Cap 34: Descubrimientos inesperados.

-Comandante, necesitamos que confirme si hay personal de la academia por la zona. –Hablaba un oficial al otro lado del comunicador hacia Phasma, que sentada junto al otro soldado se encontraban en un rincón apartado de uno de las tabernas de la zona, donde podían vigilar sin problema la entrada y salida de personal de la edificación principal.

-Señor, llevamos horas, hemos visto un amplio número de jóvenes salir de las instalaciones pero ninguno con los indicativos de la Primera Orden. Son todos de un rango de edad similar a los que en la academia estudiaban. Al igual que hombres y mujeres. Se están afanando por ocultar los símbolos por toda la zona. Mis hombres van reportando informes sobre movimientos similares.

-Aún se mantienen las líneas de contacto abiertas hacia la academia. Daremos un primer aviso, este pendiente de los movimientos que pueda haber en las próximas horas. Es posible que por nuestro contacto haya nuevos movimientos por los miembros de la academia. Si es así, repórtelo de inmediato.

-Sí señor.

-Es imprescindible que confirme la veracidad de la academia. Estamos sufriendo ataques de la resistencia actualmente y requerimos de todo el personal posible, si allí ya no hay nadie, es necesario que acuda de vuelta a apoyar en la batalla.

-No se preocupe señor, reportaré en cuanto vea movimiento. –Cortó la comunicación segundos más tarde mientras observaba el ir y venir de las gentes entrando al edificio para salir a los minutos con ropas y telas en las manos. –Comunica al resto que estén pendientes, si ven algo extraño que avisen de inmediato. –Le ordenó al soldado que de inmediato se puso manos a la obra para informar. –Tienen que estar aquí, sino no intentarían ocultar la evidencia tan apresuradamente. –Agregó con cierto recelo al no haber identificado aun a nadie que conociera o hubiera visto con Uri tiempo atrás.

-Si es así veremos algo pronto. –Le respondió el soldado tras acabar de informar al resto.

-Eso espero.

Por su parte en el interior de la edificación tiempo más tarde. Aun todos estaban pendientes de la salud de la castaña. Habían tenido que intervenirla de urgencia y tras largas horas en las que aseguraron su estabilidad y la fiebre se redujo, todos respiraron con cierto alivio.

Cuando Uri abrió los ojos encontró a un sinfín de gentes entrando y saliendo de la enfermería. Otros al igual que ella reposaban en camastros por sus heridas, pero poco importaba. Las instrucciones que se daban desde allí obligaban a que no se pudiera respetar el silencio para el reposo de los heridos.

-Uri. -La llamó captando su atención Yul, que con la evidencia de haber llorado tenía los ojos rojos. –Estaba preocupado. –Confesó acercando el pequeño taburete que tenía hasta el lateral de la cama. –Te subió la fiebre y corriste peligro, tu situación se agravó, todos temíamos que pudieras morir mientras te trataban. –Informó mientras buscaba con la mirada a varios de los encargados en el lugar, para alzando la mano, indicarles que había despertado.

-¿Qué pasó? No me encontraba tan mal. –Habló con cansancio la joven mientras intentaba semi incorporarse. Yul corrió a ayudarla hasta que quedó sentada.

-Las curas que te hicimos no fueron suficientes, el frio de aquel planeta no ayudó. –El hombre encargado de distribuir las tareas se acercó acompañado de la doctora.

Jefa, al fin despierta. –Habló alegre al verla, cosa que hizo que la joven sonriera agradecida por la preocupación. –Hemos hecho lo que ordenó, los identificativos se están tapando o retirando. Se ha aumentado la seguridad y ya nadie viste con ropas de la Primera Orden. –Informó mientras dejaba paso a la doctora para que mirara el estado de la mujer. –También se ha corrido la voz a todos los mercaderes y mercenarios.

