Gracias a los que siguien ahí. Después de una serie de problemas personales (¿Conocéis el dicho de "pongo un circo y me crecen los enanos?") intentaré actualizar regularmente hasta donde tengo escrito - he frenado en el capitulo 64... sí, sí... de pesadilla - y en seguida podré ponerme a escribir de nuevo para terminar la triología. Gracias.


34. Un domingo más

El reportaje de boda de sus tíos en la revista Corazón de Bruja, volvía a estar frente a él. Sentía un odio iracundo en su interior, no entendía el porqué. Sí, allí estaban los ocho pero su mirada no se centraba en él y en Ginny, sino en Emy y en Sirius.

- ¿Desde cuándo se pueden tocar?

¿Qué ocurría? Aquella no era su voz, aquella no era su ira, nadie le miraba así y menos Lucius Malfoy. "¡Oh, no!". Harry se dio cuenta que compartía de nuevo las emociones de Voldemort, que vivía en primera persona lo que estaba ocurriendo.

- No lo sé, Señor

- ¿Qué no lo sabes? – Un bramido horrendo salió de su boca. Notaba el fuego en sus ojos y sin verlos sabía que eran rojos como el infierno – Estoy rodeado de imbéciles. Esto es importantísimo. Se me debería haber informado de inmediato

- Señor, no sabíamos que fuese primordial

- ¿Qué sabréis vosotros, necios, de lo que esto significa? – Se movía de un lado a otro en una sala poco iluminada, que más bien parecía una mazmorra, ya que ninguna ventana se abría en las paredes – Cambio de planes, pon a la mitad de tus hombres en alerta. Quiero a Black muerto lo antes posible

- En estos instantes está en el Ministerio por el asunto de Krum, Señor – Lucius Malfoy seguía postrado en el suelo con la cabeza gacha y sin atreverse a mirar a su amo

- Haced que salga, tenderle una trampa, si logras matarlo esta noche, te recompensaré Lucius, sino... volverás a sufrir mi ira

- Sí, Señor, de inmediato

El silencio se hizo en la sala. Voldemort con un solo movimiento de mano, hizo aparecer un sillón en el que se sentó. Reposó su cabeza en el cabezal del respaldo, cerró los ojos y sonrió.

- Hace tiempo que no venías a visitarme, Harry ¿Qué tal llevas la muerte de tu pelirroja?

Fue un acto reflejo. De inmediato, Harry visualizó el entierro de Ginny. Ella encima de la barca de madera, su cuerpo sin vida descansando rodeado de flores. Su mente dejó estática la imagen de una Ginny vestida de riguroso blanco y con una triste sonrisa en su cara.

- Una verdadera pena – El tono burlón de Voldemort no daba lugar a dudas – Me hubiese gustado profundizar más en mi relación con ella. Creo que el joven Malfoy casi lo consigue

- Hijo de puta – No fue la voz de Harry quien lanzó el insulto, fue el mismo rumor siseante y frío el que pronunciaba sus pensamientos

- En ese te doy la razón, mi madre no era más que una zorra cobarde que se rajó ante la vida

- No te consiento... – Harry comenzaba a asustarse, sabía lo que él quería

- ¿Conoces a la vieja? ¿Por qué no me enseñas cómo llegar hasta ella? Muéstrame el camino, Harry

Si hubiese notado su cuerpo, se hubiese agitado con fuerza, porque su mente luchaba encarnizadamente para cerrar de un portazo sus recuerdos. Tenía que salir de allí, tenía que escapar de aquel ser. Sirius ¡Eso era! Despertarse para avisar a Sirius. Sin embargo, no pasaba, seguía atrapado en aquel sueño, esta vez fuera de Voldemort pero oyendo su voz. "Préstame tu increíble habilidad para viajar en los sueños, así podré ver cómo mis hombres matan a tu querido padrino". Quería gritar que se alejara de él, que le dejara en paz de una maldita vez, pero su boca permanecía callada, inmóvil, muerta. Los gritos se ahogaban en su garganta, como silencios atronadores que martilleaban su corazón ¿Por qué no hizo caso a Emy? ¿Por qué no cerró la mente antes? Y como un golpe seco en la boca del estómago, cayó en la oscuridad de un callejón.

