Hola... Un mes después aquí está este capítulo. Lo sé... No tengo perdón... Es que bueno deshice varias veces este capítulo y pues aquí está.

Gracias a Denny Tsukino por su hermoso comentario y deseo que tengas mucha fortaleza, cuidate mucho, un abrazo fuerte, me honras con tus palabras.

Gracias a MarielaMolina por su ayuda y apoyo.

Los personajes me pertenecen, a Naoko Takeuchi.

Ahora sí aquí está.

Besos.

Dam Frost.

Capítulo 36

Listón de seda.

— ¿Qué haces aquí? — Balbuceo con temor al abrir la puerta.

— Supe que te vas a casar y vine a felicitarte. — Dijo con voz burlona.

— Yo... Yo pensaba ir a verte. — Dijo con voz temblorosa.

— Pues ya estoy aquí... Para que querías verme... — Dijo con cinismo, mientras se acercaba a ella.

— ¡Por favor! ¡Vete! Después hablamos, si alguien me descubre todo se vendrá abajo. — Suplicó.

— Todo ¿Qué? ¿Tu maravillosa boda? —

— ¡Sí! Sabes bien que lo hago por tí. — Dijo tratando de convencerlo.

— ¿Por mí? — Pregunto con ironía.

— ¡Sí! Tú me enviaste aquí, todo esto era idea tuya, para sacarte de la cárcel. —

— Pues ya estoy afuera, ya no es necesario. Puedes cancelar todo. Podemos irnos lejos. —

— ¡No! Es decir... Sabes que nos conviene que sea su esposa. —

— ¡Te enamoraste de él! ¿Verdad? —

— ¡Claro que no! —

— ¡Sí! Lo hiciste... Y dime... ¿Él te hace el amor igual que yo? — Dijo besando su cuello.

— ¡Por favor¡ No hagas esto... Comprende que es por nosotros... — Dijo apartándose de él, sus caricias ahora le causaban repulsión.

— No trates de pasarte de lista conmigo. — Dijo sujetándola de la barbilla con fuerza, sintiendo el rechazó de ella.

— Me estás lastimando. — Dijo con ojos llorosos.

— ¡Eres una zorra! Te olvidaste de mí y ahora te revuelcas con él por dinero. — Dijo llenó de celos, pasando sus labios por sus mejillas con lascivia.

— Tú así lo quisiste. Me rogaste que lo enamorará, NO me culpes ahora, si me gusta mucho más hacer el amor con él. — Dijo soltándose de sus garras.

— ¡Te vas a arrepentir! Te prometo que lo pagarás muy caro, el haberme cambiado por "ese". —

— Chibi... — Dijo la niña mirándolos con inocencia.

Darién se quedó mudo. Esa niña era el vivo retrato de Serena y Kakyuu.

— Esa niña... — Murmuró acercándose a ella.

— ¡No la toques! — Dijo interponiéndose entre el y la niña.

— ¡Tranquila! Sólo es curiosidad. — Dijo haciéndose atrás.

— Es la hija de Seiya y... Alguien que ya no está. — Dijo tomándola en sus brazos.

Él supuso que se refería a que Serena estaba muerta y se fue sin decir nada, era cierto lo que Reih le había dicho, y eso lo dejaba claro.

Setsuna respiró y llevo a la niña al cuarto de juegos, ahora que Darién había aparecido todo se le complicaba.

Debía pensar como deshacerse de su amenaza.

***

Seiya tenía la hija de Serena... Y él... Él no tenía nada, era cierto que la había abandonado, pero aún así la amó, amó su dulce inocencia y entrega desinteresada.

Al ver a la niña con sus inocentes ojos azules, mirándolo con ojos interrogantes, recordó a Serena, así lo había visto la primera vez, y él supo que tenía que conquistarla, a pesar de saber que no merecía algo tan limpió y puro. Uso sus mejores mentiras para lograr que se fijará en él.

Y ahora ya no estaba, pero había algo vivo de ella, y se esforzaría por obtenerlo, así haría sufrir a Seiya, por haber robado el amor que era suyo.

***

Diamante llevaba días encerrado en su trabajo, tratando de agotarse física y mentalmente, para no sentir la ausencia de su amada esposa.

