún tenemos una oportunidad?

Su mente reaccionó: ¡aún podían regresar!


—¡No me hagas reír! —Carcajeó con gusto, mientras apartaba la mirada de su verdugo.

—¿Puedes cerrar la boca? —escupió Kikyō, con el odio bordado en las palabras.

Masha, Makira o quien quiera que fuere, bueno, la chica que estaba en la cama, soltó otra carcajada y negó con frenesí, tratando de calmar seriamente sus instintos de matar.

—Eres tan tonta, Noruma. —Insultó.

—Quiero que me aclares en este momento todo lo que te pasa por la maldita cabeza—insistió en saber, porque ya comenzaba a exasperarse.

—Los planes se piensan, Kikyō y yo llevo más de cuatro años pensando cómo destruir a Kagome. —Confesó, empezando a ponerse sombría.

—¿Qué te hizo? —Se sorprendió, ¡cuánta maldad!

—Ella… ella…—escondió los ojos bajo el flequillo— ¡No tengo por qué decirte nada!

—¡Te estás metiendo con mi familia! —Explotó la pelinegra.

—¡Me vale! ¡Tú no eres nadie para decirme lo que debo hacer! —Empezó a reír como loca—, y ahora soy de InuYasha, Kikyō, no puedes frenar un solo ápice de mis planes, yo ya planeé todo, desde que llegué, desde que peleo con mi hermana gemela porque ella pensaba venirse para acá antes que yo, y aunque lo hizo, de manera anónima, pero lo hizo, no me importa, mi plan es destruir.

—Esto no se queda así.

—¿Y qué piensas hacer? ¿Decirle a Kagome? —Kikyō asintió—. Ni-se-te-ocurra. Te juro que le dices antes que yo…

—¿Si le digo qué pasa? —desafió.

—Aparte de que todos pierden su trabajo… Costará la…

—Ya entendí—cortó Noruma, lo había entendido: esa mujer estaba dispuesta a dejar sin trabajo a su hermano y sus amigos que tantos años habían trabajado por eso. Ella no podía ser tan miserable, pero por otro lado… ¿callarle esa atrocidad a su mejor amiga? ¡Por Dios! Kagome no se merecía eso.

¡Mierda!

Estaba entre la espada y la pared.

—¿Qué tanto piensas?

—Si se lo vas a decir tú, que sea pronto.

—No tienes que decirme lo que tengo que hacer. —Comentó parsimoniosamente, la de pelo morado.

—Te odio. —Era la primera vez que lo pronunciaba desde el fondo.

—Entonces se declara la guerra entre nosotras—achicó los ojos, con un brillo de maldad y suspicacia. Le extendió la mano a Kikyō mientras sonreía.

Noruma miró con asco la mano extendida de la joven y su cara se desfiguró con una mueca. Eso era lo más repugnante que podría hacer en su vida y ya no se rebajaría más a esa perra. Salió de manera rápida del departamento, dando un portazo en el acto sin volver a mirar a esa idiota.

—¡Recuerda que en la guerra todo se vale, Kikyō! —Gritó, por si esque la aludida la escuchaba—, hasta la vida—comentó como ultimátum, en voz baja.


—¿No se suponía que aquí tendría que estar el estúpido de Sesshōmaru? —comentó, con un ánimo decaído y con semblante destrozado.

—Cálmate y toma esto—le ofreció un poco de café caliente, mientras se sentaba en el mueble de al lado—él está aquí y espera que…

—No puedo creer que seas tan idiota. —La voz imponente de su hermano lo sorprendió. Sonrió algo irónico: él se sentía un alfiler frente a Sesshōmaru que se veía fornido y feliz (dentro de sus expresiones).

—Habla ya—se levantó, dándole la taza a Sara, que miraba la escena con expresión nerviosa.

—¿Cuánto tiempo más pensabas tardarte para darte cuenta? —InuYasha no le entendió—. Makira—llamó Sesshōmaru, sin dejar su expresión neutra.

Detrás de él apareció la chica de cabello morado y ojos violeta, con una venda en la cabeza. El ambarino se quedó sin habla, porque realmente no estaba entendiendo una mierda de lo que pasaba.

—Anoche te dije, que tú, Kagome, o más bien ese círculo de amigos y familiares al que perteneces, corren peligro. —Comentó recelosa, con el dolor punzante en la cabeza.

—¿Qué no se supone que me drogaste anoche para acostarte conmigo? Kikyō estaba hablando contigo, —se quedó callado—, espera un momento… tú eres Masha, tu hermana…

—Cállate, InuYasha, déjala que hable.

¿Y por qué carajo Sesshōmaru la defendía? ¿Acaso ya la conocía? ¡Todo era una mierda!

—Yo no soy Masha, no la que tú piensas; mi nombre es Masha, Masha Makira y la mujer que se acostó contigo es la Masha que todos conocen: Masha Takeda.

Continuará…


Saquen ustedes sus propias deducciones y por review me dicen, ¿vale?

¡Feliz aniversario LCEDLC! ¡Y gracias a Rosali33 por sus valiosos reviews!

¡Gracias, niñas, en serio!