Oía a lo lejos a tres hombres hablar, no entendía qué decían porque estaban cuchicheando en voz baja. Sentía un frío alarmante, acompañado de pavor, pavor ante la posibilidad de ver aparecer a Sirius por última vez en su vida. Tenía que hacer algo, lo que fuese daba igual. Se sumió en la oscuridad cerrando los ojos y se concentró. Acercándose lentamente, le llegaba un sonido dulce, repetitivo y hermoso, como una nana cantada con cariño. Prestó toda su atención a aquellas palabras y así pudo oírlas con nitidez: "Si no puedes decírselo hablando, díselo sintiendo" ¡Gin! Estaba seguro que era la voz de Ginny y tenía razón. Abrió los ojos para ver a los hombres situarse en posición y no perdió ni un segundo más. Acompasó el latido de su corazón con la advertencia a su padrino: "Es una trampa, vete". No sentía nada más que esas palabras en su piel, en su sangre, en sus entrañas, las grabó en el alma y en el corazón, y supo que ningún grito se había oído jamás tan alto como aquel silencio, lo supo cuando vio la figura de su padrino entrar en el callejón, para un instante después, desaparecer.

Se despertó de golpe. No había nadie a su alrededor, no había amanecido ni había alertado a sus cuatro compañeros con su pesadilla. Tenía que denominarla así, aún sabiendo que no lo era, que había sido tan real como la sangre pasando por sus venas. Se puso las gafas, cogió la varita y salió de la cama con sigilo. Caminó despacio hasta la puerta, la cual abrió con sumo cuidado, no quería despertar a nadie, no quería dar explicaciones. Bajó las escaleras y comprobó que no hubiese nadie en la sala común. Una vez corroboró su soledad, se coló por el pasadizo que conducía al apartamento de sus tíos. Cuando llegó a la puerta, se quedó quieto. No recordaba, hasta ese instante, que le había dado una pataleta y que la había pagado con ella. Él sólo estaba allí para ver si Sirius había vuelto. No quería hablar con nadie, no quería nada más que ver que su padrino estaba a salvo. Si entraba, tendría que decirle a Emy que llevaba razón y que había puesto en peligro a las chicas y a la abuela.

No se le ocurrió otra cosa que ir hasta el final del corredor y sentarse en el suelo. Se agarraba las rodillas con los brazos, a la vez que balanceaba su cuerpo. Los pensamientos le llegaban a borbotones, atropellados e hirientes. Un ruido lo detuvo, alzó la mirada y vio abrirse el cuadro de Los Fundadores que daba acceso al pasillo. La inconfundible figura de Sirius se reveló para él. Caminaba con paso lento pero firme por el medio del corredor. Veía su cara medio iluminada por las antorchas, sonreía. No paró enfrente de la puerta, siguió andando hasta llegar a donde estaba su sobrino, hasta sentarse a su lado.

- ¿Qué haces aquí? – Preguntó con cariño

- Te estaba esperando – Era un alivio volver a oír su propia voz, en ese instante le parecía algo infantil, tanto, que incluso le instigaba a tirarse en brazos de su padrino, para saber que él era real y para desahogar el mal rato en que pensó que no volvería a verle más

- Esta noche ha pasado algo que no vas a creer

- No apuestes por ello

- He oído tu voz en mi cabeza

- Es una trampa, vete – Repitió Harry pudiéndolo decir ahora sin problemas

- ¿Entonces me has salvado la vida? – Sirius le miró sorprendido y ya no hizo falta que Harry se lanzara en sus brazos, fue él mismo quien atrajo a su sobrino hacia su pecho – Gracias, Harry

