Aquí muchachos, me apure lo más posible y espero que les guste este capítulo, no pude incluir lo de los padres de Kagome pero arme la trama para que encaje en el próximo capítulo, ahora que he terminado mis exámenes tengo más oportunidad de escribir, ahora que tengo más tiempo quiero proponerles algo, si llegamos a los 200 review para el martes 16 de octubre de este año para el 31 no solo les tendré listo el siguiente capítulo sino que además tendrán un especial de día de los difuntos. Y a C2r3i4s5t6a7l8, Lily y sele17 les doy la bienvenida y les agradezco sus comentarios, igual que a todos lo que me ponen sus comentarios en cada capítulo, pues el lo que me motiva a escribir. Sin más que agregar me despido, feliz octubre.

Bienvenida a la Realidad

La mañana siguiente fue toda una locura, aunque al principio no podía quejarse, su despertar fue muy dulce, con Kagome dormida entre sus brazos, recordó cómo la tarde anterior ambos se hayan quedado dormido juntos, había sido tan dulce hasta que la llamada de esa víbora arrastrada los despertó en plena noche. Después de eso se quedaron horas platicando de que podían hacer para detenerla, cabe decir que le sorprendió mucho el plan que ya había preparado ella y su familia, pues era absurdamente simple pero perfectamente funcional.

Para cuando por fin el sueño los derroto se acurrucaron juntos, pues de por si la cama de hospital no era muy ancha, pero también por comodidad, pues aun cuando era verano el aire acondicionado del hospital des daba frio y era el mejor método para mantenerse calientes. Pero cuando despunto el alba todo e volvió una especie de circo, para empezar esa banda de siete volvió a aparecer cuando apenas estaban desayunando, habían llegado bajo el pretexto de que venían atraerle una muda limpia a Kagome, pero a juzgar por las miradas que les lanzaban estaban más que al tanto del nuevo nivel de su relación.

Mientras Kagome se cambiaba en una de las duchas para doctores, (Suikotsu había movido sus influencias) Inuyasha se dio un rato para descansar y pensar en el plan para deshacerse de Naraku, con Kikyo no sería tan difícil, el plan de Kagome era perfecto, pero Naraku… ese si sería más difícil de fintar. Estaba intentando cambiar de pociones cuando la puerta de su cuarto se abrió de golpe y dos segundos después tenía a su madre aferrándolo del cuello.

- ¡oh mi niño! – grito Izayoi mientras estrujaba a Inuyasha contra su cuerpo, tan fuerte que el pobre ni podía hablar.

- calma Izayoi, que lo estas exprimiendo como una naranja – se rio Inuno sin poder evitarlo, pero la verdad es que él también estaba feliz de que Inuyasha no tuviese más que unos cuantos golpes.

- lo siento – se disculpó la dama aflojando el agarre y permitiendo que Inuyasha respirara un poco.

- gracias – suspiro Inuyasha después de recuperar el aliento.

- mi pobre bebé, mírate, - suspiro Izayoi acunando el rostro de su hijo entre sus manos.

- mira nada más, definitivamente el morado no es tu color – suspiro luego de mirarlo bien.

- mamá… - se quejó Inuyasha, ¿Qué afán tenían los padres con avergonzar a sus hijos? En especial los suyos.

- tiene razón Inuyasha, ese color no te favorece, en especial a la hora de conocer jovencitas – se burló Inuno Taisho desde la puerta.

- padre – suspiro Inuyasha sorprendido, su padre aprovecho para acercarse, y a juzgar por la sonrisa que traía pintada en el rostro no planeaba nada bueno.

- no es mi culpa tener estas pintas – se quejó, y era la verdad él no había buscado que ese idiota de Naraku le diera una paliza.

- ya sé que no, pero… creo que hay un par de cosas que nos tienes que explicar – Inuyasha trago saliva, bien, definitivamente no le gustaba esa sonrisa.

- ¿explicar? – pregunto haciéndose el tonto, pero solo hizo que la sonrisa de sus padres aumentara.

- si querido, como por ejemplo ¿Quién es esa linda jovencita que estaba contigo anoche? – la pregunta de su padre le cayó como un balde de agua fría, oh no, ya sabían lo de Kagome, pero ¿Cómo? No recordaba que sus padres hubiesen ido ayer a visitarlo, y cuando Kagome y él se durmieron ya era algo tarde. Estaba intentando pensar en una historia cuando vio la figura de su hermano en la puerta, frunció el ceño de manera acusatoria.

- es verdad querido ¿Quién esa chica? ¿Es tu novia? ¿Tu prometida? ¿Ya tienen planes de boda? ¿Planean tener muchos hijos? – comenzó a preguntar su madre emocionada, tanto que Inuyasha se quedó boquiabierto, pero también dio gracias de que no supieran que él y Kagome ya estaban casados.

- ¿otra vez con eso? Ya te lo dije Izayoi, no adelantes conclusiones – suspiro Inuno algo cansado y no era para menos, después de que Izayoi lo saco literalmente a rastras del hospital lo llevo por 20 tiendas y mercerías, compro de todo, estambres de todos los colores imaginables, al menos 3 docenas de agujas y ganchillos de todos los tamaños, dos telares cuadrados y uno rectangular de medio metro, al menos 3 km de lazos y listones de colores y como 8 kg de revistas de tejido y catálogos de patrones, todo para los supuestos nietos que tendrían pronto.

- por favor como si tu no estuvieses encantado con la idea – se burló Izayoi, pero Inuyasha no entendía que estaban diciendo sus padres.

- ¿además no eras tú el que decía que el primero que llegara lo ibas a bautizar tú? – para ese momento Inuyasha se rascaba la cabeza, caray, la familia de Kagome estaba medio chiflada, pero la suya no se quedaba atrás.

- bueno, bueno, ya, dejando eso de lado Inuyasha – lo llamo su padre para que lo mirara.

- ¿tu relación con esa muchacha es seria? – pregunto su padre, bien, ahora se había arremangado la camisa, le dio un último vistazo a Sesshomaru, prometiéndola una venganza colosal antes de responder.

- sí, lo es- contesto sin pensar, no tenía por qué ocultar lo que sentía por Kagome, aunque hubiese deseado que toda esta conversación se diera en otras circunstancias.

- ya veo, entonces ¿eso era a lo que te referías con respecto a lo de que no entendía lo que ocurría verdad? – le susurro, Inuyasha lo vio casi aterrado y luego miro a su madre, pero parecía más entretenida en enumerar la cantidad de prendas que planeaba tejer y preguntándose si debía hacer la mitad para niña y la mitad para niño.

- sí, lo es, y espero que a futuro confíes más en mi – le susurro de vuelta a su padre, pero este en vez de ponerse serio solo se rio.

