Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción, no me pertenecen.

Muchas escenas, detalles o diálogos están tomados o inspirados en la serie, puesto que sigo el hilo argumental a grandes rasgos desde la segunda temporada.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora

Capítulo 35

Alex paró el coche al llegar a varios metro de uno de los muelles de carga del lugar, cerca del polígono donde el resto se encontraba. Era el momento y lugar perfecto, puesto que todo estaba desierto.

El hombre salió del coche con el rostro tenso, debido a los pensamientos que corrían su mente, y a la sensación de vacío que seguía envolviéndolo a pesar de haber cumplido su venganza. Luchó por refrenar todo eso, abriendo el maletero tras cerciorarse de que estaba solo. Debía terminar con aquella misión por fin, y disfrutarlo.

Mahone cargó con dificultad el cadáver del hombre cubierto por una lona, ya en gran parte ensangrentada, dejándolo tumbado en el suelo mientras notaba que su hombro herido dejaba de quejarse tras el esfuerzo realizado.

Los segundos pasaban mientras el federal observaba el cuerpo envuelto en la tela con una gran impotencia, una sensación horrenda que hizo que sus ojos se humedeciesen mientras la rabia se hacía grande en su interior. Aquel hombre, aunque ya muerto, había acabado con gran parte de su vida para siempre y no podría cambiar aquello nunca.

Cuando las lágrimas ganaron y empezaron a surcar sus mejillas, Alex lanzó el cuerpo al agua marina de un empujón violento con el pie, rompiendo en llanto al recordar la muerte de su hijo, dejándose embriagar por la tristeza.

Desde luego que sabía que cumplir su venganza no iba a devolverle a su anterior estado de ánimo ni a su hijo, pero no pensaba que el dolor iba a ser tan grande, e incluso el vacío iba a ser percibido más duramente que antes de haber acabado con Jake. En ese momento sintió la crueldad el universo cernirse sobre él.

El hombre, pasados unos minutos, se sentó en el suelo mientras perdía la vista en el mar, dejando fluir su dolor cuando Yelina apareció a su lado, y sin decir una palabra se sentó junto a él para contemplar el horizonte, que comenzaba a tornarse anaranjado mientras se avecinaba el atardecer.

La mujer no habló hasta que él lo hizo, sabiendo que en aquel momento le correspondía guardar silencio para que él drenara sus sentimientos. Aquel momento debía llegar, y al fin lo había hecho.

-Creía que cuando acabase con él todo cambiaría. Pero me siento igual, o peor, ¿sabes? –Murmuró cuando logró controlar su llanto, limitándose a alguna lágrima esporádica. –Pensaba que parte de la rabia se iría también, pero la pena y el sufrimiento se han hecho más grandes.

-Es un proceso, Alex. Has terminado con lo que te mantenía ocupado completamente: Está muerto y has vengado a Cameron. Ahora sólo puedes pensar en lo que te ha quitado y no volverá, a pesar de tu enorme esfuerzo.

Yelina lo miró a concluir la frase con una sonrisa a media asta. Alex desvió la vista de sus ojos marrones mientras asentía, comprendiendo que tenía razón.

-¿Cómo se puede continuar cuando han matado a tu hijo y sientes que es por tu absoluta culpa?

-Por costumbre... Por fortaleza y ganas de cambiar el mundo que hizo que eso ocurriera. Y desde luego con ayuda y apoyo. No te voy a engañar, Alex. –Agregó al vislumbrar la expresión del hombre. –Nadie ocupará ni logrará llenar el hueco de Cameron. Pero conseguiremos juntos hacerlo más llevadero. ¿Te parece?

Mahone sonrió a la castaña, que con mucho cariño se acercó más a él para abrazarlo y hacerle entender con su calor que no tendría por qué estar más solo, perdido, ni angustiado por una vida que no quería llevar. Acabarían con todo el problema de la compañía para poder vivir por fin.

Mientras la pareja continuaba abrazada y en silencio, el sonido de la melodía desconocida de un teléfono comenzó a sonar. Ambos se separaron mientras el hombre pasaba a sacar el objeto de uno de sus bolsillos, poniéndose en pie con velocidad.

-¿Es el móvil de Jake? –Preguntó Yelina mirándolo con desconfianza, ya que Mahone se dispuso a descolgar. La colombiana lo detuvo con sus palabras. –Si contestas descubrirán que algo le ha pasado, ¡reconocerán que no es su voz!