- No las merezco... no soy más que un estúpido consentido

- ¡Eh! ¿A qué viene eso? – Sirius se extrañó de las palabras de Harry, aunque más le extrañó su tono triste

- Ayer te recriminé por tu actitud infantil con Emy y voy yo y hago lo mismo, pagar mis neuras con ella – Harry miraba al suelo avergonzado

- Seguro que no ha sido para tanto ¿Quieres entrar y hablar con ella? Emy lo estará deseando

- No, no quiero

- Si sabes que has hecho mal, deberías disculparte

- No es por eso – Harry miró a Sirius y sintió la necesidad de contárselo a él – He tenido un contacto con Voldemort en sueños. Me metí en él y se mantuvo la conexión hasta que pude avisarte para que salieras de allí

- Pero me has advertido, han podido matarme, me has salvado la vida, Harry

- Sí pero casi le he desvelado que las chicas están vivas y en dónde está la casa de la abuela

- ¿Qué? – Exclamó Sirius con miedo

- Espero que no haya sentido mi interior. Visualicé el entierro y no le he dicho nada de dónde está la abuela pero pudo haberlo averiguado – Se oía verdadero arrepentimiento en la voz del muchacho – Emy me advirtió que tenía la mente demasiado abierta y que debía volver a cerrarla como nos había enseñado Merlín. Ella ordenó que la dejáramos en blanco esta semana pero no hice caso... solo quería soñar con Ginny

- ¡Oh, Harry! – Sirius le tenía bien sujeto entre sus brazos. Con su mano acarició el cabello de su ahijado, como su fuese su propio hijo – Sé que lo estás pasando mal con todo este asunto. A veces te atribuimos más fuerza de la que tienes, no nos damos cuenta. Sólo queremos que todo salga bien

- Lo sé

- No es fácil vivir sin la persona a la que amas, no es fácil adaptarse a esta vida sin pensar, sin rebelarse, sin sentir que todo podía ser diferente, que no es justo que nos pase a nosotros. Pero es inútil, no sirve para cambiar las cosas, así que hay que vivir con los tiempos que nos ha tocado pelear y hay que hacerlo de la mejor manera

- Lo sé

- Cuando Emy se fue, sentía que en cada respiración se me clavaban mil cuchillos. Quería abandonarme al sueño cálido de estar con ella, como tú con Ginny. No era capaz de asimilar una vida sin ella, así que aprendí a vivir día a día, sin pensar cuántos me quedaban, fraccionando las cosas para convertirlas en tareas más sencillas. Me centraba en sacar las piernas de la cama para levantarme cada mañana, en lavar mi cara, en vestirme... No podía pensar que ese día tampoco la vería, o incluso, en si se me olvidaría su forma de reírse o de caminar. Sólo me centraba en las pequeñas ocupaciones a realizar, así era todo más sencillo, aunque no por ello menos doloroso ¿Por qué no intentas hacer lo mismo?

- Mis padres acertaron de pleno nombrándote mi padrino – Harry sonrió sinceramente

- Es fácil siendo tú mi ahijado – Sirius se levantó y tendió la mano a Harry para ayudarle - ¿Entras?

- No

- ¿Seguro?

- He quedado con Ron para nuestro primer entrenamiento, mandato de Emy, no quiero fallarle también en eso

- Como quieras

- ¿Se lo dirás a ella? – Harry adivinó que la respuesta sería negativa – Te prometo que más tarde le pediré perdón pero dile tú lo que ha pasado ¡por favor!