- dalo por seguro - sonrió, luego se sentó en la cama junto a Inuyasha, el cual tomaba un poco de agua, toda esa discusión de locos le había secado la garganta.

- además la chica es bastante linda, mucho más que Kikyo debo decir – otra vez esa sonrisa, Inuyasha lo miro de reojo sin dejar de tomar agua, de verdad que necesitaba refrescarse de toda esta locura.

- de hecho, con una mujer tan guapa imagino que no tendrás problemas para darnos a tu madre y a mí al menos seis nietos ¿verdad? – las palabras de Inuno provocaron que Inuyasha escupiera el agua que estaba bebiendo y que se atragantara, todo al mismo tiempo.

- ¿Cómo dices? – pregunto después de que logro respirar más de una bocanada sin ahogarse.

- oye, siempre he querido tener muchos nietos – sonrió Inuno haciendo que Inuyasha se sonrojara y que Sesshomaru se cubriera la boca para evitar soltar una carcajada burlona, nada era mejor que ver a Inuyasha avergonzado bajo cualquier pretexto.

- además hasta ahora eres el único que podría dármelos, pues a tu hermano ya se le está pasando el arroz – señalo Inuno Taisho a su hijo menor, el cual había perdido su sonrisa y ahora se dirigía hasta su padre con una opción de furia al crudo.

- ¡¿QUÉ QUIERES DECIR CON QUE SE ME ESTA PASANDO EL ARROZ?! – pregunto con los dientes apretados.

- ¿Qué no es obvio? Ya tienes más de treinta y aun no te has formalizado, por dios, ni siquiera tienes una novia oficial – después de esto comenzó una discusión fuerte entre padre e hijo, con Inuyasha en medio de la línea de fuego, y esta evoluciono a una guerra de gritos cuando Inuno Taisho se atrevió a insinuar que Sesshomaru tenía preferencia por especímenes más… "musculosos", y justo cuando Inuyasha creía que estaban por dejarlo sordo cuando la puerta de su habitación se volvió a abrir, pero esta vez mostrando a Kagome, la cual se sonrojo inmediatamente.

- perdón, no sabía que tenías visitas - Se expuso, se había tardado más de lo planeado por tener que poner al tanto a su primos de la nueva participación de Inuyasha en sus planes maquiavélicos, pero no se imaginó que al regresar interrumpiría a aquellas gentes que estaban visitando a su… ¿novio? ¿Pareja? ¿Amante? Debía aclarar su situación con Inuyasha en cuanto estuvieran solos.

- Kagome… - le sonrió Inuyasha, no solo porque su oportuna aparición había callado el escándalo de su padre y Sesshomaru, sino porque también se veía preciosa, llevaba un vestido color celeste y su cabello recogido en una media cola que la hacían ver magnifica. Con lo que si no conto fue que su madre pegara un brinco hasta la puerta y apresara las manos de Kagome entre las de ella.

- hola linda, tú debes ser Kagome ¿verdad? Es un nombre precioso para una chica preciosa como tú – comenzó a decirle sin dejar de mirarla de arriba abajo, evaluándola en silencio.

- mmm… si… señora… - asintió Kagome con la voz atrapada en la garganta por los nervios, en parte porque la señora era muy bella, como una princesa de la época feudal y segundo porque nunca había sido abordada de manera tan brusca; bueno, no desde que Inuyasha la sujeto en el callejón detrás del restaurante de su padrino, o cuando la secuestro en su casa de la playa y le ato las manos con su corbata…

- Izayoi querida, pero tú si quieres puedes llamarme mamá – sonrió la dama, Kagome sintió que su mandíbula caía abierta.

- ¿mamá? – repitió sin entender a qué se refería esa señora.

- sí querida, la verdad no me gustaría que me llamaras suegra, me haría sentir vieja y amargada, claro que, si lo prefieres también puedes llamarme Izayoi a secas – continuo diciendo la mujer, entonces Kagome cayó en la cuenta de que se trataba de la madre de Inuyasha, "bueno, con ese carácter impetuoso era casi obvio" pensó algo nerviosa, bien no había esperado ser presentada de esa manera a la familia del muchacho.

- perdone señora… Izayoi… pero – intento disculparse Kagome, quería marcharse unos minutos para dejar que los padres de Inuyasha estuvieran con él un rato en paz, pero sobretodo quería esconderse detrás de sus primos en lo que se pasaba el nerviosismo.

- no me digas señora, no es necesario ser tan formal entre familia ¿verdad? – sonrojo Izayoi antes de darle un pellizquito a la mejilla de la muchacha.

- no cabe duda que eres preciosa, pero estas un poco delgada – sonrió mirándole las caderas y el pecho, debía asegurarse de que era una mujer con las características necesarias para dar a luz a sus nietos.

- Inuyasha, deberías asegurarte de que tu novia coma adecuadamente, si no ¿Cómo se supone que dé a luz a seis bebés? – Kagome se sonrojo hasta la raíz de su cabello ¡¿dar a luz a qué?!

- ¡MAMÁ! – grito Inuyasha que también había palidecido, ¿es que sus padres no podían ser más discretos?

- ya está bien Izayoi, deja de agobiar a la pobre chica – regaño Inuno a su mujer, él también quería tener nietos, pero no vea el sentido en avergonzar a si a su futura nuera.

- mucho gusto conocerla señorita, yo soy Inuno Taisho, el padre de estos dos – le ofreció la mano el general al tiempo en que señalaba a sus dos hijos con un gesto de la cabeza, Kagome acepto su mano nerviosa.

- soy Kagome Higurashi, un placer – intento sonreír, pero aún no se le pasaba la impresión por las palabras de la madre de Inuyasha. Pero ahora aunque veía al padre de Inuyasha apodia decir que era idéntico a él, igual que Sesshomaru, solo que este tenía un carácter más jovial.

- el placer es mío querida, por favor disculpa la actitud de mi mujer – le ofreció una sonrisa encantadora, la cual relajo a Kagome.

- oh no… no se preocupe – sonrió también un poco más tranquila.

- eres una chiquilla encantadora, estoy seguro de que serás la madre perfecta para mis futuros nietos – sonrió Inuno antes de dejar escapar una carcajada.

Una hora después…

- de verdad lo siento nena, créeme que no pensé que fueran a hacer esto – se disculpó Inuyasha por millonésima vez, por fin había logrado que sus padres y su hermano se marcharan, aunque no se habían salvado de ser casi obligados a cenar en la mansión familiar en unos días.

- y tu decías que mi familia está loca – se atrevió a decir Kagome, aun con las mejillas sonrojadas, pues después de que su suegro dijera aquello la madre de Inuyasha casi le había hecho un examen ginecológico a base de preguntas sobre su fertilidad.

