Crepúsculo no me perteneces, solo esta idea.
Capitulo 36 "Confundida"
— ¡Edward!
Y caí del columpio. No me dolió, estaba tan sorprendida que nada me importaba, nada más que el hecho de que él se encontraba de pie solo a unos metros de mí. Traté de ponerme de pie y maldije internamente por no llevar cerrada mi chaqueta en esos momentos, pude haber evitado mojar mi suéter que, para colmo, era blanco.
Se sacó el gorro dejando su rebelde cabello cobrizo a la vista, me di cuenta que llevaba puestos los audífonos. Tan atractivo, a pesar de su expresión con el ceño fruncido y los labios solo en una línea.
Él dio el primer paso, no muy convencido pude notar, y luego yo, hasta quedar frente a frente a poco menos de un metro de distancia. Pude verlo mejor, este Edward era más perfecto que el que había estado metido en mi mente los últimos años. Estaba tan… maduro.
—Eres tú. —su voz confirmo lo sorprendido que creí estaba.
Asentí bajando la vista por unos segundos.
—Esto es tan… —comenzamos a decir a la vez y dejamos de hablar de inmediato.
¿Qué haces cuando te encuentras con tu ex novio al que no has dejado de amar pero terminar con él era necesario para que no arruinara su carrera? ¿Qué dices?
—Me enteré que ganaste hoy. —rompí el silencio tartamudeando un poco al principio. Aun no lo había mirado directamente a los ojos, no me atrevía a hacerlo.
Asintió casi sonriendo, se quito los audífonos y los guardo en el bolsillo de su poleron.
—Sí… —noté que planeaba seguir hablando así que espere ansiosa, era estupendo poder escuchar su voz suave y aterciopelada otra vez—. ¿Cómo has estado?
¡Le importaba como había estado! Oh no, podía ser solo cortesía. Deje de pensar tonterías y me dedique a responderle, no podía arruinarlo.
—Bien —sobreviviendo—, este año me graduó… ¿Y tú?
—Estoy defendiendo mi título, no tan importante como el mundial pero —sonrió, ¡Cómo extrañe esa sonrisa! Mi corazón comenzó a acelerarse, era increíble como cosas tan pequeñas para otras personas tenían esa reacción en mi cuando Edward las hacía— haya voy —Asentí totalmente encantada, él comenzó a mirar a nuestro alrededor y luego volvió a mí, ya no lo pude soportar y me enfrente a su mirada. Fue maravilloso, pude pasar horas admirando esos increíbles ojos verde esmeralda—. ¿Qué haces a esta hora sola en la calle?
—Paseando. —respondí encogiéndome de hombros.
Edward estiro el brazo y alejo la manga de su poleron para dejar ver la muñeca donde tenía un reloj.
— ¿A las una de la mañana? —inquirió achicando los ojos.
¿Enserio esa era la hora? El tiempo pasaba volando cuando paseabas sola y patética por las calles. Pero él estaba como retándome, lo que no era justo cuando él hacía lo mismo que yo.
— ¿Qué me dices de ti? —me cruce de brazos enarcando una ceja.
Negó con la cabeza riendo sutilmente y quedé más fascinada. Pero me preocupe cuando Edward abrió los ojos un poco más de lo normal al verme de arriba abajo ¿Qué pasaba? ¿De pronto se dio cuenta de lo fea que estaba?
—Oh, lo siento, que descortés de mi parte. ¿Te sientes bien? Esa caída no fue nada linda — "estoy bien" dije quitándole importancia al tema, no era para tanto—. Deberías irte a casa, Bella, estas mojada, te enfermaras.
Él no sabía que el hecho de estar usando un suéter mojado que helaba mi pecho no me importaba ¿Enfermarme? Daba igual, tenía al Dios Heleno protagonista de mis sueños (y pesadillas) justo frente a mí.
— ¿Cuánto tiempo? —pregunté cambiando de tema abruptamente.
— ¿Disculpa, qué?
— ¿Cuánto tiempo te quedaras en Londres?
Por favor que sea unos días, por favor que sea unos días, rogaba en mi interior.
—Unos días. —respondió dando una pequeña sonrisa.
Qué alivio. Tenía tiempo para… un momento ¿Para qué? no tenía ni la más mínima idea, solo decía lo primero que se venía a mi mente por los nervios y la ansiedad de tenerlo frente a mí, de poder hablar con él.