- De acuerdo... Hoy por ti, mañana por mí – En el rostro de Sirius aparecía una media sonrisa, signo claro de: "me debes una"

- Trato hecho – Se despidió de él con un apretón de manos y se fue por el pasadizo a su sala común

Harry y Ron estaban sentados al fondo del Gran Comedor con el resto de sus compañeros de cuarto, encima de una de las mesas alargadas. Delante de ellos estaban prácticamente todos los alumnos del colegio, en masa y sin orden aparente, frente a la tribuna de los profesores. Allí, en pie y esperando a que se callaran, se encontraban la profesora Martín, el profesor Weasley, el profesor Flitwick y Hagrid. Cansados de que no acabaran los murmullos, el pequeño profesor de Encantamientos hizo una floritura con su varita y un estridente sonido de bocina acalló cualquier voz.

Si algo alucinaba a Harry, era ver a su tía en acción. Hablaba a los presentes con tal aplomo y decisión, que captaba la atención de todos al instante. Insertaba bromas en su discurso lo justo para romper la excesiva seriedad. Lo mismo les lanzaba amenazas claras o restricciones injustas, que todos los presentes no hacían más que sonreír como si les estuviesen dando unas buenísimas noticias. Su forma de andar, de gesticular, de sonreír e incluso de vestir para cada ocasión, le decía a Harry que Emy estaba destinada a ser alguien importante. Ella estaba preparada, se adaptaba a los ambientes como un camaleón, camelando y embaucando a cada persona, como si fuese un encantador de serpientes y su voz fuese la música de una flauta sibilina.

Ese año tampoco tendrían salidas a Hogsmeade, en cambio, una vez al mes se haría un mercadillo en los terrenos del castillo, para que los alumnos pudiesen comprar lo que necesitaran. Era un acuerdo con los comerciantes del pueblo, que habían protestado por esas normas impuestas por el profesorado, para protección de los alumnos. Para los menores de tercer año, fue como abrirse las puertas del cielo, disfrutarían con las miles de cosas encantadas que se podían comprar en el pueblo, aunque no pudieran visitarlo. En cuanto a los talleres, les había de todas clases, de música, incluso, había dos, eso sí, en ambas se necesitaban nociones anteriores. Una era canto, en los que ensayarían el coro y voces solistas, otra era piano y otros instrumentos, a la cual querían ir Harry y Ron. Había clases de baile, de artes plásticas, de tecnología muggle, talleres de duelos, foros temáticos y por último, clases especiales de orientación postacadémica, para carreras o profesiones futuras. Entre los cuatros profesores se repartían las diferentes especialidades extraordinarias, aunque todas estaban dirigidas por la misma persona, la profesora Martín.

Emy había dejado muy claro que, en ninguna clase normal, se hablaría a los profesores de las impartidas los sábados y domingos, y que cualquier ruego, pregunta o duda, se reflejaría en un papel, dejando el nombre y la cuestión apuntados y echándolo a un buzón especial que estaría fuera de los despachos de Estudios no Mágicos y Cuidado de las Criaturas Mágicas. Se quedó tan ancha cuando amenazó a quien llenara esos buzones con chorradas innecesarias, logrando que a ninguno le sentara mal, incluso a los de Slytherin. Por último, terminó diciendo que también se admitirían peticiones para comprar productos específicos, siempre y cuando se aprobasen en la escuela y se diese el motivo de su solicitud. Así que terminada la charla, se formó una fila frente a la mesa de profesores, en donde los muchachos se apuntaban a los diferentes talleres extraordinarios. Harry y Ron sabían que no podían acudir a ninguno de ellos pero, aún así, Harry se mantuvo en el final de la fila, tenía algo que hacer, mientras Ron le esperaba sentado en el mismo lugar. Cuando llegó hasta la mesa, después de un buen rato de cola, Emy alzó la ceja al verle frente a ella. Harry dio un paso al frente y con voz suave y baja se dispuso a hablar con su tía.

- ¿Hay plaza para el taller de los "tontos arrepentidos"?

