La indiferencia continuó cada vez que se cruzaron en la oficina los siguientes dos días. Ambos se trataban de manera formal e impersonal. Bella moría por dentro cada vez que esto sucedía pero sabía fingirlo. Edward por otro lado si parecía tranquilo y poco perturbado por la situación.
Esa mañana cuando bajó a desayunar lo observo cansado y apesadumbrado en la cafetería del hotel. Su rostro demacrado le dolió profundamente pero por la tensión que existía no se atrevió a acercarse. Muy preocupada por él se dedico a observarlo o quizás la vigilarlo sería la palabra más precisa. Su comportamiento era el mismo pero su mirada estaba apagada, la preocupación que sufría se detectaba en su rostro de manera muy clara.
Algo malo se acercaba y no podía detenerlo. Decidió visitar el club sabiendo que era probable que el cobrizo enloqueciera al verla ahí y no en la oficina donde ambos luchaban por el control de la situación.
El vestido azul que traía puesto se ajustaba a su cuerpo de manera increíble y resaltaba sus curvas por completo. Estaba apunto de rozar la línea invisible que Edward le había impuesto, este evento la ponía nerviosa. Con cuidado acomodó su collar queriendo lucir perfecta.
El club ya estaba lleno, tenía a más de uno invitándola a bailar mientras caminaba segura hasta la barra. Ahí se posicionó queriendo pasar desapercibida y arrepintiéndose de lo corto que era su vestido.
El camarero al observarla se acercó de inmediato a atenderla, todo iba bien hasta que lo vio.
Edward estaba saliendo del almacen que tenían cerca a la barra. Su rostro iracundo al verla le puso los nervios de punta pero no se dejó amedrentar, era la dueña del lugar y él su empleado.
Debido a su brazo enyesado podía ver la molestia que era para él escribir apoyándose en la mesa. Quería ayudarlo, rayos era difícil no preocuparse por él de todas las maneras posibles. Estaba llena de ansiedad y ganas de hacerse cargo de su bienestar.
- ¿Te puedo invitar algo? - un hombre se sentó junto a ella con una sonrisa coqueta.
- Estoy bien, gracias. - no le prestó más atención mientras jugueteaba con sus pulseras.
- ¿Qué te parece si bailamos entonces? - la invitó resuelto. No parecía intimidado por su rechazo.
- No. Gracias.
- Sólo un baile y te dejaré tranquila.
Tocó su hombro sorprendiéndola. Ella reaccionó alejándose y el cuerpo de Edward apareció de pronto como una barrera entre ambos.
- Hey, tranquilo amigo. - el hombre retrocedió al ver la pose amenazadora del cobrizo. - Con un brazo no creo que puedas ser un buen guardaespaldas.
- Pero sé quienes si. - le dirigió una mirada a los hombres de seguridad que los veían desde la puerta.
- No puedes impedirme bailar con ella.
- No quiero bailar contigo. - afirmó ella molesta. - Que lo saquen.
Su orden fue secundada por Edward que llamó a los de seguridad y estos tomaron al hombre que pataleó al ser humillado. Algunas risas se escucharon mientras se alejaba.
- Tu presencia causa problemas incluso en tus propios locales. - le gruñó Edward queriendo alejarse pero ella lo tomó del brazo.
- Estaré en la oficina esperando que tengas el valor de hablar conmigo.
Dicho esto quiso irse pero obviamente el hombre no la dejaría tener la última palabra.
- En tu habitación, cuando acabe mi turno. - concluyó soltándola.
Luego se alejó sin decir algo más, de lejos parecía que no hubiera dicho nada y sólo hubieran rozado sus cuerpos al tomar diferentes caminos cada uno.