-Me sorprende, no esperaba que lo hicierais tan rápido. –Habló con orgullo, felicitándoles por el trabajo. -¿Cuánto tiempo he dormido? –Hizo la pregunta mientras observaba como la doctora destapaba la herida en su estómago. Una mueca de dolor se evidenció cuando, el último aposito fue retirado.

-Cerca de seis horas. –Habló la mujer tras confirmar que la herida iba bien, cubriéndola de nuevo y alzándose en pie.

-Demasiado, la Primera Orden seguro está buscando ya nuestra ubicación. –Los presentes se miraron entre ellos, antes de cederle la palabra al discípulo de Ren.

-La Primera Orden ya ha contado con nosotros. Ha ordenado que acudan todos los miembros que aun queden de la academia a la base principal. O si no… dicen que seremos el foco de sus ataques.

-¿Saben dónde estamos? –El ceño fruncido agudizó su descontento.

-Eso parece.

-¿Y Kylo? ¿No ha cubierto nuestra ubicación? –preguntó impaciente, mientras se removía intentando alzarse para ir hacia el puesto de mando.

-No, te muevas. –Corrieron a regañarle obligándola a quedar en su sitio. –No estás bien aún, tienes que descansar, o todo el esfuerzo que pusimos en que no hubiera consecuencias no habrá servido de nada. –Le indicó la doctora, mientras que Yul con preocupación, intentaba por todos los medios hacerla entrar en razón.

-Uri, no he conseguido contactar con mi maestro –habló molesto. –Su intercomunicador no responde. Pero aun así no se ha dado respuesta a la Primera Orden. El comunicado ha sido muy reciente, esperábamos a que despertaras para saber qué hacer.

-Si saben de nuestra ubicación no hay forma de que podamos seguir aquí sin prepararnos para un ataque. Da igual que respuesta demos, si los cadetes no acuden a la base, atacaran. –Sentenció agarrando con fuerza las sabanas que la cubrían. –Tenemos que prepararnos, no podemos dejar este lugar, no tenemos a donde ir… Hay que defender este territorio todo lo que podamos. Nos atrincheraremos aquí y repeleremos los ataques. Y si llegado el momento debemos huir, saldremos por los túneles que conectan con la otra burbuja. –Finalizó seria mirando al hombre que ahora llevaba el mando del lugar en su ausencia.

-Entonces… ¿Nos movilizamos? –Preguntó preocupado. Recibió una afirmación por parte de la castaña y tras que un suspiró escapara de sus labios aceptó la orden. –Era de esperar que algún día esta utopía dejaría de serlo –El rostro molestó de la castaña evidenció que nunca hubiera querido que ese momento llegara. –Pero, aguantaremos, no te preocupes, todos están contigo, y todos sabían que esto podía pasar. Tenemos comida para varias semanas, y si compramos la mercancía que hay actualmente en el mercado, tendremos para aún más tiempo.

-Gracias. –Respondió Uri antes de añadir. –También quiero que un grupo busque información sobre algún otro planeta al que podamos migrar, si lo encontramos antes de que ellos nos ataquen, será beneficioso para todos.

-Así lo hare. -Respondió antes de marchar dejando a los otros tres en el lugar.

-¡Mierda! –Gritó golpeando la cama. –Esto no tenía que haber pasado. Es mi culpa por arriesgarme. –La impotencia que sentía la embriagaba.

-No es tu culpa, es la de todos. Ya sea por una u otra cosa todos hemos contribuido a que esta situación ocurriera. –Habló seguro el muchacho. –Ahora lo que debes hacer es recuperarte, todos velaremos por tu salud, como tantas veces has hecho por ellos, o por mí. –Le indicó antes de mirar hacia la doctora, buscando cierta ayuda.

-Jefa. –La llamó ella. –Antes de nada, hay algo que deberías saber sobre tu salud. –Habló con seriedad, recibiendo una afirmación por parte del muchacho, que con culpabilidad, agachó la cabeza. –El problema que hubo para que se empeorara tanto tu estado cuando llegaste, es… -hizo una pausa buscando las palabras correctas para explicárselo.