- tu familia está loca pequeña, casi tanto como la mía – le concedió Inuyasha, desde hace algún tiempo había sospechado que sus padres anhelaban nietos, pero no creyó que llegaran a semejantes extremos.

- lo que sea, ¿ya te han dicho algo los doctores? – pregunto Kagome intentando cambiar de tema.

- sí, el medico vino a verme poco después de que te fuiste a dar un baño, dice que me pondrá una especie de corsé para las lesiones de las costillas, y que para esta tarde deberían darme el alta – Kagome asintió a las palabras de Inuyasha, bien, al menos estaba tranquila de que no era algo incurable lo que le había pasado.

- entonces podrás volver a casa en una horas – suspiro Kagome, pero entonces Inuyasha tiro de ella hasta recostarla a su lado y luego apreso su mentón con una de sus manos.

- "podremos" volver a casa en unas horas – sonrió antes de besarla haciéndola sonrojar.

- ¿o se te olvido la promesa que me hiciste? – pregunto volviéndola a besar, esta vez de forma más exigente.

- eres despiadado – se quejó Kagome sonrojada y molesta, los besos no deberían darle tanto poder a Inuyasha.

- solo cuando se trata de mi linda compañera - la pego más a su cuerpo con ayuda de su mano sana.

- además no he oído que te quejes al respecto – le susurro al odio haciendo que se le pusiera la piel de gallina.

- será que no me dejas hablar – volvió a quejarse Kagome recargando su cabeza en el hombro de Inuyasha, le cual solo sonrió de medio lado. Estaba por preguntarle algo cuando el sonido de un gruñido llamo su atención.

- vaya, ¿mi princesa tiene hambre? – pregunto Inuyasha viendo como Kagome ocultaba su rostro en su pecho, estaba por reírse cuando su propio estomago gruño de hambre.

- parece que no soy la única – fue el turno de Kagome para reírse, Inuyasha aparto la mirada sonrojado y molesto con su estómago por ponerlo en una situación tan vergonzosa

- será mejor que busque algo que podamos comer – sonrió saliendo del abrazo de Inuyasha.

- me parece bien, aunque la comida de hospital no es muy buena – asintió Inuyasha, pero Kagome solo se rio.

- descuida, conozco un lugar donde venden la mejor comida – sonrió mientras giraba la manija, pero al momento de abrir la puerta siete cuerpo cayeron apilados al suelo en medio de quejas de dolor.

- ¿se puede saber que hacen? – pregunto Kagome molesta a su primos, que parecían un nudo de cabezas y extremidades.

- es que queríamos verificar que no estuviesen portándose mal – respondió Jakotsu intentando salir de debajo de los cuerpos de sus hermanos.

- mira quien fue a hablar – se quejó Kagome, aunque por dentro hervía de vergüenza.

- el que calla otorga princesa – sonrió su prima, pero solo consiguió que ella le pisase la espalda para mantenerlo en el piso.

- como sea, ¿porque no sirven de algo y nos consiguen el almuerzo? – les ordenó, sus primos se pusieron de pie con una sonrisa de medio lado, todos excepto Jakotsu que seguía bajo las suelas de su prima.

- como quieras ¿algo pedido en especial? – pregunto Suikotsu sonriendo.

- yo quiero una hamburguesa doble con queso y salsa BBQ con muchas papas a la francesa y una malteada de chocolate – dijo Kagome de inmediato, Inuyasha sonrió de medio lado, le gustaba los gustos de su mujer.

- para mí lo mismo, pero con un refresco de cola – Kagome se aguantó decirle que por su condición actual debería comer algo más ligero, pero la verdad es que unas papas fritas no sonaban mal y si el también pedía serían más las que ella podría agarrar.

- está bien ya vamos – asintió Bankotsu haciendo un gesto para que se marcharan, Kagome libero a Jakotsu que se puso de pie, se limpió el vestido con las manos, pero antes de seguir a los otros seis se giró para ver a Inuyasha por encima de su hombro.

- oye Inu lindo ¿no tendrás de casualidad la dirección de ese sexy hermano tuyo? – pregunto guiñándole el ojo, Inuyasha dio un brinquito antes de que el primo de Kagome abandonara el lugar riéndose como si fuera una colegiala.

- ese me pone los pelos de punta – se quejó Inuyasha intentando sacarse la sensación de la piel.

- agradece que ya cambio de blanco – suspiro Kagome, adoraba a Jakotsu, peto también la desesperaba.

- ¿de blanco? – pregunto Inuyasha sin entender.

- la familia tiene la regla tacita de no robarse las parejas entre nosotros, ni tampoco involucrarnos con aquellos que ya tienen pareja y aunque Jakotsu es algo… apasionada… respeta esa regla – explico Kagome.

- ¿y ahora que tú y yo estamos juntos ha decidido perseguir a mi hermano? – pregunto con una ceja alzada.

- sí, hasta que encuentre otro hombre soltero y atractivo que le mueva el tapete –Inuyasha bufo cansado, bien, con tal de que ese invertido no le persiguiera a él y además Sesshomaru se lo merecía por chivato.

- bueno ¿y cuando planeas tenderle tu trampa a Kikyo? – pregunto cuando ella volvió a su lado.

- en una semana exactamente – contesto Kagome dejándose caer en la cama con expresión cansada.

- no pareces muy entusiasmada – murmuro Inuyasha.

- ¿hay motivos para que lo esté? – pregunto con tono fastidiado, quizá Kikyo fuera una perra, pero… seguía siendo sangre de su sangre.

- si lo hay – asintió Inuyasha, rodeándola con su brazo sano.

- cuando todo esto termine, tú y yo nos iremos de viaje – Kagome se giró a verlo extrañada.

- ¿de viaje? – pregunto sin saber a lo que se refería.

- por supuesto, ¿Qué mejor forma de olvidarse de las tristezas que un lago viaje? Además te quede debiendo nuestra luna de miel ¿no es verdad? – Kagome inflo los cachetes en señal de fastidio y luego se dio la media vuelta dándole la espalda a Inuyasha.

- claro, eso será cuando resolvamos nuestra situación marital, no puedo consentir que digan que mi mujer no es una persona decente ¿no? – le susurro, Kagome también tenía pensado eso, su supuesto matrimonio era demasiado complicado, y cuando todo eso terminara tendrían que resolver su futuro juntos.

- sí, tenemos que ver que haremos respecto a lo del matrimonio – asintió Kagome.

- lo sé, pero… no creas que alguna vez vas a irte de mi lado – lo volteo a ver sorprendida por sus palabras.