Esa noche más de uno intento acercarse pero dos personas de seguridad estuvieron pendientes y vigilantes. Pasó la noche sola, bebiendo y observando su entorno. Cualquiera en su lugar hubiera estado aburrida y ansiosa pero ella sentía su corazón y mente apaciguarse si Edward estaba cerca. El cobrizo por otro lado parecía incómodo desde su posición siempre dedicándole miradas cortas para localizarla apesar de no haberse movido de la misma mesa en toda la noche. Estaba ya agotada cuando la mayoría de los clientes habían abandonado el lugar, pero Edward no podía ser visto con ella y mucho menos yéndose con ella . Por esa razón decidió subir a su habitación y esperarlo además estaba agotada. Una persona de seguridad la escolto en silencio hasta el ascensor, fue ahí cuando las puertas se abrieron revelando a un hombre que iba bajando, debía tener poco más de cincuenta años pero seguía siendo muy atractivo. Al salir del ascensor fue ayudado por su guardaespaldas ya que presentaba una leve cojera que ayudaba con un bastón.
- Buenas noches. - se veía contento de verla. Era obvio que la reconocía.
Ella lo ignoró dedicándole una mirada indiferente antes de entrar al ascensor.
El hombre estaba dispuesto a decirle algo más pero las puertas se cerraron con ella adentro.
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En algún momento se había quedado dormida sobre su cama y se despertó gracias a los besos insistentes en su cuello.
- No. - se negó empujando al cuerpo que tenía sobre ella.
Hubiera entrado en estado de pánico si no hubiera sentido claramente el olor a alcohol y menta que Edward desprendía. El hombre la acariciaba sin dejar de repartir besos húmedos en su cuello.
- Edward. - gimió cuando se acomodó entre sus piernas. - Quiero hablar contigo.
El cobrizo la ignoró y se alejó para abrirse el pantalón. Fue ahí cuando ella se sentó en la cama y evitó que acabe de hacerlo.
- No. - se negó tomando sus muñecas.
Molesto lanzó un gruñido. Se sentó en la cama junto a ella cuando se tambaleó hacia atrás; estaba ebrio.
Preocupada se acercó a revisarlo pensando que tal vez al subir hasta su habitación pudo haberse lastimado. Encendió la luz de su mesa de noche incomodandolo con el resplandor.
- ¿Estas bien?- tomó su brazo enyesado. - ¿No lo golpeaste ?
- No. - suspiró cansado mientras tomaba su cabeza.
- ¿Hace cuanto estas bebiendo?
- Desde que acabo mi turno.
Su confesión hizo que revisara la hora. Llevaba bebiendo casi dos horas.
- Estuve esperándote pero me quedé dormida.
Él no contestó. En silencio enterró su cabeza entre sus manos por un largo rato. Ella no quería perturbarlo en su estado así que resignada se recostó en la cama observándolo. Su ropa estaba arrugada por el trabajo, tenía dos o tres manchas en el pecho y su cabello era una desgracia.
Con el paso del tiempo fue quedándose dormido sentado. Sin saber bien que hacer lo atrajo suavemente a la cama hasta recostarlo junto a ella.
El cobrizo gruñó pero no se alejó de sus brazos.
- ¿Por qué te haces esto? - le susurró dolida acariciando su mejilla. - Si es para lastimarme; lo lograste. Nada me duele más que verte así...
- Déjame solo. - gruñó fastidiado. - Quiero dormir.
Acarició sus cabellos hasta que quedó profundamente dormido, su rostro ya sereno rejuvenecía gracias a la paz que le daba dormir. Por unos minutos se permitió admirarlo para detectar como su rostro había cambiado. Las pequeñas arrugas y la barba que estaba presente le daban un aspecto más varonil.
- Te amo. - admitió besando sus labios con suavidad. - Pero no me vas a arrastrar contigo, te sacaré de ahí.
Dormir con él era el acto más puro que se permitían. Sólo recostarse a su lado la transportaba a un mundo donde sus decisiones importaban y ella tenía las riendas de su vida.
Recordó cuando estaba en la secundaria y dormía junto a él, se sentía tan protegida que no tenía ninguna pesadilla como solía tenerlas durante su infancia. Esto cambio por completo cuando su madre la obligó a abortar, dormir junto a Edward no le daba paz y las pesadillas eran peores y más realistas. Soñaba con llantos de bebés y gritos de niños, niños que le reclamaban una y otra vez por dejarlos. Nunca les vio los rostros, pero estaba segura que más de uno lloraba y reclamaba por no quererlos. Edward jamás apareció en los sueños, quizás porque su mente no era lo suficientemente masoquista para generar un reclamo por ese bebé que perdieron.
