Notas de traductor:

¡Hola de nuevo, gente! Por fin conseguí terminar esto. Mi vida se ha vuelto un caos ahora que comencé a trabajar *gira de gusto*

Gracias a MisakiUchiha17, AnnieSly, Violet Stwy, Ring Black , Allison Marie Malfoy-Black, SARAHI, Acantha-27, Oduvanchik Dandelion, sailor mercuri o neptune, Cassandra, Meliza Malfoy, Lunatica Dark, Silvers Astoria Malfoy, AlexLopezGua, kawaiigiirl, kisa Soren, Blacky-Yuuki, BlackLiv, mixhii, jessyriddle, xonyaa11 y un Guest por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores. Nos estamos acercando a los 600 reviews; me voy a volver loco…

Creo que la nueva sugerencia, Simon/Draco, tampoco pegó. Y sí, dos rubios no quedan muy bien a mi parecer. Por tanto, no se preocupen, tampoco quedan juntos.

Ah, y Marty me mandó un mensaje en LJ, diciendo que el personaje del Dr. Seuss del capítulo anterior es de su libro One Fish Two Fish (Un pez, dos peces). El personaje se llama Ned. Si lo encuentran llamativo, búsquenlo en la red.

Bueno, ya, disfruten…


Draco maldijo cuando Teddy se le escapó, desapareciendo por las chirriantes escaleras de la Madriguera.

—¡Draco, lo encontré! —Renuentemente, el rubio siguió al pequeño, hasta llegar al cuarto de hasta arriba. Ver a un recién levantado Harry no era lo que necesitaba esa mañana. Siguió el sonido de la risa aguda hasta la puerta abierta, para ver a Harry enderezándose sobre su cama, con el torso desnudo, abrazando a Teddy. Su cabello estaba suelto y le llegaba más allá de los hombros, y su piel seguía bronceada por el sol de verano. La boca de Draco se secó por la imagen—. Tengo que decir que ésta es una mejor forma de despertar que el ghoul —dijo Harry riendo.

Teddy estaba mirando a Harry.

—Tienes más bubis que Draco —dijo, ladeando la cabeza para mirar el pecho del moreno. Teddy estiró un dedo tentativamente y repasó la larga cicatriz que cubría el pecho de Harry.

—Mira, Draco. Ésta se parece a la tuya.

Draco asintió lentamente, incapaz de apartar la mirada de las líneas que surcaban el pecho del moreno.

—¿Qué diablos te pasó?

—La vida —dijo Harry, encogiéndose de hombros. Se puso de pie y caminó hacia la cómoda que estaba bajo la ventana. Draco pudo ver que las cicatrices también cubrían su espalda, desapareciendo donde el pijama colgaba de sus caderas. La peor era una cicatriz profunda y curveada, que rodeaba su costado. El rubio jadeó y bufó lentamente, asombrado por lo que veía. Su Harry no había tenido ninguna de esas cicatrices. Seguía confundido cuando Harry tomó una camiseta y se la pasó por la cabeza. Draco quería protestar cuando el material lo cubrió.

Harry giró y miró a Teddy, sonriendo. Estiró los brazos y el niño se lanzó hacia ellos.

—Entonces, ¿qué crees que la señora Weasley esté haciendo de desayuno? —Harry se encaminó hacia la puerta y la atravesó. Draco lo tomó del brazo.

—¿Qué te pasó? ¿De dónde salieron todas esas cicatrices? —Las palabras salieron más duramente de lo que había querido.

Teddy lo miró con la boca abierta, mirando a los dos magos con preocupación.

—¿Qué pasa, 'raco?

—No pasa nada, es solo que tengo tanta hambre que podría comerme a un niño en el desayuno —dijo Harry, haciendo como que mordía el hombro de Teddy, para que riera. Luego, miró al rubio—. Todos tenemos nuestras cicatrices, Draco. Es solo que yo tengo unas cuantas más que la mayoría.