Esa noche entró en la que fuera su habitación y recorrió el lugar con añoranza, aún podía sentir su escencia en el lugar, entró al interminable armario y tomo uno de sus vestidos, lo descolgó y lo acercó a su nariz, aún olían a ella, a su dulce aroma a flores, lo abrazó a su pecho como si se tratará de Serena, en un vano intento de mitigar su soledad. Se recostó en la cama con el vestido en sus brazos, tratando de sentir su calor, pero fue inútil la fría y espantosa ausencia pesaba. Lo regresó a su sitio y salió de la habitación, le sorprendió ver a la Reina parada junto a la puerta.

— Madre... ¿Qué haces aquí? —

— Hijo... Deja de actuar como un tonto, ve por tu esposa. —

— Pero Madre... Yo... No sé... Tengo miedo de que me dejé, que sea sólo agradecimiento y no amor. —

— Deja de decir estupideces, no se porque te desvalorizas tanto, eres un Príncipe, y muy atractivo por cierto, confía en ti mismo y se feliz junto a ella. Anda... Que no me hago más joven... No pierdas tiempo, quiero que te apresures a darme nietos, a este enorme palacio le hace falta la alegría de un niño. — Dijo con cariño.

— Gracias madre... Tienes razón, debo ir por la mujer de mis sueños. — Respondió lleno de alegría, dirigiéndose a su habitación a preparar su equipaje.

***

En esos días no había querido ir a trabajar con Seiya y había estado en la empresa de Reih, enfadándose cada vez que encontraba un pago excesivo por alguna sesión de SPA o boutique, o alguna frivolidad. Pero un cheque con una cantidad elevada extendido a un hombre llamó su atención.

— Señorita... Quiero que Reih Hino venga a verme en una hora. — Le dijo a la secretaria por teléfono.

— Pero... Ella nunca viene a la empresa... Se negará a venir. —

— Dígale que su socia desea verla y no es una pregunta sino una orden, para ella. — Dijo con firmeza.

Una hora más tarde, Reih entraba en su oficina.

— ¿Para que deseas verme con tanta urgencia? — Dijo con rabia contenida.

— Seré breve. Entregaste un cheque con una cantidad muy elevada, expedido de la cuenta de la empresa. —

— Es mi empresa... Puedo hacer lo que deseé con mi dinero. —

— Con tu dinero sí. Con el dinero de la empresa no. —

— Es mi empresa. — Insistió.

— Sólo de nombre. Él dinero es mío, y debes regresarlo. —

— Por supuesto que no, también es mío. No devolveré nada. — Respondió con voz altanera.

— Se te proporciona una cantidad considerable cada semana. Cómo pagó de las ganancias que te corresponden. Así que devuelve el dinero. — Dijo con calma.

— Esa basura no alcanza para que viva una mujer como yo. — Dijo con desdén.

— Ese no es mi problema. Si no lo pagas te demandaré de fraude. — La amenazó.

— Es mi empresa. Puedo hacer pagos con la cuenta de aquí. —

—Si puedes, pero debe ser autorizado por mí, y no recuerdo haberlo hecho. Pero está bien, no tendrás que pagar, te retendremos tus ganancias hasta que cubras el pago. Así de sencillo. — Dijo con burla.

— No puedes hacerme esto. —

— Si, si puedo, lo que no se es porque pagaste tanto dinero a ese hombre. —

— Eso no es asunto tuyo. — Y salió azotando la puerta. Solo esperaba que su plan funcionará y así podría volver con Seiya, no le gustaba los límites a su cuenta bancaria.

Serena sonrió divertida, encantaba molestarla.

***

La incertidumbre carcomía el corazón de Serena, Diamante tenía días de haberse ido, y ni una sola llamada le había hecho.

Se daba cuenta que estaba tan acostumbrada a tener siempre la atención de su esposo, que no lo había valorado lo suficiente, y ahora lo extrañaba demasiado, pero no sabía si ir en su búsqueda o esperar, tal vez ya se había arrepentido de tenerla por esposa. Mil y un dudas martillaban en su cabeza, y no sabía cómo desecharlas.

Llegó a la Suite y se metió a la tina, trantando de descansar, acariciaba su plano vientre, en un gesto de cariño hacia la pequeña vida que ya se estaba formando, contándole lo maravilloso que era su padre.

Cuando salió envuelta en una tierna pijama de conejitos que tenía mucho no se ponía, le sorprendió encontrar a su esposo sentado en la cama con la mirada bajá. Algo nada usual.

— Regresaste... — Fue lo único que atinó a decir.

— Tenemos que hablar... — Dijo con seriedad sin mirarla.

— ¿Ocurre algo malo? — Preguntó con temor.