Un gruñido en su cuello la despertó exaltándola. Tenía el cuerpo sudoroso debido a que la temperatura del cuarto era elevada y que Edward la tenía firme contra él.
- Uhmm. - volvió a quejarse. - La luz.
Confundida buscó de que luz hablaba. Su teléfono se encontraba junto al rostro de Edward y gracias a una llamada entrante se encontraba iluminado.
- Jasper. - saludó contestando. El cobrizo se quejó molesto al escucharla.
- ¿Te desperté?
- Ehm si. Sigo sin acostumbrarme al horario americano. - confesó con voz cansada. Quiso pararse para poder hablar sin perturbar a Edward pero este la tomó de la cintura para retenerla junto a él. Suspiró al sentirlo.
- Cuelga. - Exigió acomodándose junto a ella.
- Estoy revisando los gastos generados y note que... - el hombre una pausa. - ¿pagaste un cargamento de alcohol desde otra cuenta?
- Ehm si. Hubo un problema con el cheque de la empresa y tuve que usar la mía para hacerlo.
- Cuelga. - insistió Edward.
- Bella existen procedimientos para este tipo de situaciones.
Su hermano estaba molesto.
- Lo sé pero era una emergencia.
- Cobra el cheque que ibas a entregar. - gruñó - y ten más cuidado la próxima vez.
En ese momento Edward se quejó de nuevo y enterró su rostro en la almohada.
- Lo tendré. - prometió.
Nerviosa por su acompañante no dijo nada más y colgó.
El hombre molesto se sentó sobre la cama. Luego de unos segundos busco sus zapatos con la mirada dispuesto a irse.
- Edward. - lo llamó. - Tenemos que hablar.
- Estoy agotado. - admitió colocándose los zapatos. - No quiero discutir ahora.
- No tengo deseos de hacerlo. Quiero solucionar nuestros problemas.
- Y yo quiero dormir.
Bella suspiró ante su negativa. Pero debía admitir que conversar con él no era adecuado debido a su estado.
Se levantó también para cambiarse, el vestido que llevaba aún se le hacía muy incómodo.
Edward estaba a punto de pararse pero se detuvo a admirarla, la luz de la luna resaltaba su piel dándole un toque mágico.
- Vuelve más tarde. - le pidió ella mientras buscaba su pijama. - Estaré esperándote.
Una vez localizada la tomó del cajón para volver a la cama.
- ¿Qué sucede? - preguntó al ver su mirada.
- Hoy todos te observaban. - recordó mirando su vestido. - Hombres y mujeres...
Su tono no era molesto, parecía embelesado. Ella se acercó lentamente, hasta pararse entre sus piernas. Acarició su mejilla con suavidad suspirando al no ser rechazada.
- Sólo queria que me veas tú. - admitió antes de agacharse un poco para dejar un beso suave en sus labios.
Edward respondió a su beso aún embelesado. Cuando ella quiso alejarse la retuvo abrazándose a su cintura. Ahí empezó un beso largo y profundo, tomó el control por completo como solía hacerlo años atrás dejándola desvalida y sensible.
Sus manos pasearon por su cintura, caderas y glúteos aumentando su sensibilidad.
- Dijiste que estabas cansado. - ella se alejó sin aliento.
Edward tomó su barbilla y volvió a acercar su boca a suya. Dejó un suave beso.
- Para esto no. - admitió y volvió a arremeter con paciencia y caricias precisas.
Ella gimió suavemente al escucharlo y rodeó su cuello con sus brazos.
Edward buscó abrirle el vestido con delicadeza casi como una caricia. Bella estaba en las nubes al sentirlo así de cuidadoso pero debía detenerlo, debían aclarar sus problemas.
- Edward. - lo llamó cuando sus labios fueron a su cuello. - Hablemos... es necesario.
El hombre se paró y quitó sus tirantes mirándola a los ojos. Se agachó y tomó sus pezones entre sus dientes, estos se irguieron orgullosos. Luego con sus pulgares los acarició en círculos.