- no es como si pudiera irme, además eres demasiado terco, serias capaz de seguirme hasta atraparme – Inuyasha sonrió como un depredador, hizo que Kagome se girara y teniendo cuidado con su mano lastimada la apreso bajo su cuerpo.

- eso es correcto pequeña, si huyes de mi te perseguirte y te encontrare aunque te escondas más que una lagartija – Kagome intento torcer la boca por la comparación, pero no le fue posible porque Inuyasha los reclamo en un beso apasionado.

Una semana después…

Inuyasha entro en el edificio donde Bankotsu tenía su firma de abogados, se había vestido con su mejor traje, y aunque aún tenía algunos moretones en el rostro y su mano derecha con escayola, su aspecto general era el de un empresario fiero y peligroso si se le hacía enfadar. Llevaba su cabello recogido en una coleta alta como su padre y la mejor corbata de su hermano, (claro sin que este lo supiera) estaba algo impaciente, aunque había escuchado muchas veces de su padre y algunos colegas del trabajo acerca de esta clase de intervenciones respecto a herencias, era la primera vez que veía algo como esto. Finalmente se detuvo en una de las oficinas del 13 piso, y toco la puerta.

- adelante – reconoció la voz de Kagome al otro lado, suspiro más tranquila, no la había visto hace dos días, pues ella tenía que terminar los preparativos con el resto de los participantes. Entro con mucho cuidado, Kagome le había contado que no solo participarían ella y sus primos, sino que también todo el comité de la empresa Shikon, y que, ¡oh sorpresa! También eran parientes de ella.

- con permiso – entro cuidadoso de no hacer movimientos bruscos, después de todo si el resto del comité era como la familia Higurashi que había visto hasta ahora era mejor andar de puntillas.

- ah Inuyasha, llegas justo a tiempo – le sonrió Kagome a modo de saludo, Inuyasha se quedó pasmado al verla, vestía un traje de empresaria color gris claro con una camisa azul celeste, y llevaba su cabello recogido en un elegante moño, parecía la reina de los empresarios.

- siento llegar tarde – se disculpó sin pensar, no había llegado tarde, más bien, había llegado 5 minutos antes de lo citado.

- no pasa nada, apenas estamos revisando la última versión del contrario – sonrió Bankotsu haciéndole una seña para que se acercase. Inuyasha se aproximó muy lentamente, mirando a su alrededor como si estuviera en medio de una jaula llena de tigres. Pero para su sorpresa solo estaban Kagome y dos de sus primos en la sala.

- ven siéntate junto a Kagome – le indico Bankotsu sonriente, aunque a Inuyasha no se le escapo el hecho de el pobre tenía el ojo derecho algo amoratado.

- creí que habría más personas – comento después de tomar haciendo.

- el resto del comité está preparándose en la otra sala, se reunirán con nosotros en cuanto Kikyo nos "honre con su presencia" – mascullo Renkotsu, Inuyasha lo miro algo incómodo, de todos los primos de Kagome que había conocido hasta ahora, ese en particular le ponía los pelos de punta.

- a mí me parece que todo está cubierto – dijo de pronto Kagome, que hasta ese momento no había levantado la vista del documento que revisaba.

- ¿quieres echarle un vistazo? – ofreció ella de pronto mirando a Inuyasha, el cual salto en su asiento.

- ¿yo? – pregunto confundido.

- sí, dijiste que querías ayudar, y para hacerlo debes estar al tanto de todos los detalles – sonrió Kagome tomándole la mano. Inuyasha trago fuerte antes de ver a los otros dos presentes, Bankotsu sonreía, pero Renkotsu no parecía muy de acuerdo, aun así ninguno emitió una sola queja.

- está bien – asintió mientras tomaba el contrato que Kagome le ofrecía, lo leyó muy cuidadosamente, tal como su padre le había enseñado desde el principio. Cuando termino de leerlo estaba con la boca abierta, cada detalle del contrato estaba tan bien entretejido que era prácticamente imposible escapar de sus normas una vez que se firmara y fuera notariada, toda una hombre de arte en matrería empresarial.

- increíble – murmuro dejando el contrato a un lado.

- gracias – murmuro Renkotsu sarcástico, pero fue rápidamente codeado por su hermano menor.

- ¿crees que Kikyo acceda a firmar esto? – pregunto preocupado, por muy bien que estuviese hecho el contrato no serviría de nada si Kikyo se negaba a firmarlo.

- descuida, si Kikyo sigue siendo como la recordamos será la parte fácil hacer que firme – se bulo Renkotsu con arrogancia.

- ¿y la parte difícil? – pregunto, entonces la sonrisa de Renkotsu se volvió macabramente burlesca.

- sobrevivir al berrinche que va a armar – dijo con tono despreocupado, peor Inuyasha supo que era la cruda realidad, y realmente en lo personal, a él no le cabía duda de que Kikyo armaría una pataleta legendaria en ese edificio.

- por cierto, ¿Cuándo se supone que llegue ella? – pregunto Kagome con tono algo aburrido, como si no tuviera ganas de hablar de las mañas de su prima.

- la cita es al medio día, así que debería llegar… - comenzó a decir Bankotsu mientras miraba su reloj, pero antes de poder terminar la frase la puerta de la sala de juntas fue abierta de un portazo.

- justo ahora – mascullo mirando la entrada, ahí estaba parada Kikyo, arreglada con camisa de seda gris tan escotada que apenas y cubría la línea del pezón y una falda negra que se ajustaban a cada centímetro de su piel, tanto que los cuatro se preguntaron si acaso no llevaba ropa interior, pues no se veía la forma de la prenda, tenía el cabello peinado en un mono igual que el de Kagome pero adornado con un enorme prendedor de brillantes, además de estar maquillada como si fuera al estreno de una película, en otras palabras, se veía muy vulgar.

- vaya, que encantador comité de bienvenida – sonrió otra voz, Inuyasha de reojo pudo ver como los tres primos se tensaban. De tras de Kikyo salió una mujer mayor, quizá un poco más grande que su madre, pero más joven que la de Sesshomaru, de cabellos lacios y plateados, la piel estirada, seña de que se había hecho la cirugía plástica, igual de pintada que Kikyo solo que esta llevaba un kimono morado con una serpiente plateada y negra de adorno y un obi color sangre.

- ¿pero qué les pasa? ¿No van a saludarme, sobrinos? – pregunto la mujer, Inuyasha comprendió en ese instante, esa era la madre de Kikyo, la señora Tsubaky Tama.

- buenas tardes tía – dijeron Renkotsu y Bankotsu al unísono pero con voz fría y distante, dando a entender, claramente, que no les agradaba en lo absoluto verla.

- eso está mejor – sonrió Tsubaky, mostrando la misma mueca de víbora que lucia Kikyo, disipando las dudas de que si Kikyo y ella eran familiares. Se abanicó pomposamente antes de fijar su vista en Kagome, entonces su sonrisa se volvió reptiliana.