OoOoOoO

Harry sentía los ojos de Draco sobre él, mientras se sentaban a la mesa de la cocina. Ya era bastante malo tener que soñar con el hombre cada noche, pero despertar con él, recargado contra el marco de la puerta de su dormitorio, había hecho que su estómago se contrajera, haciendo que sintiera un nudo que se había apretado al sentir la fría mirada gris, mientras se había puesto la camiseta. Había estado agradecido de que Teddy estuviera ahí, para distraerlo y obligarlo a quitarse al rubio de la mente.

—Buenos días, Harry, querido —dijo Molly, ofreciéndole una taza de café. Draco alcanzó la jarra de leche y se la pasó—. Arthur ya fue con los aurores a la casa de Andrómeda. Deberían regresar en una hora, más o menos.

—¿Los hombres malos siguen ahí? —preguntó Teddy, desde donde estaba sentado, en el regazo de Harry.

Harry lo apretó y negó con la cabeza.

—No, los hombres malos ya se fueron.

—¿Aún podemos jugar a las escondidas calladas? —dijo Teddy, mirando a Draco esperanzado.

Draco rio nerviosamente.

—Claro, quizá Harry quiera jugar con nosotros.

Harry lo miró por encima de la cabeza del niño. Aún se estremecía al pensar en Teddy, escondido bajo su cama, mientras los magos ebrios irrumpían en la casa.

—Por supuesto —dijo Harry, asintiendo—. Me encantaría jugar con ustedes.

Se oyó un crack y, un momento después, Arthur Weasley entró a la casa con el auror Baracas.

—Bien, ambos están despiertos —dijo Arthur. Baracas hizo un gesto para que Harry y Draco se sentaran, pues ambos se pusieron de pie cuando entraron.

—Gracias, Molly —dijo Baracas, cuando la mujer le dio una taza de té. Él y Arthur se sentaron a la mesa.

—¿Los atraparon? ¿Quiénes eran? —preguntó Draco tenso.

—Teddy, ¿Por qué no vamos afuera a ver si podemos encontrar a alguno de los gnomos que se esconden en el jardín? —preguntó Ginny. Teddy saltó del regazo de Harry y corrió hacia la chica con ansias, parloteando mil palabras por minuto acerca de los gnomos, mientras salían de la habitación.

—Encontramos a cuatro hombres, aún con la maldición inmovilizadora, como las hermanas Black los dejaron —dijo Baracas—. Estaban tensos y sobrios para cuando los encontramos.

—Bien —dijo Draco seriamente—. ¿Qué va a pasar con ellos? ¿Y cómo es que atravesaron las protecciones?

—Sí —dijo Narcissa desde la entrada, con su hermana al lado—. A mí me encantaría mucho conocer eso.

—Me temo que uno de ellos es hermano de una auror. Ahora, debería decir una ex auror. Le contó cómo fue que pusimos las protecciones. Llevaremos a cabo una investigación completa y, obviamente, reforzaremos nuestros protocolos.

—Eso está muy bien pero, ¿cómo ayuda eso a mi familia? —dijo Draco.

—Necesitan protección…

—Sí, podemos proveer de guardias para proteger…

—Absolutamente no. No viviré en una casa que esté bajo guardia —protestó Andrómeda.

—Podemos poner protecciones nuevas, pero no hay garantía de que no serán molestadas cuando vayan al mercado, o incluso cuando Teddy salga a jugar —dijo Baracas, preocupado.

—Hay otra opción, mi casa —dijo Harry—. Podría llevarlas esta tarde y ver si es posible que sea un lugar en el que puedan vivir; además, es inmarcable. O lo será de nuevo una vez que los trabajadores terminen. Tuve que remover esas protecciones mientras estaban haciendo su trabajo.

Narcissa miró a su hermana, que asintió.

—Nos encantaría ir a verla. Quizá después del almuerzo, ¿sí?

—Creo que es una buena idea. Estoy ansiosa de ver lo que has hecho con el lugar, Harry. Se veía bastante deprimente cuando estuvimos ahí con la Orden —dijo Molly.

—Me gustaría decirle que no reconocerán el lugar, pero tendrán que verlo por ustedes mismas para estar seguras. Y solo estoy ahí la mitad del año, y eso acaso, así que no…

—Demos un paso a la vez, Harry. Me encanta que te sientas lo suficientemente cómodo como para compartir tu hogar —dijo Andrómeda con gentileza—. Pero aun así será difícil desapegarme de la casa en la que viví con mi esposo y crie a mi hija.