-Es la única pisa que podríamos tener. Trataré de no hablar.

Acto seguido, el federal descolgó llevándose el teléfono al oído. Un segundo después una voz de hombre comenzó a hablar sin darle importancia a que nadie al otro lado hubiera respondido al iniciarse la llamada.

-Espero que hayas acabado ya con la mujer y el policía, porque el jefe empieza a impacientarse. Te veré mañana a las 12 en el bar de la vía de servicio de la interestatal dirección sur. Tienes otro trabajito.

Alex emitió un quejido tratando de imitar el tono de voz del difunto, tranquilizándose al ver que había salido bien y la persona del otro lado había colgado. No pudo evitar sonreír al comprobar que volvían a tener algo con lo que tirar del hilo, y llegar hasta Scyla. Yelina no parecía tan feliz al vislumbrarlo tan animado, puesto que temía que pudiera perder la templanza y dar un paso en falso.

-Me ha citado en un bar de carretera mañana a las 12. Esta es nuestra gran oportunidad para averiguar dónde esconden ese disco duro. Sé ve que quieren encargarle algo más a Jake, y de paso que diga cómo lleva lo nuestro...

-Para, Alex ¿Cómo vas a sonsacarle nada a ese tío en un bar público? Además, son de la compañía. No hablará tan fácilmente. ¡Les temen más a ellos!

-Lo sacaré de ese bar, lo traeremos aquí y haremos lo que sea necesario para que hable. Estoy harto de esto, todos lo estamos así que, se acabó. Vamos a jugar a su juego.

-¿Quieres que caigamos tan bajo y hagamos daño a su familia, si la tiene? –Preguntó la castaña mirándolo fijamente, a ceño fruncido con indignación y sorpresa.

-Espero que sea más listo y poder evítalo. –Respondió en un murmullo el hombre, para después avanzar hacia el coche y dejar a la colombiana altamente sorprendida y asustada de no saber dónde estaban los límites de Mahone después de todo lo sucedido.


Yelina tamborileaba con los dedos sobre el volante mientras no quitaba ojo a Mahone por las cristaleras del lugar de la cita, observándole sentado en la barra mientras bebía un café sin llamar la atención, pero pendiente a la par de que algún hombre solitario se sentase en una mesa a esperar a alguien.

La colombiana sentía que el miedo crispaba sus nervios aguantando el momento de que aquel extraño llegara, mientras respondía a la llamada entrante de su móvil. Era Michael quien habló desde el otro lado.

-¿Cómo va todo? ¿Ha llegado ese tío?

- No, Mike. Aún estamos esperando. ¿Vosotros ya estáis en la nave esperando?

-Sí... Hemos preparado lo que Mahone pidió.

-No podemos dejar que llegue tan lejos. No podemos matar a nadie más. –Comentó ella con desesperación, sin poder quitarse las palabras de Alex el día anterior.

-Oye, no pienses en eso ahora. Tienes que concentrarte. Cuando lleguéis aquí haremos lo que haga falta.

Yelina suspiró y soltó un vale en un susurro ante la intención de su amigo de tranquilizarla, pero sabía que aquello no iba a ser fácil, puesto que Alex estaba muy emocionado con la idea de seguir vengándose de todo aquel que perteneciera a la compañía.

Mientras continuaba hablando con Scofield, la mujer atisbó como Mahone se levantaba de su posición y se sentaba frente a un hombre que esperaba solo en una mesa apartada dentro del local semi vacío.

-Mike, tengo que colgar. Si no hemos llegado en una hora seguid el plan que acordamos. Ya está con él.

Yelina colgó de inmediato sintiendo su corazón palpitar frenético, habiendo dejado a Michael casi con la palabra en la boca mientras contemplaba como Alex hablaba con aparente y total tranquilidad con el desconocido, que a pesar de poner su mejor cara de poker, no podía ocultar su sorpresa ante aquello.

A penas pasaron 10 minutos cuando ambos se levantaron y se dirigieron a la salida del local. Alex iba junto al extraño, cerca de él para poder seguir encañonándolo por el costado mientras lo guiaba al coche.

La castaña entonces arrancó el vehículo y rogó interiormente que todo saliera bien, sin dejar de observar a la pareja acercarse hasta su posición.