- vaya, vaya, vaya, mira quien esta aquí – sonrió aproximándose hasta donde Kagome estaba sentada.

- la pequeña desterrada – sonrió burlonamente, Kagome no dijo palabra al respecto, pero se esforzó para permanecer sin expresión por las crueles palabras de su tía.

- luces un conjunto muy bonito para alguien que termino en la calle, dime ¿a cuántos hombres tuviste que complacer para cómpratelo? – pregunto con cizaña, Inuyasha salto con la intención de cerrarle la boca a esa mujer y luego hacerle tragar su veneno, pero los hermanos Shichinintai le hicieron un gesto de que se quedara quieto.

- ¿Qué no contestas? ¿O que fueron tantos que hasta perdiste la cuenta? – continuo soltando veneno la señora, pero Kagome no movió ni una pestaña, Inuyasha ala miro sorprendido por su fuerza, pero algo en su interior le decía que por dentro las heridas eran sangrantes.

- dime ¿Cómo puedes seguir viviendo después de causar tanta vergüenza a tu familia? – le pregunto a Kagome antes de tomarla por la barbilla y obligarla a mirarla a los ojos.

- pequeña e insignificante creatura, si fuera tú ya me habría suicidado, pero… siempre has sido tan patética que seguro que ni podrías hacer eso bien – le susurró al oído con tal crueldad que Kagome estuvo a punto de soltar una lagrima, pero hizo uso de todas sus fuerzas para retenerla.

- ya es suficiente Tsubaky – ordeno una voz firme y autoritaria.

Los presentes se giraron al escuchar esa voz, ahí, en una de las puertas laterales de la sala de juntas estaba parada una mujer de edad avanzada, vestida con un kimono blanco igual que su cabello, tenía la espalda un poco curvada a causa de la edad, y la cara arrugada en una expresión seria, pero con una presencia tan imponente que hasta Inuyasha sintió un pequeño escalofrió. Tras ella había un grupo de personas con edades que iban desde los veintitantos hasta más de los 60, todos vestidos elegantemente y con expresiones muy serias, y algunas hasta furiosas, que iban todas dirigidas contra Kikyo y su ponzoñosa madre.

- ¿oh? Mira nada más, no esperaba verte aun por aquí… - comenzó a sonreír de nuevo Tsubaky mientras soltaba a Kagome, Inuyasha aprovecho para darle la mano en una señal silenciosa de apoyo.

- tía Kaede, no puedo creer que sigas vida, mírate, estas tan vieja y sigues igual de gorda - intento burlarse Tsubaky, pero la anciana no se inmuto.

- y tú sigues siendo la inútil niña malcriada que siempre has sido, ¿Qué hizo mi hermano para que lo castigaran con una hija tan insoportable como tú? Jamás lo sabré – le devolvió ella, Tsubaky apretó los labios en una mueca, siempre había sido mirada mal por la hermana de su padre, sin importar que hiciera, pero se tragó su amargura y recompuso su máscara de arrogancia en un tiempo considerablemente corto.

- como sea, mi querida Kikyo y yo no hemos venido aquí para una tonta reunión familiar – sonrió volviendo junto a su hija, la cual también sonreía como una serpiente.

- cierto mamí, venimos a… - intento continuar Kikyo pero entonces la tía Kaede dio un fuerte golpe al suelo con su bastón mandándola a callar.

- sabemos muy bien a que vinieron, así que dejemos de perder el tiempo y comenzamos con esta molestia – Kagome y los demás se hicieron a un lado para dejar que se sentara la abuela, luego todo el resto de los ejecutivos se sentó en torno a la enorme mesa, pero ninguno se tomó la molestia de recorrer las sillas para Kikyo o su madre, por lo que tuvieron que acomodarse en los asientos más lejanos. Finalmente la última en sentarse fue Kagome, la cual, como dueña, presidia la mesa.

- ¿y porque "esa" preside la reunión? – pregunto su tía Tsubaky.

- ella es la dueña de la compañía – dijo Bankotsu con tono fastidiado.

- mira nada más hija, ahora hasta una puta de 20 yenes puede hacerse pasar por dueña de una empresa – se burló Tsubaky no bien Kagome termino de acomodarse.

- ¡basta ya Tsubaky! – rugió entonces la tía Kaede.

- di una sola palabra más y tú y tu desagradable hija se irán de aquí sin un solo centavo – la mando a callar, Tsubaky la miro muy feo, pero se mordió la lengua, después de todo ¿Qué era aguantarse los insultos por un rato? Pues ahora si hija la haría de oro para el resto de su vida.

- muy bien, comencemos entonces – dijo finalmente Kagome, sonando demasiado tranquila para el gusto de Inuyasha, considerando tantas cosas que le había dicho su tía.

Con mucho cuidado Kagome saco de su portafolio un sobre sellado el cual tenía escrito en el dorso el nombre de Kikyo con letras manuscritas, el cual había dejado su abuelo, luego saco el testamento original del abuelo y la abuela, también saco las copias del contrato que habían preparado. Cuando todo estuvo en su lugar, Kagome tomo primero el testamento de sus abuelos y comenzó a leerlo en voz alta; pero ni siquiera había pasado la parte de "en pleno uso de mis facultades físicas y mentales…" cuando Kikyo la interrumpió bostezando de manera grosera.

- pero que tontería, todo eso ya lo sabemos – bufo fastidiada la modelo haciendo que todos los presentes excepto su madre, la miraran con reprobación.

- es importante leerlo, porque así sabrás cual era… - intento explicar Kagome, pero Kikyo solo se hecho a reír como si fuera una noble de la corte de María Antonieta.

- por favor primita, todos sabemos que ese ridículo papel no es más importante que el papel higiénico, lo que a mí me interesa es lo que dejo el abuelo para mí en ese sobrecito – se burló Kikyo, Inuyasha apretó los dientes, al igual que todos los demás, no podía creer lo irrespetuosa y poco profesional que era Kikyo, ni siquiera respetaba el hecho de que estaban leyendo el testamento de su abuelo.

- deberías prestar atención mocosa, es lo mínimo que debes a tus abuelos después de que ni siquiera tuviste los pantalones de ir a su funeral y presentarles tus respetos – la regaño la vieja Kaede, la cual empezaba a caerle bien a Inuyasha, y también cada vez se alegraba más de haberse dado cuenta a tiempo de que Kikyo era una perra.

- por favor tía, era la gira de la moda europea en el palacio de Kioto ¿Por qué debería perderme un espectáculo tan magnifico por culpa del entierro de dos momias? – la forma tan irrespetuosa que uso Kikyo para referirse a su abuelos dejo literalmente boquiabierta a toda la sala, incluso su madre pareció encontrar de mal gusto el comentario.