-Uri, estas embarazada. –Finalizó el muchacho. –Por mi culpa casi pierdes al niño. –Se acusó, captando la atención de la castaña, que con los ojos muy abiertos miraba de uno al otro negando con la cabeza, hasta que una pequeña risa escapó de sus labios.

-¿Qué dices? Eso es imposible. –Musitó con diversión, antes de la seriedad de los dos, le hiciera cambiar su semblante. -¿Verdad? –Miró a la doctora que negó. –¿Cómo es posible? –El silencio los cubrió a los tres, mientras una incrédulo Uri miraba su vientre. -Se suponía que no podía, después de lo que me hicieron cuando era pequeña, mi sistema reproductivo quedó dañado. Me dijeron hace años que jamás sería capaz de engendrar.

-Lo tienes muy dañado, pero no te realizaron ninguna cirugía eficiente para esterilizarte. La probabilidad estaba, pero era mínima. –Informó la mujer afirmando. –Apenas estas de unas pocas semanas. No es seguro siquiera que aun pueda salir adelante, debido a lo dañado que esta. Pero por el momento, hemos conseguido que saliera adelante, a pesar del daño causado.

El silencio que prosiguió a sus palabras se acrecentó, cuando tanto la doctora como el muchacho no dijeron palabra alguna. Uri, muy seria analizaba toda la situación, mientras escuchaba el jaleo de la gente en la sala.

-¿Quién lo sabe?

-Solo nosotros y los médicos que la trataron. –Informó la mujer.

-Nadie más puede saberlo. –Sentenció alzando la mirada. -Esta información no debe conocerse, no ahora. –Agregó desviando la mirada al muchacho. –Nadie –recalcó.

-Pero Uri, es una buena noticia, mi maestro debería saberlo.

-No, si lo hace no apartara su atención de mí, sabes cómo es, y no podemos interferir en sus planes, menos ahora que se supone que estoy muerta. Si la cosa llegado el momento se calma, yo misma se lo hare saber, pero mientras tanto, ocultaremos la noticia hasta que no quede más remedio. –Ordenó tajante. –No quiero que nadie me vele. La prioridad es que todos vivamos, no quiero que nadie se arriesgue de forma intencionada solo porque saben de mi estado. –Sentenció antes de quedar en silencio de nuevo.

La doctora afirmó con cierta reticencia. –Así se hará.

-Bien, ahora. –Uri miró al muchacho. –Por favor, ayúdame a llegar al puesto de mando. No puedo quedarme aquí parada mientras todo ocurre. Si hace falta me sentare y desde ahí daré instrucciones. –El joven tras ciertas negativas acabó cediendo y con ayuda de la doctora, movilizaron a la castaña hasta el lugar donde todos se acumulaban en torno a varias mesas donde se exponían los datos.

Los presentes saludaron a su líder interesados por su salud, pero ante las instrucciones de la misma, rápido olvidaron su preocupación, para centrarse en sus deberes en pos de sobrevivir.

El comunicado se hizo oficial. Uno de los que habían sido oficiales de la academia hizo el reporte. Se decretó oficialmente ante la Primera Orden que la academia había desertado al completo, y auguraron una resistencia considerable en caso de que la amenaza de que atacaran se cumpliera. Y tras ello se comenzó a movilizar por completo a todo el asentamiento.

Juntar toda la comida y armas que encontréis. Seguramente si ya saben de nuestra ubicación es porque alguien de la Primera Orden está aquí y ha sabido identificarnos. –Informó la castaña seria. –No os ocultéis a la hora de hacerlo, ser evidentes, si como sospecho hay alguien, es mejor que vean el amplio número de efectivos que disponemos, somos una amenaza considerable, estamos organizados y sabemos luchar. Tendrán que reportar que estamos equipados y daremos guerra.