—No tendrás que desapegarte, tía —dijo Draco—. Quizá en un par de años, las cosas no serán tan difíciles.

—Sí, el tiempo sana todas las heridas. Pero, por lo mientras, es importante mantenerte a ti y a Teddy a salvo —dijo Arthur, en todo revitalizador. Volteó para ver a Baracas—. Mantennos informados de lo que pase con los atacantes de anoche. Te informaremos cuando se haya tomado una decisión, acerca de dónde vivirán o si van a regresar a su casa, aunque sea sólo para sacar sus cosas.

Barcas dio su consentimiento y salió con rapidez. Harry decidió que era mejor dejar a Narcissa y Andrómeda a solas, para que hablaran acerca de sus opciones, y se excusó. No dijo nada cuando Draco se puso de pie y lo siguió hasta la puerta trasera. El moreno se sentó en los escalones del porche y, después de dudarlo un momento, Draco se sentó junto a él. A pesar de que ya estaban a mediados de noviembre, era una mañana hermosa: el sol brillaba con intensidad y el aire no era tan fresco. Se quedaron ahí sentados, juntos, mirando a Ginny y a Teddy en el jardín, explorando los matorrales en busca de los gnomos.

Harry apretó la taza de café con fuerza. Miró a Draco.

—No puedo creer lo bien que estás manejando todo esto.

Draco lo miró, incrédulo.

—¿Lo bien que lo estoy tomando? Estoy jodidamente asustado. —Miró hacia donde Teddy estaba corriendo—. ¿Y si lo hubieran lastimando? ¿Y si no hubieran podido escaparse?

Harry asintió con sobriedad.

—Estuve despierto la mitad de la noche pensando en ello. No basta con llevarlos a otro lugar que sea más seguro, tenemos que tratar de evitar que la gente…

—¿Cómo vas a hacer eso? Ni siquiera puedes caminar por la calle sin que la gente te ataque porque te aman, y mi madre y yo no podemos caminar por la calle porque la gente quiere obtener su venganza.

—Ese es el problema, ¿no? —Harry lo miró con seriedad—. Ninguno de nosotros se atreve a salir, por la forma en la que todos reaccionan. Todo esto pasó por las fotos en El Profeta y los otros periódicos. Necesitamos usarlos para detener esto.

—¿Y cómo se supone que haremos eso? —preguntó Draco—. ¿Pedirles a todos con amabilidad que se vayan al infierno y que dejen a mi familia en paz?

—Hay que hacer pública nuestra relación —dijo Harry gravemente. Odiaba la idea, pero era la única manera que se le había ocurrido para evitar que la gente atacara a Draco y a su familia. Teddy había sido puesto en peligro por la situación entre él y Draco.

El rubio lo miró, negando con la cabeza.

—No estarás diciendo lo que creo que dices, ¿verdad? No puedes.

—Lo digo en serio —dijo Harry—. Necesitamos encontrar una forma para asegurarnos de que Teddy no tenga que esconderse del siguiente grupo de atacantes que entren por la puerta. Necesitamos mantener a tu madre, a tu tía y a ti a salvo. Y, personalmente, estoy harto de vivir mi vida a escondidas, sin atreverse a caminar por la calle o entrar a un pub con mis amigos como yo mismo. Quiero lo mismo para ti y para Teddy.

—Entonces, ¿quieres contar todo? —El rostro de Draco no tenía expresión, mientras miraba al moreno.

—No quiero hacer nada, sino solamente contarles lo mínimo. Aprendí mucho este verano, siendo Hank. Tuve que verlo desde el punto de vista del público. Todos están hablando de nosotros. No creerías algunas de las teorías más alocadas. Si esperamos recuperar el control de nuestras vidas, necesitamos exponer la verdad, y solo hay un modo de hacer eso. No funcionará con todos, pero podemos hacer que la gente suficiente comience a hablar y…

—¡No es asunto de ellos, joder! ¡No quiero que las personas hablen de ello!