- además todos los aquí presentes saben que yo soy la nieta mayor, y también la favorita, ¿Qué no me dio el dinero necesario para pagar por mis estudios de modelaje? Es más que obvio a quien debió dejar realmente la dirección de la empresa y la fortuna familiar – se pavoneo Kikyo sola con su fantasía, y aunque parecía que su madre compartirla la misma ilusión, Inuyasha pudo darse cuenta de que todos los demás estaban teniendo serios problemas para no lanzarse sobre ella y darle una tanda de azotes para corregirla.

- Kagome – llamo de pronto la anciana, la joven de inmediato le dirigió su atención a su tía.

- dado que esta niña insolente no tiene respeto por nada, es mejor que le des el contrato para que lo firme de una buena vez y así no tener que seguir mirando su espantosa cara – le ordeno sacando un pañuelito de su manga y limpiándose la frente con él.

- por primera vez en años estoy de acuerdo contigo tía – sonrió Tsubaky abanicándose pomposamente con su abanico color negro.

- muy bien – asintió Kagome, saco el contrato listo, pero cuando estaba por leerlo Kikyo volvió a bostezar de manera exagerada, dando a entender que no le interesaba escuchar lo que decía el contrato.

Resignada y con una clara mueca de fastidio, Kagome procedió a darle el contrato a la tía Kaede, que era una de las socias mayoritarias, la anciana de dos trazos firmo las paginas correspondientes, luego se lo pasaron al jefe de pescadores, que era el contador principal, también firmo, después se lo dieron a los gemelos, que eran los encargados de las campañas publicitarias, después a los siete hermanos que eran, por cómo se enteró Inuyasha por un susurro de parte de Kagome, los abogados de la empresa y también encargados de áreas particulares, por ejemplo Suikotsu era el encargado de las campañas médicas en el país y el extranjero, Renkotsu el que supervisaba las inversiones en tecnología eco amigable, y así sustantivamente; cuando ellos lo firmaros siguieron pasando el contrato de mano en mano hasta que todos excepto Kikyo y Kagome habían firmado.

- bien, Kikyo, firma por favor en las líneas señaladas con tu nombre completo y tu cello familiar – le indico el doctor Kokkaku, que había sido el último en firmar, Kikyo prácticamente le arrebató el contrato y firmo como si se trataran de autógrafos de fans, después su madre también firmo como testigo y se encargó de poner el sello familiar en las casillas correspondientes como si fuera el sello real de una monarca.

- listo, solo falto yo – dijo Kagome después de revisar que todo estaba en orden, dejando el contrato un segundo sobre la mesa.

Entonces procedió a sacar la cajita azul, aquella que Jakotsu le había entregado hacia unas semanas, con cuidado la abrió y extrajo un sello muy antiguo, y una pequeña ploma, firmo muy lentamente su nombre, co o si estuviera firmando una obra maestra y luego estampo con mucho cuidado el cello que había pertenecido a los Higurashi desde la época de los samuráis. Inuyasha vio que cuando Kagome puso el sello sobre el papel todos los presentes salvo las brujas contuvieron el aliento un segundo, y justo cuando ella lo levanto de nuevo, en un movimiento tan suave y elegante que podía parecer casi sagrado, dejaron escapar un suspiro. Y aunque él no lo hizo comprendió a la perfección el significado, una vez puesto ese sello no había marcha atrás, solo faltaría llevar el contrato ante un notario.

- firmado y sellado – anuncio Kagome con una voz tan tranquila que podía estar hablando en un funeral.

- ahora, si fuera tan amable, padrino – pidió a uno de los señores de edad que estaba sentado cerca de la vieja Kaede , el cual no tardo en levantarse, tomar el contrato, y luego de revisarlo minuciosamente, tomo su sello notarial y lo firmo.

- listo, ya está todo debidamente sellado, y es oficial – sintió Ginosuke, Kikyo se rio feliz.

- ¡ya era hora! – sonrió de manera pomposa.

- ahora denme la titularidad – ordeno.

- y de paso la tarjeta de la empresa, tenemos sita en el manicurista más caro de Ropongui Hills – ordeno también madame Tsubaky riendo feliz de la cantidad de cirugías y tratamientos anti edad que podría hacerse con todos esos billones.

- temo que eso no será posible – dijo Kagome con tono tranquilo.

- pequeña idiota, la empresa ya es nuestra, así que si quieres conservar un poco de dinero en tu vida y así no morirte de hambre nos darás lo que queremos – se burló Kikyo, pero aunque el tinte amenazante en su voz era palpable toda la junta se puso a reír burlona.

- ¿Qué es tan gracioso? – preguntaron madre e hija of4endidisimas.

- ustedes no tienen nada, brujas – dijo Kyosuke sin dejar de reír, al igual que casi todos, solo Kagome, Inuyasha y la tía Kaede no se reían, pero tenían grandes sonrisas pintadas en sus rostros.

-tienen menos que nada, en su afán de ser copias baratas de la aristocracia decapitaron, rellenaron, hornearon y se tragaron a su gallina de los huevos de oro – sonrió ahora Ginkotsu, la analogía era más que obvia, pero aun así Kikyo y su madre lo miraron como si les hubiera hablado en otro idioma.

- dejen de decir idioteces y expliquen ¿de qué se están riendo? – exigió Kikyo roja de furia, nunca le había gustado que se rieran de ella y menos en sus propias narices.

- Kikyo, lo que firmase es una renuncia a tus derechos como accionista de la empresa Shikon, además de una terminación voluntaria del patrocinio que te han dado la empresa y otras compañías asociadas en tu carrera como modelo – eso sí que lo entendió Kikyo, y su cara paso de roja a casi morada por la furia.

- ¡¿QUÉ?! - chillo ella tan alto que Kagome e Inuyasha se sorprendieron que los cristales de la sala no se quebraran debido al estruendo y lo agudo de su voz.

- Kikyo, Kikyo, ¿no sabes que debes leer atentamente cualquier cosa antes de firmarla? – pregunto la tía Kaede.

- pero claro ¿eso no te importo verdad? – sonrió ahora Bankotsu.

- ¿y así querías ser empresaria? Podrías haber firmado ahora mismo tu sentencia de muerte y ni lo habrías sabido hasta que te pusieran la inyección en el brazo – se burló Renkotsu, Kikyo y su madre estaban que echan humo de las orejas.