Hizo una pausa para sujetarse la herida que tras tanto hablar le había provocado un pinchazo. –Conozco la Primera Orden, no nos atacaran enseguida, tendrán que preparar a un mínimo de tropas y ello le llevara algunos días. Esa es nuestra ventaja. Seremos finalmente una amenaza para la Primera Orden. Ellos deben saberlo. Que los comerciantes que partan a sus planetas de regreso lleven la información. Cuanto más se hable de nosotros, mayores serán los bulos que se divulguen y muy probablemente a nuestro favor. –Sonrió con orgullo por su ocurrencia. –Haced que la Primera Orden nos tema por no saber que es verdad de todo lo que se dice.

Muchos alentaron la idea con diversión. Era una evidente burla hacia sus enemigos, y si les beneficiaba lo llevarían lo mejor que pudieran. Entonces una oscura cabellera se movió entre empujones hacia la situación de la castaña.

¡Quita! ¡Quita! ¡Déjame pasar! –Le gritaba a uno que en su camino se interponía mientras lo empujaba por detrás. -¡Madre! –El sonoro gritó captó la atención de la amplia mayoría, mientras el pequeño con los ojos llorosos se acercaba a prisa hacia la mujer, dispuesto a abalanzarse sobre ella. Pero sus pasos se frenaron al verla sentada. -¿Estas bien? No te mueres ¿verdad? ¿Quién te ha hecho eso? Yo iré a por él y lo mataré por haberte hecho daño. –Preguntaba apenas sin coger aire, mientras exclamaba y gesticulaba con enfado cada amenaza hacia el culpable. -¿Ha sido el idiota de Hux? ¡Dime que ha sido él y correré y acabaré con ese pelo de zanahoria que tiene! –Agregó con el puño en alto, antes de señalar la salida muy enfadado, demostrando que en cuanto lo dijera, se atrevería a salir y coger la primera nave que viera, aunque fuera solo y no alcanzara a los mandos.

El silencio se hizo en cuestión de segundos en los que aún quedaban en el lugar, que tras unos momentos de analizar las palabras del pequeños, estallaron en risas siguiendo a Uri que fue la primera en dejar escapar una sonora carcajada.

-Estoy bien Nut, tranquilo, nadie me ha atacado, o no por lo menos nadie a quien debas matar. –Respondió con diversión, mientras hacia un par de gestos al resto para que siguieran con sus tareas, mientras ella hablaba con el pequeño.

-Pero casi te mueres.

-Exacto, casi. Ahora ya estoy bien, esto se curará pronto, los droides se encargaran de ello, así que tranquilo. –El muchacho con reticencia afirmó mirándola muy serio.

-No me dejaban entrar, me decían que estabas mal, pero no me dejaban entrar, incluso Yul –señaló al mencionado acusador –me decía que no entrara.

-¿Eres medico? –Preguntó la castaña, el niño negó. –Entonces no podías ayudar, molestarías a los médicos, Yul hizo bien diciéndote que no entraras. –Defendió al mayor.

-Pero… -la mayor negó y el pequeño calló su queja. –Tenía miedo. –Agregó mientras todo el coraje que había acumulado para amenazar al culpable, se le esfumaba mientras se acercaba con cuidado hacia ella.

-Lo sé, pero ya estoy bien –lo rodeó con sus brazos mientras le acariciaba la cabellera. –Bueno, y en mi ausencia pequeño jefe, cuantos juguetes nuevos has conseguido sin mi permiso. –Cambio el tema de conversación, mirando con diversión al pequeño. -¡Ah! ¿Y que es eso de que querías un sable laser?

-¡Para ti! –corrió a responder.

-¿Para mí?

-Sí, no tienes, Kylo tiene uno, Yul otro, la chatarrera también, solo tú no tienes uno. –conforme hablaba iba indicando con sus dedos el número de sables que tenían. –Necesitas uno para poder luchar.

-Puedo luchar sin ellos. –El pequeño se cruzó de brazos negando. –Además Kylo ya me dio uno.