Harry se tensó.

—Tampoco yo, pero de todas formas van a hacerlo… Si podemos mostrar la información correcta…

—Y, ¿exactamente qué planeas contar? —Harry podía sentir la rabia que emanaba del rubio.

—Solo quiero contarles lo que pasó, con la menor cantidad de detalles posible.

Draco lo estaba mirando, con expresión incrédula.

—Tú ni siquiera sabes lo que pasó. No quieres saberlo. ¿Cómo vas a hablar acerca de ello?

—Puedo contar lo básico. Al menos, sé eso. Cuándo comenzó todo, cuándo y por qué terminó —dijo Harry, comenzando a sonrojarse.

—Al carajo con que puedes, y no hay forma de que yo vaya a hablar de esto con alguien que no seas tú. Ten por seguro que no voy a contarle a ningún reportero. —Draco se puso de pie, incapaz de mantenerse quieto—. No puedo creer que estés siquiera sugiriendo…

—Esto no se trata de ti y de mí… Es por Teddy, para mantenerlo a salvo —dijo Harry, enérgicamente.

—¿No se trata de nosotros? ¿Estás bromeando? ¿Quieres que me siente y le cuente a un reportero acerca de que fuimos amantes y ni siquiera estás dispuesto a admitirlo? Jódete, Harry. —Giró y se movió para bajar los escalones, pero Harry lo jaló para atrás. Por solo un momento, Harry recordó al viejo Malfoy, al idiota de Hogwarts, cuando Draco miró la mano del moreno en su brazo con los ojos entrecerrados. Sin embargo, no dijo nada.

—Tenemos que hacer esto. Tenemos que proteger…

—Yo no tengo que hacer nada. Y, en especial, no tengo que dar los detalles íntimos de nuestra relación a algún reportero, para que los comparta con el mundo. Ni siquiera sabes cuándo fue nuestro primer beso, o cómo se sentía mirarnos entrar al Gran Comedor y compartir una mirada, porque nadie más en el mundo sabía lo que pasaba entre ambos. O cómo se sentía fingir que peleábamos en los corredores, sabiendo que, a pesar de los puñetazos y las maldiciones, lo que en verdad queríamos era restregarnos el uno contra el otro…

—¡Detente! —Harry palideció mientras miraba al rubio—. Simplemente, detente…

—¿"Detente"? No puedes siquiera escucharme decirlo ahora, pero en verdad esperas ser capaz de contarle a un reportero acerca de nosotros.

—No puedo… —Harry soltó el brazo de Draco—. Tienes razón. Fue una idea estúpida.

Draco asintió fríamente.

—Fue una idea idiota, tan típica de ti. Simplemente cargas contra lo que sea que se interponga en tu camino. Eso no funcionará esta vez.

—Entonces, ¿qué crees que debamos hacer?

—Nada. La gente va a decir lo que quieran, hacer lo que quieran. Nada de lo que hagamos cambiará eso —dijo Draco seriamente—. Solo necesitamos proteger a Teddy tanto como podamos. Será mejor, y más seguro, si está viviendo contigo.

Harry dudó y luego asintió.

—Bueno, Andrómeda aún necesita aprobar la casa, pero espero que lo haga.

Draco asintió. Luego, miró a Harry de reojo.

—Si se muda, ¿vas a…? ¿Me dejarás visitar a Teddy?

Harry lo miró sorprendido.

—¿En verdad crees que tendría alguna objeción en que tú fueras y vieras a tu primo y a tu tía?

Draco se encogió de hombros.

—Para serte honesto, no tengo idea de con qué te sientes cómodo y con qué no. Una cosa es ser educado en público, o en las reuniones de la BMP, y otra completamente diferente es recibirme en tu hogar.

—Bueno, no te preocupes por ello. No le haría eso a Teddy —dijo Harry bruscamente—. Mi prioridad principal es Teddy; mantenerlo a salvo y asegurarme de que sepa que es amado. Y tú eres parte de eso.

—Quieres darle lo que tú nunca tuviste, al crecer con tus tíos.

Harry lo miró, con los labios apretados. Giró la cabeza y miró hacia donde Teddy estaba corriendo con Ginny.