- ¡ESTO ES UN ATROPELLO! ¡UN INSULTO! ¡UN ABUSO DE PODER E INHUMANIDAD! – grito furiosa Kikyo, pero sus palabras no pudieron tocar a nadie, entonces, por primera vez en su vida se dio cuenta, de que ya no podría manipular a nadie, todo su centros se vaso siempre, incluso cuando era niña, en su posición superior con dinero y estatus social, pero ahora, con esa trampa había perdido todo eso.

- ¡TÚ! ¡TÚ ERES LA CAUSANTE DE ESTO! - Furiosa y desesperada se giró para ver a Kagome, y señalándola con el dedo.

- no Kikyo, todo esto lo has causado tu sola, siempre fue la última opción llegar a este extremo – dijo Kagome en tono tranquilo, tanto que hizo que Kikyo perdiera la cordura.

De un salto se lanzó sobre la mesa como un basilisco, la atravesó corriendo o más bien pisoteando tan fuerte que uno de sus altísimos tacones cubiertos de Swarovsky se partió, pero aun así eso no la detuvo, cuanto tuvo el alcance a Kagome la sujeto fuertemente del cuello y la alzo hasta que tuvo que pararse de su silla, pero el rostro de la otra azabache jamás perdió su tranquilidad. Aunque al ver esto Inuyasha también se levantó dispuesto, por primera vez en su vida, a golpear a una mujer como habría hecho con un varón, pero nuevamente los demás le hicieron señas silenciosas de que no interviniera.

- ¡REVIERTE ESTE LIO AHORA! ¡TE LO ORDENO! – le grito a Kagome tan fuerte que hasta su rostro termino con varias gotas de saliva de su prima, pero Kagome solo se las limpio con calma antes de contestar, eso sí, mirando fijamente a los ojos de Kikyo.

- no puedo, ni quiero hacerlo Kikyo, como te dije, yo no quería que llegáramos a esto, pero no podía arriesgarme a que siguieras por el camino que has seguido hasta ahora – dijo Kagome sin perder la serenidad de su voz.

- ¿no me escuchaste idiota? ¡Te ordeno que me des la empresa! ¡ES MÍA! ¡MÍA POR DERECHO PROPIO! – volvió a chillar Kikyo en tono desquiciado.

- no Kikyo, no lo es, la empresa es mía, el abuelo me eligió a mí – volvió a decir Kagome con serenidad.

- ¡mentirosa! – grito entonces Tsubaky, que apenas y se había recuperado de la impresión de ver a su hija en tal estado.

- mi padre le dejo la empresa a Kikyo, ¡ÉL JAMÁS HABRÍA ELEGIDO A UNA PUTA COMO SU HEREDERA! ¡ESE SOBRE QUE TIENES EN TUS MANOS LO PRUEBA! – chillo señalando las manos de Kagome, donde efectivamente estaba el sobre sellado.

- tienes toda la razón Tsubaky – dijo de pronto la abuela Kaede con una sonrisa de superioridad, como quien sabe la respuesta que el otro ha errado.

- mi hermano jamás dejaría el tesoro de la familia y nuestro pueblo en manos de una sucia puta, por eso eligió a la mejor de sus nietas – la abuela se levantó y fue a paso tranquilo hasta Kagome, tomo delicadamente el sobre de sus manos, e ignorando completamente a la desaliñada Kikyo volvió sus pasos hasta estar a la altura de su sobrina.

- Hitachi eligió a Kagome porque hasta hace 4 meses era una mujer pura, mientras que tu hija dejo de ser virgen mucho antes de pasar a la secundaria, y tal cual dices, aquí está la prueba de ello – le extendió el sobre, Tsubaky se lo arrebato sin educación, lo abrió con brusquedad y lo leyó, pero dos minutos después lo estrujo en su puño y profirió un grito horrible.

- ¡MALDITA SEA! – chillo enfada, la carta ponía claramente que su padre sabía todo lo que habían hecho ella y Kikyo para destruir a Kagome, incluso el hecho de que era Kikyo la que se había acostado con hombres desde antes de cumplir los 18 años, y que incluso había abordado un par de veces, y dejaba en claro que jamás, ni estando senil y enfermo habría elegido a Kikyo como heredera.

- ¿lo ves Tsubaky? Tu criaste y promoviste a tu hija para que no fuera más que una mujer superficial sin moral y promiscua – le embarro en la cara a su sobrina, Tsubaky solo estrello los puños contra la mesa.

- ¡ES MENTIRA! ¡Ella es la puta, no yo! ¡PUEDO PROBARLO! – grito de pronto Kikyo, ella siempre se había enorgullecido de su reputación ante la gente, y que su propio abuelo dijera en papel y tinta notariado que la había dejado fuera de su herencia por ser una puta termino de quitarle la poca cordura que le quedaba.

- ¡ESTE VIDEO LO PRUEBA TODO! – sonrió desquiciada mostrando una memoria USB que tenía enchanchada con diamantes y oro.

- y si no me das la empresa ahora… hare que circule por todo internet ¡TU ESTUPIDA VIDA SE ARRUINARA PARA SIEMPRE! – se puso a reír como loca, pero ahora su risa se vio interrumpida por las carcajadas de Renkotsu, Kyokotsu y Ginkotsu.

- no tienes nada Kikyo - comenzaron a explicar poniéndose de pie los tres.

- ese video que tanto presumes no es de Kagome… - se acercaron rodeando la mesa hasta donde estaban las dos jóvenes.

- ¿creíste que nadie se daría cuenta verdad? – pregunto Renkotsu enseñando los dientes.

- creíste que podrías alerte con la tuya con un truco tan absurdo – dijo ahora Ginkotsu.

- quizá te funciono una vez, pero en cuanto supimos de la existencia de ese video decidimos echarle un vistazo – dijo Renkotsu pasando su mano por el cabello ahora desarreglado de Kikyo.

- y descubrimos algo muy interesante – dijo Ginkotsu presionando un botón.

Al instante las persianas de los ventanales se serraron y tres pantallas digitales, hubo un pequeño destello y comenzaron a proyectarse simultáneamente en las pantallas, y en máxima calidad, imágenes de una joven de instituto, pelinegra y desnuda que cabalgaba rítmicamente encima de un hombre mucho mayor que ella, de hecho, si se miraba con detenimiento se podía ver claramente como el miembro masculino entraba y salía de la cueva de la mujer la escena en si era repugnante, pero Kikyo se hecho a reír encantada.

- ¿lo ven? ¡¿Lo pueden ver?! ¡¿NO CABE DUDA DE QUE ES ELLA?! ¡ESA ES SU PERFECTA KAGOME! – señalo riendo como el Joker sin soltar a Kagome, la cual aunque no lo demostró en su rostro, sintió que por varios segundos no podía respirar a causa de los horribles recuerdos que le traían esas imágenes.