-¿Si? –Preguntó curioso -¿Cómo es? ¿Dónde está? ¿Es igual de chulo que el suyo?

-¡Muchas preguntas! Si quieres saber cómo es luego te lo enseño –le guiñó un ojo a lo que el pequeño rápidamente afirmó mostrando su enorme sonrisa mellada. -pero ahora… necesito que me digas que quería la resistencia cuando vinieron.

-¿El amigo de BB8? –Uri afirmó, el pequeño pensó un momento hasta que pareció recordar. –Naves, y supresores.

-¿Supresores? –se extrañó la castaña.

-Si esos para que los blaster no funcionen. Quería muchos. Dijo que así las naves podrían atacar sin que les dispararan desde tierra. –Matizó mientras buscaba con cuidado bajo la ropa de la mujer la herida que tenía, ella le dejaba hacer mientras lo vigilaba atentamente. Un gemido lastimero escapó del pequeño cuando vio la gravedad de la herida. -¡Es enorme! ¡Tienes que tumbarte, y no moverte hasta que te cures! Eso es lo que siempre me dices cuando me pongo malo. Ahora tu estas mal. ¡Hazlo!

-Ya voy, ya voy, en cuanto acabe con esto voy. –La tozudez de ese pequeño era admirable, y las formas que tenia de darle las vuelta a los reproches que se le habían dicho en alguna ocasión anterior, eran dignas de admiración.

Desde el exterior Phamas observaba como en cuestión de una hora, había dado un vuelco de ciento ochenta grados la situación. Del edificio principal comenzaron a salir efectivos hacia todos lados. Incluso los cadetes y niños se distribuían informando a cualquiera que encontraran.

Se están moviendo, esto es lo que esperábamos. –Sonrió satisfecha mientras daba pie a su soldado a hacer el reporte, a la par que ella comenzaba a movilizar a sus soldados para dejar el lugar con otro intercomunicador. Con la confirmación su presencia ya no era necesaria en el lugar, no por lo menos sin un amplio destacamento disponible para acabar con los traidores, pensaba. Hasta que la forma de moverse en aquel lugar, la sorprendió. No se estaban movilizando como ella esperaba.

Arrugó el ceño mientras alzándose en pie miraba a todos los que de allí iban saliendo. Sabía que harían algo, pero jamás esperó que lo hicieran de forma tan pública y evidente. Un pequeño se movió por las mesas de la taberna, conocedor del terreno y a voz en grito iba proclamando las intenciones de los miembros de aquel lugar.

-¡Lucharemos! ¡El jefe Solo dice que lucharemos! Nos enfrentaremos contra la Primera Orden, por amenazarnos. Ha pedido que nos movilicemos y equipemos. Comprar todas las armas y comida que encontréis, es hora de que sepan de nuestro poder. –Y dicho esto se movió a prisa hacia otro negocio donde de igual manera repitió la información.

-¡Mierda! –exclamó en un susurro antes de girarse hacia el soldado. –Rápido muévete, tenemos que salir de aquí cuanto antes. –Le señaló mientras se acomodaba sus cosas para salir del lugar. –Si con todo este caos nos descubren, no saldremos vivos de aquí. –Agregó a la par que dejaba el pago sobre la mesa y observaba como en la taberna casi todos los presentes se alzaban dispuestos a cumplir las órdenes de su líder.

Caminaron casi corriendo por entre las callejuelas buscando al resto de su grupo. Tenían que salir de ahí cuanto antes. Los cadetes y oficiales la reconocerían, y si se estaban movilizando sería una situación muy posible.

Por todas las callejuelas que pasaban observaban como los mercaderes que distribuían alimentos o armamento veían con regocijo como toda su mercancía se vendía. Cuando ya divisaban a lo lejos la puerta de salida, fue capaz de localizar a varios de sus soldados. Les dio indicaciones por el intercomunicador intentando no llamar la atención. Sería difícil salir de allí, puesto que a pesar de que ahora las amplias puertas se encontraban abiertas para que los comerciantes y mercaderes pudieran comprar también las naves que estaban a la venta, aun el lugar se encontraba atestado por una conglomeración de gente esperando entrar obstaculizaba el paso a los que pretendían salir.