- He estado fantasiando con esto toda la noche. - admitió él palpando sus pechos y besando su cuello. - No podía trabajar... me sentia un león enjaulado. Tengo que tenerte.
Volvió a besarla mientras terminaba de desatar su vestido, este cayó por su propio peso quedando sólo en bragas frente a él.
Edward la contempló intensamente, de pies a cabeza la recorrió hasta llegar a sus ojos.
- Cuando me miras así... - suspiró acariciando su mejilla. - Demonios...
Esta vez el beso ya no fue tan dulce y paciente como los anteriores. Ella gimió al sentir la necesidad que había detrás de sus acciones. Acarició su pecho empezando a desatar su camisa, se había rendido, también necesitaba sentirlo. Su pecho decorado con tatuajes le daba un aspecto aún más sensual gracias a la tenue iluminación.
- Eres perfecto. - admitió abrazando su cuello para acercarse a su boca.
El hombre tomó sus muslos para levantarla, ella cedió por completo. Giró y la colocó sobre la cama que estaba a dos pasos de distancia. Sus besos empezaron a recorrerla hasta toparse con sus bragas, donde la besó íntimamente sobre la tela volviéndola loca. Cuando sus gemidos y su humedad eran muy intensos él se retiró, ante su mirada atenta se abrió el pantalón donde ya se veía la silueta de su erección.
Se sentó para poder ayudarlo. Bajó su ropa interior para toparse con el mastil que esa noche la uniría a él. Lo recorrió con un dedo provocándole sacudidas y sin quitarle la mirada de encima al rostro del hombre lo tomó dentro de su boca. Ella sabía lo que hacía, sabía que lo estaba llevando al límite que ninguno de los dos quería llegar aún. Edward tomó su cabeza marcando el ritmo que le gustaba, ambos ya se habían conocido íntimamente en el pasado pero sus experiencias habían modificado sus gustos. Bella lo complació succionando al ritmo que él deseaba y acariciando sus bolas aumentando su placer. Edward cerraba los ojos con la cabeza para atrás gracias al inmenso placer que sentía, cómodo parado junto a cama se sentía en un sueño pero no era un egoísta. La alejó de su miembro para recostarla y poder apoderarse de sus labios que sabían a él. Los giró colocándose debajo de ella. Bajó sus bragas mientras acariciaba sus glúteos, Los estrujó suavemente antes de meter dos dedos en su centro. Ella gimió al sentirlo, estaba tan húmeda que resbaló sin problemas en su interior. Empezó a desesperarse por tenerlo adentro de ella, es por esa razon que se levantó para quitarse las estorbosas bragas que tenía aun en los muslos.
Edward la observó atento hacerlo, cuando estuvo desnuda tiró de ella para apoderarse de sus labios y subir sobre su cuerpo. Su miembro la acarició íntimamente arrancándole un gemido de satisfacción por la sensación y espectativa. Edward en completo control buscó su pantalón en el suelo para luego encontrar un condón para la ocasión y se ubicó en su centro dispuesto a entrar. Su miembro empezó a penetrarla provocando que se retorciera sobre la cama. Ya llena de él gritó, su invasión estaba llevándola a la locura por si misma. Edward no parecía mejor gruñiendo al sentirse atrapado por ella.
Sus embistes concisos pusieron a Bella en jate, perdió el control de si misma y dejó que él la llevara al cielo paso a paso.
Cuando su orgasmo llegó de manera inevitable, su placer se intensificó cuando vio como el hombre entre sus piernas empezaba a liberarse también.
Edward gruñó clavándose lo más profundo posible queriendo fusionarse con ella.
No se separaron.
Se quedaron unidos físicamente por lo que parecieron horas.
Bella se acostumbró a su peso. Delineaba su espalda suavemente con un dedo mientras el hombre dejaba besos en su cuello.
No querían hablar, no querían arruinarlo. Había sido diferente a cualquier momento que habían compartido antes.
Cuando el sueño empezó a hacer notar su presencia Edward salió de ella, erguido aún pero no estaba listo para tomarla de nuevo. Bella se abrazó a su pecho de inmediato dejando besos en su hombro con amor. Moría por recordarle cuanto lo amaba pero no quería romper la magia.