— No... Es decir sí... Te ví con Seiya. —

— ¿Con Seiya? No comprendo de que hablas. Explícame por favor. — Dijo sin entender.

— Él te dijo que te amaba, los Vi ¡BESÁNDOSE! — Dijo con una mezcla de angustia y rabia.

— ¡Dios mío! — Dijo llevándose las manos a la boca. Eso debía ser un error.

—Si no te importa todo lo que te hizo... Y aún así lo sigues amando... Yo no seré un impedimento. Me haré a un lado. — Continuó.

— Yo... Yo no... — No sabía que decir.

— No digas nada. — Dijo poniendo un dedo en su boca.

— Estás mal... No fue así... No estábamos besándonos. — Se defendió.

— Yo los Vi... —

— Y porque no entraste a reclamar... Cualquier hombre lo hace, cuando se sabe engañado. ¿Es que acaso no tienes sangre en las venas? —

— No quise ponerte en evidencia, sería una humillación. —

— ¿Te sentirías humillado? ¿Un Príncipe como tú no puede rebajarse a reclamar? — Preguntó con incredulidad.

— Te amo tanto que de haberlo hecho sería denigrante para tí, eres mi esposa, no podría hacerte esa clase de humillación. — Dijo con voz triste. — Ahora descansa, que tengas una linda noche. — No se sentía preparado para oir la verdad. Que ella lo dejaba. Se dió la vuelta para salir.

Serena estaba en shock, no sabía si sentirse halagada o molesta por sus palabras. Su marido había dudado de su lealtad, pero también actuaba como un caballero de una nobleza inmensa.

Antes de que saliera Serena le tomó del brazo, para evitar que volviera a huir de ella.

— Por favor... No te vayas. — Suplicó. — Eres lo mejor que me ha pasado en la vida... Yo... No merezco tu amor y tú bondad... Aún no me explico que un Príncipe como tú, pusiera sus ojos en una mujer como yo, con ese pasado tan oscuro. Me ayudaste a creer en mí misma, y aún sabiendo que amaba a otro, me cuidaste y protegiste, dándome un nombre y una vida que jamás habría soñado tener. —

— Eso... Sólo es agradecimiento, lástima, o algún otro sentimiento, pero no amor. — Dijo intentando no demostrar que le dolía.

— Estás equivocado, tú nunca podrías inspirar lástima a nadie, mírate eres un Príncipe atractivo, yo soy una tonta, por no saber expresarte mis sentimientos, pero si se que no es agradecimiento en lo absoluto, te admiró y te respetó, y te juro por lo más sagrado, que no te he fallado, y no he hecho nada que me puedas reprochar, si te hubieras esperado un poco más te habrías dado cuenta que Seiya solo beso mi mejilla, que le dije que jamás volvería a estar a solas con él, y que respetará mi matrimonio y a su prometida. —

Diamante escudriñó sus azules ojos y sólo pudo encontrar sinceridad.

— Te he hechado mucho de menos, no sabes la incertidumbre que pase sin saber de ti. — Dijo abrazándolo y rodeando su cuello para expresarle lo mucho que lo extrañó. — Te quiero tanto que no me alcanzará la vida para demostrártelo, va más allá de la muerte y la eternidad... Y si volviera a nacer en otra vida, te encontraría de cualquier forma y te elegiría nuevamente... — Dijo mientras desabrochaba los botones de su chaqueta blanca. Se la quitó dejando al descubierto su maravilloso abdomen y aspiró el aroma varonil de su pecho.

Diamante se dejó llevar por ella, después de haber padecido, sus besos le sabían a gloria, y ella le demostraba que también lo había extrañado, había algo en ella que le hacía sentir que todo había cambiado, que era suya por completo, sin sombras.

La levantó en brazos con delicadeza y la llevo a la cama, recorriendo con sus labios su cuello, hasta llegar a los senos besando y mordiendo con delicadeza, haciendo que ella gimiera de placer, beso su cuerpo entero con devoción, cada rincón secreto, hasta perder la cabeza, besándose y amándose, diciéndose las palabras que salían de sus corazones, él frenético galopar de él en ella, le hacía vibrar gritando su nombre, sintiendo descargas maravillosas, hasta cada fibra de su ser, era el paraíso sentirlo en ella, complaciendo cada una de sus fantasías. Se entregaron a su pasión, hasta quedar exhaustos y sudorosos, ella suspiró y se abrazó a él, quedándose dormida al instante. Él se sintió pleno y seguro de que nada, ni nadie podría romper su felicidad.