-Evitad que os identifiquen. –Les ordenó muy seria con cierta preocupación. Mientras comenzaba a empujar a varios para apartarlos e intentar cruzar las puertas.

Se escuchaban voces que se quejaban y gruñidos de los distintos comerciantes, que ante su ansia por entrar no dejaban que los que en el interior estaban salieran antes para facilitarles el paso. Cuando consiguió poner un pie fuera de ese atasco, respiró con fuerza. Había sido una tarea difícil de realizar a pesar de su sencillez.

Buscó con la mirada a sus soldados extraviados, que poco a poco lograban salir situándose junto a ella. –Salgamos de aquí cuanto antes. –Musitó mientras que preocupada veía la cantidad de gente que allí había, y como los que cruzaban el portón se dirigía raudos hacia las naves, para poder adquirirlas.

Una vez alcanzaron sus naves y se dispusieron a partir, miró con asombro como la gran cantidad de naves que antes se encontraban en las afueras, se iban situando de forma ordenada por todos los alrededores de la burbuja, esperando lo que previamente habían comunicado. Una ataque de la Primera Orden. Phasma miraba sorprendida, nunca pensó que aquel lugar tuviera tantos miembros dispuestos a enfrentarlo. A costa de perder su propia vida. No sería una tarea fácil recuperar la academia, eso era algo de lo que comenzaba a darse cuenta.

-Señor… -Contactó con la base principal. –no será fácil recuperar la academia. –Confesó con preocupación, mientras comenzaban a salir de la órbita de aquel planeta. –Necesitaremos de numerosos efectivos.

Por otro lado en una zona muy alejada de esa situación. El caballero se encontraba estático delante de la mesa con toda la verdad de Anakin Skywalker. Luke, lo miraba firme desde el otro lado, apenas habían musitado palabra desde que el joven había conocido toda la información.

El casco del caballero estaba sobre la mesa, y la mirada de este no se movía del holograma donde una y otra vez la escena se repetía. Un suspiró por parte del jedai rompió el silencio. –¿Por qué debería créeme que esto es cierto? –Inquirió al final el menor sin moverse ni un ápice.

-No tengo ninguna intención de mentirte. Ahí está todo lo que he recopilado sobre él, ya sea lo positivo como lo negativo. –Señaló impasible. –No lo defenderé, calló en la oscuridad, se dejó dominar e incluso aniquilo civilizaciones, pero… aun así, su historia demuestra que al final se dio cuenta de cómo había sido utilizado por tanto tiempo y actuó en base a lo que sus principios originales dictaban. –Hizo una leve pausa. -Aceptó la luz de regreso. –El caballero no musitó palabra alguna, escuchó con atención, hasta que irguiendo su postura se movió de su lugar. Dio un par de pasos hacia atrás y se dirigió hacia el exterior.

El jedai se encaminó tras él cauteloso por si de nuevo la furia del caballero se evidenciaba, pero eso no ocurrió. Alcanzó el suelo de roca yerma y observó desde ahí como el caballero se movía por el lugar meditabundo. Necesitaba aire, espacio, no podía asimilar toda la información en el interior de esa nave. Chasqueó la lengua y maldijo interiormente, necesitaba algo para aclarar sus ideas, y ese algo ahora no se encontraba con él. Respiró profundamente en varias ocasiones.

-Snoke, está haciendo lo mismo contigo, como el emperador Palpatin lo hizo una vez con mi padre. –Agregó una vez más Luke desde su posición, lo suficientemente alto para que el joven lo escuchara.

-Suenas como ella. –Confesó con una mueca irónica en su rostro cuando escuchó esa afirmación.