Se quedaron dormidos olvidando por un momento quienes eran o quienes fueron. En ese momento sólo eran una pareja que había hecho el amor en un cuarto de hotel.
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No quería abrir los ojos, sabía donde estaba y sobre todo con quien. Estaba viviendo un sueño.
Llevaba despierta algunos minutos, con el rostro de Edward respirando suavemente contra sus cabellos. Su cuerpo desnudo estaba pegado al suyo en partes sensibles lo cual la estaba volviendo loca.
El sonido del teléfono de Edward la alteró. Era un replique que despertaba a cualquiera con un buen susto. El hombre bajo ella se agitó también y lanzo una maldición sujetándose la cabeza; tenía resaca. Tanteó su entorno buscando el aparato pero terminó tocándola. Su sorpresa al sentirla se expreso en una maldición. Siguió palpando el entorno con más insistencia hasta que en el suelo encontró su teléfono. Respiró hondo antes de contestar.
- ¿Qué tal? - contestó con buen humor.
Bella escuchó atentamente al notar su nuevo tono de voz. Desde que habían vuelto a verse jamás lo escuchó así de contento.
- Trataré de no volver a hacerlo. - aceptaba. - Si puedo. - su risa hizo presencia dejándola sin aliento. - Bien, hablamos después.
Colgó.
Incómoda empezó a alejarse de su cuerpo pero Edward tenía otros planes. El cobrizo acarició su silueta desnuda bajo las sábanas, ella no pudo evitar lanzar un suspiro satisfactorio al sentirlo.
- Despierta. - susurró ahora tomando su cuello con sus labios.
Sorprendida se retorció un poco fingiendo despertar, Edward subió sobre su cuerpo dejando besos húmedos hasta su entrepierna donde estaba empezando a humedecerse. Gimió al sentir sus lenguetazos y mordiscos suaves. La verdad era que se notaba lo experimentado que era en la materia. Tomó su cabeza reteniéndolo ahí donde lo necesitaba, su centro que ya estaba sensible por el día anterior en ese momento ardía buscando su liberación.
- Edward. - gemía una y otra vez.
El hombre al escucharla insistía más.
Cuando su corrida llegó Edward no se alejó. La tomó en su boca hasta tenerla tan relajada que creyó que iba a quedarse dormida. Sus caricias se parecían a un beso largo y profundo, ella se dejó besar por un largo tiempo.
El hombre se alejó de su coño ganando un suspiro satisfecho, luego rebusco en el suelo hasta dar con sus pantalones.
- Mierda. - gruñó molesto.
Tan relajada como estaba le costó asimilar su entorno.
- ¿Qué pasa?
- No tengo condones. - admitió frustrado.
Bella entendió y abrazó su cintura.
-¿Quieres...?
- No. Esta bien. - le aseguró pero el mástil entre sus piernas seguía erguido.
El silencio se instauró entre ellos. Tenían problemas de comunicación. Fue Edward quién rompió el silencio luego de muchos minutos.
- Dijiste que te irías sólo unos días. - reprochó con voz seria.
Al escucharlo ella no pudo evitar sentirse culpable, era verdad que ella había prometido algo y volvía a faltar a su palabra. Conmovida y con una ola de sentimientos atacándola de pronto se acercó a su cuello para abrazarlo.
- Es verdad. Te fallé. - la culpa la invadía de nuevo. - Te prometi algo y no cumpli. No volverá a pasar pero estaba tan molesta cuando escuche a esa mujer... sé que no puedo exigir nada porque no somos una pareja pero si quieres acostarte conmigo quiero ser la única.
Edward se quedó en silencio escuchándola. Reviso su cuerpo contra él y suspiró. La deseaba, su rostro lo delataba, pero era obvio que no quería ceder en nada.
- Esto es algo bizarro. - suspiró burlón. - Bella Swan pidiendo fidelidad luego de que se cogió a medio Londres hace unos días.
Dolida se alejó de su cuerpo. No la tomaba en serio.
- Hey. - la tomó de la cintura cuando quiso pararse. - No te vayas.
- No me toques. - le pidió ella con lágrimas en los ojos.