- ¿tú también la vez verdad? Esa es tu "inmaculada" Kagome, sirviendo sede los hombres cuando ni siquiera tenía edad legal para beber licor ¡SERAS LA VERGÜENZA DE TU FAMILIA CUANDO LO VEAN! – se giró a ver a Inuyasha mientras lo decía, pero él no se dejó intimidar, él mejor que nadie podía afirmar que ese video era falso, o al menos que la protagonista no era Kagome "ella llego a mí en la más grande de la purezas, y sigue siendo tan inmaculada como cuando la conocí" pensó para sí mismo, ahora entendía porque los otros miembros de esa extraña junta no lo dejaron intervenir, esta era la lucha de Kagome, y era ella la que debía desterrar a Kikyo de su ring para siempre…

- esa no es Kagome, Kikyo, y tú lo sabes, porque tú eres la que protagonizo ese video hace muchos años – dijo Bankotsu poniéndose de pie.

- fuiste muy inteligente, o eso fue lo que creíste, manteniéndote de espaldas a la cámara que escondiste en el dormitorio de tu amante, rizándote el cabello, y apagando el audio para que todos creyeran que era Kagome la del video, pero te olvidaste de un detalle fatal –sonrió, Ginkotsu presiono otro botón y el viseo hizo un zum hasta el fondo de la habitación, donde había un enorme espejo de cuerpo entero, y en él se podía ver perfectamente la cara de Kikyo.

- la imagen de ese espejo no miente, todo lo que tuvimos que hacer fue usar un programa para ver el fondo de la escena, es lo mismo que hacen los directores de la películas – Kyokotsu se adelantó y le quito la USB a Kikyo de la mano, la cual solo podía ver su imagen en las pantallas con una excepción desencajada.

- metimos un programa especial al internet, si intentas publicar este video en cualquier computadora o dispositivo electrónico del planeta, se editarte automáticamente hasta que solo se vea el video desde la perspectiva del espejo, mostrando tu rostro en alta calidad – sonrió Kyokotsu antes de tirar al suelo la memoria y destrozarla bajo su enorme zapato.

- Kikyo – llamo de pronto Kagome.

- aunque no tengas el patrocinio de la empresa y sus asociados, podrás seguir trabajando de modelo, nadie te impedirá trabajar en lo que te gusta, solo no serás respaldada por nosotros, puedes tener la vida que quieras a partir de ahora, porque a pesar de todo lo que has hecho, te perdono y no te deseo ningún mal – le dijo mirándola a los ojos, su mirada era tan pura y sincera como la de un ángel.

Fue más de lo que Kikyo pudo soportar, se arrojó con todos sus escasos 40 kilogramos, contra su prima, la derribo al piso, con una de sus manos le apretó el cuello e intento arañarle los ojos con sus largas garras mientras gritaba enloquecida, pero antes de que alguno de los varones pudiera intervenir y separarlas, se escuchó un golpe seco y Kikyo callo desplomada al suelo.

- lo siento – susurro Kagome aun con el puño cerrado.

Lo siguiente que paso fue muy simple, entre dos guardias de seguridad se llevaron a Kikyo, aun inconsciente por el golpe que Kagome le había dado en su mandíbula, seguida de cerca de su madre que no podía levantar la cara por la vergüenza. Una vez que ellas desaparecieron Inuyasha se arrodillo junto a Kagome y el rodeo con sus brazos mientras Suikotsu y el doctor Kokkaku le revisaban el cuello, y no la soltó hasta que ambos dijeron que no le quedaría más que una ligera molestia por unas horas. Cuando todo se calmó Kagome procedió a presentar a Inuyasha a su círculo más íntimo de familiares y amigos, los cuales lo recibieron encantados, aunque si le advirtieron que pensaban destruirlo si se llegaba a atrever a lastimar a su princesa.

Finalmente luego de una media hora e decidieron ir a comer para conmemorar el acontecimiento, no solo por haber puesto a Kikyo y su madre en su lugar, sino porque ahora Kagome e Inuyasha eran una pareja formal ante ellos. Estaban en un encantador restaurante familiar ocupando casi medio salón riendo, bebiendo y algunos hasta cantando. Aprovechando esta atmosfera Inuyasha se acercó a Kagome, que acababa de recibir un plato de pasta con carne, le dio un piquito en los labios y se decidió a preguntarle algo que lo tenía comiéndose las neuronas desde hacía algunos meses.

- Kagome, quería preguntarte ¿Por qué todo el mundo te llama la princesa del pueblo? – le pregunto con expresión curiosa.

- bueno, es algo muy simple – sonrió Kagome antes de masticar una buena porción de pasta con mucha salsa.

- es porque… - comenzó a explicar pero antes de que pudiera continuar algo sucedió, Inuyasha vio como la piel de Kagome comenzaba a enrojecerse, primero pensó que la comida picaba mucho, pero cuando sus mejilla y sus labios comenzaron a hincharse supo que algo andaba mal.

Un segundo después Kagome dejo caer el tenedor y se llevó las manos a la garganta como si no pudiera respirar, sus ojos se inflamaron también, y se llenaron de lágrimas, las manos se le llenaron de puntos rojos al igual que la frente y las mejillas y comenzó a boquear dando a entender que se estaba ahogando. Todos dejaron de reír y cantar inmediatamente y se aglomeraron alrededor de Kagome la cual era sostenida por Inuyasha, ya que casi se había caído al piso. Suikotsu y el doctor Kokkaku se pusieron junto a ellos preguntando qué había pasado, pero Inuyasha no supo responde, porque la verdad no sabía que ocurría.

- parece un shock anafiláctico – dijo el doctor mirando como Kagome luchaba por respirar y como tenía toda la cara anchada.

- no puede ser – negó Suikotsu, no había flores de mimosa en el restaurante, y Kagome había pedido un platillo boloñesa… "la boloñesa…" se paró de inmediato y comió un bocado del platillo de Kagome.

- nueces… ¡la salsa está llena de nueces trituradas! – grito alterando a todos, pues no era un secreto que Kagome era terriblemente alérgica a las nueces.

- ¡llamen una ambulancia enseguida! – ordeno la tía Kaede, de inmediato Bankotsu saco su celular y marco a emergencias mientras el doctor le inyectaba una ampolleta a Kagome en su muslo derecho.

Cuando llegaron los paramédicos de inmediato entubaron a Kagome y le pusieron suero, mientras se arreglaban para decidir quien iría con quien para acompañar a Kagome y alcanzarla en el hospital Inuyasha sintió que su recular vibraba, lo destapo para ver el mensaje y se quedó helado, el numero era desconocido, pero el mensaje… el mensaje era tan claro como su remitente.

"se te acabo el tiempo, hora de pagar las consecuencias"

Firmado con un emoji en forma de viuda negra

Continuara…

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