-Entonces ella es más capaz de ver la realidad de lo que tú lo has sido. –Sentenció el anciano. –Siempre ha sido perspicaz.

-Lo sé. –Afirmó el caballero. –Crea o no en esa información no pienso volver con la resistencia. –Sentenció tras unos momentos.

-Eso ya es decisión tuya, estoy cansado de intentar una y otra vez que volvieras con ellos. Ahora me conformó con que únicamente veas la verdad, y de a partir de ahora lo que decidas siendo consciente de esa verdad, ya no es cosa mía, si no tuya, y únicamente tuya.

-¿Incluso si decido matarte? –Desvió su atención sobre su hombro con la mirada fija en la del anciano.

-Incluso si decides matarme. –Afirmó con cierto pesar el mencionado.

El caballero chistó la lengua mientras se paseaba una mano sobre los cabellos. Nada estaba pensando como quería que pasara. Dudaba de lo que creía. Gruñó mientras cerraba los ojos y daba completamente la espalda al anciano, que negando con la cabeza, volvió a suspirar.

-Quizás deberías hacerle casó a ella, si de mí no te fías. Muéstrale los datos y que ella misma te dé su opinión. –Sugirió, antes de percatarse de un detalla. –Por cierto ¿Dónde está? Cuando escapó creí que iría contigo.

-Así fue. –Confesó. –Pero ahora está muerta. –La sorpresa del anciano se hizo evidente cuando a paso decidido alcanzó al moreno y agarrándolo con fuerza por el brazo lo hizo girar sobre sus talones.

-Mientes. –Le encaró entre dientes. –No puede ser que este muerta y tu sigas aquí –lo miró fijamente antes de señalarlo entero con las manos. –y menos así. Te conozco, no dejarías un ser vivo en la galaxia si ella hubiera muerto. Estarías tras los culpables, no aquí tras de mí. –Agregó exaltado, provocando la molestia del caballero.

-¡Snoke ordeno su ejecución! –Le respondió con rabia mientras se apartaba bruscamente de su agarre, para poder encararlo de frente.

-¡¿Y qué haces aquí que no estas tras Snoke?! Te vi luchar cuando estuvisteis presos. No estas mostrando ni un ápice de lo que entonces mostrabas.

-¡Es mi maestro!

-¡Yo también lo fui! –El pecho se movía agitado en el caballero. –Si no está muerta, más vale que te encargues de que no la encuentren o entonces sí que lo estará. –Agregó a sabiendas de que era una burda mentira lo de que estaba muerta.

-¡Lo sé! Soy consciente de ello. Está en un lugar seguro, con mi discípulo, allí la protegerán. –Delató la verdad.

-¿Estás seguro? –Inquirió serenándose, mientras lo miraba con atención. –Ningún lugar es seguro en la galaxia cuando Snoke va tras de ti, lo sé mejor que nadie. –Agregó provocando en el caballero un deje de duda, que se evidenció en cuanto recordó algo.

-Las naves del hangar… -Se movió a prisa hacia su propia nave y tras alcanzar la cabina, buscó la información que había solicitado. El pitido evidenciaba que la información había llegado, hacía ya tiempo. ¿Cómo había sido tan estúpido de ignorarlo? Leyó los datos y sin dudarlo ni un instante, se sentó en el asiento del piloto poniendo en marcha la nave. Observó una última vez como el anciano se mantenía estático en la posición donde antes él mismo se encontraba, mirando con atención como la nave despegaba meciendo sus ropas por el viento que provocaba.

Salió, en cuanto fue capaz, de aquel cráter. Observó como ya ninguna de las naves de la Primera Orden se mantenían en aquel planeta, cuando sobrevoló lo que había sido la base de la resistencia. Activó el transmisor dispuesto a contactar con la academia, pero la comunicación nunca fluyó. –¡Maldita sea! –Gruñó. Debía volver cuanto antes a la base, tenía que averiguar que estaba pasando y si Uri se encontraba bien.