- No fue caballeroso lo que dije. - la tomó con su brazo sano. - Bella -insistió.
- Te amo. - admitió dolida. - Esa es mi mayor condena, te extrañe demasiado en Inglaterra mientras tú te acostabas con otras.
- Tranquila. - suspiró reteniéndola.
- No. - lloró. - Yo debo volver a Inglaterra, debo superarte.
- Te necesito aquí. - le recordó con seriedad. - No te dejaré ir. Tú quisiste meterte en mi vida, además te advertí que no era la misma persona de antes y tú insististe.
Tenía razón. Ella se metió en esa situación ahora le correspondía asimilarla. Edward la miraba sin empatía, su frialdad a veces la asustaba pero luego hacía algo o se comportaba como el antiguo Edward y la esperanza volvía.
Edward empezó a repartir besos en su cuello mientras con su mano sana tomaba su coño preparándolo para ser invadido.
- No me acostaré contigo. - le aseguró dolida alejando su mano de ella. - Mucho menos sin protección.
Edward buscaba alejar su mente de esos pensamientos. No quería enfrentar condiciones pero tampoco quería quedarse sin beneficios.
- Sin condon se siente mejor. - le aseguró besando su cuello. - ¿No tomas la píldora?
- No, aléjate de mí. - insistió intentando pararse.
Edward la penetro con sus dedos y se quedó quieto.
- No quiero que vuelvas a irte de esa manera, te necesito aquí. - admitió bombeándola. - Dijiste que me ayudarías en todo lo que necesite. Ahora te necesito a ti, en mi cama.
Bella gimió al escucharlo pero no se rindió y alejó su brazo de su coño.
- Estoy aquí para ti pero no dejaré que me destruyas. Te daré lo que necesitas pero sin que llegues a lastimarme.
- Parece que tu viaje a Inglaterra modificó tus pensamientos. - se burló pero estaba molesto. - Has recuperado la altivez de los Swan.
La soltó dejándola en la cama sensible y lista para otro orgasmo. Buscó su ropa en el suelo y empezó a vestirse con rapidez.
- Edward. Te amo pero quiero hacer las cosas bien contigo. Sabes lo quiero lograr contigo.
- Lo que pasa contigo Swan es que siempre quieres lo que no puedes tener, dices amarme pero no sabes lo que eso significa.- renego mirando su cuerpo. - Quieres fidelidad, quieres que te dé mi tiempo, quieres una maldita relación que murió hace años luego de que me engañaras con media escuela y me mintieras sobre un embarazo. Tú eres una caprichosa que no puede aceptar un no. Pero yo si que puedo decir que no y más de una maldita vez, debes admitir que odias no tener el efecto que tenías en mi a los dieciséis y que por eso estas aquí aún, tu vanidad y soberbia no te deja ver el mundo con claridad.
Se quedó en silencio sorprendida por su arrebato. El hombre parecía perturbado y nervioso.
- Mira. - habló de nuevo pero más calmado. - No quiero tratarte de esta manera al menos no luego de que me ayudaras con mis problemas. Yo quiero comportarme correctamente pero tu cercanía me altera... - admitió. - Nisiquiera sé como demonios termine aquí... - suspiró tironeo de sus cabellos. - No he podido concentrarme en nada desde que volviste de Londres.
Bella lo observaba desde la cama, vulnerable y preciosa. Era imposible para él no sentirse atraído.
- Yo no deje de pensar en ti ni en Londres ni aquí.
- Estaba bien antes de que te fueras, sentía que tenía cierto control. - admitió él. - Control de al menos esta maldita situación pero luego te fuiste y todo... - gruñó. - No entiendo que es lo que quiero ni lo que hago.
Conmovida porque por primera vez lo escuchaba decir lo que sentía no pudo evitar botar unas lágrimas.
- No soy un hombre que le guste hacer llorar a las mujeres. - admitió al final. - Te estoy usando y te lastimo en el proceso.
Derrotado tomó su chaqueta del suelo.
- Tengo que irme.
Luego de eso salió de la habitación dejándola desconsolada una vez más.
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Al fin actualización! Espero sus comentarios y me digan que les parece la historia.
