~Capítulo 36~
—No, Juvia no puede permitir eso.
Lyon resopló aliviado.
—¿Cómo que no? ¿Acaso no me amas?
Juvia se mordió el labio nerviosa.
—Juvia ama a Gray Sama, pero tú no lo eres.
—¿Cómo que no? ¿Acaso no me ves? Soy Gray, tu amor. Siempre lo he sido. ¿No lo recuerdas?
Juvia recordaba que su relación no era así. Ella se esforzaba por tenerlo en sus brazos, poder poseerlo cuando quisiera y regocijarse con su bella sonrisa. Pero éste ente no lo era. El Gray sama que recordaba jamás lastimaría a ninguna mujer. No se escondería en una espantosa casa anticuada, como si fuera una triste fortaleza de hielo. ¡No! Gray no haría algo así, su amado jamás lastimaría a su rival del amor, Ultear. Por eso tenía que detener a esta persona, sea quien sea.
Juvia concentró su mana en su mano y disparó una lanza acuática hacia donde se encontraba Gray. Pero este se desvaneció sin problema. Creó una bella espada de hielo y se enzarzó en un combate desparejo contra Lyon, dejando a Ultear en el suelo, mientras contemplaba, con los ojos vidriosos, a los dos hechiceros de hielo.
Ambos hechiceros estaban trenzados. Gray golpeaba a diestra y siniestra, mientras las esquirlas de hielo volaban por doquier. Lyon retrocedía constantemente, evitando los golpes mortales y resistiendo aquellos que no serian letales. Poco a poco lo arrinconó. La espada de Gray partió el viento, la ropa y las costillas de Lyon. El hechicero se alejó de golpe y se derrumbó tomándose la herida.
—¡Carajo…!
—Este es tu fin Lyon—Sentenció Gray mientras alzaba su espada por encima de su nuca.
Juvia no iba a permitirlo. Concentró nuevamente su mana en su mano. Esta vez estaba decidida, no iba a permitir que nadie muriese frente a ella. Realizó un hechizo de antaño, uno que no quería volver a utilizar contra su amado Gray, pero que parecía que no hubiera otra salida.
Un poderoso golpe de vapor emergió de la mano de Juvia. Impactando en la espalda musculosa de Gray y alejándolo del mal herido Lyon. Juvia acompaño el movimiento del hechicero de hielo, que poco a poco y sin importarle como su piel se iba achicharrando por el agua hirviendo, acortaba la distancia.
—¡Detente Gray!
Pero Gray estaba cegado por la ira. Se puso al alcance de la hechicera elemental y partió el aire con su espada de hielo. Por fortuna, en el último segundo, Juvia logró convertir su cuerpo en agua. La espada cortó su forma acuosa sin lastimarla. El rostro de Gray se deformo en una expresión de duda, mientras su piel se achicharraba.
—Eso no te salvara.
Gray volvió a cortarla, pero esta vez, utilizó su mana para congelar la forma acuosa de Juvia. Ese hechizo tomó por sorpresa a la hechicera elemental, que no logró mantener la temperatura por encima de los cero grados, haciendo que se solidifique en su cintura.
—¡Detente!
Pero no se detuvo. La acuosa forma de su cuerpo se solidificó y de un tirón, partió parte del vientre de Juvia. Haciendo que perdiese su concentración y por ende, desmoronando el resto de su forma acuática.
La sangre corría como un rio mientras intentaba taparse la herida en vano. Estaba muriendo ¡Y a qué velocidad! Intentó concentrarse para reanimar su cuerpo. Pero no lo lograba. ¡Oh Dios!
Gray se colocó frente a la hechicera elemental.
—Es una pena…
Pero Juvia, viendo que su vida corría peligro, concentró su energía mágica en un poderoso sortilegio. Gray no pudo esquivar el mortífero ataque de una esquirla de hielo, similar a las que él creaba. El hielo pulverizo el corazón marchito del hechicero de hielo, haciendo que se desplomase y agonizara en un charco de su propia sangre.
—No… Juvia no debió…
Pero lo hizo. Asesinó a su amado, aunque fuera protegiéndose, jamás se lo perdonaría. Ni en una, ni en cien vidas. Era paradójico, pero quizás, ella misma debería quitarse la vida para intentar sostener ese estado emocional.
Creó un cuchillo de hielo. Era solo un corte en su muñeca. Luego, la naturaleza haría el resto. Apoyó el hielo en su blancuzca piel y vio un ligero hilillo de sangre. Gray Sama, iré contigo, hasta al mundo de los muertos.
Pero Lyon la detuvo.
—¡No lo hagas!—Dijo mientras se tomaba la herida mortal—Tienes mucho por que vivir.
Juvia no lo creía así. Pero eso fue suficiente para que se detuviera, deshiciera el cuchillo de hielo y se concentrara en reconstruir su cuerpo. Luego tapó la herida de Lyon y este se quejo demasiado. Finalmente desataron a Ultear. La hechicera aun se encontraba en estado de shock y poco hacia para ayudarlos. La llevaron a un hospital como pudieron.
Los meses pasaron. Juvia se estaba sumida en la depresión. Allá donde fuera, las lluvias la acompañaban. La gente comenzó a insultarla por traerles un clima hostil. Pero no le interesaba. Esperaba. ¿Qué cosa? No lo sabía. Pero estaba segura, que a lo mejor, algún día volvería a ser feliz, con Lyon u otro hombre. Al fin y al cabo, Gray no era el único que existía, tan solo debía soportar la tormenta.
*Juvia se quedó sola*