- Hum... déjame ver... ¡No! Se nos han acabado pero tengo un hueco en el de "sobrinos que nunca pierden el encanto"

- Creo que en ese no encajo

- Bueno, eso no lo decide usted, yo misma tengo un sobrino que está matriculado en ese taller con honores – El cariño de Emy desbordaba el corazón, ya más tranquilo, de Harry

- Me temo, profesora, que le valora en exceso

- Y yo me temo que él no entiende que todos tenemos momentos malos

- Yo nunca te he visto pagar tus malos momentos con nadie

- Tú lo has dicho, nunca me has visto

- El caso es que nunca lo has hecho conmigo y yo contigo demasiadas veces

- ¿Es que no sabes que estoy aquí para aguantarte? Y cuanto más te aguanto, más te quiero – Emy sonrió a Harry tan sinceramente, que su sobrino no pudo evitar igualarla – No demos más vueltas a esto, lo importante es que tú estés bien. Ya me ha dicho Sirius lo que ha pasado

- Lo estoy... Aunque cansado

- Sí, ya os he echado un vistazo

- ¿No te fiabas? – preguntó Harry con algo de recelo

- Después de todas la pegas de ayer...

- No me extraña, tienes razón

- ¿Nos vemos a las cuatro?

- ¿Dónde?

- En El jardín de Los Guardianes

- De acuerdo, hasta luego

- Hasta luego – Emy le guiñó un ojo y luego se quedó sonriente viendo como se alejaba

Por la mirada de su amigo, Ron supo que Harry ya estaba un poco más en paz consigo mismo. Salieron, sin decirse nada, del Gran Comedor en dirección a la enfermería, tenían una visita pendiente. No habían ni llegado al primer descansillo de las escaleras, cuando se encontraron a Dan, esta vez sólo acompañado por el hermano de Lee Jordan.

- Precisamente os estábamos buscando - Dijo con su ya típico tono de determinación

- ¿Para algo en especial? – Preguntó Ron

- Por supuesto, sino tengo cosas más importantes que hacer – Contestó haciendo que Harry casi se atragantase con su propia risotada – Es por el asunto que nos ocupa

- ¿Ha salido ya de la enfermería? – Quiso saber Harry mientras miraba los coloretes que se le habían puesto a Ron

- No, hasta después de comer no le sueltan

- ¿Y cómo sabes tú eso, enano?

- Pues porque tenemos la puerta vigilada y porque cuando yo hago algo, o lo hago bien, o no lo hago – Dan seguía mirando a los dos muchachos con esa mezcla de respeto y descortesía – Tenemos comunicadores, estamos preparados como ves, y acabo de recibir las últimas noticias confirmando lo que ya os dicho

- Chaval, me dejas alucinado, si no tuviese dos hermanos como tú y no me hubiese pasado todos esos años con Hermione, ahora mismo me estaría dando de cabezazos para saber si eres tan chulo o sólo te lo haces – Exclamó Ron alucinado con el pequeñajo

- Entre nosotros – Se acercó un poco a ellos, dejando atrás a su compañero de primero y hablando en voz baja – Un poco de lo uno y un poco de lo otro ¡Ya me entendéis!

- Jajaja – Harry ya no pudo más – Claro ¡Qué nos vas a contar!

- Yo quería exponeros un plan de ataque, si es que no tenéis ya uno pensado – Dan vio como Harry y Ron se miraban y asentían, dándole luz verde para que se explicara. Eso hizo que el muchacho cambiase su porte y se pusiera aún más solemne – Debido a que ha sido una agresión a un miembro de nuestra casa y que como consecuencia, dos de nuestras mejores alumnas han... fallecido, y siendo él responsable directo de lo primero e indirecto de lo segundo, hemos pensado que sea la casa de Gryffindor, en su totalidad, la que demuestre a ese parásito de mago que estamos dispuestos a hacerle frente, cuando deje de estar a la altura del barro, ya que atacarle ahora nos deshonraría a nosotros

- ¿Pero tú le oyes? – Preguntó Ron a Harry con los ojos abiertos como platos – Este chico no es normal ¿Quién te ha enseñado a hablar así con once años?