—Genial —fue todo lo que salió de mi boca. Nos miramos por unos largos minutos, sin decir nada, estando de pie en medio de un parque desierto solo con la Luna y las estrellas siendo testigo de nuestro reencuentro. Pero luego me sentí tan desubicada al verlo de esa forma, ¿Con que derecho lo hacía? —. Debería irme ya…
Edward parpadeo rápidamente y asintió.
—Sí. Es tarde.
—Si… adiós, Edward.
Pase rápidamente junto a él para irme corriendo de allí, pero en menos de un segundo escuche un "espera" y sentí la fuerza de su agarre alrededor de mi muñeca, pero no fue brusco. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo al sentir su tacto y mi palpitar se volvió más rápido.
—No piensas ir caminando sola ¿Cierto?
No me soltó y su expresión era totalmente reprobatoria, no necesitaba un espejo para saber que en esos momentos estaba sonrojada. Lamentablemente no podía decir "no queda lejos donde vivo" porque no era verdad, había caminado mucho para llegar a donde estaba. Al ver que no decía nada Edward siguió.
—Te acompaño –dijo decidido y comenzamos a caminar. Estaba tan sorprendida de su actitud que no pude decir nada pero él sí—. Recuerdas lo que paso cuando decidiste volver sola a tu casa de noche y esos tipos… —dejo de hablar e hizo una mueca.
— ¿Lo recuerdas? —pregunté más sorprendida aún.
Edward bufo y luego sonrió mirando al frente.
—Cómo olvidarlo —dejo de caminar y yo también lo hice, volvió la vista a mi pecho incomodándome un poco—. Deberías quitarte ese suéter, te hará mal, si te da mucho frio te puedo pasar mi poleron, no te preocupes —se adelanto a lo que estaba a punto de decir— llevo otro más puesto.
Sabiendo que no dejaría el tema de mi ropa mojada me quite la chaqueta sintiéndome de inmediato congelada al hacerlo y luego el suéter quedando solo con una camiseta manga larga azul puesta. Edward sostuvo mi prenda mientras volvía a colocarme la chaqueta con apuro, esta vez la cerré hasta lo más alto tapando hasta mi cuello.
— ¿Estás bien? —quiso saber sin querer entregarme el suéter aunque le hice un gesto para que lo hiciera, al parecer no había cambiado mucho, seguía preocupándose demasiado; típico de él. Asentí a su pregunta y sonreí.
— ¿Cómo están tus padres?
—Bien, tratando de convencerme de firmar para ser la nueva cara de una marca deportiva —respondió riendo—, dicen que sería bueno probar cosas distintas.
—Entonces todo ha salido bien para ti.
—Más o menos —dijo encogiéndose de hombros—, ¿Y para ti?
Estuve literalmente como un zombi los primeros meses y mi vida social es casi inexistente.
—Bien —había tanto que le quería decir, tantas cosas que deseaba saber, pero no hallaba la forma de decirlo en voz alta. Pasaron unos minutos de silencio incomodo/cómodo, cuando me atreví a preguntar una de las cosas que más me habían inquietado—. ¿Por qué no asististe a la boda de Alice y Jasper?
Lo tome por sorpresa, se noto, su rostro tomo una expresión extraña y luego trato de componerla. Me miró haciendo que mi ritmo cardiaco se acelerara aún más, en cualquier momento moriría.
— ¿Lo sabías? —Asentí y él frunció los labios—. No me enteré de la invitación si no hasta cinco meses después, me encontraba en Rusia en ese tiempo, entrenando. Esme fue con nosotros y dejamos la casa sola, bueno, un amigo de la familia iba de vez en cuando pero nunca reviso el buzón —puso los ojos en blanco y prosiguió—: Lamento mucho haber faltado, seguro fue una boda grandiosa.
—Sí, Alice se frustro mucho al ver que no asististe. —y yo también.
Bajo la mirada notándose apenado. Volvió el silencio.
— ¿Cómo está tu familia?
—Rosalie y Emmett son padres —abrió los ojos sorprendido y yo seguí con una sonrisa—, si, gemelos: Samuel y Stephen, cumplieron tres años hace poco —busque en el bolsillo de mis jeans el celular y abrí una carpeta para mostrarle una foto de mis sobrinos. Eran adorables, de cabello rubio y rizado con los ojos de su madre, aunque el parecido era solo físico ya que por dentro eran totalmente diferentes, Samuel ordenado, solitario y detallista, no le gustaba ensuciarse, mientras Stephen la viva copia de su padre; siempre activo y la mayoría del tiempo estaba riéndose—. Son ellos, el que viste camisa con el corbatín azul es Samuel, el de la camiseta de Spider Man es Stephen.