***

A la mañana siguiente Serenity despertó, con el cuerpo aún resintiendo la apasionada noche con su marido, estiró su mano buscándolo y descubrió que Diamante no estaba a su lado ... Una sensación de vacío, se anido en su corazón, al pensar que tal vez no fue suficiente su demostración de amor, la desilusión que sintió brotó en amargas lágrimas, como no lo hacía en mucho tiempo... Posó sus manos en su vientre acariciando la nueva vida que latía dentro de ella, una vida que es fruto del amor y dedicación de Diamante.

Por su mente pasaron los momentos compartidos la noche pasada, y se levantó de la cama vacía... Decida a no dejarse vencer. Miró la camisa de él, que está tirada en el suelo y la levantó, aspirando su aroma sensual y varonil, exhaló un suspiro y se metió a bañar, ya tenía una idea en la cabeza y debía darse prisa, no tenía tiempo para estar lamentándose.

Tras hacer unas llamadas, llegó al comedor del hotel donde estaban las chicas.

— Haruka, Michiru... Tenemos muchas cosas que hacer. —

Estás la miraron como si estuviera loca, e ignoraron sus palabras, entre risas, pero la mirada sería que les dirigió acallaron sus risas.

— No se me queden viendo, hay que irnos. —

— Deja que desayunemos, no hay tanta prisa. — Le reclamaron sin moverse.

— Después... Hay que ir de compras. Tengo que preparar todo para en la noche. — Dijo retirando sus platos para que se levantarán.

No les quedo más remedio que obedecer. Estaban muy intrigadas con la actitud de Serena.

— ¿Qué dijo Él Príncipe Diamante con la noticia del bebé. — Preguntó Michiru.

— Aún no lo sabe, será una sorpresa, por eso hay que darnos prisa. Tenemos mucho quehacer. Hay que preparar todo para en la noche, será una cena muy especial con ustedes, Zafiro y la Reina. —

— ¿La Reina? — Dijeron a un mismo tiempo con sorpresa.

— ¡Siiiiii! ¿Es qué tengo que repetir todo? — Dijo con impaciencia. — La Reina tomará el Jet Real y estará aquí para la cena. Andando, sólo esperó que Zafiro lo tenga ocupado todo el día, jajaja la Reina y Zafiro se mueren de la curiosidad. — Dijo divertida.

***

Zafiro y Diamante llegan al hotely no ven nada fuera de lo normal y añadiéndole a esto el cansancio de el atareado día de trabajo en el que llevaron a sus socios a conocer la nueva Refinería, Diamante llega a su recamara y va directo a tomar un baño... Se da cuenta que Serena no está y la trata de llamar a el celular, pero no entra la llamada. Va a la habitación de Haruka y Michiru pero tampoco están, inquietó por la ausencia de las tres, va a la recamara de su hermano Zafiro y le pregunta si sabe algo de ellas, pero Zafiro le comenta que no sabe de ellas desde el medio día, Diamante se comienza a inquietar y regresa a la habitación con la esperanza de encontrar algo, pero nada. En eso el teléfono de la habitación timbró, corrió a contestar con la esperanza de que fuera ella.

— Señor... Tiene una cena importante a las 8 de la noche, dice su esposa que lo espera en el salón que está en el último piso. — Y colgó.

***

La cena llegó, Diamante y Zafiro estaban en un pequeño y elegante salón del Hotel que ella había reservado para la ocasión.

El lugar estaba exquisitamente decorado con flores y cortinas que le daban un aspecto muy íntimo.

Ambos vestían impecables trajes que los hacían ver muy atractivos.

En ese momento llego Haruka y Michiru vestidas con elegantes vestidos color oro y aguamarina respectivamente. Tras ellas se encontraba la Reina con un hermoso vestido rojo que le hacía verse muy elegante.

— ¡Madre! ¿Qué haces aquí? — Dijo Diamante levantándose para abrazarla. Zafiro también la besó en la frente con respetó y le acercaron a la silla principal.

— También soy una invitada, pero... ¿Dónde está nuestra anfitriona? —

La puerta se abrió podrá dar paso a Serena, que vestía un delicado vestido azul, dándole un aspecto maravilloso.

— Cierra la boca hermano. — Le dijo Zafiro en voz baja.

Él sonrió y fue a su encuentro.

— ¿Qué es todo esto? — Le Preguntó al oído.