- Mis padres eran investigadores en el Departamento de Misterios en el Ministerio de Magia hasta que les asesinó Voldemort – Dan contestó con un especial orgullo

- Ya se entiende – Se consoló Ron

- Además es un discurso elaborado – Intervino el hermano de Lee Jordan

- Eso no hacía falta decirlo, Jordan – Le riñó su amigo

- Me parece una gran idea – Dijo Harry – Pero no se me ocurre cómo todo Gryffindor va a colaborar en esto

- ¡Le parece una gran idea! – Dan y Jordan chocaron sus manos en el aire, pareciendo por fin dos muchachos de once años, en verdad, todo aquello era un juego para ellos

- ¿Seguro, Harry? Yo voto por que nada mas salir de la enfermería, vuelva a visitarla – En Ron no cabía la duda

- Como dicen nuestros jóvenes amigos, sería deshonrar el nombre de un buen Gryffindor

- Entonces déjalo de nuestra parte, vosotros sólo confirmar, si os preguntan, que nada más comer quedamos en el pasillo de la enfermería

Dan y Jordan salieron corriendo como poltergeis escaleras arriba. Para Harry era contagioso aquel espíritu lleno de vitalidad y de ganas, aún recordaba cuando Ron, Hermione y él eran así. Al parecer no fue el único que quiso contagiarse de esa esencia de vigor, a medida que subían hacia la sala común, se fueron encontrando con gente de su casa, que estaba entusiasmada por colaborar en un plan tan genial. Lo curioso es que se lo atribuían a ellos sin dejar que se explicasen, ya que no estaban dispuestos a cargar con una muestra más de heroísmo. Aquel proyecto se convirtió en la mejor cosa que hacer después de la comida del domingo y ni uno solo de los alumnos de Gryffindor, desde primero hasta séptimo, iba a faltar. Para Harry era sorprendente ver las ganas que muchos ponían en algo tan simple, como mostrarle la cara a Malfoy. Quizás se lo hubiese esperado de Neville, por todos los años de humillaciones, o de otros que las hubiesen sufrido, pero no, esto era a nivel general. Sólo había una cosa que detestaba, que Ginny y Hermione no lo pudiesen ver.

Los profesores, sobre todo McGonagall, se quedaron un tanto preocupados por la reacción en masa de los Gryffindor. Acudieron a comer nada más abrirse las puertas, se sentaron ordenados y comieron entre susurros y a la velocidad del rayo, yéndose tal como habían venido, en masa. A Harry le hubiese gustado ver al resto de las casas preguntándose dónde estaban todos los alumnos de Gryffindor, aunque prefería la visión que tenía delante.

Más de cien personas se agolpaban en la salida de la enfermería en completo silencio, con los ojos clavados en las puertas y la expresión preparada para cuando la "víctima" saliese por ellas. Ni un solo murmullo, prácticamente ni se movían, sólo se oían las respiraciones de todos aquellos muchachos a los que les habían herido con la pérdida de dos de sus compañeras ¿Se mantendrían así? Silenciosos, sólo mostrando su cara para que Malfoy viese la repugnancia que daba. Aquella había sido una idea brillante, que le estaba proporcionando un bienestar mayor que arrancarle la jeta a bofetadas. Incluso pudo ver en los ojos de Ron una satisfacción que no esperaba.