Edward sonrió mirando por varios segundos la fotografía.
—Son adorables, me alegro que Emmett haya formado una familia. Al parecer cambiaste de celular.
Me tomo por sorpresa que se diera cuenta del cambio de modelo. Asentí mirando mi adquisición, en realidad era lo más "común" que se podía encontrar en estos días, no quería uno touch o ese tipo de cosas; mi celular era negro algo ancho y con un teclado simple.
—Si —guarde el aparato en mi bolsillo otra vez—, el otro se calló a un charco de agua a penas llegue aquí.
Asintió y mordió su labio sutilmente. De pronto me sentí valiente para preguntar.
— ¿Tu también cambiaste de celular?
Una vez intenté llamarte y nadie contestó. Recordé ese momento con vergüenza, fue la misma noche de la Boda de Emmett y Rosalie, estaba completamente desesperada luego de haberlo visto en la fiesta, porque estaba segura que había sido él.
—Eh… —comenzó soltando una risa nerviosa— si, sufrió un accidente —Termino la frase con su sonrisa torcida—. ¿Has estado muy ocupada?
—Me he encargado que así sea —respondí encogiéndome de hombros— ¿Y tú?
—Más que nunca.
De ahí en adelante hablamos de cosas normales, el trabajo, el clima… no me atrevía a tocar lo verdaderamente importante: ¿Tienes novia Edward? ¿Hay alguien esperándote? ¿Estás enamorado? Aunque me aterrorizaba si la respuesta llegaba a ser sí.
Llegamos frente al edificio, lo mire por unos segundos preguntándome si Ángela habría llegado, luego volví a él. Era una pena que haya llegado el final.
—Que duermas bien —dijo nervioso, pero no era el único, yo también lo estaba. Ninguno de los dos sabía si despedirnos con un beso en la mejilla, abrazo, o ambos. Finalmente fue un abrazo.
Me derretí como mantequilla al sentir sus brazos rodeándome, tanto tiempo sin tener su cuerpo contra él mío, no quería soltarlo. No me pude controlar más y lo apreté con fuerza, pude oler su fragancia característica, sentir sus músculos…
Por poco tiempo había vuelto a recuperar la pieza faltante de mi corazón, pero cuando se fuera volvería a quedar incompleto.
Cuando nos separamos estaba avergonzada por haberme comportado así, pero no me disculpe, él tampoco dijo nada. Se alejo dándome a entender que ya era hora de irse. Resignada, con gusto a poco comencé a subir los escalones pero, en verdad ¿Qué más podía pedir?
— ¿Por qué terminaste conmigo? —Al escuchar su voz y esa pregunta me giré lentamente, "¿A qué te refieres?" pregunte respirando con dificultad— Yo de verdad te amaba, hubiera dado todo por ti.
—Ese es el problema —dije con un hilo de voz—, estabas sacrificando todo por mí, hasta tu carrera, incluso estabas teniendo problemas con tu padre —Negó con la cabeza y yo seguí—: Escuche una discusión entre Carlisle y tú, la noche que perdiste… —volvió a sacudir la cabeza en forma negativa—. Lo hice porque te amaba, no quería que arruinaras tu vida, sinceramente, no valgo tanto como para…
—Cállate —interrumpió y acto seguido: me beso.
No le respondí de inmediato porque me había tomado desprevenida pero luego de unos cortos segundos reaccione, llevando las manos a sus mejillas, Edward quito sus manos de mi rostro para llevarlas a mi cintura y apretarme con fuerza. Tantos, tantos años separados y ahora al fin lo tenía conmigo. Escuche un leve gemido de su parte, quería seguir, más y más, pero él hizo todo lo contrario: se separo.
Me miro como si fuera un alíen, algo horrendo. Dijo algo que no logré comprender y salió corriendo, pensé en seguirlo pero ni con el máximo esfuerzo podría alcanzarlo. Solo me quedé ahí, de pie en la noche helada, viéndolo hasta que perdí de vista su silueta más confundida que nunca.