—¿Cuánto sabes acerca de eso?

Draco dudó y luego se encogió de hombros.

—Casi todo, creo. La alacena, el tocadiscos, que te encerraban en tu habitación sin comida, que tenías que cocinar y limpiar, tu primo…

—¿Algo más? —Con un esfuerzo, Harry controló el estremecimiento que sintió al escuchar las palabras de Draco. Siempre había escondido cuidadosamente cómo había sido la vida con los Dursley, y el hecho de que el hombre al que consideraba su archienemigo lo supiera todo era desconcertante.

—Que tenías que usar la vieja ropa de tu primo. Cómo Hagrid fue a entregarte tu carta. Diablos, no sé qué más. ¿La serpiente? Que soltaste una serpiente en el zoológico.

Sin quererlo, Harry rio por el recuerdo.

—Ya me había olvidado de eso por completo. Debía haber tenido nueve años, más o menos. Muchas cosas han pasado desde entonces.

—Deberíamos llevar a Teddy al zoológico, para ver si la serpiente te recuerda —dijo Draco, sin pensarlo. Se sonrojó de golpe—. Quiero decir, tú deberías hacerlo.

—¿Hay algo de lo que no hayamos hablado? Conoces todos mis secretos. —Harry sintió cómo la familiar tensión aumentaba, y peleó para mantenerla contenida.

—Siguen siendo tus secretos. Nunca diría o haría algo con lo que sé. Nunca lo he hecho, y nunca lo haré.

—Y, en ese entonces, ¿yo conocía todos los tuyos?

—Podría decirse. Solíamos pasar horas platicando. En especial, cuando Cedric estaba vivo. Creía mucho en resolver los problemas hablando, sin esconder cosas. Eso me ayudó mucho: poder hablar contigo y Cedric me ayudó a descubrir quién quería ser en verdad, a entender que no tenía que ser la marioneta de mi padre. Tú eres la primera persona a la que le mostré mis dibujos, también. No tenía miedo de que…

—Lo entiendo —dijo Harry tenso—. ¿Tienes una jodida idea de lo mucho que odio esto? —preguntó el moreno—. Que teníamos toda esta historia, y yo no sé nada acerca de ella, joder. Lo destruiste todo y yo tengo que vivir con ello.

Draco vaciló y luego asintió.

—Cuando quieres saber más…

—No quiero. No presiones.

—No lo haré, solo quiero asegurarme de que sepas que responderé cualquier pregunta que tengas. Sé que actué mal la última vez que preguntaste. Para serte honesto, no puedo creer que no hayas hecho que me mandaran a Azkabán por lo que hice, y mucho menos que me dejes sentarme junto a ti y que estés hablando conmigo.

—Ya ha habido muchas bajas por la guerra. No quería más sangre en mis manos.

—Tú no eres responsable por…

—Al diablo con eso. Si hubiera encontrado los horro… encontrado lo que necesitaba más rápido, si lo hubiera planeado mejor en el castillo, si hubiera protegido…

—Tenías diecisiete años, con un demonio. Nadie más podría haber hecho lo que tú hiciste, y lo hiciste a pesar de que las posibilidades estaban en tu contra.

—Y aun así, Teddy es huérfano. Nunca sabrá qué se siente que sus padres lo carguen y abracen y le digan que lo aman.

—No Lupin y Nymphadora, pero nos tiene a todos nosotros. Sabrá que lo amamos. Eso es mucho más de lo que tú tuviste al crecer con los muggles, y aun así saliste bien.

Harry asintió en silencio y no volvió a hablar, mirando sus manos apretadas descansando sobre sus rodillas. Respiró profundamente y, sin alzar la mirada, dijo con suavidad:

—Ella… Mi tía vino al sepelio en Hogwarts, después de la batalla. Ella y Dudley. —Draco lo miró sin dar crédito a lo que oía, pero Harry nunca alzó la mirada—. Quería ver cómo era Hogwarts. Quería entender qué lo hacía tan especial, como para hacer que su hermana quisiera abandonar a su familia y vivir aquí.

—Eso es realmente sorprendente.

Harry asintió.