Por fin las puertas se abrieron y de ella salió la voz de la enfermera Pomfrey, advirtiéndole a Malfoy que debía de tomar un brebaje antes de acostarse. Salió despacio, iba con la cabeza agachada, su pelo estaba revuelto, nada que ver con la imagen del siempre perfecto engominado cabello que lucía a cada momento. Cuando fue consciente de todos los pares de piernas que tenía delante, levantó la cabeza y se topó con todo Gryffindor. Harry y Ron estaban al frente mirándole a los ojos con desafío. Malfoy se quedó aún más blanco de lo que ya era. Hizo el amago de volver a entrar pero se detuvo al ver las sonrisas que le llamaban cobarde. Sacó el mayor orgullo que pudo y cerró la puerta. No dijo nada, sólo se puso a andar en dirección a su casa, a las mazmorras. Los Gryffindor le hacían un pasillo mientras le miraban con absoluto desprecio pero él mantenía la cabeza en alto. A medida que fue avanzando también lo hicieron los demás, rodeándole en semicírculo, cuando llegaron al vestíbulo y antes de que desapareciese por las mazmorras abajo, le acorralaron en un círculo cerrado. Fue Ron el que habló primero.

- Esto es para recordarte que nosotros seguimos aquí

- ¿Y para eso te has traído a todos estos memos? – Malfoy maldijo su imprudencia porque al instante tenía más de cien varitas apuntándole directamente

- Eres un necio y siempre lo serás – Harry se aproximó a él, junto con Ron, mientras hacía un gesto para que todos bajaran las varitas – No eres capaz de ver que ellos están aquí para demostrarte que no os tenemos miedo, que no sois más que escoria y que como tal, no obráis de otra manera que por la espalda, como la mierda de cobardes que sois. Nosotros, en cambio, te enseñamos nuestras caras, para que las veas bien, para que sepas que en cada una de ellas te encontrarás con un enemigo. Tus actos han demostrado que sólo eres porquería, que no eres capaz de infundir miedo, sino asco. Así que te recomiendo que te andes con cuidado, porque no me importará limpiar la basura, ni a mí, ni a ninguno de los que ves

- ¿QUÉ ES ESTO? ¿QUÉ SUCEDE AQUÍ? – Snape iba apartando a la gente para llegar hasta el centro - ¡POTTER! ¡MALFOY! ¿Se puede saber que significa todo esto?

- Sólo estábamos recibiendo a Malfoy de su salida de la enfermería, profesor – Harry sonrió mostrando su cara más cínica

- ¿Es qué quiere hacerme pasar por imbécil?

- Hemos venido para dar nuevos ánimos a Malfoy – Corroboró Ron

- Para que sienta que nos importa su salud – Rió Seamus

- No hacíamos más que contarle nuestros proyectos, él muchas veces los ha compartido con nosotros ¿Verdad, Malfoy? – Era Neville quien se aproximaba a él sin miedo alguno

- ¡Está bien! Todos a sus quehaceres, dispérsense – Ordenó Snape pero nadie se movió - ¿Es que no me han oído?

- Está claro que estos son sus quehaceres, Severus – El director de la escuela irrumpía en el vestíbulo. En sus gestos no había signos de sonrisa pero sus ojos bailaban de pura dicha – Ya sabes como son estos chicos los domingos por la tarde, quizás sí...

- Claro – Harry notó la mirada de Dumbledore en él y supo que era hora de deshacer aquella reunión – Nos vemos después en la sala común, chicos

Y ya no hizo falta más. Se fueron formando grupos que se marchaban en casi todas las direcciones, unos volvían al gran Comedor, otros salían a los terrenos, había quienes se dirigían a la biblioteca o quienes subían a la sala común. Sólo Harry y Ron se quedaron en el sitio, frente a un Malfoy pálido de rabia, de vergüenza y de represión.

- Pues ya está ¿Ves, Severus? No era para tanto – Dijo Dumbledore dando una palmada – Ya podemos ir a aprovechar la tarde el domingo, un poco de diversión nunca viene mal

A Malfoy, para que se lo pase bien un domingo, hay que contarle un chiste el viernes – Soltó Ron delante de todos sin cortarse ni una palabra. Harry y Ron se fueron riéndose a carcajadas y dejándoles allí, unos aguantando la risa, otros aguantando la ira