— Una bienvenida muy especial a mí amado Príncipe. — Respondió con una sonrisa. — Anda siéntate.

Un camarero entró a servir el primer plato que se veía bastante extraño.

— Esperó que les guste... Yo misma lo preparé. — Dijo con orgullo.

— Estás seguro que ésto se puede comer? — Le dijo Zafiro a Diamante.

— No seas irrespetuoso. —

— Por si acaso, esperaré a que lo pruebes primero. —

— Eres un tonto. — Le dijo llevándose la cuchara a la boca con mano temblorosa.

— ¿Te gusta? — Le dijo Serena mirándolo ansiosamente.

— ¡Si! Extrañamente sabe muy bien... ¿Cómo lo hiciste? — Dijo dando un segundo bocado, y todos lo imitaron.

— Sabés muy bien que el dueño del hotel no puede negarse. Me prestó la cocina del ala oeste. Y todo salió muy bien. —

— ¡Vaya! Que inusual. Sabe bastante agradable. — Dijo la Reina. Era muy extraño todo, ella jamás había cocinado en su vida, pero estaba segura que sería aún peor que Serena. — ¿Qué estamos celebrando? —

— Ya lo sabrán todo a su tiempo. Coman todo lo que quieran, aún falta el plato principal y el postre. —

Todos comieron con resistencia por el extraño aspecto de los alimentos, pero se daban cuenta de que fue hecho con mucho amor, y tal vez ese fuera el ingrediente principal, que le daba un sabor agradable.

Charlaron de mil y una cosas intrascendentes y divertidas, pero con la curiosidad a flor de piel.

Antes de que sirvieran el postre, Haruka y Michiru les pasaron unos pañuelos de seda

— Ahora sí, viene lo mejor. Pónganse los pañuelos, Y no quiero que espíen. — Ellos obedecieron, extrañados y divertidos por todo lo que Serena les decía.

Los meseros entraron con globos, velas aromáticas y por último un gran pastel que no tenía buena pinta por el desastre de decoración.

— Ahora si, pueden quitarse los pañuelos. — Dijo en cuanto estuvo todo listo. — ¡Sorpresa! — Dijo alzando los globos con alegría.

Abrieron los ojos enormemente al ver el pastel, que es lo que más les llamaba la atención, pues trataba de ser una imagen de algo que no lograban descifrar...

— Es un lindo... Pastel de... Lo que sea. ¿Un cerdito tal vez?— Dice Diamante.

Al ver sus caras decide decir ...

— ¡No es un cerdito! Pero por eso tengo el plan B, para que entiendan... — Dice y comienza a caminar por sus lugares, dejando una cajita de regalo con fotos donde aparece el primer ultrasonido de su bebé, con delicados zapatitos rosas y azules.

Diamante abrió sus grises y hermosos ojos con sorpresa y se volvió a verla, para estar seguro de que era cierto.

— ¡Si! Vamos a ser Padrés... Reales... Un bebé Real. No es un cerdito, trate de hacer la carita de un bebé. — Dice emocionada.

Corrió hacía ella y la alzó en el aire... Todo eso le parecía un sueño maravilloso del que no quería despertar.

— Mi amor... Me has el hombre más feliz del mundo. Un bebé... Tuyo y mío... De los dos. — Dijo feliz.

Todos aplaudieron ante la noticia, la Reina corrió a ella y le dió un abrazo.

— Este niño será el futuro Príncipe del Reino de Plata... Mi nieto... Siempre has sido una hija para mí y ahora aún más, tenemos que anunciarlo al Reino enteró... Que todos festejen junto a nosotros. — Dijo la Reina, llorando de felicidad.

Probaron el extraño pastel que sabía a vainilla y fresas, un poco a quemado también, pero no sabía tan mal.

— Nos retiramos... Esperó que esta cena... No me caiga pesada... Que descansen. — Se despidió la Reina.

— Hasta mañana cabeza de Bombón, te esmeraste mucho en la cena, pero ahora ve a descansar. — Se despidió Haruka.

Todos se retiraron y tras dar una excelente propina a los jóvenes meseros, ellos también se retiraron.

Diamante casi no pudo dormir de la felicidad, miraba a Serena dormida en sus brazos y sentía que debía hacer algo para que tuviera a su hija, se lo había prometido. Y no lo había cumplido.

***

Bueno espero que les haya gustado. Me despido. Gracias por sus comentarios y ayuda de Mariela Molina, ojalá te haya gustado cómo quedó.