—No podía creerlo cuando los vi bajarse del tren con los padres de Hermione. Me escondí bajo la capa, para que no pudieran verme al principio. Mi tío no vino, por supuesto. Pero Petunia sí, y Dudley. Se disculpó conmigo. Había cambiado desde la última vez que lo vi, y ya no era tan horrible como en ese entonces. Y mi tía… —Harry vaciló—. No sé por qué te estoy contando todo esto.

—Yo tampoco, pero si tuviera que adivinar, diría que simplemente necesitas hablar con alguien.

Harry rio.

—Y escogí hablar contigo. Bueno, Ginny lo sabe, y también Charlie, así que no es un gran secreto. Pero no saben mucho acerca de los Dursley. Cuán malo era vivir en su casa. Como sea… Mi ti no se disculpó, pero sí me dijo que, desde muy temprano, se había dado cuenta de que yo era como mi madre, que yo podía hacer magia. Hacía que mis juguetes volaran alrededor de mi cuna. Y no podía amarme por eso, por mi magia. Sabía que me iría, justo como Lily lo había hecho. Y lo resintió. Había extrañado a su hermana cuando se fue, incluso había intentado conseguir que la admitieran en Hogwarts, a pesar de que no era una bruja. Quizás, si hubiera nacido sin magia, mi vida con los Dursley habría sido diferente.

—Pero naciste siendo mago. Y eso no le da excusa…

Harry sonrió seriamente.

—Lo sé. Pero sí me hace pensar acerca de ella de forma diferente. Y Dudley incluso vino a verme jugar Quidditch durante el verano.

—Estás bromeando.

—No, cuando estuvieron ocultos, aprendió acerca del Quidditch, y quería ver un juego, así que le mandé boletos. Él y los Granger fueron juntos, con Ron y Hermione. Nunca seremos los mejores amigos, pero él es la única familia que tengo, aparte de mi tía. Se mudó de casa de mi tío. Tiene un trabajo. No es el mismo idiota que solía perseguirme y golpearme.

—Entonces, ¿puedes perdonarlo por ello? —preguntó Draco.

Harry alzó la mirada, fijándola en el rubio.

—No es lo mismo. Perdonarlo a él por ser un matón no es lo mismo que perdonarte a ti por borrar dos años de mi vida. —Se puso de pie y abrió la puerta trasera de un jalón.

—Harry, maldición, no quise decir… —protestó Draco mientras la puerta se cerraba detrás del moreno, interrumpiéndolo. El moreno quería subir a su cuarto, pero se detuvo cuando vio a los cuatro adultos, aun sentados en la mesa de la cocina, mirándolo.

—¿Todo en orden, Harry? —preguntó Narcissa preocupada, mirando hacia la puerta. Harry tenía la sensación de que la mujer sabía que él y Draco habían estado platicando.

El moreno se sonrojó.

—Solo estaba, em… —Se salvó de responder por el remolino de llamas verdes en la chimenea. Instantes después, Ron emergió de ellas, seguido de cerca de Hermione.

—¿Qué sucede? Acabo de ver la nota de George y… —Ron dejó de hablar cuando vio a Narcissa y Andrómeda, sentadas en la mesa.

—¿Acabas de llegar a casa? George dejó esa nota cuando vino a ayudar, anoche —dijo su madre, mirando a su hijo y luego a Hermione.

—Emm… —Ron pasó saliva mientras miraba a su madre. Hermione se sonrojó, y parecía como si deseara estar en cualquier lugar que no fuera la cocina de los Weasley.

—Hubo un ataque en casa de Andrómeda y Narcissa. Tuvieron que venir aquí a la mitad de la noche —dijo Harry apresuradamente, para quitar la atención de todos de sus amigos.

—¿Teddy está bien? —preguntó Hermione, con un jadeo de alarma.

—Sí, afortunadamente. Está afuera, con Ginny y Draco —dijo Andrómeda, mirando a Harry con diversión, haciéndole saber que sabía lo que estaba haciendo el chico—. Y estamos bien. Nos quedaremos aquí por unos días, hasta que podamos estar seguras de que todo es seguro.

Hermione miró a Harry.

—¿Les contaste acerca de Grimmauld Place?

—Sí —confirmó el moreno—. Iremos después del almuerzo, para que Andrómeda pueda verla.

Hermione miró a la mujer.

—Le encantará ver cómo luce ahora. Es un lugar completamente diferente.

—No puedo esperar —dijo Andrómeda—. Puede que sea bueno para Teddy y para mí el vivir en la ciudad por un tiempo. Nuestro hogar es tan remoto que no hay niños cerca, con los que pudiera jugar, y creo recordar que hay un parque cruzando la calle desde el número 12.

—Así es dijo Harry—. Y tiene un lindo lugar de juegos, con columpios y resbaladillas para que juegue en ellas.

—Bueno, será mejor que empiece a preparar el almuerzo, para que podamos ir a verla. —Molly se puso de pie—. Ronald, puedes ayudarme. Claro, si no estás demasiado cansado por haberte desvelado anoche —dijo, mirándolo severamente.

Ron tragó y se sonrojó por completo.

—Con gusto te ayudo, mamá.

Harry miró a Hermione, que parecía como si quisiera que la tierra la tragara.

—¿Por qué no vamos afuera, vemos a Teddy y te cuento lo que pasó? —La chica asintió y ambos salieron por la puerta. Pasando al porche, Harry vio que Draco y Teddy estaban jugando a las atrapadas.

—Recuérdame este momento la próxima vez que me queje porque mis padres no están en la Red Flú —dijo Hermione con un gemido. Luego, puso la mano en el brazo de Harry—. Bueno, ¿qué pasó?

—Unos magos ebrios decidieron tratar de encontrar a Draco, así que atacaron a Narcissa y Andrómeda, para que les dijeran dónde estaba.

—¿Por las fotografías de El Profeta?

Harry asintió.

—Nunca debí haber ido a esa apertura.

—Tenías que hacerlo, y no eres responsable por lo que unos magos ebrios hacen a la mitad de la noche. —Hermione miró al rubio, que estaba en el otro extremo del jardín—. ¿Quién trajo a Draco aquí?

—Yo. Arthur me llamó por la Flú y yo fui por él.

—¿Y cómo estuvo eso?

—Bien. Hablamos un poco esta mañana. —Harry se encogió de hombros—. Le dije que debíamos hacer una entrevista, como me lo habías sugerido hacer un tiempo, para detener los chismes acerca de lo que pasó.

—¡No es cierto! —Hermione puso los ojos como platos—. Dijiste que nunca lo harías.

—Y no vamos a hacerlo. Draco estalló cuando lo sugerí. En realidad, era estúpido siquiera considerarlo. Ni siquiera sé qué podría decir. Y él dijo que nunca hablaría con nadie acerca de ello, excepto conmigo. Y tú ya sabes lo que pienso acerca de ello.

—Todavía no entiendo por qué no dejas que te cuente…

—Él eligió hacerlo. Borró todo, o casi todo —dijo, fulminando a su amiga con la mirada—. No quería que yo lo supiera, así que, ¿por qué habría de dejarlo hablar acerca de ello, ahora que cambió de opinión? No me molesta superarlo, ya lo procesé y lo acepté.

—No es la misma persona que aquella que fingía ser en la escuela.

—Lo sé, y lo entiendo. —El moreno miró hacia donde estaba Draco, sentado en el pasto, y Teddy estaba gateando con gusto hacia él—. El Draco Malfoy que conocíamos en Hogwarts nunca estaría sentado en el pasto de la Madriguera, jugando con un niño de tres años. Este Malfoy es un tipo completamente diferente. Ni siquiera me molesta tenerlo cerca. Pero sigue siendo el mismo que me borró la memoria, y no puedo obviar eso. —Miró a su amiga—. No quiero tener esta conversación una y otra vez. Voy a ir a Grimmauld Place, para asegurarme de que todo está en orden para que la visiten. ¿Podrías decirle a Molly que no voy a poder quedarme para almorzar? Quien quiera venir, puede hacerlo.


Notas finales:

No, no tengo preguntas esta vez. Y no desesperen, estamos avanzando. Lento, pero seguro…

Adigium21